September 26, 2021
De parte de Nodo50
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Marx llam贸 una vez a The Economist 鈥渓a tribuna de la aristocracia financiera鈥. Como revista dominante entre los liberales de 茅lite, ha jugado un papel importante en la formaci贸n y promoci贸n de la ideolog铆a del liberalismo, siguiendo sus cambios y continuidades, desde su fundaci贸n en 1843 hasta hoy dia. Alexander Zevin, profesor asistente de historia en la City University of New York y editor de New Left Review, public贸 recientemente un nuevo libro, Liberalism at Large: The World According to 鈥楾he Economist, que estudia la historia del liberalismo a trav茅s de la mirada de The Economist. Recientemente, en un episodio del podcast de Tribune, A World To Win, Grace Blakeley entrevist贸 a Zevin para hablar de la historia de la ideolog铆a liberal, si esta se encuentra en crisis y hacia d贸nde se dirige el orden mundial basado en reglas liberales.

Grace Blakeley: 驴Qu茅 es el liberalismo?

Alexander Zevin: Mi libro rechaza algunas ideas sobre lo que es el liberalismo para llegar a una mejor definici贸n. A lo que estoy respondiendo son estas ideas de que el liberalismo comienza en el siglo XVII con John Locke y sus ideas y teor铆as pol铆ticas o con Adam Smith en el siglo XVIII en La riqueza de las naciones y cosas por el estilo.

Sostengo en este libro que el liberalismo en realidad emerge y debe entenderse en el contexto hist贸rico del per铆odo posterior a las guerras napole贸nicas. Es el momento en Europa, Espa帽a y luego en Francia, en que la gente se describe a s铆 misma por primera vez como ‘liberal’. Tenemos que hablar de qu茅 es el liberalismo en virtud de esa autodescripci贸n. Cuando usamos ese momento como punto de partida, vemos muy claramente que se trata de una reacci贸n a varios acontecimientos, uno de los cuales es la eliminaci贸n de los viejos reg铆menes en Europa para que surja una nueva forma de pol铆tica de clase media.

Por un lado, esta pol铆tica est谩 en contra del absolutismo, quiere un gobierno responsable, quiere elecciones, al menos en un cierto sentido y para determinadas personas, y quiere derechos constitucionales y cosas as铆. Pero, por otro lado, los art铆fices de este nuevo orden social se asustan pronto de las masivas movilizaciones populares. Es en esta suerte de espacio intermedio en que comienza el liberalismo.

Tambi茅n es el momento en que el capitalismo industrial de verdad se pone en marcha. Son las cosas en las que la gente piensa cuando se trata de formar un gobierno limitado, establecer controles y contrapesos y un gobierno responsable, pero tambi茅n es este fen贸meno que solo puede surgir realmente a principios del siglo XIX, cuando los liberales se enfrentan a desaf铆os como la demanda del voto de la gente com煤n, la expansi贸n del capitalismo y lo que eso significa para la gobernabilidad y la econom铆a.

Desde esa perspectiva, algo as铆 como el argumento de que los neoliberales en la d茅cada de 1980 vieron la democracia como un impedimento para la introducci贸n de las pol铆ticas econ贸micas que quer铆an es en realidad una tensi贸n que ha sido inherente al liberalismo desde sus inicios: la tensi贸n entre democracia, representaci贸n democr谩tica y los intereses del capital. 驴Es eso correcto?

Exactamente. Una de las cosas que se olvidaron durante la Guerra Fr铆a y tambi茅n hoy en d铆a es la idea de que lo liberal y la democracia van de la mano; que existen cosas llamadas democracias liberales, que vivimos en ellas y que es imposible separar estas dos cosas.

De hecho, hist贸ricamente, los liberales no fueron dem贸cratas. Idearon muchas estrategias diferentes para tratar de limitar el voto a aquellos con educaci贸n o aquellos que pagaban una cierta cantidad de impuestos sobre la renta o la propiedad, todo tipo de formas ingeniosas de dise帽ar l铆mites constitucionales a la capacidad de voto de la clase trabajadora, o sea de la chusma.

Lo interesante es que los neoliberales abordan una cuesti贸n (en un nuevo contexto, eso s铆) en el que los liberales han pensado desde los albores del liberalismo. En cierto sentido, las democracias ya est谩n bien establecidas en el momento en que voces neoliberales empiezan a tener eco, a principios de la d茅cada de 1980, pero hay nuevas formas y nuevos medios a su disposici贸n para tratar de resolver problemas tales como redistribuci贸n y las demandas de derechos econ贸micos, las cuales interferir铆an con el libre funcionamiento del mercado y con el mecanismo de precios, el cual, a su vez, ser铆a fundamental para la libertad individual y el buen funcionamiento del capitalismo.

El t铆tulo completo de su libro es Liberalism at Large: The World According to the Economist. 驴Por qu茅 estudiar el liberalismo desde la perspectiva de una revista?

