June 18, 2021
De parte de Algrano Sembrando La Duda
343 puntos de vista


El producto capitalista ideal realizar铆a su valor del constante trabajo impago de la especie humana. Nosotres ser铆amos prescindibles, pero el producto ser铆a indispensable. Integrar铆a la actividad humana por completo en un solo terreno unificado, accesible solo a trav茅s de productos corporativos adicionales, donde mercado y taller clandestino estar铆an combinados. Lograr铆a todo esto bajo la bandera de la autonom铆a y la decentralizaci贸n, e incluso quiz谩s de la 鈥渄emocracia directa鈥.

Seguramente cuando tal producto fuera inventado, algunes anti-capitalistas bien-intencionades proclamar铆an que el reino de los cielos se acerca 鈥搑estar铆a quitar al capitalismo de la ecuaci贸n. El himno de los lot贸fagos1.

No ser铆a la primera vez que les disidentes extrapol谩semos nuestra utop铆a de la infraestructura del orden dominante. 隆Recordemos el entusiamo de Karl Marx y Ayn Rand por las v铆as de tren! En contraste, creemos que la tecnolog铆a producida por la competencia capitalista tiende a encarnar e imponer su l贸gica y si queremos escapar de este orden, nunca debemos tomar las herramientas por dadas. Cuando usamos herramientas, somos usades por ellas a su vez.

A continuaci贸n exponemos nuestro intento por identificar la ideolog铆a incorporada en la tecnolog铆a digital y enmarcar algunas hip贸tesis sobre c贸mo abordarla.

En nuestra 茅poca, la dominaci贸n no es solo impuesta por 贸rdenes emitidas de gobernantes a gobernades, sino por algoritmos que sistem谩ticamente producen y constantemente recalibran diferenciales de poder. El algoritmo es el mecanismo fundamental que perpet煤a las jerarqu铆as actuales; determina las posibilidades de antemano, a la vez que ofrece una ilusi贸n de libertad como elecci贸n. Lo digital reduce las infinitas posibilidades de la vida a una red de algoritmos interconectados 鈥揳 elecciones entre ceros y unos. El mundo se reduce a la representaci贸n y las representaciones se expanden para llenarlo; lo irreductible desaparece. Aquello que no computa no existe. Lo digital puede presentar un impresionante conjunto de elecciones 鈥揹e posibles combinaciones de unos y ceros鈥 pero los t茅rminos de cada elecci贸n est谩n pre-establecidos.

Una computadora es una m谩quina que realiza algoritmos. Originalmente, el t茅rmino designaba a una persona humana2 que segu铆a 贸rdenes tan estrictamente como una m谩quina. Alan Turing, el patriarca de la ciencia de la computaci贸n, bautiz贸 a la computadora digital en una extensi贸n metaf贸rica de la forma m谩s impersonal de trabajo humano: 鈥淟a idea detr谩s de las computadoras digitales es que estas m谩quinas puedan realizar cualquier operaci贸n de la que sea capaz una computadora humana鈥. Cincuenta a帽os despu茅s, esta met谩fora ha sido invertida una y otra vez, a medida que humanes y m谩quinas se volvieron cada vez m谩s indivisibles. 鈥淪e espera que la computadora humana siga reglas fijas 鈥揷ontinu贸 Turing鈥 sin autoridad para desviarse en ning煤n detalle鈥3.

As铆 como las tecnolog铆as que ahorran tiempo solo nos dieron m谩s ocupaciones, pasarles el trabajo de procesar n煤meros a las computadoras no nos ha liberado del trabajo, en cambio ha integrado la computaci贸n en cada faceta de nuestras vidas. En la Rusia post-sovi茅tica, los n煤meros te procesan4.

Desde el principio, el objetivo del desarrollo digital ha sido la convergencia del potencial humano y el control algor铆tmico. Hay lugares donde este proyecto ha sido completado. La pantalla Retina de los iPhones es tan densa que el ojo humano al desnudo no puede determinar que en realidad est谩 compuesta por p铆xeles. A煤n existen grietas entre las pantallas, pero se reducen d铆a a d铆a.

La red que cierra el espacio entre nosotres tambi茅n cierra el espacio dentro nuestro. Cerca los comunes que han resistido la acumulaci贸n originaria. Comunes como las redes sociales que solo podemos reconocer como tales ahora que han sido mapeadas para su cercamiento. Mientras la red crece para abarcar nuestras vidas completas, debemos empeque帽ecernos para caber en sus ecuaciones. Inmersi贸n total.

