August 11, 2021
De parte de Briega
446 puntos de vista

La historia del ecofascismo es bastante oscura, pero su origen se remonta al movimiento eugen茅sico ya existente, y se mezcla con una especie de horrible disfraz ambientalista para justificar sus elementos asesinos. Los ecofascistas son m谩s o menos aquellos que Murray Bookchin describe como “ecologistas profundos autoproclamados que creen que se debe permitir que la gente de los pa铆ses perif茅ricos mueran de hambre y que los inmigrantes provenientes de Am茅rica Central y del Sur pueden ser rechazados por la polic铆a fronteriza de EE.UU. Para reducir la carga de ‘nuestros’ recursos ecol贸gicos”. A pesar de los grandes esfuerzos por disfrazar el movimiento, a menudo con vibrantes apelaciones a la santidad de la naturaleza, a la belleza del mundo natural y a lo horrible de la contaminaci贸n industrial, sus ra铆ces siguen siendo innegables; el ecofascismo es en esencia la idea de que el mundo est谩 enfermo, y que la enfermedad es la humanidad. Por eso el ecofascismo proclama que debemos hacer todo lo posible para eliminar a la mayor cantidad de gente posible 鈥搊 al menos aceptar su muerte鈥 para que el mundo pueda “curarse”.

Ser铆a negligente por mi parte abordar este tema sin mencionar brevemente a Thomas Malthus, el pensador ingl茅s del siglo XIX que argument贸 que “el potencial de asentamiento es tan superior a la capacidad de la Tierra de producir sustento para los humanos que, de una u otra forma, a la especie humana le espera un fin prematuro”. Argumentaba que hab铆a demasiada gente (o al menos alg煤n d铆a habr铆a demasiada gente) en relaci贸n con los recursos disponibles, lo que inevitablemente causar铆a un peligro para la humanidad. La tesis de Malthus, si resumimos sus elementos fundamentales, era que la Tierra solo pod铆a sustentar a un n煤mero determinado de personas y que hab铆a que poner un l铆mite en el n煤mero de personas autorizadas a vivir. Su Ensayo sobre el principio de la poblaci贸n no es el primer escrito eugenista, pero ciertamente est谩 entre los que m谩s han contribuido a popularizar estas ideas. El punto central de este ensayo era que no deb铆amos buscar una cura para la enfermedad, ni un freno a la hambruna, que deb铆amos animar a los pobres a vivir hacinados en ambientes insalubres y quiz谩s incluso “buscar el regreso de la peste”. Los sinsentidos de Malthus provocaron una respuesta del proto-anarquista ingl茅s William Godwin, cuyo extenso Tratado de las Poblaciones comienza con la afirmaci贸n de que la teor铆a de Malthus “carece claramente de fundamento”.

驴Por qu茅 escribir sobre ello?, O al menos, 驴por qu茅 hacerlo ahora?; 驴no estamos en medio de una pandemia? 驴No deber铆a abstenerme? La respuesta es simple, aunque retorcidamente pura; mientras que el mundo sigue inmerso en una nueva forma de agitaci贸n a causa del brote y la propagaci贸n mundial de COVID-19, se ha producido un aumento similar del oportunismo destinado principalmente a aprovechar el miedo y la ansiedad. De todos los oportunistas, de todos los depredadores del miedo, una de las facciones m谩s importantes ha sido siempre la extrema derecha, y m谩s espec铆ficamente, el movimiento ecofascista. Las redes sociales han acentuado esto, ya que los mensajes pueden difundirse ampliamente a gran velocidad, y solo hace falta 鈥渃ompartir鈥 para que un elemento de propaganda bien concebido se extienda de un grupo de personas a una poblaci贸n mucho mayor, que participar谩 en su propagaci贸n sin estar profundamente convencida de sus fundamentos. Es f谩cil que alguien se descubra a si mismo compartiendo ideas fascistas sin quererlo realmente 鈥 pero volveremos a eso mas adelante.