Es un proyecto extra帽o. Una de las razones por las que lo hice fue que quer铆a cuestionar las formas convencionales de hablar sobre el liberalismo. En lugar de mirar el canon (Locke, Mill, Rawls, y otros liberales muy conocidos) me qued贸 claro que –al mirar una revista que, como en este caso, es fruto de un esfuerzo colectivo, sale cada semana y en realidad ha estado en el centro de los eventos de la actualidad mundial desde hace mucho tiempo, con editores que, aunque an贸nimos, han ocupado puestos importantes en el Tesoro, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, como Primeros Ministros, como Gobernadores del Banco de Inglaterra– podr铆a contar una historia de liberalismo que acomodara el concepto de cambio y transformaci贸n.

El liberalismo no siempre ha sido la misma cosa, porque siempre ha respondido a nuevos desaf铆os, nuevas amenazas, nuevos acontecimientos: The Economist tiene que responder a los eventos todas las semanas durante m谩s de 175 a帽os. Yo he pretendido definir el liberalismo de una manera mucho m谩s flexible y tambi茅n m谩s contextual.

Pienso que hay algo un poco pesado o aburrido en los libros sobre peri贸dicos, pero este no es un libro aburrido, creo yo. Esto es as铆 porque en realidad no intento hacer una biograf铆a de un peri贸dico de forma convencional. El libro estudia la revista como un n煤cleo de intercambios e idas y vueltas intelectuales, de ideas, as铆 como el resultado del conjunto de desaf铆os, crisis, debates que ocurren dentro del peri贸dico y con el peri贸dico y otros pensadores.

En cada cap铆tulo, desde la d茅cada de 1840 hasta la actualidad, siempre ubico lo que est谩 sucediendo dentro de The Economist, sus diversas posiciones, frente a pensadores clave a la izquierda o la derecha del liberalismo. En los a帽os 1850-70, es un debate con John Stuart Mill. En los a帽os 20, 30 y 40 del siglo XX, se da un debate con John Maynard Keynes. Mi libro hace cosas poco usuales y m谩s divertidas de lo que podr铆a pensarse, trat谩ndose de una historia de un peri贸dico.

Es muy interesante la forma en que estudias el liberalismo desde la perspectiva de esta revista. Si fueras a estudiar el liberalismo, como yo y muchos otros lo hicimos en nuestros cursos de filosof铆a pol铆tica en la universidad, se hablar铆a de Locke y Mill para seguir hasta Rawls y de esta manera ver铆as el desarrollo de este canon del pensamiento liberal.

Pero cuando observas el liberalismo en la pr谩ctica, como siempre ocurre con la aplicaci贸n de cualquier teor铆a, es muy diferente de lo que uno se imagina al estudiar el canon ideol贸gico. T煤 consideras esta diferencia entre teor铆a y pr谩ctica en el libro, mirando las tensiones desde diferentes perspectivas y durante un per铆odo de tiempo muy largo, usando evidencia excepcionalmente interesante de archivos y un mont贸n de fuentes diferentes. Me preguntaba si podr铆amos repasar algunos de estos ejemplos de divisiones dentro del liberalismo, entre la pr谩ctica y la teor铆a del liberalismo, siendo el primero, por supuesto, el libre comercio.

En la mitolog铆a del liberalismo, se da por supuesto que el libre comercio es lo que distingue el liberalismo de sus competidores ideol贸gicos y que los partidos liberales llevan siglos defendiendo el libre comercio de manera ininterrumpida. Pero hubo mucho m谩s debate entre liberales de lo que se suele pensar sobre c贸mo deb铆a funcionar el libre comercio, particularmente en el contexto del imperio.

La teor铆a del libre comercio era supuestamente una teor铆a de la paz y la buena voluntad: que con mayor intercambio comercial, habr铆a interacciones m谩s pac铆ficas entre las naciones. Aqu铆 hay una idea que viene de la ilustraci贸n: que el comercio refinar谩 los modales y formar谩 la base de unas buenas relaciones entre personas de diferentes culturas y zonas geogr谩ficas.

Esta es la teor铆a de Richard Cobden, uno de los h茅roes de la Anti-Corn Law League, este famoso grupo que surge en las d茅cadas de 1830 y 40 en Inglaterra en la lucha contra las Corn Laws, que eran mercantilistas y, como tales, manten铆an altos los precios de los cereales en Inglaterra tras las guerras napole贸nicas. Las clases medias las ve铆an como un vestigio del privilegio aristocr谩tico de la clase terrateniente. Junto con la idea seg煤n la cual si derogas las Corn Laws habr谩 una mayor prosperidad, tambi茅n tienes la idea de que la derogaci贸n acabar谩 con la guerra. Existe la idea de que la guerra es tambi茅n un vestigio de la clase guerrera aristocr谩tica o de una mentalidad b茅lica propia del Antiguo R茅gimen, que es fundamental para la teor铆a del comercio.

