July 7, 2021
De parte de Asociacion Germinal
228 puntos de vista


 

Adverta: lectura no recomendada para quienes s贸lo sit煤en en la idea de destituci贸n fantasmas desestabilizadores que quitan suelo/sue帽o institucional como 煤nico en el que pisar. No recomendada tampoco para quienes no soporten cr铆tica alguna a sus creencias partidarias, ni para quienes deseen lecturas complacientes y casi en t茅rminos de reducci贸n de da帽o. Mucho menos para quienes busquen en los textos verdades reveladas.

Lectura recomendada en cambio para abismarse a pisar justito ah铆 donde un suelo pareciera desarmarse y otro inimaginable comenzase a constituirse. Recomendada tambi茅n para necesidades de percibir que en el agrietarse de lo ya conocido pueda, tal vez, asomar un m谩s ac谩 de las formas de lo vivo y un m谩s all谩 que amalgame con fuegos, azares y misterios.

80% de los franceses no tienen problemas en declarar que ya no esperan nada de los pol铆ticos, los que conf铆an en el Estado y sus instituciones no son menos del 80%. Ning煤n esc谩ndalo, ninguna evidencia, ninguna experiencia personal consigue lastimar seriamente, en este pa铆s, el respeto a la instituci贸n. Los que se llevan las culpas son siempre los hombres que la encarnan. Si hubo algo, fue error, abuso, incumplimiento excepcional. Las instituciones, similares en esto a la ideolog铆a, est谩n protegidas de lo que los hechos desmienten, incluso cuando es permanente. Bast贸 con que el Frente Nacional prometiera restaurar las instituciones para que, de alarmante, se volviera tranquilizador. No hay nada sorprendente en esto. Lo real tiene algo intr铆nsecamente ca贸tico que los humanos necesitan estabilizar imponi茅ndole una legibilidad y, con ello, una previsibilidad. Y lo que cualquier instituci贸n procura es justamente una legibilidad detenida de lo real, una estabilizaci贸n 煤ltima de los fen贸menos. Si la instituci贸n nos conforta tanto, es porque garantiza un tipo de legibilidad que nos ahorra sobre todo, a nosotros, a cada uno de nosotros, afirmar cualquier cosa, arriesgar nuestra lectura singular de la vida y de las cosas, producir en conjunto una inteligibilidad del mundo que nos sea propia y com煤n. El problema es que renunciar a hacer esto equivale simplemente a renunciar a existir. Es dimitir ante la vida. En realidad, lo que necesitamos no son instituciones, sino formas. Ahora bien, sucede que la vida, ya sea biol贸gica, singular o colectiva, es justamente creaci贸n continua de formas. Basta con percibirlas, aceptar dejarlas nacer, hacerles un sitio y acompa帽ar su metamorfosis. Una costumbre es una forma. Un pensamiento es una forma. Una amistad es una forma. Una obra es una forma. Un oficio es una forma. Todo lo que vive no es m谩s que formas e interacciones de formas.

