December 12, 2021
De parte de La Haine
776 puntos de vista

Las espeluznantes declaraciones recientemente divulgadas del diputado 鈥渆strella鈥 de Kast (Johannes Kaiser; del distrito m谩s emblem谩tico de la Regi贸n Metropolitana) no debiesen extra帽arnos tanto. Desgraciadamente, la derecha chilena ha mostrado siempre un profundo desprecio a nuestros sectores populares, el cual culmin贸 durante la feroz dictadura de Pinochet.

Recordemos la fat铆dica frase expresada por muchos en la derecha de la 茅poca de que 鈥渓os muertos fueron pocos鈥. O de la 鈥渂roma鈥 que surgi贸 en 1990 -隆a ra铆z del descubrimiento de fosas comunes de asesinados por la dictadura en diversas partes del pa铆s!- respecto de que a Aylwin ya se le dec铆a 鈥淧luto鈥 porque se hab铆a convertido en buscador de huesos鈥

Del siglo XX, cuando el clasismo se expresaba sin tapujos, podemos recordar tambi茅n las tristemente c茅lebres expresiones del ministro de Hacienda de Arturo Alessandri y candidato presidencial de la derecha en 1938, Gustavo Ross Santa Mar铆a, cuando descalificaba la idea de establecer un salario m铆nimo, dado que 鈥搒eg煤n 茅l- los trabajadores chilenos eran culturalmente incapaces de utilizar una remuneraci贸n m谩s elevada sino en el alcohol, agregando:

鈥淗ay una experiencia notable hecha en los pueblos del norte de Africa, de raza hermana de los del sur de Espa帽a, que colonizaron nuestras Am茅ricas. No se logr贸 con aumentos de salario un mayor trabajo ni un mejor standard de vida. Todo se iba en flojera, proporcional al mejor salario, y en vicios usuales. Entonces los gobiernos metropolitanos acudieron al l谩tigo (sic): fuertes impuestos, salarios m铆nimos, necesidades a la vista. Esto ha tra铆do ese formidable norte de Africa actual (鈥) El remedio estar铆a en poder gastar mil millones de pesos en una tupida inmigraci贸n blanca. Se habla de la escuela. Palabras, sermones, ideas. Poco adentran en la vida. Se necesita una medida biol贸gica: traer trabajadores de costumbres recias y eficaces, y entroncarlos 鈥揺n el trabajo, en la sangre- con este pueblo que tan excelentes cualidades tiene por otra parte鈥 (El Mercurio; 7-6-1935).

M谩s a煤n, el general铆simo de su campa帽a, el ex senador liberal Ladislao Err谩zuriz Lazcano, poco antes de la elecci贸n cuestionaba 鈥渦n proletariado listo para devorar a su propia prole en su furia enceguecida鈥 y 鈥渦na clase social que no se caracteriza por funci贸n elevada alguna del esp铆ritu (鈥), pero en cambio blasona del instinto animal de la reproducci贸n. No es el tigre, el chacal o la hiena, que respeta a sus cong茅neres (鈥) sino un ser monstruoso, que escapara a la imaginaci贸n de Dante para hacer m谩s t茅trico su infierno, y que soporta nuestro siglo como la peor de sus pruebas鈥 (Gonzalo Vial.- Historia de Chile (1891-1973), Volumen V, De la Rep煤blica Socialista al Frente Popular (1931-1938); Zig-Zag, 2001, p. 558).

A su vez, el ex intendente de Santiago (1921-1927), el liberal Alberto Mackenna Subercaseaux, se帽alaba en 1928 que 鈥減ara fundar nuestro futuro desarrollo sobre bases s贸lidas, debemos inyectar en nuestro organismo nacional la sangre de razas superiores (鈥) introduciendo el abono fecundante de buenas razas europeas鈥 (El Mercurio; 8-4-1928).

