May 15, 2021
De parte de SAS Madrid
113 puntos de vista


Algunas de las reivindicaciones han entrado en la agenda pol铆tica pero, al mismo tiempo, la precariedad, el paro y la desigualdad, acentuadas por la pandemia, siguen machacando la vida de millones de personas.

Las plazas, los gritos, los silencios, las manos en alto, la democracia real ya, el 鈥渘o nos representan鈥, acampadas j贸venes en la Puerta del Sol y la plaza Catalunya, el clamor contra una clase pol铆tica entregada a los poderes econ贸micos, la organizaci贸n a trav茅s de las redes, la ilusi贸n de un cambio profundo. Han pasado diez a帽os del 15-M, que se extendi贸 por toda Espa帽a y tuvo eco en todo el mundo. 鈥淪i en el 15-M de 2011 hab铆a lo que se llamaba 鈥榠ndignaci贸n鈥, ahora hay mucha desesperaci贸n. Agotamiento. Rabia. Depresi贸n鈥. La fil贸sofa Marina Garc茅s resume as铆 el nuevo rostro del malestar de las calles, que han visto c贸mo algunas de sus reivindicaciones entran en la agenda pol铆tica pero, al mismo tiempo, la precariedad, el paro y la desigualdad, acentuadas por la pandemia, siguen machacando la vida de millones de personas. La marcha de Pablo Iglesias de la pol铆tica activa puede ser una met谩fora del devenir de estos 煤ltimos diez a帽os.

La pol铆tica en las calles ha seguido organiz谩ndose en plataformas por la vivienda o asambleas de barrio, y parte de aquella agenda 鈥揷ontra la precariedad, por una vivienda digna o la igualdad salarial entre hombres y mujeres鈥 ha entrado en el Congreso con el fin del bipartidismo. El feminismo ha liderado otra gran revoluci贸n a escala global que est谩 cambiando el relato y luchando contra los maltratos y abusos que estaban normalizados, se habla m谩s que nunca de precariedad juvenil y de universalizar el acceso a la vivienda digna.

Pero el paro a煤n es estructural en Espa帽a 鈥揷on un 16% y un 39% en menores de 25 a帽os鈥, cuatro millones de personas sufren pobreza extrema y las mujeres todav铆a cobran un 27,6% menos que los hombres, adem谩s de cargar con la mayor parte de los cuidados familiares. En el otro lado, la extrema derecha se ha asentado con un discurso de odio legitimado por grandes medios y por la derecha tradicional, que no solo quiere frenar los avances, sino atacar  los derechos fundamentales de los m谩s vulnerables.

A la espera de que el gobierno de PSOE y Unidas Podemos sea capaz de derogar la reforma laboral, crear empleo y socializar la recuperaci贸n econ贸mica de la mano de las transformaciones econ贸mica y ecol贸gica con la ayuda de los inminentes fondos europeos, los movimientos sociales y los colectivos m谩s afectados no pueden esperar m谩s. Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) prev茅 un estallido social cuando se supere la pandemia 鈥揷alculan que ocurrir谩 en verano de 2022鈥, en Espa帽a las redes vecinales (que han repartido comida y otro tipo de ayudas a decenas de miles de personas durante este tiempo) y las protestas contra las condenas a Pablo Has茅l y los l铆deres del proc茅s en Catalunya auguran una avanzadilla que podr铆a coincidir con el aniversario del 15-M, ahora con Barcelona como epicentro. Todas las personas entrevistadas para este reportaje tienen sus dudas sobre la capacidad de las calles de volver a gritar tan fuerte y unida.

Fabio G谩ndara, que ahora se dedica a la comunicaci贸n social con ONG y fundaciones, particip贸 del 15-M antes de que fuera 15-M. 鈥溍塺amos unos pocos blogueros que nos unimos a trav茅s de las redes sociales y primero apoyamos la convocatoria en abril de Juventud Sin Futuro. Acordamos el 15 de mayo como fecha de movilizaci贸n y ten铆amos cierto nerviosismo con respecto al hecho de que aquello que naciera en las redes tuviera eco en la vida real. Fue una gran alegr铆a que as铆 fuera鈥, rememora el activista, que cre贸 en su d铆a el grupo de Facebook Plataforma de coordinaci贸n de grupos pro-movilizaci贸n ciudadana.