La cosa es que estamos en Francia, el pa铆s donde incluso la Revoluci贸n se ha vuelto una instituci贸n, que ha exportado este equ铆voco a los cuatro confines del mundo. Existe una pasi贸n espec铆ficamente francesa por la instituci贸n con la cual tenemos que arreglar cuentas si es que queremos un d铆a poder volver a hablar de revoluci贸n, cuando no hacer una. Aqu铆, la m谩s libertaria de las psicoterapias ha juzgado correcto clasificarse 芦institucional禄, la m谩s cr铆tica de las sociolog铆as se ha dado el nombre de 芦an谩lisis institucional禄. Si el principio nos viene de la Roma antigua, el afecto que lo acompa帽a es de procedencia claramente cristiana. La pasi贸n francesa por la instituci贸n es el s铆ntoma flagrante de la perdurable impregnaci贸n cristiana de un pa铆s que se cree emancipado de ella. Tanto m谩s perdurable, por lo dem谩s, porque se cree emancipado de ella. Nunca hay que olvidar que el primer pensador moderno de la instituci贸n fue ese tarado de Calvino, ese modelo de todos los despreciadores de la vida, y que naci贸 en Picard铆a. La pasi贸n francesa por la instituci贸n proviene de una desconfianza propiamente cristiana hacia la vida. La gran malicia de la idea de instituci贸n es pretender que nos liberar铆a del reino de las pasiones, de las vicisitudes incontrolables de la existencia, que ser铆a un m谩s all谩 de las pasiones cuando no es sino una de ellas, y ciertamente una de las m谩s m贸rbidas. La instituci贸n pretende ser un remedio a los hombres, en quienes decididamente no se puede confiar, pueblo o dirigente, vecino, hermano o desconocido. Lo que la gobierna es siempre la misma tonter铆a de la humanidad pecadora, sometida al deseo, al ego铆smo, a la concupiscencia, que debe abstenerse de amar cualquier cosa en este mundo y ceder a sus inclinaciones uniformemente viciosas en su conjunto. No es su culpa si un economista como Fr茅d茅ric Lordon no puede imaginarse una revoluci贸n que no sea una nueva instituci贸n. Pues es toda la ciencia econ贸mica, y no solamente su corriente 芦institucionalista禄, la que se reduce en 煤ltima instancia a san Agust铆n. A trav茅s de su nombre y su lenguaje, lo que la instituci贸n promete es que una cosa, en este mundo de aqu铆, habr铆a trascendido el tiempo, se habr铆a sustra铆do del curso imprevisible del devenir, habr铆a establecido un poco de eternidad palpable, un sentido un铆voco, emancipado de los v铆nculos humanos y de las situaciones 鈥 una estabilizaci贸n de lo real definitiva como la muerte.

Todo este espejismo es el que se desvanece cuando estalla la revoluci贸n. S煤bitamente lo que parec铆a eterno se hunde en el tiempo como en un pozo sin fondo. Lo que parec铆a hundir sus ra铆ces en el coraz贸n de los hombres resulta ser s贸lo una buena f谩bula para los bobos. Los palacios se vac铆an y uno descubre en los papeles del soberano dejados en desorden que 茅l mismo no segu铆a creyendo en esto, si es que lleg贸 a creer. Pues detr谩s de la fachada de la instituci贸n, lo que se trama es siempre algo m谩s que lo que pretende ser, es incluso precisamente aquello de lo que ella pretend铆a haber emancipado al mundo: la human铆sima comedia de la coexistencia de redes, de fidelidades, de clanes, de intereses, de linajes, de dinast铆as incluso, una l贸gica de lucha encarnizada por territorios, medios, t铆tulos miserables, influencia, historias de faldas y cornamentas, viejas amistades y odios recocidos. Toda instituci贸n es, en su regularidad misma, el resultado de una intensa hojalater铆a y, en cuanto instituci贸n, del reniego de esta hojalater铆a. Su pretendida fijeza esconde un apetito glot贸n por absorber, controlar, institucionalizar todo lo que est谩 a su margen y encubre un poco de vac铆o. El verdadero modelo de toda instituci贸n es universalmente la Iglesia. Del mismo modo en que la Iglesia no tiene manifiestamente por objetivo conducir el reba帽o humano a la salvaci贸n divina, sino hacer su propia salvaci贸n en el tiempo, la funci贸n alegada de una instituci贸n es s贸lo un pretexto para su existencia. En toda instituci贸n es la Leyenda de El Gran Inquisidor lo que se repite cada a帽o. Su objetivo verdadero es planamente el de persistir. In煤til precisar todas las almas y los cuerpos que hay que triturar para llegar a este resultado, y hasta dentro de su propia jerarqu铆a. Uno no llega a ser l铆der sin ser, en el fondo, el m谩s triturado 鈥 el rey de los triturados. Reducir la delincuencia, 芦defender la sociedad禄, son s贸lo el pretexto de la instituci贸n penitenciaria. Si, desde los siglos que existe, nunca lo ha conseguido, bien al contrario, y no obstante subsiste, es que su objetivo es otro: es continuar existiendo y crecer cuanto sea posible, y para esto salvaguardar el vivero de la delincuencia y gestionar los ilegalismos. El objetivo de la instituci贸n m茅dica no es cuidar la salud de la gente, sino producir a los pacientes que justifiquen su existencia y una definici贸n de la salud correspondiente. Nada nuevo, por este lado, desde Ivan Illich y su N茅mesis m茅dica. No es el fracaso de las instituciones sanitarias lo que hemos terminado por vivir en un mundo de extremo a extremo t贸xico y que pone a todo el mundo enfermo. Es por el contrario su triunfo. El fracaso aparente de las instituciones es, la mayor铆a de las veces, su funci贸n real. Si la escuela genera repudio a aprender a los ni帽os no es de manera fortuita: ocurre que unos ni帽os que tuvieran el gusto de aprender la volver铆an casi in煤til. 脥dem para los sindicatos, cuyo objetivo no es manifiestamente la emancipaci贸n de los trabajadores, sino m谩s bien la perpetuaci贸n de su condici贸n. En efecto, 驴qu茅 podr铆an hacer con sus vidas los bur贸cratas de las centrales sindicales si los trabajadores tuvieran la mala idea de liberarse verdaderamente? Existe, por supuesto, en toda instituci贸n gente sincera que cree verdaderamente que est谩 ah铆 para cumplir su misi贸n. Pero no es una casualidad si se ve sistem谩ticamente ante caminos repletos de trabas, es sistem谩ticamente apartada, castigada, hostigada, condenada pronto al ostracismo, con la complicidad de todos los 芦realistas禄 que se quedan callados. Estas v铆ctimas privilegiadas de la instituci贸n tienen muchos problemas para comprender su doble lenguaje, y lo que ella en verdad les exige. Su destino consiste en ser tratados en su interior como aguafiestas, como rebeldes, y en sorprenderse de esto eternamente.