Las grietas digitales

A los liberales bien intencionados les preocupa que haya comunidades enteras que a煤n no han sido integradas a la red digital global. De ah铆 salen las computadoras gratuitas para los pa铆ses 鈥渆n v铆as de desarrollo鈥 y las tablets de cien d贸lares para ni帽es en educaci贸n primaria. Solamente pueden concebir el uno del acceso digital o el cero de la exclusi贸n digital. Dado este binarismo, es preferible el acceso digital 鈥損ero el binarismo en s铆 es un producto del proceso que produce exclusi贸n, no su soluci贸n.

El proyecto de computarizar a las masas recapitula y extiende la unificaci贸n de la humanidad bajo el capitalismo. Nunca un proyecto de integraci贸n se extendi贸 tanto ni penetr贸 tan profundo como el capitalismo y pronto lo digital va a llenar por completo ese espacio. 鈥溌os pobres a煤n no tienen nuestros productos!鈥 鈥揺s el llamado a la acci贸n de Henry Ford. Amazon tambi茅n vende tablets por debajo del costo, reconoci茅ndolo como una inversi贸n. Les trabajadores individuales se deval煤an sin acceso digital; pero estar disponibles a un solo click, obligades a competir inter-continentalmente en tiempo real, no har谩 que se recupere el valor total de mercado de la clase trabajadora. La globalizaci贸n capitalista ya lo ha demostrado. M谩s movilidad para individues no asegura mayor igualdad en general.

Integrar no es necesariamente igualar: la correa, la rienda y el l谩tigo tambi茅n son conectivos. Aun cuando conecta, lo digital divide.

Al igual que el capitalismo, lo digital divide entre quienes tienen y quienes carecen. Pero una computadora no es lo que nos falta a quienes carecemos. Carecemos de poder, que no es repartido ecu谩nimemente por la digitalizaci贸n. En lugar de un binario entre capitalistas y proletaries, est谩 surgiendo un mercado universal en el que cada persona ser谩 evaluada y clasificada incesantemente. La tecnolog铆a digital puede imponer diferenciales de poder con mayor profundidad y eficiencia que cualquier sistema de castas de la historia.

Nuestra habilidad para involucrarnos en relaciones sociales y econ贸micas de cualquier tipo est谩 determinada por la calidad de nuestros procesadores. En el extremo m谩s bajo del espectro econ贸mico, las personas desempleadas que tienen un smartphone consiguen el viaje m谩s barato en Craigslist (donde hacer dedo era igualdad de oportunidades). En el extremo m谩s alto, el agente de bolsa de alta frecuencia y el minero de Bitcoin lucran directamente del poder de procesamiento de sus computadoras 鈥揾aciendo parecer justa, en comparaci贸n, la compra-venta de acciones pre-digital.

Es impensable que se pueda lograr la igualdad digital sobre un terreno tan desnivelado. La brecha entre ricos y pobrxs no fue saldada en los pa铆ses a la vanguardia de la digitalizaci贸n. Cuanto m谩s amplio se vuelve el acceso a lo digital, m谩s experimentamos la aceleraci贸n de la polarizaci贸n social y econ贸mica. El capitalismo produce y circula innovaciones con m谩s rapidez que cualquier sistema anterior, pero acarrea con ellas disparidades en aumento: all铆 donde los jinetes dominaban a lxs peatones, ahora los bombarderos invisibles sobrevuelan a les motoristes. Podemos imprimir armas en una impresora 3D, pero la NSA puede escribir gusanos inform谩ticos [computer worms] capaces de tomar el control de sistemas industriales nacionales. Y el problema no es solo que el capitalismo sea una forma de competencia desleal, sino que esta forma de competencia se impone en cada esfera de la vida. La digitalizaci贸n hace posible incorporar su l贸gica hasta en los aspectos m谩s 铆ntimos de nuestras relaciones.

