July 22, 2022
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Charla de Agust铆n Guillam贸n, el 19 de julio de 1922, en An貌nims de Granollers

Introducci贸n:

La conciencia procede del ser. Sin una teorizaci贸n de las experiencias hist贸ricas del proletariado no existir铆a teor铆a revolucionaria, ni avance te贸rico alguno, y, en todo caso, ser铆a mucho m谩s pobre, incompleta e ineficaz. Teor铆a colectiva, an贸nima y de clase, que s贸lo puede conseguirse como fruto maduro de un proceso hist贸rico de preparaci贸n para la intervenci贸n en las pr贸ximas batallas de la guerra de clases en curso. El combate de los trabajadores por conocer su propia historia no es puramente te贸rico, ni abstracto o banal, porque forma parte de la propia conciencia de clase, y se define como teorizaci贸n de las experiencias hist贸ricas del proletariado internacional, y en Espa帽a debe comprender, asimilar y apropiarse, inexcusablemente, las experiencias del movimiento anarcosindicalista en los a帽os treinta.

Estas diez tesis teorizan las experiencias del proletariado en la revoluci贸n de 1936 y 1937.

Tesis n煤mero 1

Del 17 al 19 de julio de 1936 se produjo un alzamiento militar contra el gobierno de la Rep煤blica, impulsado por la Iglesia, la mayor铆a del Ej茅rcito, fascistas, burgues铆a, terratenientes y derechistas. La preparaci贸n de ese golpe de estado hab铆a sido tolerada por el gobierno republicano, que hab铆a ganado las elecciones de febrero de 1936 gracias a la coalici贸n de Frente Popular.

Los democr谩ticos partidos parlamentarios REPUBLICANOS o mon谩rquicos, de izquierda y de derecha, hicieron la pol铆tica que m谩s conven铆a a la burgues铆a espa帽ola, y a su preparaci贸n de un cruento golpe de Estado.

El alzamiento militar fracas贸 en las principales ciudades y provoc贸, como reacci贸n (en la zona republicana), un movimiento revolucionario, victorioso en su insurrecci贸n armada contra el ej茅rcito. En esa victoria insurreccional jugaron un papel preponderante, en Catalu帽a, los Cuadros y Comit茅s de Defensa de la CNT-FAI, que hab铆an sido preparados desde 1931. NO FUE UNA INSURRECCI脫N ESPONT脕NEA.

El movimiento revolucionario del 19 de julio de 1936 se produjo como reacci贸n a un alzamiento militar. Desde octubre de 1934, y durante toda la campa帽a electoral de febrero de 1936, tanto la CNT-FAI, como el POUM, consideraban inevitable un enfrentamiento con las fuerzas fascistas, de las que conoc铆an sus preparativos para un golpe de Estado, y contra las cuales prepararon concienzudamente un enfrentamiento armado, aunque nunca rechazaron el enlace y la colaboraci贸n con los partidos burgueses republicanos o con el gobierno de la Generalidad.

Esa insurrecci贸n armada victoriosa del proletariado, en la zona republicana, supuso la inutilizaci贸n de los aparatos coercitivos del Estado capitalista, y por lo tanto su incapacidad represiva. Esa insurrecci贸n supuso tambi茅n una serie de 芦conquistas revolucionarias禄 de tipo social y econ贸mico. El Estado republicano se fragment贸 en una multiplicidad de poderes locales o sectoriales, y muchas de sus funciones fueron 芦usurpadas禄 por las organizaciones obreras.

SE PRODUJO UN VAC脥O DE PODER ESTATAL.

El Estado republicano vio como surg铆an poderes regionales aut贸nomos, totalmente independientes del Estado central, que a su vez (como el gobierno de la Generalidad en Catalu帽a) vieron c贸mo se desmoronaba su autoridad. Los distintos comit茅s revolucionarios, locales, sectoriales, de barriada, de f谩brica, de defensa, de abastos, sindicales y de partidos, milicias populares y de retaguardia, desempe帽aban aquellas funciones que el gobierno no pod铆a ejercer, a causa de la p茅rdida de su aparato de represi贸n y del armamento de las organizaciones obreras.

Los comit茅s revolucionarios, que Munis teoriz贸 como comit茅s-gobierno, ejercieron en muchos lugares todo el poder a nivel local, pero no existi贸 ninguna coordinaci贸n ni centralizaci贸n de esos comit茅s locales: hubo UN VAC脥O DE PODER CENTRAL O ESTATAL. NI EL ESTADO REPUBLICANO, NI LOS GOBIERNOS REGIONALES AUT脫NOMOS (como el de la Generalidad) EJERCIERON UN PODER CENTRAL, pero tampoco lo ejercieron esos comit茅s locales.

Pod铆a hablarse de una ATOMIZACI脫N DEL PODER

Tesis n煤mero 2

Los comit茅s revolucionarios: de defensa, de f谩brica, de barrio, de control obrero, locales, de defensa, de abastos, etc茅tera, fueron el embri贸n de los 贸rganos de poder de la clase obrera. Iniciaron una met贸dica expropiaci贸n de las propiedades de la burgues铆a, pusieron en marcha la colectivizaci贸n industrial y campesina, organizaron las milicias populares que definieron los frentes militares en los primeros d铆as, organizaron patrullas de control y milicias de retaguardia que impusieron el nuevo orden revolucionario mediante la represi贸n violenta de la Iglesia, patronos, fascistas y antiguos sindicalistas y pistoleros del Libre. Pero fueron incapaces de coordinarse entre s铆 y crear un poder obrero centralizado. Los comit茅s revolucionarios desbordaron con sus iniciativas y sus acciones a los dirigentes de las distintas organizaciones tradicionales del movimiento obrero, incluida la CNT y la FAI. Hab铆a una revoluci贸n en la calle y en las f谩bricas, y unos POTENCIALES 贸rganos de poder del proletariado revolucionario: LOS COMIT脡S, que ninguna organizaci贸n o vanguardia supo o quiso COORDINAR, POTENCIAR y TRANSFORMAR EN AUTENTICOS 脫RGANOS DE PODER OBRERO.