Contra la m谩s m铆nima posibilidad revolucionaria en Francia, se encontrar谩 siempre la instituci贸n del Yo y el Yo de la instituci贸n. En la medida en que 芦ser alguien禄 socialmente se reduce siempre, en 煤ltima instancia, al reconocimiento de, a la lealtad a alguna instituci贸n, en la medida en que tener 茅xito sea conformarse al reflejo que se te estira en los palacios de hielo del juego social, la instituci贸n aferra a cada uno por medio del Yo. Todo esto no podr铆a durar, estar铆a sin duda demasiado congelado, demasiado poco din谩mico, si la instituci贸n no se empe帽ara a compensar su rigidez por medio de una atenci贸n constante a los movimientos que la trastornan. Existe una dial茅ctica perversa entre instituci贸n y movimientos, que testimonia su f茅rreo instinto de supervivencia. Una realidad tan vieja, masiva, hier谩tica, inscrita en los cuerpos y las mentes de sus s煤bditos desde hace centenas de a帽os, el Estado franc茅s no habr铆a podido durar tanto tiempo si no hubiera sabido tolerar, observar y recuperar paso a paso a cr铆ticos y revolucionarios. El ritual carnavalesco de los movimientos sociales funciona aqu铆 como una v谩lvula de seguridad, como un instrumento de gesti贸n de lo social y al mismo tiempo de renovaci贸n de la instituci贸n. Los movimientos sociales le aportan la agilidad, la carne fresca, la sangre nueva que de forma tan cruel le hacen falta. Generaci贸n tras generaci贸n, con su gran juicio, el Estado ha sabido cooptar a los que se mostraban dispuestos a dejarse comprar, y aplastar a los que se las daban de irreductibles. No es por nada que una gran cantidad de viejos cabecillas de movimientos estudiantiles han accedido de manera tan natural a cargos ministeriales. Se trata en efecto de gente que s贸lo puede tener el sentido del Estado, es decir, el sentido de la instituci贸n como m谩scara.

