October 12, 2022
De parte de Briega
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Hace m谩s o menos un a帽o, el expresidente del gobierno, Jos茅 Mar铆a Aznar, se burl贸 p煤blicamente de Andr茅s Manuel L贸pez Obrador, presidente de M茅xico, y de su petici贸n de que Espa帽a pidiera perd贸n a las comunidades ind铆genas. Aznar solt贸 sus chascarrillos en plena Convenci贸n Nacional del Partido Popular, en Sevilla, mientras ratificaba su apoyo al entonces l铆der y candidato de los populares, Pablo Casado.

鈥淓l nuevo comunismo de all铆 se llama indigenismo鈥, declar贸 Aznar, 鈥減orque el indigenismo solo puede ir contra Espa帽a鈥. Y luego, dirigi茅ndose a un hipot茅tico L贸pez Obrador que, por descontado, no estaba presente, remat贸 del peor modo posible: 鈥淪i no hubieran pasado algunas cosas usted no estar铆a ah铆 ni se hubiera producido la evangelizaci贸n de Am茅rica鈥. Eso dijo. Las chanzas levantaron sonrisas y aplausos entre la concurrencia. Casado intent贸 aportar lo suyo, pero Aznar iba por libre. Fiel a esa actitud soberbia y despreciativa que algunos llamaban carisma y le ayud贸 a convertirse en jefe del Estado espa帽ol.

Hay algo curioso en esa bronca mediatizada, y es que, en la pr谩ctica, el mandatario mexicano tiene un comportamiento cercano a las ideas del expresidente espa帽ol. L贸pez Obrador ha militarizado el control de la frontera e incrementado la dotaci贸n del Instituto Nacional de Migraci贸n con un montante que triplica el presupuestado. Las tropas de la Guardia Nacional baten actualmente sus propios r茅cords de detenciones. Entre enero y julio del presente a帽o 206.885 personas migrantes, una media de 985 por d铆a, han visto truncado su intento de cruzar. Las organizaciones de Derechos Humanos denuncian un recrudecimiento en la ilegalidad de los m茅todos de arresto, encarcelamiento y devoluci贸n, y L贸pez Obrador no parece tentado a disculparse por ello.

Pero lo cierto es que a nadie sorprende que un tipo como Aznar se niegue a pedir perd贸n. Tampoco lo pidi贸 por sus desmanes respecto a la guerra de Irak ni por que su partido rescatara a los bancos. No lo pidi贸 ni lo pedir谩 por los casos probados de corrupci贸n del organismo que dirig铆a y cuya gesti贸n todav铆a defiende. Mientras fue presidente del gobierno celebr贸 cada 12 de octubre con el gozo visible de un hombre con querencia por el fasto militar, pero lo que hoy resulta inconcebible es que ning煤n gobierno de izquierdas, anterior o posterior, haya cuestionado el sentido de la efem茅ride. Que Felipe Gonz谩lez y Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero hayan posado con actitud similar, si acaso aprovechando para marcar terreno en relaci贸n con los Estados Unidos, pero manteniendo el sentido primordial de la fiesta patria. El de la hispanidad como expansi贸n de lo espa帽ol. Y tampoco parece razonable que la coalici贸n formada por el Partido Socialista Obrero Espa帽ol y Unidas Podemos no se plantee un cambio que paradigma. Un giro en la mirada desde la que contemplan las relaciones pasadas y presentes con un continente que ni siquiera se animan a llamar por su nombre.

El 12 de octubre de 2021, Yolanda D铆az, una de las representantes pol铆ticas m谩s necesarias y prometedoras del panorama nacional, public贸 en su cuenta de Twitter una desacertada referencia que hablaba de respeto y gratitud ante las fuerzas armadas e invitaba a 鈥渞eflexionar sobre nuestro pasado compartido y trabajar para reconciliarnos como dec铆a el Papa Francisco鈥. Incluso dejando de lado la menci贸n al jefe de la iglesia cat贸lica y el reconocimiento a un ej茅rcito que desfila conmemorando un genocidio, es necesario preguntarse a qu茅 pasado compartido se refer铆a la Ministra de Trabajo, vicepresidenta y l铆der del proyecto Sumar. O qu茅 quiere decir exactamente cuando habla de reconciliaci贸n. Pareciera que el arco completo de la pol铆tica espa帽ola, en permanente tensi贸n para cualquier asunto propio, solo fuera capaz de ponerse de acuerdo en reforzar las fronteras y en que el 12 de octubre tienen algo que celebrar.

