October 9, 2021
De parte de ANRed
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Las derrotas afrontadas por Estados Unidos no implican victorias antiimperialistas. Los yihadistas son la contracara de ese anhelo. En Afganist谩n triunfaron los retr贸grados talibanes, en Irak gobierna una represiva administraci贸n teocr谩tica, en Libia prevalece el reparto del bot铆n y en Siria aplastaron la esperanza democr谩tica. Las batallas antiimperialistas han sido desviadas hacia confrontaciones de supuesto sesgo inter-religiosas y el proyecto progresista pan谩rabe ha quedado sustituido por el ensue帽o fundamentalista del Califato. En Egipto se demostr贸 que los avances democr谩ticos exigen confrontar con la subordinaci贸n a Washington. La excepcionalidad de T煤nez y la fractura de Libia confirmaron esa regla. La primavera 谩rabe fue un hito de rebeld铆a, pero su divorcio de planteos antiimperialistas facilit贸 su aplastamiento. La nueva oleada plantea superar las fracturas confesionales. Las demandas nacionales pueden apuntalar luchas soberanas o servir a la balcanizaci贸n. Los kurdos afrontan ese dilema. Las batallas por la democracia y la autodeterminaci贸n nacional enlazan con el antiimperialismo. Por Claudio Katz[1]


Estados Unidos retir贸 sus tropas de Afganist谩n al cabo de dos d茅cadas de guerras perdidas y observ贸 c贸mo el ej茅rcito que hab铆a entrenado se pas贸 al campo opuesto. Esta derrota ha propinado un dur铆simo golpe a la dominaci贸n norteamericana.

Pero de esta adversidad para la primac铆a estadounidense no se deduce la existencia de un triunfo antiimperialista. Son dos problemas de distinta naturaleza. El categ贸rico fracaso de los marines no equivale a una victoria del proyecto de emancipaci贸n. Ese divorcio deriva del car谩cter reaccionario de los ganadores de la partida.

La adscripci贸n ultra-conservadora de los talibanes es ampliamente conocida. Act煤an como se帽ores de la guerra y manejan sus territorios con todos los c贸digos del fundamentalismo isl谩mico. Su maltrato de las mujeres es la manifestaci贸n m谩s chocante de esa conducta. En su nueva etapa difunden mensajes m谩s razonables para contribuir a un lavado de cara, pero el correlato pr谩ctico de ese giro es por ahora desconocido.

Frente a este escenario convendr铆a ser m谩s cuidadosos en la frecuente analog铆a que se establece entre la ca铆da de Kabul y la huida de Saig贸n. Las fotos de ambas situaciones son muy parecidas y ganaron la primera plana por el pat茅tico papel贸n de Biden, que prometi贸 no repetir lo ocurrido en 1975. Ciertamente en los dos casos se verific贸 un contundente el fracaso imperialista, pero como resultado de procesos radicalmente contrapuestos.

En Vietnam triunfaron las fuerzas revolucionarias y en Afganist谩n las milicias reaccionarias. Los talibanes son la contracara absoluta del Vietcong y se ubican en el polo opuesto de un ej茅rcito liberador. Su pol铆tica de sumergir a Afganist谩n en el pasado medieval ha sido la ant铆tesis del proyecto emancipador del comunismo. La reciente derrota estadounidense es una gran noticia para todos los pueblos del mundo, pero guarda una distancia enorme con la victoria lograda por los vietnamitas.

UN RESULTADO CONTRADICTORIO

En otros pa铆ses del 鈥淕ran Oriente Medio鈥 -que Estados Unidos intent贸 redise帽ar a su favor- se registraron resultados an谩logos al desemboque de Afganist谩n. El Pent谩gono fall贸 estrepitosamente en su incursi贸n b茅lica contra Irak y ha recluido a sus tropas a un ramillete de fortalezas. La debilitada ocupaci贸n no pudo siquiera aprovechar a su favor la guerra sectaria entre las comunidades de ese pa铆s. Al final de la aventura el aislamiento de los marines es may煤sculo y Estados Unidos busca caminos para replegar sus fuerzas.

Pero el triunfador de esa contienda ha sido Ir谩n, que ejerce un n铆tido control del r茅gimen imperante en Bagdad. Esa administraci贸n no presenta ning煤n ingrediente de antiimperialismo progresista. Gobierna con normas sectarias y hostiliza a los sunitas y a los kurdos. Favorece a los nuevos grupos dominantes que lucran con el continuado despojo del petr贸leo y la espeluznante pobreza del pa铆s. Monitorea, adem谩s, el aplastamiento de las protestas contra el deterioro de las condiciones de vida. Ir谩n brind贸 al fr谩gil gobierno de Irak todo el sost茅n requerido para reprimir las movilizaciones populares de octubre del 2019.

Estados Unidos tambi茅n fall贸 en Siria en su intento inicial de crear una fuerza b茅lica bajo su control. Esas milicias desertaron al campo islamista y el gobierno liberal en el exilio que manejaba Washington se desplom贸 en forma vertiginosa. En cambio el denostado Assad sobrevivi贸 con el auxilio ruso.

