July 2, 2021
De parte de Indymedia Argentina
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Los manifestantes que derriban monumentos dedicados a esclavistas y genocidas son a menudo acusados de ┬źborrar el pasado┬╗. Sin embargo, sus acciones est├ín obligando a escrutar m├ís de cerca a quienes son honrados por estos monumentos, y esto permite que la historia se vuelva a contar desde el punto de vista de sus v├şctimas.

Junio 2020

El antirracismo es una batalla por la memoria. Esa es una de las caracter├şsticas m├ís notables de la oleada de protestas que ha surgido en todo el mundo tras el asesinato de George Floyd en Minneapolis a manos de la polic├şa. En todas partes, los movimientos antirracistas vienen poniendo en cuesti├│n el pasado mediante ataques a monumentos que simbolizaban el legado de la esclavitud y el colonialismo: el general Robert E. Lee de los Confederados en Virginia; Theodore Roosevelt en la ciudad de Nueva York; Crist├│bal Col├│n en muchas ciudades de Estados Unidos; el rey belga Leopoldo II en Bruselas; el traficante de esclavos Edward Colston en Bristol; Jean-Baptiste Colbert, ministro de Finanzas de Luis XIV y autor del infame Code noir en Francia; el padre del periodismo italiano moderno y ex-propagandista del colonialismo fascista Indro Montanelli, etc.

Ya sean derribadas, destruidas, pintadas o grafiteadas, estas estatuas personifican una nueva dimensi├│n de lucha: la conexi├│n entre los derechos y la memoria. Ponen de relieve el contraste entre el estatus de los negros y los sujetos poscoloniales como minor├şas estigmatizadas y embrutecidas, y el lugar simb├│lico dado en el espacio p├║blico a sus opresores; un espacio que tambi├ęn conforma el entorno urbano de nuestra vida cotidiana.

Estallidos de iconoclastia

Es bien sabido que las revoluciones conllevan una ┬źfuria iconoclasta┬╗. Ya sea espont├íneo, como la destrucci├│n de iglesias, cruces y reliquias cat├│licas durante los primeros meses de la Guerra Civil espa├▒ola, o algo m├ís cuidadosamente planeado, como la demolici├│n de la columna Vend├┤me durante la Comuna de Par├şs, este estallido de iconoclastia da forma a cualquier subversi├│n del orden establecido.

El director de cine Sergei Eisenstein comenz├│ Octubre, su obra maestra sobre la Revoluci├│n Rusa, con im├ígenes de una multitud derribando una estatua del zar Alejandro III, y en 1956 los sublevados de Budapest destruyeron la estatua de Stalin. En 2003, como una confirmaci├│n involuntariamente ir├│nica de esta regla hist├│rica, las tropas estadounidenses organizaron el derribo de una estatua de Sadam Husein en Bagdad, con la complicidad de muchas estaciones de televisi├│n afines, para disfrazar as├ş su ocupaci├│n como un levantamiento popular.

A diferencia de ese caso, dondequiera que la iconoclastia de los movimientos de protesta sea aut├ęntica, esta siempre provoca reacciones indignadas. Los comuneros fueron tachados de ┬źv├índalos┬╗ y Gustave Courbet, uno de los responsables del derribo de la columna, fue encarcelado. En cuanto a los anarquistas espa├▒oles, fueron condenados como feroces b├írbaros. Una indignaci├│n similar ha estallado en las ├║ltimas semanas.

Boris Johnson se escandaliz├│ cuando una estatua de Winston Churchill recibi├│ la pintada de ┬źracista┬╗, algo sobre lo que existe un consenso acad├ęmico, vinculado a los debates actuales sobre su representaci├│n de los africanos y su responsabilidad por la hambruna de Bengala en 1943.

Emmanuel Macron se quej├│ amargamente de una iconoclastia similar en un mensaje dirigido a la naci├│n francesa en el que curiosamente nunca mencion├│ a las v├şctimas del racismo: ┬źEsta noche les digo muy claramente, queridos conciudadanos, que la Rep├║blica no borrar├í ninguna huella ni figura de su historia. No olvidar├í ninguno de sus logros. No derribar├í ninguna estatua┬╗.