Quebrar el c铆rculo que hace de su contestaci贸n el aliado de lo que domina, marcar una ruptura en la fatalidad que condena a las revoluciones a reproducir lo que echan fuera, romper la jaula de hierro de la contrarrevoluci贸n, tal es la vocaci贸n de la destituci贸n. La noci贸n de destituci贸n es necesaria para liberar el imaginario revolucionario de todos los viejos fantasmas constituyentes que lo entorpecen, de toda la herencia enga帽osa de la Revoluci贸n Francesa. Es necesaria para hacer un corte en el seno de la l贸gica revolucionaria, para operar una partici贸n en el interior mismo de la idea de insurrecci贸n. Pues existen las insurrecciones constituyentes, las que terminan como han terminado todas las revoluciones hasta este d铆a: volc谩ndose en su contrario, aquellas que se hacen 芦en nombre de鈥β 鈥 驴en nombre de qui茅n? El pueblo, la clase obrera o Dios, poco importa. Y existen las insurrecciones destituyentes, como lo fueron mayo de 1968, el mayo rampante italiano y una gran cantidad de comunas insurreccionales. A pesar de todo lo bello, vivo, inesperado que pudo pasar en 茅l, Nuit Debout, del mismo modo en que antes el movimiento de las plazas espa帽ol u Occupy Wall Street, manten铆a todav铆a el viejo prurito constituyente. Lo que con 茅l se puso espont谩neamente en escena no fue otra cosa que la vieja dial茅ctica que pretende oponer a los 芦poderes constituidos禄 el 芦poder constituyente禄 del pueblo con la invasi贸n del espacio p煤blico. No es por nada que en las tres primeras semanas de Nuit Debout, en plaza de la Rep煤blica, no menos de tres comisiones hayan aparecido que se atribu铆an la misi贸n de reescribir una Constituci贸n. Lo que aqu铆 se repite es el mismo debate constitucional que se juega con ventanas cerradas en Francia desde 1792. Y parece que algunos no se cansan de esto. Es un deporte nacional. Ni siquiera se necesita refrescar la escenificaci贸n para volver a ponerlo al gusto del d铆a. Hace falta decir que la idea de reforma constitucional presenta la ventaja de satisfacer a la vez el deseo de cambiarlo todo y el deseo de no cambiar nada 鈥 no son, finalmente, m谩s que algunas l铆neas, modificaciones simb贸licas. En la medida en que se debatan palabras, en la medida en que la revoluci贸n se formule en el lenguaje del derecho y de la ley, las v铆as de su neutralizaci贸n son conocidas y est谩n preparadas.

Cuando marxistas sinceros proclaman en un panfleto sindical 芦隆nosotros somos el poder real!禄, es una vez m谩s la misma ficci贸n constituyente la que opera, y que nos aleja de un pensamiento estrat茅gico. El aura revolucionaria de esta vieja l贸gica es tal que en su nombre las peores mistificaciones consiguen hacerse pasar por evidencias. 芦Hablar de poder constituyente es hablar de democracia禄. Es con esta mentira hilarante como Toni Negri inicia su libro sobre el tema, y no est谩 solo para pregonar este g茅nero de estupideces al margen del buen sentido. Basta con haber abierto la Teor铆a de la constituci贸n de Carl Schmitt, a quien no se lo cuenta precisamente entre los grandes amigos de la democracia, para darse cuenta de lo contrario. La ficci贸n del poder constituyente conviene de igual modo tanto a la monarqu铆a como a la dictadura. 芦En nombre del pueblo禄, 驴este lindo eslogan presidencial no dice nada a nadie? Uno se averg眉enza de tener que recordar que el abate Si茅y猫s, el inventor de la funesta distinci贸n entre poder constituyente y poder constituido, este truco de magia de genio, nunca fue un dem贸crata. 驴Acaso no dec铆a 茅l, en su famoso discurso del 7 de septiembre de 1789: 芦Los ciudadanos que se nombran a representantes renuncian y deben renunciar a hacer ellos mismos la ley; no tienen voluntad particular que imponer. Si dictaran voluntades, Francia no ser铆a ya este Estado representativo; ser铆a un Estado democr谩tico. El pueblo, lo repito, en un pa铆s que no es democracia (y Francia no sabr铆a serlo), el pueblo no puede hablar, no puede actuar m谩s que mediante sus representantes禄? Si hablar de 芦poder constituyente禄 no es forzosamente hablar de 芦democracia禄, 茅stas son dos nociones que conducen siempre, tanto una como otra, las revoluciones a un callej贸n sin salida.