Cartel ecofascista. 鈥淟os 谩rboles antes que los refugiados鈥: el s铆mbolo de abajo a la derecha es la runa de Algiz, usada entre otros por las SS en el programa eugenista de Lebensborn.

Una de las ra铆ces m谩s perniciosas del ecofascismo se encuentra en el movimiento eugenista que lo precedi贸. Aunque las diferencias entre ambos son notables, sus similitudes se encuentran m谩s en sus t谩cticas que en su esp铆ritu; los eugenistas tratan de sacrificar ciertos grupos de individuos en el altar de la superioridad gen茅tica que imaginan, argumentando que la existencia de tal o cual grupo constituye una degeneraci贸n de la especie. Los ecofascistas tratan de sacrificar ciertos grupos de individuos en el altar del medio ambiente, argumentando que la existencia de tal o cual grupo es una causa importante de desastre ecol贸gico. Volviendo a Bookchin, no podemos ignorar el hecho de que los grupos en cuesti贸n son casi siempre los mismos en ambos casos: pobres, racializados, discapacitados.

El COVID-19 ha llevado gran parte de este discurso a la esfera p煤blica. Mientras que en general se considera de mal gusto 鈥揷on raz贸n鈥 hablar de infecciones, enfermedades o plagas para referirse a grupos de personas, parece haber cierta indulgencia cuando no se especifica el grupo en cuesti贸n. Si hablamos de la humanidad en general, es aceptable, como si la vaguedad diera inmunidad 茅tica. Hoy en d铆a es relativamente com煤n encontrarse con un nuevo tweet viral, con decenas de miles de 鈥渕e gusta鈥, exponiendo las aguas claras de los canales de Venecia o un ciervo salvaje deambulando bajo las luces de ne贸n del centro de Jap贸n, declarando que la Tierra se est谩 curando; los limpios cielos californianos son objeto de la pregunta 鈥 驴puede que nosotros hallamos sido el verdadero virus todo el tiempo?

Por extra帽o que parezca, esos pensamientos se han hecho cada vez m谩s comunes a medida que pasan las semanas, y se van acumulando pruebas de que la naturaleza est谩 “reconquistando” zonas anteriormente pobladas. Huelga decir que hay m谩s de un elemento de la ideolog铆a ecofascista en el trasfondo de esta cuesti贸n; cuando alguien pregunta si la humanidad es el “verdadero virus”, establece un sistema en el que la Tierra es una entidad y la humanidad un problema a resolver. La soluci贸n propuesta rara vez se expresa directamente, pero no es necesario porque la respuesta est谩 en la pregunta; un virus se cura elimin谩ndolo. Bajo el asombro superficial de ver un oso salvaje deambulando por los adoquines italianos, est谩 la creencia de que el mundo estar铆a mejor sin nosotros. O, m谩s exactamente, que el mundo estar铆a mejor sin algunos de nosotros, dejando que el subconsciente de cada persona juzgue qui茅nes deber铆an ser esos algunos de nosotros. Quienes quiera que sea, seguramente ser谩n otros.

No hace falta ser un genio para ver la correlaci贸n entre el ideal ecofascista y la l贸gica subyacente a ese razonamiento.

Es fundamental se帽alar esto: a pesar de que los ecofascistas comparten muchas de las implicaciones de la ret贸rica “los humanos son el verdadero virus”, eso no significa que todos los que han difundido o interiorizado esta ret贸rica sean necesariamente fascistas. Puede ser dif铆cil separar los dos, sobre todo cuando suceden tantas cosas tan r谩pido. Los medios de comunicaci贸n modernos agravan esta dificultad bombardeando a la poblaci贸n con una avalancha de tonter铆as apenas inteligibles, formadas por meras conjeturas, mentiras descaradas, distorsiones y propaganda gubernamental. El car谩cter intuitivo de las ideas centrales del ecofascismo las hace f谩ciles de entender. Para un individuo sin esp铆ritu cr铆tico pero que busca respuestas, puede ser f谩cil adoptar elementos de este pensamiento 鈥 esto implica que incluso personas ostensiblemente reacias a debatir abiertamente sobre un genocidio, como los liberales o los socialdem贸cratas, puedan adoptar y propagar ese meme (auto)viral sin darse cuenta realmente del peligro impl铆cito del concepto. 驴Cu谩l es el truco? 驴C贸mo es posible que una idea tan horrible se convierta en algo tan natural que incluso individuos relativamente decentes pueden difundirla y aceptar su l贸gica?

