July 27, 2021
De parte de Nodo50
326 puntos de vista


La situaci贸n creada en Cuba a partir del pasado 11 de julio nos interpela en varios sentidos a quienes luchamos por una sociedad sin explotaci贸n de clases ni opresi贸n alguna. Para quienes aspiramos a construir el 鈥渞eino de la libertad鈥 con personas libres e iguales en armon铆a con la naturaleza. En suma, el comunismo, el horizonte emancipador capaz de concretar la esperanza de los pueblos y las gentes.

Ello nos exige debatir sobre la mejor defensa (y desarrollo) de las conquistas sociales existentes en un pa铆s postcapitalista como Cuba frente al asedio imperialista. Lo que nos obliga a abordar las estrategias para cortocircuitar los planes restauracionistas del capital, sea de origen cubano o internacional, aprendiendo de los procesos de reversi贸n capitalista de otras experiencias. Cuesti贸n que nos conduce a imaginar el escenario pol铆tico, o, mejor dicho, el dise帽o de la arquitectura pol铆tico-institucional al servicio de los objetivos expuestos. Ninguno de los tres elementos puede tratarse aisladamente al margen de los otros y en estas l铆neas solo pueden esbozarse.

De entrada, saquemos hoy 18 de julio de 2021 de este debate la ganga, o sea, las tesis planteadas por la derecha representada en el caso espa帽ol por el PP y Vox que vociferan c铆nicamente 鈥渃ontra la dictadura comunista鈥 en su af谩n de barrer para casa. Ese no es el debate y menos con ellos. Adem谩s, no tienen ninguna autoridad moral ni pol铆tica quienes no condenan la dictadura franquista y callan y otorgan ante las masacres en Chile y Colombia o los desmanes de Bolsonaro o del r茅gimen saud铆. La derecha cubana simplemente quiere recuperar sus ingenios, tierras y garitos e imponer un r茅gimen neoliberal y la derecha espa帽ola solamente es un instrumento m谩s del proyecto restaurador reaccionario del conglomerado cubano de Miami, una de cuyas alas est谩 demandando una sanguinaria intervenci贸n militar de los EE UU cuya consecuencia ser铆a una nueva f贸rmula neocolonial.

Vientos de revoluci贸n

La legitimidad de origen de la revoluci贸n de 1959 y la importancia de su transcrecimiento hacia objetivos socialistas en 1961 poca gente los puede negar. El aliento que signific贸 para las aspiraciones populares en Latinoam茅rica es un dato 鈥渆structural鈥 de la lucha de clases en el subcontinente y el entusiasmo que despert贸 en varias generaciones de gentes de izquierda en todo el mundo se manifest贸 en la admiraci贸n hacia dos figuras el Ch茅 y Fidel Castro. El pueblo de Cuba tras a帽os de esclavismo, dependencia colonial del reino de Espa帽a y luego del gigante estadounidense, encontr贸 la dignidad como naci贸n soberana. Esa legitimidad de origen se vio consolidada inicialmente porque junto al derrumbe del dictador hubo importantes mejoras sociales y avances innegables en las condiciones de vida de la poblaci贸n cubana. Fueron tambi茅n los primeros a帽os de interesantes debates socialistas p煤blicos y abiertos muy pluralistas con presencia internacional respecto al modelo econ贸mico. Ello implicaba tambi茅n hablar de mecanismos de decisi贸n pol铆tica pues en aquel momento quedaba todav铆a pendiente construir una legitimidad en ejercicio a trav茅s de nuevas instituciones revolucionarias populares m谩s all谩 del Ch茅 y Castro.

Por eso intervino el imperialismo desde el inicio ya que en palabras de Eduardo Galeano 鈥渓o que les molesta de Cuba no son los errores de la revoluci贸n que los hubo y los hay. Lo que realmente no pueden soportar es que un pa铆s pobre y chiquito no se doblegue ante el imperio鈥. Una cuesti贸n de disciplina ejemplarizante para navegantes. Se trataba de abortar la experiencia y adem谩s de aventuras militares, el imperialismo decret贸 el bloqueo para imposibilitar la promesa revolucionaria de 1959: libertad con pan y pan sin terror.

