November 11, 2020
De parte de Memoria Libertaria
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El 11 de noviembre de 1887 ejecutaron tras un proceso fraudulento a quienes pasaron a ser conocidos como “Los m谩rtires de Chicago”

Martires de chicago anarquismo

El fraudulento proceso judicial llevado a cabo en Chicago tend铆a a escarmentar al movimiento obrero norteamericano y desalentar el creciente movimiento de masas que pugnaba por la reivindicaci贸n de la jornada de ocho horas de trabajo. Aquellos tr谩gicos hechos ocurridos en Chicago en 1886 “la huelga del 1潞 de Mayo, la protesta sindicalista y el proceso judicial a los dirigentes y militantes anarquistas” ser铆an tenidos muy en cuenta, a帽os despu茅s, por el movimiento obrero internacional que, justamente, adopt贸 como el D铆a de los Trabajadores, el 1潞 de Mayo. 

Pero el escarmiento no s贸lo abarcaba al sindicalismo. Debe tenerse en cuenta que de los ocho dirigentes anarquistas, s贸lo dos eran norteamericanos y el resto se trataba de inmigrantes extranjeros. Sus nombres fueron: Michael Schwab, Louis Lingg, Adolph Fischer, Samuel Fielden, Albert R. Parsons, Hessois Auguste Spies, Oscar Neebe y George Engel.

En Boston y en algunas otras ciudades norteamericanas de la 茅poca hab铆a una fuerte corriente contra los trabajadores extranjeros que reclamaban por sus derechos laborales y sociales junto a sus hermanos norteamericanos. La guerra de Secesi贸n hab铆a interrumpido el crecimiento de las organizaciones sindicales, cuyo punto de partida data de 1829, con un movimiento que solicit贸 la implantaci贸n de la jornada de ocho horas de trabajo, en el estado de Nueva York. Pero a partir de los a帽os ochenta, se fue acrecentando la actividad gremial en la cual socialistas, anarquistas y sindicalistas, cumplieron un rol destacado en cuanto a su labor propagand铆stica y pol铆tica.

Mauricio Dommanget en su “Historia del Primero de Mayo”, al referirse a los trabajadores de Chicago, afirma: “Muchos trabajaban a煤n 14 o 16 horas diarias, part铆an al trabajo a las 4 de la ma帽ana y regresaba a las 7 u 8 de la noche, o incluso m谩s tarde, de manera que jam谩s ve铆an a sus mujeres y sus hijos a la luz del d铆a. Unos se acostaban en corredores y desvanes, otros en chozas donde se hacinaban tres y cuatro familias. Muchos no ten铆an alojamiento, se les ve铆a juntar restos de legumbres en los recipientes de desperdicios, o comprar al carnicero algunos c茅ntimos de recortes”.

La central obrera norteamericana de entonces, la Federaci贸n de Gremios y Uniones Organizados de Estados Unidos y Canad谩, a帽os despu茅s transformada en la Federaci贸n Norteamericana del Trabajo (AFL), hab铆a proclamado en su cuarto congreso de 1884, que la duraci贸n legal de la jornada de trabajo, a partir del 1潞 de Mayo de 1886, ser铆a de ocho horas de duraci贸n. Ese 1潞 de Mayo se hab铆a constituido en una fecha clave tanto para los trabajadores como para los capitanes de la industria.

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La prensa norteamericana, principalmente el “Chicago Mail”, el “New York Times”, el “Philadelphia Telegram” y el “Indianapolis Journal” hab铆an advertido por esos d铆as el “peligro de la implantaci贸n de la jornada de 8 horas “sugerida -dec铆a el 鈥楥hicago Mail鈥- por los m谩s locos socialistas o anarquistas”.

La huelga del 1潞 de Mayo de 1886 fue masiva en todos los Estados Unidos. Algunos sectores industriales admitieron la jornada de ocho horas, pero la mayor铆a fue intransigente a aceptar ese reclamo. En Milwaukee la represi贸n policial produjo nueve muertos obreros y hubo enfrentamientos violentos en Filadelfia, Louisville, St. Louis, Baltimore y principalmente en Chicago. En esta 煤ltima ciudad actuaban, adem谩s de las fuerzas policiales y antimotines, una suerte de polic铆a privada al servicio de los industriales y empresarios: la compa帽铆a Pinkerton.

En tanto el 1潞 de mayo hab铆a transcurrido sin ninguna violencia, fue dos d铆as despu茅s, cuando los sindicatos de la madera convocaron a una reuni贸n, que los “rompehuelgas” de la Pinkerton atacaron a los trabajadores. Intervino la polic铆a y el fuego de las armas produjo seis muertos y medio centenar de heridos, todos entre los trabajadores. As铆 fue que los anarquistas llamaron, para el 4 de mayo, a una concentraci贸n en el Haymarket Square, acto p煤blico que contaba con autorizaci贸n de las autoridades. Al finalizar la reuni贸n y cuando se desconcentraban los trabajadores, el capit谩n Ward avanz贸 sobre los grupos obreros en actitud amenazante. Alguien lanz贸 entonces una bomba contra efectivos policiales y abati贸 a uno de los polic铆as, hiriendo a otros varios. Entonces, las fuerzas policiales abrieron nutrido fuego contra los trabajadores matando a varios y causando 200 heridos.

