January 21, 2021
De parte de Socialismo Libertario
184 puntos de vista


La Colina del Capitolio, último episodio de esta temporada de la serie “democracia”, cinco personas la están viendo.

Grace está en Nueva York, treintañera licenciada, casada, trabaja en la universidad.
Inquieta, desde hace meses no sale de casa por la pandemia, observa las últimas escenas.
Ahora piensa: con Joe y Kamala irá mejor. ¿Irá mejor? No está tan segura de eso pensando en los niños negros e hispanos que viven sólo algunas manzanas más allá, donde no es raro oír disparos. La serie se reanudará, seguro, pero ¿cómo terminará? Busca consuelo en un libro, se encuentra con American psycho entre las manos, la inquietud crece, quizá es necesario volver a las raíces, tan ásperas y venenosas del gran y hoy maldito país.

Isabel vive en la rue Saint-Jacques, ha pasado de los cincuenta, es enfermera, comprometida desde siempre. Después del divorcio se ha sentido más libre pero impaciente como siempre. En el trabajo no es fácil: desafía el miedo al contagio y busca empatía con los pacientes, pero no todos los colegas son unos “santos”, como se dice, incluso algunos son cínicos, arrogantes, fríos, y ella no lo soporta. El último episodio la ha dejado antes que nada indiferente, en definitiva, se dice a sí misma: aquí en Francia es distinto. Uhm, pero estas ansias de grandeza por parte de Macron y la sombra de Le Pen no prometen nada bueno.
Está también enfadada por este pseudofeminismo que se olvida del género femenino. Cada tanto se acuerda de los buenos tiempos cuando los trotskistas le daban esperanza, le dan ganas de bajar a las calles, pero la idea de encontrarse en medio de los chalecos amarillos la deprime. Es necesario partir del cuidado, pero también ir más allá, pensar más en esta humanidad doliente y en su posible redención. Honoré, su gato adorado ronronea conforme.

Amina ha huido de Siria, vagabundea gracias a su doctorado, desde hace meses no tiene noticias de su compañero: sigue teniendo esperanzas, pero está muy preocupada. Después del último episodio ha sonreído amargamente repensando en cómo las democracias han contribuido, cómplices y silenciosas, a estrangular la revolución de la gente común en su país; ahora todos parecen haberlo olvidado y el orden reina soberano. Sin embargo, aquella revolución se basaba en la proximidad, en la amistad, en el reencontrase humanos: no ha sido suficiente. Ahora parece que queda sólo la vida personal, que es privada verdaderamente, y la actividad solidaria con los demás inmigrantes. Sigue meditando de manera inquieta e intensa, pero exagerar con el coñac y el hachís no ayuda. Deja de navegar por internet y abre los últimos libros de Damasio y Tomasello en busca de la unicidad humana escondida, cada tanto le vuelven a la memoria compañeras y compañeros perdidos, desaparecidos, exiliados.

Hugo es un argentino alegre y trotamundos, estudiante crónico de filosofía, mujeriego gentil y romántico pero aquella chica que trabaja con él en la tienda le ha puesto en crisis.
Parece típicamente británica y quizá por eso es tan determinada: es fuerte, se han enamorado y han decidido vivir juntos en los suburbios de Londres. Han visto la serie juntos, ella le ha explicado que la democracia en las islas es algo serio. Han leído también juntos un libro –Esplendor y vileza se titula– donde se narra y se documenta el dramático 1940 y la resistencia inglesa a Adolf, el verdadero (Hitler, no Trump), bajo la guía del irascible, valeroso y decidido reaccionario sir Winston. Prudence, así se llama su amada, le ha hecho notar también cuántas mujeres extraordinarias pero desconocidas han conformado aquella historia. Después la ha mirado con aire triste, ambos han pensado en el Brexit, que amenaza con alejarles y hacerles renunciar al niño que querían adoptar, quizá el último episodio tenga
una pésima secuela ya: la democracia con las fronteras cerradas, esta historia no es lo suyo.

Vera vive en Italia, pero tiene orígenes africanos, trabaja duramente, aunque a tiempo parcial, para ayudar a su madre y a su hermanito, y se está apasionando finalmente con el estudio para prepararse para la escuela, está haciendo también actividad física con su fiel amigo de cuatro patas. Se ha interesado en la serie hasta cierto punto, ella prefiere pensar siempre en positivo. Pero después ha vuelto a ver a Salvini, ese clon de Trump, en juicio por sus fechorías contra los inmigrantes y ha pensado en lo que le había dicho la responsable de equipo de La Comune. ¡Es cierto! Es necesario pensar, y seriamente, en la Colina del Capitolio: nos concierne a todas y todos de alguna manera. Busca afanosamente en la bolsa, ¿dónde ha ido a parar el periódico? Llama a su compañera: “Cielo, soy yo, ¿me traes cinco copias del periódico, por favor?” “¿Qué ha pasado? ¿Por qué las necesitas?” “Quiero distribuirlas a los dos vecinos con los que he empezado a hablar y a mis amigas de siempre, quiero proponerles leerlo todos juntos para pensar en cómo reaccionar ahora, en cómo fundar una alternativa seria, benéfica, practicable en este inquietante final de temporada democrática, comenzando por nosotros”.




Fuente: Socialismolibertario.org