El bloqueo, el maldito bloqueo

Los efectos del acoso norteamericano -agudizado tras La Ley Helms Burton de 1996 y rematado por la entrada en vigor de su cap铆tulo III en 2019 y el despliegue de medidas de Trump- han sido devastadores y no han permitido a la isla modificar sustantivamente su posici贸n en la divisi贸n internacional del trabajo -sea con el monocultivo exportador de az煤car, sea con su conversi贸n en una gran plataforma tur铆stica-. Lo que unido a la dependencia energ茅tica y alimentaria del exterior y a pesar de los avances en ense帽anza y salud y en la biomedicina puntera y formaci贸n de profesionales de la misma, ha provocado que las condiciones de vida de la poblaci贸n en 2021 鈥搎ue nadie se tape los ojos- est茅n presididas (particularmente tras la dolarizaci贸n de muchas transacciones ante la necesidad de divisas mediante el mecanismo MLC -Moneda Libremente Convertible) por mayor escasez y tambi茅n desigualdad en el seno de la sociedad  en relaci贸n con el acceso a bienes y servicios, todo ello agravado por la inflaci贸n derivada de una cadena de decisiones err贸neas.

Esto incide en una poblaci贸n, la cubana, en la que 3 millones de personas cobran del Estado en pesos y otros 3 millones largos viven de la econom铆a m谩s o menos informal y donde existe una capa de unos cientos de miles de personas que de forma limitada tienen negocios privados. La pandemia -que incidi贸 en la salud p煤blica pese a los avances y esfuerzos realizados y en el descenso del PIB-, el corte del flujo de entradas de divisas mediante las remesas familiares y la crisis del turismo, junto al d茅ficit de crudo venezolano y el regreso de muchos de los profesionales de la sanidad que trabajaban en terceros pa铆ses han agravado la situaci贸n.

El imperialismo perdi贸 varias batallas, pero puede ganar la guerra socavando las bases materiales que aseguran los avances revolucionarios y la creaci贸n de una nueva institucionalidad democr谩tica socialista. Es evidente y ser铆a ingenuo esperar que el imperialismo facilite el desarrollo econ贸mico de un pa铆s disidente. La internacionalizaci贸n de la revoluci贸n no es un capricho ideol贸gico, sino una necesidad pr谩ctica para la supervivencia a largo plazo de un pa铆s poscapitalista.

No es la primera vez que el imperialismo intenta ahogar los procesos emancipadores. Viene intent谩ndolo desde 1917 y hemos visto los efectos t贸xicos que tuvo el esfuerzo militar al que oblig贸 a la revoluci贸n sandinista para hacer frente a la Contra -drenando los recursos para satisfacer las necesidades de la poblaci贸n- cuyo resultado es el fracaso del proyecto revolucionario y la entronizaci贸n de los s谩trapas Ortega-Murillo. El imperialismo no duda -con Biden incumpliendo sus promesas electorales- en crear una crisis humanitaria para socavar las expectativas populares en Cuba y cercenar la capacidad de maniobra del gobierno. En ese marco es m谩s que l贸gico que haya descontento popular, particularmente en los sectores m谩s empobrecidos. Lenin en circunstancias extremas afirm贸 que el peor error que pod铆an cometer los bolcheviques era no tener en cuenta la realidad de las masas en la propia Rusia de los soviets.

