June 2, 2021
De parte de La Haine
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Atrapados en la decepci贸n y la inquietud por el mundo que viene, EEUU constata que la nueva China est谩 ah铆, y que Rusia no se ha marchado

El nuevo rostro de EEUU

Baltimore es esa ciudad a la que el presidente Trump, en uno de sus frecuentes exabruptos racistas, calific贸 de 鈥渄esastre asqueroso infestado de ratas鈥. Prisionera de la violencia policial, de la p茅rdida de industrias, llena de edificios destruidos por la pobreza, agobiada por el abandono escolar, por el miedo, la corrupci贸n, la tristeza y las drogas, Baltimore se desangra, aunque los ricos se resguardan en sus barrios exclusivos. Es una de las ciudades m谩s violentas de EEUU, donde es raro el d铆a en que alguien no muere a balazos en las calles, porque junto a la fortuna de quienes viven confortablemente en los c铆rculos de la prosperidad americana, en muchas ciudades sigue creciendo el c谩ncer de la desigualdad, la pobreza y la marginaci贸n, como en Baltimore, esa urbe portuaria a apenas sesenta kil贸metros de Washington.

La creciente inestabilidad pol铆tica, la persistente violencia, la crisis econ贸mica y los estragos de la pandemia, junto al fortalecimiento de la extrema derecha, que lleg贸 a asaltar el Capitolio, dibujan el nuevo rostro de EEUU. Y la tensi贸n aumenta. En 2020, los estadounidenses compraron veintitr茅s millones de armas, y murieron por disparos m谩s de 41.000 personas: cada d铆a, 110 ciudadanos cayeron a balazos, regando con su sangre el asfalto. Solo en enero de 2021, se vendieron m谩s de dos millones de armas de fuego en el pa铆s.

Denunciando anticipadamente un fraude, Trump hab铆a anunciado que no aceptar铆a la victoria de Biden y del Partido Dem贸crata, pero meses antes Clinton y Pelosi hab铆an afirmado lo mismo con relaci贸n a Trump. En esa disparatada presidencia, la prensa (el New York Times lleg贸 a publicar un art铆culo an贸nimo de un responsable del gobierno Trump; despu茅s se supo que era Miles Taylor, jefe de gabinete del Departamento de Seguridad Nacional), los servicios secretos y buena parte de la estructura ministerial se opusieron a Trump, sugiriendo incluso su connivencia con Mosc煤, una completa invenci贸n porque su gobierno sigui贸 aplicando sanciones a Rusia, oponi茅ndose al Nord Strem 2 y la relaci贸n entre los dos pa铆ses cay贸 al punto m谩s bajo tras la guerra fr铆a, seg煤n Lavrov.

La manoseada injerencia rusa, nunca demostrada y que ahora vuelve a utilizar Biden, se revel贸 un intento de desgaste y un recurrente recurso para la presi贸n diplom谩tica y pol铆tica. Pero esa divisi贸n en EEUU ha golpeado a todos los sectores del pa铆s, inaugurando una inquietud interna que se a帽ade a la preocupaci贸n por los cambios en el mundo.

Biden debe hacer frente a esa situaci贸n, pero las caracter铆sticas del Partido Dem贸crata no son las adecuadas para un desaf铆o de tanta envergadura: es un partido que ha pasado de un discreto progresismo representando a los trabajadores, de los a帽os de Roosevelt, a configurarse como una organizaci贸n conservadora que se presenta centrista y que representa la otra cara del poder, junto al Partido Republicano, aunque la mayor parte de la estructura gubernamental es abiertamente partidaria de los dem贸cratas.

El Partido Dem贸crata se proclama defensor de la inexistente 鈥渃lase media鈥 que sigue ti帽endo el imaginario colectivo, mientras trabaja para la plutocracia. Frente a 茅l, y alrededor del Partido Republicano, se agrupa el creciente movimiento que desconf铆a del poder central de Washington y de los sectores m谩s pobres de la sociedad estadounidense, identificados como los negros y, tambi茅n, los hispanos, que conjuga el viejo odio racial contra los descendientes de los esclavos con la xenofobia hacia los nuevos inmigrantes: la cuarta parte de los ciudadanos de origen asi谩tico ha padecido acoso racial.