En este contexto, nada puede extra帽ar que la derecha chilena aborreciera el sufragio universal secreto y efectivo. De este modo, se comprende que El Mercurio, cuando se elaboraba la nueva Constituci贸n en 1925, editorializara:

鈥淟os constituyentes del 33 (1833) estuvieron, con su admirable sentido pr谩ctico, muy lejos de adoptar el sufragio universal, y la reforma que lo acogi贸 en nombre de teor铆as igualitarias, fue en contra de la realidad de los hechos. Es inconcebible que los casi analfabetos, que apenas saben dibujar su firma y leer malamente, y la gran masa de individuos que venden su voto al mejor postor, porque carecen de dignidad y de verdadero inter茅s por la causa p煤blica, tengan los mismos derechos electorales que los ciudadanos preparados, honestos y llenos de patri贸tico inter茅s por la buena marcha del pa铆s. El repugnante mal del cohecho es la consecuencia l贸gica del error de haber dado amplia capacidad electoral a elementos que no lo merecen. Y si fuera posible suprimir completamente el cohecho, se producir铆an otros males no menos graves: la gran mayor铆a de los electores, que es la que actualmente vende el voto, o se abstendr铆a de votar, o, lo que ser铆a peor, procurar铆a elegir para que gobernasen a individuos que fueran a satisfacer sus odios y sus aspiraciones de arrebatar a viva fuerza el capital acumulado en que se mueven las industrias y negocios. Y por ese camino habr铆a el peligro de que se llegara al soviet鈥 (El Mercurio; 8-6-1925).

Y m谩s adelante, el editorial agregaba: 鈥淗ay, pues, que buscar el medio de contrabalancear la influencia de la masa analfabeta e inculta, que vende actualmente su voto, mediante otra mayor influencia de los elementos conscientes, de los que por tener mayor preparaci贸n y mayores intereses, tienen que preocuparse m谩s de la buena marcha de la Rep煤blica. L贸gicamente debemos llegar por este camino a la conclusi贸n de que lo que se necesita en Chile es el voto plural (隆La misma conclusi贸n que expuso por TV la doctora Cordero, reci茅n electa diputada por RN!). El profesor, el profesional, el jefe de negocios importantes, el que contribuye a la riqueza p煤blica, pagando gruesas contribuciones, el jefe de talleres, los padres de familias numerosas que dan tambi茅n al pa铆s la riqueza del factor hombre (sic), etc., deben tener un mayor n煤mero de votos que el resto de los ciudadanos (鈥) Como no es posible, seg煤n lo insinuamos, volver al primitivo sistema de la Constituci贸n de 1833, o sea, la restricci贸n del sufragio, porque herir铆a derechos ya adquiridos no queda otro arbitrio que el del voto plural, cuyas ventajas hemos insinuado鈥 (Ibid.).

A estas mismas conclusiones llegaron los dos grandes partidos de derecha de la 茅poca: el Conservador y el Liberal. As铆, el primero postul贸 en su Convenci贸n de 1929 鈥渆l perfeccionamiento del sufragio universal por medio del voto plural, basado en la familia, la instrucci贸n y la propiedad鈥 (Impr. Rapid, Santiago, 1930; p. 75).

Y el segundo, en su Convenci贸n de 1931 plante贸 lo propio con m谩s eufemismos. De este modo, propon铆a 鈥渞eformar la Ley Electoral en t茅rminos que los electores tengan la capacidad suficiente para ejercitar sus derechos ciudadanos; que el voto corresponda a esa capacidad; e impulsar la legislaci贸n a fin de que todo individuo pueda alcanzar la m谩xima capacidad en esta materia鈥 (Impr. El Imparcial, Santiago, 1932; p. 126).