James Wilson, el fundador de The Economist, no es muy conocido, pero es una figura fascinante, que era de origen escoc茅s e hijo de un fabricante textil. Tambi茅n promovi贸 esta idea que acabo de describir. Lo que vemos en la d茅cada de 1850 es una divisi贸n radical entre James Wilson y Richard Cobden y John Bright, la cual no se comprende en su justa dimensi贸n ni en los estudios acad茅micos sobre el libre comercio ni en The Economist. Pero es important铆simo que entendamos la corriente dominante del liberalismo tal y como surge en la d茅cada de 1850.

Para la d茅cada de 1850, les queda bastante claro a los directores de The Economist que, para que el libre comercio llegue a ser, como ellos esperaban, el sistema dominante de la econom铆a mundial, depender谩 de m谩s que de una simple cuesti贸n de comercio. Tienes que obligar a la gente a comerciar libremente, por as铆 decirlo. Hay una serie de conflictos en el siglo XIX, que comienzan con la Guerra de Crimea, y luego se extienden a China con la Guerra del Opio, y luego tambi茅n el levantamiento y la rebeli贸n de la India, sobre los cuales The Economist toma posiciones que abogan por el uso de la fuerza para “romper renuencias ruinosas鈥 (o 鈥渃rack the cake of custom鈥 como se dec铆a en ingl茅s) a fin de penetrar en lo que se ve铆a como una “resistencia asi谩tica” al libre comercio y el progreso.

Hay una dimensi贸n moral y econ贸mica en el argumento: que esto requerir谩 el uso de la Royal Navy, el despliegue de tropas y la colaboraci贸n con otras potencias, como Francia, para abrir la econom铆a mundial. Tambi茅n ves a James Wilson denunciar a Richard Cobden y John Bright en el Parlamento porque en ese momento 茅l tiene un puesto en el Tesoro, en que crea pol铆ticas gubernamentales y obtiene pr茅stamos para luchar en estas guerras. El papel de The Economist en este cambio dentro de Gran Breta帽a y la pol铆tica brit谩nica hacia una postura mucho m谩s liberal-imperialista agresiva es uno de los hallazgos del libro.

Otra gran ruptura dentro del liberalismo fue el nacimiento del keynesianismo. El aumento del apoyo a una mayor intervenci贸n por parte del estado y el nacimiento de las instituciones de Bretton Woods a nivel internacional se presentaron como dos elementos de una gran transici贸n que dividi贸 el liberalismo y a los liberales entre izquierda y derecha, y el declive de los movimientos socialistas reales durante los 煤ltimos cuarenta a帽os aproximadamente nos ha dejado con este eje que define izquierda y derecha en funci贸n de si se cree o no que el estado deber铆a estar haciendo m谩s o menos.

驴Hasta qu茅 punto es una ruptura el nacimiento del keynesianismo, la pol铆tica econ贸mica keynesiana y lo que a menudo se conoce en el Reino Unido como el consenso de posguerra, con el liberalismo del laissez-faire que vino antes, y c贸mo lo ve The Economist?

En el libro presento un debate entre Keynes y The Economist, y, al mirar este debate, vemos que Keynes cambia de opini贸n. Lo vemos discutiendo consigo mismo porque tantos de los valores de The Economist tambi茅n son suyos. Es estudiante de Alfred Marshall, la figura principal de la econom铆a neocl谩sica en Gran Breta帽a, quien m谩s que nadie cre贸 el estudio de la econom铆a en Gran Breta帽a en un sentido cient铆fico moderno, en Cambridge. Tambi茅n es estudiante de Walter Layton, quien llega a ser editor de The Economist y trabaja con 茅l en el gobierno durante las dos guerras mundiales. Existe un di谩logo personal real entre ellos.

Tambi茅n hay una frase famosa en The Economic Consequences of the Peace (en espa帽ol, Las consecuencias econ贸micas de la paz), en que Keynes habla sobre el mundo anterior a 1914 y se describe a s铆 mismo acostado en la cama leyendo sobre los precios de las acciones y sabiendo que la libra en su bolsillo, porque est谩 respaldada por oro, es la misma en todas partes. No se necesita pasaporte para viajar. Tengo la sensaci贸n de que esta famosa frase, que es tan evocadora sobre c贸mo era el mundo eduardiano globalizado antes de que llegara la Primera Guerra Mundial y lo destrozara, en realidad describe a Keynes leyendo The Economist en la cama. The Economist es esa ventana al mundo de las altas finanzas y el capital globalizado en ese per铆odo antes de 1914.

En 1925, Gran Breta帽a vuelve al patr贸n oro junto con el d贸lar estadounidense, y de esta manera impone una dura austeridad deflacionaria mientras que ya hab铆a habido austeridad durante varios a帽os hasta ese momento. Despu茅s de 1925, The Economist y Keynes inician una lucha de ideas. Keynes comienza a cuestionar muchas de las suposiciones sobre el libre comercio que ten铆a hasta ese momento y a experimentar con ideas sobre un patr贸n oro flexible o comercio flexible e ideas sobre tarifas de ingresos y otras cosas por el estilo.

