October 18, 2022
De parte de Asociacion Germinal
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Por Carlos Taibo en la web 15/15/15


(El siguiente texto conforma el cap铆tulo final del 煤ltimo libro de Carlos Taibo, titulado Ecofascismo. Una introducci贸n, publicado por La Catarata en 2022 y que actualmente va por su 2陋 edici贸n.)

Ecofascismo. Una introducci贸n

El camino que nos conduce desde la normalidad hasta colapsos y ecofascismos no empez贸 ayer. Si as铆 lo queremos, algunos de los hitos que lo han jalonado han sido los atentados del 11 de septiembre de 2001, con la parafernalia antiterrorista acompa帽ante; la crisis de 2007-2008, con la eclosi贸n del capitalismo financiero y bancocr谩tico, y la pandemia registrada a partir de 2020, con la entronizaci贸n de otro capitalismo, como es el del comercio digital y el de las grandes farmac茅uticas[1]. Por a帽adidura, en los 煤ltimos tiempos se han ido acumulando las noticias que, por muchos conceptos, parecen emplazarnos en una suerte de antesala del colapso. Recordar茅 al respecto 鈥攜a lo he mencionado en un cap铆tulo anterior鈥 que en el oto帽o de 2021 se hicieron valer cortocircuitos en muchos de los flujos industriales, comerciales y financieros, se revelaron problemas de suministro de materias primas energ茅ticas y subieron espectacularmente los costos de movimiento de las mercanc铆as, a lo que se sum贸 el globo sonda austriaco al que tambi茅n me he referido. El ciclo, hasta hoy, se cierra con las secuelas, impredecibles, de la guerra ucraniana. Por detr谩s es f谩cil apreciar una aceleraci贸n muy notable de muchos procesos y, con ella, una creciente dificultad a la hora de encararlos, con la intuici贸n, en la trastienda, de que acaso no estamos en la antesala del colapso, sino en el colapso mismo.

Ecofascismo. Una introducci贸n

Las cosas como fueren, y en ese escenario, lo menos que puede decirse es que en muchos de los estamentos de poder del planeta ha ganado terreno la idea de que el cambio clim谩tico y el agotamiento de las materias primas energ茅ticas son realidades muy graves que afectan a la l贸gica entera del sistema y reclaman respuestas. Una de ellas, que no tiene a buen seguro un peso marginal, es el ecofascismo. La propuesta correspondiente obedece, en una de sus dimensiones fundamentales, al designio de recuperar un dominio pleno e incontestado en provecho del capital, en general, y, en su caso, de unos capitales sobre otros. En ese terreno, el ecofascismo parece llamado a ratificar muchas de las reglas del imperialismo de siempre, en el buen entendido de que ahora el designio en cuesti贸n exhibe, junto con otras, una important铆sima matriz ecol贸gica. Ya me he permitido se帽alar que, en ese marco, los habitantes de los pa铆ses ricos 鈥攜 las elites, agrego ahora, de muchos lugares que no responden a esta descripci贸n鈥 est谩n poco dispuestos a renunciar a niveles de consumo y de status social, y en modo alguno se muestran solidarios con los integrantes de las generaciones venideras, con muchos de los pobladores del Sur del planeta y con los miembros de las dem谩s especies con las que sobre el papel compartimos este 煤ltimo. Una f贸rmula que retrata lo anterior de manera gr谩fica es la que recuerda que los turistas ejemplifican la 芦buena globalizaci贸n鈥, en tanto los refugiados representan el lado amenazador de aquella[2].

Parece obligado subrayar, por otra parte, que el ecofascismo nace de la condici贸n de un capitalismo incipiente. Si durante d茅cadas la corriente dominante en el capitalismo realmente existente ha sido aberrantemente cortoplacista, de tal forma que a poco m谩s aspiraba que a multiplicar de forma espectacular los beneficios en un per铆odo muy breve, sin ning煤n proyecto mayor de futuro, hoy se perciben con claridad los rasgos de un capitalismo nuevo que, consciente de lo que en el terreno ecol贸gico se nos echa encima, s铆 tiene, por desgracia, un proyecto de futuro. Cierto es que ese proyecto exhibe al tiempo un car谩cter criminal tanto en lo que hace a los objetivos 鈥攎arginaci贸n y exterminio鈥 como en lo que respecta a las herramientas. Al fin y al cabo el sustantivo que se incorpora al t茅rmino ecofascismo se justifica en buena medida de resultas de la mentada naturaleza criminal del proyecto en cuesti贸n, que invita a concluir que tal proyecto no constituye una respuesta ante el colapso, sino, antes bien, una forma singular de este 煤ltimo. Una de las se帽ales de la fortaleza del proceso que me ocupa es un progresivo engrosamiento de las funciones represivas propias de la instituci贸n Estado, que como siempre, y con toda evidencia, se halla al servicio de las clases dominantes. Otra asume la forma de un renacimiento de organizaciones como la OTAN, que anuncia un horizonte planetario 鈥攖ambi茅n lo he recordado en su momento鈥 de militarizaci贸n, crecimiento en el gasto en defensa, negocios para la industria de armamentos, autoritarismo, represi贸n de las disidencias, injerencias e intervenciones. Aunque en semejante escenario parece haberse instalado la conclusi贸n de que, para hacer frente a la crisis ecol贸gica en sus m煤ltiples manifestaciones, es preciso aceptar el asentamiento de f贸rmulas autoritarias del m谩s diverso cariz, no queda m谩s remedio que afirmar, y hacerlo con rotundidad, que esas f贸rmulas se encaminan a ratificar una estrategia de dominaci贸n m谩s all谩 de la ecolog铆a y sus reglas, a trav茅s de inquietantes programas 鈥攍o repito鈥 de marginaci贸n o de exterminio, y con franco ahondamiento de la crisis social, de las separaciones y de la represi贸n.

