November 2, 2020
De parte de Indymedia Argentina
304 puntos de vista


El ecosocialismo y el movimiento por el decrecimiento figuran entre las corrientes m谩s importantes de la izquierda ecologista. Los ecosocialistas admiten que es necesario cierto grado de decrecimiento de la producci贸n y el consumo a fin de evitar el colapso medioambiental.

No obstante, mantienen una actitud cr铆tica hacia las teor铆as del decrecimiento porque: a) el concepto de decrecimiento es insuficiente para definir un programa alternativo; b) no aclara si el decrecimiento puede lograrse en el marco del capitalismo o no; c) no distingue entre actividades que es preciso reducir y las que hace falta desarrollar.

Es importante tener en cuenta que la corriente decrecentista, que es particularmente influyente en Francia, no es homog茅nea: inspirada por cr铆ticos de la sociedad de consumo 鈥揌enri Lefebvre, Guy Debord, Jean Baudrillard鈥 y del sistema t茅cnico 鈥揓acques Ellul鈥, comprende diferentes perspectivas pol铆ticas. Existen por lo menos dos polos que son bastante distantes, por no decir opuestos: por un lado, cr铆ticos de la cultura occidental tentados por el relativismo cultural (Serge Latouche) y, por otro, ecologistas de izquierda universalistas (Vincent Cheynet, Paul Ari茅s).

Serge Latouche, conocido en todo el mundo, es uno de los te贸ricos del decrecimiento franceses m谩s controvertidos. Claro que algunos de sus argumentos son leg铆timos: desmitificaci贸n del desarrollo sostenible, cr铆tica de la religi贸n del crecimiento y el progreso, llamamiento a una revoluci贸n cultural. Sin embargo, su rechazo global del humanismo occidental, de la Ilustraci贸n y de la democracia representativa, as铆 como su alabanza sin remilgos de la Edad de Piedra, son elementos claramente criticables. Pero esto no es todo. Su cr铆tica de las propuestas de desarrollo ecosocialistas para pa铆ses del Sur Global 鈥搈谩s agua limpia, escuelas y hospitales鈥 por considerarlas 鈥渆tnoc茅ntricas鈥, 鈥渙ocidentalizantes鈥 y 鈥渄estructivas de los modos de vida locales鈥, es bastante insufrible. Sin olvidar que su argumento de que no hace falta hablar del capitalismo, puesto que esta cr铆tica 鈥測a ha sido realizada, y bien, por Marx鈥, no es serio: es como decir que no hace falta denunciar la destrucci贸n productivista del planeta porque esto ya se ha hecho, y bien, por Andr茅 Gorz (o Rachel Carson).

M谩s cerca de la izquierda se halla la corriente universalista, representada en Francia por el peri贸dico La D茅croissance, por mucho que se pueda criticar el republicanismo franc茅s de algunos de sus te贸ricos (Vincent Cheynet, Paul Ari猫s). A diferencia del primero, este segundo polo del movimiento decrecentista tiene muchos puntos de convergencia 鈥揳 pesar de las pol茅micas ocasionales鈥 con los movimientos por la justicia global (ATTAC), los ecosocialistas y los partidos de la izquierda radical: ampliaci贸n de la gratuidad [bienes, servicios o instalaciones que se ofrecen gratuitamente], la preponderancia del valor de uso sobre el valor de cambio, la reducci贸n de la jornada de trabajo, la lucha contra las desigualdades sociales, el desarrollo de actividades no mercantiles, la reorganizaci贸n de la producci贸n de acuerdo con las necesidades sociales y la protecci贸n del medio ambiente.

Muchos te贸ricos del decrecimiento parecen creer que la 煤nica alternativa al productivismo pasa por detener todo crecimiento, o sustituirlo por un crecimiento negativo, es decir, mermar dr谩sticamente el excesivo nivel de consumo por parte de la poblaci贸n reduciendo a la mitad el gasto energ茅tico, renunciando a las viviendas unifamiliares, a la calefacci贸n central, a las lavadoras, etc. Puesto que estas medidas de austeridad draconiana y otras similares pueden resultar bastante impopulares, algunas de ellas 鈥搃ncluido un autor tan importante como Hans Jonas, en su El principio de responsabilidad鈥 juegan con la idea de una 鈥渆specie de dictadura ecol贸gica鈥.

Frente a esta visi贸n pesimista, los socialistas optimistas creen que el progreso t茅cnico y el uso de fuentes de energ铆a renovables permitir谩n un crecimiento ilimitado y una sociedad de la abundancia, en la que cada persona pueda recibir seg煤n sus necesidades.

