May 12, 2021
De parte de CGT-LKN Euskal Herria
308 puntos de vista


El 15M mereci贸 la pena y conviene repetirlo y radicalizarlo. Sirvi贸 para agitar conciencias, fue un chute de autoestima colectiva, contribuy贸 a visibilizar a mucha gente que cre铆a que no era nadie y proporcion贸 esperanza en un mundo en el que el dinero y las mercanc铆as tienen primac铆a sobre las personas.

En la introducci贸n a Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresi贸n social, de Simone Weil, podemos leer: 鈥淓l per铆odo presente es de esos en los que todo lo que parece suponer una raz贸n para vivir se evapora y, si no queremos caer en el desasosiego o inconsciencia, debemos cuestionarlo todo (鈥) Podemos preguntarnos si existe un solo 谩mbito de la vida p煤blica o privada en el que las fuentes mismas de la actividad y la esperanza no est茅n envenenadas por las condiciones en que vivimos (鈥) La vida familiar es pura ansiedad desde que se les ha cerrado la sociedad a los j贸venes. Y esa generaci贸n para la cual la febril espera del futuro es la vida entera, vegeta, en el mundo entero, con la conciencia de que no tiene ning煤n futuro, de que no hay lugar para ella en nuestro universo. Por lo dem谩s, si bien es m谩s agudo en el caso de los j贸venes, este mal es com煤n a toda la humanidad de hoy. Vivimos una 茅poca privada de futuro. La espera de lo que venga ya no es esperanza sino angustia鈥.

La fil贸sofa libertaria escribi贸 estas l铆neas en los a帽os treinta del siglo pasado, en un contexto muy diferente al nuestro, pero sus palabras nos interpelan como si fueran escritas ahora mismo. No nos es ajena la angustia y la carencia de futuro a las que se refiere. Especialmente para la gente m谩s joven. Teniendo en cuenta los precios desorbitados de las tasas universitarias y los alquileres, el desempleo y la precariedad de condiciones y salarios, dif铆cilmente se puede llevar a cabo ning煤n proyecto de vida libremente elegido. Hace diez a帽os, miles de j贸venes inundamos las plazas de diversas ciudades para ejercer nuestro derecho a la protesta, porque 茅ramos plenamente conscientes de que no ten铆amos ninguna posibilidad de decidir con libertad qu茅 tipo de futuro podr铆amos tener. Una d茅cada despu茅s de aquel ciclo de movilizaciones que se dio tras la crisis financiera de 2008, encontramos pertinente hacer balance de c贸mo ha cambiado nuestra sociedad, si es que lo ha hecho.

En primer lugar, hay que tener en cuenta de d贸nde ven铆amos en 2011. Cabe destacar un estallido de la burbuja inmobiliaria a nivel nacional y una crisis econ贸mica a escala mundial, con sus correspondientes rescates bancarios con dinero p煤blico. A pesar de la falsa ilusi贸n que se hubiera podido tener durante algunos a帽os de progreso, cr茅ditos y crecimiento ilimitados, de mejoras en la capacidad adquisitiva para cada vez m谩s gente, las burbujas son ef铆meras y explotan. Los dirigentes pol铆ticos casi siempre nos han mentido descaradamente, pero eran reelegidos una y otra vez, pues entonces tampoco parec铆a haber alternativas. El bipartidismo y el turnismo en el gobierno generaba un hast铆o y un malestar que mataba toda esperanza de que algo pudiera cambiar (a mejor, para variar).

En el entorno universitario las asambleas y acampadas contra el plan Bolonia se multiplicaban. El miedo a vivir peor que nuestros padres, a no poder pagar unos estudios superiores, a no poder alquilar ni comprar una vivienda, la constante amenaza de tener que endeudarse, cog铆a fuerza y cada vez era m谩s compartida. Nos ve铆amos como una juventud sin futuro en una sociedad muy desigual y un mundo globalizado por un sistema injusto y decadente. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) naci贸 en 2009 por la extrema necesidad de proteger a una cantidad cada vez mayor de personas desahuciadas y endeudadas con la banca. Desde el gobierno del PSOE se impuls贸 la agilizaci贸n de esos desahucios y los suicidios provocados por ese hecho se dispararon. El desempleo tambi茅n aumentaba considerablemente como consecuencia de la crisis y las perspectivas laborales para la mayor铆a de j贸venes pasaban (y pasan) por la precariedad o la emigraci贸n. Sobre todo en las grandes ciudades, ver a personas buscando en los contenedores de basura y durmiendo en cajeros autom谩ticos se iba convirtiendo en una cotidianidad. Con el pretexto de que Espa帽a deb铆a pagar una deuda a poderes externos que anulan la soberan铆a popular, se suceden importantes recortes en sanidad y educaci贸n. A ra铆z de ello, surgen las mareas blanca, verde y otras que se van sumando consecutivamente.

