March 26, 2023
De parte de Asociacion Germinal
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Democracias pol铆ticas, dictaduras econ贸micas
Jorge Majfud
Desde Francia hasta Uruguay, no por casualidad, los reg铆menes neoliberales han propuesto una reforma jubilatoria que agrega a帽os a la edad de retiro

Dos en Francia; hasta cinco en Uruguay.

La narrativa que justifica el incremento de la edad de retiro es doble: (1) la gente vive m谩s y, por lo tanto, debe trabajar m谩s; (2) si no se hacen estas 鈥渘ecesarias y dolorosas reformas鈥, el sistema se desfinanciar谩 y el pa铆s perder谩 competitividad en el mundo, ya que otros pa铆ses han aplicado estas mismas medidas, necesarias para la clase financiera y dolorosas para las clases productivas. El mismo discurso, m谩s una tercera amenaza, se ha repetido por d茅cadas en EEUU: (3) el Social Security (invento de 鈥渆l presidente comunista鈥 Franklin D. Roosevelt durante la Gran Depresi贸n) no es sustentable, por lo cual hay que elevar la edad de retiro y, hasta donde sea posible, privatizarlo. No importa que sea y siempre haya sido autosustentable. Los seguros sociales son eso: seguros, no inversiones de riesgo.

La privatizaci贸n se puso en pr谩ctica primero en los pa铆ses perif茅ricos. La destrucci贸n de la democracia socialista de Allende, hace cincuenta a帽os, y la imposici贸n de la dictadura de Pinochet tuvo la intenci贸n declarada de preservar la libertad de los capitales y utilizar a este pa铆s como laboratorio de las teor铆as neoliberales de Hayek y Friedman. El 鈥淢ilagro chileno鈥 se destac贸 por sus crisis sociales y econ贸micas, pese al tsunami de d贸lares de Washington y las grandes corporaciones. El modelo de pensiones semiprivadas se llev贸 a Uruguay en 1996 y solo le tom贸 veinte a帽os para fracasar. El maldito Estado debi贸 salir al rescate de los perjudicados por los genios de las inversiones.

La dificultad de que un solo pa铆s, sea Francia o Uruguay pueda resistir esta aceleraci贸n del robo a las clases trabajadoras se debe a que estas pol铆ticas neoliberales tienen alcance global. Los pa铆ses son rehenes de los grandes capitales que migran de un pa铆s al otro en cuesti贸n de horas, aterrorizando a las poblaciones con la amenaza de otra crisis econ贸mica y obligando a sus gobernantes, democr谩ticos o no, a arrodillarse ante estos se帽ores feudales. Por otro lado, las mayores instituciones financieras del mundo, como el FMI y el Banco Mundial, son aliados de esta mafia.

El BM se define como un banco para el desarrollo, pero su pr谩ctica indica lo contrario: est谩 al servicio de los beneficios de los capitales, informando al minuto qu茅 pa铆ses est谩n planeando votar una ley para proteger a sus trabajadores o para controlar la banca con regulaciones. As铆, sus socios y clientes pueden proteger sus inversiones transfiriendo sus millones de un pa铆s soberano a otro m谩s friendly, mejor ubicado en el ranking de 鈥渓ibertad de negocios鈥, otra de esas viejas ficciones funcionales.

Desde los a帽os 80, la productividad de los trabajadores en EEUU y en el mundo ha ido en sostenido crecimiento, mientras que sus salarios se mantuvieron estancados o perdieron capacidad de compra. No es necesario ser un genio para entender a d贸nde fue esta diferencia entre productividad y salario. Pero quieren m谩s.

Otra tierna explicaci贸n para legislar contra la voluntad del pueblo consiste en la cl谩sica idea de que no son los sindicatos los que gobiernan sino los gobiernos electos. Pero s贸lo en Francia el 70 por ciento de la poblaci贸n est谩 en contra de la reforma jubilatoria y su 鈥済obierno elegido por el pueblo鈥 se resiste a escuchar. Esta sordera es cl谩sica y, a su vez, se justifica en otro ideol茅xico: 鈥渆l gobierno debe actuar con responsabilidad, no con demagogia鈥. Otra vez: responsabilidad ante el capital de acoso; demagogia por ejercer la democracia, d谩ndole al pueblo su derecho a decidir.

