May 14, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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DISCURSO TELEVISADO EL 17 DE ENERO 1961 AL TERMINAR SU MANDATO COMO PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS

鈥淢is conciudadanos americanos:

Dentro de tres d铆as, tras medio siglo al servicio de nuestro pa铆s, dejar茅 las responsabilidades de la oficina puesto que, en una ceremonia tradicional y solemne, la autoridad de la Presidencia ser谩 investida en mi sucesor.

Esta noche comparezco ante vosotros con un mensaje de despedida y adi贸s, y para compartir unos cuantos pensamientos finales con vosotros, mis compatriotas. 

Como cualquier otro ciudadano le deseo al nuevo presidente y a todos quienes colaboren con 茅l buena suerte. 

Rezo para que los pr贸ximos a帽os sean bendecidos con la paz y la prosperidad para todos. Nuestro pueblo espera que su Presidente y el Congreso lleguen a un acuerdo fundamental en los asuntos de este gran momento, la sabia resoluci贸n que dar谩 mejor  forma al futuro de la Naci贸n.

Mis propias relaciones con el Congreso, que comenzaron de forma remota y tenue cuando, hace mucho tiempo, un miembro del Senado me design贸 en West Point, han variados desde entonces la 铆ntimas relaciones durante la guerra y el per铆odo inmediatamente posterior a ella, y por 煤ltimo, a la interdependencia mutua durante estos 煤ltimos ocho a帽os.

En esta 煤ltima relaci贸n, el Congreso y la Administraci贸n han cooperado bien, en la mayor铆a de los asuntos vitales, para servir al bien nacional en lugar del mero partidismo, asegurando que la empresa de la Naci贸n pueda seguir adelante. Por lo tanto, mi relaci贸n oficial con el Congreso culmina en un sentimiento de gratitud, por mi parte, al haber sido capaces de hacer muchas cosas juntos.

II.

Nos encontramos ya pasados diez a帽os de la mitad de un siglo que ha sido testigo de cuatro grandes guerras entre grandes naciones. Tres de ellas han implicado a nuestro propio pa铆s. A pesar de estos holocaustos Am茅rica es hoy la naci贸n m谩s fuerte, m谩s influyente y m谩s productiva del mundo. Comprensiblemente orgullosos de esta preminencia, de nuevo nos damos cuenta de que el liderazgo y prestigio de Am茅rica dependen, no s贸lo de nuestro inigualado progreso material, riqueza y fuerza militar, sino de c贸mo usamos nuestra fuerza en el inter茅s de la paz mundial y el progreso humano.

III.

Durante la aventura de Am茅rica como un gobierno libre, nuestros prop贸sitos b谩sicos han sido mantener la paz; fomentar el progreso en los logros humanos, y realzar la libertad, dignidad y la integridad entre las personas y las naciones. (鈥) 

El progreso hacia estos nobles objetivos est谩 permanentemente amenazado por el conflicto que hoy atenaza al mundo. Requiere nuestra total atenci贸n, absorbe nuestras mismas existencias. Afrontamos una ideolog铆a hostil — de 谩mbito global, car谩cter ateo, prop贸sito implacable, y m茅todo insidioso. Por desgracia el peligro parece prometer ser de duraci贸n infinita. Para afrontarlo con 茅xito, no es necesario el sacrificio emocional y transitorio de la crisis, sino m谩s bien los que nos permiten llevar a paso firme, seguro, y sin la carga de los reclamos, una lucha prolongada y compleja, con la libertad en juego. S贸lo as铆 nos mantenemos, a pesar de toda provocaci贸n, en nuestro camino trazado hacia una paz permanente y el mejoramiento humano.

Las crisis seguir谩n estando ah铆. Para lidiar con ellas, ya sea nacional o extranjera, grande o peque帽a, hay una tentaci贸n recurrente a sentir que alguna acci贸n espectacular y costosa podr铆a convertirse en la soluci贸n milagrosa a todos los problemas actuales. Un gran aumento en los nuevos elementos de nuestra defensa, el desarrollo de programas realistas para curar todos los males de la agricultura, una expansi贸n espectacular en la investigaci贸n b谩sica y aplicada – 茅stas y muchas otras posibilidades, cada una posiblemente prometedora en s铆 mismo, puede ser sugerida como la 煤nica direcci贸n del camino que deseamos recorrer.