Signo frecuentemente utilizado por el movimiento ecofascista

En pocas palabras, aqu铆 hay una especie de trampa ret贸rica, un se帽uelo. Se nos dice todo el d铆a que estos ejemplos de regeneraci贸n ecol贸gica son el resultado de la retirada de los seres humanos del mundo; cuantas m谩s personas haya en cuarentena o confinamiento, menos posibilidades hay de causar da帽os ambientales. A primera vista, esto parece tener sentido; el hecho de que esta formulaci贸n no represente un sinsentido de forma inmediata y obvia se debe el gancho utilizado por los ecofascistas para atrapar hasta al Liberal mejor intencionado. El truco est谩 en darse cuenta de que el principal cambio no es la presencia humana en absoluto 鈥 el n煤mero de v铆ctimas de COVID-19 est谩 aumentando, lo que es tr谩gico y pol铆ticamente indignante, pero el virus todav铆a no ha matado a los millones, si no miles de millones, de personas necesarias para que el cambio se atribuya a una disminuci贸n de la poblaci贸n. El hecho es que hay casi tantos humanos en la Tierra como hace unos meses: es el comportamiento de estos humanos el que ha cambiado, es decir, en cierta medida, nuestros modos de organizaci贸n social.

El lenguaje de los ecofascistas afirma que los humanos son el problema, y que desde que los humanos se han autoconfinado 鈥 es decir, retirado del sistema 鈥 ha habido una regeneraci贸n ecol贸gica. Un an谩lisis tan individualista y atomizado impide un enfoque sist茅mico, que es m谩s importante que nunca; el verdadero problema es el capitalismo, y es gracias a las interrupciones y a las vacilaciones del capitalismo que la regeneraci贸n ha podido tener lugar. Profundamente arraigada en el lenguaje de la extrema derecha, la atribuci贸n de los peores elementos del capitalismo a la mera existencia de los seres humanos es un arma de doble filo.

Para empezar, les permite verter su veneno sobre los individuos. Por supuesto, la cuesti贸n de la elecci贸n de estos individuos ya est谩 resuelta: en este caso, el virus ya ha sido racializado por la derecha como un “virus chino”, un horrible planteamiento que ha provocado el aumento del racismo contra los chinos y (como se puede ver en los titulares de varios peri贸dicos importantes) un deseo de castigo. A esto le siguieron los debates en c铆rculos supuestamente de izquierda y liberales: una colecci贸n de ensayos recientemente publicada por la iniciativa editorial ASPO titulada “La sopa de Wuhan” y contiene textos escritos por el elenco habitual de pensadores de izquierda y liberales: Slavoj 沤i啪ek hace su aparici贸n, junto a Giorgio Agamben, Judith Butler, David Harvey y Franco Berardi. En segundo lugar, les permite insinuar una conexi贸n entre ambos; vincular la existencia del capitalismo a la existencia de los individuos, y asociarlos ideol贸gicamente; presentar el capitalismo como inherentemente humano y por lo tanto inevitable, ineludible.

Otro ejemplo de gr谩fica ecofascista. La m谩scara de calavera es un gui帽o al grupo terrorista nazi Atomwaffen Division.