Por supuesto, la actitud siempre arrogante de Jos茅 Mar铆a Aznar no tiene nada que ver con la disposici贸n al di谩logo social de Yolanda D铆az. Tampoco su desempe帽o en los cargos, las pol铆ticas p煤blicas que han desplegado o su ideolog铆a guardan relaci贸n. Entre otras cosas, el papel jugado por D铆az en el contenido de los 煤ltimos presupuestos generales as铆 lo demuestra. Pero el mismo d铆a en que La Moncloa se aprobaban, con la mano izquierda, medidas econ贸micas progresistas para la ciudadan铆a espa帽ola, se acordaba, con la otra mano, un presupuesto de casi 17 millones de euros para reforzar con tecnolog铆as de control migratorio el paso fronterizo de Tarajal y Beni Enzar.

El Ministro de Interior, Grande Marlaska, sigue sin dar la cara por la masacre de Melilla. La de Igualdad, Irene Montero, no muestra signos de escuchar los justos reclamos de las trabajadoras sexuales, que incluyen la derogaci贸n de la Ley de Extranjer铆a. Mientras que el de Migraciones, Jos茅 Luis Escriv谩, sigue adelante con una reforma de la LOEX que no ha contado con la participaci贸n de las colectivas migrantes y aborda la regularizaci贸n desde una perspectiva utilitarista alejada del reclamo de derechos que sostiene el Movimiento Regularizaci贸n Ya.

Ministras y ministros que hablan de una Espa帽a mejor, posible, la 煤nica que se podr铆a interpelar, es cierto, para insistir en el di谩logo. Pero resulta que el camino de ese di谩logo est谩 da帽ado porque falta escucha con respecto a una cuesti贸n fundamental para las di谩sporas y las distintas comunidades que cohabitamos el territorio. Y deber铆a faltarla para quienes, sin haber emigrado nunca, conocen, desde una perspectiva te贸rica, los efectos nefastos que arrastra hasta nuestros d铆as la herida colonial.

An铆bal Quijano sosten铆a que el colonialismo es la relaci贸n de dominaci贸n entre identidades o etnicidades distintas, mientras que la colonialidad busca mostrar que la historia de las gentes depende de su naturaleza biol贸gica. De una naturaleza biol贸gica que llamaron raza, que ha sido alimentada como un monstruo de mil cabezas durante quinientos a帽os, hoy convertido en la hidra de dientes afilados que controla las fronteras y divide nuestro mundo en dos.

Su texto, Colonialidad de Poder y Clasificaci贸n Social, arranca as铆. 鈥淟a colonialidad es uno de los elementos constitutivos y espec铆ficos del patr贸n mundial de poder capitalista. Se funda en la imposici贸n de una clasificaci贸n racial / 茅tnica de la poblaci贸n del mundo como piedra angular de dicho patr贸n de poder, y opera en cada uno de los planos, 谩mbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia cotidiana y a escala social鈥. Quijano aclaraba 鈥淐olonialidad es un concepto diferente, aunque vinculado con el concepto de colonialismo. Este 煤ltimo se refiere estrictamente a una estructura de dominaci贸n y explotaci贸n, donde el control de la autoridad pol铆tica, de los recursos de producci贸n y del trabajo de una poblaci贸n determinada lo detenta otra de diferente identidad, y cuyas sedes centrales est谩n, adem谩s, en otra jurisdicci贸n territorial. Pero no siempre, ni necesariamente, implica relaciones racistas de poder. El colonialismo es, obviamente, m谩s antiguo, en tanto que la colonialidad ha probado ser, en los 煤ltimos quinientos a帽os, m谩s profunda y duradera que el colonialismo. Pero sin duda fue engendrada dentro de 茅ste y, m谩s a煤n, sin 茅l no habr铆a podido ser impuesta en la intersubjetividad del mundo, de modo tan enraizado y prolongado鈥.

Sabemos, en suma, que el colonialismo se impuso mediante la violencia extrema justificada bajo la creaci贸n del concepto de raza, y que el producto de la raza, el racismo, es uno de los factores que sostiene la estructura permanente de la colonialidad. Pero resulta que la gesti贸n del poder derivada de esa ordenaci贸n no se da solo en las ciudades y las cuencas fluviales de Abya Yala. La colonialidad est谩 aqu铆, en Europa, y nos persigue. Del mismo modo que las fronteras que condicionan la vida de las personas migrantes no se acaban en los l铆mites terrestres del pa铆s donde nos toca vivir.

