September 13, 2021
De parte de La Haine
193 puntos de vista


Como todo grupo social, somos una invenci贸n, una construcci贸n simb贸lica y pol铆tica. De hecho, las calificaciones hispano y latino son inventos del r茅gimen de EEUU

El Mes de la Herencia Hispana fue creado por el presidente Ronald Reagan, como forma de expandir la misma idea del presidente Lyndon Johnson de una semana a un mes y comercializada por los grandes medios estadounidenses.

La primera vez que visit茅 EEUU en 1995 deb铆 llenar un formulario antes de aterrizar. En la secci贸n 鈥raza鈥 escrib铆 鈥sin raza鈥. Fue la primera vez en mi vida que le铆a semejante clasificaci贸n. Una d茅cada despu茅s, luego de viajar y vivir en medio centenar de pa铆ses, volv铆 para sentarme en un sal贸n de clase. Con el tiempo, comprend铆 que hab铆a que jugar el juego: cuantos m谩s 鈥渉ispanos鈥 marcan 鈥渉ispano鈥 en lugar de 鈥渂lanco鈥, m谩s fuerza pol铆tica les reconoce el gobierno. La l贸gica es antigua: los grupos subalternos aceptan ser confinados a una cajita con una etiqueta conferida por el grupo dominante. Por compartir un idioma, una historia y una 鈥渙tredad鈥, queriendo y sin querer, a mis cuarenta a帽os me fui convirtiendo (entre otras cosas) en 鈥渉ispano鈥.

Como todo grupo social, somos una invenci贸n, una construcci贸n simb贸lica y pol铆tica. De hecho, las calificaciones hispano latino son inventos del gobierno de EEUU. Nada raro, considerando la obsesi贸n racial que ha sufrido este pa铆s desde antes de su fundaci贸n. Como invento, somos una realidad y, como realidad, muchos quieren salir de la cajita, no por rebeld铆a sino por sumisi贸n. Un 鈥淶鈥 que necesita ser aceptado por el grupo A debe ser doscientos por ciento 鈥淎鈥 para ser aceptado como un 鈥渃asi-A鈥.

En una sociedad civilizada es l铆cito cambiar, pero nadie necesita olvidar qui茅n fue y qui茅n es para ser integrado o aceptado (dejo de lado el requisito neo esclavista de la asimilaci贸n). Es m谩s: 鈥渟er aceptado鈥 es otra necesidad inoculada. 驴Qu茅 carajo me importa que los dem谩s no me acepten como soy? Cuando alguien en un supermercado se molesta porque 鈥渦n-otro鈥 le habla en espa帽ol a su hijo o a la cajera, dictando sus propias leyes sobre 鈥el idioma que se debe hablar en este pa铆s鈥 est谩 violando las mismas leyes que dice defender, ya que todo aquello que no est谩 prohibido por ley est谩 permitido.

Como lo demuestra la historia, ning煤n progreso hacia los 鈥渋guales derechos鈥 procedi贸 de los grupos en el poder sino de la resistencia organizada de los de abajo. En este sentido, los 鈥渉ispanos鈥 de EEUU tenemos una deuda hist贸rica. S铆, tuvimos un C茅sar Ch谩vez, pero hemos sido demasiado complacientes con una lista obscena de injusticias. No hemos tenido un Malcolm X que se atreviera a hablar de frente al poder de una forma radical, no edulcorada. Peor que eso: no pocas veces hemos traicionado la heroica lucha de otras minor铆as.

Por dos razones: una, porque los inmigrantes privilegiados no han resistido la tentaci贸n de pasarse por blancos; otra, porque los latinoamericanos tambi茅n hemos sido corrompidos por siglos de intervenciones y dictaduras promovidas por Washington y las corporaciones que pon铆an y sacaban t铆teres como presidentes o dictadores, que exig铆an leyes y privilegios para sus negocios, que destruyeron democracias dejando millones de masacrados y exiliados, primero bajo la vieja excusa racial de que 茅ramos mestizos corruptos (porque no consider谩bamos a los negros como una raza inferior) o que no sab铆amos gobernarnos porque 茅ramos indios o negros.

Luego de la Segunda Guerra Mundial apareci贸 la maravillosa excusa de la lucha contra el comunismo para continuar haciendo lo mismo que se hab铆a hecho desde principios del siglo XIX. Los proesclavistas estadounidenses expandieron la esclavitud sobre los territorios indios y la reinstauraron sobre los territorios mexicanos, todo bajo el repetido discurso de 鈥減romover la libertad y la democracia鈥. Esa pr谩ctica nunca cambi贸, aunque se volvi贸 m谩s sofisticada, con las multimillonarias y secretas intervenciones de la CIA y de las ricas 茅lites criollas en nuestro continente. 

Foto: 芦Mothers on the Stoop禄, de la serie Spanish Harlem, Joseph Rodriguez (1988), Smithsonian American Art Museum, Washington D.C.

Tambi茅n hemos traicionado a nuestros hermanos del sur, al negar esta realidad racista y clasista de la arrogancia imperial de Washington. Por ser una potencia hegem贸nica, con la capacidad de imprimir billones de la divisa global y con cientos de bases militares por todo el mundo, EEUU tiene la capacidad de hacer muy buenos negocios torciendo el brazo de aquellos pueblos 鈥渄esalineados鈥. A pa铆ses extremadamente pobres como Hait铆 y Honduras nadie llama capitalistas, aunque sean m谩s capitalistas que EEUU. As铆, la mayor expulsi贸n de migrantes (negros, mestizos, pobres) procede de estos pa铆ses capitalistas que no son bloqueados por Washington sino apoyados con millones de d贸lares y con la cl谩sica narrativa moral y medi谩tica.