Ese movimiento, que ha pasado por el Tea Party y ahora se expresa en el QAnon y el trumpismo, es la nueva extrema derecha que reacciona contra el poder de la plutocracia y, al mismo tiempo, defiende el capitalismo (el viejo t贸pico del 鈥渕odo de vida americano鈥) que identifica con la libertad personal y con la promesa de la prosperidad y la riqueza, envuelta en el ajado patriotismo de la grandeza estadounidense. Que una buena parte de los trabajadores blancos apoyase a un demagogo y embustero Trump constata la extrema confusi贸n de la sociedad norteamericana, del resentimiento de los blancos pobres y del temor a verse condenados a los ghettos de la negritud, de la p茅rdida de esperanza en el futuro que el asalto al Capitolio elev贸 a una insurrecci贸n de opereta. Esa arremetida mostr贸 el sue帽o americano convertido en la caricatura de un cham谩n con rostro de bisonte.

Que los dos partidos del sistema estadounidense se enfrentasen no imped铆a el acuerdo en los principales asuntos, la reducci贸n de impuestos a los m谩s ricos, la liquidaci贸n de regulaciones sociales y la limitaci贸n de los derechos de los trabajadores, adem谩s de la com煤n defensa de la 鈥渆xcepcionalidad americana鈥, del imperialismo exterior y del peri贸dico rearme militar para asegurar su hegemon铆a en el mundo. La peculiar democracia norteamericana no descansa ya en la voluntad popular sino en las decisiones de las corporaciones, en la concentraci贸n de la riqueza y el control de medios de comunicaci贸n, altavoces sociales y compa帽铆as tecnol贸gicas de internet, y en el nutrido ej茅rcito de pol铆ticos profesionales, abogados, miembros relevantes de universidades, empresas y fundaciones, directivos de la industria armament铆stica que pasan al gobierno, lubricados en la corrupci贸n y que ocupan y administran la estructura pol铆tica sin atender a sus supuestos representados, con una vulgata com煤n: la cerrada defensa del capitalismo.

En la campa帽a electoral de 2020 que dio la victoria a Biden se gastaron m谩s de 11.000 millones de d贸lares, aportados por grandes empresas y plut贸cratas, y los 煤nicos que disponen de ese presupuesto millonario son republicanos y dem贸cratas: la democracia est谩 en manos del dinero, con la izquierda ausente. La debilidad de la izquierda es consecuencia de una sostenida represi贸n que no se ha detenido nunca, desde las redadas de Palmer, la Ley McCarran y los a帽os de MacCarthy hasta hoy: la polic铆a, el FBI, ha infiltrado siempre y envenenado partidos y movimientos progresistas, recurriendo incluso al asesinato.

Pese a los graves problemas sociales, la reforma tributaria de 2017 redujo los impuestos a los m谩s ricos. Cincuenta millones de personas viven en la pobreza. Hay en el pa铆s millones de parados, millones de personas ilegales, muchos de ellos prisioneros del peonaje explotador en el campo, la deuda de los estudiantes universitarios sigue creciendo y amenaza su futuro, y cuenta con el mayor sistema carcelario del mundo (2.300.000 reclusos, y casi cinco millones de personas m谩s en libertad vigilada o condicional), con prisiones privadas donde, adem谩s, los presos se ven obligados a trabajar gratis y las cifras de suicidios son muy elevadas. La crisis racial y la brutalidad de la polic铆a, la marginaci贸n de los suburbios y el recurso a la violencia explican la creciente angustia social. La adicci贸n a las drogas ha alcanzado con un opi谩ceo, el fentanilo, una nueva dimensi贸n: es barato y consigue una fuerte adicci贸n.

Seg煤n los gubernamentales Centers for Disease Control and Prevention, (CDC), en el periodo de doce meses que termin贸 en mayo de 2020, en EEUU murieron 82.000 personas a causa de las drogas (225 personas cada d铆a, aunque otros organismos barajan cifras muy superiores), que sumados a las muertes por armas de fuego, eleva la cifra a m谩s de 120.000 personas muertas en ese a帽o. Suburbios enteros de ciudades forman el c铆rculo de la desesperaci贸n.