La grieta digital no solo separa individues y demograf铆as; nos atraviesa a todes. En una era de precariedad, donde todes ocupamos simult谩neamente m煤ltiples posiciones, cambiantes en lo sociales y en lo econ贸micas, las tecnolog铆as digitales nos empoderan selectivamente de acuerdo a las maneras en que somos privilegiades, mientras que ocultan las formas en que somos marginalizades. Le estudiante de posgrado que debe cincuenta mil d贸lares se comunica con otres deudorxs por redes sociales, pero es m谩s probable que compartan sus curr铆culums o califiquen restoranes a que organicen un paro de deudorxs.

Solo cuando comprendamos a les protagonistas de nuestra sociedad en tanto redes y no individues aislades, podremos chocarnos con la gravedad de este hecho: la colectividad digital tiene por fundamento el 茅xito del mercado, mientras que todes experimentamos el fracaso en aislamiento. En las redes sociales del futuro 鈥搇as que publicistas, agencias de cr茅dito, empleadores, arrendadores y polic铆as vigilar谩n en una matriz 煤nica de control鈥 puede que solo nos encontremos entre nosotres en la medida en que afirmemos el mercado y nuestro valor en 茅l.

La competencia y la expansi贸n del mercado siempre han estabilizado al capitalismo al ofrecer una nueva movilidad social, d谩ndoles a lxs pobres una raz贸n para participar del juego justo cuando ya no les quedaba ninguna. Pero ahora que todo el mundo est谩 integrado en un solo mercado y que el capital se est谩 concentrando en manos de una 茅lite cada vez m谩s peque帽a, 驴qu茅 podr铆a evitar una nueva ola de revueltas?

El antes mencionado Henry Ford fue uno de los innovadores que respondi贸 a la 煤ltima gran crisis que amenaz贸 al capitalismo. Subiendo los salarios y aumentando la producci贸n en masa y los cr茅ditos, expandi贸 el mercado para sus productos 鈥搒aboteando los reclamos revolucionarios del movimiento obrero y transformando productores en consumidores. Esto foment贸 que aun les trabajadores m谩s precarizades aspirasen a la inclusi贸n en lugar de la revoluci贸n.

Las luchas de la generaci贸n siguiente se dieron en un terreno nuevo, con consumidores que recuperaban el reclamo de les productores5 por su auto-determinaci贸n en el mercado: primero como reclamo por la individualidad y luego, cuando esa concesi贸n fue lograda, por la autonom铆a. Esto culmin贸 con el cl谩sico imperativo de la contra-cultura hazlo-t煤-mismx 鈥撯淐onvertirse en los medios鈥濃 justo cuando la infraestructura de las telecomunicaciones globales fue miniaturizada para volver a les trabajdores individuales tan flexibles como las econom铆as nacionales.

Nos hemos convertido en los medios y nuestro reclamo por la autonom铆a nos ha sido dada 鈥損ero esto no nos ha vuelto libres. Al igual que la lucha de les productores se neutraliz贸 convirti茅ndoles en consumidores, las demandas de les consumidores fueron neutralizadas volvi茅ndoles productores: donde los medios antiguos hab铆an sido verticales y unidireccionales, los nuevos medios derivan su valor del contenido aportado por les usuaries. Mientras tanto, la globalizaci贸n y la automatizaci贸n erosionaron el compromiso que Ford hab铆a establecido entre capitalistas y una franja privilegiada de la clase trabajadora, produciendo una poblaci贸n redundante y precaria.

En este contexto vol谩til, nuevas corporaciones como Google est谩n reversionando el compromiso fordista mediante el trabajo y la distribuci贸n gratuitas. Ford les ofreci贸 a les trabajadores mayor participaci贸n en el capitalismo mediante el consumo masivo; Google regala todo al convertirlo en trabajo no pago. Al ofrecer cr茅ditos, Ford permit铆a a les trabajadores convertirse en consumidores al vender su mano de obra futura junto con la presente; Google ha disuelto la distinci贸n entre producci贸n, consumo y vigilancia, haciendo posible sacar provecho de aquelles que quiz谩 jam谩s tengan algo para gastar.

La atenci贸n misma est谩 supliendo al capital financiero como la moneda determinante en nuestra sociedad. Es un nuevo premio consuelo por el que les precarizades pueden competir 鈥揳qu茅lles que nunca ser谩n millonaries a煤n pueden so帽ar con un mill贸n de vistas en Youtube鈥 y es un nuevo incentivo para la constante innovaci贸n que el capitalismo requiere. Al igual que en el mercado financiero, tanto corporaciones como individues pueden probar su suerte, pero quienes controlan las estructuras a trav茅s de las que circula la atenci贸n empu帽an el poder m谩s grande de todos. La supremac铆a de Google no deriva de las ganancias publicitarias ni de ventas de productos sino de las formas en que modula los flujos de informaci贸n.