Se ha dicho durante mucho tiempo que uno de los peores impulsos del capitalismo y el que m谩s determina su esperanza de vida, es el que requiere un crecimiento y expansi贸n continuos. El capitalismo, por decirlo suavemente, es codicioso y exige siempre m谩s; m谩s producci贸n, mercados m谩s grandes, m谩s f谩bricas, m谩s beneficios, y por lo tanto m谩s extracci贸n, m谩s residuos, m谩s combustible, etc., etc. Esta tendencia se deja en manos de los gobiernos y las empresas, que ceden ante ellas con la mayor frecuencia y gratuidad posible. El COVID-19 es un virus, no le debe nada al capitalismo, y por lo tanto no le importa que su proliferaci贸n se interponga. La gente se autoa铆sla, la cantidad de trabajo realizado disminuye; “no est谩 claro cu谩nto sufrir铆a la humanidad si los inversores de capital, los grupos de presi贸n, los funcionarios de relaciones p煤blicas, actuarios, telemarketers, agentes judiciales y otros asesores jur铆dicos desaparecieran repentinamente”, escribe David Graeber en su libro Bullshit Jobs, y el confinamiento generalizado ha respondido a esa pregunta t谩cita: la humanidad no sufrir铆a. Estos trabajos son completamente superfluos y se podr铆a prescindir de ellos perfectamente; gran parte del trabajo que se realiza a nivel mundial se hace con el 煤nico prop贸sito de mantener a la gente ocupada, y ha quedado claro que esta ocupaci贸n no hace ning煤n bien a la mayor铆a de la gente.

Mejor a煤n, con el confinamiento y el cierre de tantos lugares de trabajo, el n煤mero de autom贸viles que circulan est谩 disminuyendo, la cantidad de combustible consumido est谩 disminuyendo, lo que resulta en un resurgimiento ecol贸gico. Pero todos sabemos, y los anarquistas han apoyado durante mucho tiempo esta idea, que nadie debe morir para que esto suceda. La constataci贸n de que el mundo ha empezado a “curarse” desde el comienzo del confinamiento ser铆a prematura 鈥揺l ambiente no se “arregla” en unas pocas semanas鈥 pero es dif铆cil no admitir que obviamente el aire m谩s limpio no haga al menos alg煤n bien. Ser铆a perfectamente concebible prescindir de los millones de autom贸viles que circulan diariamente por las carreteras y sustituirlos por formas mejores de transporte comunitario, que servir铆an a m谩s personas y reducir铆an en gran medida el da帽o ambiental. La abolici贸n de empleos absurdos y la reestructuraci贸n del transporte son solo dos ejemplos de mejoras en nuestras vidas que son a la vez realistas y f谩ciles de implementar; simplemente necesitamos reorganizar nuestra sociedad.

Hace ya algo mas de una d茅cada el escritor, te贸rico y cr铆tico musical brit谩nico Mark Fisher public贸 el ya cl谩sico 鈥淓l realismo capitalista鈥, un intento de diagnosticar y descifrar el entorno cultural del capitalismo moderno y de empezar a pensar en como pod铆amos escapar de sus garras. Por resumir la ya de por si breve obra 鈥淓l Realismo capitalista鈥: Fisher desarrolla la idea de que la percepci贸n del capitalismo se ha fusionado con la de la 鈥渞ealidad鈥 de tal forma que es mas f谩cil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo ; que el capitalismo es la 鈥溍簄ica opci贸n posible鈥. Igualmente enuncia que una de las mejores formas de mostrar hasta que punto resulta artificial y potencialmente transformable este tipo de organizaci贸n social, consiste en observar las flagrantes crisis que rasgan el velo del realismo capitalista. En 2009 Fisher eligi贸 como ejemplos los problemas de salud mental, la burocracia y la inminente cat谩strofe ambiental. Hoy estas amenazas son a煤n mas graves, las cuestiones de la salud mental han sido ignoradas en gran medida, y los horrores apocal铆pticos del cambio clim谩tico se ciernen sobre nosotros con una rabia cada vez mayor. Ya es com煤n ver estad铆sticas que demuestran que gran parte de la poblaci贸n sufre depresi贸n, ansiedad y de una multitud de trastornos. De la misma forma, no es poco habitual encender la televisi贸n o (con mas probabilidad) abrir Twitter y descubrir que otro incendio forestal a vuelto a devastar este o aquel pa铆s, dejando tras de s铆 bosques y cad谩veres humeantes.