El Black Lives Matter es el 煤ltimo grito de angustia de la poblaci贸n negra y, en una aparente paradoja, lleva consigo la ayuda de grandes empresas multinacionales (de Amazon a la Fundaci贸n Ford y al Bank of America, del Citigroup a WalMart, Coca Cola, General Motors y Goldman Sachs, de Google a Microsoft, IBM, Verizon, McDonald鈥檚, Netflix y Warner Brothers) en lo que sin duda es un rasgo de mercadotecnia comercial, un intento de contener las p茅rdidas para la econom铆a que causa la discriminaci贸n racial y de la mujer (Mary C. Daly, presidenta del Federal Reserve Bank of San Francisco, la cuantific贸 en 2鈥6 billones de d贸lares en 2019) y que tambi茅n persigue su integraci贸n en el sistema. El racismo ataca a todas las minor铆as: han aumentado las agresiones contra personas de origen asi谩tico, e incluso legisladores como el republicano tejano Chip Roy han llegado a justificar posibles linchamientos de ciudadanos con rasgos orientales arguyendo en la propia C谩mara de Representantes que: 鈥淓l Partido Comunista chino, ellos son el mal鈥.

La extrema debilidad de la izquierda dificulta la configuraci贸n de una oposici贸n efectiva al bipartidismo de la plutocracia, y el movimiento opositor aunque en ocasiones protagoniza grandes movilizaciones se agrupa y se dispersa bajo las diversas banderas del antirracismo, el feminismo, el ecologismo o la lucha a favor de los derechos de los inmigrantes, y adolece de un programa y de un planteamiento pol铆tico unificador: el movimiento obrerista estadounidense, exhausto, reprimido, sometido a d贸ciles sindicatos, no desempe帽a hoy esa funci贸n.

La inclinaci贸n aislacionista expresada por Trump y la ambici贸n intervencionista tradicional de la pol铆tica exterior norteamericana que ahora esgrime Biden (鈥淓EUU ha vuelto鈥) se expresan tambi茅n entre la poblaci贸n, temerosa de que la supuesta excepcionalidad del pa铆s se haya convertido en un recuerdo del pasado. Ahora, Biden intenta un nuevo camino. Pero, pese a la leyenda construida para las elecciones, Biden no fue nunca un defensor de los derechos civiles, ni de los negros, ni mucho menos un hombre progresista, sino el presidente del comit茅 de asuntos exteriores del Senado que vot贸 por la guerra y la invasi贸n a Iraq; fue el vicepresidente, con Obama, que se felicitaba por el aumento de las cifras de inmigrantes deportados.

Biden es el hombre que empez贸 preocupado por el medio ambiente y lo olvid贸 enseguida; el pol铆tico que en el Senado, con Carter, impulsaba recortes sociales; y que con Reagan, vigilaba los presupuestos dedicados a los m谩s pobres y apoyaba el despido de miles de trabajadores y funcionarios. Despu茅s, apoy贸 la invasi贸n de Iraq, defendi贸 la guerra en Libia y el asesinato de Gadafi, el golpe de Estado en Ucrania y el golpe en Honduras, entre otros gestos que han paseado la muerte por el mundo. Tampoco Kamala Harris es la voz de la minor铆a negra, ni una defensora de los marginados por el capitalismo. Biden va a intentar ampliar el derecho al voto, limitar algunos escandalosos abusos empresariales adaptando las leyes laborales, aprobar谩 gestos hacia los grupos discriminados por su orientaci贸n sexual, e intentar谩 aumentar el control de la venta de armas y aprobar medidas para legalizar a inmigrantes. No es seguro que lo consiga, por la oposici贸n republicana.