Creo que estas dos escuelas comparten una concepci贸n puramente cuantitativa del crecimiento 鈥損ositivo o negativo鈥, o del desarrollo de las fuerzas productivas. Hay una tercera posici贸n, que me parece m谩s apropiada: una transformaci贸n cualitativa del desarrollo. Esto supone poner fin al monstruoso despilfarro de recursos, propio del capitalismo, basado en la producci贸n a gran escala de productos in煤tiles y/o da帽inos: la industria de armamentos es un buen ejemplo, pero gran parte de los bienes producidos en el capitalismo, con su obsolescencia intr铆nseca, no tienen otra utilidad que generar beneficios para las grandes empresas.

El problema no es el consumo excesivo en abstracto, sino el tipo de consumo que prevalece, basado como est谩 en la adquisici贸n ostentativa, los desperdicios masivos, la alienaci贸n mercantil, la acumulaci贸n obsesiva de bienes y la compra compulsiva de supuestas novedades impuestas por la moda. Una sociedad de nuevo tipo orientar铆a la producci贸n a la satisfacci贸n de las verdaderas necesidades, empezando por las que podr铆an calificarse de b铆blicas 鈥揳gua, alimentos, ropa, viviendas鈥, pero incluyendo asimismo los servicios b谩sicos: salud, educaci贸n, transporte, cultura.

驴C贸mo distinguir lo aut茅ntico de las necesidades artificiales, ficticias (creadas artificialmente) e improvisadas? Estas 煤ltimas se inducen a trav茅s de la manipulaci贸n mental, es decir, la publicidad. El sistema publicitario ha invadido todas las esferas de la vida humana en las sociedades capitalistas modernas: no solo los alimentos y la ropa, sino tambi茅n el deporte, la cultura, la religi贸n y la pol铆tica se configuran de conformidad con sus reglas. Ha invadido nuestras calles, buzones, pantallas de televisi贸n, peri贸dicos y paisajes de una manera permanente, agresiva e insidiosa, y contribuye decisivamente a la creaci贸n de h谩bitos de consumo ostentativo y compulsivo. Adem谩s, malgasta cantidades enormes de petr贸leo, electricidad, tiempo de trabajo, papel, productos qu铆micos y otras materias primas 鈥搕odo ello pagado por los consumidores鈥 en un sector productivo que no solo es in煤til desde un punto de vista humano, sino que est谩 directamente en contradicci贸n con las necesidades sociales reales.

Mientras que la publicidad es una dimensi贸n indispensable de la econom铆a de mercado capitalista, no tendr铆a raz贸n de ser en una sociedad de transici贸n al socialismo, donde ser铆a reemplazada por la informaci贸n sobre bienes y servicios facilitada por asociaciones de consumo. El criterio para diferenciar una necesidad genuina de otra artificial es su persistencia tras la supresi贸n de la publicidad (隆Coca-Cola!). Por supuesto, durante algunos a帽os persistir铆an los viejos h谩bitos de consumo, y nadie tiene derecho a decir a la gente cu谩les son sus necesidades. El cambio de los patrones de consumo es un proceso hist贸rico, as铆 como un reto educacional.

Algunas mercanc铆as, como el autom贸vil individual, plantean problemas m谩s complejos. Los veh铆culos privados constituyen un estorbo p煤blico, matan y mutilan a cientos de miles de personas todos los a帽os en el mundo entero, contaminan la atm贸sfera en las grandes ciudades con consecuencias funestas para la salud de ni帽as y ni帽os y de las personas mayores y contribuyen significativamente al cambio clim谩tico. Sin embargo, responden a una necesidad real al transportar a las personas a su lugar de trabajo, a su casa o a sus espacios de ocio. Experiencias locales en algunas ciudades europeas que tienen administraciones con sensibilidad ecol贸gica demuestran que es posible limitar progresivamente, con la aprobaci贸n de la mayor铆a de la poblaci贸n, la proporci贸n de veh铆culos individuales en circulaci贸n a favor de los autobuses y tranv铆as.

En un proceso de transici贸n al ecosocialismo, donde el transporte p煤blico, de superficie o subterr谩neo, se extender铆a ampliamente y ser铆a gratuito para las usuarias y usuarios, y donde peatones y ciclistas contar铆an con calzadas protegidas, el coche particular desempe帽ar铆a un papel mucho menos importante que en la sociedad burguesa, en la que se ha convertido en una mercanc铆a fetiche, promovida por una publicidad insistente y agresiva, en un s铆mbolo de prestigio y un signo de identidad. En EE UU, el permiso de conducir constituye el documento de identidad reconocido y el centro de la vida personal, social o er贸tica. Ser谩 mucho m谩s f谩cil, en la transici贸n a una nueva sociedad, reducir dr谩sticamente el transporte de mercanc铆as por carretera 鈥揷ausante de terribles accidentes y altos niveles de contaminaci贸n鈥 y sustituirlo por el ferrocarril, o por lo que en Francia se llama ferroutage (camiones transportados por trenes de una ciudad a otra): tan solo la l贸gica absurda de la competitividad capitalista explica el peligroso crecimiento del transporte por carretera.