Pero el gobierno que sali贸 airoso del cerco tendido por Washington no conserva ning煤n resabio del viejo antiimperialismo. Ha pactado con distintas fuerzas extranjeras (incluyendo al propio Departamento de Estado), para asegurar la continuidad de la dominaci贸n local de los sectores privilegiados. Consum贸 una involuci贸n neoliberal que dej贸 muy atr谩s su lejano origen nacionalista.

Ese r茅gimen respondi贸 adem谩s con feroz represi贸n a las demandas de mejoras sociales y reformas pol铆ticas, que emergieron al calor de la primavera 谩rabe. Esa rebeli贸n qued贸 transformada posteriormente, en un sangriento enfrentamiento entre fracciones igualmente enemigas de la ansiada democratizaci贸n. Las protestas fueron usurpadas por milicias subordinadas a distintos proyectos de dominaci贸n. En Siria se corrobor贸 a pleno el fracaso estadounidense, pero no se registr贸 ning煤n avance antiimperialista. S贸lo prevaleci贸 un terrible desangre popular que sepult贸 las esperanzas democr谩ticas.

Washington qued贸 tambi茅n afectado en Libia por los resultados finales de la ca铆da de Gadafi. Sus empresas no capturaron el grueso de los negocios petroleros y la esperada localizaci贸n de una gran base de la OTAN fue pospuesta. Pero los grupos derechistas triunfantes se han dividido el pa铆s para repartirse el bot铆n, sin ning煤n atisbo de iniciativas progresistas.

No cabe duda que la fantas铆a imperialista de remodelar tres grandes territorios al servicio de Estados Unidos ha colapsado. Pero los resultados generales de lo ocurrido en las 煤ltimas d茅cadas son contradictorios. En ciertos casos el agresor perdi贸 espacios (Libia), en otros se logr贸 su fulminante retiro (Afganist谩n), su repliegue (Irak) o su reacomodamiento en un contexto adverso (Siria). Pero esa variedad de derrotas imperiales no entra帽贸 victorias progresistas.

Estos contrapuestos desemboques son acertadamente registrados por ciertos analistas (Farooq Tariq, 2021). Otros observadores tambi茅n recuerdan antecedentes hist贸ricos de este tipo victorias sobre opresores extranjeros, bajo el mando fuerzas derechistas locales (Andreu, 2021).

En el 鈥淕ran Oriente Medio鈥 los invasores for谩neos han sido doblegados por retr贸gradas direcciones conservadoras y esta paradoja se verifica en el protagonismo alcanzado por el tipo de milicias que emergen en toda la regi贸n.

EL ROL DEL YIHADISMO

El balance gris de lo ocurrido en Medio Oriente, Asia Central y 脕frica del Norte se refleja en la centralidad lograda por las corrientes clericales, que usufruct煤an del repliegue norteamericano.

Ninguna de las redes yihadistas que actuaron en todos los conflictos de la regi贸n en tensi贸n con Estados Unidos incluye componentes antiimperialistas. Esas organizaciones no aglutinan expresiones 鈥渁ntisist茅micas鈥 de  鈥渞ebeldes鈥 o 鈥渋nsurgentes鈥. Todas conforman agrupamientos invariablemente derechistas (Al-Qaeda, Daesh, Estado isl谩mico, ISIS, Talibanes).

En algunas vertientes transnacionales act煤an como milicias transfronterizas, al servicio de las potencias globales y regionales que disputan primac铆a. En otros casos apuntalan proyectos propios de regresi贸n al Califato. En sus variantes locales cumplen ese mismo rol para los sectores dominantes de cada zona mediante la imposici贸n del terror.

Frecuentemente se destaca que han atra铆do j贸venes excluidos que se alistan para rehuir de la miseria imperante. Pero todos los batallones regresivos de la historia se nutrieron de sectores marginados o desesperados. Ese origen no justifica la nefasta labor que cumplen esas formaciones.

Los milicianos 谩rabes-europeos integrados a esos grupos -criados en el medio hostil de los suburbios del Viejo Continente- conforman segmentos min煤sculos de esas milicias. M谩s corriente es su reclutamiento entre desocupados o sectores que se alistan a cambio de una pensi贸n para sus familias (Armanian, 2016b). En cualquier caso no son v铆ctimas, sino part铆cipes directos de la tragedia que afronta la regi贸n.

Los paramilitares chiitas de Irak, los talibanes de Afganist谩n y los yihadistas trashumantes no conforman brigadas antiimperialistas. Se ubican en el campo opuesto de los luchadores por esa causa, que por ejemplo nutren las filas de las organizaciones palestinas o sahaur铆es. En ning煤n caso la adscripci贸n religiosa de los milicianos define su comportamiento. Lo determinante es el tipo de acci贸n que emprenden.

El yihadismo ha contribuido a la restauraci贸n del poder clerical que hist贸ricamente obstruy贸 la modernizaci贸n de la regi贸n. La simbiosis de las instituciones religiosas con el estado impidi贸 ese avance. Bloque贸 la separaci贸n de esos dos 谩mbitos que en Europa asumi贸 formas laicismo radical (Francia) o modalidades m谩s conciliatorias de gestaci贸n de las iglesias nacionales (Alemania, Inglaterra).

