September 30, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
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VALDIVIELSO ARCE, Jaime L.

Publicado en el a帽o 2005 en la Revista de Folklore n煤mero 293.

EL RELINCHIDO

T铆pico del folklore burgal茅s, tan rico y variado, es el llamado 鈥渞elincho鈥 o 鈥渞elinchido鈥 que en otras regiones espa帽olas recibe otros nombres. Los folkloristas, etn贸grafos y etn贸logos ven en este impetuoso chillido 鈥搈itad sirena fabril, mitad risa forzada 鈥 el grito de guerra c茅ltico. Los vascos lo llaman irrintxi o sanso. Los aragoneses lo llaman renchillido. Los asturianos, rinflido o ixux煤. Los c谩ntabros le dan el nombre de riflido, richido o jujeo. Los extreme帽os lo denominan rejincho. Los leoneses lo llaman ijij铆, ijuj煤 y jejeo. Los murcianos, ajuj煤. Los canarios le dicen ajijido. Los gallegos, aturuxo. Los catalanes, reninys y los valencianos 鈥揷omo el arcipreste 鈥 alb贸rbola. Este grito popular, verdadera expansi贸n fon茅tica, v谩lvula de escape de la voz que ha estado sujeta a ritmo y medida durante el canto, pas贸 con otros t铆picos nombres a Hispanoam茅rica, como observa Dionisio Preciado (1).

鈥淭ambi茅n algunas danzas orientales poseen un grito parecido al relincho castellano, pero con otra significaci贸n muy distinta. La danza introvertida emplea esos sonidos obtusos, aspirados, de tonalidad sombr铆a y de pocos matices tonales que, con poder m铆stico, parecen abstraer de la vida cotidiana al ejecutante. El cultor de Buda olvida el mundo con su sonido peculiar, su 隆Om!, y el danzar铆n samoano sentado con su 隆mm! El derviche profiere un sonido 隆uu!, el antiguo sacerdote de Cibeles y el danzar铆n hipn贸tico de Bali su 隆huu! Y el indio del noroeste del Brasil, 隆puu!鈥.

Por el contrario, el 茅xtasis de las salvajes danzas de salto se expresa con gritos poderosos: el danzar铆n asturiano lanza su potente 隆hi鈥搖uu鈥搖uu! En la danza prima, y el schuhplattler b谩varo, entre la m煤sica correcta del viol铆n, la c铆tara y el acorde贸n, el hombre da rienda suelta a su exuberancia con 鈥渄esenfrenados alaridos鈥, escribe Curt Sachs en su Historia Universal de la Danza, pp. 189鈥190.

Este grito caracter铆stico y peculiar se ha conservado hasta nuestros d铆as entre los c谩ntabros y es el grito que suelta a pleno pulm贸n el mozo en el silencio de la noche y seg煤n los antrop贸logos tiene un profundo significado del que se han hecho distintas interpretaciones. El m谩s generalizado sentido que se atribuye a este grito ancestral apunta hacia una motivaci贸n o finalidad sexual. Es como el reclamo para llamar a la hembra que tambi茅n utilizan otros animales en su propio lenguaje.

Por su parte, Federico Olmeda dice lo siguiente:

鈥淎l final de estos cantos romeros hacen muchas veces los cantores populares lo que antes era de rigor en toda Castilla al final de los bailables, esto es, el 鈥渋juj煤鈥, 鈥渁turuxo鈥 o como le llamen en otras partes. Aqu铆 en Castilla y en Burgos le suelen llamar 鈥渞elincho鈥 o 鈥渞elinchido鈥. Este es una serie de gritos enlazados e indefinibles: parece una risa hecha forzosamente sobre tonos muy elevados y que va descendiendo por grados a manera de una cascada; el nombre que le dan despierta la idea del relincho de los caballos y no le falta parecido. Lo cierto es que al terminar el baile se quedaba brevemente mirando la pareja y no se separaba de su sitio hasta que el bailador lanzaba el 鈥渞elinchido鈥.

Ya va desapareciendo esa costumbre que con tanto cuidado la conservan en otras partes; y as铆 sucede por desgracia con casi todas las costumbres castellanas, a las que suelen sustituir otras que no tienen abolengo ni son buenas. 驴Y por qu茅 ha de suceder esto? 驴Por qu茅 no se han de conservar las costumbres que han nacido con nuestro temperamento, car谩cter y que son heredadas de nuestros mayores y progenitores?