S铆, responder谩n los pesimistas, pero las personas tienen aspiraciones y deseos infinitos, que hay que controlar, comprobar, contener y, si es preciso, reprimir, y puede que esto requiera ciertas limitaciones de la democracia. Ahora bien, el ecosocialismo se basa en una apuesta, que ya fue la de Marx: el predominio, en una sociedad sin clases y liberada de la alienaci贸n capitalista, del ser sobre el tener, es decir, del tiempo libre para la realizaci贸n personal mediante actividades culturales, deportivas, l煤dicas, cient铆ficas, er贸ticas, art铆sticas y pol铆ticas, por encima del deseo de posesi贸n infinita de productos.

La compra compulsiva bien inducida por el fetichismo de las mercanc铆as inherente al sistema capitalista, por la ideolog铆a dominante y por la publicidad: nada demuestra que forme parte de una eterna naturaleza humana, como pretende que creamos el discurso reaccionario. Ya lo se帽al贸 Ernest Mandel: 鈥淟a continua acumulaci贸n de m谩s y m谩s bienes (con menguante utilidad marginal) no constituye de ning煤n modo un rasgo universal o siquiera predominante del comportamiento humano. El desarrollo de talentos e inclinaciones como un fin en s铆 mismas; la protecci贸n de la salud y de la vida; el cuidado de ni帽os y ni帽as; el desarrollo de relaciones sociales enriquecedoras鈥 todas estas se convierten en motivaciones importantes una vez se han satisfecho las necesidades materiales b谩sicas.鈥

Esto no significa que no vayan a surgir conflictos, especialmente durante el proceso de transici贸n, entre las exigencias de la protecci贸n medioambiental y las necesidades sociales, entre los imperativos ecol贸gicos y la necesidad de desarrollar las infraestructuras b谩sicas, particularmente en los pa铆ses pobres, entre los h谩bitos de consumo populares y la escasez de recursos. Estas contradicciones son inevitables: resolverlas ser谩 la misi贸n de la planificaci贸n democr谩tica, con una perspectiva ecosocialista, liberada de los imperativos del capital y de la generaci贸n de beneficios, mediante un debate pluralista y abierto previo a la toma de decisiones por la propia sociedad. Esta democracia de base y participativa es la 煤nica manera, no de evitar equivocaciones, sino de permitir la autocorrecci贸n colectiva por parte de la sociedad de sus propios errores.

驴Cu谩les podr铆an ser las relaciones entre el ecosocialismo y el movimiento decrecentista? 驴Puede haber una alianza, a pesar de los desacuerdos, en torno a objetivos comunes? En un libro publicado hace algunos a帽os, La d茅croissance est-elle souhaitable? (驴Es deseable el decrecimiento?), el ecologista franc茅s St茅phane Lavignotte propone dicha alianza. Reconoce que existen muchas cuestiones controvertidas entre ambos puntos de vista. 驴Habr铆a que destacar las relaciones entre clases sociales y la lucha contra las desigualdades o bien la denuncia del crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas? 驴Qu茅 es m谩s importante, las iniciativas individuales, las experiencias locales, la sencillez voluntaria, o bien el cambio del aparato productivo y la megam谩quina capitalista?

Lavignotte se niega a escoger y propone asociar estas dos pr谩cticas complementarias. El reto consiste, afirma, en combinar la lucha por el inter茅s de clase ecol贸gico de la mayor铆a, es decir, de quienes no poseen capital, con la pol铆tica de minor铆as activas a favor de una transformaci贸n cultural radical. En otras palabras, establecer, sin ocultar los desacuerdos inevitables, un 鈥渃ompromiso pol铆tico鈥 de quienes han comprendido que la supervivencia de la vida en el planeta, y de la humanidad en particular, est谩 en contradicci贸n con el capitalismo y el productivismo y buscan por tanto la manera de salir de este sistema destructivo e inhumano.

Como ecosocialista y miembro de la Cuarta Internacional, comparto este punto de vista. La confluencia de todas las variantes de la ecolog铆a anticapitalista constituye un importante paso en el cumplimiento de la tarea urgente y necesaria de detener la din谩mica suicida de la civilizaci贸n actual, antes de que sea demasiado tarde鈥

Texto original en franc茅s: https://www.letusrise.ie/rupture-articles/2wl71srdonxrbgxal9v6bv78njr2fb

Traducci贸n: viento sur

Michael L枚wy es profesor, autor y activista francobrasile帽o. Junto con Joel Kovel es coautor del Manifiesto ecosocialista.

Fuente: https://vientosur.info/ecosocialismo-y-o-decrecimiento/




Fuente: Argentina.indymedia.org