June 24, 2021
De parte de Fundacion Aurora Intermitente
143 puntos de vista


Hace años, alguien decidió que el desastre de Annual debía conmemorarse el 22 de julio. Por ello, en este año 2021, se conmemorará el Primer Centenario de aquella batalla de la guerra contra el Rif. Sospechamos que Madrid querrá olvidar tan luctuosa efeméride pero, visto el capricho congénito de la Casa Real, no estamos seguros de que el monarca resista a la tentación de abrigarse con el Pendón Nacional –ver el penúltimo párrafo de estas notas. En cuanto a Marruecos, debería celebrar el Centenario de su victoria frente a una potencia colonialista e imperialista pero resulta que la victoria de Annual fue mérito exclusivo de los rifeños –Amazigh, bereberes-, un pueblo indígena que nunca ha gustado a la corona alauita por su plurisecular rebeldía -Rabat le demuestra su repugnancia mediante bombardeos ocasionales y represión crónica.
Sobre Annual se han vertido océanos de tinta casi nunca neutrales. Pero los han vertido los esbaniúli (españoles) y no los amazigh, que bastante tienen con escapar de la susodicha represión. Dejando constancia de esta infinita carencia, conviene adelantar que no vamos a zambullirnos en la victoria amazigh en Annual. Item más, porque están en multitud de sites internéticos, tampoco vamos a reproducir las fotos de las cabezas de moros ensartadas en las bayonetas de la Legión ni las igualmente famosas de los cadáveres de los españoles abandonados meses y meses en Annual –todas ellas serán aludidas a lo largo de los párrafos siguientes. Además, para compensar esta nuestra política gráfica, sí que mostramos una foto censurada sistemáticamente hasta hace pocos años:

Como es de obligado cumplimiento, hemos consultado el Expediente Picasso. Documentos relacionados con la información instruida por el señor general de división D. Juan Picasso sobre las Responsabilidades de la actuación española en Marruecos durante julio de mil novecientos veintiuno. Pero no en su completitud de 2.000 folios, sino en el Resumen que hizo el mismo Picasso, concretamente en la edición de México 1976 prologada por el exiliado anarquista Diego Abad de Santillán (pp. VII-XIX, pocas páginas pero que nos ofrecen un panorama internacional y general de aquel Annual tantas veces manoseado y censurado.

Abad de Santillán es consciente de que todo el Informe Picasso fue redactado en condiciones leoninas pues no podía mencionar a la cumbre militar ni precisar ninguna corruptela. Más aún, escribe Abad que “El expediente Picasso se imprimió en Madrid, aunque no se incluyeron en él muchos documentos comprometedores para el monarca; se hizo un tiraje restringido y desapareció muy pronto… ¿Qué buscábamos en Marruecos en 1859-1860 sino un ducado para Leopoldo O’Donnell, favorito de Isabel II, o un marquesado para Juan Prim, jefe de los voluntariosos catalanes? ¿Qué teníamos qué hacer en Turquia, o en Cochinchina? ¿Para qué la re-anexión de Santo Domingo? ¿Qué teníamos qué pintar en 1861 en México, junto con los franceses y los ingleses?”.

Abad tiene esta opinión de Abdelkrim: “caíd de los Beniurraguel, un caudillo prestigioso entre las cábilas, con gran capacidad de organización”. Y resume una de las causas principales de la victoria amazigh en que “acostumbrado el soldado a la protección de las fuerzas indígenas, al faltarle su apoyo, desafectas y volviendo sus tiros contra él, se sintió desamparado y abdicase de su moral, que no la ayudaron a levantar ciertamente ni las circunstancia ni el escaso ascendiente de la oficialidad… Desde el año 19 los soldados españoles asistían a las operaciones en calidad de espectadores, y aun, según sus noticias, ya ocurría antes lo propio. Con ello, el moro enemigo tenía triste idea de las tropas españolas, que no osaban medirse con él; las fuerzas indígenas auxiliares, el propio desfavorable concepto de los que se limitaban a ver cómo se combatía, y los soldados nuestros, la idea de que Regulares y Policía no eran la fuerza escogida e invencible; nada de particular tiene, pues, que en el momento en que estas fuerzas indígenas sufrieran quebranto, las demás tuvieran ya la moral perdida.” Nuestro resumen del resumen: leer las 5.930 palabras de Abad, es suficiente para saber más de Annual que leyendo el rimero de libros que inficionan el mercado cultural.