Esto es un contrasentido, preferir lo extra帽o y honrarlo sobre lo propio. Si gustan las novedades o cansan las cosas antiguas, var铆ense y perfecci贸nense pero de modo que garanticen su genuina y substancial manera de ser: lo dem谩s es destruir lo que est谩 ya hecho y constituye nuestra exclusiva propiedad鈥 (2).

A buen entendedor, pocas palabras bastan. No se puede decir m谩s con tan pocas palabras. Se puede decir m谩s alto pero no m谩s claro. Esto lo escrib铆a Federico Olmeda, nuestro insigne folklorista a finales del siglo XIX. 驴Qu茅 dir铆a hoy aquel sacerdote y m煤sico tan estudioso de nuestro folklore y tan preocupado por la situaci贸n del mismo ante la invasi贸n que estamos padeciendo en la actualidad no s贸lo de la m煤sica extranjera sino de las costumbres, usos y modos de vivir y divertirse importados y ajenos? Las cadenas de televisi贸n, empezando por las nacionales y siguiendo por las auton贸micas y las privadas juntamente con los otros medios de Comunicaci贸n como las Emisoras de radio, la Prensa escrita, las revistas especializadas, las discotecas donde se divierte asiduamente la juventud son los responsables pues prefieren programar sus selecciones musicales a base de ritmos extranjeros, en lengua extranjera que no se comprende ni entiende y que introducen modos y maneras que no son nuestros sino que adem谩s est谩n desplazando, sustituyendo y arrinconando a todo lo nuestro, releg谩ndolo al 煤ltimo lugar que es el paso previo para el total olvido tras el desprecio m谩s absoluto.

As铆 se han comenzado a olvidar much铆simas canciones de nuestro folklore y otras muchas formas de expresi贸n cultural netamente castellanas y burgalesas.

Nuestros cancioneros est谩n llenos de modelos de ritmos, canciones, tonadas, bailes, danzas sobre los que componer otras nuevas ejercitando la creatividad musical como quiz谩s han hecho en sus respectivos pa铆ses aquellos m煤sicos o cantantes que aqu铆 son tan imitados y tenidos como el 煤ltimo grito de la moda musical. Y hay testimonios fehacientes y claros de que cuando entre nosotros alg煤n cantautor o compositor con talento ha decidido incorporar a sus canciones elementos del folklore o inspirarse en 茅l, o cuando se han incorporado instrumentos tradicionales y populares, el p煤blico, incluso el m谩s joven, ha sabido apreciar y gustar esa m煤sica que parece que nada ten铆a que hacer ante los ritmos for谩neos modernos. Los ejemplos m谩s notables son algunos grupos de m煤sica formados en Galicia que se han inspirado en la m煤sica celta y han compuesto canciones que han tenido grandes 茅xitos y mucha aceptaci贸n del p煤blico.

Cuando se ha intentado y se ha sabido extraer de sus ra铆ces raciales los elementos b谩sicos susceptibles de ser modernizados y adaptados y enriquecidos con nuevas aportaciones, sin renunciar a la cultura que llevan en el temperamento heredado de sus antepasados, el 茅xito es seguro. La 煤nica condici贸n es hacerlo con talento. Sin salir de los l铆mites de nuestra naci贸n, Espa帽a, hemos de reconocer que en otras regiones, hoy llamadas Autonom铆as, han sabido conservar y promocionar mejor que nosotros sus costumbres y su m煤sica popular, sus danzas interpret谩ndolas con exquisita fidelidad y veneraci贸n nacionalista e incluso crear su m煤sica moderna y otras expresiones art铆sticas bebiendo siempre en las fuentes de la tradici贸n sus m谩s profundos valores.

Pero volvamos al tema, pues nos hemos salido de 茅l siguiendo el pensamiento expresado por Olmeda. El relinchido o relincho como f贸rmula habitual practicada al finalizar los bailes populares en las romer铆as, en las fiestas y funciones de los pueblos ha desaparecido por la sencilla raz贸n de que la moda fue cambiando, quiz谩s porque los criterios de elegancia lo aconsejaron as铆, porque su pr谩ctica podr铆a delatar el origen rural, r煤stico, zafio y poco fino que contrastaba con los modos y maneras educados y finos de la urbe. Posiblemente porque los bailadores no tuvieron esa fuerza de voluntad de conservar la costumbre o porque desagradaba a sus respectivas parejas por los motivos que hemos aludido antes.

