April 28, 2022
De parte de Cultura Y Anarquismo
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Rastrear los or铆genes de los procesos de mercantilizaci贸n del deporte moderno, conlleva zambullirse, como poco, en la historia contempor谩nea de la Europa occidental, pues ser铆a dif铆cil explicar las transformaciones sociales que favorecieron que las competiciones deportivas se convirtieran en un producto de consumo m谩s sin comprender previamente c贸mo se inserta el deporte en la sociedad nacida al calor de la Revoluci贸n Industrial.

No obstante, y teniendo en cuenta el espacio del que disponemos, aqu铆 nos centraremos en la historia del deporte y las competiciones deportivas que arranca a principios del siglo XX, cuando las distintas disciplinas deportivas modernas, muchas de ellas provenientes de Gran Breta帽a, empiezan a socializarse con 茅xito desigual en las sociedades occidentales y el colonialismo contempor谩neo, ligado a la demanda de materias primas y nuevos mercados del industrialismo, logra implantarlas en otras sociedades alejadas de Europa al mismo tiempo que transforma, y en muchos casos marginaliza, las culturas locales.

Junto a lo anterior, durante las 煤ltimas d茅cadas del siglo XIX y las primeras del XX asistiremos, adem谩s, a un proceso paralelo a la consolidaci贸n del deporte moderno en las sociedades occidentales, nos referimos a la paulatina recuperaci贸n por parte del movimiento obrero del deporte como una arena pol铆tica en la que tambi茅n intervenir, favoreciendo la creaci贸n de multitud de iniciativas vinculadas al mundo deportivo (equipos, competiciones, peri贸dicos, clubes鈥) que enraizar谩n en la contracultura proletaria de la 茅poca, sirviendo como espacios de socializaci贸n aut贸nomos implantados en el territorio que, por un lado, se plantear谩n como alternativas de ocio sano para la clase obrera y, por otro, pondr谩n encima de la mesa la viabilidad de un modelo deportivo donde los valores cenitales de la cultura revolucionaria copen su pr谩ctica: cooperaci贸n, igualdad, autoconsciencia, salubridad, potencial emancipatorio鈥

Este modelo alternativo al hegem贸nico, que no es otro que el heredado de sus or铆genes burgueses, no se puso en pr谩ctica sin las reticencias de amplios sectores militantes de las organizaciones obreras que ve铆an en el deporte, ya fuera proletario o no, una distracci贸n que alejaba a los trabajadores de la preparaci贸n de la revoluci贸n, entonteci茅ndolos y disgregando sus propios v铆nculos. Estas agrias pol茅micas, muchas de ellas explicitadas en la prensa obrera, tuvieron lugar precisamente en un momento en el que algunas competiciones deportivas empezaron a tener un seguimiento masivo gracias, entre otros factores, al impulso facilitado por la prensa, la consolidaci贸n de normativas unificadoras, la creaci贸n de las federaciones deportivas internacionales y, todo hay que decirlo, la profesionalizaci贸n de su pr谩ctica.

Parad贸jicamente, los debates entre amateurismo y profesionalismo de estos a帽os est谩n atravesados tambi茅n por la cuesti贸n de clase. Volviendo a los or铆genes del tema, solo hay que aproximarse al proceso que acab贸 por separar al rugby del f煤tbol para entender c贸mo el antagonismo de clase ha recorrido la historia del deporte desde sus comienzos.

Por otro lado, ser谩 durante las primeras d茅cadas del siglo XX, justo en el periodo en el que el deporte se convierte en un fen贸meno social de masas, cuando la pr谩ctica deportiva se empezar谩 a separar progresivamente de su consumo como espect谩culo. De esta forma, y en la medida en que las identidades deportivas se empezar谩n a socializar de forma exitosa a trav茅s de la multiplicaci贸n de clubes y la amplificaci贸n del seguimiento de las competiciones deportivas gracias, entre otros factores, al papel desempe帽ado por los medios de comunicaci贸n, las empresas ir谩n jugando un papel distinto al que hab铆an desempe帽ado en el deporte hasta entonces. En ese sentido, el tejido de clubes y equipos deportivos directamente vinculado a la pol铆tica social de las empresas desde finales del XIX y que, en buena medida, serv铆a para disciplinar a las plantillas de trabajadores a trav茅s de un ocio derivado de los intereses patronales, fue transform谩ndose conforme el deporte se espectacularizaba y la masa social que daba soporte a los clubes deportivos y, sobre todo, a las identidades asociadas a los mismos, se volv铆a cada vez m谩s interclasista.

Pero ser铆a sobre todo despu茅s de la II Guerra Mundial, coincidiendo con los cambios en las econom铆as de las sociedades occidentales tras el periodo de reconstrucci贸n, cuando la masificaci贸n del uso de la radio y la televisi贸n arroparon el despegue de los grandes eventos deportivos, las competiciones internacionales y el seguimiento continuado de los torneos anuales, como las ligas futbol铆sticas. Es en este contexto, cuando las iniciativas deportivas patrocinadas por el movimiento obrero se encuentran en franca decadencia, cuando las clases populares empiezan a consumir deporte de manera masiva y, al mismo tiempo, la mercadotecnia de los grandes marcas multiplica sus patrocinios deportivos, asociando su imagen a la de los grandes deportistas y condicionando la carrera profesional de un amplio sector de trabajadores y trabajadoras cuyos itinerarios vitales empiezan a depender, ya no solo de la esponsorizaci贸n de las empresas, sino de la popularidad y espectacularidad de sus disciplinas deportivas.