Resetear el internacionalismo

Por ello es tan importante desarrollar una actividad solidaria antiimperialista desde los pueblos -especialmente sus clases trabajadoras- y tambi茅n desde los gobiernos que se consideran a s铆 mismos progresistas o simplemente democr谩ticos para condenar y pedir el cese del bloqueo ilegal e inhumano al que se somete al pueblo cubano, exigiendo que Biden saque a Cuba de la lista de los pa铆ses que amparan y favorecen al terrorismo aliviando la situaci贸n econ贸mica del pa铆s. Pero tambi茅n -y ello es esencial- ayudar desde la solidaridad internacionalista a paliar la situaci贸n de desabastecimiento que sufre la isla reactivando campa帽as de recogida y envi贸 de materiales b谩sicos a la isla. De ah铆 que no se pueda entender por qu茅 no act煤an con hechos los L贸pez Obrador o Alberto Fern谩ndez cuyos recursos no son ilimitados, pero desde luego suficientes para realizar ayudas efectivas. Tampoco es de recibo que los partidos de izquierda, los sindicatos y las organizaciones sociales de todo el mundo, especialmente de los pa铆ses de la OCDE, no efect煤en actividades de incitaci贸n y canalizaci贸n de ayudas populares.

Pero el antiimperialismo con ser necesario en el actual laberinto cubano no es suficiente. Y menos a煤n reducir la compleja situaci贸n de Cuba al juego geoestrat茅gico regional o mundial. Sin despreciar esos elementos como parte del problema y de la soluci贸n, hay que poner sobre la mesa la realidad social interna del pa铆s y el grado de esclerosis del modelo pol铆tico. El conflicto social para el marxismo forma parte de la realidad misma en cualquier circunstancia y se expresa de muy diversas formas. Olvidar esto y encerrase en el marco discursivo geoestrat茅gico es un error de 鈥減rimero鈥 marxismo. Hay posiciones acr铆ticas en la izquierda y de justificaci贸n cerrada de lo que en cada momento digan los gobiernos considerados 鈥渁migos鈥 frente al enemigo imperialista que manifiestan un burdo y trasnochado campismo que puede meter en el mismo frente a defender a reg铆menes y dirigentes de todo el mundo y de muy diferente naturaleza. Esa posici贸n es da帽ina para defender realmente a Cuba frente a los ataques que sufre.

M谩s inteligente e interesante es la posici贸n que considera la cuesti贸n cubana solo o principalmente en el marco del juego de poderes y contrapoderes, de balances, pesos y medidas que se establecen entre los estados y gobiernos del subcontinente latinoamericano frente al todo poderoso vecino. Obviamente las correlaciones de fuerza tambi茅n se establecen en ese nivel, pero no solamente. Tambi茅n dependen de las correlaciones de fuerza entre las clases en el conflicto social de cada pa铆s que, a su vez, influyen en los procesos del resto de pa铆ses. Y en las decisiones pol铆ticas y econ贸micas que se adoptan por parte de los gobiernos. Y eso tambi茅n cuenta para Cuba. De c贸mo resuelva el pueblo cubano su futuro ante los problemas que tiene depender谩 tambi茅n la situaci贸n final del conjunto latinoamericano porque si el futuro de la isla depende en gran medida de su entorno regional, el de este depende tambi茅n del de Cuba.

Las cosas no pasan por casualidad

En la isla hay un creciente malestar por razones objetivas y materiales, pero tambi茅n pol铆ticas ante una nueva dirigencia del PC cubano que no tiene la vieja legitimidad -esta no se hereda- ni ha cumplido con las promesas e ilusiones que despert贸 la Constituci贸n de 2019 que proclamaba un Estado Socialista de Derecho, hoy todav铆a sin materializaci贸n pr谩ctica. No se pueden reducir las soluciones de la situaci贸n a la mera 鈥済esti贸n鈥 inteligente del malestar -inteligencia que por otro lado ha brillado por su ausencia en los 煤ltimos tiempos-: hay problemas estructurales en el modelo realmente existente que requieren soluciones de mayor calado.