Las distintas variantes de la teocracia persistieron en Oriente, bajo la primac铆a de una religi贸n asentada una densa red de ritos y en normas muy estrictas de la vida privada. De esa estructura emana el poder de las capas clericales enlazadas con el estado (Amin, 2011: 209-216).

El primer intento de modernizaci贸n 谩rabe (Al Nahda) a principio del siglo pasado no logr贸 romper el sometimiento a ese control religioso. La segunda gran oleada de secularizaci贸n -bajo la impronta del nasserismo y el baathismo, en sociedades m谩s urbanizadas y con mayor sost茅n de la clase media- introdujo cambios significativos, pero no quebrant贸 el entramado teocr谩tico.

Washington apadrin贸 la reacci贸n yihadista para apuntalar los intereses de sus compa帽铆as petroleras. Aval贸 especialmente todas las agresiones de sus aliados sauditas para combatir con ferocidad los proyectos avanzados del nacionalismo. La destrucci贸n del laicismo apunt贸 a sepultar los movimientos progresistas.

Estados Unidos auspici贸 expl铆citamente ese curso para erradicar a la izquierda del mundo 谩rabe. Las monarqu铆as utilizaron al yihadismo contra los gobiernos que nacionalizaban el petr贸leo, Israel foment贸 las mismas corrientes para fracturar el movimiento palestino y el Pent谩gono directamente entren贸 batallones de choque contra la URSS. Todos se recostaron en las redes de los retr贸grados cl茅rigos, que finalmente lograron contener la secularizaci贸n de la regi贸n.

Los serios enfrentamientos de los fundamentalistas con su gestor estadounidense finalmente derivaron en un repliegue de Washington, que converge con el afianzamiento de las fuerzas arcaicas. Mediante la rehabilitaci贸n de instituciones arcaicas, los yihadistas han logrado desviar las batallas antiimperialistas de Medio Oriente hacia confrontaciones de superficie inter-religiosa que desgarran a la poblaci贸n. De esa forma contribuyen a consolidar la opresi贸n que impera en la regi贸n.

DEL PANARABISMO AL CALIFATO

El antiimperialismo ha quedado tambi茅n afectado a escala regional por la sustituci贸n del proyecto progresista pan谩rabe (que emergi贸 con fuerza en la segunda mitad del siglo XX) por el ensue帽o fundamentalista del Califato. Ese cambio ilustra la regresi贸n pol铆tica que ha padecido la zona, en un dram谩tico contexto de remodelaci贸n de los estados.

El pan-arabismo aflor贸 en el cenit de los proyectos del nacionalismo. Tom贸 en cuenta que el mundo 谩rabe no conforma estrictamente una naci贸n, pero s铆 una comunidad con sentimientos de pertenencia com煤n. Posee hoy una identidad colectiva de lengua, tradiciones, religi贸n y acervos culturales (Anderson, 2013).

En ese ideal de forjar una naci贸n 谩rabe potencialmente com煤n se sustentaron los intentos de enlazar el nacionalismo antiimperialista con la integraci贸n pol铆tica estatal. La formaci贸n de la Rep煤blica 脕rabe Unida (1958-61) fue el mayor hito de ese ensayo, pero sucumbi贸 frente a la derrota ante Israel en la guerra de 1967. El naufragio del proyecto integrador fue tambi茅n consecuencia de los l铆mites exhibidos por movimientos nacionalistas muy asentados en figuras carism谩ticas, distantes de la izquierda y reacios a la politizaci贸n de la poblaci贸n (Amin, 2011: 132-135).

El panarabismo tambi茅n hered贸 algunos vestigios de su antigua conexi贸n con el colonialismo franco-brit谩nico, que inicialmente buscaba debilitar la influencia del rival otomano. Ese nexo se verific贸 en la discriminaci贸n de otras naciones (turcos, iran铆es), o grupos 茅tnicos no 谩rabes (kurdos) (Armanian, 2021).

Pero la reacci贸n yihadista emergi贸 para revertir y no para corregir esas limitaciones. Irrumpi贸 para aplastar todos los g茅rmenes de un proyecto progresista de unificaci贸n regional. Por eso supedita su propia variante de configuraci贸n abarcadora de pan-islamismo, a la primac铆a de alguna vertiente religiosa contra otra. Propicia enlazar las distintas zonas de la regi贸n bajo la impronta de un regresivo Califato.

Ese proyecto qued贸 en suspenso por la derrota sufrida por el Estado Isl谩mico y Daesh en Siria e Irak. Fracasaron en el campo de batalla contra las fuerzas regulares de los reg铆menes rivales y fueron doblegados por la resistencia de poblaciones locales indignadas con la brutalidad de sus pr谩cticas cotidianas (Khoury, 2016).

