April 1, 2021
De parte de Lobo Suelto
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I

Cuando Cupido ve a Psique por primera vez le parece tan hermosa que desiste de cumplir con el encargo de su madre. Envidiosa de la radiante belleza de la joven, Venus le hab铆a encomendado que la enamorase del hombre m谩s espantoso y miserable. Cupido, en cambio, decide clavar la flecha en su propia carne. Tampoco 茅l, dios del erotismo (Eros para los griegos), puede prescindir de ese elemento exterior al momento de enamorarse.

En el 谩mbito er贸tico hace falta siempre una mediaci贸n externa, una flecha, un brebaje, un celestino. Eros es envidioso: es otro quien nos se帽ala el objeto del deseo, otro quien, como ense帽a Ren茅 Girard, lo incita constituy茅ndose como modelo-rival. Por eso, el buen celestino siempre sugiere que 茅l mismo est谩 enamorado de aquel cuyo amor nos propone, ofreci茅ndose como rival en el deseo. Cupido es hijo de Marte: sin la rivalidad, principio rector de la guerra, no se engendra el deseo sexual. Donde hay pasi贸n er贸tica, hay odio (que puede proyectarse sobre objetos diversos, como el ser deseado, un amor del pasado de este, sus padres, etc.).

La funci贸n de la mediaci贸n es, a un mismo tiempo, construir la rivalidad y destruir la libertad del sujeto. La flecha sugiere la falta de elecci贸n y el car谩cter b茅lico del deseo: solo un rival poderoso puede producir la herida y la declinaci贸n de nuestra libertad. El odio es constitutivo del deseo porque se desea a pesar de uno mismo. En este sentido, la 茅tica kantiana presenta un modelo perfecto para pensar la l贸gica del deseo y su producci贸n de certeza. Kant sostiene que solo podemos estar seguros de que actuamos por deber cuando actuamos en contra de nuestras inclinaciones. Si actuamos de acuerdo con nuestro deseo y 鈥渃onforme al deber鈥, la certeza se escapa. Del mismo modo, es porque intentamos resistirlo y fracasamos 鈥揺s decir, porque odiamos鈥 que estamos seguros de estar enamorados. Quien desea se defiende, jam谩s se convence. Como reza la maldici贸n 谩rabe, ojal谩 te enamores.

II

La luna se llena y el inconsciente sale a la luz. Entonces se produce la metamorfosis: el hombre se convierte en lobo y sale a deambular por los bosques. Una mordida de otro lic谩ntropo o una relaci贸n sexual con este lo han condenado a la terrible maldici贸n. La metamorfosis es en extremo sufrida, el hombre no quiere perder la conciencia ni menos aun provocar el ba帽o de sangre que olvidar谩 al amanecer. La 煤nica forma de liberarse es mediante la propia muerte.

La maldici贸n, puede adivinarse, no es otra que el deseo, contagioso y asesino. Donde se inocula el deseo, aparece el odio, la agresi贸n, el impulso destructivo. La mujer pantera de Jacques Tourneur expone la versi贸n femenina del mismo mito. Si se la besa a Irena, ella matar谩 a su pareja previa metamorfosis involuntaria en pantera; el deseo sexual viene ligado de manera necesaria al impulso de matar. La pel铆cula muestra as铆 el doble movimiento del deseo: aniquilaci贸n de la libertad (ella act煤a pose铆da), y odio (impulso asesino). Pero adem谩s, muestra que el impulso destructivo tiene su fundamento 煤ltimo en la infelicidad envidiosa. Mientras Irena es feliz, no hay peligro, pero la desdicha la acompa帽a de manera constante y latente: siente envidia de todas las mujeres que ve, que pueden vivir libres de su maldici贸n. La pasividad extrema de su marido (su matrimonio se prolonga en el tiempo sin que 茅l intente besarla jam谩s, lo que contradice su incredulidad respecto de las historias de ella sobre la comunidad felina a la que pertenece) no es independiente de la felicidad que encarna su figura. 鈥淵o siempre fui feliz鈥, afirma 茅l: personifica la bondad sencilla, que no envidia, no odia, y por lo tanto no desea. (Fiel a su esencia, terminar谩 eligiendo a su mejor amiga, Alice, con quien lo une la complicidad, la alianza afectiva, aquello que escapa a la rivalidad del deseo. Hacia el final, quien besa a Irena no es otro que el psiquiatra, quien sostiene su increencia hasta 煤ltimo momento y rivaliza con ella hasta que se dan muerte mutuamente.)