Conviene, aun as铆, que nos alejemos de aquellas visiones que entienden que la suerte est谩 echada y que el resultado de la partida no puede ser otro que la entronizaci贸n, con unos perfiles u otros, del proyecto ecofascista. Hay quien piensa que el gran capital, las corporaciones, las bolsas, los gobiernos que los amparan y los aparatos represivos y medi谩ticos de los que se han dotado est谩n en el origen de todas las tensiones que se registran en el planeta. Si el argumento tiene, ciertamente, su fundamento, no nos obliga, sin embargo, a tirar la toalla. Por lo pronto, esas instancias no son tan inteligentes y capaces como pudiera parecer. Aunque son impecables los an谩lisis, ya invocados, de Naomi Klein en lo que respecta a la capacidad que el capital muestra en lo que ata帽e a utilizar en provecho propio las cat谩strofes naturales, las disfunciones y los errores en modo alguno faltan en la gesti贸n global correspondiente. Esto aparte, las instancias que ahora me interesan a menudo compiten descarnadamente entre s铆, circunstancia que abre hendiduras, de nuevo, en el edificio de su poder. Aunque hoy todas ellas est谩n marcadas indeleblemente por la l贸gica del capital, las pulsiones imperiales revelan tambi茅n elementos de diferencia y de competici贸n que dibujan un panorama cualquier cosa menos pl谩cido. Para cerrar el c铆rculo, en fin, el colapso parece inequ铆vocamente llamado a cruzarse de por medio y a debilitar de forma sensible la capacidad de poderes tradicionales que dependen en demas铆a de energ铆as y tecnolog铆as que van a escasear. As铆 las cosas, est谩 servida la conclusi贸n que se帽ala que un sistema incapaz de evitar su colapso a duras penas puede presentar esta circunstancia como una virtud, por mucho que se apreste a sacar partido de la situaci贸n en cuesti贸n.

M谩s all谩 de lo anterior, y en un terreno distinto, la crisis sin fondo del capital tiene que ser aprovechada por resistencias que cabe esperar que sean muy distintas de las que en tantos lugares cobraron cuerpo en el siglo XX. Aunque es posible que esas resistencias hayan de aguardar al poscolapso para plasmarse en plenitud, lo suyo es que prestemos o铆dos a su condici贸n presente. Su apuesta debe asentarse, antes que nada, en un rechazo, desde la democracia directa y la autogesti贸n, de los procedimientos autoritarios inherentes al ecofascismo. Ese rechazo se desplegar谩 desde lo que en unos escenarios ser谩n espacios autogestionados de nueva creaci贸n y en otros comunidades ancestrales, de tal suerte que se reunir谩n 鈥攐jal谩鈥 pulsiones anticapitalistas y flujos precapitalistas. En muchos casos esas realidades lo que procurar谩n ser谩 preservar y recuperar, antes que introducir algo nuevo. Hablo de instancias que remiten inmediatamente al concepto de comunidad y, en otra dimensi贸n, al poder destituyente invocado por Agamben[3]. Aclarar茅, en fin, que no defiendo los espacios aut贸nomos y las comunidades primitivas sin m谩s: postulo su coordinaci贸n y su voluntad de sublevaci贸n.