El 11 de julio fue una se帽al de alarma. De nada vale minimizar su alcance al de los pocos miles de personas que salieron a las calles porque potencialmente representaban a mucha m谩s gente y sabemos que las din谩micas sociales pueden dar saltos en cortos periodos de tiempo. En uno u otro sentido. De nada vale asimilarlas al mero producto de una conspiraci贸n e instigaci贸n imperialista y derechista. La declaraci贸n del Grupo de Puebla al respecto es uno de los exponentes de ceguera pol铆tica del progresismo latinoamericano incapaz, por otro lado, de ofrecer soluciones para la erradicaci贸n del capitalismo cuando gobierna. Seguro que operaron esos agentes, pero interven铆an sobre un caudal m谩s amplio, ser铆a est煤pido pensar lo contrario. Pero, sobre todo, esa metodolog铆a basada en establecer la intervenci贸n de potencias y fuerzas manipuladoras como factores unicausales de los conflictos en las sociedades es un arma de doble filo; pues imag铆nense ustedes que se lo apliquen a los pueblos de otros pa铆ses cuando se movilizan por sus intereses, reduciendo las causas a la conspiraci贸n social-comunista. Cuando hay movilizaciones populares no necesariamente parten de una conciencia de clase acabada ni tienen un programa socialista, son expresi贸n de momentos subjetivos apoyados en situaciones objetivas. Y, por tanto, son un espacio en disputa por la hegemon铆a en la conducci贸n de ese movimiento en el que pugnan diversas l铆neas.

Considerar como contra-revolucionaria a toda la gente descontenta en Cuba es una simpleza del mismo calibre que considerarla portadora de soluciones revolucionarias. Pero sobre todo es una grave actuaci贸n emplear la represi贸n desde el aparato del Estado contra una parte del pueblo cuyo comportamiento mayoritario fue pac铆fico y muy alejado del empleo de armas contra el r茅gimen. Actuaci贸n que comport贸 el uso de fuerza, detenciones -incluidas las de militantes comunistas presentes- y una total falta de transparencia sobre los datos y ubicaci贸n de las personas detenidas. Ello fue acompa帽ado de un 鈥渁pag贸n鈥 de internet y llamamientos a un cierre de filas. Todo ello es incomprensible en un pa铆s en el que el pueblo tiene una alta conciencia de resistencia ante el imperialismo, d贸nde existe una amplia cultura marxista y en el que el propio Partido Comunista cubano tiene todav铆a un importante grado de fortaleza y hondas ra铆ces populares. No es con palos y apagones en la red como se hace frente a los problemas existentes y a las demandas y aspiraciones populares.

La hegemon铆a en la transici贸n al socialismo

Cuba no es un pa铆s socialista: es un pa铆s embarcado en una larga transici贸n hacia el socialismo, en un mundo capitalista, en donde el capital presiona y opera tambi茅n dentro de la isla. Por lo tanto, es ingenuo creer que crisis econ贸micas y sociales como las que vive el resto del sistema-mundo no afectar谩n a Cuba. 驴Pueden existir crisis y movilizaciones con las mismas razones de fondo que en otros pa铆ses del globo? Protestas que no son en s铆 mismas ni reaccionarias ni progresivas, sino que expresan el malestar ante la crisis. La respuesta a la pregunta es que s铆. Si asumimos esto, el debate se torna pol铆tico: 驴Cu谩l es la salida o la propuesta ante este tipo de protestas?

El problema, seamos claros, proviene de considerar que una vez el Partido Comunista ha conseguido el poder, la cuesti贸n de la legitimidad y la hegemon铆a de la pos-revoluci贸n ya est谩n zanjados. Pero por suerte o por desgracia, esto no es cierto. La pol铆tica no se acaba nunca. Surgen nuevos impulsos, contradicciones, dilemas e incluso nuevos actores sociales. Las sociedades son cada vez m谩s complejas y diversas y las soluciones requieren una conversaci贸n p煤blica permanente. La famosa y archicitada hegemon铆a tambi茅n debe renovarse en la transici贸n al socialismo: no basta con la legitimidad de origen. Y esta regeneraci贸n solo puede lograrse a trav茅s de la activa participaci贸n de los sectores populares. Si no, tarde o temprano, el Partido, por muy fuerte que sea, se quedar谩 solo.