Sin embargo, sostengo que, hasta 1925, pero incluso posteriormente, The Economist y Keynes comparten ciertas suposiciones sobre, en particular, la importancia de la City de Londres para la posici贸n de Gran Breta帽a como potencia global en el mundo y la idea de la libra como moneda de reserva importante.

Al contar esta historia, reconozco que, s铆, en efecto, hay desacuerdos fundamentales entre The Economist y Keynes, que de hecho son muy agudos a principios de la d茅cada de 1930. Keynes comienza a mantener que es necesario algo que podr铆amos llamar gasto deficitario, algo como crear un cierto nivel de inflaci贸n. Aunque muchos editores de The Economist son estudiantes de Keynes a estas alturas y est谩n discutiendo sus ideas, la revista se resiste mucho a sus nuevas posturas, en parte porque temen c贸mo responder谩 la City de Londres a la idea de que las decisiones de inversi贸n ya se van a tomar en otro lado. Quer铆a abrir una serie de preguntas, debates, discusiones entre Keynes y la City de Londres y ciertas ideas sobre las finanzas, Gran Breta帽a y el mundo.

Aqu铆 tambi茅n hay una pregunta m谩s amplia sobre el v铆nculo entre el liberalismo y la econom铆a como tema de estudio acad茅mico. Muchos de los primeros liberales eran economistas pol铆ticos. Las grandes preguntas que se hac铆an ten铆an que ver con el comercio, el inter茅s nacional, las pol铆ticas soberanas. Alrededor de los a帽os 60, se produjo el auge del keynesianismo. En los a帽os 60 y 70, tambi茅n vemos el nacimiento de la econom铆a neocl谩sica, la s铆ntesis keynesiana, que re煤ne parte de la econom铆a pol铆tica temprana y el pensamiento sobre los marginalistas junto con las ideas de Keynes, as铆 como el surgimiento de la microeconom铆a y el modelado matem谩tico. Ello va de la mano de la transici贸n hacia el neoliberalismo. Estos cambios pol铆ticos parecen ir de la mano de los cambios econ贸micas. En su opini贸n, 驴cu谩l es el v铆nculo entre ambos?

Ya que estoy pensando en el liberalismo, en lugar del neo u ordoliberalismo u otra de las variantes que surgen durante estas d茅cadas a medida que la econom铆a mundial cambia y se producen nuevas ideas, veo continuidad donde otros ven rupturas. Con David Edgerton, quien escribi贸 un libro titulado The Rise and Fall of the British Nation, he tenido un intercambio productivo sobre hasta qu茅 punto el a帽o 1945 en realidad supuso un cambio fundamental en la econom铆a pol铆tica de Gran Breta帽a, y hasta qu茅 punto, digamos, el a帽o 1979 fue tambi茅n un momento crucial. Ciertamente, son rupturas tanto la elecci贸n del gobierno laborista en 1945 y los cambios que este hizo al estado de bienestar como luego la elecci贸n de Thatcher y la reversi贸n de esas reformas.

Pero hay una gran continuidad del liberalismo durante este periodo. Esto incluye una total falta de reflexi贸n sobre qu茅 consecuencias tiene la City de Londres y el control privado de la funci贸n de inversi贸n sobre la econom铆a brit谩nica, y el apego a una determinada teor铆a del libre comercio, tanto dentro de la derecha como de la izquierda del Partido Laborista. A veces, surgen nuevas soluciones y adaptaciones porque el movimiento sindical es fuerte o porque la Segunda Guerra Mundial muestra que el estado puede desempe帽ar un papel m谩s activo en la econom铆a, y las advertencias de Hayek en Camino de servidumbre parecen un poco exageradas. Pero resulta dif铆cil explicar c贸mo llegamos a 1979 y Thatcher.

Thatcher no sali贸 de la nada. Ella no anul贸 una forma de socialdemocracia completamente funcional, libre de crisis y nada contradictoria. Ella aprovech贸 esas contradicciones. Explot贸 la desorientaci贸n dentro del Partido Laborista entre los socialdem贸cratas. Tengamos en cuenta que James Callaghan, quien fue l铆der del Partido Laborista y primer ministro a finales de los 70, ya hab铆a adoptado una forma de monetarismo y hab铆a aceptado los pr茅stamos de austeridad del FMI.

Creo que esos cambios se dieron de forma m谩s gradual, porque el liberalismo nunca desaparece. La forma de liberalismo que defiende The Economist cambia de muchas maneras a lo largo de la d茅cada de 1840 y hasta la d茅cada de 1940, pero algunos elementos de esta historia est谩n presentes a lo largo de esas transiciones dentro del estudio de la econom铆a.

Voy a formular esta pregunta de manera intencionadamente simplista.

