September 20, 2022
De parte de Tokata
70 puntos de vista

En el 70潞 Festival de Cine de Donostia-Zinemaldia, ha causado sensaci贸n la obra que la inaugur贸: Modelo 77, dirigida por Alberto Rodr铆guez, una pel铆cula sobre la creaci贸n de la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha), descrita dentro de ese panorama general de dolor y rabia, motines y fugas masivas 鈥搉o siempre exitosas鈥 que rodearon la llamada 鈥榯ransici贸n鈥. El corolario es llamativo: cuando, en 1977, el gobierno espa帽ol se vio obligado a conceder una amnist铆a, 茅sta benefici贸 a los presos pol铆ticos 鈥搚, de paso, firm贸 un infame punto final para los verdugos franquistas鈥, pero no se acord贸 de los, entonces, 8.000 presos sociales 鈥搈al llamados comunes. De aquella discriminaci贸n, tan cruel como arbitraria, surgieron las protestas m谩s justas y m谩s duras que han conocido las c谩rceles espa帽olas contempor谩neas. Y la COPEL fue su adalid. V茅ase el documental dirigido y producido en 2017 por algunos de sus antiguos portavoces, COPEL: una historia de rebeld铆a y dignidad.Los presos sociales

De las noticias, cr铆ticas y gacetillas que ha propiciado Modelo 77, se suele deducir que uno de sus m茅ritos es que muestra la cara oculta de la sacrosanta transici贸n. As铆 es pero no vamos a a帽adir nada a una conclusi贸n avalada por los hechos 鈥搚 censurada por los biempensantes y por los equidistantes. Nos centraremos en los presos sociales entendi茅ndolos como resumen, exponente y s铆mbolo de la cultura de los desheredados.

Lo que primero queremos subrayar es que, para la sociedad hegem贸nica, tanto esa cultura 鈥榙e la pobreza鈥 鈥搎ue no es una cultura pobre, cf. infra鈥, como esos cautivos, no son entidades f谩ciles de entender puesto que los presos sociales no votan, no consumen y no van a misa鈥 en definitiva, no les interesan. Lo cual es una simpleza pero es una perogrullada necesaria para frenar a ese imaginario colectivo que se ha despe帽ado por el abismo de la facilidad, de la buena conciencia y hasta del buenismo. Usando s贸lo el sentido com煤n, podr铆amos preguntarnos: adem谩s de intentar explotarlos, 驴qu茅 saben los que comen tres veces al d铆a de los que no siempre comen? Nada, excepto si, en una rar铆sima crisis de moralidad, se refugian en el humanitarismo. Peor a煤n, este desapego (eufemismo) se inscribe en una historia social que arranca a finales del siglo XIX, cuando se populariz贸 en los ambientes marxistas 鈥搉o en los anarquistas鈥, el fat铆dico t茅rmino de lumpen proletariat 鈥搇uego, lumpen a secas. Se pensaba que 鈥渟i los lumpen suelen ser contrarrevolucionarios, no merecen ser reivindicados鈥. Y es un dato cierto, aunque s贸lo a veces. Los lumpen son as铆 (repetimos, a veces) seguramente porque no creen en nada que surja de la sociedad dominante. As铆 sea a su favor.

Para matizar este prejuicio que dura m谩s de un siglo, aportaremos dos datos opuestos:

a) por descontado que la revoluci贸n sandinista triunf贸 gracias a una fuerza organizada 鈥揺l luego llamado FSLN鈥 pero, como escribe alguien que la defendi贸 activamente desde sus dif铆ciles or铆genes (vid O. N煤帽ez, La revoluci贸n rojinegra, Managua, 2009), tambi茅n triunf贸 gracias a la espontaneidad de los 鈥渧agos鈥 (= marginales, delincuentes de poca monta)

b) en una larga carta an贸nima de los a帽os 2000鈥檚, un preso espa帽ol demuestra ser el colmo de lo 鈥榩ol铆ticamente incorrecto鈥. Confiesa su amor a su novia pero, ante la duda sobre su fidelidad sexual, a帽ade que, en caso de enterarse, 鈥渟er铆a capaz de matarte, 驴recuerdas aquella vez en el apartamento del mariquita cuando cog铆 la pistola y solt茅 dos tiros en la cama porque te fuiste con un t铆o a fumar?鈥

Ni antes ni ahora, nunca fue f谩cil la entente cordiale entre pol铆ticos y sociales. A este respecto, por mor de neutralidad, citamos a un expreso pol铆tico marxista-leninista (L. Puicerc煤s. 2021. 隆隆No nos jodas, camarada!!; Queimada, Madrid) que 鈥揺xceptuando a los anarquistas鈥 es de los pocos memoriosos que menciona a los 鈥渃omunes鈥 aunque sea rara y vagamente y, desde luego, sin citar sus voces en jerga. Espigando en las an茅cdotas aportadas por varios otros expresos pol铆ticos,  encontramos:

En octubre 1972, 鈥渆n la Tercera Galer铆a [destinada entonces a pol铆ticos y a sociales de 铆nfima peligrosidad], a los presos comunes les cerraban la celda por la ma帽ana y ten铆an que estar todo el d铆a tirados en el patio, con fr铆o, calor o lluvia, dando vueltas y vueltas鈥; 1973, 鈥淓n Carabanchel y en otras prisiones el vino funciona como moneda de cambio empleada por los presos pol铆ticos en sus peque帽as transacciones con los presos comunes鈥; 1973, 鈥淓n aquellos a帽os no exist铆an las comunicaciones 鈥渧is a vis鈥 como en la actualidad鈥 cada tres o cuatro meses se les conced铆a a algunos presos, comunes generalmente y que hab铆an observado buena conducta, una 鈥渃omunicaci贸n especial鈥, que consist铆a en recibir la visita en el locutorio donde se comunicaba con los abogados.鈥; 1973, 鈥淰er cine era casi un lujo en la prisi贸n de Carabanchel (un evento 煤nico en esta prisi贸n) Lo m谩s curioso del caso es que era el 煤nico momento de nuestra vida carcelaria donde est谩bamos juntos pol铆ticos y comunes.鈥 (nuestras negrillas); 1973, 鈥淓n las pel铆culas sobre c谩rceles y presos comunes siempre salen a colaci贸n los cuchillos, 鈥減inchos鈥 u otros utensilios鈥 El instrumento m谩s cl谩sico es la cl谩sica cuchara que ha sido 鈥渢rabajada鈥 contra una pared para conseguir convertirla en un arma de defensa o ataque. Otras armas se han confeccionado con trozos de madera, cristal, ca帽er铆as o cualquier material similar. Sin embargo, mucho menos conocido el 鈥渃orte de filtro鈥, el m谩s asequible, r谩pido de confeccionar y con resultados, aunque menos espectaculares que un cuchillo normal, no por ello menos 鈥渟angriento鈥. Este 鈥渃orte鈥 era utilizado por los presos comunes para autolesionarse en situaciones extremas, para presionar que los llevasen al hospital y, en 煤ltimo caso, como arma para agredir a otros reclusos.鈥; 1973, 鈥淧ara acceder a las celdas de castigo hab铆a que atravesar la Quinta galer铆a. Me anim贸 o铆r c贸mo las puertas de las celdas de los presos comunes eran golpeadas por sus ocupantes en se帽al de solidaridad y apoyo a los que est谩bamos siendo conducidos a 鈥渃eldas bajas鈥.

En cuanto a otras prisiones, un acontecimiento excepcional:Tres presos pol铆ticos y dos comunes internados en la prisi贸n provincial de Basauri, en Bilbao, se fugaron el 10 de diciembre de 1976鈥. Ja茅n, febrero de 1974: 鈥淎quel d铆a tuvo lugar un cacheo por sorpresa, ya que en otras ocasiones 茅ramos informador por los presos comunes del 鈥淐entro鈥 administrativo.鈥; Ja茅n, 1974, 鈥淥tra de las tareas del censor consist铆a en controlar los ex谩menes que peri贸dicamente pasaban algunos reclusos que estaban estudiando alguna carrera desde la prisi贸n鈥 contaba con la colaboraci贸n de algunos presos comunes de confianza de los funcionarios para controlar el normal desarrollo de las pruebas.鈥 (nunca lo vimos as铆); Ja茅n, verano de 1974; 鈥淓l penal de Ja茅n era de una construcci贸n muy antigua y todo el alcantarillado estaba repleto de ratas鈥 una de esas ratas ara帽aron a uno de los compa帽eros mientras dorm铆a por la noche en su celda. Al d铆a siguiente鈥 la direcci贸n de la c谩rcel encarg贸 a una veintena de presos comunes que matasen el mayor n煤mero de ratas posible鈥 Para aquella acci贸n les facilitaron palas y escobas. Verlo para creerlo. Cientos de ratas aparecieron por los huecos de los retretes y fueron aplastadas, pisoteadas, muertas y descuartizadas por las palas de los presos.鈥 (lamentamos que nuestra versi贸n sea otra)

Resumen: sobre un total de 35.000 palabras, s贸lo se menciona a los 鈥榗omunes鈥 (nunca usa presos sociales) en estos comentarios de ocasi贸n. En efecto, como subray谩bamos en negrillas, el cine en Carabanchel era 鈥渆l 煤nico momento de nuestra vida carcelaria donde est谩bamos juntos pol铆ticos y comunes鈥.