Corr铆a mayo de 2011 y el presidente del Gobierno, Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero, ced铆a a las presiones de la Uni贸n Europea para aplicar pol铆ticas de austeridad. M谩s de seis millones de personas, seg煤n una encuesta de Ipsos, participaron de alguna forma en el 15-M, movimiento que un 76% de los encuestados consideraba razonable, y que lleg贸 a reunir a decenas de miles de personas en las principales ciudades del pa铆s. Aun as铆, meses despu茅s, el Ejecutivo hizo caso omiso a las calles y modific贸 el art铆culo 135 de la Constituci贸n para adaptar el gasto p煤blico a los c谩nones de austeridad que marcaba Europa. 

Inicios del 15-M

Rafa Mayoral, hoy secretario de Relaci贸n con la Sociedad Civil y los Movimientos Sociales de Unidas Podemos, ten铆a por entonces 37 a帽os y hab铆a aflojado su vinculaci贸n con Izquierda Unida para apretar en la lucha social con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. 鈥淪ent铆amos que todo se abr铆a, que se encontraban militantes que proced铆an de diferentes visiones ideol贸gicas con gente que se incorporaba y con la capacidad de cuestionar todo lo que institucionalmente estaba fallando, c贸mo nos hab铆an robado la democracia鈥, rememora el ahora diputado de la formaci贸n morada, en la que milita desde el principio.

Aunque Madrid fue la matriz del 15-M, en Barcelona la r茅plica proven铆a de fuertes protestas contra los recortes de la Generalitat, que siguieron un mes despu茅s con Aturem el Parlament. Aquel movimiento rode贸 la c谩mara legislativa catalana y fue criminalizado por el gobierno de una Converg猫ncia i Uni贸 que pocos meses despu茅s, sin embargo, se abonar铆a a la desobediencia civil como v铆a para alcanzar la independencia. 鈥淭oda la gente que conoc铆as estaba all铆, y muchas personas m谩s鈥, recuerda Silvia Abadia, una de las que acamp贸 aquella primera noche. Abadia  milita en el Sindicat de Llogaters que ha liderado la propuesta de regulaci贸n del precio de alquileres en Catalunya. 鈥淎 veces, leyendo la historia, parece que las manifestaciones surgen espont谩neamente, pero 茅ramos muchos los que llev谩bamos a帽os organiz谩ndonos y nos hab铆amos conocido en la lucha estudiantil. Y despu茅s hemos seguido鈥, reflexiona Neus Comerma, que tambi茅n acamp贸, hoy milita en el Sindicat de Llogaters y matiza el relato del estallido repentino.

Por all铆 tambi茅n estaba Albano Dante Fach铆n, que por entonces dirig铆a una peque帽a publicaci贸n regional, Caf猫 amb Llet, que dio el salto al periodismo de investigaci贸n tras denunciar el funcionamiento de la sanidad p煤blica catalana y multiplic贸 su tirada gracias al 15-M, cuando la publicaci贸n hab铆a sufrido un gran varapalo por la crisis econ贸mica. En las marchas conoci贸 a los que despu茅s ser铆an l铆deres de En Com煤 Podem, Xavier Dom茅nech, Gerardo Pisarello, Jaume Asens o Ada Colau, y tambi茅n a gente de la CUP e independentistas de izquierda con los que por entonces no coincid铆a en la reivindicaci贸n de la rep煤blica catalana como 煤nica v铆a de ruptura con el r茅gimen. 鈥淓ra todo muy l铆quido, un d铆a hab铆a unas pocas personas y al otro miles. Entre ellas, algunas que tambi茅n iban a manifestaciones independentistas y que yo, por entonces, no comprend铆a. M谩s tarde, movimientos que eran antag贸nicos como el independentismo de ra铆z m谩s conservadora y el de izquierdas acabaron confluyendo en las movilizaciones del refer茅ndum del 1 de octubre de 2017 y para m铆 tambi茅n se convirtieron en luchas unidas鈥, reflexiona Fach铆n.

脡l milit贸 en un principio en Unidas Podemos, el partido que ha capitalizado pol铆ticamente el legado del 15-M a nivel estatal . Pese a haber ca铆do de manera estrepitosa de los 71 diputados conseguidos en 2016 a los 35 en 2019, est谩 por primera vez en un gobierno de coalici贸n, lo que dibuja a priori un puente directo entre el 15-M y el poder ejecutivo. A priori, porque a muchos, tanto desde el independentismo como desde el activismo en las calles, les han defraudado algunos posicionamientos y actitudes. 鈥淐uando Pablo Iglesias dijo que si fuera catal谩n no votar铆a el 1 de octubre, que es cuando decid铆 salir del partido (lo abandon贸 en 2017), est谩 diciendo que un heredero de un discurso de impugnaci贸n total se adapta a la correlaci贸n de fuerzas y se pone del lado del r茅gimen, incluso al lado del rey鈥, reflexiona Fach铆n.