Este punto sobre continuidad versus ruptura es muy interesante. Podr铆a volver y decir que si ve el liberalismo como la ideolog铆a generalmente sostenida por la clase dominante capitalista, que est谩 debatiendo c贸mo esta ideolog铆a debe interpretarse e implementarse en algo como las p谩ginas de The Economist, entonces puede ver muchos de los cambios que se dan en la ideolog铆a liberal como respuestas a los cambios materiales que tienen lugar y que requieren innovaci贸n dentro de esta ideolog铆a para facilitar la acumulaci贸n de capital en curso.

Eso podr铆a centrarse demasiado en la base econ贸mica, pero 驴hasta qu茅 punto cree que hay algo all铆 que explica parte de la continuidad, pero tambi茅n los innegables cambios que hemos visto en la ideolog铆a liberal durante los 煤ltimos 100 a帽os?

No me parece tan simplista. Como materialista o marxista vulgar, acepto esta idea. Lo que vemos es que a lo mejor los liberales est谩n formulando preguntas similares durante estos dos siglos, pero las respuestas cambian seg煤n las circunstancias y el contexto hist贸rico.

驴Qu茅 hacer ante la irrupci贸n de la clase obrera en el escenario pol铆tico? 驴C贸mo limitarla? 驴Restringir el sufragio? 驴Aceptar el sufragio universal, pero limitar lo que pueden hacer los parlamentos? 驴Entregar el control de los intereses y la pol铆tica monetaria a un banco central para que ese tipo de cuestiones, que son tan fundamentales para la acumulaci贸n de capital, no competa a las legislaturas?

Las respuestas a estas preguntas cambian seg煤n lo que sea posible en un momento dado. Pero las preguntas son bastante parecidas a lo largo de la historia del liberalismo.

En el libro, subrayo la forma en que cambia el liberalismo, pero no hablo tanto como habr铆a podido sobre ese punto de inflexi贸n en la d茅cada de 1980, es decir, de la entrada de, como dijo David Harvey, ‘la larga marcha de los neoliberales a trav茅s de las instituciones’. En los a帽os 20 y 30, estos todav铆a estaban esperando su momento. Para los a帽os 80, su momento hab铆a llegado.

En cierto sentido, esa historia es innegablemente cierta. Sin embargo, lo que me interesa es que los periodistas de The Economist no se describen a s铆 mismos como neoliberales. De hecho, hace poco yo estuve mirando los archivos de la revista y vi que el t茅rmino ‘neoliberal’ en realidad siempre se pone entre comillas, como un concepto empleado por los izquierdistas latinoamericanos para describir un conjunto de pol铆ticas aplicadas en sus pa铆ses despu茅s del golpe de Estado en Chile.

No se considera una descripci贸n fiel de una visi贸n del mundo pol铆tico-econ贸mico, y mucho menos una que adoptar铆a The Economist. Y esto a pesar del hecho de que, a finales de la d茅cada de 1980, The Economist se ve, con raz贸n, como un basti贸n del pensamiento de libre mercado. Se celebra a Reagan y Thatcher en las p谩ginas de The Economist, donde se realiza una defensa sin fisuras de la globalizaci贸n. No se lee el t茅rmino “neoliberal” en el Financial Times, The Economist u otros peri贸dicos financieros. El FMI no pareci贸 reconocer que esta corriente de pensamiento exist铆a hasta hace relativamente poco.

Ello me hace pensar que, desde el punto de vista de quienes la defend铆an, esta transici贸n entre liberalismo y neoliberalismo no siempre es tan clara. Muchas de las formas en que se implementa el neoliberalismo como un conjunto de pol铆ticas, ya sea de austeridad, desregulaci贸n o privatizaci贸n, surgen a trav茅s de personas que se ven a s铆 mismas como liberales cl谩sicos o incluso liberales de centro izquierda. Esa es la clave para comprender la forma en que se lleva a cabo la transici贸n.

Hoy en d铆a, se est谩 produciendo un cambio en el sentido com煤n econ贸mico, ya sea que se observe la reacci贸n contra la austeridad en algunas de las grandes instituciones econ贸micas internacionales o simplemente las pol铆ticas econ贸micas m谩s dirigistas que se est谩n implementando en respuesta a la pandemia. Todo esto tiene lugar en respuesta a las necesidades cambiantes del capital.

驴Cree que esto se va a reflejar en otro cambio de la ideolog铆a liberal? Si es as铆, 驴hasta qu茅 punto ser谩 este un nuevo cambio o un intento de volver a un modelo m谩s socialdem贸crata para intentar reinsertar los mercados en un contexto nacional? Y en cualquier caso, 驴funcionar谩?

EE. UU., Gran Breta帽a y varios otros pa铆ses han abierto los grifos, han gastado ampliamente a fin de apuntalar la econom铆a durante la pandemia, han hecho m谩s generoso el seguro de desempleo y, en general, han hecho todo tipo de cosas en favor de las empresas para que la econom铆a siga funcionando.