En Italia, el lanzamiento de pintura roja sobre una estatua de Indro Montanelli en un parque p├║blico de Mil├ín fue denunciado un├ínimemente como un acto ┬źfascista┬╗ y ┬źb├írbaro┬╗ por todos los peri├│dicos y medios de comunicaci├│n, con la excepci├│n de Il Manifesto. Herido en la d├ęcada de 1970 por terroristas de izquierda, Montanelli fue canonizado como un heroico defensor de la democracia y la libertad. Despu├ęs de esta ┬źofensa cobarde┬╗ infligida a su estatua por los lanzadores de pintura, un editorialista del Corriere della Sera insist├şa en que ese h├ęroe deb├şa ser recordado como una figura ┬źsagrada┬╗. Sin embargo, este acto ┬źb├írbaro┬╗ result├│ fruct├şfero al revelar a muchos italianos los ┬źsagrados┬╗ logros de Montanelli: en la d├ęcada de 1930, como joven periodista, ensalz├│ el imperio fascista y sus jerarqu├şas raciales; enviado a Etiop├şa como corresponsal de guerra, de inmediato compr├│ a una ni├▒a eritrea de 14 a├▒os para satisfacer sus necesidades sexuales y de servicio dom├ęstico. Para muchos comentaristas esas eran las ┬źcostumbres de la ├ępoca┬╗ y, por lo tanto, cualquier acusaci├│n de apoyo al colonialismo, el racismo y el sexismo era injusta y estaba injustificada. Sin embargo, tan tarde como en la d├ęcada de 1960, Montanelli sigui├│ condenando el mestizaje como fuente de decadencia civilizatoria, con argumentos tomados directamente del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas de Arthur Gobineau de 1853-1855.

Estos fueron de hecho los mismos argumentos defendidos vigorosamente por el Ku Klux Klan (KKK) en ese mismo periodo contra el movimiento de derechos civiles en Estados Unidos. Y contra toda evidencia, el padre espiritual de dos generaciones de periodismo italiano neg├│ ferozmente que el ej├ęrcito fascista hubiera llevado a cabo bombardeos con gas mostaza durante la guerra de Etiop├şa. Los ┬źb├írbaros┬╗ de Mil├ín solo quer├şan recordarnos estos simples hechos.

Es ciertamente interesante observar que la mayor├şa de los l├şderes pol├şticos, intelectuales y periodistas indignados por la actual ola de ┬źvandalismo┬╗ nunca expresaron una indignaci├│n similar por los repetidos episodios de violencia policial, racismo, injusticia y desigualdad sist├ęmica contra los cuales se dirigen las protestas. Se han debido sentir bastante c├│modos en esa posici├│n. Muchos de ellos incluso elogiaron la tormenta iconoclasta de signo contrario hace 30 a├▒os, cuando las estatuas de Marx, Engels y Lenin fueron derribadas en Europa central y oriental. Mientras que la perspectiva, aun imaginaria, de vivir entre este tipo de monumentos les resulta intolerable y agobiante, ellos se sienten muy orgullosos de que las estatuas de generales confederados, comerciantes de esclavos, reyes genocidas, arquitectos de la supremac├şa legal de los blancos y propagandistas del colonialismo fascista constituyan el patrimonio hist├│rico de las sociedades occidentales. De este modo, insisten en se├▒alar que ┬źno borraremos ning├║n rastro o figura de nuestra historia┬╗.

En Francia, demoler los vestigios monumentales del colonialismo y la esclavitud generalmente se caracteriza como una forma de ┬źcomunitarismo┬╗, una palabra que actualmente tiene un sentido peyorativo, ya que impl├şcitamente significa que tales vestigios molestan exclusivamente a los descendientes de esclavos y pueblos colonizados, no a la mayor├şa blanca que es la que fija las normas est├ęticas, hist├│ricas y conmemorativas que enmarcan el espacio p├║blico. De hecho, muy a menudo el supuesto ┬źuniversalismo┬╗ de Francia tiene un sabor desagradable a ┬źcomunitarismo blanco┬╗.