Es necesario que todas las asociaciones, sindicatos y grupos comprometidos en la lucha contra el bloqueo y el acoso imperialista cuenten con la m谩xima libertad para opinar y operar. Hasta ahora hemos relatado la parte heroica de la revoluci贸n, la parte resistente. Pero en los 煤ltimos a帽os, el Partido Comunista de Cuba ha efectuado un giro real. Un giro que ha introducido reformas promercado. Sus cuadros hablan abiertamente de Vietnam como modelo. Es evidente que es una f贸rmula para salir del aislamiento econ贸mico, tambi茅n agudizado por el desastre venezolano o las crisis de otros gobiernos progresistas. Pero no es descartable que sea posible que haya un sector de la burocracia dispuesto a pasar de la NEP a un nuevo modelo econ贸mico, que conserve el poder del Partido Comunista bajo una econom铆a capitalista de estado. Este ya es el caso de China. Pero hay m谩s y m谩s peligrosos riesgos a conjurar por lo que conviene recordar que en la URSS no fue el imperialismo americano el que restaur贸 el capitalismo, si no un sector de la burocracia -uno de cuyos exponentes es Putin- el que se pas贸 con armas y bagajes al capitalismo encabezando un enorme proceso de privatizaci贸n y apropiaci贸n de las joyas del sistema productivo.

Debatir sobre todos estos problemas y orientaciones y elegir de forma consciente es en lo que consiste la democracia socialista. Y hoy en Cuba eso no existe. Ni siquiera la letra de la Constituci贸n tiene hueco real en la pr谩ctica. Si la escasez la podemos relacionar con el bloqueo, esta falta de libertades socialistas solo se entiende por la concepci贸n monopolizadora del poder que mantiene el Partido Comunista, m谩s propia del estalinismo que de quienes siguen reivindicando la figura del Ch茅.

Socialismo es m谩s, mejor y total democracia

Ni en Marx ni en Lenin ni en el Castro del Movimiento 26 de julio encontramos ni rastro de que el socialismo se construya 煤nica y exclusivamente bajo el mando de un partido 煤nico monopolizador del poder pol铆tico. La mejor garant铆a de las conquistas parciales y del avance hacia el socialismo es un pueblo organizado que no depende. ni es un brazo m谩s del aparato de Estado, que debe jugar un papel activo en la transici贸n hasta que sea posible hablar con Marx del reino de la libertad.

La democracia socialista implica junto a la socializaci贸n de los medios de producci贸n bajo diferentes formas de propiedad social y colectiva no exclusivamente estatal y con el activo control de la clase trabajadora, la libertad de formaci贸n de partidos pol铆ticos, sindicatos y organizaciones sociales feministas, ecologistas, barriales鈥, y la puesta en pie una planificaci贸n democr谩tica con participaci贸n popular activa en todos los 谩mbitos y niveles. Lo que implica necesariamente la libertad de expresi贸n en todos los espacios y 谩mbitos y la libertad de prensa. El asunto no es nuevo, viene de los albores de los fundadores pol铆ticos del comunismo en el pasado siglo.

Tal como se帽ala Rosa Luxemburgo -y merece la pena recogerse en esta extensa cita-: 鈥渆s un hecho conocido e indiscutible que es imposible pensar en un gobierno de las amplias masas sin una prensa libre y sin trabas, sin el derecho ilimitado de asociaci贸n y reuni贸n (鈥) La libertad s贸lo para los que apoyan al gobierno, s贸lo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ning煤n concepto fan谩tico de la 鈥渏usticia鈥, sino porque todo lo que es instructivo, totalizador y purificante en la libertad pol铆tica depende de esta caracter铆stica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la 鈥渓ibertad鈥 se convierte en un privilegio especial鈥.

Por eso profundizar en la democracia no es poner en cuesti贸n los procesos revolucionarios o el proyecto socialista, sino bien al contrario es condici贸n para su realizaci贸n en un horizonte emancipador.

18/07/2021

Manuel Gar铆. Economista, miembro del Patronato y del Consejo Asesor de viento sur y militante de Anticapitalistas. Forma parte del Foro Transiciones y Espacio P煤blico. Es coautor de Como si hubiera un ma帽ana (Sylone y viento sur, 2020).

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Fuente: Vientosur.info