Cuando entr贸 Biden, hab铆a una sensaci贸n desde el principio de que 茅l iba a implementar pol铆ticas m谩s econ贸micamente impresionantes en su amplitud de lo que muchos en la izquierda hab铆an imaginado. Ciertamente, vimos el paquete que extend铆a el tipo de gasto que Trump ya hab铆a implementado, as铆 como algo de ayuda a los estados, de modo que se pudiera evitar algo de la austeridad a nivel estatal que se hab铆a dado posterior a la crisis de 2008. (Los estados no pueden tener d茅ficits en los EE. UU., y muchos municipios, como donde estoy en la ciudad de Nueva York, fueron devastados por Covid de una manera muy particular, ya que la econom铆a aqu铆 depende mucho del turismo).

Pero ahora, cuando Biden comienza a enfrentarse a una resistencia real a su agenda dentro del Partido Dem贸crata, as铆 como por parte de los republicanos, para aumentar las tasas de impuestos corporativos, para implementar realmente un plan de infraestructura en su totalidad, no est谩 claro hasta qu茅 punto va a haber una ruptura.

Sin una resistencia real por parte de sindicatos y la izquierda, me pregunto hasta qu茅 punto el simple hecho de que el estado aumente el gasto p煤blico y que se acumulen d茅ficits cuando las tasas de inter茅s son bajas puede de verdad traer un cambio duradero a la econom铆a pol铆tica. No tengo ninguna respuesta clara al respecto, y las cosas est谩n cambiando muy r谩pidamente en este momento en respuesta a una crisis sin precedentes.

Hace poco, C茅dric Durand escribi贸 muy bien sobre este tema en el New Left Review鈥榮 Sidecar, y formul贸 algunas preguntas muy interesantes sobre lo que podr铆a significar este momento en que estamos viviendo. El neoliberalismo ya no es la descripci贸n correcta. 驴Qu茅 es? Tengo algo de escepticismo sobre el alcance de esa ruptura, pero en realidad tengo bastante curiosidad por saber lo que piensas t煤.

Los puntos que comentaba anteriormente sobre las tensiones entre el liberalismo y la democracia desde sus inicios son muy importantes. Creo que estamos viendo resurgir esta tensi贸n hoy. La visi贸n tradicional de la izquierda sobre por qu茅 un estado capitalista podr铆a simplemente aumentar continuamente su gasto de la manera que hemos visto en algunos estados durante la pandemia habr铆a sido una especie de visi贸n kaletskiana: que va a empoderar a los trabajadores e interrumpir la acumulaci贸n de capital en el favor del trabajo, que es un argumento ligeramente diferente dado el ataque contra el movimiento obrero que hemos tenido en los 煤ltimos cuarenta a帽os, pero tambi茅n dado el papel masivo que ya jugaba el estado dentro de la acumulaci贸n de capital.

La gran mentira del neoliberalismo, que se ha desvelado muchas veces, es que iba de la mano de la contracci贸n del estado, que por supuesto no fue as铆. Simplemente implic贸 una reorientaci贸n del estado y un cambio hacia el establecimiento de las reglas del juego, hacia aumentos masivos en la regulaci贸n, particularmente la regulaci贸n en el sector financiero, que era necesaria para apuntalar esa gran burbuja que vimos. No era menos estado, sino un tipo diferente de estado. Fue la erosi贸n del poder de los trabajadores y el uso del estado para impulsar el poder del capital.

Pero eso tambi茅n se asoci贸 con que el estado era m谩s visible y participada en muchos m谩s 谩mbitos de la vida. Creo que el desaf铆o actual no es necesariamente que, si gastas m谩s dinero, habr谩 m谩s empleo, inclinando la balanza a favor del trabajo. El desaf铆o actual es que un estado que est谩 haciendo muchas cosas tiene que justificar por qu茅 est谩 haciendo algunas cosas y no otras. Tiene que ser capaz de justificar eso ante una poblaci贸n que, especialmente en los lugares donde el neoliberalismo ha llegado m谩s lejos, es cada vez m谩s insegura, precaria, mal pagada y obligada a arregl谩rselas con p茅simos servicios p煤blicos. Mientras que la gente de a pie experimenta todo esto, tambi茅n observamos demostraciones masivas y muy abiertas del poder del capital con respecto al estado, ya sea que est茅n consiguiendo enormes recortes de impuestos, subsidios o lo que sea.

El desaf铆o de hoy, y la cuerda floja por la que caminan muchos pol铆ticos liberales, es entre poder satisfacer las necesidades del capital y usar el estado para satisfacer las necesidades del capital, pero al mismo tiempo tener que decir que el papel del estado debe tener l铆mites. Si estamos en un sistema democr谩tico, ellos tienen que convencer a la gente de que hay ciertas cosas que el pueblo no puede pedir. Por ejemplo, no se puede pedir que se anulen las privatizaciones, o que se deroguen las leyes antisindicales, o que saquen del mecanismo del mercado algunas de las cosas que este necesita para sobrevivir, o que se construya m谩s vivienda p煤blica. Todo esto se帽ala las dificultades que tendr谩n los liberales a la hora de legitimar el sistema a partir de ahora.

