August 8, 2022
De parte de Nodo50
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Como sucedi贸 en la d茅cada de 1990, la poblaci贸n ecuatoriana tom贸 las calles en los 煤ltimos a帽os con dos formidables movilizaciones: la de octubre de 2019 contra el ajuste econ贸mico perpetrado por Lenin Moreno, y en junio de 2022 contra la pol铆tica neoliberal y el desgobierno del banquero Guillermo Lasso.

Sin embargo, ambos per铆odos no son comparables. Tres d茅cadas atr谩s exist铆a una sociedad mucho m谩s integrada que apenas empezaba a atisbar el modelo neoliberal que se instal贸 con fuerza hacia 2000, cuando una importante crisis pol铆tica llev贸 a las elites a sustituir el sucre por el d贸lar, dando un mazazo a las econom铆as populares pero cortando de ra铆z la h铆perinflaci贸n.

En 1990 aparec铆a por vez primera el movimiento ind铆gena como actor colectivo, que era capaz de mover la agenda pol铆tica e instalarse como interlocutor imprescindible para gobiernos, partidos pol铆ticos y organizaciones de la sociedad civil. Fueron a帽os de optimismo y esperanzas, ya que la renovaci贸n de los sujetos pol铆tico-sociales removi贸 los vetustos modos de hacer pol铆tica.

En poco tiempo, comenz贸 a hablarse de comunidades ind铆genas, de las diversas nacionalidades y pueblos que existen en el pa铆s, acu帽谩ndose el concepto de plurinacionalidad para definir tanto una realidad diversa como los objetivos pol铆ticos de los movimientos. Buena parte de las demandas de los pueblos se fueron incorporando a las constituciones de 1998, primero, y de 2008 despu茅s.

En tres d茅cadas, las cosas han cambiado radicalmente. Caminar las calles del centro de Quito supone encontrarse con carteles redactados por los comerciantes que advierten a los ladrones que 芦los mataremos con nuestras manos禄. Una advertencia temeraria que refleja el sentimiento de buena parte de la poblaci贸n ante el aumento de la violencia urbana, que lleva a los quite帽os a encerrarse en sus casas cuando cae la noche.

La violencia se ha desbordado en los dos 煤ltimos a帽os, hasta niveles insoportables, mediante el crecimiento de homicidios, robos y acciones del narcotr谩fico. Esto llev贸 al presidente Guillermo Lasso a decretar el estado de excepci贸n en varias ocasiones por 芦grave conmoci贸n interna禄, en las provincias m谩s pobladas del pa铆s. Sin embargo, la tasa de homicidios en franco crecimiento es la mitad del pico registrado en 2008. Lo que ha cambiado es la actitud de las autoridades.

Las muertes en las c谩rceles, que suman casi 400 detenidos desde 2021, se deben seg煤n Human Rights Watch al hacinamiento y la falta de control estatal: 芦Estos hechos violentos son un recordatorio alarmante de la incapacidad de las autoridades para controlar eficazmente las prisiones y proteger la vida y la seguridad de los ecuatorianos禄, se帽al贸 la directora interina para las Am茅ricas de HRW Tamara Taraciuk Broner.

Los sucesivos gobiernos ecuatorianos, desde la d茅cada progresista de Rafael Correa (2007-2017), se han empe帽ado en fortalecer el aparato represivo del Estado que fue desplegado con brutalidad y contundencia en las batallas callejeras de 2019 y 2022, provocando once y siete muertos, respectivamente, miles de heridos y detenidos.

Pero ese aparato armado no es utilizado para controlar a las pandillas del narco que campan a sus anchas en c谩rceles y calles de las ciudades, en particular en Guayaquil donde se producen el 70% de los hechos violentos. Suena curioso ver c贸mo los aparatos estatales se fortalecen pero abdican del monopolio de la violencia, que es una de las claves de un Estado leg铆timo.

El actual desastre ecuatoriano 鈥搃ncluyendo la posibilidad de que sea realmente un Estado fallido鈥 es responsabilidad de los organismos internacionales como el Banco Mundial y el FMI, de los gobiernos de Estados Unidos y de las elites locales, que han impulsado pol铆ticas que destruyeron el tejido social y la capacidad de articulaci贸n de las instituciones.

El panorama es dram谩tico: un movimiento ind铆gena y popular cada vez m谩s potente y enfrente un Estado militarizado, clases medias y altas cada m谩s racistas y violentas que s贸lo piensan en la salvaci贸n individual. El proyecto de pa铆s ya no existe, fue devorado por las ambiciones de arriba y el temor a los sectores populares. Lo peor es que se trata de una tendencia que atraviesa a toda la regi贸n.

El choque de trenes sociales y pol铆ticos parece inevitable en una regi贸n que, recordemos, ostenta las mayores tasas de desigualdad del planeta. Este ser铆a el primer elemento a considerar, especialmente en Ecuador: en la medida que ning煤n gobierno pudo debilitar a los movimientos populares, pueblos y nacionalidades originarias, el conflicto tiende a desplegarse cada cierto tiempo.

En ocasi贸n del paro de 18 d铆as en junio, las cosas se hubieran calmado luego de dos o tres d铆as, ya que ninguna de las organizaciones ten铆a previsto una movilizaci贸n tan extensa. Sin embargo, la torpeza del gobierno al detener al presidente de la Conaie, Leonidas Iza, encendi贸 la pradera. Las comunidades desbordaron a sus dirigentes y se lanzaron a cortar carreteras, ocupar espacios p煤blicos y marchar sobre Quito, como vienen haciendo desde hace tres d茅cadas.

La tregua pactada para que sesionen diez comisiones que deben abordar otras tantas demandas del movimiento ind铆gena, finaliza a principios de octubre. Pero es apenas eso, una tregua forzada por la potencia del movimiento y la fragilidad del gobierno, aunque ninguno de los dos actores estaban en condiciones de prolongar el conflicto.

Sobre el tema del t铆tulo 鈥揈cuador como Estado fallido鈥 quisiera hacer una reflexi贸n.

Cada vez que un movimiento social adquiere un nivel notable de fortaleza, aparecen las manadas de narcos, armadas y dispuestas a destripar el tejido social. Las modalidades cambian, pero esta pel铆cula ya la vimos en Colombia, en M茅xico y en Guatemala. Ahora vemos un escenario similar desplegarse en Wall Mapu, territorio del pueblo mapuche en el sur de Chile. 驴Ser谩 casualidad?

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Fuente: Vientosur.info