Sin embargo, todav铆a podemos a帽adir otro ejemplo a la lista de cosas que levantan el velo y dejan al descubierto los mecanismos ocultos: el COVID-19 ha demostrado que una pandemia podr铆a tener los mismos efectos que un incendio forestal. De repente se deja de lado un modo de vida supuestamente irreemplazable; empleos supuestamente vitales pierden todo el sentido a medida que los espacios abiertos y los despachos de ejecutivos y un gran n煤mero de trabajadores pierden su empleo o empiezan a trabajar desde casa; los trabajadores que antes se trataban como chivos expiatorios o se ignoraban y desechaban por ser auxiliares y poco cualificados se convierten en “trabajadores esenciales” sin los cuales ning煤n pa铆s podr铆a mantenerse en pie. Este es, por supuesto, el mensaje que los anarquistas y la izquierda en general llevan defendiendo durante m谩s de un siglo; gran parte del trabajo que hacemos es in煤til, y gran parte del trabajo necesario es denigrado y mal pagado.

Portada del manifiesto escrito por el autor de la matanza de Christchurch el 15 de mayo de 2019 en Nueva Zelanda, que dej贸 51 muertos y 49 heridos. En el intertior el ecofascismo se presenta como un pilar de su pensamiento y una de las razones de su acto. Obs茅rvese el s铆mbolo esot茅rico nazi del 鈥渟ol negro鈥 en el centro.

Teniendo en cuenta esta perspectiva, resulta obvio que el marco ecofascista en el que todos los humanos forman parte de una enfermedad planetaria es err贸neo desde el principio. Del mismo modo, la versi贸n diluida de su discurso 鈥搇a que se difunde ampliamente, sobre todo por personas de buena fe鈥 se basa en una confusi贸n entre el sistema social y los individuos que lo componen. Volviendo a Mark Fisher, el estallido de COVID-19 ha echado por tierra muchas de las afirmaciones de que no hay alternativa a nuestro sistema actual, revelando una variedad de “fracturas e inconsistencias en el campo de la aparente realidad” que hacen a煤n m谩s evidente su contingencia y fragilidad. Independientemente de lo que el gobierno y el consenso popular nos hagan creer, es imposible ver un mundo en el que la mano de obra disminuye tan dr谩sticamente sin afectar a ning煤n servicio esencial, y no imaginar que las cosas podr铆an funcionar de otra manera.

Por supuesto, la derecha y el Estado ya se han aprovechado de esto; los oportunistas, como ya se ha mencionado, est谩n a la cabeza de este tipo de situaciones. Los gobiernos de todo el mundo han aprovechado la oportunidad para aumentar los poderes policiales, imponer cierres patronales y castigar a los que salen demasiado a menudo; Hungr铆a ya ha conseguido pasar a la dictadura absoluta, utilizando la pandemia como acelerador del fervor fan谩tico de Orb谩n. Mientras el discurso pol铆tico se modifica superficialmente, impulsado por el terremoto que acaba de poner al descubierto las grietas de d茅cadas de neoliberalismo, la derecha intenta por todos los medios alcanzar sus propios objetivos; la izquierda deber铆a hacer lo mismo. Ciertamente ha comenzado: han estallado huelgas de alquiler en varios pa铆ses; los empleados de General Electric han exigido que sus empresas se reconviertan a la fabricaci贸n de ventiladores, y han surgido cientos de redes de apoyo mutuo. La gente despreocupada por la ideolog铆a descubri贸 que la ideolog铆a estaba muy interesada en ellos, y el ya debilitado control del centro sobre el discurso dominante se ha vuelto a煤n m谩s tenue.