Todo esto se podr铆a solucionar con un sistema de democracia m谩s directa, algo sobre lo que desde hace d茅cadas muchos escribimos, sobre todo a partir de las nuevas herramientas digitales. Si los franceses pudiesen decidir en referendos regulares, en Francia no se habr铆an producido las masivas manifestaciones y los destrozos urbanos que llevan semanas. Pero los ciudadanos comunes no tienen otra herramienta efectiva que la rebeli贸n, en casos violenta. Obviamente, esta idea de democracia directa es peligrosa porque es una idea a favor de una democracia real.

Como la historia lo demuestra, el capitalismo es, por naturaleza, antidemocr谩tico. Se ha desarrollado desde la brutalidad y las matanzas en sus colonias; se ha fortalecido con la esclavitud; se ha consolidado con las m煤ltiples dictaduras militares en Asia, 脕frica y Am茅rica Latina. Cuando el capitalismo convivi贸 con las democracias liberales, no fue porque fuese un sistema democr谩tico sino porque es un gran manipulador, hasta el extremo de convencer a medio mundo de que democracia y capitalismo son la misma cosa, ya que ambos se basan en la libertad.

Lo que se le olvida aclarar es que la democracia se refiere a la libertad de los pueblos y el capitalismo la entiende como la libertad de los capitales, es decir, de la elite dictatorial que hoy no s贸lo posee la mayor parte de la riqueza del mundo, sino tambi茅n el control del sistema financiero mundial y el casi monopolio de los medios de comunicaciones dominantes.

Los franceses tienen una larga tradici贸n de protestas sociales, pero adem谩s pueden darse el lujo de rebelarse en las calles, ya que pocos los acusar谩n de subdesarrollados. Los uruguayos, a pesar de su larga tradici贸n de instituciones democr谩ticas como la educaci贸n, la salud y los derechos individuales es mucho m谩s t铆mido en sus reclamos. Su oligarqu铆a, como todas, tambi茅n tiene una larga tradici贸n de estigmatizar los avances de la democracia real, acusando a cualquier reclamo popular de comunista (receta inoculada por la CIA en los a帽os 50 y que sobrevive treinta a帽os despu茅s de la Guerra Fr铆a) al tiempo que lo hacen en nombre de la democracia y la libertad.

La (re)soluci贸n para Francia no es f谩cil en un contexto internacional secuestrado por los amos del capital que exigen y hasta convencen a sus esclavos que trabajen m谩s a帽os por la misma raci贸n y que, adem谩s, lo hagan por voluntad propia. Para Uruguay, por su contexto y por su tama帽o, es m谩s que dif铆cil. Pero en ambos casos, si la resistencia al dictado econ贸mico triunfa, podr铆an erigirse en ejemplos peligrosos.

Por estas razones, la 煤nica soluci贸n a largo plazo es la uni贸n de una nueva corriente de Pa铆ses No Alineados o asociados por intereses comunes (culturales y econ贸micos) como, por ejemplo, Am茅rica Latina.

Pero claro, todos sabemos que la soluci贸n centenaria del capitalismo imperial ha sido la desuni贸n, la desmovilizaci贸n y la desmoralizaci贸n de las colonias y de sus propios trabajadores. Tan larga es esta inoculaci贸n ideol贸gica que hoy, en las excolonias, los movimientos nacionalistas est谩n en auge. Con un detalle: no son el nacionalismo anticolonialista de los a帽os 60 en 脕frica, por ejemplo, sino un reflejo cipayo y parasitario del nacionalismo imperial en sus propias colonias.

La Haine

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Fuente: Asociaciongerminal.org