La c煤pula dirigente de la CNT opt贸 mayoritariamente por la colaboraci贸n con el Estado burgu茅s para ganar la guerra al fascismo. La consigna de Garc铆a Oliver, el 21 de julio, de 芦ir a por el todo禄 no era m谩s que una propuesta leninista de toma del poder por la burocracia cenetista; que adem谩s el propio Garc铆a Oliver sab铆a que la hac铆a inviable y absurda, cuando en el pleno cenetista se plante贸 una falsa alternativa entre 芦dictadura anarquista禄 o colaboraci贸n antifascista. Esta falsa opci贸n 芦extremista禄 de Garc铆a Oliver, la temerosa advertencia de Abad de Santill谩n y Federica Montseny del peligro de aislamiento y de intervenci贸n extranjera, y la opci贸n de Durruti de esperar a la toma de Zaragoza, decidieron que el pleno optara por una colaboraci贸n antifascista 芦provisional禄. Nunca se plante贸 la alternativa revolucionaria de destruir el Estado republicano y convertir los comit茅s en 贸rganos de un poder obrero y las Milicias en el ej茅rcito del proletariado.

No puede hablarse de situaci贸n de doble poder entre el Comit茅 Central de Milicias Antifascistas (CCMA) y el gobierno de la Generalidad, en ning煤n momento, porque en ning煤n momento existi贸 un polo de centralizaci贸n del poder obrero; pero s铆 que puede hablarse de una posibilidad, fracasada ya en las primeras semanas posteriores al 19 de julio, de establecer una situaci贸n de doble poder entre esos comit茅s revolucionarios y el CCMA. Algunos comit茅s sindicales, locales y de barriada expresaron desde el principio su desconfianza y temores frente al CCMA, porque intu铆an el papel contrarrevolucionario que pod铆a desempe帽ar.

Son muchos los protagonistas, y tambi茅n los historiadores, que hablan de una situaci贸n de doble poder entre el CCMA y el gobierno de la Generalidad. Sin embargo, es un profundo error creer que el CCMA fue otra cosa que un pacto antifascista de las organizaciones obreras con las organizaciones burguesas y las instituciones del Estado, esto es, un organismo de colaboraci贸n de clases,

Los dirigentes de la CNT desconfiaban de los comit茅s revolucionarios, porque no entraban en sus esquemas organizativos y doctrinales, y al mismo tiempo, como burocracia, se sent铆an desbordados y amenazados por sus realizaciones.

El CCMA, en Catalu帽a, se diferenci贸 del resto de organismos similares, aparecidos en otras regiones espa帽olas, por el predominio de la CNT, y debido a que la CNT deb铆a su fuerza a esos comit茅s revolucionarios, en la que la mayor铆a de componentes estaban afiliados a la CNT. Fue en Catalu帽a donde 茅stos tuvieron mayor alcance y duraci贸n. En los organismos similares al CCMA, surgidos en el resto de Espa帽a, la repercusi贸n, profundidad, alcance y duraci贸n de esos comit茅s revolucionarios fue mucho menor y dur贸 s贸lo algunos d铆as o semanas.

Los comit茅s revolucionarios fueron la autoorganizaci贸n que se dio la clase obrera en una situaci贸n revolucionaria, y eran tambi茅n el embri贸n de los 贸rganos de poder del proletariado revolucionario. Pero hay que comprender sus debilidades, que fueron sobre todo la incapacidad para coordinarse entre s铆, con el objetivo de imponer su propio poder y destruir el Estado de la burgues铆a. Falt贸 una organizaci贸n o una vanguardia capaz de transformar esos comit茅s en consejos obreros, caracterizados por la elecci贸n democr谩tica de sus delegados en asambleas, revocables en todo momento, y capaces de coordinarse a nivel regional y nacional.

La CNT y la FAI NO DIERON NINGUNA CONSIGNA A SUS MILITANTES hasta el 28 de julio, cuando amenazaron fusilar en el acto a los 芦incontrolados禄 que prosiguieran expropiando a la burgues铆a, y 芦paseando禄 a fascistas, burgueses, curas y exmiembros del Libre (los pistoleros de la patronal). Los trabajadores, en julio de 1936, supieron actuar sin sus dirigentes, y procedieron a la expropiaci贸n de la burgues铆a y a la supresi贸n de algunos aparatos de dominio del Estado capitalista (ej茅rcito, Iglesia, polic铆a), de tal forma que desbordaron no s贸lo las estructuras estatales, sino tambi茅n a sus propias organizaciones pol铆ticas y sindicales; pero fueron incapaces de actuar contra sus dirigentes, respetaron el aparato estatal y sus funcionarios, y en mayo de 1937 aceptaron a rega帽adientes, pero aceptaron, la capitulaci贸n frente al enemigo de clase.