La patente incompetencia ante la pandemia durante meses, las colas del hambre y la creciente pobreza, el miedo ante el ascenso de China, han llevado a formular el Plan de recuperaci贸n de 1鈥9 billones aprobado por el Senado y la C谩mara de Representantes, que ha sido elogiado incluso por el conservador Wall Street Journal. De esa cantidad, la mitad est谩 destinada al pago de 1.400 d贸lares por contribuyente, ayuda que seg煤n Biden llegar谩 al ochenta y cinco por ciento de la poblaci贸n; una cuarta parte se dedicar谩 a combatir la pandemia, y otra cuarta parte para ofrecer ayudas a empresas y colectivos. Algunos economistas se inquietan por el sobrecalentamiento y la inflaci贸n, mientras otros temen los efectos del cr茅dito y la deuda. Muchos vislumbran un periodo de estanflaci贸n, estancamiento m谩s inflaci贸n.

Biden va a tener tambi茅n que vigilar el d茅ficit fiscal y comercial, junto a la creciente deuda, que amenazan el futuro del pa铆s, junto al retroceso en los convenios econ贸micos con otros pa铆ses, que se a帽aden a la decisi贸n de Trump en 2017 de salir del Acuerdo Transpac铆fico de Cooperaci贸n Econ贸mica, TPP, y al 茅xito chino con la creaci贸n del RCEP, sin olvidar la tardanza en finalizar el Acuerdo Transatl谩ntico sobre Comercio e Inversi贸n (ATCI) que negocian la Uni贸n Europea y EEUU. A finales de marzo, Biden propuso tambi茅n un plan de 2,25 billones de d贸lares en ocho a帽os para renovar las infraestructuras del pa铆s (carreteras, puentes, puertos, aer贸dromos, red el茅ctrica y de suministro de agua, etc). Biden enfatiz贸 su importancia afirmando que un plan semejante se da 鈥渦na sola vez en una generaci贸n禄 y que ser谩 芦la mayor inversi贸n en puestos de trabajo desde la Segunda Guerra Mundial禄, con el objetivo de 鈥済anar la competencia global con China鈥.

EEUU es tambi茅n ese pa铆s donde, desde 2015, la esperanza de vida desciende cada a帽o, y donde proliferan lugares que parecen pertenecer a aquel Tercer Mundo que tanto han despreciado. En Skid row, un barrio de Los 脕ngeles, miles de personas, mendigos y vagabundos, viven en la calle, bajo pl谩sticos y carpas, sin agua ni letrinas, un agujero inhumano que la ONU identifica con un campo de refugiados, y en algunos Estados, como Virginia occidental y Alabama, muchas comunidades no disponen de agua potable ni de desag眉es. La pandemia ha causado millones de parados; de ellos, un mill贸n en Nueva York: muchos dan por muerta a la ciudad s铆mbolo de EEUU, mientras m煤sicos, actores y escritores lanzan una iniciativa para salvar el metro neoyorquino: 鈥淭odav铆a somos Nueva York鈥. Aunque el gobernador Andrew Cuomo est茅 bajo sospecha por ocultar miles de muertos en los geri谩tricos.

Las deficientes infraestructuras, el riesgo del cambio clim谩tico, ensombrecen el futuro: en Houston, una ciudad de m谩s de dos millones de habitantes, el agua no era potable y hab铆a que hervirla en las casas o comprar agua embotellada. Las tormentas y la incompetencia hicieron que m谩s de tres millones de personas se quedasen sin electricidad en Texas, y catorce millones de ciudadanos ten铆an que hervir el agua, porque la que les llegaba no era potable.

Sin embargo, EEUU sigue disponiendo de una fuerza incontestable; posee un ej茅rcito imbatible y un enorme poder cultural que llega a buena parte del mundo a trav茅s del cine, la prensa, la televisi贸n y las plataformas. Aunque haya retrocedido, no puede desde帽arse esa penetraci贸n planetaria estadounidense ni su capacidad para imponer su discurso ideol贸gico. Dispone del principal centro financiero, Wall Street, y de Hollywood como emisor ideol贸gico que, unido a la potencia del idioma ingl茅s, le permite influir en todo el mundo.