Frente a esa adversidad el yihadismo volvi贸 a operar nuevamente en los estados existentes. Pero el repliegue norteamericano en Afganist谩n tiende a reactivar otras ramas de ISIS, que retoman la estrategia del Califato en Asia Central e incluso extienden ese proyecto a varias zonas de 脕frica. Ese curso presagia enfrentamientos sanguinarios, sin ning煤n desemboque favorable para las poblaciones involucradas en esas disputas.

CRISIS IMPERIAL CON FRUSTRACIONES DEMOCR脕TICAS

El dram谩tico resultado de la primavera 谩rabe es otro indicador de los claro-oscuros de la regi贸n. El imperialismo afronta m煤ltiples crisis y dificultades, pero junto a sus aliados derechistas logr贸 frustrar los anhelos de cambio que irrumpieron en la d茅cada pasada.

Las protestas lograron inicialmente la ca铆da de los desprestigiados presidentes Ben Al铆 (T煤nez) y Mubarak (Egipto), pero los frutos posteriores fueron amargos. La tentativa democratizadora se extendi贸 a otras zonas, pero mayoritariamente devino en una sucesi贸n de masacres que agravaron los padecimientos econ贸mico-sociales.

Toda la din谩mica de las rebeliones qued贸 anulada por esa violenta contrarrevoluci贸n, que recompuso el viejo orden de privilegios para los capitalistas acaudalados, los militares represores y los cl茅rigos totalitarios. La virulencia de ese contragolpe persiste hasta hoy en d铆a.

En el caso de Egipto el papel regresivo del imperialismo fue cristalino. Estados Unidos propici贸 y sostuvo el golpe militar de Sisi, luego de restar apoyo al experimento de Morsi. El l铆der de los Hermanos Musulmanes intent贸 ciertas reformas del sistema pol铆tico, junto a una mayor escala de islamizaci贸n que provoc贸 la resistencia de las capas laicas.

Washington no rechaz贸 esas modalidades confesionales que avala en incontables pa铆ses de la regi贸n. Lo que irrit贸 al Departamento de Estado fue la reactivaci贸n de las inversiones de las empresas rusas Lukoil y Avatec en la actividad petrolera y gas铆fera y el viaje a Mosc煤 que realiz贸 Morsi. Esa excursi贸n anticipaba un intento de aflojar la agobiante dependencia con el mandante norteamericano. Aunque Sisi tampoco es plenamente confiable, la embajada estadounidense dio el visto bueno a un golpe, que asegura el sometimiento del pa铆s a su continuada supervisi贸n.

La obstrucci贸n a la democracia en Egipto es una pieza central de la pol铆tica yanqui en Medio Oriente. Desde el giro pro-occidental que Sadat inici贸 hace 40 a帽os, todos los presidentes norteamericanos han priorizado el control sobre el Canal de Suez. Impiden cualquier atisbo de independencia, en un pa铆s clave para contener la expansi贸n comercial de China y la presencia geopol铆tica de Rusia. Por esa raz贸n Washington sostiene la feroz represi贸n actual de un r茅gimen que en poco tiempo (2013-2017) encarcel贸 y tortur贸 a 60.000 personas (Armanian, 2017a)

Esa experiencia confirma que la batalla por la democracia empalma categ贸ricamente en Egipto con la lucha antiimperialista. Los gobiernos pro-yanquis han abandonado a los palestinos, son c贸mplices del cerco israel铆 a Gaza y cumplen un rol policial en el Sina铆.

T煤nez sigui贸 otra trayectoria y exhibe la 煤nica excepci贸n a la regla de la virulencia imperial en el mundo 谩rabe. La victoria de la primavera impuso all铆 la liberaci贸n de presos, la realizaci贸n de elecciones libres y la concreci贸n de una Asamblea Constituyente que frustr贸 los intentos de islamizaci贸n.

Los grupos dominantes mantuvieron igualmente el control del estado y pactaron una transici贸n que asegura su manejo del poder, a trav茅s de un modelo bipartidista de alternancia de cargos. Ese esquema preserva la desigualdad social y la precarizaci贸n del empleo, en un marco de descontrol de la deuda p煤blica y consiguientes ajustes del FMI.

En la carencia de cambios econ贸mico-sociales, T煤nez repite lo sucedido en el resto de la regi贸n. Pero en el plano pol铆tico se distingue por los logros democr谩ticos (Alba Rico, 2021). La causa de esa excepcionalidad no es ning煤n misterio. T煤nez es un peque帽o pa铆s con escasas materias primas y poca relevancia estrat茅gico-militar. No es apetecida por las grandes potencias, ni suscita la codicia por un bot铆n petrolero (Maget, 2020).

Por su reducida gravitaci贸n en comparaci贸n a sus vecinos, el imperialismo toler贸 las reformas que vet贸 en el resto de la regi贸n. Esa excepci贸n confirm贸 la regla de frontal oposici贸n de la primera potencia, a cualquier aflojamiento del autoritarismo imperante en Medio Oriente.

En Siria, el esbozo de la primavera no irrumpi贸 como en T煤nez o Egipto con revueltas en las principales ciudades, gran presencia de trabajadores o peso del movimiento sindical. Las protestas se concentraron en localidades m谩s remotas y siguieron un patr贸n disperso y desigual (Bouharoun, 2017).