La ┬źfuria iconoclasta┬╗ que actualmente se extiende por las ciudades a escala mundial reclama, al igual que lo demandaran sus antepasados, nuevas reglas de tolerancia y coexistencia. Lejos de borrar el pasado, la iconoclastia antirracista entra├▒a una nueva conciencia hist├│rica que inevitablemente afecta el paisaje urbano. Las estatuas en disputa celebran el pasado y a sus actores, un simple hecho que legitima su retirada. Las ciudades son cuerpos vivos que cambian de acuerdo con las necesidades, valores y deseos de sus habitantes, y estas transformaciones son siempre el resultado de conflictos pol├şticos y culturales. Derribar monumentos que conmemoran a los gobernantes del pasado da una dimensi├│n hist├│rica a las luchas del presente contra el racismo y la opresi├│n. Quiz├ís signifique incluso algo m├ís que eso. Es otra forma de oponerse a la gentrificaci├│n de nuestras ciudades, que supone la metamorfosis de sus distritos hist├│ricos en lugares cosificados y fetichizados.

Una vez que una ciudad es clasificada por la Organizaci├│n de las Naciones Unidas para la Educaci├│n, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como ┬źpatrimonio de la humanidad┬╗, est├í condenada a morir. Los ┬źb├írbaros┬╗ que derriban estatuas protestan impl├şcitamente contra las pol├şticas neoliberales actuales que, al tiempo que expulsan a las clases bajas de los centros urbanos, transforman estos ├║ltimos en vestigios congelados. Los s├şmbolos de la antigua esclavitud y el colonialismo se combinan con el rostro deslumbrante del capitalismo inmobiliario, y estos son los objetivos de los manifestantes.

La mirada de los vencidos

La iconoclastia antirracista, seg├║n un argumento m├ís sofisticado y perverso, expresa un deseo inconsciente de negar el pasado. Seg├║n este argumento, a pesar de lo opresivo y desagradable que fuera el pasado, este no se puede cambiar. Esto es desde luego cierto. Pero transitar el pasado, particularmente si se trata de un pasado repleto de racismo, esclavitud, colonialismo y genocidios, no implica celebrarlo, como vienen a hacer la mayor├şa de las estatuas derribadas.

En Alemania, el pasado nazi est├í abrumadoramente presente en las plazas y calles de la ciudad a trav├ęs de monumentos conmemorativos que celebran a sus v├şctimas y no a sus victimarios. En Berl├şn, el Memorial del Holocausto se erige como una advertencia a las generaciones futuras (das Mahnmal). Los cr├şmenes de las SS no se recuerdan con una estatua que rememore a Heinrich Himmler, sino mediante una exposici├│n al aire libre y bajo techo llamada ┬źTopograf├şa del terror┬╗, que se encuentra en la sede de una antigua oficina de las SS.

No necesitamos estatuas de Hitler, Mussolini y Franco para recordar sus fechor├şas. Precisamente porque los espa├▒oles no han olvidado el franquismo el gobierno de Pedro S├ínchez decidi├│ retirar los restos del Caudillo de su monumental tumba. Es solo desacralizando el Valle de los Ca├şdos como este monumento fascista pod├şa erigirse en el reino de la memoria en una sociedad democr├ítica que no olvida.

Por esta raz├│n, es profundamente enga├▒oso equiparar nuestra actual iconoclastia antirracista a la intencionalidad de la antigua damnatio memoriae (condena de la memoria). En la antigua Roma, esta pr├íctica ten├şa como objetivo eliminar las conmemoraciones p├║blicas de emperadores u otras personalidades cuya presencia chocaba con los nuevos gobernantes. Deb├şan ser olvidados. Borrar a Le├│n Trotsky de las im├ígenes oficiales sovi├ęticas bajo el estalinismo fue otra forma de damnatio memoriae, e inspiraci├│n para la obra 1984 de George Orwell. Orwell escribi├│ que en el Estado ficticio de Ocean├şa el pasado se hab├şa reescrito por completo: ┬źEstatuas, inscripciones, piedras conmemorativas, los nombres de las calles, cualquier cosa que pudiera arrojar luz sobre el pasado hab├şa sido sistem├íticamente alterada┬╗.

