March 8, 2021
De parte de Periodico Anarquia
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Distintas versiones pueden leerse respecto al origen del 8 de Marzo como fecha reivindicativa de la lucha de las mujeres. El relato más masificado es el que cuenta del asesinato de más de un centenar de mujeres trabajadoras de una fábrica textil en Nueva York, quienes como medida de lucha habrían tomado el establecimiento. Este episodio termina con el incendio intencional por parte del patrón quien ordena trancar la fábrica con ellas dentro, en el año 1911.
De este hecho hay otra versión que habla de las innegables pésimas condiciones edilicias de las fábricas de principio de siglo en la misma ciudad. Condiciones que tenían como consecuencia habituales derrumbes durante las largas jornadas de trabajo. Con diferentes fechas históricas (8 de marzo/25 de marzo de 1909/1911) se relata el derrumbe e incendio de una fábrica textil donde trabajaban en su mayoría mujeres -a su vez en su mayoría migrantes- quienes no logran escapar al encontrarse encerradas, pues por orden del patrón las salidas de emergencia y las puertas de las escaleras habrían sido selladas para evitar que las trabajadoras robaran.
Otra narrativa cuenta de un episodio en 1875 donde la policía habría asesinado en medio de una represión brutal a 120 mujeres, quienes también luchaban por mejoras de sus condiciones laborales.
Existen diversos matices de estas historias, en sus fechas, en las reivindicaciones de estas mujeres asalariadas, en los responsables de su muerte (la policía, la negligencia patronal o la intencional represión asesina) y en las figuras vinculadas al establecimiento del 8 de marzo como día de conmemoración y de lucha. Pero, más allá de la poca claridad histórica sobre los detalles de estos episodios, el hilo conductor que los une es evidente: la explotación capitalista, la violencia estatal y la violencia patriarcal.
Por un lado, nuestras vidas son mercantilizadas por las patronales que inexorablemente nos condenan a la esclavitud asalariada, nos roban el presente para vendernos la vida y para quienes nunca fuimos ni seremos más que masas descartables de recursos humanos. Esta violencia salarial se traduce en una doble explotación para las mujeres, quienes – desde que existe el trabajo asalariado – recibimos menos paga por la misma jornada que los hombres; jornadas laborales extensísimas dentro de los lugares de trabajo que continúan en nuestras casas, pues el mandato heteropatriarcal nos ha delegado la ardua tarea de sostener solas la vida de nuestros núcleos familiares. Más aún, esta precarización, vulnerabilidad y opresión económica y social se multiplica descaradamente si además somos migrantes, racializadas o disidencias sexuales.
Por otro lado, la violencia estatal a través de la policía, genocida por excelencia de lxs subversivxs, que a lo largo y ancho del mundo y de la historia tiene el mismo y único objetivo represivo de someter para perpetuar el orden establecido.
A su vez, la violencia machista nos construye como seres desechables, sobres quienes cae todo el peso de la violencia ejemplarizante cuando osamos rebelarnos, ya que para las mujeres y las disidencias todo acto de lucha, defensa y ataque es una doble transgresión: de clase y de género. Así es que históricamente se nos ha golpeado con doble saña: la de acallar nuestra reivindicación y la de sofocar nuestra hambre de rebelión y devolvernos al encierro doméstico que nos han asignado.
Lejos de amedrentarnos y de invitarnos a repensar soluciones democráticas a nuestros conflictos, estos relatos nos alientan a continuar esos caminos en que nuestro dolor y opresión se convierten en acción directa, cuando unidas le plantamos cara a nuestro opresor. Las luchas históricas de las mujeres y de las disidencias sexo-políticas nos inspiran, nos llenan de fuerza y de rabia y siguen vivas cuando nos reconocemos entre compañeres con el corazón caliente y la convicción firme de no negociar nada e ir con todo a por todo.

Por eso, el 8 de marzo les anarquistas salimos a la calle a encontrarnos con otres – con las mujeres combativas, las tortas, las lesbianas, las travas, las trans, las marikas, les no binaries y todas las identidades que fugan a la heteronorma. Nos encontramos porque apostamos a la complicidad anárquica para destruir este mundo de muerte. El amor a la libertad, la convicción de que ningún padre opresor nos hará libres y un enemigo común nos unen: el heteropatriarcado capitalista tirano, que hace de nuestras vidas, de la tierra y de los animales recursos explotables y descartables.
¡Cómplices, rebeldes e incontrolables contra toda autoridad!
¡Que viva la lucha anarcotransfemisnita!




Fuente: Periodicoanarquia.wordpress.com