Por otra parte, esos comit茅s revolucionarios, aunque potencialmente eran los 贸rganos de poder obrero, sufrieron la pesada influencia de la ideolog铆a de unidad antifascista y muchos de ellos se transformaron r谩pidamente en comit茅s antifascistas, compuestos por obreros y burgueses, al servicio del programa de la peque帽a burgues铆a. La entrada de ministros anarquistas en el gobierno de Madrid, y de anarquistas y poumistas en el gobierno de la Generalidad permiti贸 que, en octubre de 1936, se procediera, sin la menor resistencia armada, a la disoluci贸n de los comit茅s locales para dar paso a los ayuntamientos antifascistas. Los comit茅s de defensa y de f谩brica, y algunos de los locales, se resistieron a su definitiva disoluci贸n, aunque s贸lo consiguieron aplazarla.                                                     

Tesis n煤mero 3

Sin destrucci贸n del Estado no puede hablarse de revoluci贸n proletaria.

Puede hablarse de una situaci贸n revolucionaria, de movimiento revolucionario, de insurrecci贸n triunfante, de p茅rdida 芦parcial禄 o 芦provisional禄 de funciones del Estado burgu茅s, de caos pol铆tico, de p茅rdida de autoridad real por parte de la administraci贸n republicana, de VAC脥O DE PODER CENTRALIZADO y atomizaci贸n del poder, pero no de revoluci贸n proletaria.

La SITUACI脫N revolucionaria de julio de 1936 no plante贸 nunca la implantaci贸n de un poder obrero antag贸nico al Estado republicano: no hubo pues una revoluci贸n proletaria, si hablamos con rigor y en sentido estrictoY, en ausencia de revoluci贸n proletaria, la situaci贸n revolucionaria evolucion贸 r谩pidamente hacia la consolidaci贸n del Estado republicano, el debilitamiento de las fuerzas revolucionarias y el triunfo definitivo de la contrarrevoluci贸n tras las Jornadas de Mayo de 1937, con la ilegalizaci贸n y persecuci贸n pol铆tica del POUM en junio de 1937, as铆 como la clandestinidad de los Amigos de Durruti.

Del mismo modo, no cabe hablar de una situaci贸n de DOBLE PODER, puesto que no existi贸 un polo de poder obrero que se propusiera destruir el Estado capitalista: ser铆a m谩s adecuado hablar, en el caso catal谩n, de una duplicidad de poderes entre la Generalidad y el CCMA. El CCMA fue un organismo de COLABORACI脫N DE CLASES, que actu贸 como amortiguador y mediador entre la mir铆ada de comit茅s revolucionarios y el colapsado aparato estatal capitalista. Pero, sobre todo, el CCMA fue el 煤nico instrumento del frente antifascista CAPAZ de esterilizar, encauzar, recortar y someter las iniciativas revolucionarias populares, que emanaron de los comit茅s revolucionarios, MEDIANTE su integraci贸n en ambiguos organismos (dependientes del CCMA), que se caracterizaban por su SUMISION al programa antifascista y al gobierno de la Generalidad. As铆 sucedi贸 con organismos como el Comit茅 Central de Abastos, el Consejo de Econom铆a, las Patrullas de Control, la Oficina Jur铆dica, el Comit茅 de Investigaci贸n, etc茅tera, que se formaron para REEMPLAZAR, QUEBRAR O CAMBIAR LA NATURALEZA DE CLASE de las iniciativas populares y obreras de car谩cter revolucionario; pero que, tras un per铆odo transitorio de dos o tres meses, durante el que funcionaron como organismos dependientes del CCMA, fueron integrados en la 贸rbita del gobierno de la Generalidad, y m谩s tarde disueltos o sustituidos por 贸rganos del aparato estatal republicano. Por otra parte, los comit茅s superiores de la CNT-FAI pretendieron ser lo bastante h谩biles y fuertes como para manipular al Estado como un instrumento t茅cnico a su servicio. El 11 de agosto CNT y POUM formaron parte del Consejo de Econom铆a de la Generalidad, que ten铆a por misi贸n la coordinaci贸n y planificaci贸n de la econom铆a catalana.

La participaci贸n de la CNT (y tambi茅n del POUM y la FAI) en las instituciones burguesas, con su correspondiente oferta de cargos p煤blicos, unida a un masivo proceso de afiliaci贸n sindical, paralelo a la marcha al frente de los mejores militantes, los m谩s bregados en la lucha social y los de formaci贸n te贸rica m谩s avanzada, favoreci贸 un r谩pido proceso de burocratizaci贸n de la CNT.

En la primavera de 1937, los militantes revolucionarios se encontraron aislados en las asambleas y en una situaci贸n minoritaria absolutamente insuperable. Los principios fundamentales del anarcosindicalismo quebraron y cedieron el paso a un oportunismo enmascarado por la ideolog铆a de unidad antifascista (芦renunciar a la revoluci贸n para ganar la guerra禄) y el pragmatismo de la fiel y leal colaboraci贸n con los partidos y el gobierno de la burgues铆a republicana, con el objetivo exclusivo de desarrollar el programa propio de esa burgues铆a. LA BUROCRACIA SINDICAL CENETISTA DEMOSTR脫 EN MAYO DE 1937 SU CAR脕CTER CONTRARREVOLUCIONARIO. La lucha contra el fascismo era la excusa que permit铆a renunciar a la destrucci贸n del Estado burgu茅s republicano, defendido por las fuerzas contrarrevolucionarias del PSUC y ERC. Era inevitable el enfrentamiento del proletariado revolucionario con la burocracia cenetista, que estaba ya en el campo contrarrevolucionario.

