July 17, 2021
De parte de La Haine
300 puntos de vista


Desde la l贸gica de la historia, Fidel Castro y las decenas de Pinochet no son la misma cosa, aunque en el lenguaje occidentalizado se etiqueta a los dos como dictadores

En 1997 un amigo cubano me dijo 鈥淔idel es un dictador, mas no un tirano鈥. Est谩bamos en una provincia de Mozambique donde 茅l trabajaba como m茅dico y yo como arquitecto. Esa tarde, en un patio de tierra roja africana, no comprend铆 su idea. Parec铆a contradictoria. Por alguna raz贸n, nunca la olvid茅 hasta que, unos a帽os despu茅s, revisando documentos desclasificados, pens茅 que Washington no era una dictadura, pero s铆 una tiran铆a. 

La trampa de palabras no estaba en la aparente contradicci贸n de la frase de Javier sino en el habitual enga帽o que llevan los ideol茅xicos, por ejemplo, cuando palabras como 鈥渄emocracia鈥 o 鈥渄ictadura鈥 se usan como si fuesen la Luna y el Sol: dos cuerpos claramente diferenciados, pero no la 煤nica luna ni el 煤nico sol del Universo.

De esa forma, una potencia hegem贸nica que dicta su voluntad fuera de fronteras y carece de igual representaci贸n para todos sus ciudadanos (sobre todo para quienes no son millonarios) como EEUU, un r茅gimen paramilitar como el colombiano, un neoliberalismo impuesto con sangre, como el chileno, o un sistema como el noruego o el island茅s se llaman por igual 鈥渄emocracias鈥. Por razones estrat茅gicas, no se llama 鈥渃apitalismo鈥 a Hait铆 o a Honduras, aunque sean m谩s capitalistas que EEUU. Est谩 de m谩s insistir que no es el capitalismo, sino la hegemon铆a la que define el poder y la riqueza de un pa铆s. 

Theodore Roosevelt, entre muchos otros, lo puso de forma m谩s clara: 鈥La democracia de este siglo no necesita m谩s justificaci贸n para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo鈥. Esa democracia se fue adaptando una y mil veces para servir a una minor铆a, ya no tan blanca pero s铆 econ贸mica y financieramente dominante.

S贸lo un ejemplo: en las democracias formales, las clases dominantes no censuran como en una dictadura tradicional; se reduce a los cr铆ticos al silencio de los grandes medios o, cuando estos trascienden de alguna forma, se los demoniza como en tiempos de la Inquisici贸n. La l贸gica es simple: en las democracias formales, al uno por ciento le basta con convencer a la mitad m谩s uno de los votantes para mantenerse en el poder pol铆tico. Tarea nada dif铆cil cuando, por ejemplo, se mete a Dios en el paquete de sus 鈥渧alores y principios鈥.

Pero los de arriba no dependen de la mitad de abajo para mantenerse en el poder econ贸mico. S贸lo cuando ese poder est谩 en cuestionamiento, la democracia formal es r谩pidamente reemplazada por dictaduras fascistas, como las apoyadas por Washington y las transnacionales a lo largo de una larga historia.

Hasta mediados del siglo XIX, los esclavistas hab铆an logrado convencer a una mayor铆a que la esclavitud era el mejor r茅gimen para expandir la libertad y la civilizaci贸n. Cuando la democracia se hizo inevitable, la secuestraron con ideas similares: la riqueza de los ricos es la mejor forma de expandir el bienestar y la libertad de los pobres. 

Aun as铆, esa idea vaga y contradictoria que llamamos 鈥渄emocracia鈥 sigue siendo la mejor utop铆a y el mejor recurso de los de abajo. Pero que quede claro: ninguna, por chueca que sea, existe gracias a los poderosos de turno, sino a pesar de ellos. Lo mismo los derechos y las libertades individuales y colectivas; todas son producto de interminables (y demonizadas) luchas de los de abajo.

En EEUU, los principios racistas y clasistas, banderas de la derrotada Confederaci贸n, se consolidaron fronteras adentro y se extendieron a Am茅rica latina, donde impusieron decenas de brutales dictaduras, siempre en complicidad con la eterna oligarqu铆a criolla, generaciones antes de que apareciera la maravillosa excusa del comunismo. 

Desde entonces, Washington y las megacorporaciones han sido los principales promotores del comunismo y de otras alternativas de izquierda en el continente. Uno de los primeros casos se remonta a los a帽os 30 con las masacres de indios y campesinos en El Salvador, pero el pie en el acelerador ocurre luego de la Segunda Guerra, cuando el m谩s importante aliado de EEUU, la Uni贸n Sovi茅tica, se convierte en el 煤nico opositor con poder y en inspiraci贸n para el Tercer Mundo contra la vieja tiran铆a anglosajona. Es en este momento cuando nace la CIA (1947) y, poco despu茅s crean, entre muchos otros y sin advertirlo, al Che Guevara. 