Pensamos que no ser铆a descabellado intentar recuperarlo, empezando por los grupos de Danzas existentes hoy en toda nuestra provincia que est谩n m谩s sensibilizados y preparados pues algunos de ellos son tambi茅n diligentes e interesados estudiosos del folklore y restauradores animosos de costumbres y tradiciones y despu茅s de afianzada la pr谩ctica recuperada tratar de introducirla en los bailes al aire libre en fiestas patronales y romer铆as de nuestros pueblos. Donde no tiene lugar esa vieja costumbre del relinchido es en los recintos modernos llamados Discotecas, lugares habituales de diversi贸n y expansi贸n y convivencia de los j贸venes en los fines de semana hasta altas horas de la madrugada.

Ah铆 queda la sugerencia lanzada a comienzos de este siglo por Federico Olmeda y actualizada y concretada por quien esto escribe a recuperar el relinchido o relincho burgal茅s.

Si los animosos grupos de danzas existentes a lo largo de nuestra provincia quisieran, podr铆an muy pronto ponerlo de moda otra vez con su entusiasmo e inter茅s, como han demostrado tantas veces en su interpretaci贸n haciendo gala siempre de una gran fidelidad y profundo conocimiento. As铆 contribuir铆an a darlas mayor personalidad y un car谩cter inequ铆vocamente burgal茅s, junto con una mayor riqueza expresiva dot谩ndolas de un elemento profundamente diferenciador caracter铆stico de nuestros bailes y danzas populares.

La pr谩ctica del relincho o relinchido estuvo muy extendida por las diversas regiones espa帽olas a juzgar por las que le dieron sus nombres espec铆ficos dialectales como hemos visto al principio de este cap铆tulo. En algunos casos no s贸lo un nombre sino dos o tres. Aceptando sin ninguna objeci贸n la interpretaci贸n dada por Dionisio Preciado y por Federico Olmeda, creemos sin embargo, que si recuerda o tiene reminiscencias del grito de guerra c茅ltico, predomina en su motivaci贸n profunda el aspecto afectivo y sexual. Quien esto escribe tiene la experiencia de haber reunido a un grupo de personas con el fin de registrar en cinta magnetof贸nica las canciones y romances que aquellas personas recordaban. En el transcurso de la grabaci贸n, algunos de los hombres presentes y que participaban en ella, cuando se terminaba una canci贸n larga que hab铆a exigido concentraci贸n intensa gritaban: 鈥淩elincha, mozu, que tienes el papu llenu鈥. Y lo hac铆an como si hubieran practicado esa costumbre en su juventud no hac铆a muchos a帽os. Tambi茅n me informaron de que ese grito llamado relincho pod铆a escucharse en algunos pueblos de la monta帽a lindando con Cantabria en las noches calurosas de la primavera o del verano dando a entender que pod铆a interpretarse como un grito de expansi贸n afectivo o sexual como reclamo del macho a la hembra a la manera del que escuchamos a algunos animales en tiempo de celo, como la berrea de los ciervos, etc. Suced铆a esto en el a帽o 1964. De todas las maneras este tema requiere un estudio m谩s pro fundo para determinar sus or铆genes y significados as铆 como las razones posibles de su extinci贸n o ca铆da en desuso hasta su total olvido.

LA COVADA, UNA COSTUMBRE ANCESTRAL DESAPARECIDA

Seg煤n los especialistas que han estudiado estos temas, la covada es un rito de magia simp谩tica o acto de p煤blico reconocimiento de la paternidad que se practic贸 entre algunos pueblos en la antig眉edad.

Consist铆a fundamentalmente este rito en que, tras el parto, y mientras la mujer parturienta volv铆a a sus labores y quehaceres dom茅sticos habituales, el marido se met铆a en la cama simulando los dolores del parto y recibiendo los cuidados y atenciones que deb铆an haberle proporcionado y ofrecido a la madre.