Y las compa帽铆as de internet, de Google a Facebook, facilitan su hegemon铆a cultural, aunque, paulatinamente, pierda autoridad global. Al mismo tiempo, que el d贸lar sea moneda de reserva internacional y que Washington domine los principales mecanismos de pago internacionales e instituciones financieras del planeta fortalece su poder econ贸mico y militar. El recurso a la impresi贸n de papel moneda, inundando el mundo de d贸lares-chatarra, le permite tambi茅n mantener el consumo interno y su elevada deuda (la mayor del planeta: m谩s de 28 billones de d贸lares), pero plantea un inquietante futuro porque el mundo no va a seguir aceptando indefinidamente d贸lares sin respaldo.

M谩s de 550.000 ciudadanos han muerto por la pandemia. Biden ha movilizado al ej茅rcito para la campa帽a de vacunaci贸n: no dispone de la red sanitaria p煤blica que tiene Europa, pero el esfuerzo ha hecho que a finales de marzo de 2021 m谩s de cien millones de personas hayan sido vacunadas. El buen ritmo de la vacunaci贸n contra la Covid-19, rompiendo la ineficaz din谩mica anterior, y el hecho de que el nuevo gobierno asegure que se est谩n recuperando los empleos, aporta luz en el dif铆cil tr谩nsito hacia una nueva convivencia, gobernando el temor de que Baltimore sea el destino de Am茅rica.

* * *

Los centros de elaboraci贸n estrat茅gica estadounidense y sus organismos gubernamentales y servicios secretos consideran que, junto a las dificultades dom茅sticas, la acci贸n de EEUU en el exterior es crucial para el futuro del pa铆s. Las guerras en curso donde EEUU interviene (Afganist谩n, Iraq, Siria, Libia, Yemen) m谩s su implicaci贸n en el acoso a Ir谩n, Venezuela, sus operaciones militares en Pakist谩n, Somalia y N铆ger, y su despliegue en las fronteras rusas, distraen fuerzas en su principal objetivo: China.

El recurso a la fuerza, la invasi贸n militar, los ataques 鈥渜uir煤rgicos鈥, son una muestra de su fortaleza pero delimitan tambi茅n su debilidad y sus dificultades, aunque no puede olvidarse que la expresi贸n del imperialismo va siempre unida a la fuerza, los ej茅rcitos y las bombas. De hecho, el predominio del poder norteamericano en el mundo ha ido siempre de la mano de los bombardeos, desde Hiroshima y Nagasaki a Faluya y Damasco. EEUU mantiene su programa de asesinatos, la kill list y las c谩rceles secretas por el mundo, utiliza los letales drones con regularidad, y sigue en vigor el plan de torturas de la CIA, modificado y oculto.

Washington recurre a una variada gama de recursos: desde su intervenci贸n militar directa a los bombardeos selectivos con drones, del est铆mulo de golpes de Estado (de Ucrania a Bolivia, de Thailandia a Egipto, de Honduras a Paraguay, en los 煤ltimos a帽os) pasando por la presi贸n diplom谩tica y la guerra jur铆dica (lawfare), al hostigamiento pol铆tico y econ贸mico y el terrorismo a trav茅s de grupos creados y monitorizados por sus servicios secretos. El informe desclasificado por el gobierno Trump del que se hizo eco The New York Times, revelaba que EEUU cuenta con m谩s de 200.000 militares acantonados fuera del pa铆s, en todos los continentes, y ni Biden ni el Pent谩gono tienen intenci贸n de reducir ese despliegue planetario.

En marzo de 2021, la Casa Blanca public贸 la Interim National Security Strategic Guidance, su gu铆a estrat茅gica donde identifica a China como el 煤nico pa铆s capaz de plantear un desaf铆o a su propio poder, y donde califica a Rusia como potencia disruptiva que quiere aumentar su influencia en el mundo, y todo indica que el nuevo gobierno estadounidense va a incrementar sus intervenciones exteriores. Esa gu铆a provisional insiste en que China pone en riesgo 鈥渦n sistema internacional estable y abierto鈥, que para Washington es sin贸nimo de hegemon铆a estadounidense, y por ello plantea fortalecer la colaboraci贸n con los aliados.