Si seguimos este camino, podemos imaginar un feudalismo digital en el que tanto el capital financiero como la atenci贸n han sido consolidadas en manos de una 茅lite y una dictadura benevolente de computadoras (quiz谩s humanas) mantiene a la Internet como un parque infantil para una poblaci贸n superflua. Los programas y programadorxs individuales ser谩n reemplazables 鈥揷uanto mayor es la movilidad interna de una estructura jer谩rquica, m谩s robusta y resistente se vuelve鈥 pero la estructura misma no ser谩 negociable. Incluso podemos imaginarnos que el resto de la poblaci贸n participar谩 de manera aparentemente horizontal y voluntaria en el refinamiento de la programaci贸n 鈥揹entro de ciertos par谩metros, claro est谩, como todo algoritmo.

El feudalismo digital podr铆a arribar bajo la bandera de la democracia directa, proclamando que cada quien tiene derecho a la ciudadan铆a y a la participaci贸n, present谩ndose como una soluci贸n frente a los excesos del capitalismo. Quienes sue帽an con un ingreso b谩sico universal, o quienes deseen ser compensades por la cosecha de sus 鈥渄atos personales鈥, deben entender que estos reclamos solo podr铆an ser llevados a cabo por un Estado de vigilancia todopoderoso 鈥搚 que tales reclamos legitiman el poder del Estado y la vigilancia aunque nunca sean concedidos. Los estadistas usar谩n la ret贸rica de la ciudadan铆a digital para justificar mapearnos a todes en nuevas cartograf铆as del control, fijando a cada une de nosotres a una sola identidad en l铆nea con tal de cumplir su visi贸n de una sociedad sujeta a la regulaci贸n y cumplimiento totales. Las 鈥渃iudades inteligentes鈥 impondr谩n el orden algor铆tmico al mundo an谩logico, reemplazando el inmantenible imperativo de crecimiento del capitalismo contempor谩neo con nuevos imperativos: vigilancia, resistencia y administraci贸n. Las ciudades inteligentes no se basar谩n en edificios m谩s verdes, sino en la vigilancia y el control de nuestras posesiones personales: Walmart y otras corporaciones ya est谩n utilizando chips RFID6, los mismos de los pasaportes, para rastrear el flujo de sus bienes a trav茅s del mundo.

En esta proyecci贸n dist贸pica, el proyecto digital de reducir el mundo a su representaci贸n converge con el programa de la democracia electoral, en la que solo los representantes, mediante canales pre-establecidos, pueden ejercer el poder. Ambos proyectos se posicionan en contra de todo lo incomputable e irreducible. Fusionada como democracia electr贸nica, nos presentar铆an la oportunidad de votar sobre una gran variedad de asuntos minuciosos, mientras que vuelven incuestionable la infraestructura que la habilita 鈥cuanto m谩s participativo un sistema, m谩s 鈥渓eg铆timo鈥 se vuelve. Y sin embargo cada noci贸n de ciudadan铆a implica una parte excluida; cada noci贸n de legitimidad pol铆tica implica una zona de ilegitimidad.

La libertad genuina es poder determinar nuestras vidas y relaciones desde sus bases. Debemos ser capaces de definir nuestro propios marcos conceptuales, de formular las preguntas as铆 como las respuestas. Esto no equivale a obtener mejor representaci贸n o m谩s participaci贸n en el orden reinante. Abogar por la inclusi贸n digital y la administraci贸n estatal 鈥渄emocr谩tica鈥 da a quienes tienen poder las herramientas para legitimar las estructuras a trav茅s de las que lo ejercen.

Es un error creer que las herramientas construidas para dominarnos nos servir铆an si tan solo pudi茅semos deshacernos de nuestros amos. Es el mismo error que cada revoluci贸n previa ha cometido respecto de la polic铆a, los tribunales y las prisiones. Las herramientas de la liberaci贸n deben ser forjadas en la lucha por alcanzarla.