Tesis n煤mero 4

La CNT y el POUM, en lugar de potenciar esos comit茅s revolucionarios como 贸rganos de un nuevo poder obrero, se sintieron desbordadas y amenazadas por los 芦incontrolados禄, de tal modo que no s贸lo no dieron consigna alguna para coordinarlos, sino que las primeras consignas y medidas que tomaron fueron precisamente las de amenazar y desautorizar a los 芦incontrolados禄. Amenazas que, existieran o no actos de vandalismo, se materializaron en el fusilamiento sumario, siguiendo esas consignas 芦contra los incontrolados禄 dadas por los comit茅s superiores de la CNT, de Jos茅 Garde帽as del sindicato de la Construcci贸n y de Fern谩ndez, presidente del sindicato de la Alimentaci贸n. Meses despu茅s, avanzada ya la contrarrevoluci贸n, ser铆an los estalinistas y republicanos quienes dar铆an ese inmerecido calificativo de 芦incontrolados禄 al POUM y la CNT, con el objetivo de eliminarlos f铆sica y pol铆ticamente.

隆La vigente historiograf铆a no s贸lo no contempla esta situaci贸n revolucionaria entre dos alternativas antag贸nicas: 隆comit茅s revolucionarios y CCMA, sino que habla de una situaci贸n de doble poder entre CCMA y gobierno de la Generalidad!

El Estado capitalista no fue destruido y conserv贸 (aunque fuese de forma 芦disminuida禄, 芦nominal禄 o 芦parcial禄) sus funciones. Por otra parte, los aparatos represivos: guardia civil, de asalto y carabineros no fueron disueltos, sino acuartelados en espera de tiempos mejores, que llegar铆an algunos meses despu茅s. La internacionalizaci贸n econ贸mica del capitalismo, desde la Primera Guerra Mundial, hab铆a cerrado la 茅poca de las revoluciones burguesas e iniciaba la 茅poca de las revoluciones proletarias. En ausencia de una vanguardia revolucionaria, capaz de plantear el antagonismo entre el proletariado y el Estado capitalista hasta llegar a la DESTRUCCI脫N del Estado capitalista y la implantaci贸n del poder revolucionario del proletariado, cualquier movimiento revolucionario, sea cual fuere su componente proletaria, estaba destinado al fracaso. Dada la incapacidad de las organizaciones obreras para tomar y ejercer el poder, dada su ineptitud parar coordinar y centralizar el poder local de los distintos comit茅s revolucionarios a escala regional y nacional, para constituir un poder de los obreros, no se abri贸 otra v铆a que la de la colaboraci贸n con otras organizaciones pol铆ticas burguesas y con el ESTADO CAPITALISTA, que no pod铆a tener otro objetivo que la restauraci贸n y fortalecimiento del Estado republicano. Las bases de la contrarrevoluci贸n eran lo bastante s贸lidas como para facilitar una r谩pida recuperaci贸n del Estado capitalista, que pronto recuper贸 todas sus funciones y que, tras la 芦inevitable y necesaria禄 derrota sangrienta del proletariado en mayo de 1937, decapit贸 toda amenaza revolucionaria del movimiento obrero, mediante una doble pol铆tica de represi贸n de los 芦incontrolados de siempre禄 (revolucionarios), y de socialdemocratizaci贸n e integraci贸n de las organizaciones obreras en los aparatos del Estado capitalista, mediante la cooptaci贸n de las burocracias sindicales y pol铆ticas en la burocracia del Estado.                                                   

Tesis n煤mero 5

Las colectivizaciones no pod铆an tener ning煤n desarrollo futuro, si el Estado capitalista no era destruido. De hecho, las colectivizaciones acabaron sirviendo las necesidades imperiosas de una econom铆a de guerra. Las situaciones evolucionaron de forma muy variada, r谩pida e inestable, desde la expropiaci贸n revolucionaria de las f谩bricas a la burgues铆a, en julio de 1936, hasta la militarizaci贸n de la industria y del trabajo, predominante en 1938. Era y es imposible separar la revoluci贸n pol铆tica de la revoluci贸n social y econ贸mica. Las revoluciones, como concluyeron Los Amigos de Durruti, son siempre TOTALITARIAS, en el doble significado de la palabra: total y autoritaria. NO HAY NADA M脕S AUTORITARIO QUE UNA REVOLUCI脫N: expropiar una f谩brica a sus due帽os, o un latifundio a su propietario ser谩 siempre una imposici贸n autoritaria. Y s贸lo puede hacerse cuando los cuerpos represivos de la burgues铆a, ej茅rcito y polic铆a, han sido derrotados por un ej茅rcito revolucionario que impone AUTORITARIAMENTE la nueva legalidad revolucionaria. El anarcosindicalismo y el POUM, por incapacidad te贸rica los primeros y por debilidad num茅rica, verbalismo y falta de audacia, los segundos, no plantearon nunca la cuesti贸n del poder, que abandonaron en las manos de los pol铆ticos profesionales de la burgues铆a republicana y de los socialistas: Aza帽a, Giral, Prieto, Largo Caballero, Companys, Tarradellas, Negr铆n鈥, o que compartieron con ellos, cuando su participaci贸n era necesaria para cerrar el paso a una alternativa revolucionaria.