El 4 de febrero, Biden mantuvo una dura posici贸n ante Rusia y revel贸 en el Pent谩gono que hab铆a advertido a Putin que se hab铆an terminado los d铆as en que EEUU dejaba sin respuesta las 鈥渁cciones agresivas rusas鈥, la injerencia en las elecciones estadounidenses, los ataques cibern茅ticos y el 鈥渆nvenenamiento de ciudadanos rusos鈥, aunque es muy dudoso que sus palabras a Putin fueran las mismas de las que se jact贸 en Arlington ante sus militares. Tres d铆as despu茅s, Biden, entrevistado en la CBS, afirm贸 que entre EEUU y China habr铆a una 鈥渃ompetencia extrema鈥, que禄Xi Jinping no tiene un hueso democr谩tico en el cuerpo禄 y que no colaborar铆a con 茅l como hizo Trump, afirmaci贸n que distaba de ser exacta, porque el anterior presidente fue muy agresivo con China.

El mismo mes, The New York Times informaba (sin revelar sus fuentes, aunque sin duda eran gubernamentales) de que EEUU lanzar谩 鈥渃iberataques clandestinos鈥 contra Rusia, dirigidos a instituciones del gobierno, del ej茅rcito y de los servicios secretos rusos. Seg煤n el diario, esas 鈥渁cciones clandestinas鈥 son una respuesta al pirateo inform谩tico sufrido por organismos estadounidenses, ataque del que Washington acusa a Mosc煤 sin presentar ninguna prueba. A ello se a帽ade la reactivaci贸n del QUAD y la reveladora advertencia del jefe del comando del Indo-Pac铆fico (United States Indo-Pacific Command, USINDOPACOM), el almirante Philip Davidson, anunciando la 鈥渋nvasi贸n de Taiw谩n鈥 por China en alg煤n momento de los pr贸ximos seis a帽os, junto a su reclamaci贸n de que EEUU despliegue nuevos misiles bal铆sticos y de crucero contra China y refuerce los sistemas antimisiles en Guam y en otras bases norteamericanas en el 脥ndico y el Pac铆fico. La voz del almirante se帽ala los planes inmediatos de Washington.

Pese a ello, el presupuesto militar norteamericano es una pesada carga para EEUU: gasta m谩s de 2.000 millones de d贸lares diarios en su ej茅rcito, a lo que debe a帽adirse el coste de sus m煤ltiples agencias de seguridad y de espionaje, de manera que la preocupaci贸n por el coste de la carrera armamentista junto a la aceptaci贸n de la propuesta rusa para prorrogar el START III, que Trump rechaz贸 anteriormente, y un mayor 茅nfasis en la diplomacia est谩n tambi茅n en los informes y las previsiones del Pent谩gono. El retorno a algunas organizaciones internacionales, tras a帽os de demolici贸n de la arquitectura de cooperaci贸n internacional (Richard Perle, el pr铆ncipe de las tinieblas, lleg贸 a felicitarse en 2003 por la 鈥渕uerte de la ONU鈥), es un paso obligado para reconciliarse con sus aliados europeos, que no van a abandonar su subordinaci贸n a Washington: si la ampliaci贸n de la Uni贸n Europea al inicio del siglo XXI auguraba el nacimiento de una gran potencia, casi dos d茅cadas despu茅s se ha disipado esa hip贸tesis.

la Uni贸n Europea acepta la funci贸n de aliado sumiso de EEUU, y la constante presi贸n para que los aliados europeos aumenten sus presupuestos militares y su contribuci贸n a la OTAN ha llevado ya a Gran Breta帽a a anunciar un aumento del cuarenta por ciento de sus misiles at贸micos y est谩 construyendo nuevos submarinos nucleares, en una grav铆sima decisi贸n que alienta el rearme at贸mico. La prevenci贸n de Alemania no llega hasta el punto de oponerse a los deseos de Washington, y aunque Berl铆n apuesta por la continuidad del Nord Stream 2 para los suministros de gas ruso, el gobierno Biden va a continuar presionando para distanciar m谩s a Rusia de la Uni贸n Europea. La visita de Blinken a Bruselas en marzo ten铆a esos dos objetivos principales: la OTAN y el gasoducto del B谩ltico.