Tambi茅n Nazareno Cruz y el lobo de Leonardo Favio cuenta el mito del v铆nculo entre el deseo y el mal, pero revela en cambio el car谩cter inextirpable de este 煤ltimo, as铆 como la hipocres铆a de la posici贸n moralista que pretende matar a la pantera: cuando Nazareno ya muerto se dirige al cielo, el diablo le ruega que no olvide que 茅l fue siempre un instrumento de Dios, y que 鈥渟i 脡l quisiera, ya estar铆a yo repartiendo pan鈥︹. Tambi茅n Dios necesita rivales, odia y desea. No hay bien que por mal no venga.

III

La envidia es el velo que protege al deseo: encubre el car谩cter constitutivo de su falta mediante una idealizaci贸n que atribuye al envidiado la satisfacci贸n plena, la posesi贸n del absoluto, la felicidad. Sin ese velo enga帽oso, no habr铆a deseo alguno. Asumir la castraci贸n solo puede significar asumir que no puede asumirse.

Esa idealizaci贸n est谩 cargada de odio (la envidia es en realidad el eslab贸n que permite mostrar que la idealizaci贸n es odio): el envidioso quiere robar o destruir aquello que envidia, siente pesar por una felicidad de la que no le han convidado (una tristeza que, si deviniera ira, llevar铆a a cabo su anhelo de venganza); por eso, es cierto que la gratitud se opone a la envidia (Klein). En el deseo, en la envidia, en el odio, alguien se destaca de manera excesiva por sobre lo dem谩s. Es la fuerza del flechazo, de la locura er贸tica (para Plat贸n, una de las cuatro formas de locura divina), que provoca una preferencia absoluta hacia determinada persona y la eleva por sobre el resto (la idealiza). La mirada, la atenci贸n, pero sobre todo el pensamiento, se vuelven desmesuradamente hacia el objeto deseado-odiado.

El velo de la envidia funda el enigma precisamente en la medida en que el sujeto envidiado se presenta como su soluci贸n. La curiosidad cumple en el 谩mbito er贸tico un papel central. Quiz谩s ninguna otra pasi贸n ha sido tan insistentemente condenada; incontables mitos y leyendas advierten sobre las consecuencias funestas de darle cauce. Pandora, Psique, Eva, la mujer de Barba Azul, Orfeo, y el gato mismo, han visto lo que le ocurre a quien se deja llevar por el impulso de develar el enigma. Si se pasa el l铆mite, no se podr谩 volver atr谩s; el mundo tal como se lo conoce dejar谩 de existir. En el n煤cleo de la curiosidad habita el impulso destructivo, el odio; el ni帽o que desarma sus juguetes lo sabe. En este sentido, la moraleja parece aconsejar abstenerse y as铆 preservarse.

Curiosidad, envidia, odio y placer se comunican en la morbosidad. El t茅rmino recuerda el car谩cter enfermizo de la atracci贸n. El primer lic谩ntropo, Lica贸n, rey de Arcadia, fue castigado por morboso: Zeus lo visita en su palacio para confirmar los rumores sobre su bestialidad; incr茅dulo, el rey planifica asesinarlo por la noche, pero, 鈥渘o contento todav铆a鈥 con ese designio, le sirve de comer al dios carne humana. En la metamorfosis, Lica贸n acent煤a su esencia, 鈥渢ambi茅n ahora se regocija con la sangre鈥 (Ovidio). El canibalismo representa el exceso: no contento todav铆a con desear, Lica贸n goza.

IV

El hambre es m谩s que una met谩fora del deseo carnal. El deseo de poseer y el de destruir muestran su copertenencia en el acto de comer, que destruye el objeto en su misma incorporaci贸n (lo devora, lo consume).