En el Estado espa帽ol las posturas conservadoras y liberales derivan de un constructo ad hoc para que todo cuadre sin demasiado esfuerzo. Defienden que los blancos llevaron la civilizaci贸n allende los mares, y que el empobrecimiento y las migraciones del Sur global son debidas a la corrupci贸n de sus dirigentes actuales. Y lo peor es que lo dicen en serio. Pero, 驴qu茅 pasa con las votantes y representantes de izquierdas? 驴Acaso pensar谩n, en su fuero interno, algo similar? 驴Por qu茅 el antirracismo, con todas sus letras, no forma parte de ning煤n programa pol铆tico de las izquierdas plurales y feministas? 驴Por qu茅, en lugar de derogar la Ley de Extranjer铆a, Marlaska acord贸 en julio pasado, junto a Ylva Johansson y Abdelouafi Laftit, Ministro de Interior de Marruecos, un presupuesto de 500 millones de euros, casi un 50% m谩s, para el control militar de la frontera?

Parecen confluir dos razones en todo ello. Una de corte interior y otra que opera de cara a la galer铆a. La primera es el propio desconocimiento o desinter茅s de quienes dise帽an y ejecutan esas pol铆ticas. La segunda es que la tibieza ante los ataques a poblaci贸n migrante o gitana refleja el temor que una postura m谩s firme pudiera tener en las urnas. El pavor de que sus votantes privilegiados consideren que los est谩n poniendo en riesgo. En cualquier caso deber铆amos decir con claridad que se trata de dos posturas racistas. Y recordar que el racismo es la mentira necesaria que sostiene la colonialidad del poder.

En dos art铆culos recientes, el profesor Hatem Bazian reflexionaba acerca de la pervivencia de la ideolog铆a colonialista en el imaginario europeo, demostrando hasta qu茅 punto la migraci贸n actual es producto de una larga historia pre y poscolonial. 鈥淟a ret贸rica racista culpa a migrantes y refugiados mientras afirma que la naturaleza fallida de los estados del Sur global evidencia su inferioridad. Aqu铆, el argumento de los estados 鈥榝allidos鈥 se forma y enra铆za en un tipo de epistemolog铆a racista biol贸gica y cultural. 鈥榁uestros estados鈥 fracasan porque no sois suficientemente 鈥榗ivilizados鈥 o racionales para manejar vuestros propios asuntos鈥.

Un af谩n interesado y paternalista que reh煤sa afrontar la problem谩tica real de las migraciones y el racismo con que se gestiona los desplazamientos de seres humanos en Europa y Estados Unidos de Norteam茅rica. El origen de la crisis migratoria actual se encuentra en la ordenaci贸n neocolonial del mundo. La emergencia clim谩tica y las guerras empujan los desplazamientos masivos, sobre todo, los que se dan con car谩cter interno entre el campo y las ciudades en los pa铆ses del Sur global.

Hablar en t茅rminos de invasi贸n o no combatir ferozmente a qui茅nes lo hacen es, a efectos pr谩cticos, casi lo mismo. La noci贸n de colonialismo interno tiene su reverso en esa mentalidad. La ruptura necesaria para subvertirla no es m谩s que un ejercicio de conocimiento. Un corte emocional con el artefacto que ha educado a sus ciudadanos en el privilegio. Renunciar a ese privilegio implica, sobre todo, exigir que la estructura permanente de la colonialidad sea expuesta y perseguida por los pol铆ticos a qui茅nes dan su voto, pues es el colonialismo neoliberal, y no las migraciones, el 煤nico responsable de la pobreza de la clase obrera del Norte global.

No solo se trata del orden simb贸lico de las relaciones de poder. M谩s all谩 de pedir perd贸n y retirar estatuas, queremos hacer pol铆ticas que conflict煤en la colonialidad del poder. Una parte considerable de las personas y movimientos antirracistas anhelamos dialogar con los votantes y los partidos de izquierdas en situaci贸n de igualdad. No tiene que ser un proceso f谩cil ni c贸modo. Ninguna negociaci贸n de poderes y espacios lo es. Per颅o tampoco es un imposible. Estamos agotadas del extractivismo y de las alianzas que solo sirven para colgarse medallas. De los ingentes presupuestos destinados a congresos y f贸rums donde se pervierten las problem谩ticas del racismo, la xenofobia y la migraci贸n, dirigidos a un p煤blico blanco con camiseta de oeneg茅, pero incapaz de politizar su l谩stima.

Y cada 12 de octubre, aunque no tengamos nada que celebrar, las compa帽eras de Regularizaci贸n Ya y otras colectivas vamos a estar en las calles. Las mismas calles que transitamos a diario para ir y venir de trabajar. Para lidiar con sue帽os y pesadillas mientras luchamos por los derechos de todas, tambi茅n por los tuyos. Porque la justicia hacia los dem谩s seres humanos jam谩s puede degradar a una sociedad sino que la hace m谩s fuerte. Parafraseando a Atahualpa Yupanqui, somos tierra que camina, y despu茅s de atravesar medio mundo, estamos aqu铆.




Fuente: Briega.org