La virulenta respuesta represiva del gobierno generaliz贸 un conflicto que desemboc贸 en la guerra m谩s cruenta de la 煤ltima d茅cada. Los anhelos de democratizaci贸n quedaron totalmente sofocados en esa tragedia, al cabo de una confrontaci贸n que termin贸 oponiendo a dos bandos igualmente regresivos.

Las potencias mundiales y regionales tomaron el control del conflicto y dirimieron sus rivalidades a costa de la poblaci贸n. Los objetivos democr谩ticos de la revuelta del 2011 quedaron diluidos en la militarizaci贸n de una rebeli贸n, que a partir del 2014-15 fue usurpada por milicias grupos ajenas a las demandas de los manifestantes (Alexander, 2018).

Al cabo de ese terrible desangre Assad se mantuvo en el gobierno, pero el futuro de Siria como naci贸n soberana qued贸 cuestionado. Predomina la fragmentaci贸n del pa铆s en zonas bajo control de los distintos actores del conflicto. Tambi茅n en este caso Estados Unidos perdi贸 la disputa, pero las metas democr谩ticas fueron sofocadas y la propia supervivencia del pa铆s es una inc贸gnita.

ANTICIPOS DE NUEVAS PRIMAVERAS

La primavera 谩rabe fue el principal acontecimiento en la 煤ltima d茅cada en Medio Oriente. Incluy贸 intensas movilizaciones populares que impactaron sobre el tablero regional. Pero esa may煤scula irrupci贸n no logr贸 converger con reivindicaciones antiimperialistas y ese divorcio facilit贸 su aplastamiento por las fuerzas reaccionarias.

La chispa se encendi贸 a fines del 2010 en una localidad tunecina y el derrame de las protestas se extendi贸 a numerosos lugares. La identificaci贸n de esa oleada con una primavera es ilustrativa de la esperanza que despert贸 entre sus protagonistas. Los j贸venes imaginaron en las calles el comienzo de una salida a la penuria econ贸mica, al autoritarismo pol铆tico y a las restricciones religiosas.

Con ese levantamiento el curso habitual de guerras, ocupaciones extranjeras y sangrientas disputas internas de Medio Oriente qued贸 alterado por un nuevo ingrediente de protagonismo popular. Fue descollante la preeminencia juvenil, la variada incidencia de sindicatos y la significativa participaci贸n de la clase media.

La primavera dej贸 un legado de experiencias perdurables en la memoria popular. Refut贸 todos los clich茅s islamof贸bicos de Occidente, que presentan al mundo 谩rabe como un universo de individuos resignados y pasivos. Los reclamos sociales y el anhelo de conquistar una democracia genuina, motorizaron las sublevaciones en pa铆ses agobiados por reg铆menes desp贸ticos.

Esas revueltas tienden a resurgir por la simple persistencia de los mismos problemas. Durante el 2019 esa tendencia al reinicio de la rebeli贸n despunt贸 con llamativa simultaneidad en varios pa铆ses. Una concatenada secuencia de manifestaciones repiti贸 los contagios de la primera ola.

Las movilizaciones prevalecieron con renovada fuerza en las zonas no impactadas por la secuencia anterior. Pero la expansi贸n de esos movimientos qued贸 s煤bitamente interrumpida por la pandemia. El coronavirus forz贸 la reclusi贸n de la poblaci贸n para lidiar con la infecci贸n.

El determinante inmediato de ese rebrote de lucha fue el gran empobrecimiento padecido por el grueso del mundo 谩rabe. La regi贸n afront贸 en los 煤ltimos a帽os una dr谩stica ca铆da de los ingresos que acompa帽贸 el declive de los precios del petr贸leo. Esa retracci贸n se tradujo en un freno del crecimiento y en un serio incremento del desempleo. El paro entre los j贸venes supera ampliamente el promedio internacional (Acchar, 2020).

El neoliberalismo ha causado estragos en una zona muy golpeada por la desigualdad social y el encarecimiento de los productos b谩sicos. Las econom铆as generan poco empleo y alimentan una escalada de presiones volc谩nicas, en la explosiva pir谩mide demogr谩fica de la regi贸n.

Aunque las privatizaciones nunca alcanzaron en Medio Oriente la destructiva dimensi贸n de otras zonas, el modelo neoliberal socav贸 los viejos sistemas de protecci贸n social y generaliz贸 un in茅dito desamparo y descontento. Muchos sectores de la econom铆a tradicional han quedado desarticulados por la tutela norteamericana del Golfo, el predominio europeo en el Magreb (Norte de 脕frica) y la destructiva apertura comercial financiarizada del Mashriq (Levante).

Las protestas resurgen frente a gobiernos autoritarios que recurren al garrote para responder a cualquier demanda popular. Ese inmovilismo represivo acrecienta el malestar e incentiva nuevos levantamientos (Tamimi, 2017).