Ahora los inmigrantes, quienes dependen de su trabajo para sobrevivir, deben seguir la ley de la oferta y la demanda de una forma m谩s dram谩tica que los capitales. Pero los capitales son libres; los trabajadores no. Ni siquiera son libres de decir lo que piensan. Las mismas leyes de inmigraci贸n (cualquiera que haya ido a una embajada estadounidense por una visa lo sabe) detestan a los trabajadores.

Entonces, cuando un 鈥淶-Hispano鈥 llega a un pa铆s con esta fuerza hegem贸nica, muchas veces huyendo de la violencia, la corrupci贸n y el caos organizado por ese mismo pa铆s, se trasviste en un 鈥淎-Hispano鈥. Muchos alegan venir huyendo de pa铆ses donde no tienen libertad de expresi贸n, pero apenas escuchan una opini贸n diferente vomitan el viejo mito del grupo A: 鈥si no est谩s de acuerdo, vete a otro pa铆s鈥. Como si la adulaci贸n al poder, como si la confirmaci贸n de los mitos nacionales fuese una obligaci贸n moral y constitucional. Como si los pa铆ses tuvieran due帽os, como si fuesen sectas, ej茅rcitos, equipos de f煤tbol, partidos pol铆ticos. Como si la cr铆tica y la b煤squeda de la verdad fuesen antiestadounidenses鈥

En 2019 un fan谩tico masacr贸 23 hispanos en un Walmart de Texas alegando que 茅stos estaban invadiendo su pa铆s. Una copia de la vieja inversi贸n ling眉铆stica de Andrew Jackson quien, luego de robar y masacrar a los pueblos nativos, los acus贸 de agresi贸n sin provocaci贸n; o la de James Polk, quien invent贸 una agresi贸n de M茅xico 鈥en suelo estadounidense鈥 para tomar la mitad del territorio del vecino. El viejo recurso de 鈥fuimos atacados primeros y debimos defendernos鈥 (como en El Maine y tantos otros casos de falsa bandera) vive en el ADN de los fan谩ticos nativistas, algunos de ellos 鈥a-hispanos鈥, monumentos a la ignorancia.

El profundo racismo de pol铆ticos y ultra religiosos simpatizantes del KKK, inspiradores de Hitler (seg煤n sus propias palabras) renaci贸 como un triunfo ideol贸gico luego de que la Confederaci贸n fuera derrotada militarmente. No sin iron铆a, el actual M茅xico y todos los pa铆ses del Caribe y de Am茅rica Central no son estados de EEUU porque los mismos invasores descubrieron que esos pa铆ses estaban llenos de negros. Cuando Lincoln termin贸 con la larga dictadura estadounidense, los ex esclavistas impusieron las leyes Jim Crow por las cuales los cubanos de Florida (que en sus clubes, industrias y hospitales no discriminaban blancos de negros) debieron separarse a la fuerza y adoptar las costumbres de los exitosos anglosajones.

Nuevo M茅xico y Arizona no se convirtieron en estados plenos con derecho a voto hasta 1912, cuando Washington pudo verificar que la mayor铆a hispana hab铆a retrocedido desde 1848 hasta convertirse en una minor铆a. Desde 1836, los hispanos que quedaron de este lado de la frontera se convirtieron en los 鈥bandidos invasores鈥 (romanizados por Hollywood en El Zorro) y los que llegaron debieron luchar en las cortes hasta principios del siglo XX para demostrar que eran blancos. Durante la Depresi贸n de los 30s, medio mill贸n de estadounidenses fueron deportados a M茅xico porque ten铆an caras y acentos mexicanos, por lo cual muchos continuaron luchando por blanquearse. 

Esa psicolog铆a del colonizado, del desesperado por ser aceptado a fuerza de travestismos, contin煤a viva, por lo cual el mayor servicio que cualquiera puede hacerle a este pa铆s no es ir a la playa con la bandera de las barras y las estrellas estampada en el short de ba帽o, sino decirle la verdad. Sobre todo, aquellas verdades inconvenientes, aquellas que han sido sepultadas por la fuerza ciega de la barbarie en nombre de la civilizaci贸n.

Hasta entonces, seguiremos siendo c贸mplices de mitos imperiales. De la misma forma que para no desentonar mantenemos esos in煤tiles plant铆os de c茅sped frente a nuestras casas (perfectamente geom茅tricos y sin vida humana alrededor; expresi贸n neur贸tica de control anglosaj贸n), igual procedemos con los mitos. Este pa铆s nunca superar谩 el trauma de su Guerra Civil ni har谩 grandes progresos sociales hasta que no deje de mentirse. Los hispanos podemos contribuir a un cambio valiente o sumarnos a la cobard铆a de la autocomplacencia y la adulaci贸n lacrim贸gena del poder.

—-

Este art铆culo le fue solicitado directa e insistentemente al autor por un medio para celebrar el 鈥淢es de la Herencia Hispana en EEUU鈥, pero luego rechazado por 鈥渞azones de adecuaci贸n鈥. El autor resumi贸 las ideas de un encuentro virtual, que tuvo lugar exactamente un a帽o atr谩s y fue promocionado por el Instituto Cervantes de EEUU. Este, pese al reclamo del autor, nunca hizo p煤blico el video de la conversaci贸n con otros destacados escritores y acad茅micos. Debido a discrepancias con el criterio de la publciaci贸n, los colegas de la academia organizaron una jornada de desagravio del autor.

La Haine




Fuente: Lahaine.org