La existencia de esta costumbre, rito o instituci贸n se ha registrado en culturas muy alejadas entre s铆 unas de otras como los pueblos o tribus caribes, mundruc煤es, melanesios, malayos, c谩ntabros, etc. Esta pr谩ctica la atestiguan escritores de la m谩s remota antig眉edad. Estrab贸n refiri贸 que era costumbre de los 铆beros y, de hecho, los maragatos y mallorquines la han practicado hasta los albores del presente siglo XX. Para muchos de estos pueblos parece que se trataba de un acto o rito de reconocimiento de la paternidad m谩s que de un rito m谩gico (3).

En la provincia de Burgos. A pesar de la romanizaci贸n, muy fuerte en algunas zonas, en el actual territorio de la provincia de Burgos se conservaron costumbres ancestrales y aut贸ctonas, anteriores, entre ellas la covada. Los especialistas, historiadores y arque贸logos encuentran en algunas poblaciones sobre las que pas贸 el rodillo romano se帽ales y signos, huellas e indicios de un fuerte apego a las costumbres propias en la poblaci贸n aborigen.

Entre los pueblos m谩s pr贸ximos a nosotros, se sabe que los c谩ntabros practicaban la covada. Estrab贸n afirma, refiri茅ndose a ellos: 鈥淟as mujeres, despu茅s de haber dado a luz, 芦cuidan禄 a los maridos, que se acuestan en lugar de ellas鈥. Y el verbo 鈥渃uidar鈥, 鈥渟ervir鈥, no admite dudas, pues se refiere al cuidado general de otro, pero sobre todo al servicio de la comida que en las circunstancias que rodeaban al parto requer铆a un especial esmero. Esta costumbre, limit谩ndonos a pueblos m谩s pr贸ximos, ha existido en diversas zonas de C贸rcega, Asia Menor y varias regiones de la cordillera C谩ntabro- pirenaica. Y hasta mediados del siglo XVII tuvo vigencia en el Valle de Pas (Cantabria) y en otros puntos de Cantabria, Huesca, la zona de la Maragater铆a (Le贸n) y provincias Vascongadas. Se tienen datos de que existi贸 en Poza de la Sal (Burgos) y no se descarta que existiera en otros lugares del norte de la misma provincia de Burgos, situados entre el Valle de Pas y Poza de la Sal, como la zona de Sotoscueva, aunque en estos puntos desapareci贸 mucho antes que entre los pasiegos y los pozanos, dos focos de costumbrismo t铆pico ancestral caracterizados por el apego de sus gentes a la herencia cultural.

La covada, rito manifestativo de la funci贸n paterna en la generaci贸n de los hijos, as铆 como de los derechos del padre sobre el hijo reci茅n nacido, parece que pudiera haber sido introducida con el fin de restaurar o afianzar la instituci贸n patriarcal en pueblos muy enraizados en el matriarcado. Podr铆a ser una manifestaci贸n de fuerza por parte de patriarcalismo de los invasores en sectores muy afectados por las pr谩cticas matriarcales de los vencidos.

Hoy nos resultan incomprensibles algunas pr谩cticas y costumbres que se han conservado y han estado vigentes en nuestra tierra por muy dif铆cil de pensar que sea para muchos, pero fue verdad y si se estudia atentamente la historia m谩s lejana, la arqueolog铆a y se tienen en cuenta los escritos de los escritores que nos dan testimonio de las culturas m谩s remotas, podemos llegar a atisbar que las situaciones sociales no han sido siempre las mismas y que han existido largos per铆odos en los que el matriarcado, por ejemplo, marc贸 profundamente toda la vida de clanes, tribus y pueblos. Por la sencilla reacci贸n llamada del p茅ndulo se pas贸 a pr谩cticas marcadas profundamente por el patriarcalismo. De ambos sistemas quedan reminiscencias en nuestra cultura y en el folklore. Una muestra clara de lo que venimos diciendo es la covada, que puede ser considerada como una reacci贸n contra el matriarcalismo imperante, que para el buen entendedor no era m谩s que una especie de feminismo, pero de los tiempos remotos. Otras costumbres vigorosamente mantenidas en nuestro folklore han tenido el mismo origen que esta que ahora comentamos. Por ejemplo, las llamadas 鈥渃uadrillas de mozos鈥 o 鈥渟ociedades de mozos鈥, de las que hablaremos en otro capitulo de esta obra, con toda la riqueza de elementos que poseen y han llevado consigo en los respectivos pueblos en los que han estado en vigor, en sus or铆genes m谩s remotos fueron la consecuencia de una fuerte reacci贸n contra la hegemon铆a del elemento femenino en la organizaci贸n de la sociedad circunscrita a la tribu o al clan. Hemos mencionado y tratado de explicar brevemente el tema de la covada en este cap铆tulo, que necesitar铆a un estudio m谩s profundo, porque esta pr谩ctica se convirti贸 en costumbre entre muchos de nuestros antepasados y constituye, como otras antiqu铆simas costumbres lo que son nuestras profundas ra铆ces que debemos conocer aunque no sea m谩s que su existencia y en lo posible tambi茅n su significado, aunque como en este caso contraste tan abiertamente con nuestras costumbres actuales.