Para la izquierda, lo importante va a ser preguntar c贸mo afirmamos la democracia y nuestro derecho a decir “no”, c贸mo podemos realmente pedir estas cosas, pedir, exigir y hacer campa帽a por estas cosas. Todo lo cual nos trae nuevamente a la tensi贸n entre liberalismo y democracia.

Parece que hubo un momento durante la pandemia en que, de una manera muy clara, surgieron preguntas sobre la equidad, la justicia y qui茅n obtiene qu茅. Para la izquierda, se trata de extender ese 谩mbito de politizaci贸n en torno a cuestiones de qui茅n hace qu茅 trabajo, qu茅 formas de compensaci贸n reciben, c贸mo se clasifican, qui茅n es esencial y tambi茅n el asunto de c贸mo se deciden estas cuestiones y qui茅n las decide.

Para el liberalismo, podr铆a decirse que, a largo plazo, un desaf铆o mayor que el Covid es el ascenso de China. Por el momento, estamos viendo a Biden intentar construir un eje anti-China. Podr铆a decirse que muchas de sus concesiones en t茅rminos de aceptar, por fin, que tiene que trabajar con Europa para tomar medidas dr谩sticas contra la evasi贸n fiscal, principalmente por parte de los gigantes tecnol贸gicos de EE. UU., tiene como objetivo alentar a los pa铆ses europeos a resistir de forma m谩s agresiva el ascenso de China.

驴Cu谩les ser谩n las consecuencias para lo que algunos llaman el orden mundial basado en reglas liberales? Claramente, esta no fue una crisis que comenz贸 y termin贸 con Trump. Es algo mucho m谩s estructural. 驴C贸mo van a reaccionar y responder los liberales?

Est谩 claro que aquello de 鈥楢merica First鈥 que o铆amos bajo Trump y la manera en que este empleaba una ret贸rica que hac铆a pensar en una nueva Guerra Fr铆a con China ya exist铆an bajo Obama. Si miramos lo que Biden ha hecho hasta ahora y escuchamos la incre铆ble entrevista que dio Hillary Clinton, en que habl贸 sobre el ascenso de China y los medios de producci贸n, mientras Trump la utiliz贸 de manera muy efectiva como una herramienta ret贸rica y de movilizaci贸n ante sus votantes, est谩 claro que Biden est谩 haciendo lo mismo.

Varias de las medidas de est铆mulo se expresan en el lenguaje de la necesidad de competir con China: trasladar a suelo nacional la producci贸n de semiconductores, impedir que los fabricantes chinos se apropien de esta tecnolog铆a, proteger la propiedad intelectual, formar una mano de obra que pueda volver a capacitarse y ser competitiva en industrias de mayor valor, etc. Todo este lenguaje sobre la industria en los EE. UU., su declive y su reactivaci贸n est谩n codificados en una ret贸rica anti-china que parece venir de una hoja de ruta distribuida a los dem贸cratas en el Senado, el Congreso y la Casa Blanca.

Veo eso como algo que est谩 aqu铆 para quedarse, y no lo veo como algo positivo, a diferencia de algunos de la izquierda, que podr铆an pensar que es una forma inteligente de lograr objetivos progresistas. En realidad, lo veo como bastante caracter铆stico de la manera en que el liberalismo puede lograr y, en efecto, logra sacar partido del nacionalismo. El liberalismo no siempre ha sido una doctrina de cosmopolitas desarraigados. A menudo ha echado mano del nacionalismo para conseguir sus fines o para alcanzar el poder.

Pensando en el caso brit谩nico, abundaban los imperialistas en el Partido Liberal a principios del siglo XX. Hicieron hincapi茅 en esta idea de eficiencia despu茅s de la Segunda Guerra de los B贸ers. La clase trabajadora que fue y pele贸 en esa guerra estaba desnutrida, se consideraba demasiado baja de estatura, etc. Hubo todo tipo de quejas sobre el “linaje racial” del pueblo brit谩nico, lo que dio lugar a una serie de elementos de legislaci贸n social progresista que buscaban garantizar que se realizaran controles m茅dicos en la escuela o que se distribuyeran alimentos y leche.

Este es solo un ejemplo para hablar sobre la forma en que la idea de eficiencia y la idea de imperio pueden ser un acicate dentro del liberalismo hacia una legislaci贸n social m谩s progresista en casa. Este tipo de estrategias contra el caso del ascenso de China parece bastante consistente con, por un lado, el fin de lograr una reforma social y, por el otro, el de intensificar un proyecto imperial. Y en lugar de que los dos est茅n separados, en la historia del liberalismo, a menudo van de la mano.