Los enemigos de Eros se niegan a ser pose铆dos. Siendo una ni帽a, Artemisa le ruega a su padre, Zeus, que le permita conservar siempre la virginidad. El dios le concede el deseo, y le brinda tambi茅n un s茅quito de v铆rgenes para su culto. En un universo m铆tico en que el rapto y el estupro gobiernan las relaciones sexuales, la figura de la virgen (cazadora y guerrera) representa, por un lado, a la mujer que no acepta ser objeto; por otro, alude a la perfecci贸n, la autosuficiencia, la completud, que no puede sino rechazar la castradora locura er贸tica (el estar pose铆do). Parad贸jicamente, para no ser objeto, la virgen no debe llegar a ser sujeto (del deseo).

La disputa entre Artemisa y Aura, una de las mejores cazadoras entre sus siervas, condensa este conflicto. Aura observa a Artemisa mientras se ba帽a y le hace un comentario burl贸n: le dice que tiene los pechos muy grandes y blandos, 鈥減uede que seas m谩s id贸nea para utilizar las flechas de Eros. Nadie pensar铆a, al verte, en la inviolable virginidad鈥 (Nono). La ofensa que supone para la virgen esta asimilaci贸n con lo er贸tico es de extrema gravedad, al punto que decide para su s煤bdita insolente un castigo tambi茅n extremo: la manda a violar. Ser谩 Dionisio quien lleve a cabo el estupro, mientras Aura duerme. Al despertar, ella advierte la situaci贸n y corre por los bosques desesperada, gritando y lanzando flechas a pastores y vendimiadores que riegan de sangre su paso; llega al templo de Afrodita y destruye su estatua, quiere sacarse el semen de adentro, intenta infructuosamente hacerse devorar por una leona; propiamente enloquece. En la l贸gica de la virgen, Eros es mancha, imperfecci贸n, p茅rdida de la dignidad, humillaci贸n, demencia.

Tambi茅n Narciso opera como contrafigura de Eros: rechaza a todos aquellos que lo pretenden. La belleza de Narciso est谩 destinada a la contemplaci贸n; Eros, en cambio, no se deja ver jam谩s por su mujer (la visita solo por las noches y tiene sexo con ella en la oscuridad). La perfecci贸n ideal de Narciso se opone a la carencia propia del deseo. El engreimiento, presunta causa de sus rechazos, oculta su falta de pulsi贸n sexual: no puede poner en juego su deseo, y teme por lo tanto quedar atrapado (pose铆do) en el deseo del otro. Se trata, una vez m谩s, del temor a perderse, del temor a la locura.

El deseo nos expone a las peores pesadillas; la palabra incompletud no alcanza para dar cuenta del sufrimiento de Aura. Se trata de la p茅rdida de la identidad, de la humillaci贸n, de la risa respecto del propio sufrimiento, de sufrir sin recibir compasi贸n. Ya vengada, Artemisa se le aparece a Aura y se burla de su embarazo, que no le permite cazar como antes. La pesadilla es el rid铆culo, el ridere ajeno frente a nuestro dolor (que deber谩 entonces permanecer 铆ntimo). Ese rid铆culo tiene su representaci贸n m谩s clara en la ca铆da (we fall in love, on tombe amoreux). 鈥淗acer de la ca铆da un paso de danza鈥, apuesta Pessoa, en un rapto de optimismo.

V

Eros es cruel. En su representaci贸n m谩s habitual, el ni帽o ego铆sta juega con su carcaj de flechas sin tomarse en serio el sufrimiento de los otros. Sugiere las travesuras maliciosas del diablillo, que se sirve del ingenio, de la risa y del enredo. Se mueve caprichosamente, de manera instant谩nea, discontinua: en el preciso instante en que la flecha se clava, la v铆ctima es pose铆da por la pasi贸n. Y si aparece otra flecha o brebaje, el deseo cambia de objeto como por efecto de apretar un bot贸n (la comedia se ha servido de este mecanismo hasta la saturaci贸n, ejemplarmente se percibe en Sue帽o de una noche de verano); un gesto cualquiera puede erotizar o deserotizar s煤bitamente. Por eso, Eros atemoriza (hasta al mismo Zeus). El deseo est谩 atravesado en lo m谩s 铆ntimo por ese temor, por el peligro que representan el rechazo y el abandono (que son mucho m谩s que una falta).