En el campo econ贸mico el mito historiogr谩fico englobado en el concepto gen茅rico de 芦COLECTIVIZACION禄 conoci贸 (en Catalu帽a) cuatro etapas:

1.- La incautaci贸n obrera (julio a septiembre 1936).

2.- La adaptaci贸n de las incautaciones al Decreto de Colectivizaciones (octubre a diciembre de 1936).

3.- La lucha de la Generalidad por dirigir la econom铆a y controlar las colectivizaciones, enfrentada al intento de socializaci贸n de la econom铆a, impulsado por el sector radical de la militancia cenetista (enero a mayo de 1937).

4.- El progresivo intervencionismo y la centralizaci贸n estatal (del gobierno central) impusieron una econom铆a de guerra y la MILITARIZACION del trabajo (junio de 1937 a enero de 1939).

Los comit茅s revolucionarios: de defensa, obreros, de empresa, locales, de abastos, de barriada, milicias de retaguardia, etc茅tera, eran los 贸rganos potenciales de poder obrero, que ejerc铆an muchas veces el 煤nico poder real, de car谩cter local o sectorial, en julio de 1936. Pero se transformaron r谩pidamente en comit茅s antifascistas, en comit茅s de gesti贸n sindical de las empresas, o bien sufrieron una prolongada hibernaci贸n (como los comit茅s de defensa confederales) o fueron transformados en organismos del Estado, como las Patrullas de Control, que adem谩s de reprimir a la quinta columna tambi茅n ejercieron el control de los 芦incontrolados禄 (revolucionarios o radicales) y de los comit茅s de defensa, comit茅s de barriada y milicias de retaguardia (aunque al mismo tiempo eran la nueva organizaci贸n que suplantaba el control gubernamental del orden p煤blico).

La ambig眉edad y ambivalencia de las Patrullas de control, de las colectivizaciones, de las Milicias, de los comit茅s de defensa, y en definitiva de la 芦Revoluci贸n del 19 de Julio禄, era consecuencia directa de la propia ambig眉edad y ambivalencia de las organizaciones de extrema izquierda del Frente Popular (CNT y POUM), que no s贸lo fueron incapaces de tomar el poder y de defender el programa hist贸rico de emancipaci贸n del proletariado contra las fuerzas contrarrevolucionarias, sino que adem谩s optaron por la colaboraci贸n de clases con los partidos burgueses, los estalinistas y el Estado capitalista, con el 煤nico objetivo de derrotar al fascismo. Eran ambiguas porque el CCMA era fruto de la victoria insurreccional PROLETARIA del 19 de julio, pero tambi茅n del fracaso pol铆tico del 21 de julio, CUANDO SE ACEPT脫 LA COLABORACI脫N DE CLASES.                     

Tesis n煤mero 6

Mayo del 37 fue la derrota armada del proletariado revolucionario m谩s avanzado que necesitaba la contrarrevoluci贸n para pasar a la contraofensiva. Las causas de mayo radican en el encarecimiento de la vida, la escasez de subsistencias, la resistencia a la disoluci贸n de las patrullas de control y la militarizaci贸n de las milicias, y el constante forcejeo de los obreros en las empresas colectivizadas por conservar el control de la producci贸n, frente al creciente intervencionismo de la Generalidad, propiciado por la aplicaci贸n de los decretos de S鈥橝gar贸. No en vano las jornadas de mayo se iniciaron en una empresa colectivizada, la Telef贸nica, por la oposici贸n armada de los trabajadores cenetistas de base frente a su ocupaci贸n por las fuerzas represivas de la Generalidad. La r谩pida extensi贸n de la lucha a toda la ciudad de Barcelona fue obra de los comit茅s de defensa y de los comit茅s de barriada, enlazados telef贸nicamente, que actuaron al margen de los comit茅s superiores de la CNT, desbord谩ndolos.

En un lado de la barricada estaban las fuerzas del orden p煤blico, los estalinistas del PSUC, y las Milicias Pirenaicas catalanistas, dirigidos por el gobierno de la Generalidad. En el otro lado de la barricada estaban los obreros cenetistas y el POUM. S贸lo los anarquistas de la Agrupaci贸n de Los Amigos de Durruti y los trotskistas de la Secci贸n Bolchevique-Leninista de Espa帽a intentaron dar unos objetivos revolucionarios a la lucha de las barricadas.

Pero la militancia cenetista no pudo ni supo actuar contra las consignas COLABORACIONISTAS lanzadas por los dirigentes y los comit茅s superiores de la CNT. Lleg贸 a dispararse a los aparatos de radio que trasmit铆an los discursos de conciliaci贸n de Garc铆a Oliver y Federica Montseny, pero al fin se acataron sus consignas. Los Amigos de Durruti calificaron de 芦enorme traici贸n禄 la actividad de esos dirigentes y comit茅s superiores.

Despu茅s de mayo de 1937 fracasaron los intentos de expulsi贸n de los Amigos de Durruti POR PARTE DE LOS COMIT脡S SUPERIORES DE LA BUROCRATIZADA CNT, ya que no fue ratificada por ninguna asamblea de sindicatos. Sin embargo, no se produjo una escisi贸n capaz de clarificar las posiciones encontradas e inconciliables en el seno de la CNT.

