August 11, 2022
De parte de ANRed
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Foto: Natalia Leiderman

Cuando una docente y poeta como Estela Figueroa muere, su obra comienza a deambular con más fuerza por mensajitos de teléfono, las redes, las casas, las amistades, la familia, los medios. Recorremos su obra cuyos principales objetos eran quizá lo que acontece cuando una persona querida nos deja: el tiempo, el insomnio y el sueño, la casa, los cuerpos, la muerte. Rescatamos las palabras de la editorial Bajo la Luna, de Selva Almada y Gloria Peirano que la celebran por su labor poética. Por ANRed 

Estela Figueroa una vez escribió:

Nací el 12 de agosto de 1946 en la ciudad de Santa Fe, Argentina, donde resido. Publiqué Máscaras sueltas, (poesía, Centro de Publicaciones UNL, 1985); El libro rojo de Tito (reportaje, Centro de Publicaciones UNL, 1988); A capella (poesía, Ediciones delanada, 1991); Un libro sobre Bioy Casares, (reportaje y ensayos de autores santafesinos, Ediciones UNL, 2006)La forastera (poesía, Ediciones Recovecos, 2007).

Hoy, un día antes de que la poeta cumpliera 76 años, la editorial responsable de publicar su obra, Bajo la luna, confirmó su muerte en FB: «Con una tristeza enorme, despedimos a la querida poeta Estela Figueroa. Abrazo fuerte a sus hijas».

Martín Araujo analizó la obra La Forastera de Estela Figueroa y proponía pensar que dentro de ese conjunto el poema La Forastera reunía todos los objetos que sobresalen en su obra entera:  tiempo, el insomnio y el sueño, la casa, los cuerpos, la muerte.

Araujo apreciaba: «La poeta vuela en la noche y lo hace, incluso, descarnada: “y soy un esqueleto / que cruza la avenida / colmada de murciélagos”. Y es que â€œUn muerto no es un muerto es la muerte / Es una visita que ya no vendrá / como no sea en sueños. / Es una casa a la que nunca más iremos / como no sea con la imaginación”. El cuerpo y la casa enfrentan a la muerte, resisten, disputan.

La muerte, de todas formas, es parte de un proceso de transformación de la materia. Es parte de la comprensión de la ínfima condición de lo humano en el caos del universo. En Los huesos de mi padre, esa claridad es implacable: â€œOjalá un sepulturero los haya vendido / y haya comido algo especial con su mujer y sus hijos / o se haya tomado unos vinos / en rueda de amigos. / / Y con esos huesos un joven estudie medicina / —esos huesos largos y bien formados— / sin pensar en la muerte”. Que la muerte prodigue: que alimente, que dé vida, que sea vino, que nos haga sabios.

Ahora que la muerte es a Estela a quien se lleva a sus 75 años, quien también celebró sentidamente su vida fue la escritora entrerriana, Selva Almada. Para ella Estela fue una inspiración para fundar la editorial Salvaje Federal que edita entre otras, la obra de Figueroa.

En una publicación de Instagram, Almada adjuntó uno de sus poemas «No es para hablar de mí que escribo», donde recitaba: «No es para hablar de la glicina / que la comparo con una lluvia / y adjetivo esa lluvia / Es para detener este momento nocturno: / la casa en calma / y los pensamientos que ennoblecidos velan / por un ordenamiento / que lo abarque todo».

En diálogo con Télam, Almada expresó: «Era muy cariñosa conmigo aunque nunca nos vimos personalmente. Me acuerdo que la primera vez que la llamé le dije que solía ir a Santa Fe, que alguna vez podía visitarla. Y ella me respondió: yo prefiero el teléfono. Cada vez que me acuerdo, incluso ahora que estoy tan apenada, me da risa. Era una respuesta muy Estela. La última vez que hablamos, hará poco menos de un mes, me contó que estaba escribiendo sobre Arlt y me leyó algunos fragmentos», rememoró la autora de «El viento que arrasa».

Más allá de la «tristeza enorme» por su muerte, Almada rescató que «nos queda el consuelo de una obra poderosa y la alegría inmensa de haber sido contemporáneos suyos. A veces pensaba eso: en este mundo en que vivo, también respira Estela… y me emocionaba ese pensamiento».

Por su parte, Gloria Peirano expresó: «La sobrevivirá su poesía extraordinaria (un poema suyo, La enamorada del muro, es indispensable para mí en todos los sentidos) y el recuerdo de sus lectores».

En 2009, Ediciones UNL reeditó en un solo volumen dos de sus libros, reunidos bajo el nombre de ambos: Máscaras sueltas/A capella. En 1987, Máscaras sueltas tuvo su traducción y edición italianas: Maschere Mobile, (Ferri Editora, Florencia, 1987). Realicé trabajos para cine y teatro.

Estela también coordinó talleres literarios en el Pabellón de menores de la cárcel de Las Flores, donde editó la Revista Sin alas. Dirigió la revista La Ventana desde su aparición, en 2001, que publica la Dirección de Cultura de la Universidad Nacional del Litoral. En este ámbito universitario también coordinó el Taller Literario, tarea que se vio plasmada en la edición de tres libros y fichas de poesía, versiones teatrales de aguafuertes de Roberto Arlt y la escritura y puesta en el aire de dos radionovelas.

Colaboró en el Diario El Litoral y algunos de sus poemas han aparecido en diversas publicaciones del país y el extranjero.

En el blog llamado el infinito viajar, revista de arte y poesía, rescatan unas reflexiones de Estela sobre cómo escribía.

«Con respecto a la pregunta acerca de mi procedimiento para escribir contesto utilizando el extravagante y miserable léxico que usa la policía: desconozco. Es como pretender, de noche, ver todo con la débil luz de una vela. La poesía para mí pertenece al reino del misterio y es mejor que sea así.Cuando un primer verso acude a mí, necesito llegar a mi casa, sentarme a la mesa. Escribo ese verso y dejo que todo fluya. Esto no es una técnica. Es mi destino.

Escribo, por supuesto, a mano. Mi mano derecha sigue el rítmico dictado de mi cabeza.

Establezco con mis poemas una relación de profundo enamoramiento. Mi vida, por lo demás, es rutinaria y sencilla. Vivo sola, en una casa de barrio. Estoy muy lejos de ser una médium pero poseo una intuición muy desarrollada.

La definición del trabajo poético a la que siempre vuelvo es la de Rainer María Rilke. Se la encuentra en su libro “Los cuadernos de Malte”. Adhiero a ella plenamente.

Para terminar cito la dedicatoria de uno de sus libros: “Mujeres, de vosotras aprende la poesía a decir lo que sois: solitarias”

Publicamos a continuación uno de sus poemas:

 Vegetal – Estela Figueroa

Como la erika que antes de secarse produce un hijo.

Pero también como la orquídea orgullosa y sola.

Como el sauce inclinado hacia el río quieto.

Pero también como la grevilea que enfrenta los vientos más feroces.

Frágil como los pensamientos a los que una ligera lluvia aplasta.

Abierta como el paraíso que juega con las gotas.

Manos desconocidas revolvieron el césped donde escribí palabras.

¿Buscaban tesoros ocultos? Soy hosca como el cactus.





Fuente: Anred.org