Sin embargo, no podemos permitirnos el lujo de creer que una crisis, acompa帽ada de una peque帽a huelga de alquileres, acabar谩 con el capitalismo o con el Estado; si hay que reconocer algo a estos sistemas es que han demostrado una notable tenacidad y capacidad para sobrevivir a casi cualquier cat谩strofe. Los anarquistas no pueden esperar que el Estado se derrumbe por el peso de sus propias debilidades; habr谩 que derribarlo. Las redes de apoyo mutuo son un punto de partida fant谩stico, aunque muchas han tenido que enfrentarse a disfunciones internas debido a partidos pol铆ticos que han querido convertirlas en estructuras jer谩rquicas. La solidaridad de los trabajadores en las huelgas, la reacci贸n contra los terratenientes, son tambi茅n excelentes comienzos. Pero el cambio real no se produce con unas pocas buenas se帽ales; requiere una oposici贸n creciente y continuada al Estado. El COVID-19 ha rasgado el velo del realismo capitalista; lo que sab铆amos desde hace tiempo 鈥搎ue las cosas pueden ser diferentes鈥 es ahora ampliamente conocido por aquellos que han visto su mundo sacudido por esta pandemia. Los anarquistas y el resto de la izquierda no podemos dejar caminos sin explorar, ni arriesgarnos a que sean recuperadas por la derecha, incluyendo lo que concierne la ecolog铆a.

Durante a帽os, la cat谩strofe ecol贸gica ha sido uno de los problemas ineludibles de la hegemon铆a capitalista. Desde hace a帽os, esta amenaza se aproxima, y la informaci贸n es cada vez m谩s alarmante; los cient铆ficos llevan emitiendo sombr铆as predicciones del fin del mundo desde hace tiempo, y hay pocas razones para dudar de su legitimidad. Los da帽os producidos por el capitalismo industrial est谩n a la vista de cualquiera. Visitar una playa, ver las interminables extensiones de terreno deforestado, contemplar la desaparici贸n de especies, una tras otra; todo esto es indiscutible para cualquiera que observe las pruebas de buena fe. El capitalismo est谩 en extrema contradicci贸n con la sostenibilidad ecol贸gica. Para los ecofascistas, ha sido un juego de ni帽os combinar esta evidencia con el COVID-19 en una forma de impulso autodestructivo hippie; en el coraz贸n del fascismo reside un deseo de muerte 鈥 como escribi贸 el fil贸sofo franc茅s Gilles Deleuze, es “una m谩quina de guerra que s贸lo tiene como objeto la guerra”. Al usurpar el lenguaje de los ecologistas, los ecofascistas han encontrado una forma de enmascarar la violencia y la supuesta misantrop铆a de su ideolog铆a, pero no es m谩s que eso: una m谩scara. Volviendo a Deleuze, el fascismo es en esencia “un movimiento de pura destrucci贸n”, y cualquier intento de pretender que su verdadero objetivo sea la sostenibilidad ecol贸gica es claramente absurdo. El 煤nico ecologismo verdadero es el liberador.

Lo que debe hacer valer el movimiento anarquista, siempre que sea posible, es la realidad de la situaci贸n: el COVID-19, y la posterior reorganizaci贸n de la sociedad, no ha demostrado que la humanidad sea una maldici贸n de la que hay que deshacerse; ha demostrado que el capitalismo no es m谩s que una serie de elecciones y estructuras que construimos y reforzamos cada d铆a, y que estas elecciones pueden hacerse de otra manera; esas estructuras pueden destruirse. Reivindiquemos ideol贸gicamente este momento y estas aparentes regeneraciones ecol贸gicas, pero reivindiqu茅moslas correctamente; si hay algo que sacrificar por la salud del planeta y sus habitantes, es el capitalismo.

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* Texto original organisemagazine.org.uk

** Los subrayados son pie de foto




Fuente: Briega.org