December 16, 2020
De parte de Lobo Suelto
2,571 puntos de vista

El confinamiento fue una situaci贸n dif铆cil para todas, pero mientras muchas de nosotras pas谩bamos nuestros mon贸tonos d铆as envi谩ndonos memes, entre aburridas y ansiosas de no estar haciendo nada, otras muchas ten铆an hijas o personas dependientes a cargo y estaban absolutamente desbordadas. Muchas madres, adem谩s de estar encerradas en casa como todas, tuvieron que compatibilizar jornadas completas de teletrabajo con jornadas completas de trabajo de cuidados. El hecho es que, en esta pandemia, se ha intensificado la carga del trabajo dom茅stico al reducirse 鈥 pr谩cticamente suprimirse, durante el confinamiento 鈥 los cuidados socializados, con la excepci贸n de residencias, hospitales y poco m谩s. Escuelas, extraescolares y centros de d铆a cerrados, la posibilidad de compartir el cuidado de las ni帽as con familiares, amigas o canguros anulada. La carga entera de la reproducci贸n social reca铆a sobre las familias y, dentro de las familias, como siempre, generalmente sobre las espaldas de las mujeres. Justo cuando nos empez谩bamos a dar cuenta, como sociedad, de que el trabajo de cuidados es, en efecto, trabajo esencial en el sentido literal de la palabra, cosa que muchas mujeres ya sab铆an 鈥 entre ellas, las trabajadoras dom茅sticas (Pimentel et. al., 2020) 鈥, atend铆amos a un dr谩stico incremento del desamparo de los cuidados, tanto de las personas que necesitan cuidados especiales como de las personas que llevan a cabo estas tareas.

Si el trabajo dom茅stico familiar ha sido una pesadilla, no han tenido mejor suerte las trabajadoras dom茅sticas asalariadas. Hace cosa de un mes, la BBC sac贸 un peque帽o reportaje sobre la situaci贸n de las trabajadoras dom茅sticas en Espa帽a durante la pandemia con testimonios de trabajadoras internas que segu铆an a煤n confinadas en noviembre: a muchas no les han permitido salir de la casa donde trabajan desde marzo por temor al contagio. Mencionan tambi茅n la despedida masiva de trabajadoras dom茅sticas que, adem谩s, como se帽ala Rafaela Pimentel en una entrevista de Edu de Olga y Antxon Arizaleta, no han podido acceder a ning煤n tipo de ayuda p煤blica ni cuentan con indemnizaciones o paro, dado que mayoritariamente trabajaban sin contrato.

En resumidas cuentas, el panorama es el siguiente: madres absolutamente desbordadas, trabajadoras dom茅sticas internas secuestradas en sus lugares de trabajo, trabajadoras dom茅sticas despedidas sin ayudas ni derecho a paro鈥 驴Qu茅 ha pasado? 驴C贸mo hemos llegado hasta aqu铆? Para entender esta situaci贸n, tendr铆amos que analizar de d贸nde venimos y en qu茅 condiciones ten铆an lugar los cuidados. En primer lugar, debemos advertir que nada de esto es completamente nuevo: las madres o personas con familiares dependientes a cargo ya estaban desbordadas antes de la pandemia, las trabajadoras dom茅sticas ya estaban precarizadas y desprotegidas y las trabajadoras dom茅sticas internas ya estaban pr谩cticamente secuestradas en casas ajenas.

Las madres o personas con familiares dependientes a cargo ya estaban desbordadas antes de la pandemia, las trabajadoras dom茅sticas ya estaban precarizadas y desprotegidas y las trabajadoras dom茅sticas internas ya estaban pr谩cticamente secuestradas en casas ajenas.

Este desamparo respecto de los cuidados y las personas que se responsabilizan de ellos, especialmente en el caso del trabajo dom茅stico, no ha surgido de la pandemia. Lo 煤nico que ha hecho la pandemia es llevar todo esto al extremo. Varias autoras llevan a帽os analizando estos fen贸menos, entendiendo nuestra situaci贸n como una crisis de los cuidados. Cristina Carrasco, Cristina Border铆as y Teresa Torns lo explican as铆:

鈥淓l incremento en la esperanza de vida y el envejecimiento de la poblaci贸n en los pa铆ses ricos, junto a la cada vez mayor participaci贸n laboral de las mujeres y la escasez de oferta p煤blica de servicios de cuidados, han provocado lo que ha venido a denominarse 鈥渓a crisis de los cuidados鈥, poniendo de manifiesto que la oferta de los cuidados de las mujeres no es infinita (鈥) De forma m谩s amplia, la crisis de los cuidados se entiende como un complejo proceso de reorganizaci贸n de los trabajos de cuidados, que contin煤a descansando mayoritariamente sobre las mujeres, pero que cada vez m谩s es incapaz de responder a las necesidades de cuidados de las personas鈥.