La ‘justicia militar’ y la creación de Héroes Nacionales

Picasso es obligado a constreñirse a la enumeración de los infinitos ejemplos de improvisación, imprudencia, desidia, prepotencia, chulería, cobardía e incapacidad del ejército español pero nunca puede ir al meollo de esas lacras y menos de su criminalidad. Por ello, no haremos un análisis de su Informe sino que nos limitaremos a reproducir un aspecto banal, una anécdota sin grandes posibilidades analíticas: el general jurídico relata la historieta –grotesca pero significativa- de la ‘hazaña’ de un cabo que, efímeramente, llegó a ser un héroe nacional:

Escribe Picasso que, consumada en Annual la aplastante victoria amazigh, al cabo Arenzana le propusieron los moros por tres veces la entrega del fortín y del armamento, a lo que se negó…. Pero concertó con “ellos que les daría agua a cambio de traerles alimento y prisioneros que estuviesen en su poder… En esta disposición continuaron hasta que se les concluyó la gasolina, y como no podían dar ya agua determinando esta falta al cabo Arenzana a ir disfrazado de moro al campamento de Tistutin a proveerse de algunos víveres, restituyéndose al fortín sin tropiezo. Decididos a evacuar éste, lo abandonaron marchando hacia la zona francesa…

Por la mañana fueron sorprend1dos por dos moros, dando muerte a los dos enemigos y prosiguiendo su camino hasta que, al llegar al pie de la avanzadilla francesa de Montagne, fueron cercados por un grupo de indígenas armados, que los despojaron de todo, incluso de la rapa, y después los dejaron internarse, sin que de la posición francesa se hiciera nada por socorrerlos… Llamado a declaración el teniente coronel BT, hace cumplidos elogios de este individuo por su cultura, buen espíritu, amor a la profesión y constante celo en el servicio… dicho cabo, es acreedor al más justo elogio” (Picasso, 188-189)

Por su parte, Juan Pando (ver infra, op.cit.) dedica un acápite a este caso: La falsa epopeya de los defensores del Pozo número 2… Arenzana, tras haber soportado “otro ataque” del enemigo: “Al hacer dicha descubierta conté cuarenta y tres [43] cadáveres moros en ropas menores casi todos, pero sin armamento.” El agua que defendían aquellos nueve hombres era imprescindible para los rifeños y sus ganados. Surgió así la necesidad de pactar una tan singular como efectiva paz local. Pero, “por su mano”, mató a uno de ellos, y “aprovechando un descuido hizo igual con el otro, matándole con un martillo”.

La verdad no tardaría en descubrirse pero eso ocurrió después de la publicación del Informe Picasso. En enero de 1922, cuando Arenzana está a punto de ser condecorado con la Laureada, dice Pando que “la conciencia (sic) se levanta en el interior de Arenzana” y le obliga a redactar de su puño y letra un escrito en el que, libre y espontáneamente (¿) confiesa que mintió. El fiscal, con la nueva declaración del cabo, reconstruyó la verdad militar que, sobra decirlo, no suele coincidir con la verdad a secas: “Que el 28 de agosto (de 1921) al verse solos y abandonados, viendo era imposible la defensa, decidieron arreglarse lo mejor posible con el enemigo”, quedando dentro del pozo los rifeños y los españoles prisioneros de éstos, “habiendo tenido que entregar el armamento al jefe Hammú, según confesión del mismo Arenzana”. El lamentable hecho sería silenciado por las instituciones militares, pues el país perdía en Arenzana a un héroe del pueblo.”