No hay raz贸n alguna para aceptar esta idea hip贸crita de parte de Occidente, que es el contrincante m谩s fuerte. Otra cuesti贸n importante a considerar en estas discusiones sobre pol铆tica exterior es qui茅n es m谩s poderoso y qui茅n tiene m谩s que ganar con este moralismo en torno a la idea de democracia y derechos humanos. Desde Carter, y tal vez incluso desde antes, la respuesta es Estados Unidos. Para m谩s ejemplos, podr铆amos hablar de c贸mo esta idea se usa en otros contextos: Ir谩n, que se halla completamente rodeado por bases militares estadounidenses, Corea del Norte, China y Cuba.

Cuba, pese a un embargo econ贸mico, ya cre贸 dos vacunas gracias a un sector de biotecnolog铆a que es uno de los m谩s fuertes del mundo, a apenas noventa millas de la costa de Florida. Pero les ha sido imposible conseguir las jeringas y el equipo t茅cnico que necesitan. Es un crimen y no tiene nada que ver con las cualidades morales de ese r茅gimen.

La cuesti贸n de la pol铆tica exterior y el imperialismo liberal es fundamental para comprender toda la orientaci贸n de la izquierda. Una de las cosas tan refrescantes de Corbyn fue que represent贸 una verdadera ruptura con un Partido Laborista que siempre hab铆a sido bastante nacionalista en su perspectiva. Por supuesto, esa fue una de las cosas menos aceptables para sus correligionarios y 鈥嬧媢na de las razones por las que la derecha laborista hizo todo lo posible para tumbarlo.

Finalmente, 驴por qu茅 la izquierda no tiene su The Economist – y podemos cambiar esta realidad?

Al leer The Economist y sus archivos, queda bastante claro que la izquierda siempre se ha estado interesado por 茅l. Marx le铆a The Economist en la British Library en las d茅cadas de 1840 y 50 para intentar comprender por qu茅 las revoluciones de 1848 hab铆an fracasado. En su opini贸n, se debi贸 en parte a la mejora de las condiciones econ贸micas, lo cual confirm贸 por medio de su estudio de los precios, las citas y los 铆ndices en The Economist. Isaac Deutscher, el gran bi贸grafo de Trotsky e historiador de la Revoluci贸n rusa, en realidad escribi贸 para The Economist y fue corresponsal durante la Segunda Guerra Mundial sobre lo que estaba sucediendo en Europa del Este y Rusia.

La izquierda siempre ha mirado The Economist con cierta fascinaci贸n, as铆 que me veo a m铆 mismo como parte de esa tradici贸n que la ve como tribuna de una clase dominante liberal, de una aristocracia financiera 鈥攁s铆 la llam贸 Marx, ‘la tribuna de la aristocracia de las finanzas’鈥 para comprender la orientaci贸n pol铆tica de estos l铆deres y mercados y c贸mo cambian y se desplazan.

The Economist cumple una funci贸n particular para una clase dominante global. Siempre ha tenido una orientaci贸n internacional y siempre se ha enviado al exterior a Buenos Aires, a Par铆s, a todo tipo de ciudades del mundo interesadas en el comercio y la inversi贸n de capital extranjero. Estructuralmente, la izquierda, que es esencialmente opositora, no hegem贸nica e intenta crear una nueva modalidad pol铆tica, no podr铆a haber creado de manera org谩nica nada parecido a The Economist porque no exigir cuentas al capital como lo hace esta revista. Tal vez sea un objetivo de la izquierda ser tan comprehensiva y totalizadora como The Economist al informar sobre la actualidad del mundo entero, al pensar en las formas en que la pol铆tica interna y la pol铆tica exterior est谩n conectadas, y al ser muy inteligente y clara en las formas en que el surgimiento de los nuevos movimientos pol铆ticos de izquierda en alg煤n lugar como M茅xico o Brasil no solo va a desafiar a los capitalistas nacionales, sino a los capitalistas internacionales.

No tengo una respuesta a la pregunta de por qu茅 la izquierda no tiene nada como The Economist, pero a m铆 me parece que tiene que ver con una verdad estructural sobre la forma en que funciona la izquierda insurgente y la clase dominante. Al leer The Economist, la izquierda ha encontrado una herramienta para comprender el capital de manera clara. David Singer, un periodista de izquierda que antes trabaj贸 para The Economist, lleg贸 a decir: “en The Economist uno escucha a la clase dominante hablar consigo misma y se da cuenta de que lo hace con bastante claridad”. Quiz谩s la pregunta no sea exactamente por qu茅 la izquierda no tiene su propia versi贸n de The Economist, sino c贸mo la izquierda, al leer The Economist y tomarse en serio tanto la revista como la visi贸n del mundo que esta defiende, puede hacerse m谩s fuerte y ganar cierta aceptaci贸n en este mundo que quieren derrocar.

鈥楲iberalism at Large: The World According to the Economist鈥 se ha publicado en la editorial Verso.




Fuente: Sinpermiso.info