September 11, 2022
De parte de Nodo50
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Activistas del movimiento Extinction Rebellion durante una acci贸n por el D铆a Mundial del Medioambiente. EDUARDO ROBAINA

Hace pocos d铆as el fiscal general del Estado, 脕lvaro Garc铆a Ortiz, entreg贸 al presidente del Gobierno, Pedro S谩nchez, la Memoria Anual de la Fiscal铆a, un informe que, entre otras cosas, recoge 鈥渓a evoluci贸n de la criminalidad鈥 en el ejercicio correspondiente, en este caso el a帽o 2021. Entre las 1.551 p谩ginas que contiene, destaca una, dentro del apartado dedicado al terrorismo internacional, donde se detalla la relaci贸n de acciones del llamado 鈥ecologismo radical violento鈥, considerado un 鈥渆xtremismo鈥 de izquierda y una amenaza para la seguridad ciudadana.

Espec铆ficamente, se cita la actividad del grupo Extinction Rebellion, que, como si se tratase de un esqueje de olivo, 鈥渟e ha implantado en Espa帽a鈥. No deja de resultar parad贸jico el uso de una met谩fora procedente de la naturaleza para criminalizar a un colectivo de cient铆ficos y activistas encargados de su defensa dentro de un contexto de emergencia clim谩tica y ecol贸gica, seg煤n advierten desde su p谩gina web. Pero, dejando al margen ciertos deslices ling眉铆sticos, llama la atenci贸n que las acciones de quienes proponen la desobediencia civil desde la no violencia se equiparen al extremismo de derecha, situado en la 鈥溍硆bita nazi鈥 de acuerdo al mismo informe. 

De hecho, en la enumeraci贸n de acciones de estos 煤ltimos, se mencionan, por ejemplo, 鈥da帽os racistas鈥, y se les atribuyen abiertamente delitos de odio. A los ecologistas 鈥渞adicales violentos鈥 solo se les reconocen delitos menores como concentraciones ilegales y un corte de tr谩fico. Aun as铆, figuran en el mismo apartado, listados con encabezamientos an谩logos, sugiriendo que el peligro que representan ser铆a equivalente, a pesar de que unos atacan a la comunidad LGTBI, o a los menores inmigrantes, y otros realizan actos para la protecci贸n de la vida en un escenario de crisis, no ya medioambiental, sino humanitaria, como demuestran la p茅rdida de cosechas mundiales por los fen贸menos meteorol贸gicos extremos, o las inundaciones que han sacudido Pakist谩n y han dejado ya m谩s de 1.400 muertos 鈥搒in que tengamos todav铆a cifras totales鈥.

Los unos y los otros. Burocr谩tica, criminalmente iguales bajo una categorizaci贸n, la de terrorismo, que no cuenta con una definici贸n consensuada en el marco del derecho internacional y, por ello, puede utilizarse de forma m谩s o menos arbitraria de acuerdo a los intereses de cada Estado. Espa帽a sigue as铆 la senda inaugurada por el Reino Unido, pa铆s donde surgi贸 Extinction Rebellion, a los que la polic铆a antiterrorista clasific贸 de 鈥渋deolog铆a extremista鈥, como hizo asimismo con el yihadismo. Espa帽a, adem谩s, se suma a la larga lista de naciones que, en momentos marcados por injusticias insoportablemente aberrantes, optaron por estigmatizar y condenar la desobediencia civil pac铆fica en lugar de garantizar los derechos de quienes sufr铆an y denunciaban tales aberraciones

Estados Unidos, abril de 1963. Martin Luther King Jr., el reverendo de quien ahora se multiplican las hagiograf铆as, el mismo que la naci贸n encomia y celebra en el d铆a festivo dedicado a su lucha contra la discriminaci贸n racial, escribe desde la c谩rcel: 鈥淟a acci贸n directa no violenta persigue (鈥) alimentar tal tensi贸n que una comunidad que se ha negado constantemente a negociar se vea obligada a confrontar el problema鈥. King, gracias al cual se lograron victorias como la universalizaci贸n del derecho al voto (1965), localiza las protestas antirracistas que 茅l mismo lider贸 en el silencio de quienes durante d茅cadas prefirieron ignorar las demandas de los oprimidos, implicando que otras v铆as para el di谩logo no pudieron fructificar.