SUPERACI脫N DE LAS FRACTURAS CONFESIONALES

En los despuntes callejeros del 2019 convergieron demandas econ贸micas, sociales y pol铆ticas, sin preeminencia de las filiaciones religiosas. Este car谩cter no sectario y secular constituy贸 la cualidad m谩s promisoria de esa incipiente oleada.

En el L铆bano las principales demandas de los manifestantes apuntaron contra la carest铆a y el aumento de los impuestos. La crisis fiscal, el d茅ficit de ingresos, la merma de divisas y el incremento del desempleo desencadenaron grandes protestas, que tambi茅n incluyeron el rechazo de la corrupci贸n y el nepotismo.

La masividad de esas movilizaciones forz贸 la dimisi贸n del primer ministro y deriv贸 en el otorgamiento de varias concesiones (Karam; Tannury 2019). Por primera vez en mucho tiempo, una significativa protesta motivada por demandas sociales cuestion贸 el sistema pol铆tico confesional y exigi贸 su democratizaci贸n. Esa t贸nica qued贸 confirmada en las posteriores marchas de conmemoraci贸n de la tr谩gica explosi贸n en el puerto de Beirut.

Esta t贸nica de exigencia de cambios pol铆ticos fue tambi茅n el dato dominante en Argelia, en las protestas contra el continuismo presidencial. En las marchas se cuestion贸 el enriquecimiento de grupos econ贸micos entrelazados con un gobierno de origen nacionalista, que mantiene un alineamiento internacional af铆n a Rusia y aut贸nomo de Estados Unidos (Sbarbi Osuna, 2019).

En el 2003 ese r茅gimen sali贸 airoso de una cruenta guerra con el fundamentalismo isl谩mico, que se cobr贸 la vida de 200.000 personas. Al cabo de esa traum谩tica experiencia, la lucha democr谩tica es encarada por una nueva generaci贸n m谩s distanciada del fanatismo religioso.

En Sud谩n las manifestaciones se multiplicaron contra un gobierno que pretend铆a conseguir un mandato vitalicio. Los sindicatos de trabajadores y la izquierda jugaron un papel relevante, en protestas que asumieron una n铆tida t贸nica de lucha social.

Esa misma gravitaci贸n de las peticiones sociales se verific贸 en las protestas de Irak. Los trabajadores convergieron con los profesores y estudiantes universitarios en la exigencia de 芦pan, trabajo, libertad y transparencia禄. La ausencia de consignas religiosas en un pa铆s desangrado por enfrentamientos sectarios fue el dato llamativo de esas movilizaciones.

Los protagonistas de esos movimientos han sido los mismos sujetos populares de la secuencia anterior. En el universo de los asalariados se verifica una gran diversidad de niveles de organizaci贸n. El importante movimiento obrero de T煤nez, los llamativos sindicatos de Egipto y la escala de huelgas de Bahr茅in, no tienen correspondencia equivalente en otras localizaciones de la protesta.

La importante presencia de graduados y profesionales sin empleo persiste como un dato relevante de esas rebeliones. El descontento se afianza entre los trabajadores con cierta calificaci贸n que no consiguen empleo estable. El neoliberalismo estanc贸 a las econom铆as de la regi贸n, quebrant贸 la movilidad social y deterior贸 los sistemas de asistencia social, creando el convulsivo escenario que emerge con las protestas (Harris, 2016).  

Ese cimiento social de la lucha en el mundo 谩rabe qued贸 brutalmente ensombrecido por las tensiones sectarias y las distorsiones religiosas en la d茅cada pasada. El desenvolvimiento de la pr贸xima oleada depender谩 de la superaci贸n de ese terrible escollo.

AVANCES NACIONALES SIN ANTIIMPERIALISMO

El redise帽o imperial que intent贸 Estados Unidos en Medio Oriente y 脕frica del Norte ha recreado viejos problemas de autodeterminaci贸n nacional. Algunas de esas tensiones se remontan a la cirug铆a que consumaron Gran Breta帽a y Francia a principio del siglo XX (Tratado de Picot y Sykes) sobre los restos del Imperio Otomano. En ese trazado de pa铆ses, los deseos y las identidades de las distintas poblaciones fueron totalmente ignorados. De esas imposiciones surgieron demandas nacionales de colectividades afectadas por la intervenci贸n extranjera.

Al cabo de cruentas guerras recientes, ciertos grupos nacionales han quedado nuevamente aprisionados en fronteras, idiomas y banderas ajenas a sus aspiraciones. Otras comunidades han reforzado sus luchas de larga data. Es el caso de los kurdos, que fueron desmembrados una y otra vez en los 煤ltimos siglos frustrando su anhelo de un estado unificado (Almeyra, 2017). A principios del siglo XX, el colapso del imperio otomano disemin贸 a esa minor铆a en los forzados l铆mites establecidos para Turqu铆a, Irak, Siria e Ir谩n.