Ese hecho de violencia permiti贸 a las autoridades judiciales, instigadas por varios pol铆ticos y diarios -principalmente el “Chicago Herald”- a detener y procesar a la plana mayor del movimiento sindical anarquista. As铆 fueron arrestados el ingl茅s Fielden, los alemanes Spies, Schwab, Engel, Fischer y Lingg y los norteamericanos Neebe y Parsons. Comenzaba el Proceso de Chicago, una burla a la justicia y un verdadero fraude procesal como demostr贸 pocos a帽os despu茅s el gobernador del estado de Illinois, John Peter Atlgeld.

Es evidente que el Proceso de Chicago contra los ocho sindicalistas anarquistas produjo una sentencia d贸nde prim贸 el principio de la “raz贸n de Estado” y que no se buscaron pruebas legales ni se tuvo en cuenta la normativa jur铆dica de la 茅poca. Se quiso juzgar a las ideas anarquistas en la cabeza de sus dirigentes, y en ellos escarmentar al movimiento sindical norteamericano en su conjunto. Para ello fueron ama帽ados testigos, se dejaron de lado las normas procesales, y los miembros del jurado -como se demostr贸 pocos a帽os despu茅s- fueron seleccionados fraudulentamente. Entre otras anomal铆as procesales, la primera fue que se los juzg贸 colectivamente, y no en forma individual, como dispon铆a la legislaci贸n penal. Se trataba de un juicio pol铆tico, y la causa no era la violencia desatada el 4 de mayo de 1886, sino las ideas anarquistas, por un lado, y la necesidad de impedir el avance de la organizaci贸n gremial que hab铆a paralizado a los Estados Unidos el 1潞 de mayo del mismo a帽o, por el reclamo de la jornada laboral de ocho horas.

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El gobernador Altgeld, a帽os despu茅s, explicar铆a al pueblo norteamericano que el juez interviniente en el Proceso de Chicago actu贸 “con maligna ferocidad y forz贸 a los ocho hombres a aceptar un proceso en com煤n; cada vez que iban a ser sometidos a un interrogatorio los testigos suministrados por el Estado, el juez Gary oblig贸 a la defensa a limitarse a los puntos espec铆ficamente mencionados por la fiscal铆a p煤blica” en tanto que “en el interrogatorio de los testigos de los acusados, permiti贸 que el fiscal se perdiera en toda clase de vericuetos pol铆ticos y leguleyer铆as extra帽as al asunto motivo del proceso”. El fiscal Grinnel, en su alegato, proclam贸: “Se帽ores del jurado: 驴declarad culpables a estos hombres, haced escarmiento con ellos, ahorcadles y salvar茅is a nuestras instituciones, a nuestra sociedad!”.

El 28 de agosto de 1886 el jurado, especialmente elegido para aniquilar a los acusados, dict贸 su veredicto especificando que siete de los imputados -Parsons, Spies, Fielden, Schwab, Fischer, Lingg y Engel- deb铆an ser ahorcados, y el octavo, Neebe, condenado a 15 a帽os de prisi贸n. Antes que el crimen judicial se consumara, se cometi贸 otro previo, el misterioso suicidio de uno de los condenados: Louis Lingg, quien con la colilla de un cigarrillo habr铆a prendido la mecha de un cartucho de dinamita. En realidad, como afirman los historiadores actuales, se trat贸 de representar ante el gran p煤blico otra demostraci贸n de que los anarquistas mor铆an en su propia ley, las “bombas”. Hoy se coincide en que Lingg fue asesinado.

Spies, Fischer, Engel y Parsons subieron al pat铆bulo el 11 de noviembre de 1887, y fueron ahorcados ante el periodismo, las autoridades judiciales, la polic铆a y el p煤blico all铆 reunido.

El esc谩ndalo fue tan grande que a Fielden y Schwab se les conmut贸 la pena de muerte por la de prisi贸n perpetua. La movilizaci贸n de las fuerzas sindicalistas y la actuaci贸n de pol铆ticos como John Peter Atlgeld, hizo que el 26 de julio de 1893 se les otorgar el “perd贸n absoluto” a Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michael Schwab. De todas maneras, estos tres anarquistas tuvieron mucha m谩s suerte que otros dos ajusticiados cuarenta a帽os despu茅s: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, en otro proceso igualmente fraudulento. Pero la reivindicaci贸n de los m谩rtires de Chicago fue realizada pocos a帽os despu茅s de la muerte de cuatro de ellos y de la liberaci贸n de los tres restantes.

Fuente: Subcomandante Marcos (Argenpress)




Fuente: Memorialibertaria.org