En este contexto, en un ambiente caldeado por el empobrecimiento colectivo, el 15 de mayo de 2011 distintas organizaciones convocan manifestaciones en varias ciudades de todo el Estado y el movimiento ciudadano desborda las previsiones. Espont谩neamente, esa misma noche se producen acampadas en muchas plazas. La indignaci贸n ya no es solo un sentimiento individual, sino que empieza a compartirse y organizarse colectivamente. La heterogeneidad fue intr铆nseca al 15M y, quiz谩 por ello, fue capaz de contagiar a millones de personas dentro y fuera de nuestras fronteras. De repente, Espa帽a se convert铆a en referente mundial de protesta pac铆fica contra las pol铆ticas neoliberales. Ten铆amos el firme convencimiento de que no quer铆amos ser mercanc铆as en manos de pol铆ticos y banqueros, aunque y porque de facto lo 茅ramos, y de que en un sistema como este la mayor铆a de la poblaci贸n sale perjudicada.

Adem谩s, asist铆amos a un descr茅dito de la pol铆tica institucional, corrupta e inaccesible para la mayor铆a. No se gestaba una revoluci贸n sino algo mucho m谩s modesto, aunque tachado de radical por parte de las 茅lites: la demanda de una democracia real. Sin m谩s participaci贸n ciudadana en las decisiones que nos incumben a diario que la 鈥渃oncedida鈥 cada cuatro a帽os, cre铆amos que no se pod铆a hablar propiamente de r茅gimen democr谩tico. En el verano de aquel mismo a帽o, de hecho, el bipartidismo tuvo a bien cambiar la Constituci贸n espa帽ola sin consultar a la ciudadan铆a para nada, reafirmando las ideas que se coreaban en las plazas. En noviembre de 2011, el PP gan贸 las elecciones generales con mayor铆a absoluta. Los recortes, desahucios, desempleo y privatizaciones aumentaban incluso m谩s que la indignaci贸n social, impotente ante un enemigo gigantesco que hab铆a sido m谩s o menos identificado.

Las innumerables asambleas en las plazas dejaban ver la enorme diversidad del movimiento, pero tambi茅n, quiz谩, cierto cariz ingenuo. Pese a las buenas intenciones del conjunto, no cont谩bamos con un programa concreto de medidas pol铆ticas, como el fil贸sofo Slavoj 沤i啪ek nos reprochaba (En El sur pide la palabra, por ejemplo), al tiempo que advert铆a, tras pasarse por Occupy Wall Street, que es relativamente f谩cil participar en una revuelta, pero que lo importante es el d铆a despu茅s: 鈥淟o 煤nico que me atemoriza 鈥昫ijo鈥 es que un d铆a nos vayamos simplemente a casa y despu茅s nos reunamos una vez al a帽o, tomando una cerveza y recordando nost谩lgicamente el buen rato que pasamos aqu铆鈥.

Se trat贸, en efecto, m谩s de una impugnaci贸n que de una propuesta, porque estaba claro contra qu茅 nos manifest谩bamos, pero no tanto qu茅 porvenir quer铆amos ni c贸mo podr铆amos conseguirlo. Con frecuencia hab铆a mucho debate en las asambleas ciudadanas por m煤ltiples razones que dificultaban avanzar. Aunque muchas y muchos ten铆amos o empez谩bamos a tener conciencia anticapitalista o feminista, mucha otra gente no quer铆a meterse en esos temas y quer铆a mantener el apartidismo del movimiento, que a veces se confund铆a con planteamientos de car谩cter aparentemente apol铆tico. Entre las personas m谩s politizadas, tampoco hab铆a acuerdo en cuestiones sobre c贸mo hacer para que 鈥渆l miedo cambiase de bando鈥. Estaba bastante claro que no pod铆amos derrocar el sistema capitalista o abolir el patriarcado con solo desearlo y protestar pac铆ficamente en las calles durante meses o a帽os y, efectivamente, diez a帽os despu茅s siguen intactos.