No tengo dudas en lo que hace a la naturaleza de la terapia que deben desplegar esas instancias de resistencia. Ya he se帽alado que en ella tienen que reunirse la aplicaci贸n de frenos de emergencia que permitan salir del imaginario miserable del crecimiento, la apuesta por una redistribuci贸n radical de la riqueza y la defensa de formas de organizaci贸n social y colectiva que dejen atr谩s el capitalismo. Si se trata de garantizar que la especie humana siga existiendo, importa, y mucho, saber c贸mo y en qu茅 condiciones. Al respecto debe hacerse valer el recordatorio de que buena parte de la historia de esa especie se ha vinculado con formulas de autogesti贸n y de apoyo mutuo, de tal manera que no hay motivos para concluir que esas reglas han desaparecido para siempre. Es verdad, eso s铆, que en el escenario posterior al colapso las tensiones no faltar谩n. Lo m谩s probable es que adquieran carta de naturaleza, en espacios geogr谩ficos a menudo pr贸ximos entre s铆, realidades muy dispares que en unos casos reflejar谩n la pervivencia de los poderes tradicionales y en otros el ascendiente de opciones alternativas como las que aqu铆 defiendo, sin cerrar, claro, el paso a otros horizontes, con un corolario insorteable: la diversidad de resistencias, de comunidades y de historias de la que hablo hace dif铆cil creer en la consolidaci贸n de algo que huela a una soberan铆a planetaria[4]. Pero el teatro del poscolapso, que por muchos conceptos ser谩 el de una tragedia global, bien puede borrar de un plumazo 鈥攜a lo suger铆 en su momento- muchos de los problemas que hoy nos acosan en materia de propiedad privada y de deuda. Las cosas como fueren, parece llevar raz贸n Harari cuando afirma que el final de la historia se ha pospuesto[5]. Agrego yo que sobran los motivos para concluir que seguir谩 posponi茅ndose.

En 1965, y con notables capacidades de anticipaci贸n, Andr茅 Leroi-Gourhan se refiri贸 a un curioso legado del antropoceno: 鈥淧arece que estamos siendo testigos de las 煤ltimas relaciones libres entre el ser humano y el mundo natural. Liberado de sus herramientas, de sus gestos, de sus m煤sculos, de la programaci贸n de sus actos, de su memoria, liberado de su imaginaci贸n por la perfecci贸n de los medios televisivos, liberado del mundo animal y vegetal, del viento, del fr铆o, de los microbios, de lo desconocido de las monta帽as y de los mares, el Homo sapiens de la zoolog铆a est谩 probablemente en el final de su carrera鈥漑6]. Los acontecimientos m谩s recientes, y pandemia aparte, parecen ratificar el buen sentido del juicio de Leroi-Gourhan. La liberaci贸n que nos promet铆an ha asumido la forma de sumisi贸n interiorizada, de expansi贸n de las enfermedades mentales, de dudas sin cuento con respecto al futuro en el terreno de la econom铆a y la organizaci贸n social, y, en fin, de una zozobra general que nace de la identificaci贸n del sinf铆n de callejones sin salida al que nos han conducido.

Cuenta Horvat que con ocasi贸n de un terremoto que se revel贸 durante la pandemia, el gobierno croata emiti贸 dos mensajes manifiestamente contradictorios. Por un lado, la poblaci贸n deb铆a abandonar las casas 鈥攑ara hacer frente a las consecuencias previsibles del terremoto鈥 y por el otro ten铆a que permanecer en ellas 鈥攑ara plantar cara a la pandemia y respetar las medidas de distancia social鈥擺7]. La locura en curso obliga a aseverar que los mismos que han creado los problemas se disponen a salvarse a costa, una vez m谩s, de sus v铆ctimas. En ese atolladero, y tal y como lo recuerda el propio Horvat, 鈥渆n lugar de 鈥榬egresar a lo normal鈥, deber铆amos encarar lo 鈥榥ormal鈥 como el verdadero problema鈥.

Ilustraci贸n de Meninheira

Notas
[1] FUSARO, Diego (2021). Golpe globale. Capitalismo terapeutico e Grande Reset. Piemme, Mil谩n. P. 23.

[2] KRASTEV, Ivan (2022): Is It Tomorrow Yet? Penguin, Dubl铆n. P. 20.

[3] WAINWRIGHT, Joel; MANN, Geoff (2020): Climate Leviathan. A Political Theory or Our Planetary Future. Verso, Londres. P. 183.

[4] 脥bid, p. 188.

[5] HARARI, Yuval Noah (2022): 21 lecciones para el siglo XXI. Penguin Random House, Barcelona. P. 21.

[6] CAMATTE, Jacques (2020): 鈥淚nstauraci贸n del riesgo de extinci贸n鈥, en VVAA, Coronavirus, crisis y confinamiento. Lazo Negro, Rosario, p谩gs. 53-78. P. 74

[7] HORVAT, Sre膰ko (2021): After the Apocalypse. Polity, Cambridge. P. 163.

Web 15/15/15

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Fuente: Asociaciongerminal.org