 Que sepamos, sobre la COPEL existen a la fecha dos trabajos acad茅micos de muy distinta enjundia:  C茅sar Lorenzo Rubio. 2005. La revolta dels comuns. Una aproximaci贸 al moviment per la llibertat del presos socials durant la transici贸. Universidad de Barcelona. Edici贸n en castellano: C谩rceles en llamas. El movimiento de presos sociales en la transici贸n. 2013. Virus ed., 440 pp. ISBN 978-84-92559-47-3. Y, Pablo Bravo Gonz谩lez. Junio 2017. La coordinadora de Presos en Lucha 鈥揅OPEL- como fen贸meno sociohist贸rico (1976-1979) Una lectura antropol贸gica a trav茅s de relatos de vida. TFM, Universidad de Barcelona. Adem谩s de la obvia diferencia entre una tesis doctoral y un Trabajo Fin de Master (TFM), desde el punto de vista bibliogr谩fico, en su copiosa bibliograf铆a, C. Lorenzo no cita a Bourdieu mientras que P. Bravo lo cita quiz谩 demasiado. El primero entrevista a media docena de protagonistas e incluye transcripciones de otras entrevistas. El segundo, descansa m谩s en los materiales ya publicados. Y, detalle significativo: ambos autores presentaron sus respectivos trabajos dentro del Departamento de Antropolog铆a, quiz谩 en una suerte de continuaci贸n impl铆cita de una de las tendencias antropol贸gicas que hicieron furor en la segunda mitad del siglo XX; a saber, lo que Oscar Lewis defini贸 como la 鈥渃ultura de la pobreza鈥 (t茅rmino acu帽ado en 1959)La jerga

Durante el tardofranquismo 鈥搚 es probable que hoy-, buena parte del desencuentro entre presos pol铆ticos y presos sociales estrib贸 en que los primeros desconoc铆an el idioma de los segundos. Ese idioma al que, por pura indolencia, llamaremos jerga refleja la cultura de los delincuentes pobres 鈥揳m茅n de los gitanos y otros pueblos minoritarios. Como marginales los ha habido siempre, la jerga tiene siglos de edad -durante el Siglo de Oro, se llam贸 german铆a. Evoluciona constantemente de manera que, hoy, dif铆cilmente la entender铆an los manguis actuales. Sin embargo, Arturo P茅rez-Reverte dijo descubrir sus entretelas en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua; l谩stima que sus informantes fueran deleznables y su invenci贸n, excesiva 鈥搇a defini贸 como el golfaray, inveros铆mil t茅rmino pues golfo en el sentido de travieso maleante no se usa en las c谩rceles.

Un idioma que hunde sus ra铆ces en siglos atr谩s y que ahora se nutre a diario de actualizaciones, no es f谩cil de dominar 鈥揹ada la multitud de colombianos presos en Espa帽a, los actuales glosarios de jerga incorporan colombianismos de uso corriente. Por ello, a quien quiera iniciarse, le sugerir铆amos que comience con una transici贸n, una antol贸gica pieza corta redactada en lengua madrile帽a-cheli-quinqui-marginal salpicada con unas pocas voces de la jerga, indescifrables para los profanos, cf. Ramonc铆n, 鈥淎 la hija del tendero鈥, en El Pa铆s Semanal, n潞 248, 10.enero.1982.

Sin embargo, el t贸pico de la jerga es muy popular. Durante los a帽os de la Transacci贸n 鈥損erd贸n, transici贸n-, varios conocid铆simos (entonces) periodistas publicaron varios diccionarios; por desgracia, carentes en general del menor cuidado hist贸rico 鈥搈uchos ni siquiera mencionaban la german铆a que es un fil贸n desaprovechado- o esmero filol贸gico. Desde aquellas lejanas fechas, hay cientos de folletos y pasquines que se creen en la obligaci贸n de incluir como ap茅ndice un glosario 鈥搇lamarlo 鈥榙iccionario鈥 o 鈥榲ocabulario鈥 ser铆a excesivo-, con unas pocas docenas de voces delincuenciales sin a帽adir etimolog铆as ni precisar la fecha de su registro ni la caducidad de su uso 鈥搑ecordemos que la jerga es vol谩til. Ni, mucho peor, sin especificar el colosal aporte de la lengua roman铆 鈥揹e los rom, gitanos. Para frenar en escasa medida esa avalancha de 鈥渏erguistas鈥, en 1977 regalamos a unos amigos un vocabulario de  unas 170 voces

(ver A. P茅rez. 1977. 鈥淧eque帽o diccionario de jerga, caliente o german铆a (argot carcelario)鈥, pp. 83-92; en Los presos. C. N煤帽ez y J. Gonz谩lez. Dopesa, Barcelona) que hab铆amos recopilado ca. 1970 en la Tercera Galer铆a de Carabanchel durante nuestra primera campa帽a. Partes de ese min煤sculo aporte, las hemos visto reproducidas varias veces. Por ello, advertimos hoy que ya tiene medio siglo y que no est谩 actualizado por lo que su utilidad es m谩s hist贸rica que pr谩ctica 鈥搒alvo en las voces rom que aguantan el temporal pero que, para estudiarlas, es mejor acudir a alg煤n buen diccionario de roman铆.

Antonio P茅rez, 18 septiembre 2022




Fuente: Tokata.info