Pero cada propuesta debe ser considerada a la luz de una consideraci贸n m谩s amplia: la necesidad de mantener un balance en y entre nuestros programas nacionales — balance entre la econom铆a privada y p煤blica, balance entre el coste y lo esperado para avanzar — balance entre lo claramente necesario y lo c贸modamente deseable; balance entre nuestras necesidades esenciales como naci贸n y los deberes impuestos por la naci贸n sobre el individuo; balance entre las acciones del momento y el bienestar nacional futuro. (鈥) Pero las amenazas, nuevas en su forma o nivel, surgen constantemente. Mencionar茅 s贸lo dos.

Facs铆mil de la advertencia de Eisenhower (FUENTE)


IV.

Un elemento vital para mantener la paz es nuestra clase militar. Nuestras armas deben ser poderosas, preparadas para la acci贸n inmediata, para que ning煤n agresor potencial est茅 tentado de arriesgarse a su propia destrucci贸n.

Nuestra organizaci贸n militar actual tiene poca relaci贸n con la que conocieron cualquiera de mis predecesores en tiempos de paz, o incluso por los combatientes de la Segunda Guerra Mundial y Corea.

Hasta el 煤ltimo de nuestros conflictos mundiales, los Estados Unidos no ten铆an industria armament铆stica. Los fabricantes norteamericanos de arados pod铆an, con tiempo y seg煤n necesidad, fabricar tambi茅n espadas. Pero ahora ya no nos podemos arriesgar a una improvisaci贸n de emergencia de la defensa nacional; nos hemos visto obligados a crear una industria de armamentos permanente, de grandes proporciones. A帽adido a esto, tres millones y medio de hombres y mujeres est谩n directamente implicados en el sistema de defensa. Gastamos anualmente en seguridad militar m谩s que los ingresos netos de todas las empresas de Estados Unidos.

Esta conjunci贸n de un inmenso sistema militar y una gran industria armament铆stica es algo nuevo para la experiencia norteamericana. Su influencia total (econ贸mica, pol铆tica, incluso espiritual) es palpable en cada ciudad, cada parlamento estatal, cada departamento del gobierno federal. Reconocemos la necesidad imperativa de esta nueva evoluci贸n de las cosas. Pero debemos estar bien seguros de que comprendemos sus graves consecuencias. Nuestros esfuerzos, nuestros recursos y nuestros trabajos est谩n implicados en ella; tambi茅n la estructura misma de nuestra sociedad.

En los consejos de gobierno, debemos estar alerta contra el desarrollo de influencias indebidas, sean buscadas o no, del complejo militar-industrial. Existe y existir谩n circunstancias que har谩n posible que surjan poderes en lugares indebidos, con efectos desastrosos.

Nunca debemos permitir que el peso de esta combinaci贸n ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democr谩ticos. No deber铆amos dar nada por supuesto. S贸lo una ciudadan铆a entendida y alerta puede obligar a que se produzca una correcta imbricaci贸n entre la inmensa maquinaria defensiva industrial y militar, y nuestros m茅todos y objetivos pac铆ficos, de modo que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntas.

Similar, y en gran medida responsable por los profundos cambios de nuestra situaci贸n industrial y militar, ha sido la revoluci贸n tecnol贸gica durante las d茅cadas recientes.

En esta revoluci贸n, la investigaci贸n ha tenido un papel central; tambi茅n se vuelve m谩s formalizada, compleja, y cara. Una proporci贸n creciente de la misma se lleva a cabo bajo la direcci贸n, o para los fines, del Gobierno Federal.

Hoy, el inventor solitario, trasteando en su taller, ha sido desplazado por ej茅rcitos de cient铆ficos en laboratorios y campos de pruebas. De la misma manera, la universidad libre, la fuente hist贸rica de las ideas libres y del descubrimiento cient铆fico, ha experimentado una revoluci贸n en la manera de llevar a cabo la investigaci贸n. En parte por las enormes cantidades que conlleva, un contrato con el gobierno se vuelve virtualmente el sustituto de la curiosidad intelectual. Por cada antigua pizarra hay ahora cientos de nuevos ordenadores electr贸nicos.