En la escala de la supremac铆a mundial, EEUU sigue detentando el mayor poder militar, aunque sabe que no puede enfrentarse directamente ni a China ni a Rusia, porque ello desencadenar铆a una guerra mundial de consecuencias devastadoras para todos. Sin embargo, su despliegue en el mundo es inigualable: la red de casi ochocientas bases militares le permite mantener la presi贸n y la amenaza sobre m煤ltiples pa铆ses, y se concentra sobre todo en la periferia rusa y en el Indo-Pac铆fico rodeando los mares costeros de China y vigilando sus rutas de aprovisionamiento. Ni Pek铆n ni Mosc煤 disponen de nada semejante.

No hay duda de que EEUU es el responsable del estallido de las guerras m谩s devastadoras en el siglo XXI. Por el contrario, China no ha participado en ninguna, y Rusia solo en ayuda de Siria tras la guerra impuesta por Washington. Seg煤n el grupo de defensa de la paz Code Pink Women for Peace, con sede en Los 脕ngeles, desde 2001 EEUU ha lanzado un promedio de 46 bombas diarias contra otros pa铆ses. Sus investigaciones revelan que desde ese a帽o el Pent谩gono ha lanzado 326.000 bombas y misiles sobre otras naciones; de ellas, 152.000 en Iraq y Siria. Con Obama y Trump, EEUU desestabiliz贸 Siria, Libia, Ucrania, Bolivia, Brasil, y apoyaron golpes en Thailandia y Egipto.

Y Biden ya ha bombardeado Siria, pero adem谩s de esas acciones directas, EEUU mantiene una creciente utilizaci贸n de empresas paramilitares y de grupos mercenarios, junto a la tradicional financiaci贸n, entrenamiento y apoyo a agrupaciones y entidades civiles que intervienen en la vida pol铆tica de muchos pa铆ses, y a grupos terroristas que operan en todo el mundo. Su implicaci贸n en el nacimiento y desarrollo de bandas como al-Qaeda, los talib谩n y Daesh es conocida, pero Washington tambi茅n recurre a la creaci贸n de fracciones terroristas ef铆meras que realizan atentados y desaparecen despu茅s. El asesinato del general iran铆 Qasem Soleimani, un flagrante acto de terrorismo de Estado, y el aval otorgado a Israel para asesinar a cient铆ficos iran铆es, forman parte de su proceder, y su determinaci贸n por alcanzar la hegemon铆a nuclear le ha llevado a abandonar casi todos los tratados de desarme at贸mico firmados con Mosc煤: el START III es el 煤nico que sobrevive.

En marzo de 2021, la directora de Inteligencia Nacional estadounidense (Avril Haines, que procede de la CIA y ahora controla las actividades de esa agencia, del FBI y de la NSA, entre otras) hizo p煤blico un informe (lo 鈥渄esclasific贸鈥, seg煤n su jerga) donde afirmaba que Rusia e Ir谩n intentaron influir en las elecciones presidenciales norteamericanas de 2020, aunque no dispon铆a de pruebas de que hubiesen conseguido cambiar votos o variar los resultados finales.

Con esa revelaci贸n, EEUU aprob贸 m谩s sanciones a Rusia, y las justific贸 no con pruebas sino con esos interesados informes de sus propios servicios secretos. En un paso m谩s de la escalada de la tensi贸n, Biden, en una entrevista en la cadena ABC,ante la pregunta: 鈥溌緾ree que Putin es un asesino?鈥, contest贸: 芦S铆, lo creo禄. El nuevo presidente no pod铆a ignorar la gravedad de su respuesta, ni las consecuencias para las relaciones internacionales de su inusual gesto. La Casa Blanca se neg贸 d铆as despu茅s a disculparse y ni siquiera acept贸 que fuera un error del presidente: por el contrario lo consider贸 una muestra de su determinaci贸n.