B谩sicamente, el tema es el siguiente: 驴Qu茅 pasa cuando las mujeres, que somos quienes tradicionalmente nos hemos ocupado del trabajo dom茅stico de forma gratuita y sin reconocimiento, entramos masivamente al mercado laboral? Como nadie asume las tareas que realiz谩bamos, lo que nos encontramos es, por una parte, este desamparo de muchas de las personas que requieren cuidados especiales y, por otra parte, esta doble jornada de trabajo para muchas mujeres, mientras que en las familias de clases acomodadas se externalizan estas cargas a otras mujeres (migrantes y de clases m谩s bajas), a menudo en unas condiciones precarias y de aislamiento que fomentan todo tipo de abusos.

Como se帽alan las autoras antes citadas, la crisis de los cuidados en los pa铆ses del Norte ha originado procesos migratorios de mujeres de los pa铆ses del Sur Global hacia pa铆ses m谩s ricos ofreciendo trabajo de cuidadoras en lo que vendr铆a a ser un expolio de cuidados de los pa铆ses de la periferia por los pa铆ses del centro. A su vez, este expolio provoca lo que Silvia Federici llama una crisis dentro de la reproducci贸n social de las poblaciones de 脕frica, Asia y Latinoam茅rica. Se trata de 鈥渦na nueva divisi贸n internacional del trabajo que se aprovecha del trabajo de las mujeres de estas regiones en beneficio de la reproducci贸n de la mano de obra 芦metropolitana禄鈥. Tal y como argumenta la autora, esta apropiaci贸n por parte de los pa铆ses del centro del trabajo reproductivo de las mujeres de los pa铆ses de la periferia habr铆a permitido 鈥渓iberar鈥 a ciertas mujeres para producir m谩s trabajo exo-dom茅stico a costa de encerrar a otras mujeres, las migrantes, para cubrir las necesidades de cuidados de las clases acomodadas de los pa铆ses ricos dejando desatendidas estas mismas necesidades en las poblaciones de otros pa铆ses.

La crisis de los cuidados en los pa铆ses del Norte ha originado procesos migratorios de mujeres de los pa铆ses del Sur Global hacia pa铆ses m谩s ricos ofreciendo trabajo de cuidadoras en lo que vendr铆a a ser un expolio de cuidados de los pa铆ses de la periferia por los pa铆ses del centro.

Con todo, lo 煤nico que ha ocurrido en esta pandemia es que el confinamiento ha intensificado una crisis y unas problem谩ticas que ya arrastr谩bamos desde los a帽os 70-80. Pero鈥 驴De d贸nde viene esta crisis de los cuidados? 驴Qu茅 sucedi贸 en los a帽os 70-80? 驴D贸nde nos encontr谩bamos antes? Para comprender la complejidad de la situaci贸n actual respecto al trabajo dom茅stico y la crisis de los cuidados, debemos remontarnos mucho m谩s atr谩s e incluso intentar comprender el origen del trabajo dom茅stico tal y como lo conocemos y su lugar en nuestro sistema econ贸mico.

En contra de lo que se podr铆a pensar, el trabajo dom茅stico no es un trabajo inmutable que haya existido desde el principio de los tiempos ni una reminiscencia precapitalista, sino una forma hist贸ricamente espec铆fica de trabajo que, seg煤n Silvia Federici (2018: 69-70), se habr铆a originado en su forma actual a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Para Federici (2018: 60), el trabajo dom茅stico es un producto hist贸rico fruto de la separaci贸n entre producci贸n y reproducci贸n, trabajo retribuido y no retribuido, que no habr铆a existido en sociedades precapitalistas que no estaban gobernadas por la ley del valor de cambio. En efecto, en una econom铆a de subsistencia, todo el trabajo (o, al menos, el n煤cleo de la econom铆a) est谩 destinado a la reproducci贸n de la vida y no a la acumulaci贸n, es decir, no se trabaja produciendo mercanc铆as a cambio de un salario sino produciendo valores de uso para el autoconsumo, de manera que, aunque pueda haber una divisi贸n sexual y social del trabajo, no existe esta separaci贸n y diferenciaci贸n entre el trabajo reproductivo y productivo (no existe esta barrera que dicta el salario).