Glosa: si hemos transcrito dos versiones de esta anécdota es porque casos como el de Arenzana hubo a millares. Sólo éste salió a la luz. Comparado con el hecho nudo de Annual, la fantasía del cabo es una banal mentirijilla plagada de exageraciones. Pero, en especial, es un ejemplo más del caos militar, con una oficialidad más interesada en la burocracia del trapicheo y de las medallas que en los asuntos propiamente bélicos. Aunque no se narre explícitamente –ni en Picasso ni en Pando-, sobre este caso sobrevuela la más estricta, investigada y codiciada de las condecoraciones militares –la Laureada-. Y, lo que hoy nos preocupa: Arenzana constituye la enésima constatación de que esa burocracia se especializa en el control de la tropa pero, cuando se adueña de las covachuelas cuarteleras, pierde el oremus y crea la aberrante figura del Soldado Desconocido. Si el único fin de la oficina del cuartel y de los tribunales militares es contar, medir y pesar minuciosamente a la carne de cañón, ¿cómo se atreven a erigir monumentos al soldado anónimo?, ¿porque es el primer paso para eludir la responsabilidad de su tarea contable?, ¿porque subraya que no vale nada la vida de la plebe?

El ejército ex Invencible

Para ir a la raíz de la fábula Arenzana, Pando se duele del “lamentable estado de un Ejército en alpargatas, semidesnudos en armas y analfabeto en tácticas”, en el que ha cundido la desidia, la indisciplina y la corrupción; un Ejército con una desorbitada inflación de oficiales (ratio, 1 oficial cada 40 soldados) que obligaba a gastar la mayor parte del presupuesto en pagar sueldos, obviando, de paso, las escandalosas mermas que en los efectivos producían el paludismo y las enfermedades cutáneas en una paupérrima masa analfabeta en un 70%.

Y todo ello en un escenario de sequía y miseria puesto que “el Rif es pobre”. Tanto, que sus desesperadas gentes “llegan en su miseria a buscar los excrementos de las caballerías (de las columnas españolas) para cribar los pequeños granos de cebada que en ellos pueda haber”. Pero su miliciano –el pueblo amazigh- es duro de roer: “Con un fusil en sus manos podían acechar, durante dos o tres días, alimentándose de frutos secos o cecina (carne salada), esperando a que pasara bajo la mira de su arma el intruso o el enemigo jurado. Con sus pesados Remington —los fusiles que España llevó a la guerra de Melilla de 1893—, podían acertar en la cabeza de un hombre a doscientos metros y alcanzarle en alguna parte del cuerpo a distancias de hasta ochocientos metros, calculando, con rara habilidad, la caída del proyectil (un metro o más) y la deriva del viento. Del arma que les hizo célebres, el Remington —calibre de 11 mm, cuya munición provocaba espantosas heridas— venía el sonido, característico de los grandes fusiles: pa-cumm. Del mismo se derivó el onomatopéyico paco (tirador emboscado) o pacazo (impacto sufrido por la víctima)”

Cuando el ejército español huye de Annual, “Oleadas de mujeres rifeñas, de los aduares próximos, sublevadas por viejos agravios y afanosas de rápidos desquites, acuden al bestial tumulto. Con cuchillos, con palos y hasta con sus manos, rematarán a los heridos, lapidándolos, o se mofarán de éstos, vejándoles, y dejándoles marchar en algún excepcional caso, como le sucederá al capitán Sabaté, ‘maltratado por mujeres moras, que le desnudaron y despojaron de su ropa y alhajas’”. Además de este capitán, los “casos excepcionales” son tantos que mejor olvidamos eso de ‘excepcional’.

La deserción en masa es tal que “los heridos arrojados de las artolas (aguaderas) para huir con las caballerías de éstas”. Pero Pando siempre intenta lo imposible: la absolución para la oficialidad: “Algunos mandos no querrán admitir esa degradación, y se plantarán, viriles, ante ella. Serán asesinados por sus propios hombres, convertidos en fieras”… ¿Quiénes eran más ‘fieras’?, ¿los mandos o, como Pando retrata a renglón seguido “unos millares de hombres despavoridos, embrutecidos por el cansancio y el miedo”? –y por la oficialidad, añadiríamos.