La perspectiva de que los acad茅micos de la naci贸n puedan llegar a estar dominados por el Gobierno federal, por la concesi贸n de proyectos y por el poder del dinero, est谩 m谩s que nunca ante nosotros, y es un riesgo que debe considerarse muy seriamente.

Aun teniendo el respeto debido a la investigaci贸n y los descubrimientos cient铆ficos, tambi茅n debemos estar alerta ante el peligro contrario e igualmente serio de que la pol铆tica que ha de velar por el inter茅s p煤blico se vuelva cautiva de una 茅lite cient铆fico-tecnol贸gica.

Es tarea de los hombres de Estado dar forma, equilibrar e integrar a estas y otras fuerzas, nuevas y viejas, en el seno de los principios de nuestro sistema democr谩tico — persiguiendo siempre los fines supremos de nuestra sociedad libre.

V.

Otro factor en el mantenimiento del equilibrio tiene que ver con el factor tiempo. Al atisbar el futuro de nuestra sociedad, debemos — vosotros y yo, y nuestro gobierno– evitar la tendencia a vivir 煤nicamente para el d铆a de hoy, saqueando por comodidad y facilidad los preciados recursos del ma帽ana. No podemos hipotecar los bienes materiales de nuestros nietos sin arriesgarnos a que se pierda adem谩s la herencia pol铆tica y espiritual que les dejamos. Queremos que la democracia sobreviva para todas las generaciones por venir, no que se transforme en el fantasma insolvente del ma帽ana

VI.

Por el largo camino de la historia que a煤n se ha de escribir, Norteam茅rica sabe que este mundo nuestro, que cada vez se vuelve m谩s peque帽o, debe evitar convertirse en una comunidad de horribles temores y odio, y ser, en cambio, una orgullosa alianza de confianza y respeto mutuo.

Una alianza tal ha de ser entre iguales. Los m谩s d茅biles deben venir a la mesa de conferencias con la misma confianza que nosotros, protegidos como estamos por nuestra fuerza moral, econ贸mica, y militar. Esa mesa, aunque marcada por las cicatrices de muchas frustraciones pasadas, no puede abandonarse en favor de la agon铆a segura del campo de batalla.

El desarme, con honor y confianza mutuos, sigue siendo un imperativo. Juntos debemos aprender c贸mo solucionar nuestras diferencias no con las armas sino con el intelecto y las intenciones decentes. Precisamente porque esta necesidad es tan vital y evidente, confieso que abandono mis responsabilidades oficiales en este campo con un claro sentimiento de decepci贸n. Como alguien que ha sido testigo del horror y la tristeza que deja la guerra — como alguien que sabe que otra guerra podr铆a destruir totalmente esta civilizaci贸n que se ha construido tan lentamente y con tantos sacrificios a lo largo de miles de a帽os — desear铆a poder decir esta noche que hay una paz duradera a la vista.

Felizmente, puedo decir que se ha evitado la guerra. Se ha llevado a cabo un progreso continuado hacia nuestra meta 煤ltima. Pero queda tanto por hacer. En tanto que ciudadano particular, nunca dejar茅 de hacer lo poco que pueda para ayudar al mundo a avanzar por ese camino

VII.

(…) Oramos para que los pueblos de todas las religiones, todas las razas, todas las naciones, pueden tener sus grande necesidades humanas satisfechas, que aquellos que hoy tienen negadas sus oportunidades vengan a disfrutar de ella al m谩ximo, para que todos los que anhelan la libertad puede experimentar sus bendiciones espirituales, que los que tienen libertad entiendan sus pesadas responsabilidades, tambi茅n, que todos los que son insensibles a las necesidades de los dem谩s aprendan de la caridad, que los flagelos de la pobreza, la enfermedad y la ignorancia desaparezcan de la tierra, y que, con la bondad de tiempo, todos los pueblos lleguen a vivir juntos en una paz garantizada por la fuerza vinculante de respeto mutuo y el amor.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com