Aunque esta separaci贸n entre producci贸n y reproducci贸n se impone con el inicio del capitalismo, la figura del ama de casa, trabajadora dom茅stica familiar a tiempo completo, no aparece hasta una fase m谩s madura de este sistema, coincidiendo con lo que Marx analiza como el paso del plusvalor absoluto al plusvalor relativo (Federici, 2010 [1998]: 151). A pesar de que Karl Marx no analiz贸 el nacimiento de la figura del ama de casa, ya que apenas empezaba este proceso estando 茅l en vida, s铆 supo ver c贸mo se comenzaba a dar el paso de un tipo de explotaci贸n que produc铆a plusvalor mediante la m谩xima prolongaci贸n de la jornada laboral (plusvalor absoluto) 鈥搚, a帽ado yo, del m谩ximo n煤mero de personas, incluyendo mujeres y ni帽as鈥 a un tipo de explotaci贸n cuyo plusvalor surg铆a de la reducci贸n del tiempo de trabajo necesario resultante del incremento en la productividad (plusvalor relativo) (Marx, 2017 [1867]: 388) y que, a帽ado, permit铆a reducir el n煤mero de personas trabajando directamente para el capital, renunciando a la explotaci贸n directa de mujeres y ni帽as. Con todo, se trataba de una mejora en las condiciones de trabajo sin una reducci贸n en la tasa de ganancia de los capitalistas.

Aunque esta separaci贸n entre producci贸n y reproducci贸n se impone con el inicio del capitalismo, la figura del ama de casa, trabajadora dom茅stica familiar a tiempo completo, no aparece hasta una fase m谩s madura de este sistema.

Aunque esto estaba posibilitado por el progreso t茅cnico (vinculado a un mayor grado de explotaci贸n de la naturaleza), este cambio se deb铆a tambi茅n a la posici贸n que hab铆a logrado ocupar la clase obrera en la lucha de clases: la organizaci贸n y las insurgencias de la clase obrera y, finalmente, sus revoluciones en varios pa铆ses del mundo forzaron a la clase capitalista a hacer concesiones importantes a las demandas de las organizaciones obreras. Adem谩s, como se帽ala Hobsbawm (2012 [1994]), las cat谩strofes econ贸micas internacionales de principios de siglo XX, a las que solo la URSS parec铆a ser inmune, hicieron quebrar la doctrina de la no intervenci贸n del liberalismo cl谩sico e impulsaron la introducci贸n de mecanismos de planificaci贸n o intervenci贸n estatal en la econom铆a de los pa铆ses capitalistas.

En este contexto, los sindicatos y las fuerzas pol铆ticas socialdem贸cratas pudieron encontrar un terreno com煤n con la clase capitalista para fundar un nuevo r茅gimen basado en el salario familiar (salarios suficientemente altos para poder mantener a toda la familia solo con el sueldo del hombre) y la exclusi贸n de las mujeres del trabajo asalariado (con la excepci贸n de los periodos de guerra). Su exclusi贸n del mercado laboral no solo ayudaba a que los salarios no fueran a la baja sino que permit铆a una posici贸n mucho m谩s c贸moda a los hombres obreros casados, que ten铆an una trabajadora dom茅stica a su disposici贸n a tiempo completo. Desde el punto de vista de los capitalistas, esto representaba, adem谩s, una inversi贸n en la reproducci贸n de la fuerza de trabajo que pod铆a repercutir, a corto plazo, en la productividad de los obreros y que, a largo plazo, pod铆a suponer un incremento de la fuerza de trabajo disponible. En un texto titulado Women, the Unions and Work, or鈥 What is Not to be Done, Selma James relata c贸mo los sindicatos escoceses hab铆an impulsado un acuerdo con las patronales para que no les diesen trabajo a las mujeres casadas, planteando adem谩s que esto no era una rareza de Escocia sino una estrategia generalizada de los sindicatos, que habr铆an estado protegiendo a la clase a expensas de las mujeres. Dejando atr谩s sus altas tasas de participaci贸n en el trabajo asalariado en los inicios de la revoluci贸n industrial, las mujeres de las incipientes clases medias perdieron su independencia econ贸mica y pasaron a trabajar en sus casas en condiciones de aislamiento: es el momento fundacional del ama de casa a tiempo completo. Para que nos situemos, un momento culminante de este proceso de transici贸n hacia el nuevo r茅gimen basado en el salario familiar es el New Deal en los Estados Unidos.