(cf. Juan Pando.1999. Historia secreta de Annual; Temas de Hoy, Madrid, 423 págs) Pando aporta muchos datos de gran utilidad pero, por desgracia metodológica o, más probablemente, por opción ideológica -dejando aparte los archivos y la hemeroteca-, su bibliografía es muy deficiente. Cita mucho a S.G. Payne, un joseantoniano vergonzante, pero, como bien escribe S. Sueiro Seoane, ignora a otros historiadores de mayor enjundia como C. Seco Serrano, C.P. Boyd, S.E. Fleming, C.R. Pennell y M.R. de Madariaga. Fiarse de Payne es un pecado mayúsculo porque anuncia una inflación de tendencioso subjetivismo. Por lo tanto, esta obra no es secreta sino espiritualmente personal. En otras palabras, citamos a Pando porque su libro es el más leído sobre Annual y porque está disponible en pdf en internet.

Marichalar, ministro de la Guerra

Por puro sentido común, fue obvio que la última responsabilidad del Desastre de Annual recaía en el conde de Xauen y alto comisario en Marruecos, el general Berenguer. ¿La última? No, porque encima de ese bigotudo estaba un ministro de Guerra cuya desaparición del imaginario colectivo sólo es explicable porque la presencia cortesana de su estirpe se prolonga hasta nuestros días, exactamente hasta que uno de sus descendientes emparenta con la Casa Real –caso del atildado Marichalar casado y divorciado con la infanta popularmente apodada la Marichalá.

Luis Marichalar y Monreal (1873-1945), Vizconde de Eza, fue ministro de Guerra -y de Fomento- durante el reinado de Alfonso XIII. Publicó un libro (Mi responsabilidad en el desastre de Melilla como Ministro de la Guerra. Gráficas Reunidas, Madrid. 1923. 521 p.) en el que, huelga añadirlo, no admite ninguna responsabilidad y eso que ya se le había declarado exento de toda culpa política. Otro de los libros que firmó nos parece de mayor actualidad porque es una declaración de lo que hoy llamaríamos neo-liberalismo a ultranza (Requisitos indispensables para la difusión de la propiedad privada: su aplicación en España, Imp. Helénica. Madrid. 1924. 21 cm. 107 p.)

Fue miembro fundador de Acción Católica Española. Y, el eje de su política marroquina, consistió en promover “el voluntariado”. ¿Disparato uso de ese noble término?, ¿quién querría ir voluntario a la guerra del Rif? Pues lo que Marichalar entendía por voluntariado fue, nada menos, que la creación del Tercio de Extranjeros, es decir, la muy mentada Legión. Oficialmente, la Legión tenía como objetivo ahorrar las vidas de los soldados del reemplazo en aquella impopular guerra –evidentemente, sólo consiguió aumentarlas. Y también fue Eza-Marichalar quien designó como jefe de la Legión al teniente coronel Millán-Astray. En cuanto al insólito voluntariado, Eza-Marichalar lo solventó pagando 700 ptas. por una prima de enganche “a cinco años”, o de 300 ptas. “por una sola vez”.
Asimismo, Marichalar es culpable de no haber reformado a las fuerzas armadas españolas. Ni siquiera acometió su maquillaje; al contrario, como buen cortesano, consolidó su endogamia, su chauvinismo y su monarquismo. Algunos datos:

En Alemania e Italia, la relación oficial-soldado era de 1:20 y, en Francia, 1:23. En España, 1:4.
En 1919, los guardias de la escolta real del Cuerpo de Alabarderos recibían 6.000 ptas./año mientras que los sargentos del Ejército, cobraban cuatro veces menos, 1.500ptas/año.
El presupuesto de 1919-1920 destinaba 740.000 pesetas ¡a sacos terreros!
El presupuesto de 1920-21, destinaba al ministerio de la Guerra 627 millones (metrópoli, 480 m.; Marruecos, 147). En 1921, con doce millones de pesetas se podían comprar 500 morteros de 81 mm (1.500 ptas. c/u); 500 ametralladoras (6.600 c/u) y 120 tanques franceses (65.000 c/u) Los dineros estaban aprobados en los Presupuestos pero desaparecieron y, lógicamente, las estupendas armas extranjeras nunca llegaron.