Las redes sociales

Contemplamos un futuro en que los sistemas digitales atender谩n todas nuestras necesidades, siempre y cuando pidamos que el orden presente sea con env铆o instant谩neo. Si trazamos la trayectoria de nuestro imaginario digital, siempre estaremos votando, siempre trabajando, siempre de compras, siempre encarcelades. Incluso las fantas铆as que separan el alma del cuerpo para viajar por dentro de la computadora dejan intacto el sujeto liberal: absolutamente todos los post-humanismos que nos han sido ofrecidos han sido neo-liberales.

Los gradualistas liberales que luchan por la privacidad en l铆nea y la neutralidad de la red configuran les subalternes a quienes defienden como individuos. Pero mientras sigamos operando de acuerdo al paradigma de los 鈥渄erechos humanos鈥, nuestros intentos por organizarnos contra los sistemas de control digital solo reproducir谩n sus l贸gicas. El r茅gimen de constituciones y estatutos que ahora se est谩 acabando no solo proteg铆a al sujeto liberal, el individuo 鈥搕ambi茅n lo inventaba. Cada derecho del sujeto liberal implica un entramado de violencia institucional orientado a asegurar su atomizaci贸n funcional 鈥搇a repartici贸n de la propiedad privada, la privacidad del cuarto oscuro y las celdas de prisi贸n.

Si hay algo que resalta la divulgaci贸n ostentosa de la vida cotidiana es la fragilidad de la individualidad liberal. 驴D贸nde comienza y termina el 鈥測o鈥, cuando mis conocimientos son derivados de motores de b煤squeda y mis pensamientos son desencadenados y dirigidos por posteos online? Para contrarrestar esto, se nos incita a fortalecer nuestro fr谩gil individualismo mediante la construcci贸n y diseminaci贸n de propaganda autobiogr谩fica. El perfil en l铆nea es una forma reaccionaria que intenta preservar el 煤ltimo vestigio de subjetividad liberal mediante su venta. Llam茅mosle la 鈥渆conom铆a de la identidad鈥.

Pero el objeto de explotaci贸n es una red, as铆 como lo es le sujete en revuelta. Ninguno ha podido sostener una semejanza con al individuo liberal. Tanto el barco como la revuelta de esclavos son redes compuestas de algunos aspectos de muchas personas. Lo que las diferencia no es el tipo de personas, sino los distintos principios de interconexi贸n. Cada cuerpx posee m煤ltiples corazones. La perspectiva que la representaci贸n digital provee para alumbrar nuestra propia actividad nos permite clarificar que lo que perseguimos es un conflicto entre principios organizacionales contrapuestos y no entre redes o individues espec铆fiques.

Las redes que el liberalismo produce y oculta son inevitablemente jer谩rquicas. El liberalismo busca estabilizar la pir谩mide de la desigualdad mediante una ampliaci贸n de su base. Nuestro deseo es aplanar las pir谩mides, abolir las indignidades de la dominaci贸n y la sumisi贸n. No pedimos que los ricos den a les pobres; buscamos derrumbar las cercas. No podemos decir que lo digital sea esencialmente jer谩rquico, porque no sabemos nada de 鈥渆sencias鈥; solo sabemos que lo digital es fundamentalmente jer谩rquico, en el sentido de que se construye sobre los fundamentos del liberalismo. Si un mundo digital diferente es posible, solo podr谩 surgir sobre una base distinta.

No necesitamos mejores versiones de tecnolog铆as existentes; necesitamos una mejor premisa para nuestras relaciones. Las nuevas tecnolog铆as son in煤tiles salvo en la medida en que nos ayudan a establecer y defender relaciones nuevas.

Las redes sociales son anteriores a la Internet; diferentes pr谩cticas sociales nos interconectan de acuerdo a diferentes l贸gicas. Si entendemos nuestras relaciones en t茅rminos de circulaci贸n en lugar de identidades est谩ticas 鈥搊 de trayectorias en vez de lugares, o fuerzas en lugar de objetos鈥 podemos dejar de lado la cuesti贸n de los derechos individuales y emprender la creaci贸n de nuevas colectividades por fuera de la l贸gica que produjo lo digital y sus grietas.