Los kurdos han demandado un hogar nacional que nunca logr贸 reconocimiento internacional. La ONU aval贸 en un r谩pido expediente la existencia de Sudan del Sur, pero no acepta la inscripci贸n de un estado kurdo. Las potencias siempre definen en ese organismo los trazados fronterizos omitiendo la voluntad de los involucrados. El Kurdist谩n independiente es frontalmente rechazado por los principales actores de Medio Oriente.

Turqu铆a es el enemigo m谩s declarado de esa soberan铆a. En la d茅cada pasada mantuvo negociaciones con el encarcelado l铆der de ese movimiento (Ocalan), pero Erdogan cort贸 abruptamente esas tratativas para erigir un gobierno autoritario. Mediante una brutal campa帽a represiva intenta quebrantar la alianza forjada por los kurdos con fuerzas progresistas de su pa铆s.

Ir谩n exhibe la misma hostilidad hacia esa minor铆a y ni siquiera eval煤a la concesi贸n de alguna autonom铆a administrativa. Los gobernantes de Teher谩n recuerdan con pavor el ef铆mero ensayo federativo que intent贸 la izquierda en 1944. Esa breve experiencia de un Kurdist谩n rojo -emparentado con los 茅xitos militares de la URSS- fue aplastada en sangre por el ej茅rcito del Shah. En Irak, Sadam respondi贸 con el mismo salvajismo a las demandas auton贸micas de esa minor铆a (Bajalan; Brooks, 2017).

Pero en la 煤ltima secuencia de guerras, los kurdos obtuvieron impactantes credenciales de efectividad militar al derrotar al yihadismo en Siria e Irak. Los fulminantes 茅xitos de sus milicias en Rojava y Ba艧ur recrearon las expectativas de erigir un Kurdist谩n unificado. En Siria lograron construir su propio enclave aut贸nomo bajo la direcci贸n de un partido de izquierda (PYD). All铆 pusieron en pr谩ctica la ponderada experiencia de la comuna de Rojava, al cabo de una valerosa lucha contra las milicias pro-sauditas y las arremetidas del ej茅rcito turco. Sus batallones jerarquizaron la igualdad de g茅nero, en un contexto isl谩mico de sometimiento de las mujeres (Sancha, 2021).

Tanto en Siria como en Irak la golpeada minor铆a kurda ha logrado avances en su batalla nacional. Pero esas conquistas coexisten con un impl铆cito padrinazgo estadounidense, puesto que las fuerzas norteamericanas est谩n presentes en los mini-estados kurdos.

Washington ha jugado a dos puntas. Apuntal贸 inicialmente la resistencia de los kurdos para favorecer el desmembramiento de pa铆ses con gobiernos hostiles (Siria e Irak). Posteriormente reforz贸 ese sost茅n, aprovisionando a los kurdos en su batalla contra los yihadistas distanciados del mandante norteamericano.

Pero cuando Turqu铆a atac贸 frontalmente a esa minor铆a, Washington abandon贸 a sus protegidos para recomponer las relaciones con Ankara. Trump opt贸 por Erdogan, estimando que un socio d铆scolo de la OTAN es m谩s gravitante para Estados Unidos que una naci贸n desperdigada.

Ese abandono no es una novedad para los kurdos que han experimentado todo tipo de traiciones. Las grandes potencias han utilizado una y otra vez a ese grupo nacional, como moneda de cambio en sus reordenamientos del mapa regional.

Washington intenta ahora mantener bajo su protecci贸n las zonas aut贸nomas que manejan los kurdos, pero sin afectar la relaci贸n con Turqu铆a. Se opone a la formaci贸n del Kurdist谩n unificado, pero no a la desintegraci贸n parcial de Irak y Siria.

Israel apuesta en forma m谩s expl铆cita todas sus fichas al proyecto kurdo. Busca apuntalar de esa forma sus alianzas con sectores no 谩rabes de Medio Oriente. Los sionistas proveen recursos a los kurdos por las mismas razones que afianzaron v铆nculos con los maronitas del L铆bano. Pretenden potenciar su enemistad con el mundo 谩rabe y su distanciamiento con los palestinos, a pesar de la enorme similitud de los padecimientos que afrontan ambas comunidades (Cook, 2017). Los kurdos han obtenido ciertas victorias pagando el alto precio de ese aval norteamericano-israel铆.

Sus dirigentes conocen la duplicidad de Washington y por esa raz贸n han buscado recomponer en Siria las relaciones con Assad. No olvidan que ese mandatorio intent贸 disolverlos mediante una arabizaci贸n forzosa, pero tantean la reconciliaci贸n para conseguir una eventual protecci贸n militar rusa.

En Irak han logrado una autonom铆a m谩s perdurable, pero con un soporte m谩s expl铆cito del invasor norteamericano. Bajo la direcci贸n de un l铆der derechista (Barzani) ensayaron incluso la consolidaci贸n de su autonom铆a mediante un refer茅ndum por la independencia. Ese intento fracas贸 por desmanejos locales y objeciones estadounidenses. Pero en la zona rige de hecho una soberan铆a tutelada por Estados Unidos que ha instalado cinco bases en el lugar. Las disyuntivas que afronta esa minor铆a son particularmente complejas.

