November 12, 2020
De parte de A Las Barricadas
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Cada vez es más complicado hacer propaganda

Me regaña un suscriptor, porque dice que tardo mucho en sacar artículos, que él los espera con mucha ansiedad, y que por qué no me prodigo más. Os lo explico.

En primer lugar estoy muy liado. Es que cuidar de uno mismo es como que muy pesado. Limpiar, lavar ropa, comprar comida, cambiar las sábanas de vez en cuando, tender, recoger, doblar, cocinar, fregar platos, yo qué sé la cantidad de cosas que tiene que hacer uno, desde que me echaron de patadas de la comunidad terapéutica. “Apto para desarrollar actividades de la vida diaria”, me ha puesto el siquiatra, y me dieron el alta sin compasión. Como lo oís. 

Luego, para mayor abundamiento, resulta que he heredado un perro. Todos mis familiares más cercanos, o han fallecido, o han emigrado por la crisis. Pero la perra se ha quedado conmigo. Y claro, el bicho es otro sin vivir: que si vacunarlo, que si desparasitarlo, que si sacarlo a pasear… A diario yo no sé las veces que tengo que sacarlo, durante largos periodos, y la guardia civil diciéndome no sé qué de un virus y del toque de queda. Y es que la bicha me mira con unos ojazos que no puedo resistirme. Viene, se me sube encima con sus cuarenta kilos, y me empieza a chupar sistemáticamente. Así que a la calle, a horas intempestivas, desafiando el estado de sitio, soltando unos cagajones enormes que me cortan t’ol rollo. Y no contenta con eso, padece un hambre eterna, que cada vez que me siento viene corriendo con el plato en la boca para que le dé cualquier cosa, como la pata de la silla, que la ha dejado hecha polvo.

Y para rematarme ya, están las citas médicas y revisiones. Cada vez que necesito recetas, vacunas, pruebas, hala, a hacer colas y llamadas de teléfono. Colas larguíiiiisimas, llenas de gente protestando y hablando de enfermedades, que vaya gusto. Tiene uno que llevar una agenda que pa qué: cardiólogo, internista, cirujano, radiólogo, siquiatra, el tipo que te mete un cable por el culo que no sé cómo se llama… Cada cual dando su opinión. Y a tomarte el citrafleet y a tener cerca el retrete, que nunca se sabe.

Otro problema es el de mi incultura. No veo la tele, apenas la prensa, y mi conocimiento del mundo exterior proviene del visionado por internet de culebrones latinoamericanos. Quitan mucho tiempo, lo juro, y forman parte de la conspiración de Soros, seguro. Ah, sin olvidarme de la burocracia del estado, papeleos, impuestos, bancos, seguros, la visita del de securitas direct para que ponga una alarma contra los okupas… Miles de cosas que interrumpen el fluir del pensamiento.

En estas condiciones, es muy complicado sentarse a decir algo con sentido. Porque aunque parezca que yo escribo como que muy fresco y displicente, en realidad me documento, estudio y pienso lo que voy a decir, para que salga un churro, que es algo que a cualquiera le gusta a la vez que le alimenta. Pues eso, que me pongo a pensar, y viene la perra, o me entra hambre y me hago una tostada, y a continuación me entra sueño, y tengo que descolgar la ropa que tendí porque se pone a llover, o me llaman mis sobrinas por teléfono, no para saber si sigo vivo, si no para preguntar por la perra, y para pedirme que les mande una caja con jamón, boquerones en vinagre y tomate frito del Hacendado, que en Alemania no hay, y muchas veces compran cosas que no saben ni lo que son.

Y esos son algunos de los motivos por los que no escribo artículos a diario. Porque imaginación tal vez tengo, pero que coincidan tiempo y oportunidad, no tanto. Y recordad siempre que detrás de todo gran hombre, suele esconderse un gran gilipollas.




Fuente: Alasbarricadas.org