Y bien, entonces, 驴Qu茅 ha cambiado? 驴De qu茅 sirvi贸 dormir en tiendas de campa帽a, participar en asambleas y enfrentarnos a la polic铆a? 驴Valdr铆a la pena volver a hacerlo?

No nos conformemos con menos

Es habitual que se hable despectivamente del 15M, incluso en ciertos sectores de la izquierda, por haber sido insuficiente e inoperante. Seguramente haya algo de verdad en esas acusaciones. Sin embargo, tampoco se debe obviar el contexto ideol贸gico imperante y la ausencia de alternativas en el imaginario colectivo. 驴Qu茅 han hecho por la emancipaci贸n de la Humanidad muchas de esas voces tan cr铆ticas? 驴D贸nde estaban los principales sindicatos cuando la mayor铆a trabajadora de este pa铆s perd铆a derechos conquistados con sangre y sudor de nuestros antepasados? 驴Se deber铆a haber optado por la lucha armada? Teniendo en cuenta que un contenedor ardiendo abre portadas y telediarios como si se tratara de un drama sin precedentes en la historia del terrorismo internacional, justificando por ello que se vac铆en las cuencas de los ojos de numerosos manifestantes, no cuesta imaginar qu茅 ocurrir铆a en esta sociedad si una suerte de guerrilla intentara alcanzar sus objetivos mediante violencia f铆sica directa y real 鈥昪asi tan real como la violencia ejercida a diario desde ciertos despachos, aunque no tan sutil.

El 15M pudo haber sido el detonante de un proceso constituyente, que no es poco, aunque no lo sea todo. Sin embargo, no lo fue y todo sigue, m谩s o menos, 鈥渁tado y bien atado鈥, con el miedo en el mismo bando y de nuevo con un PSOE tan neoliberal como el PP en el gobierno. Eso s铆, la ventana de Overton se abri贸 unos cent铆metros a la izquierda (apareci贸 Podemos, entre otras cosas) y la legitimidad del sistema en el que malvivimos se puso en tela de juicio. Tampoco ser铆a de recibo negar que los 茅xitos de las manifestaciones del 8M de 2018 y 2019, en parte, tambi茅n se deben a aquella concienciaci贸n pol铆tica surgida del 15M.

Por supuesto que esto no da para grandes transformaciones y utop铆as, pero es que, por desgracia, la mayor铆a de personas que trabajan mucho y cobran poco, o que no encuentran trabajo y dependen de la caridad, o que son forzadas a endeudarse para tener un techo bajo el que guarecerse, tienen miedo a perder lo poco que tienen y en muchas ocasiones se resignan a una vida de miseria y explotaci贸n. Tambi茅n hay quien, muy leg铆timamente, se organiza con sus vecinos del barrio o del pueblo para producir un necesario apoyo mutuo a peque帽a escala, aunque no se pueda decir que esto tenga un efecto de forma generalizada. Al fin y al cabo, no se puede obligar a la gente a ser revolucionaria. Hablando claro, buena parte de la ciudadan铆a que sali贸 a las calles el 15M y en previas o posteriores manifestaciones quer铆a volver a los a帽os de la burbuja, los cr茅ditos, el consumo desenfrenado y la falsa ilusi贸n de pertenecer a la clase media. Pero de ello no son responsables el movimiento 15M ni las generaciones m谩s j贸venes 鈥昬l problema, lo sabemos, viene de lejos y es m谩s profundo鈥.