La relaci贸n del independentismo con Podemos, en ocasiones muy cr铆tica y otras veces m谩s cercana (ERC quer铆a incluirles en el nuevo gobierno catal谩n y son la 煤nica formaci贸n estatal que cuestiona la monarqu铆a y defiende el derecho a la autodeterminaci贸n), ha sido clave en el alejamiento con las calles. Pero no ha sido el 煤nico motivo. 鈥淟o que no ha cambiado con su aparici贸n es el sistema de partidos ni sus l贸gicas de funcionamiento, calculadoras y autorreferentes, basadas en la relaci贸n con el poder m谩s que con un servicio a la sociedad鈥, analiza Marina Garc茅s. 鈥淢uchos partidos no habr铆an llegado a donde est谩n sin el 15-M y algunos vieron la v铆a institucional como la v铆a de lucha. El problema es que no se puede pensar que desde las instituciones se resolver谩n los problemas, es algo inviable dentro de un sistema capitalista鈥, aporta Neus Comerma.

Mientras, Rafa Mayoral defiende a ultranza el papel de su partido en la transformaci贸n social y del lado de las mayor铆as. 鈥La ofensiva de las cloacas y de los poderes medi谩ticos demuestra que seguimos teniendo car谩cter popular. No tenemos pr茅stamos con los bancos, nos hemos partido la cara por la vivienda y la regulaci贸n de los precios y por frenar los desahucios, aunque no se hayan frenado todos. Y hemos defendido que la 煤nica v铆a a la democratizaci贸n es la rep煤blica鈥, abunda, pero se muestra tajante contra la v铆a independentista: 鈥淥 hay rep煤blica para todos o no lo va a haber鈥, defiende al tiempo que acusa de 鈥済esti贸n antidemocr谩tica鈥 a los l铆deres del proc茅s, aunque se muestre en contra de la 鈥渕谩quina represiva del poder judicial鈥. 

Sea o no por el caldo de cultivo que el independentismo ha ido generando en estos a帽os (el refer茅ndum del 1 de octubre fue un desaf铆o mayor al Estado que el 15-M con 2,2 millones de votantes), Catalunya parece a d铆a de hoy un escenario m谩s propicio para iniciar las revueltas que Madrid. En las marchas por la sentencia del proc茅s y por el caso de Pablo Has茅l, los contenedores ardieron como barricadas, algunos peque帽os grupos de manifestantes lanzaron piedras a la polic铆a e incluso otros pocos saquearon comercios. Eran pocos, pero nadie lo impidi贸, y ese clima era impensable durante en 2011. Varios entrevistados durante esas marchas hablaban de un 鈥渃ambio de etapa鈥 y del 鈥渃ansancio鈥 por 鈥減oner la otra mejilla鈥, conectado a las frustraciones por el 15-M y el proc茅s. 鈥淟a movilizaci贸n conecta con una rabia y una desesperaci贸n que se hacen m谩s comprensibles a trav茅s de la acci贸n directa. Pero tambi茅n hay una m谩quina muy poderosa de criminalizaci贸n y de condena de lo que se denomina 鈥榲iolencia鈥 que es muy efectiva a la hora de dividir y desactivar, en lugar de escuchar鈥, reflexiona Marina Garc茅s. 

Reactivar la lucha

Ella estuvo entre las participantes en el acto llamado Per la Majoria, el 13 de marzo en Barcelona, ya en la ca铆da de las marchas de Has茅l, y que aun贸 a 250 entidades de diversos 谩mbitos para pedir un cambio. Colectivos migrantes, Riders x Derechos, Sindicat de Llogaters, Fridays for Future, plataformas feministas e incluso Elite Taxi鈥 Una uni贸n de fuerzas diversa como el 15-M, aunque lejos de ser masiva, que surgi贸 como respuesta a una reuni贸n de la patronal para condenar los destrozos en las calles. Si aquello fue el germen o no de algo m谩s grande y duradero est谩 a煤n por ver. 