Destituere en lat铆n significa: poner de pie aparte, erigir aisladamente; abandonar; apartar, dejar caer, suprimir; decepcionar, enga帽ar. En donde la l贸gica constituyente viene a estrellarse contra el aparato del poder, cuyo control intenta tomar, una potencia destituyente se preocupa m谩s bien por escap谩rsele, le retira toda posibilidad de dejarse tomar por 茅l, en la misma medida en que gana en toma sobre el mundo, que al margen ella forma. Su gesto propio es la salida, tanto como el gesto constituyente es t铆picamente la toma por asalto. En una l贸gica destituyente, la lucha contra el Estado y el capital vale en primer lugar por la salida de la normalidad capitalista que en ella se vive, por la deserci贸n de las relaciones de mierda consigo mismo, con los otros y con el mundo que en ella se experimenta. As铆 pues, en donde los constituyentes se colocan en una relaci贸n dial茅ctica de lucha con lo que reina para apoderarse de ello, la l贸gica destituyente obedece a la necesidad vital de desprenderse de ello. No renuncia a la lucha, se apega a su positividad. No se ajusta a los movimientos del adversario, sino a lo que requiere el incremento de su propia potencia. No tiene que ver, por tanto, con criticar: 芦Ocurre que o bien se sale de inmediato, sin perder el tiempo criticando, sencillamente porque uno se coloca en un lugar distinto a la regi贸n del adversario, o bien se critica, se conserva un pie adentro, mientras que se tiene el otro fuera. Hace falta saltar fuera y danzar por encima禄, como lo explica Jean-Fran莽ois Lyotard para saludar el gesto de El Anti-Edipo de Deleuze y Guattari. Por otro lado, Deleuze anotaba lo siguiente: 芦Se reconoce de modo sumario a un marxista en que dice que una sociedad se contradice, se define por sus contradicciones, y particularmente sus contradicciones de clase. Nosotros decimos m谩s bien que, en una sociedad, todo se fuga, y que una sociedad se define por sus l铆neas de fuga. [鈥 Fugarse, pero al fugarse, buscar un arma禄. La cuesti贸n no es luchar por el comunismo. Lo que importa es el comunismo que se vive en la lucha misma. La verdadera fecundidad de una acci贸n reside en el interior de s铆 misma. Esto no significa que no exista, para nosotros, una cuesti贸n de eficacia constatable de una acci贸n. Significa que la potencia de impacto de una acci贸n no reside en sus efectos, sino en lo que se expresa inmediatamente en ella. Lo que se edifica sobre la sola base del esfuerzo acaba siempre por derrumbarse por causa de agotamiento. De forma t铆pica, la operaci贸n que el cortejo de cabeza hizo sufrir al dispositivo procesional de la manifestaci贸n sindical es una operaci贸n de destituci贸n. Con la alegr铆a vital que expresaba, con la agudeza de su gesto, con su determinaci贸n, con su car谩cter afirmativo tanto como ofensivo, el cortejo de cabeza atrajo hacia s铆 mismo todo lo que continuaba vivo en las filas militantes y destituy贸 la manifestaci贸n como instituci贸n. No con la cr铆tica del resto de la marcha, sino haciendo un uso distinto al simb贸lico del hecho de tomar la calle. Sustraerse de las instituciones es todo salvo dejar un vac铆o, es positivamente ahogarlas.

Para empezar, destituir no es atacar la instituci贸n, sino la necesidad que tenemos de ella. No es criticarla 鈥攍os primeros cr铆ticos del Estado son los propios funcionarios; en cuanto al militante, cuanto m谩s critica el poder, m谩s lo desea y m谩s desconoce su deseo鈥, sino poner todo el empe帽o en lo que ella supuestamente hace, fuera de ella. Destituir la universidad es establecer lejos de ella lugares de investigaci贸n, de formaci贸n y de pensamiento m谩s vivos y m谩s exigentes de lo que ella no es 鈥攏o es dif铆cil鈥, ver afluir aqu铆 los 煤ltimos esp铆ritus vigorosos cansados de frecuentar a los zombis acad茅micos, y solamente entonces darle el golpe de gracia. Destituir la justicia es aprender a arreglar nosotros mismos nuestros desacuerdos, y aportarles algo de m茅todo, paralizar su facultad de juzgar y ahuyentar a sus esbirros de nuestras vidas. Destituir la medicina es saber lo que es bueno para nosotros y lo que nos enferma, arrancar a la instituci贸n los saberes apasionados que sobreviven en el caj贸n y no encontrarse ya nunca solo, en el hospital, con el cuerpo entregado a la soberan铆a art铆stica de un cirujano desde帽oso. Destituir el gobierno es hacerse ingobernables. 驴Qui茅n habl贸 de vencer? Superar lo es todo.