LOS DILEMAS DEL KURDIST脕N

En el dur铆simo combate por conquistar un estado propio contra sus enemigos regionales, los kurdos han establecido compromisos con el principal dominador del planeta. Algunas miradas realzan la lucha de esa minor铆a, sin exhibir gran preocupaci贸n por esos enlaces con Washington. Reivindican enf谩ticamente la experiencia de Rojava y ponderan el igualitarismo comunitario de ese proyecto. Las controvertidas relaciones con Estados Unidos son omitidas u observadas como un hecho menor (Dahler, 2021).

La visi贸n opuesta cuestiona en forma virulenta el sometimiento kurdo al imperialismo norteamericano. Denuncia que sintonizan con los planes de forjar un archipi茅lago de peque帽os estados subordinados a la primera potencia (Armanian, 2017b). Tambi茅n objeta el nacionalismo insolidario y la idealizaci贸n comunalista de Rojava (Armanian, 2016a). Los cr铆ticos m谩s extremos estiman que ese enclave se ha transformado en una base del Pent谩gono (Lantier, 2019)

Una tercera postura cuestiona el alineamiento kurdo con Estados Unidos, sin desconocer su leg铆tima batalla por un estado nacional (Levent, 2017). Destaca que en defensa de ese objetivo han ido m谩s all谩 de un compromiso circunstancial y se han colocado de hecho bajo la protecci贸n del principal enemigo de Medio Oriente.

En este complejo mosaico es indiscutible el derecho de los kurdos a contar con su estado propio, cuya modalidad deber铆a surgir de consultas entre su poblaci贸n. Pero tambi茅n son altamente cuestionables los nexos establecidos con el mandante norteamericano, que no disimula su intenci贸n de forzar secesiones para consolidar su dominaci贸n.

Todos los imperialismos de Occidente han recurrido una y otra vez a ese tipo de fracturas. Por esa raz贸n la autodeterminaci贸n nacional siempre presenta esa doble cara de leg铆tima aspiraci贸n y forzado complot de las grandes potencias. Como destac贸 el l铆der del bolchevismo ante situaciones semejantes de Europa Oriental a principios del siglo XX, s贸lo el an谩lisis concreto de cada caso permite distinguir la preeminencia de una u otra situaci贸n (Lenin, 1974).

La legitimidad de la lucha nacional kurda es incuestionable, pero la forma de concretar esa aspiraci贸n no puede evaluarse omitiendo el redise帽o de pa铆ses que propicia Estados Unidos. No es lo mismo si el anhelo kurdo se consuma de la mano o en confrontaci贸n con Washington.

Un curso progresista hacia el genuino Kurdist谩n exige relaciones de hermandad con los vecinos 谩rabes y acciones de resistencia com煤n contra la balcanizaci贸n. Si la meta estatal kurda emerge junto a un oc茅ano de mini-estados controlados por el imperialismo, el nuevo gozar谩 de una autonom铆a muy ef铆mera. Por esa raz贸n el ansiado proyecto de 鈥淐onfederalismo Democr谩tico鈥 est谩 enlazado a las luchas antiimperialistas de toda la regi贸n (Dalband, 2020). La genuina meta de los kurdos s贸lo puede prosperar en confluencia con las fuerzas progresistas y en luchas estrat茅gicas contra el opresor norteamericano.

TRES BATALLAS CONJUNTAS

En el vasto mapa de Medio Oriente, Asia Central y 脕frica del Norte se ha creado un escenario muy contradictorio. Hay una larga lista de derrotas del imperialismo sin victorias progresistas. Tambi茅n se verifica una importante secuencia de crisis de la dominaci贸n externa, pero asentadas en la enorme frustraci贸n de la lucha democr谩tica. Los acotados logros de ciertas metas nacionales est谩n, a su vez, acordonados por compromisos con el dominador estadounidense.

Toda la regi贸n qued贸 sacudida en las 煤ltimas d茅cadas por batallas antiimperialistas, democr谩ticas y nacionales. El primer tipo de resistencia recobr贸 centralidad frente a las invasiones y ocupaciones de los gendarmes for谩neos. La segunda modalidad de lucha alcanz贸 intensidad con la impactante oleada de la primavera 谩rabe. El tercer curso de acciones se ha verificado en la heroica acci贸n de los kurdos, los palestinos y los sahauries.

La combinaci贸n del antiimperialismo con metas democr谩ticas y nacionales est谩 muy presente en toda la regi贸n. Supone una defensa de los recursos energ茅ticos que ambicionan las potencias y una resistencia contra el descontrolado belicismo de las dinast铆as y las dictaduras. Esa batalla tambi茅n implica avanzar en la secularizaci贸n contin煤a pendiente y en impedir las incursiones imperiales que remodelan territorios destruyendo los tejidos nacionales.

Por este conjunto de razones las luchas antiimperialistas est谩n estrechamente enlazadas con metas democr谩ticas y nacionales. Esa mixtura tambi茅n determina las controversias pol铆ticas en la izquierda, que analizaremos en el pr贸ximo texto.

17-9-2021

[1]Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz

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Fuente: Anred.org