La historiograf铆a posterior disminuy贸, o ignor贸, la importancia del papel de la Agrupaci贸n, y la burocracia cenetista llegar铆a incluso a recuperar para s铆 芦cierto prestigio revolucionario禄 de una Agrupaci贸n a la que persigui贸 e intent贸 expulsar de sus filas. La ambig眉edad favorece siempre a la contrarrevoluci贸n. Y HOY ES POSIBLE VER, SIN QUE NADIE SE ESCANDALICE, COMO LA CNT Y LA FAI 芦HEREDAN禄 EL PRESTIGIO REVOLUCIONARIO DE LA AGRUPACION DE LOS AMIGOS DE DURRUTI. Las burocracias y el capitalismo son capaces de recuperarlo todo, incluso lo que en su d铆a fue calumniado y perseguido por constituir una alternativa revolucionaria, antag贸nica a la burocracia y al capitalismo.

Tesis n煤mero 7

La institucionalizaci贸n de la CNT tuvo importantes consecuencias, inevitables, en la propia naturaleza organizativa e ideol贸gica de la CNT.

El ingreso de los militantes m谩s destacados en los distintos niveles de la administraci贸n estatal, desde ayuntamientos hasta los Ministerios del gobierno de la Rep煤blica, pasando por las Consejer铆as de la Generalidad o de instituciones 鈥渞evolucionarias鈥 nuevas, m谩s o menos aut贸nomas, como el CCMA, el CC de Abastos y el  Consejo de Econom铆a crearon nuevas funciones y necesidades, que deb铆an ser cubiertas por un n煤mero limitado de militantes capacitados para desempe帽ar tales cargos de responsabilidad.

El nombramiento de esos militantes con cargos, adem谩s de su asesoramiento y control, fue realizado por unos comit茅s superiores, que a su vez generaban otros cargos internos de responsabilidad en el seno de la Organizaci贸n.

Fue as铆 como se constituyeron los comit茅s superiores, formados por el CN de la CNT, el CR de la CRTC, la Federaci贸n Local de Sindicatos 煤nicos, el CP, el CR de la FAI, la Federaci贸n Local de GGAA de Barcelona, la FIJL, las Juventudes Libertarias de Catalu帽a, los concejales, los consejeros en la Generalidad, los ministros cuando pod铆an, los delegados de las Columnas confederales, y determinadas personalidades de prestigio.

Las funciones de direcci贸n y de poder ejercidas por esos comit茅s superiores, que abarcaban una minor铆a muy limitada de elementos capaces de ejercerlas, crearon una serie de intereses, m茅todos y objetivos distintos a los de la base militante confederal. De ah铆, por una parte, una desmovilizaci贸n y desencanto generalizado entre los afiliados y la militancia de base, que se enfrentaban al hambre y la represi贸n absolutamente desamparados por los comit茅s superiores. De ah铆 el surgimiento de una oposici贸n revolucionaria, encarnada fundamentalmente en Los Amigos de Durruti, las Juventudes Libertarias de Catalu帽a, algunos grupos anarquistas de la Federaci贸n Local de GGAA de Barcelona, y sobre todo en los comit茅s de barrio y de defensa de las barriadas barcelonesas.

La excepcionalidad de la situaci贸n hist贸rica, as铆 como la urgencia de las decisiones a tomar impidieron un funcionamiento horizontal y asambleario en la CNT catalana. El Comit茅 de comit茅s dirigi贸 la Organizaci贸n desde el 23 de julio de 1936 hasta junio de 1937. La Comisi贸n Asesora Pol铆tica (CAP) desde junio de 1937 hasta marzo de 1938. Mientras tanto, en julio de 1937, se produjo la conversi贸n de la FAI en un partido antifascista m谩s, capaz de suministrar y adiestrar bur贸cratas necesarios para asumir cargos de responsabilidad y mando. Finalmente, en un contexto de desbandada y derrumbe de los frentes, el elitista y autoelegido Comit茅 Ejecutivo del Movimiento Libertario de Catalu帽a dirigi贸 dictatorial y jer谩rquicamente la Organizaci贸n desde abril hasta octubre de 1938, sin m谩s horizonte que la militarizaci贸n del trabajo y de la sociedad, as铆 como de la propia Organizaci贸n.

Los comit茅s superiores, a principios de diciembre de 1936, vieron a los comit茅s revolucionarios de barrio como a sus peores enemigos, y decidieron reducir sus funciones y controlar sindicalmente a sus secciones de defensa, hibern谩ndolos en la pr谩ctica, hasta que en marzo de 1937 la formaci贸n del Cuerpo 煤nico de Seguridad, constituido por guardias de asalto y guardia civiles, y la amenaza de disoluci贸n de las Patrullas de Control, hizo necesaria su revitalizaci贸n y rearme como preparaci贸n para un enfrentamiento inevitable, que desemboc贸 en las Jornadas de Mayo.

La ideolog铆a de unidad antifascista, asumida e interiorizada por los comit茅s superiores cre贸 una comunidad de intereses y de objetivos de esos comit茅s con el resto de organizaciones antifascistas. Esos comit茅s superiores renunciaron a todos los principios anarcosindicalistas y revolucionarios, con el objetivo 煤nico de ganar la guerra.

La institucionalizaci贸n de la CNT y la asunci贸n de la ideolog铆a de unidad antifascista transformaron a los comit茅s superiores en el peor enemigo de la (minoritaria) oposici贸n revolucionaria cenetista, que estuvo muy cerca de provocar una escisi贸n, que finalmente no se produjo a causa de la eliminaci贸n f铆sica, encarcelamiento o clandestinidad a que se vio sometida esa oposici贸n por la represi贸n estatal y estalinista. Represi贸n que tuvo un car谩cter SELECTIVO, ya que estaba dirigida contra la minor铆a revolucionaria, al mismo tiempo que se intentaba asegurar la institucionalizaci贸n de los comit茅s superiores.