El gesto destituyente no se opone a la instituci贸n, no dirige contra ella una lucha frontal, la neutraliza, la vac铆a de su sustancia, marca un paso de distancia y la mira expirar. La reduce al conjunto incoherente de sus pr谩cticas y hace un corte en medio ellas. Un buen ejemplo del car谩cter indirecto de la acci贸n de una potencia destituyente es el modo en que el partido entonces en el poder, el Partido Socialista, fue arrastrado en el verano de 2016 a anular su universidad anual en Nantes. Lo que se constituy贸 en junio en Nantes en el n煤cleo de la asamblea 芦脌 l鈥檃bordage !禄 realiz贸 lo que el cortejo de cabeza no hab铆a conseguido hacer durante todo el conflicto de la primavera: llevar los componentes heterog茅neos de la lucha a encontrarse y a organizarse juntos m谩s all谩 de una temporalidad de movimiento. Sindicalistas, nuitdeboutistas, estudiantes, zadistas, universitarios, jubilados, miembros de asociaciones y otros artistas se pusieron a preparar, para el PS, un comit茅 de bienvenida bien merecida. Los riesgos eran grandes, para el gobierno, de que renaciera all铆, con un grado de organizaci贸n superior, la peque帽a potencia destituyente que le hab铆a amargado la vida durante toda la primavera. Los esfuerzos convergentes de las centrales sindicales, la polic铆a y las vacaciones para enterrar el conflicto habr铆an sido en vano. El PS se retir贸 entonces y renunci贸 a librar batalla ante la amenaza que representaban la positividad misma de los v铆nculos que conformaron la asamblea 芦脌 l鈥檃bordage禄 y la determinaci贸n que de ella emanaba. De forma id茅ntica, la potencia de los v铆nculos que se articulan en torno a la ZAD es lo que la protege, y no su fuerza militar. Las m谩s hermosas victorias destituyentes suelen ser aquellas en que simplemente la batalla nunca tiene lugar.

Fernand Deligny dec铆a: 芦Para luchar contra el lenguaje y la instituci贸n, la clave es tal vez no luchar contra, sino tomar la mayor distancia posible, a riesgo de se帽alar su posici贸n. 驴Por qu茅 ir铆amos a pegarnos contra la pared? Nuestro proyecto no es el de ocupar la plaza禄. Deligny era manifiestamente lo que Toni Negri vomita como 芦un destituyente禄. Constatando a d贸nde lleva la l贸gica constituyente de combinaci贸n de los movimientos sociales con un partido que apunta a tomar el poder, la destituci贸n tiene que ser el buen partido. Se habr谩 visto as铆, en los 煤ltimos a帽os, a Syriza, esa formaci贸n 芦salida del movimiento de las plazas禄, hacerse el mejor retransmisor de las pol铆ticas de austeridad de la Uni贸n Europea. En cuanto a Podemos, todos habr谩n podido apreciar la radical novedad de las peleas por el control de su aparato que enfrentaron a su n煤mero 1 y su n煤mero 2. Y c贸mo olvidar el enternecedor discurso de Pablo Iglesias durante la campa帽a legislativa de junio de 2016: 芦Somos la fuerza pol铆tica de la ley y el orden. [鈥 Estamos orgullosos de decir 鈥減atria鈥. [鈥 Porque la patria tiene instituciones que permiten a los ni帽os ir al teatro y a la escuela. Es por esto que somos los guardianes de la instituci贸n, los guardianes de la ley, porque los humildes s贸lo tienen la ley y el derecho禄. O esta edificante perorata de marzo de 2015, en Andaluc铆a: 芦Quiero hacer un homenaje: 隆vivan los militares dem贸cratas! Viva la Guardia Civil, esos polic铆as que ponen las esposas a los corruptos禄. Las 煤ltimas lamentables intrigas politiqueras que conforman a partir ahora la vida de Podemos han arrancado a algunos de sus miembros esta constataci贸n amarga: 芦Quer铆an tomar el poder, y es el poder el que los ha tomado禄. En cuanto a los 芦movimientos ciudadanos禄 que pretendieron 芦okupar el poder禄 apoder谩ndose por ejemplo del ayuntamiento de Barcelona, les han confiado ya a sus viejos amigos de las okupas aquello que todav铆a no pueden declarar en p煤blico: tras acceder a las instituciones, sin duda 芦tomaron el poder禄, pero desde aqu铆 no pueden nada 鈥 salvo frustrar algunos proyectos hoteleros, legalizar una o dos okupas y recibir a lo grande a Anne Hidalgo, la alcaldesa de Par铆s.