Cuando la CIA y la UFCo [United Fruit Company] lograron destruir 鈥渆l r茅gimen comunista” de Jacobo Arbenz en 1954, uno de los 煤nicos indicios de democracia en la regi贸n, el joven m茅dico Ernesto Guevara debi贸 huir a M茅xico, donde se encontr贸 con otros exiliados, los hermanos Ra煤l y Fidel Castro.

Cuando la Revoluci贸n cubana triunf贸 en 1959, Guevara advirti贸: 鈥淐uba no ser谩 otra Guatemala鈥. Es decir, su independencia del imperio estadounidense no ser铆a boicoteada con bombardeos medi谩ticos primero, movilizaciones inducidas y ataques militares despu茅s, como en Ir谩n, como en Guatemala. Cuando cuatro meses despu茅s Fidel Castro visit贸 la Casa Blanca para confirmar las relaciones comerciales y diplom谩ticas con Washington, Nixon, Eisenhower y la CIA ya ten铆an otra invasi贸n en mente.

La costumbre de derrocar alternativas independentistas era tan larga y la arrogancia por una abrumadora fuerza militar y medi谩tica tan ciega, que no pudieron prever ni una derrota vergonzosa [como la reciente en Corea] ni un trauma insuperable en Bah铆a Cochinos. El agente de la CIA encargado de las operaciones de Guatemala y Cuba, David Atlee Phillips escribi贸 que el problema del fracaso fue que El Che y Castro hab铆an aprendido de la historia y Washington no. 

Pero el Che Guevara es descrito como un asesino sin misericordia por haber ordenado la ejecuci贸n sumaria de 200 criminales ]y torturadores] del r茅gimen de Batista (la misma CIA inform贸 que ni por lejos se aproxim贸 al n煤mero de ejecutados por el r茅gimen anterior) mientras que los terroristas cubanos como Posada Carriles, Orlando Bosch y tantos otros que se dedicaron a poner bombas en aviones, barcos, hoteles, en autos diplom谩ticos, como el de Orlando Letelier [en el propio Washington] y colaboraron con mafias genocidas de todo tipo, como la misma Operaci贸n C贸ndor, fueron protegidos por Washington.

Las masacres de cientos de miles de v铆ctimas en unas pocas d茅cadas s贸lo en Am茅rica Central por la gracia de Washington y la CIA fueron para llevar la paz, la democracia y la libertad a esas tierras.

La misma pr谩ctica, los mismos intereses, el mismo discurso de los esclavistas del siglo anterior con nuevos ideol茅xicos. Desde la l贸gica de la historia, Fidel Castro y las decenas de Augusto Pinochet no son la misma cosa, aunque en el lenguaje idealizado se puedan etiquetar a los dos como dictadores. Tambi茅n Cuba y el Che son consecuencia directa del imperialismo de Washington, pero por razones opuestas. Hasta un candidato a la presidencia, el conservador republicano Ron Paul lo reconoci贸 as铆 antes de ser abucheado como el Diablo en Miami. 

Por esa raz贸n, aunque seg煤n todos los est谩ndares occidentales se puede decir que Cuba es una dictadura, es necesario recordar que EEUU es la tiran铆a que la cre贸, una tiran铆a brutal que lleva por lo menos doscientos a帽os. Cuba fue la primera gran derrota de esa arrogancia y, por alguna raz贸n, ha sabido resistir 60 a帽os. 

驴Es necesaria una dictadura para lograr vencer a la tiran铆a de dos siglos? Por todas estas razones, aunque (o porque) somos dem贸cratas radicales, no vamos a salir a tirar piedras sobre la isla estrangulada en nombre de la libertad. Jam谩s podr铆amos estar del lado de los mercenarios ni de los adulones, muchos de ellos ex comunistas que cambiaron de ideolog铆a apenas cambiaron de pa铆s y de residencia, porque no bastaba con el auto y la casita con c茅sped en Miami, sino que hab铆a que calmar la conciencia tambi茅n, vendi茅ndola a un precio muy bajito.

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Para m谩s detalles, ver su 煤ltimo libro La frontera Salvaje. 200 a帽os de fanatismo anglosaj贸n en Am茅rica latina. https://www.youtube.com/watch?v=ujyQmseHva0

La Haine




Fuente: Lahaine.org