No debe hablarse de una TRAICI脫N DE LOS COMIT脡S SUPERIORES, que no explica nada, sino de un enfrentamiento DE CLASE entre unos comit茅s superiores que eran ESTADO, y unas minor铆as revolucionarias reprimidas y perseguidas. No era una traici贸n, era una lucha de clases entre dirigentes y dirigidos, entre gobernantes o aspirantes a serlo y gobernados, entre bur贸cratas y trabajadores.

Tesis n煤mero 8

La militarizaci贸n de las Milicias Antifascistas, junto con el decreto de Colectivizaciones y la disoluci贸n de los Comit茅s locales marcaron el inicio y el curso de la contrarrevoluci贸n burguesa y de su reconquista del aparato estatal, que no hab铆a sido destruido.

La militarizaci贸n de las Milicias, en el frente, no s贸lo supon铆a la p茅rdida de la direcci贸n de la guerra por los obreros y la p茅rdida de cualquier objetivo revolucionario, sino que conllevaba adem谩s la militarizaci贸n de la retaguardia, esto es, del Orden P煤blico.

Y esa militarizaci贸n de la retaguardia transformaba todas las relaciones sociales y pol铆ticas de poder, porque violencia y poder eran lo mismo.       La militarizaci贸n del Orden P煤blico implicaba, adem谩s, un proceso de creciente desmovilizaci贸n social, pol铆tica y revolucionaria de los trabajadores.

En la oposici贸n a la militarizaci贸n de las Milicias Populares (decretada en octubre de 1936) destac贸 la cuarta agrupaci贸n de Gelsa de la Columna Durruti, que, tras superar un conato de enfrentamiento armado con otras fuerzas de la Columna, partidarias de la militarizaci贸n, decidi贸 abandonar el frente (en febrero de 1937) y regresar a Barcelona, llev谩ndose las armas. Esos milicianos, junto con otros militantes cenetistas radicales, empe帽ados en la lucha existente en las empresas por la socializaci贸n, fundaron en marzo de 1937 la Agrupaci贸n de Los Amigos de Durruti, que lleg贸 a alcanzar de cuatro a cinco mil adherentes y se constituyeron, en Catalu帽a, en una alternativa revolucionaria a los comit茅s superiores (colaboracionistas) de la CNT-FAI.

De la violencia revolucionaria de los comit茅s, considerada como desorden por la burgues铆a catalana y los estalinistas, se pas贸, tras una transici贸n que dur贸 algunos meses, al orden burgu茅s 鈥渄e siempre鈥, en el que la violencia estaba monopolizada por los cuerpos represivos y antiobreros 鈥渄e siempre鈥: guardia de asalto y guardia civil, unificados el 4 de marzo de 1937 en un Cuerpo 煤nico de Seguridad. Desde ese punto de vista, los Hechos de Mayo de 1937 fueron el episodio necesario y decisivo para que el aparato estatal consiguiera el absoluto monopolio de la violencia.

De la violencia revolucionaria de los comit茅s, contra la burgues铆a, curas y fascistas, se pas贸 a la violencia represiva de las fuerzas burguesas del orden capitalista contra las minor铆as revolucionarias. Esa represi贸n de la oposici贸n revolucionaria cenetista (y de otras minor铆as revolucionarias) fue paralela y hom贸loga a la integraci贸n de los comit茅s superiores en el aparato estatal (estuviesen o no en el gobierno). No se trataba de ninguna traici贸n de los dirigentes a las bases, sino de las dos vertientes necesarias de un mismo proceso contrarrevolucionario: persecuci贸n de los revolucionarios e institucionalizaci贸n de los comit茅s superiores.

El orden p煤blico antifascista se fundamentaba en la unidad antifascista de todas las organizaciones con el objetivo 煤nico de ganar la guerra. Esa victoria militar implicaba y profundizaba la militarizaci贸n de las Milicias, de las fuerzas del orden, del trabajo, de las relaciones sociales y la pol铆tica. La guerra devor贸 a la revoluci贸n.

Tesis n煤mero 9

La resistencia al desarme de los comit茅s de barrio, en diciembre de 1936, provoc贸 su hibernaci贸n por parte de la Federaci贸n Local de Sindicatos; pero cuando el 4 de marzo de 1937 un decreto unific贸 a guardias de asalto y guardias civiles, bajo el mando del gobierno de la Generalidad, los sindicatos respondieron a esa amenaza volviendo a financiar, armar y reactivar a los comit茅s de defensa de los barrios. La ofensiva de estalinistas, catalanistas y Generalidad se hab铆a solidificado y parec铆a imparable. El hambre popular hab铆a expresado su descontento en las manifestaciones de mujeres del 14 de abril en distintos mercados de Barcelona. Del 12 al 24 de abril, la Federaci贸n Local de Grupos anarquistas, las JJLL y los comit茅s de defensa de los barrios se prepararon para una insurrecci贸n, capaz de enfrentarse al progresivo avance represivo de la contrarrevoluci贸n. A mediados de abril Herrera y Escorza negociaron con Companys un nuevo gobierno y una salida a la crisis gubernamental. Se iniciaron los primeros sumarios por 鈥渃ementerios clandestinos鈥, que culpaban y encarcelaban a los miembros de los comit茅s de las jornadas revolucionarias de julio. El 27 de abril de 1937, las autoridades de Bellver, apoyadas por el gobierno de la Generalidad y envalentonadas por la creciente invasi贸n de carabineros en la Cerda帽a, organizaron una emboscada para asesinar a Antonio Mart铆n, desencadenando una ofensiva represiva contra los anarquistas en esa comarca. Los comit茅s superiores cre铆an que bastar铆a 鈥渃on ense帽ar los dientes鈥 al PSUC, ERC y la Generalidad, para detener su ofensiva represiva. Los comit茅s de defensa de las barriadas de Barcelona desbordaron a los comit茅s superiores, desencadenando el 3 de mayo una insurrecci贸n revolucionaria, que escap贸 a su control.