La fuerza renuncia

Para cada acci贸n, existe una reacci贸n igual y opuesta. La integraci贸n forma nuevas exclusiones, les atomizades se buscan entre s铆. Cada nueva forma de control crea un nuevo escenario para la rebeli贸n. La vigilancia y la infraestructura de control han aumentado exponencialmente en las 煤ltimas dos d茅cadas, pero esto no ha creado un mundo m谩s pacificado 鈥損or el contrario, cuanta m谩s coerci贸n, m谩s inestabilidad y malestar. El proyecto de controlar poblaciones mediante la digitalizaci贸n de sus interacciones y entornos es en s铆 misma una estrategia para demorar las revueltas que seguir谩n a la polarizaci贸n econ贸mica, degradaci贸n social y devastaci贸n ecol贸gica causadas por el capitalismo.

La ola de revueltas que sacude el mundo desde 2010 鈥揹esde T煤nez y Egipto, pasando por Espa帽a y Grecia, hasta el movimiento mundial de Occupy y m谩s recientemente en Turqu铆a y Brasil鈥 ha sido ampliamente entendida como producto de las nuevas redes digitales. Sin embargo tambi茅n es una reacci贸n contra la digitalizaci贸n y las disparidades que refuerza. Aunque las noticias de las ocupaciones circularon por Internet, quienes las poblaron estaban all铆 porque estaban insatisfeches con lo meramente virtual 鈥搊 porque, siendo pobres o sin techo, no ten铆an acceso para nada. Antes de 2011, 驴qui茅n hubiera imaginado que la Internet producir铆a un movimiento mundial basado en la presencia permanente en un espacio f铆sico com煤n?

Esto es solamente un anticipo de las resistencias que se opondr谩n a medida que m谩s y m谩s partes de la vida se vayan encastrando a la grilla digital. Los resultados no est谩n escritos, pero podemos estar segures de que habr谩 nuevas oportunidades para que la gente se re煤na por fuerta de y contra la l贸gica del capitalismo y del control estatal. Mientras que presenciamos la aparici贸n de la ciudadan铆a digital y del mercado de identidades, comencemos por preguntarnos qu茅 tecnolog铆as les no-ciudadanes, les digitalmente excluides, necesitar谩n. Las herramientas empleadas durante la lucha por el parque Gezi en Istanbul en el verano de 2013 podr铆an ofrecer un humilde punto de arranque. 驴C贸mo podemos extrapolar del mapeo de protestas las herramientas que ser谩n necesarias para la insurrecci贸n y la supervivencia, especialmente en cuanto las dos convergen? Mirando a Egipto, podemos observar la necesidad de herramientas que puedan coordinar la distribuci贸n de alimentos 鈥搊 deshabilitar el ej茅rcito.

Entender la expansi贸n de lo digital como una acumulaci贸n originaria de nuestros potenciales no significa dejar de usar las tecnolog铆as digitales. Por el contrario, se trata de cambiar la l贸gica de abordaje. Cualquier mirada positiva de un futuro digital ser谩 apropiada para perpetuar y encubrir el orden dominante; la raz贸n para participar del terreno de lo digital es para desestabilizar las disparidades que impone. En lugar de establecer proyectos digitales en funci贸n de prefigurar el mundo que queremos ver, podemos perseguir pr谩cticas digitales que interrumpan el control. En lugar de buscar defender los derechos de una nueva clase digital 鈥搊 de incorporar a todes a esta clase por medio de la ciudadan铆a universal鈥 podemos seguir el ejemplo de les despose铆des, comenzando por las revueltas contempor谩neas que redistribuyen radicalmente el poder.

Entendides como una clase social, les programadores ocupan la misma posici贸n hoy que la burgues铆a en 1848, esgrimiendo un poder social y econ贸mico desproporcionado respecto de su influencia pol铆tica. En las revoluciones de 1848, la burgues铆a sentenci贸 a la humanidad a dos siglos m谩s de infortunios al terminar ali谩ndose con la ley en contra de les trabajadores pobres. Les programadores fascinades con la revoluci贸n de Internet podr铆an hoy hacer algo incluso peor: podr铆an volverse les bolcheviques digitales cuyo intento por crear una utop铆a democr谩tica termine por producir el m谩s completo totalitarismo.

Por otro lado, si una masa cr铆tica de programadores cambia su alianza hacia las verdaderas luchas de les excluides, el futuro volver谩 a estar en disputa. Pero eso implica abolir lo digital tal y como lo conocemos 鈥搚 con ello, a les programadores como clase. Desertemos de la utop铆a digital.

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Fuente: Algranoextremadura.org