La destituci贸n permite repensar lo que se entiende por revoluci贸n. El programa revolucionario tradicional consist铆a en tomar de nuevo en sus manos el mundo, en una expropiaci贸n de los expropiadores, en una apropiaci贸n violenta de lo que es nuestro, pero de lo cual se nos hab铆a privado. Pero hay un problema: el capital se ha apoderado de cada detalle y de cada dimensi贸n de la existencia. Ha hecho un mundo a su imagen. De explotaci贸n de las formas de vida existentes, se ha transformado en universo total. Ha configurado, equipado y vuelto deseables las maneras de hablar, pensar, comer, trabajar, salir de vacaciones, obedecer y rebelarse que le convienen. Haciendo esto, ha reducido a casi nada el trozo de lo que uno podr铆a, en este mundo, querer reapropiarse. 驴Qui茅n quiere reapropiarse las centrales nucleares, los almacenes de Amazon, las autopistas, las agencias de publicidad, los trenes de alta velocidad, Dassault, La D茅fense, las firmas de auditor铆a, las nanotecnolog铆as, los supermercados y sus mercanc铆as envenenadas? 驴Qui茅n contempla una recuperaci贸n popular de las explotaciones agr铆colas industriales en las que un solo hombre explota 400 hect谩reas de tierras erosionadas al volante de su megatractor pilotado v铆a sat茅lite? Nadie sensato. Lo que complica la tarea a los revolucionarios es que aqu铆 tambi茅n el viejo gesto constituyente ya no funciona. Tanto es as铆 que los m谩s desesperados, los m谩s empe帽ados en querer salvarlo, han encontrado finalmente la artima帽a: para acabar con el capitalismo 隆basta con reapropiarse el dinero mismo! Un negrista deduce esto del conflicto de la primavera de 2016: 芦Nuestro objetivo es el siguiente: 隆transformaci贸n de los r铆os de dinero-mando que salen de los grifos del BCE en dinero como dinero, renta b谩sica social incondicional! Hacer que vuelvan a descender los para铆sos fiscales a la Tierra, atacar las fortalezas de las finanzas offshore, confiscar los dep贸sitos de las rentas l铆quidas, garantizar a todas y todos el uso de la clave de acceso al mundo de la mercanc铆a 鈥 el mundo en el cual realmente vivimos, nos guste o no. 隆El 煤nico universalismo que nos gusta es el del dinero! 隆Quien quiera tomar el poder que comience tomando el dinero! 隆Quien quiera instituir los commons del contra-poder, que comience asegurando las condiciones materiales a partir de las cuales esos contra-poderes pueden efectivamente ser construidos! 隆Quien quiera el 茅xodo destituyente, que considere las posibilidades objetivas de sustracci贸n a la producci贸n de las relaciones sociales dominantes inherentes a la posesi贸n de dinero! 隆Quien quiera la huelga general y renovable, que reflexione en los m谩rgenes de autonom铆a salarial concedidos por una socializaci贸n de la renta m铆nima digna de este nombre! 隆Quien quiera la insurrecci贸n de los subalternos, que no olvide la potente promesa de liberaci贸n contenida en la consigna 鈥淭omemos el dinero鈥!禄. El revolucionario que estime su salud mental, antes que llegar a tales extremos discursivos, puede 煤nicamente dejar detr谩s suyo la l贸gica constituyente y sus r铆os imaginarios de dinero.