No ha sido el 煤nico rasgo belicoso e inquietante del nuevo gobierno estadounidense. El encuentro con la delegaci贸n diplom谩tica china en Alaska, dirigida por Yang Jiechi y Wang Yi, fue aprovechado por Blinken para utilizar un agresivo lenguaje lleno de acusaciones a Pek铆n que encontr贸 una dura e inesperada respuesta: Yang Jiechi contest贸 a Blinken recordando el racismo, la segregaci贸n y la vulneraci贸n de derechos humanos en su pa铆s, se帽alando adem谩s que China, a diferencia de EEUU, 鈥渘o cree en las invasiones militares, en el derrocamiento de gobiernos, en las matanzas鈥. La delegaci贸n china mostr贸 que, m谩s all谩 de la propaganda, Washington carece de credibilidad en la defensa de la libertad y los derechos humanos.

El imperialismo se expresa hoy, como en el pasado, por las guerras que desata, las imposiciones a sus aliados, los chantajes a pa铆ses m谩s d茅biles, la b煤squeda de materias primas y mercados, y la absorci贸n de capitales de buena parte del mundo. Controla todav铆a los principales mecanismos financieros, el FMI, el Banco Mundial y la OCDE, el Banco de Pagos Internacionales y la organizaci贸n SWIFT para las transacciones financieras mundiales. Pero EEUU ha sufrido en los 煤ltimos veinte a帽os dos enormes fracasos estrat茅gicos: primero, la emergencia de China, que no supo prever: por el contrario, cuando Pek铆n ingres贸 en la OMC crey贸 que se apoderar铆a de su mercado, el mayor del mundo; segundo, el grave fracaso de la intervenci贸n militar y las guerras en Oriente Medio: ha destruido varios pa铆ses (Afganist谩n, Iraq, Siria) pero no ha aumentado con ello su poder, ni en la regi贸n, ni globalmente. Adem谩s, ha retrocedido en 脕frica y en Am茅rica Latina, donde China es ya el principal socio comercial de muchos pa铆ses.

Aunque sigan afluyendo emigrantes a EEUU, que huyen de la pobreza y la violencia en Am茅rica Latina que los gobiernos de Washington contribuyeron a crear, para buena parte de sus ciudadanos el 鈥渟ue帽o americano鈥 ha pasado a ser un clich茅 casi olvidado de los a帽os optimistas de la posguerra mundial: hoy el pa铆s carece de un proyecto de futuro, y la escisi贸n de sus habitantes no le prepara para enfrentarse a un mundo que ya no es el que gobernar. Biden y el experimentado conglomerado propagand铆stico norteamericano insisten ahora en la idea de que 鈥淓EUU ha vuelto鈥 para ilustrar su decisi贸n de 鈥渄irigir el mundo鈥, como si esa funci贸n les perteneciese, sin reparar en que esa pretensi贸n no es m谩s que una ret贸rica vac铆a, el veneno de un irracional nacionalismo y la voracidad ciega del imperialismo que ha ensangrentado al mundo.

Como si fuera un inquietante anuncio del futuro, pese a que se inaugur贸 hace solo cinco a帽os, al rascacielos del 432 de Park Avenue, hogar de millonarios, empezaron a fallarle los ascensores y las ca帽er铆as, inundando viviendas, creando problemas en todo el vecindario. Ese edificio y la Torre Steinway de la 57 (con apartamentos que cuestan sesenta millones de d贸lares) son los dos rascacielos m谩s altos de la ciudad, y anuncian las grietas en el despilfarro capitalista.

EEUU afronta el desaf铆o de su nuevo examen del mundo: casi sin ser consciente de ello hasta hace poco, ha pasado de declararse vencedor en la guerra fr铆a, de enarbolar la seguridad de su poder solitario en el mundo, que solo deb铆a afrontar la 鈥渓ucha contra el terrorismo鈥 y algunas guerras perif茅ricas, a dise帽ar con agresividad y con alarma un nuevo enfrentamiento entre grandes potencias. Atrapados en la decepci贸n y la inquietud por el mundo que viene, mir谩ndose en el espejo de Baltimore, EEUU constata que la nueva China est谩 ah铆, y que Rusia no se ha marchado.

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Fuente: Lahaine.org