Estos ejemplos son comparaciones enga├▒osas porque se refieren a la eliminaci├│n del pasado por los poderosos. En cambio, la iconoclastia antirracista busca provocativamente liberar el pasado de su control, ┬źpeinar la historia a contrapelo┬╗, al repensarlo desde el punto de vista de los dominados y los vencidos, y no con la mirada de los vencedores. Sabemos que nuestro patrimonio arquitect├│nico y art├şstico est├í cargado con el legado de la opresi├│n. Como dijera un famoso aforismo de Walter Benjamin: ┬źNo hay ning├║n documento civilizatorio que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie┬╗. Quienes derriban estatuas no son nihilistas ciegos: no desean destruir el Coliseo o las pir├ímides. M├ís bien, preferir├şan no olvidar que, como se├▒alara Bertolt Brecht, estos monumentos admirables fueron construidos por esclavos. Edward Colston y Leopoldo II no ser├şan olvidados: sus estatuas deber├şan conservarse en museos y preservarse de manera que no se explicara solo qui├ęnes fueron y sus logros extraordinarios, sino tambi├ęn por qu├ę y c├│mo se convirtieron en ejemplos de virtud y filantrop├şa, objetos a venerar; en resumen, en la personificaci├│n de su civilizaci├│n.

Ola global

Esta oleada de iconoclastia antirracista es global y no admite excepciones. Los italianos (incluidos los italoamericanos) y los espa├▒oles est├ín orgullosos de Col├│n, pero las estatuas del hombre que descubri├│ las Am├ęricas no tienen el mismo significado simb├│lico para los pueblos ind├şgenas. Esta iconoclastia reclama leg├ştimamente un reconocimiento p├║blico y la transcripci├│n de su propia memoria y perspectiva: un descubrimiento que inaugur├│ cuatro siglos de genocidio. En Fort-de-France, la capital de Martinica, dos estatuas de Victor Sch┼ôlcher, tradicionalmente celebradas por la Rep├║blica Francesa como un s├şmbolo de la abolici├│n de la esclavitud en 1848, fueron derribadas el 22 de mayo. Como nos dice el diario de derecha Le Figaro: ┬źLos nuevos censores creen poseer la verdad y ser los guardianes de la virtud┬╗. Pero resulta que los ┬źnuevos censores┬╗ (es decir, j├│venes activistas antirracistas) desean pasar p├ígina a una tradici├│n paternalista y sutilmente racista del universalismo franc├ęs. Este siempre describi├│ la abolici├│n de la esclavitud como un regalo para los esclavos por parte de la Rep├║blica ilustrada, una tradici├│n que Macron resum├şa bien en el mensaje citado anteriormente.

Los ┬źnuevos censores┬╗ comparten el juicio de Frantz Fanon al abordar este clich├ę en su libro Piel negra, m├íscaras blancas de 1952: ┬źEl hombre negro se content├│ agradeci├ęndole al hombre blanco, y la prueba m├ís palmaria de este hecho es la impresionante cantidad de estatuas que se erigieron por toda Francia y colonias para mostrar a la Francia blanca acariciando el cabello rizado de este bonito negro cuyas cadenas acababan de romperse┬╗.

Trabajar con el pasado no es una tarea abstracta o un ejercicio puramente intelectual. Requiere m├ís bien de un esfuerzo colectivo que no puede disociarse de la acci├│n pol├ştica. Este es el significado de la iconoclastia de estos ├║ltimos d├şas. De hecho, si bien ha estallado en el seno de una movilizaci├│n antirracista global, el terreno ya hab├şa sido labrado por a├▒os de compromiso contramemorial y una investigaci├│n hist├│rica desarrollada por multitud de asociaciones y activistas. La iconoclastia, como toda acci├│n colectiva, merece atenci├│n y cr├ştica constructiva. Estigmatizar despectivamente es simplemente exonerar una historia de opresi├│n.

Nota: la versi├│n original en ingl├ęs de este art├şculo fue publicada en la revista Jacobin el 24/5/2020. Retomamos la versi├│n traducida publicada en Viento Sur.

Fuente: https://nuso.org/articulo/estatuas-historia-memoria/




Fuente: Argentina.indymedia.org