En la contabilidad oficial, el avituallamiento de cada fortín costaba 36 pesetas, pero el coste real era de 19,85 pesetas. Antes de morir en Annual, el general Silvestre propuso a Madrid utilizar las “122.000 pesetas que, procedentes de los zocos (Aduanas) están depositadas en el Banco de España”. Ni le contestaron. Pero, mientras tanto, el capitán Jordán –gran latifundista- acumulaba dividendos: 1.055.000 pesetas en comisiones de muerte, logradas a base del hambre de la tropa, el estado ruinoso de sus armas y la extenuación de sus caballerías. Y, en Melilla, proliferaban “esos individuos (capitanes) que tenían seiscientas pesetas de sueldo, y gastaban doce mil y hasta catorce mil pesetas mensuales con sus queridas; que se metían el dinero del rancho en el bolsillo”. Item más, Melilla disponía “cerca de medio millón de pesetas al año” en fondos reservados.

Los prisioneros

El 21.julio.1921, víspera de Annual, Alfonso XIII (36 años), se encuentra en Burgos para asistir a unos actos de gran espectacularidad: el traslado, en solemne procesión, de los restos del Cid Campeador, desde el ayuntamiento hasta el mausoleo construido bajo el crucero de la catedral. Así se había decidido conmemorar el VII centenario de la consagración del gran templo gótico.

Dos años después, el rey perpetra una de sus más asquerosas frases, típicas por demás de los Borbones: “Parece resultar muy cara la carne de gallina”, declara Alfonso XIII cuando recibe la noticia de la liberación de los soldados a cambio de un rescate de cuatro millones de pesetas.

En efecto, el 27.enero.1923, son liberados en Axdir (patria chica de Abdelkrim), los 326 españoles sobrevivientes a una cautividad de 18 meses. Uno dellos escribe: “Cuando entregan el rescate: ¡Ya están compradas las gallinas! Todos teníamos noticia de la imprudente y desgraciada frase: lo habíamos leído en la prensa. Por mi parte, perdono la ofensa, pero me entristeció tanto al recibirla que pequé de pensamiento y soberbia.” (cf. Eduardo Pérez Ortiz. 1923. 18 meses de cautiverio. De Annual a Monte Arruit. Una edición reciente, ISBN 13:9788493695095)

El tópico del vil metal nos ha recordado que, al principio de este trabajo, prometimos que tocaríamos el tema de “las famosas fotos [aquí, no copiadas] de los cadáveres de los españoles abandonados meses y meses en Annual”. En realidad, esos cadáveres estuvieron a la intemperie cinco años hasta que, el 26.V.1926, la columna Pozas “reconquistó” Annual. Léase, en cinco años el Alto Mando no se preocupó por recuperar esos restos. Peor aún, ¿se preocupó pero no tuvo dinero? Retrocedamos en el tiempo: tras una batalla que precedió a Annual, los cuerpos de los caídos españoles en Abarrán permanecieron insepultos porque los milicianos amazigh exigieron “cuatro mil pesetas por cadáver”. El glorioso ejército, ¿pagó o no pagó? No lo sabemos pero es plausible sospechar que, en el caso de los cadáveres de Annual, pudo suceder algo semejante, fuera lo que fuere. En tal caso, podemos imaginar que los milicianos amazigh intentaron vender esos cuerpos por un precio no sabemos si superior o inferior a las 4.000 ptas. de Abarrán. Esa fúnebre transacción no se efectuó o se llevó a cabo sólo parcialmente.

Más cuestiones incómodas: dícese que en Annual pelearon –a su manera-, 193 oficiales y mandos. Dícese que murieron 79, ergo se salvó la mayoría (114). Parte dellos fue hecha prisionera (cf. supra) pero la pregunta crucial es: ¿cuántos desertaron y/o se salvaron huyendo ignominiosamente a Melilla? Es probable que nunca lo sepamos por un sencillo impedimento, porque deserción es palabra tabú. A veces, se la alude pero siempre si son soldados, nunca si son oficiales. En el primer caso, la deserción se maquilla hablando de huida y pánico -equivalentes en la jerga moderna a histeria colectiva. El segundo caso, repetimos, simplemente no existe.