驴Qu茅 hizo acabar con el r茅gimen del salario familiar? Por una parte, Silvia Federici (2018: 63) muestra c贸mo el avance del movimiento feminista y las luchas de las mujeres a escala internacional en los a帽os setenta quiebran este 鈥渃ontrato social鈥 que se hab铆a consolidado con la estrategia fordista y el New Deal al impulsar la entrada masiva de las mujeres en el mercado laboral. Por otra parte, a partir de los a帽os 70-80, se empieza a construir un nuevo orden econ贸mico internacional neoliberal en respuesta a la crisis del petr贸leo del 73, a la que parec铆a imposible aplicar soluciones keynesianas, as铆 como al derrumbe del denominado 鈥渟ocialismo real鈥. Aunque este proceso es mucho m谩s complejo y hay muchos m谩s factores que intervienen, el caso es que hay un retroceso en el poder de presi贸n de la clase trabajadora respecto de las condiciones laborales y, con el avance del neoliberalismo (y, m谩s adelante, con la crisis del 2008), una parte importante de las clases medias (de la aristocracia obrera y la peque帽a burgues铆a) se empiezan a proletarizar. En esta situaci贸n, pues, ya no hay lugar ni para el salario familiar ni para el ama de casa, pues, como sabemos todas, un salario simplemente ya no da para tanto.

Federici muestra c贸mo el avance del movimiento feminista y las luchas de las mujeres a escala internacional en los a帽os setenta quiebran este 鈥渃ontrato social鈥 que se hab铆a consolidado con la estrategia fordista y el New Deal.

Sabiendo como todo esto termina en las crisis dentro de la reproducci贸n social de las que habl谩bamos antes 鈥揷on el desamparo de las personas que requieren cuidados especiales, la doble explotaci贸n de mujeres con hijas o personas dependientes al cargo, el expolio de cuidados de la periferia por el centro, los abusos laborales a las mujeres migrantes que trabajan en hogares, etc. 鈥 no parece que la incorporaci贸n de las mujeres al mercado laboral fuese una opci贸n liberadora, especialmente si no iba acompa帽ada de una reestructuraci贸n econ贸mica y social que tuviera en cuenta la reproducci贸n social. Como ya ven铆a avisando Mariarosa Dalla Costa en 1972 en su influyente texto Las mujeres y la subversi贸n de la comunidad, aunque las condiciones laborales de aislamiento de las amas de casa y su separaci贸n respecto a la producci贸n socializada directa dificultasen su rebeli贸n, tampoco conven铆a seguir el mito de la liberaci贸n a trav茅s del trabajo:

鈥淓l capital se est谩 apoderando del 铆mpetu mismo que cre贸 un movimiento 鈥揺l rechazo de millones de mujeres del lugar tradicional de la mujer鈥 para rehacer la fuerza de trabajo incorporando cada vez a m谩s mujeres (鈥) El reto que enfrenta el movimiento de mujeres es el de encontrar formas de lucha que, a la vez que liberen a las mujeres de la casa, eviten, por un lado, una esclavitud doble y, por otro, nos impidan llegar a otro nuevo grado de control y regimentaci贸n capitalista. Esta es, en definitiva, la l铆nea divisoria entre reformismo y pol铆tica revolucionaria dentro del movimiento de las mujeres鈥 (Dalla Costa, 1979[1972]: 63-64).

La situaci贸n actual demuestra que Dalla Costa estaba en lo cierto. Debemos, pues, retomar estos esfuerzos de liberaci贸n aprendiendo de las experiencias del pasado y entendiendo la situaci贸n en la que nos encontramos hoy a la hora de plantear horizontes feministas para el futuro

La Trivial




Fuente: Lobosuelto.com