Desde junio de 1937, disueltas las Patrullas de Control, se asisti贸 a una reconquista de las distintas localidades y comarcas por parte de las fuerzas de asalto y de la guardia civil, que aplicaron una represi贸n brutal contra los cenetistas y muy especialmente contra los expatrulleros y los militantes m谩s destacados. En muchos lugares la organizaci贸n cenetista desapareci贸.

Esa represi贸n del anarcosindicalismo fue acompa帽ada por una actitud pasiva de los comit茅s superiores, que optaron por una defensa individual y jur铆dica de los presos, en lugar de una defensa colectiva y pol铆tica. Los millares de presos anarcosindicalistas exigieron a los comit茅s superiores un mayor compromiso y solidaridad, que s贸lo consigui贸 que el CR de la CNT y el CR de la FAI accedieran a sacar una prensa clandestina, que realiz贸 una campa帽a en favor de los presos.

El 9 de junio de 1937, Campos y Xena se enzarzaron en una bizantina discusi贸n sobre si segu铆a existiendo, o no, el llamado Comit茅 de Comit茅s. A los pocos d铆as, el 14 de junio se constituy贸 formalmente la Comisi贸n Asesora Pol铆tica (CAP), que no era m谩s que una resurrecci贸n y actualizaci贸n del Comit茅 de Comit茅s surgido en julio de 1936. Las motivaciones eran id茅nticas, la necesidad de un organismo ejecutivo que tomara r谩pidamente las decisiones m谩s importantes y urgentes. Pero ahora se a帽ad铆a una nueva raz贸n: que los comit茅s de defensa NO volviesen a desbordar a los comit茅s superiores, como hab铆a sucedido en mayo. Y para abastecer, controlar e impedir otro posible desbordamiento de los comit茅s de defensa se cre贸 el denominado Comit茅 de Enlace, supeditado a la CAP.  

Tesis n煤mero 10

En julio de 1936, la cuesti贸n esencial no fue la toma del poder (por una minor铆a de dirigentes anarquistas), sino la de coordinar, impulsar y profundizar la destrucci贸n del Estado por los comit茅s. Los comit茅s revolucionarios de barriada (y algunos de los comit茅s locales) no hac铆an o dejaban de hacer la revoluci贸n: eran la revoluci贸n social.

Mientras los comit茅s superiores convert铆an a la CNT en una organizaci贸n antifascista m谩s, dedicada a la recuperaci贸n y fortalecimiento del aparato estatal republicano; los comit茅s revolucionarios asum铆an la tarea de destruir el Estado y de sustituirlo en todas sus funciones.

El papel de la CNT, como sindicato, quiz谩s deber铆a haberse reducido transitoriamente a la gesti贸n de la econom铆a, pero subordin谩ndose y disolvi茅ndose en la nueva organizaci贸n que brotaba de los Comit茅s de barrio, locales, de f谩brica, de abastos, de defensa, etc茅tera. La incorporaci贸n masiva de los trabajadores, muchos de ellos ausentes hasta entonces del mundo organizado, introduc铆a una nueva realidad. Y la realidad que la revoluci贸n hab铆a creado era distinta a la que exist铆a antes del 19 de julio. Las antiguas organizaciones y partidos pol铆ticos quedaban, en la pr谩ctica, fuera de la nueva realidad social instaurada. El organismo revolucionario de los comit茅s revolucionarios, generalizado a todos los niveles, deber铆a haber representado a todo el proletariado revolucionario, sin las absurdas divisiones de unas siglas, que ten铆an sentido antes de la insurrecci贸n de julio, pero no despu茅s.

La CNT-FAI deber铆a haber sido la levadura del nuevo organismo revolucionario, coordinador de los comit茅s, desapareciendo en el propio proceso de fermentaci贸n revolucionaria (al mismo tiempo que se disolv铆an el resto de organizaciones y partidos).

Despu茅s de la insurrecci贸n victoriosa de los obreros y de la derrota del ej茅rcito, y con el acuartelamiento de las fuerzas de orden p煤blico, la destrucci贸n del Estado dej贸 de ser una futurista utop铆a abstracta.

La destrucci贸n del Estado por los comit茅s revolucionarios era una tarea muy concreta y real, en la que esos comit茅s asum铆an todas las tareas que el Estado desempe帽aba antes de julio de 1936.

Falt贸 una vanguardia dispuesta a defender esa autonom铆a proletaria, capaz de coordinar, extender y fortalecer esos comit茅s revolucionarios: Los Amigos de Durruti la llamaron Junta Revolucionaria, pero no supieron ni pudieron ponerla en pr谩ctica, aunque en el cartel que distribuyeron a finales de abril de 1937 en Barcelona propon铆an decididamente la sustituci贸n de la Generalidad por esa Junta Revolucionaria.

Agust铆n Guillam贸n

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Fuente: Portaloaca.com