September 26, 2022
De parte de CGT
246 puntos de vista

Las mujeres, el pueblo kurdo y miles de personas en todo Irán se han alzado por la libertad, los derechos y la igualdad en un estado donde protestar es poner en riesgo la vida, especialmente, para las mujeres.

Día tras día arden las calles en protesta por la muerte de la joven kurda Jina Mahsa Amini detenida en Teheran por la policía moral iraní por no llevar bien puesto el hiyab. Después de que el grupo de mujeres con las que fue detenida protestaran, fue golpeada en el furgón policial y luego torturada en comisaría. Murió tras días en coma en el hospital.

El sistema iraní está construido sobre un patriarcado fundamentalista, la opresión y la negación de derechos a la población, y especialmente a las mujeres, todavía más cuando se trata de mujeres kurdas, que sufren una doble opresión, de género y como pueblo.

En la historia de Irán, las mujeres han tenido un papel importante en las luchas revolucionarias y han representado también una gran fuerza en las revoluciones de Rohilat (Kurdistán del Este) antes de 1979 y en los levantamientos populares contra la actual dictadura. Además, las mujeres son también defensoras de la lengua, la cultura y la historia. Por esta razón, las mujeres kurdas son vistas como una amenaza por el régimen. Pero no sólo las kurdas, sino también las baluchas, azerbaiyanas y persas que se enfrentan al sistema patriarcal, el régimen iraní.

Recientemente las mujeres organizadas se están haciendo más fuertes. En los últimos tiempos la represión del hiyab y el aumento de la brutalidad de la policía moral han llevado a mayores respuestas desde la autoorganización feminista de las mujeres iraníes. A principios de este año, comenzaron a poner en listas negras y a boicotear a personas y negocios, como cafés, que hacen cumplir estrictamente el hiyab. El movimiento, descentralizado y autónomo, trata de crear espacios seguros para mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ+.

Su fuerza de resistencia ha estallado ante, una vez más, la manifestación extrema de la violencia patriarcal. En respuesta al asesinato de Jina, las mujeres de Rojhilat, y de todo Iran, se han vuelto a rebelar gritando que están hartas de la dictadura y del régimen islámico. Saliendo a la calle, quitándose el pañuelo y quemándolo están quemando los cimientos de este sistema.
Las protestas, que se han extendido a las 31 provincias de Irán, y a más de 130 ciudades (entre ellas las principales del país, como Teherán, Tabriz, Isfahan, Ahvazo Rasht), han dejado decenas de personas asesinadas (al menos 17, entre ellas criaturas y adolescentes), así como centenares de heridas y detenidas (casi 300 reconocidas, aunque muy probablemente más).

Les unen el rechazo a la dictadura y a la república islámica, a un clero que actúa como una clase superior que define lo sagrado y lo tabú con violencia y coerción, pero también se unen bajo la consigna que se escucha en las protestas de las ciudades kurdas de Rohilat, y ya en todo el país: “Jin, Jiyan, Azadî” (Mujeres, Vida, Libertad). Es esta proclama, que proviene del movimiento de liberación kurdo, la que quizás mejor refleja el espíritu de estas protestas; la libertad, la verdadera democracia, solo pueden construirse desde la liberación de las mujeres. Un hito que nos une a mujeres y a clase trabajadora de todo el mundo ante las opresiones del capitalismo, el fascismo, la teocracia y el colonialismo.

Desde un inicio el estado iraní ha intentado esconder la verdad de lo sucedido, amenazando al personal médico que atendió a Jina y a las mujeres que fueron detenidas con ella y testigos de lo ocurrido. Ahora, intentando controlar estas movilizaciones, han censurado el acceso a internet y a aplicaciones móviles, y alientan manifestaciones progubernamentales. Incluso el ejército amenaza con intervenir y ahondar una represión despiadada que ya des del inicio se desata con el uso de fuego real. Sin embargo, las protestas continúan, se anuncia huelga general y quizás el inicio de una revolución que tenemos que apoyar desde todos los rincones del mundo.

Desde la CGT, desde la solidaridad internacionalista y feminista, pero sobre todo desde una lucha común, queremos apoyar a todas las personas y organizaciones que se han alzado en Rohilat, en Irán y en todo el mundo por la libertad, los derechos y la dignidad, ¡por las Mujeres, Vida, Libertad!




Fuente: Cgt.org.es