April 7, 2021
De parte de ANRed
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Pese al récord de inscriptos e inscriptas, las autoridades desarticulan una cátedra de Economía y habrían dado de baja a cuatro docentes con más de veinte años de trabajo en las aulas. ¿Cómo se explican despidos en el CBC al mismo tiempo que un récord de más de cien mil estudiantes se inscriben para cursar en el mismo? En un mundo cada vez más virtualizado las explicaciones no abundan. La versión del director del CBC en uso de licencia, Jorge Ferronato, es que los despidos se deben a que los docentes de la cátedra Marchini en la materia Economía “hicieron enojar al rectorado” al no aceptar el despido del titular de la cátedra, Jorge Marchini y la posterior desarticulación de la misma, y también al reclamar mecanismos democráticos de participación para la docencia del CBC (la mayoría con décadas de ejercicio del cargo sin derechos para ningún tipo de participación). Hoy a las 13 horas muchos de esos docentes convocan, así como el gremio AGD, a hacer un acto de desagravio que exija la inmediata designación de los cuatro docentes de la cátedra Marchini, en la sede central del CBC, en la calle Ramos Mejía 841, en el porteño barrio de Almagro. Por corresponsal popular.


Según Ferronato, él no acuerda con los despidos, pero ahora el joven de 30 años Felipe Vega Terra, mano derecha del radical de Cambiemos Emiliano Yacobitti, “es quien toma ahora las decisiones”, junto al radical de similar extracción, el politólogo Miguel De Luca.

Pero más allá de las internas en la cúspide de la UBA, profesores titulares y ayudantes coinciden en que hace poco más de diez años empezó una ofensiva contra las cátedras que asumían un enfoque de la Economía como una ciencia social pluralista y crítica, para reemplazarlas por cátedras que impusieran el pensamiento único neoclásico que prima en la Facultad de Ciencias Económicas. El mapa ampliamente pluralista y crítico del CBC va cambiando aceleradamente en favor de cátedras en que todo su cuerpo docente es puesto a dedo y responden tanto académica como políticamente a las autoridades de Económicas que los designan. La cátedra “heterodoxa” Fucci, por ejemplo, pasó de más de mil estudiantes a poco menos de un centenar en la sede Paternal. Y hay más ejemplos.

La pregunta surge con crudeza: ¿estos cuatro despidos son fruto y parte de una persecución ideológica? ¿Puede hablarse de discriminación laboral?

La caja negra

Si bien es difícil penetrar la caja negra en la que se toman las decisiones de la UBA, una somera descripción de lo ocurrido esta semana da indicios para pensar esas respuestas. Los cuatro despedidos se vieron borrados del campus virtual del CBC en el que venían trabajando desde el inicio de la pandemia. Y no recibieron la renovación de su designación interina anual (tal como la de los más de dos mil docentes del CBC). Al pedir explicaciones por los canales virtuales oficiales y habituales fueron ignorados y no se les contestó nada. Al ir a pedir las designaciones a la sede central del CBC, al primer docente en llegar, Hernán Bergstein, empleados y funcionarios le contestaron que quién era él (a quien conocen hace más de veinte años) y que sólo hablaban con titulares (respuesta cínica dado que sabían que el titular fue echado en septiembre pasado). Tras echar a Bergstein, procedieron a cerrar la sede, la que fue encontrada así por el siguiente docente despedido en llegar, Leandro Rodríguez Lupo.

La última pregunta que se impone es: ¿hay reservas morales en la comunidad educativa y la sociedad argentina para defender todo lo reivindicable de la contradictoria historia de la UBA? ¿Defensa que puede partir de sostener la gran cantidad de docentes críticos, comprometidos, de espíritu democrático y amantes de la ciencia que trabajan en sus aulas, bibliotecas, centros de investigación, museos y laboratorios?

Este miércoles 7 de abril a las 13 horas muchos de esos docentes convocan, así como el gremio AGD, a hacer un acto de desagravio que exija la inmediata designación de los cuatro docentes de la cátedra Marchini, en la sede central del CBC, en la calle Ramos Mejía 841, en el porteño barrio de Almagro.





Fuente: Anred.org