El ambiguo t茅rmino 鈥渁mor鈥 鈥搎ue la tradici贸n occidental ha pensado como eros (amor er贸tico), como 谩gape (amor compasivo), o como phil铆a (amor amistoso)鈥 no deber铆a en realidad ser aplicado al erotismo. No hay algo as铆 como un amor er贸tico. Aunque duela admitirlo, el deseo y el amor dependen de mecanismos no solo diferentes, sino opuestos. Al estar determinado por la rivalidad, el deseo se opone tanto a la protecci贸n y el cuidado propios de 谩gape como a la complicidad de la phil铆a: el rival es precisamente aquel a quien no se protege y con quien no puede haber alianza. Donde hay previsibilidad (contar con otro, con su presencia en el futuro), el erotismo muere (por eso la sustracci贸n del amor es una estrategia eficaz para aumentar el deseo).

Si la belleza es causa de amor (afirma Le贸n Hebreo), m谩s cierto es que el amor es causa de belleza. La ternura expresa ese 鈥渇iltro鈥 (como llam贸 la tradici贸n a los brebajes m谩gicos) de la mirada amorosa, su benevolencia ante la falla. Llevado hasta sus 煤ltimas consecuencias, el amor es ese resto o sost茅n que hace falta cuando no hay deseo: mientras el otro nos gusta, no es preciso amarlo. Es por definici贸n compasivo porque tiene su raz贸n de ser en la imperfecci贸n; lo perfecto no puede amarse, solo puede ser venerado, idealizado (es decir, envidiado, odiado, deseado). 脡leos, antigua divinidad de la compasi贸n, es la contrafigura de la Anaideia, la crueldad, la provocaci贸n. La compasi贸n protege de la crueldad er贸tica, de la risa ajena frente a la propia fragilidad; quien ama no practica la burla, sino la complicidad propia del humor. A煤n si puede ser hip贸crita, la compasi贸n no puede fingirse: etimol贸gicamente se vincula a las entra帽as, al coraz贸n.

VI

Si el deseo est谩 vinculado al impulso de matar, a la morbosidad de la sangre (鈥渦n fluido muy especial鈥, dice Mefist贸feles en el Fausto), la compasi贸n amorosa se liga en cambio a un morir incruento. Esto puede verse con claridad en uno de los grandes relatos sobre el amor compasivo incondicional, La sirenita: ella tiene la posibilidad de salvar su vida si asesina al pr铆ncipe con un pu帽al que le han dado sus hermanas y hace correr la sangre de este por sus pies (liber谩ndose as铆 del pacto con la bruja del mar, a quien le prometi贸 morir si no consegu铆a enamorar al pr铆ncipe, que en efecto se casa con otra), pero elige no matarlo y al morir se convierte en un esp铆ritu et茅reo, hija del aire. Tambi茅n la piadosa Alcestis da su vida para aplazar la muerte de su esposo Admeto (cuando los mismos padres de este se niegan a hacerlo), y viaja beatamente al Hades. En ambos casos hay recompensa: la sirenita, al convertirse en hija del aire, se salva de su desaparici贸n en forma de espuma; Alcestis es restituida a la tierra por Heracles. A quien entrega la vida, esta le es devuelta. 鈥淨uiero misericordia y no sacrificio鈥, afirma Jes煤s en el Evangelio de San Mateo.

La compasi贸n amorosa es un dar (la vida) no sacrificial porque transforma a quien compadece (y no al compadecido); es el buen samaritano quien deviene pr贸jimo, quien construye v铆nculo. La soledad, como explicita Defoe en su pr贸logo a Robinson Crusoe, no es otra cosa que el ego铆smo.

芦Deseo y odio禄 es el primer cap铆tulo del libro El sacrificio de Narciso, editado en Argentina (Hecho At贸mico Ediciones, 2018) y en Espa帽a (Punto de vista, 2020).




Fuente: Lobosuelto.com