A partir de ah铆, la ligaz贸n entre el mundo del deporte y el marketing empresarial no hizo sino ir en aumento. Desde los a帽os sesenta en adelante, de manera paralela a la consolidaci贸n de la econom铆a de servicios que est谩 en la base de la sociedad postindustrial, el deporte empez贸 a jugar un papel nada despreciable en la circulaci贸n de bienes de consumo debido, sobre todo, a su enorme popularidad, capacidad de movilizaci贸n social y supuesta neutralidad pol铆tica. Es precisamente sobre esta realidad, cuando empiezan a delimitarse, aun de manera difusa, las respectivas esferas del deporte de base y de competici贸n, y cuando se establezcan las relaciones asim茅tricas entre ambas. As铆, ser谩 la dependencia del deporte de base con respecto al segundo la que acabe por favorecer, sobre todo a nivel de seguimiento y participaci贸n, un modelo deportivo en el que se privilegia el deporte como fen贸meno social de consumo de masas, destinado a la pr谩ctica competitiva profesional, y en el que a la ingente participaci贸n del capital privado hay que sumarle el patrocinio p煤blico, que en no pocas ocasiones ha acudido al rescate de clubes deportivos en quiebra o dejados a su suerte por empresarios que han aterrizado en proyectos deportivos por mero af谩n de lucro o necesidad de capital simb贸lico.

Llegados a este punto, nos encontramos con un panorama en el que, junto al esfuerzo diario y continuado de peque帽as iniciativas populares que, de alguna manera o de otra, pretenden resistir a esta tendencia, asistimos a una din谩mica social en la que se hace cada vez m谩s evidente la socializaci贸n de un bienestarismo individualista que poco tiene que ver con la salud y mucho con la presi贸n est茅tica normalizadora, y que est谩 en la base de la multiplicaci贸n de los gimnasios y en la explosi贸n del running durante los 煤ltimos a帽os.

No es casual que, junto a lo anterior, y como nos cuenta Luis de la Cruz en Contra elrunning. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial (Piedra Papel Libros, 2016), 芦el n煤mero de licencias de deportes individuales no ha parado de crecer en los 煤ltimos a帽os, en un correlato perfecto con el triunfo del hiperindividualismo de la sociedad individual禄. A lo que hemos de sumar la crisis permanente del deporte de base, con miles de peque帽os equipos e iniciativas deportivas, muchas de ellas de car谩cter barrial o municipal, que permanecen en la cuerda floja por falta de apoyo e implicaci贸n social y popular. Una realidad de abandono y desafecci贸n a la que contribuyen muchos factores, pero en la que tiene un papel destacado la falta de una cultura deportiva con capacidad para autogestionar sus propios proyectos y que se piense de manera aut贸noma al papel que pueda jugar como cantera de futuros profesionales para el deporte de competici贸n.

Por suerte, hay muchos proyectos e iniciativas que nos sirven para ejemplificar c贸mo es posible levantar un modelo deportivo diferente, enfrentado a los valores del capitalismo de consumo, que nos sirva para, tambi茅n en este 谩mbito, transformar la sociedad en favor de los intereses de la mayor铆a. Lo explic谩bamos con mayor detenimiento en los 煤ltimos dos p谩rrafos de Correr sin marca. Deporte, lucha, solidaridad (Piedra Papel Libros, 2018):

Sin embargo, la aceptaci贸n acr铆tica y mayoritaria de este proceso de mercantilizaci贸n del deporte, ligado inevitablemente a su progresiva espectacularizaci贸n, no ha impedido que, por un lado, haya una masa cr铆tica de aficionados y deportistas [鈥 cada vez m谩s concienciados de la necesidad de dotarnos de una estructura deportiva desapegada de las iniciativas propiciadas por las grandes empresas y, por otro, cada vez sea m谩s tupida la red de medios de comunicaci贸n, asociaciones deportivas, torneos, ligas cooperativas, clubes de accionariado popular y carreras autogestionadas que est谩n favoreciendo la consolidaci贸n (y socializaci贸n cada vez m谩s amplia) de un discurso cr铆tico con respecto al modelo deportivo favorecido por el capitalismo; lo que, al cabo, nos permite constatar que es posible organizarse frente al estado de las cosas y su pretendida inevitabilidad.

Aun en su diversidad, sus niveles de seguimiento y su escasa visibilidad, las distintas iniciativas a las que venimos aludiendo en estas p谩ginas han logrado introducir una cu帽a en el mundo del deporte a trav茅s de la cual socializar otros valores (m谩s justos, inclusivos, solidarios y rebeldes) y favorecer otras maneras de hacer (menos jer谩rquicas, m谩s cooperativas, democr谩ticas y horizontales); algo imprescindible para establecer v铆nculos que favorezcan la creaci贸n de identidades colectivas desobedientes que nos permitan articular una cultura deportiva antagonista a la hegem贸nica.

Juan Cruz L贸pez

Aparecido en el n煤mero 3 de la revista L麓Illa Negra. Revista d麓Hist貌ria Social 




Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com