Incluso, el Partido Conservador plante贸 posiciones a煤n m谩s antidemocr谩ticas, al promover 鈥渓a constituci贸n de un Senado, con facultades pol铆ticas restringidas que, por su forma de elecci贸n, capacidad y especializaci贸n de sus miembros, garantice una mayor estabilidad de los principios b谩sicos en que descansa la organizaci贸n social, pol铆tica y econ贸mica de la Rep煤blica鈥; y 鈥渓a elecci贸n de Presidente de la Rep煤blica por una Asamblea Nacional, compuesta de los miembros del Congreso y de las Asambleas Provinciales (instituciones 鈥渆stablecidas鈥 por la Constituci贸n del 25 y 隆que nunca se aplicaron!)鈥 (Ibid.; p. 75).

Pero como el voto plural no logr贸 ser aprobado constitucionalmente, de acuerdo a la l贸gica de dichos partidos 鈥搚 en particular de El Mercurio de junio de 1925- no qued贸 鈥渙tro arbitrio鈥 que seguir desarrollando el cohecho. Es lo que durante d茅cadas reconoci贸 expl铆citamente el connotado dirigente conservador y profesor de derecho constitucional, Jos茅 Mar铆a Cifuentes G贸mez, al 鈥渆nse帽arles鈥 a sus alumnos de la Universidad Cat贸lica que 鈥渆l cohecho era un correctivo al funesto sufragio universal鈥 (Rafael Agust铆n Gumucio.- Apuntes de medio siglo; Cesoc, 1994; p.
120).

El desprecio de la derecha al pueblo tuvo otra expresi贸n mucho m谩s tr谩gica. La realizaci贸n y justificaci贸n de grandes masacres de obreros 鈥揺specialmente mineros- y campesinos. Muchas de las cuales han quedado pr谩cticamente en el olvido, por su ocultamiento por la generalidad de los historiadores y, especialmente, por la educaci贸n escolar.

As铆, casi la 煤nica que se conoce popularmente es la de 1907 en Iquique, gracias a Luis Advis y su Cantata de Santa Mar铆a de Iquique, magistralmente interpretada por Quilapay煤n en 1969. Y 驴cu谩ntos saben de la matanza de obreros salitreros de La Coru帽a (en rigor, de varias oficinas salitreras de Tarapac谩) en 1925?, que se estima que dej贸 entre centenares y miles de hombres, mujeres y ni帽os asesinados. 驴O la de Ranquil (Lonquimay) en 1934?, que dej贸 centenares de campesinos 隆detenidos-desaparecidos!; constituy茅ndose en precursora de la Operaci贸n 鈥淣oche y Niebla鈥 desarrollada en 1940 por Hitler en la Europa ocupada.

Y como ilustraci贸n valga la total justificaci贸n de la matanza de Iquique (se estima en 2.000 las personas asesinadas) efectuada editorialmente por El Mercurio: 鈥淓s muy sensible que haya sido preciso recurrir a la fuerza para evitar la perturbaci贸n del orden p煤blico y restablecer la normalidad, y mucho m谩s todav铆a que el empleo de esa fuerza haya costado la vida a numerosos individuos (鈥) El Ejecutivo no ha podido hacer otra cosa, dentro de sus obligaciones m谩s elementales, que dar instrucciones para que el orden p煤blico fuera mantenido a cualquiera costa, a fin de que las vidas y propiedades de los habitantes de Iquique, nacionales y extranjeros, estuvieran perfectamente garantidas (sic). Esto es tan elemental que apenas se comprende que haya gentes que discutan el punto鈥 (28-12-1907).

Y en enero de 1908, frente a una amenaza de huelga general destinada 鈥揺ntre otras cosas- a 鈥渙btener del poder p煤blico la separaci贸n y castigo del general Silva Renard (conductor de la matanza) y del Intendente de Tarapac谩 (Carlos Eastman)鈥, El Mercurio se preguntaba: 鈥溌緾贸mo podr铆a el Gobierno acceder a un castigo de funcionarios que han cumplido su deber?鈥 (4-1-1908).

CALPU




Fuente: Lahaine.org