La propia Garc茅s no se moja: 鈥淧ercibo malestar y deseo de reactivar la lucha, la protesta y las alianzas. El problema es que cuesta tejer todo esto cuando la vida personal y colectiva est谩 segmentada y aislada. Pienso, no obstante, que la situaci贸n social que est谩 dejando la pandemia conducir谩 necesariamente a un ciclo de luchas. Veremos cu谩les鈥.

Coincide con ella Norma Falconi, de Papeles Para Todxs, que recuerda el 15-M como una lecci贸n de que hay que luchar unidos, sobre todo teniendo en cuenta que los migrantes, como colectivo m谩s vulnerable de la sociedad, 鈥渟on un laboratorio para explotar despu茅s a los locales鈥. Sus reivindicaciones por modificar la ley de extranjer铆a, en un contexto en que a las personas sin papeles se les niegan los derechos m谩s b谩sicos como el trabajo legal o el padr贸n municipal, siguen sin encontrar apenas eco entre los partidos pol铆ticos. 鈥Desde 2008 nos vinimos a pique y la precarizaci贸n se hace cada vez m谩s monstruosa. El trabajo fijo es una utop铆a y muchas personas migrantes que ten铆an papeles y trabajaban lo han dejado de hacer con la pandemia鈥, recuerda. Aunque asegura que se contin煤an tejiendo alianzas entre los movimientos, recuerda que 鈥渓os procesos muchas veces no son tan r谩pidos鈥 y tal vez grandes marchas a煤n tarden en llegar.

Ella estuvo y acamp贸 en el 15-M en Barcelona, a diferencia de Marc Beltran, un joven de 24 a帽os que entonces ten铆a solo 14. 鈥淩ecuerdo que hac铆amos debates en el colegio y que ah铆 me empec茅 a interesar por la pol铆tica鈥, recuerda. Diez a帽os despu茅s, ha participado en las protestas por el caso de Has茅l. Tambi茅n lo hizo en las de la plaza Urquinaona y en el refer茅ndum del 1 de octubre de 2017, aunque asegura que es de los que se ha hecho independentista 鈥減orque ve que el Estado espa帽ol es irreformable鈥. Marc, que no milita en ning煤n colectivo y ha ido con los amigos a las manifestaciones, se muestra pesimista pese a su juventud de cara a posibles revueltas mayores. 鈥淪i te implicas mucho, van a por ti y la extrema derecha tiene unas capacidades medi谩ticas o judiciales mucho mayores que las nuestras鈥, sostiene.

Ante una pandemia generada en parte por la invasi贸n humana en otros ecosistemas y con el cambio clim谩tico demostrando sus efectos de manera m谩s acelerada y devastadora, el ecologismo, que tambi茅n ha llegado a sacar a decenas o centenares de miles de personas a las calles, no parece tan fusionado con el resto de movimientos como el feminismo. Aunque este 煤ltimo tiene hoy una fuerza incomparable a cualquier corriente de izquierdas. 

Virginia Soler, miembro de Fridays for Future, de 19 a帽os, espera que la fusi贸n se produzca pronto. 鈥淢i mirada es ecofeminista y creo que cada vez es m谩s com煤n: creemos que las opresiones del capitalismo y del patriarcado lo son contra la clase trabajadora, contra las mujeres y contra la naturaleza鈥, defiende. Y desconf铆a al completo de 鈥渓a nueva hoja de ruta del discurso ecologista de las administraciones鈥. Reconoce no haber estado en las protestas por Has茅l y cree que a veces 鈥渇alta comunicaci贸n entre los movimientos para ver que los problemas que golpean son los mismos鈥. 鈥淎 veces se nos ve como un movimiento elitista, pero no lo somos鈥, afirma. 

Incapaz de encontrar el motivo de esa falta de conexi贸n definitiva, Soler se muestra 鈥渃onvencida鈥 de que vienen grandes protestas. En las ant铆podas del optimismo se encuentra G谩ndara, que cree que 鈥渓a polarizaci贸n pol铆tica har谩 imposible que exista un movimiento tan transversal鈥. Entre los dos polos, los entrevistados mezclan ilusi贸n, pesimismo y dudas y solo comparten la falta absoluta de certezas. Por ahora, al parecer, no hay un plan trazado. Aunque por los grupos de Telegram ya corre un cartel con una foto de Pablo Has茅l y un contenedor ardiendo, convocando una manifestaci贸n en Lleida, ciudad del rapero. 驴La fecha? Este 15 de mayo.

Enlace relacionado LaMarea.com 14/05/2021.




Fuente: Sasmadrid.org