Sobre la Covada se ha escrito.

鈥淎 un hecho, a nuestro juicio, menos esencial y m谩s destacado por arbitrario que por explicado, la covada, han dedicado muchos autores trabajos monogr谩ficos disquisitivos.

Tal vez la autoridad de Strab贸n, primer historiador que la cita, ha contribuido mucho a esta supervaloraci贸n del hecho de verdadera sustituci贸n de la madre por el padre en el per铆odo puerperal y en los cuidados respecto al hijo, habiendo sido concretada hasta finales del siglo XIX por el escritor monta帽茅s se帽or Lasaga Larreta, como t铆pica en los valles de Pas, lo que nos llev贸 a incluirla en el ya citado cuestionario del Ateneo, redactado por nuestros compa帽eros de entonces, con el que llegaron a recogerse hasta 81 papeletas utilizadas por el se帽or S谩nchez P茅rez en su estudio generalizado de Espa帽a.

Dos explicaciones tiene para nosotros la 鈥渃ovada鈥: en parte es tal vez fundamentalmente el resto de una transici贸n del matriarcado al patriarcado y psicol贸gicamente an谩loga a la de otras interpretaciones folkl贸ricas, del vulgar铆simo concepto de sudar el padre al hijo para transmitirle con sus humores sus caracteres, sustituyendo, o al menos compartiendo con la madre, la transmisi贸n directa de las cualidades por la sangre鈥 (4).

La primera cita concreta de Espa帽a se hace en 1638 por Colomi茅s, y a partir de ella son m煤ltiples, como decimos, las referencias. Adquiri贸 autoridad por la del gran naturalista y antrop贸logo Quatrefages, al se帽alar en 鈥淪ouvenirs d鈥檜n naturaliste鈥, en 1854, como existente la covada en Vasconia, aunque a principios de siglo lo negara Aranzadi, y no se explica, sino por razones indirectas y anal贸gicas la interpretaci贸n de Caro Baroja acerca de esta costumbre en el Pa铆s Vasco. Es posible que por datos bien recogidos pueda ampliarse la zona vasco-c谩ntabra de la covada desde los Pirineos hasta la maragater铆a, a uno y otro lado de la cordillera, a otras regiones de Espa帽a.

Como cierre de estos recuerdos y salpicaduras de la historia ginecocr谩cica se帽alamos que ser谩 de gran inter茅s el estudio de las formas de herencia de las comarcas espa帽olas, y as铆, por ejemplo, la afirmaci贸n de Rivera de ir unidas siempre la herencia y la familia en las formas de tipo matriarcal, como en los vascos, es atenuada por Caro Baroja, recordando, sin embargo, que a los dos lados del Pirineo se dictaron leyes imponiendo la primogenitura en los dos sexos, lo cual demuestra que antes hab铆a sido privilegio de la mujer, incluso anterior a la 茅poca romana y a la de los celtas, seg煤n la opini贸n del gran maestro del Derecho don Joaqu铆n Costa鈥 (5).