La desobediencia civil, en la que se concretiza la acci贸n directa, provendr铆a de una conciencia que valora la ley seg煤n est茅 en armon铆a con la moral. Apoy谩ndose en las ense帽anzas de Santo Tom谩s de Aquino, el reverendo afirma que una ley injusta, aquella que 鈥渄egrada la personalidad humana鈥, no merece ser obedecida, y que justo esa insubordinaci贸n entra帽ar铆a 鈥渆l mayor respeto por la ley鈥, que es el que acompa帽a a la conciencia limpia de un ser humano. 

En el marco de Extinction Rebellion, muchos son los activistas que han expresado sentimientos parecidos a los de King a la hora de abordar sus campa帽as de concienciaci贸n y furia colectiva. Algunos, como Fernando Valladares, Mauricio Misquero, o Elena Gonz谩lez Egea, todos cient铆ficos, no han escatimado en declaraciones en las que apuntan a la inacci贸n de los gobiernos a pesar de la cantidad ingente de estudios que prueban con creces tanto el calado de la urgencia clim谩tica, como la posibilidad de mitigar sus efectos si se adopta un modelo econ贸mico y social no basado en la explotaci贸n de los combustibles f贸siles.

Los interlocutores pol铆ticos, como ocurriera con el l铆der por los derechos civiles en Estados Unidos, han decidido no prestar atenci贸n al problema, que podr铆a haberse atajado sin recurrir a la desobediencia civil. As铆, cuando la Fiscal铆a indica que los activistas han incumplido la ley, deliberadamente omite los numerosos intentos del ecologismo por construir v铆as alternativas de colaboraci贸n y mejora social durante a帽os, pero tambi茅n suprime el componente moral de toda ley y el da帽o interno que causa contradecir los principios que uno considera justos. 

La historia nos ha regalado m煤ltiples figuras que no quisieron acatar leyes inmorales: Rosa Parks no cedi贸 su asiento a las personas blancas que se lo exigieron, Mahatma Gandhi se resisti贸 a aceptar el dominio brit谩nico desde el pacifismo, Berta C谩ceres fue asesinada por su defensa de los pueblos ind铆genas y el medio ambiente; como recuerda King, los ciudadanos que, arriesgando su vida, salvaron a m煤ltiples jud铆os de un Holocausto t茅cnicamente legal, lo hicieron erigiendo una 茅tica por encima de los textos jur铆dicos.

Si, tras las consecuencias del calentamiento global, la sexta extinci贸n de especies, los l铆mites planetarios que ya se han sobrepasado 鈥揷omo el del agua dulce, o el de la cantidad de sustancias qu铆micas considerada 鈥榮egura鈥欌 nos queda historia desde la que evaluar las acciones llevadas a cabo por Extinction Rebellion, tal vez lleguemos a la conclusi贸n de que su actividad era imprescindible para intentar detener la concatenaci贸n de atrocidades que nos esperan, incluido el posible arraigo de reg铆menes autoritarios dispuestos a gestionar la escasez de la manera m谩s inicua. 

Si nos queda historia, repito, porque est谩 en juego una subida de la temperatura global que impedir铆a el desarrollo de la vida humana en el planeta, quiz谩 juzgar铆amos con ojos estupefactos la detenci贸n de los activistas a los que se les imputan cargos graves, como atentar contra las altas instituciones del Estado, por haber arrojado agua con remolacha en el Congreso. Quiz谩, como el investigador Tim Jackson, hasta cuestionemos ese mismo Estado, cuya principal funci贸n, argumenta en su 煤ltimo libro, es 鈥減roteger los intereses de los propietarios鈥. Jackson se帽ala el imperdonable defecto de las democracias occidentales que radica en basar el contrato social en la propiedad privada y el blindaje legal del dinero en lugar de en la defensa del derecho a la vida y la salud. En este contexto, asevera: 鈥淟a desobediencia civil se convierte en el 煤ltimo recurso de los despose铆dos鈥. Y los despose铆dos, puede a帽adirse, somos todos, desde el momento en que nos asumimos como habitantes y parte de un planeta en proceso de devastaci贸n y cuyo equilibro clim谩tico se fragmenta a pasos acelerados. 

La Fiscal铆a, por tanto, deber铆a hacerse eco tanto de las miles de voces contempor谩neas que claman por la justicia clim谩tica, como de una tradici贸n que abarca m煤ltiples naciones y disciplinas, la de la desobediencia civil, gracias a la cual muchos contamos con derechos que, en otra 茅poca, nos habr铆an sido negados. 




Fuente: Lamarea.com