Leamos una obra reciente publicada por una fuente tan objetiva como es el español Ministerio de Defensa: “Las tropas española habían mostrado escasa tendencia a coger prisioneros y a respetar heridos, a partir de entonces la guerra adquirió tintes cada vez más sombríos. La práctica de cortar cabezas del enemigo se generalizó entre las tropas de choque [la Legión y otras, cfr. supra, primeros párrafos] Fue otra cuestión debatida en el parlamento. Cierva se defendió tachando las acusaciones al respecto de “mera leyenda”, “leyen¬das todas, falsedades”, pero, al margen de declaraciones, existen fotografías irrefu¬tables”, que, como reconoció llanamente más tarde otro ministro de la Guerra, el Gobierno “ha tratado de impedir que se publicaran”, sin éxito… El poblado fue raziado [de razzia], una práctica sistemática, en la que se distinguían el Tercio, los Regulares y la Policía, secundados con entusiasmo por las harcas ami¬gas que desde el principio prestaron su colaboración. Más tarde, se les cambiaría el nombre: “ya no se dirá más “harca amiga”, porque con el nombre de harca ha de entenderse toda tropa formada por gentes de las cabilas rebeldes. Las adictas se llamarán idala, que en árabe significa guardia rural”.

Parece relativamente objetivo, ¿no? Pero no echemos las campanas al vuelo antes de leer lo que ese mismo libro ‘oficial’ escribe sobre la desbandada de Annual y el trato que recibieron los soldaditos prisioneros: “El resultado fue una matanza desenfrenada. Cientos de hombres perecieron en ella, cazados como perros, muchos de ellos torturados. A algunos, les salvó la codicia de sus perseguidores; a otros, la bondad de los mismos. También hubo quien debió la vida a su coraje y a su ingenio, como aquel soldado que, para esconderse, “se puso encima tres cadáveres. En la mañana siguiente, las moras le dieron con piedras en la cabeza para ver si estaba muerto”. Capturado, a los dos meses se fugó, como muchos compañeros que llegaron a Melilla cargados de historias de crueldad, de avaricia y de caridad.” (cf. Julio Albi de la Cuesta. 2016. En torno a Annual. Ministerio de Defensa. ISBN: 978-84-9091-143-3)
Albi apenas lo menciona pero a nosotros nos preocupa: en 2012, el rey Juan Carlos condecoró al Regimiento de Alcántara con “la máxima recompensa que puede obtener una unidad militar: la Laureada Colectiva”. Concedida porque, “con su valor y su entrega generosa protegieron la retirada de las tropas españolas durante el desastre de Annual.” No sólo nosotros recordamos Annual; el monarca también vive de su gloria (¿) –queremos decir, que repite el sempiterno sostenella y no enmendalla. Y no digamos la corropla de artistas cortesanos, encabezados por el dibujante de colorines Ferrer-Dalmau, que hacen su agosto pintando batallitas patrióticas.

Y aún nos preocupa mucho más que buena parte de los milicos involucrados en Annual , Rif y Marruecos sigan hoy atrincherados en sus canonjías, empresariales o militares. Dejando aparte, por obvios, a los Franco, Mola, Primo de Rivera y Sanjurjo, la nómina de milicos africanistas cuya herencia clánica es ubicua en la actualidad resulta espeluznante: Álvarez del Manzano (nefasto ex alcalde de Madrid), Aznar, Beigbeder, Cabanillas, Cervera, Dávila, Fanjul, García Margallo, Jordana, Kindelán, Martínez Anido, Merry del Val, Sáenz de Buruaga, Saliquet, Varela, Weyler… A los que deberíamos añadir la lista de clanes de la inexistente ‘sociedad civil’ como los del entonces obispo y luego cardenal Eijo y Garay (algún sobrino tendrá), Romanones, Urquijo de Oriol, etc. Dicho en oro: por España no pasa el tiempo; un siglo después, sigue aherrojada por los herederos directos de los culpables de Annual.

Antonio Pérez, 22 junio 2021




Fuente: Aurorafundacion.org