Por este lado, parece ser tendencia desde hace alg煤n tiempo enfrentar a la gente por generaciones, ya que la lucha de clases se cree anacr贸nica o inexistente. A muchos j贸venes ya los han convencido de que los culpables de su terrible situaci贸n son los viejos y muchos viejos tambi茅n dedican todo tipo de insultos y reproches a los j贸venes. No es que esto sea exclusivo de esta 茅poca. Hes铆odo ya hablaba con desd茅n de la juventud en el siglo VIII a. n. e. Por ejemplo, dec铆a cosas como esta: 鈥淣o tengo ninguna esperanza en el porvenir de nuestro pa铆s si la juventud de hoy toma el mando ma帽ana, porque esta juventud es insoportable, sin moderaci贸n, simplemente terrible鈥. Lo que s铆 es seguro en todo caso, y volviendo a nuestros d铆as, es que quien m谩s poder acumula a nuestra costa duerme tranquilo mientras esto siga as铆. Aunque, de hecho, no siempre ha sido as铆. A aquella generaci贸n indignada que rondaba la veintena hace diez a帽os nos calificaron de 鈥減erroflautas鈥, un t茅rmino que a muchas nos divert铆a m谩s que ofend铆a, y eso llev贸 a que muchas personas mayores se unieran a nosotras y a nuestras reivindicaciones bajo el nombre de 鈥渋aioflautas鈥. Asimismo, son dignos de menci贸n los apoyos al movimiento 15M por parte de, por ejemplo, Jos茅 Luis SampedroJulio Anguita o Arcadi Oliveres, que tristemente ya no est谩n entre nosotros.

Ahora bien, no es que se solidarizaran con nosotros debido a su extraordinaria empat铆a, sino que sab铆an que nuestros problemas son sus problemas y viceversa. Si las pensiones son claramente insuficientes para lo b谩sico, no es problema solo de los que se ven afectados aqu铆 y ahora; si estudiar en la universidad vuelve a ser un privilegio para las familias m谩s pudientes o complacientes con el poder, no es solo un problema de quien no puede afrontar esos pagos; si millones de pisos vac铆os son propiedad de bancos mientras seres humanos duermen a la intemperie, estamos ante un problema y un fracaso social y no individual. Como sociedad pol铆tica y como especie humana no podemos escapar de la interdependencia, aunque a muchos no les guste reconocerlo y crean que sus 茅xitos se deben a su inigualable talento y esfuerzo individual. Esos tiburones triunfadores tienen tiempo de hacer lo que sea que hagan porque otras personas les limpian la casa, cocinan su comida y cuidan de sus hijos o padres. Tienen estudios porque en el pasado muchas otras personas crearon y universalizaron la educaci贸n reglada. Tienen propiedades que no se esforzaron en conseguir, porque las heredaron o compraron a costa del trabajo ajeno. Tienen comida sobre la mesa porque muchas otras personas han cultivado, recogido y transportado esos alimentos. Ninguno de nosotros 鈥渟e ha hecho a s铆 mismo鈥 aisladamente y sin necesitar a nadie. No estar铆a de m谩s prescindir de este tipo de mitos contempor谩neos, tan ingratos y perjudiciales como extremadamente cutres.

Retomando las preguntas planteadas algo m谩s arriba: el 15M mereci贸 la pena y conviene repetirlo y radicalizarlo tanto y tantas veces como sea necesario. Indudablemente sirvi贸 para agitar conciencias, fue un chute de autoestima colectiva, contribuy贸 a visibilizar a mucha gente que cre铆a que no era nadie, teji贸 alianzas intergeneracionales e internacionales y proporcion贸 algo de esperanza en un mundo en el que el dinero y las mercanc铆as tienen primac铆a sobre las personas.

驴Es poco? Lo es. Hagamos que sea m谩s. Tengamos la dignidad de indignarnos ante toda injusticia y cuestionemos todo, como aconsejaban y practicaban Weil y tantas y tantos otros fil贸sofos y personas an贸nimas que hicieron de este mundo un lugar mejor. Si queremos libertad, igualdad y una democracia real, debemos tener claro que no llegar谩n por ning煤n tipo de inercia, magia ni determinismo. No echemos la vista atr谩s con permanente nostalgia de lo que fue o de lo que pudo haber sido y no fue. Organicemos y actualicemos las luchas, una y otra vez, conjuntamente, hasta vencer al sistema criminal que nos angustia y oprime. No nos conformemos con menos.

https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/diez-anos-del-15m-seguimos-indignadas

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Fuente: Cgt-lkn.org