Una de las particularidades maragatas que m谩s se airean en publicaciones de toda 铆ndole es la de la covada, pr谩ctica que tambi茅n se ha registrado en pueblos antiguos de todos los paralelos. Para unos, la covada es algo curioso: cuando la mujer da a luz, el que recibe las m谩ximas atenciones es el marido, hasta el punto que la reci茅n parida se dedica a sus faenas dom茅sticas y agr铆colas sin m谩s demora, y el padre de la criatura se acoge a la cama y es atendido con regalo. Otra versi贸n de la covada se refiere a las relaciones 铆ntimas prematrimoniales alargadas m谩s de lo que fuera conveniente a las buenas costumbres. A esta versi贸n es a la que se refiere el erudito Padre Quintana cuando dice as铆:

鈥淧or ning煤n sitio aparece algo serio sobre esa supuesta costumbre maragata; es m谩s, hay un dato que contradice esa leyenda: en los libros de visita de las parroquias que hac铆an los obispos personalmente o por medio de sus delegados, casi todos los a帽os o por lo menos cada dos a帽os y 煤ltimamente m谩s espaciados en el tiempo pero siempre con una regularidad bastante aceptable, estos visitadores bajaban la mano a toda clase de detalles que encontraran en el pueblo, que fueran contrarios a la moralidad p煤blica e incluso, privada, y en los mandatos de visita que extend铆an en los libros siempre se reflejan los defectos que en este orden de cosas pudieran encontrar. Pues bien, nunca aparece ninguna advertencia que llame la atenci贸n ni que recuerde esta costumbre, cosa que indudablemente no se puede ni siquiera sospechar que, existiendo, aquellos visitadores la pasaran por alto y menos cuando transcurren siglos en los cuales tenemos testimonio de las visitas y nunca aparece alusi贸n alguna a esas cosas鈥.

Sin embargo, y a pesar de que el padre Quintana no nos ha hablado de ellos, de la primera versi贸n de la covada son numerosos los testimonios literarios recogidos en estudios etnogr谩ficos. Incluso puedo decir que, cuando personalmente, he planteado el tema a mujeres de Val se han limitado a decir que ellas no han conocido eso.

Etimol贸gicamente la 鈥渃ovada鈥 castellana y la 鈥渃ouvade鈥 francesa son primas hermanas. Y aunque en castellano no tenga madre verbal, en franc茅s, s铆: couver: empollar. En el Bearn, tan pr贸ximo a Navarra que son la misma a uno y otro lado del Pirineo, la 鈥渃ouvade鈥 se realizaba tal y como la hemos descrito y se considera como una aceptaci贸n plena de la paternidad del reci茅n nacido.

La diferencia estriba en si, durante la covada la madre est谩 en la cama con el hijo y el padre o no lo est谩. En el interior de Mallorca y en alguna isla canaria lo practicaban hasta hace poco. Los maragatos est谩n presentes tambi茅n en esta costumbre que tiene, creo yo, un sentido tab煤, puramente an铆mico o puramente animal, de protecci贸n de la madre y de la prole, pero siempre con manifiesta autoridad del progenitor: de la inevitable gallina sacrificada por el parto, la madre se toma el caldo y el padre se come la pechuga鈥 (6).




NOTAS

(1) PRECIADO, Dionisio: Folklore Espa帽ol. M煤sica, Danza y Ballet, Studium Ediciones, Madrid, 1969, pp. 127鈥128.

(2) OLMEDA, Federico: Folklore de Castilla o Cancionero Popular de Burgos, Publicaciones de la Excma. Diputaci贸n Provincial de Burgos, 1975, p. 28.

(3) CELA, Camilo Jos茅: Enciclopedia del Erotismo, Vol. II, p. 455; MART脥NEZ ARCHAGA, Feliciano: Poza y los Pozanos en la Historia de Espa帽a, Burgos, 1984, Nota 4 de la p. 19.

(4) GUERRA G脫MEZ, Manuel: Constantes religiosas europeas y sotoscuevenses, Burgos, 1973, N潞 464, 698, 721.

(5) (Cfr. Luis de Hoyos Sainz/Nieves de Hoyos Sancho. MANUAL DE FOLKLORE (La vida popular tradicional en Espa帽a) Ediciones Istmo, Madrid, 1985, pp. 381 鈥 382).

(6) (Cfr. Jos茅 Manuel Miner Otamendi. LOS PUEBLOS MALDITOS, Editorial Espasa Calpe, S.A, 1978, pp. 129鈥131).


http://www.funjdiaz.net/folklore/07…




Fuente: Grupotortuga.com