El gesto revolucionario no consiste ya, pues, a partir de ahora, en una simple apropiaci贸n violenta de este mundo; el gesto se desdobla. Por un lado, hay mundos que hacer, formas de vida que hacer crecer a la distancia de lo que reina, incluyendo a la distancia de lo que se pueda recuperar del estado de cosas actual, y por el otro, hay que atacar, hay que puramente destruir el mundo del capital. Doble gesto que a su vez se desdobla: evidentemente, los mundos que se construyen s贸lo mantienen su distancia con respecto al capital por la complicidad en el hecho de atacarlo y de conspirar en contra suya, evidentemente, ataques que no llevar铆an en su coraz贸n otra idea vivida del mundo no tendr铆an ning煤n alcance real, se agotar铆an en un activismo est茅ril. En la destrucci贸n se construye la complicidad a partir de la cual se construye lo que conforma el sentido de destruir. Y viceversa. Es solamente desde un punto de vista destituyente como se puede aferrar todo lo que hay de incre铆blemente constructivo en los actos de destrucci贸n. Sin esto no se comprender铆a que un pedazo entero de manifestaci贸n sindical pueda aplaudir o cantar cuando finalmente cede y se derriba el escaparate de un concesionario automovil铆stico o cuando es reducido a pedazos algo de mobiliario urbano. Ni que parezca tan natural para un cortejo de cabeza de 10 000 personas romper todo lo que merece serlo, e incluso un poco m谩s, a lo largo del recorrido de una manifestaci贸n como la del 14 junio de 2016 en Par铆s. Ni que toda la ret贸rica antiv谩ndalos del aparato de gobierno, tan perfeccionada y en tiempo normal tan eficaz, no dej贸 de resbalarse sin convencer a nadie. Los destrozos se comprenden, entre otras cosas, como un debate abierto en p煤blico sobre la cuesti贸n de la propiedad. Hace falta darle la vuelta al reproche de mala fe 芦rompen lo que no es suyo禄. 驴C贸mo quieres romper algo si, en el momento de romperlo, la cosa no est谩 en tus manos, no es, en cierto sentido, tuyo? Recordemos el C贸digo Civil: 芦En materia de muebles, la posesi贸n vale por t铆tulo禄. Precisamente, aquel que rompe no se entrega a un acto de negaci贸n, sino a una afirmaci贸n parad贸jica, contraintuitiva. Afirma en contra de las evidencias establecidas: 芦隆Esto es nuestro!禄. Los destrozos, por tanto, son afirmaci贸n y apropiaci贸n. Manifiestan el car谩cter problem谩tico del r茅gimen de la propiedad que rige ahora todas las cosas. O al menos abre el debate a prop贸sito de este punto espinoso. Y apenas existe otro modo distinto de emprenderlo, en la medida en que uno se apresura a cerrarlo desde que es abierto pac铆ficamente. Todos habr谩n notado, por lo dem谩s, hasta qu茅 punto el conflicto de la primavera de 2016 habr谩 sido un divino intermedio en el proceso de putrefacci贸n del debate p煤blico.

Nada salvo una afirmaci贸n tiene la potencia de cumplir la obra de la destrucci贸n. El gesto destituyente es por tanto deserci贸n y ataque, elaboraci贸n y saqueo, y esto en un mismo gesto. Desaf铆a en el mismo instante las l贸gicas admitidas de la alternativa y del activismo. Lo que se juega en 茅l es un anudamiento entre el tiempo largo de la construcci贸n y el m谩s entrecortado de la intervenci贸n, entre la disposici贸n a disfrutar de nuestro pedazo de mundo y la disposici贸n a ponerlo en juego. Con el gusto de correr riesgos se pierden las razones de vivir. La comodidad, que aten煤a las percepciones, se deleita de repetir palabras a las que vac铆a de sentido y prefiere no saber nada, es su verdadero enemigo, su enemigo interno. No es cuesti贸n, aqu铆, de un nuevo contrato social, sino de una nueva composici贸n estrat茅gica de los mundos.

El comunismo es el movimiento real que destituye el estado de cosas existente.

Publicado en el libro Ahora / Maintenant Pepitas de calabaza, traducci贸n Diego Luis Sanrom谩n, 2017.

Publicado tambi茅n en https://tiqqunim.blogspot.com/2018/06/ahora-comite-invisible.html




Fuente: Asociaciongerminal.org