June 12, 2021
De parte de El Miliciano
198 puntos de vista


驴Puede la prostituci贸n ser un trabajo y cabe la defensa de su regulaci贸n en el pensamiento anarquista?
Ver anarquistas defendiendo la prostituci贸n me produce el mismo efecto que encontrarme a un club de veganos luchando por consolidar el mercado de las chuletas.
La prostituci贸n es una instituci贸n tan antigua como el patriarcado, y una de sus piedras fundamentales. Forma parte de la opresi贸n sexual de las mujeres, que hist贸ricamente y a煤n en la actualidad no han sido due帽as de su cuerpo ni de su deseo, sometidas a la propiedad de un hombre solo (matrimonio) o al uso colectivo (prostituci贸n). En este sentido, la prostituci贸n nunca puede ser libre, ya que es, precisamente, la compra de una libertad, la libertad sexual, a cambio de dinero. No cabe dentro de una ideolog铆a que defiende el amor libre, es decir, que propugna que las relaciones sexuales y afectivas entre los seres humanos deben ser igualitarias y voluntarias, nunca mediadas por la necesidad o la compra del consentimiento sexual.
Para la 茅tica anarquista las mujeres que se prostituyen como estrategia de supervivencia son compa帽eras que recurren a los medios a su alcance para salir adelante en una sociedad corrupta. No hacen nada que degrade o repugne a la moral anarquista, que entiende que en las condiciones de doble o triple opresi贸n que sufren (como proletarias, como mujeres, y muchas de ellas como migrantes y personas de territorios colonizados) son explotadas hasta en lo m谩s 铆ntimo de su ser, de forma que no s贸lo se les expropia su fuerza de trabajo, como a los dem谩s asalariados, tambi茅n el mercado se apropia de su intimidad, su corporeidad m谩s vulnerable, violentando el m铆nimo espacio vital al que todos los seres humanos tienen derecho (no tocar o no ser tocada por personas a las que no se desea, no oler el aliento de quien no te gusta, no someterte a los manoseos o las babas de alguien porque paga).
Es el var贸n prostituyente, el putero, el que no tiene cabida en una 茅tica anarquista. Es el patr贸n del cuerpo de otra persona, el dominador que con dinero compra un s铆 que no le dar铆an de otro modo, y con billetes establece el gui贸n de las relaciones sexuales, en las que se hace lo que el cliente manda: si quiere ser flagelado, se le flagela; si quiere orinar sobre alguien, orina. Si quiere escupir, someter a trato degradante, violar en grupo, lo hace: basta echar un vistazo a los foros de puteros para asomarse a la cara m谩s siniestra del patriarcado, donde el sexo se convierte en un ejercicio puro de poder sobre otra persona, que queda as铆 reducida, en lo m谩s 铆ntimo, a un objeto.
Aunque la prostituci贸n es muy antigua, la idea de que es un trabajo como otro cualquiera es una vuelta de tuerca dada por el capitalismo, cuando a finales del siglo pasado dej贸 de ser un negocio local y marginal que se nutr铆a principalmente de toxic贸manas para convertirse en una pr贸spera industria mundial. Esta idea pudo triunfar, tambi茅n en entornos de izquierdas y libertarios, sedimentando sobre los milenios de patriarcado, pero tambi茅n sobre la incompleta revoluci贸n sexual de los 60, y las dos d茅cadas de neoliberalismo que inauguraron Reagan y Tatcher.
No es necesario, creo, profundizar en c贸mo el patriarcado ha creado el sistema prostitucional y la ideolog铆a que lo hace socialmente tolerable. Baste decir que para este orden cultural y social, las mujeres carecen de autonom铆a sexual, son siempre servidoras de la sexualidad del hombre: las mujeres casadas estaban hasta no hace mucho por ley obligadas a mantener relaciones sexuales con sus maridos, hasta el punto de que la violaci贸n dentro del matrimonio no se reconoci贸 como delito hasta el a帽o 1992. 
La cultura popular se burla de la falta de deseo y de la obligaci贸n de dejarse violar por contrato aludiendo a la 鈥榚xcusa鈥 femenina del 鈥榙olor de cabeza鈥, reconociendo as铆 que la falta de deseo no era (y en muchas cabezas, sigue sin ser) suficiente para justificar una negativa en el seno del matrimonio. En cuanto a la prostituci贸n, el patriarcado argumentaba que los hombres ten铆an que tener relaciones sexuales, por las buenas o por las malas, y que sin prostituci贸n, las mujeres 鈥渄ecentes鈥 estar铆an m谩s expuestas a violaciones. Hip贸critamente, el mismo patriarcado que defend铆a que los hombres eran racionales y las mujeres tan solo sensitivas (y en el peor de los casos, hist茅ricas) con desparpajo defend铆a tambi茅n que estos seres superiores carec铆an de control sobre su pene. No tener que ser coherente es uno de los lujos de los que ejercen el poder.
La revoluci贸n sexual de los 60, que se hizo cuando las mujeres estaban casi completamente debajo de la bota y a煤n no se hab铆a alzado la segunda ola del feminismo, arrambl贸 con la hip贸crita moral religiosa del 鈥減ecado de la carne鈥 pero se adapt贸 a las expectativas y los deseos de los varones: ante todo insisti贸 en el derecho a disfrutar del sexo, pero no habl贸 del derecho a decir que no. La violencia sexual fue minimizada (鈥渟i te violan, rel谩jate y disfruta鈥) y la experiencia sexual de las mujeres fue interpretada, una vez m谩s, por la mitad masculina de la sociedad: el sexo es algo banal, y la que no acepte que mantener relaciones sexuales es lo mismo que tomar un caf茅 tiene un problema, es una 鈥渆strecha鈥 (en el lenguaje de hace unas d茅cadas), una 鈥榩uritana鈥 (en la actualidad), hasta el punto de que ahora, con el impulso que el porno est谩 dando a las relaciones sadomasoquistas, hay un insulto nuevo para las que se niegan: vainilla.
A estas dos ci茅nagas culturales se suma el neoliberalismo, que niega las estructuras sociales y defiende que la sociedad es una suma de individuos que deciden en libertad sobre s铆 mismos.
Esta idea de desvincular la libertad de la igualdad y de la justicia social ha calado tanto que para defender que la prostituci贸n es aceptable se alude en la actualidad a la libertad de las mujeres, llegando a la paradoja de defender la servidumbre sexual (mantener relaciones sexuales a cambio de dinero es servir a la sexualidad de otro) en nombre de la libertad de las explotadas.
Hay una cuarta idea que bulle debajo de la defensa de la prostituci贸n que se hace en ambientes libertarios, y es la de las sexualidades disidentes. Se enmarca la prostituci贸n entre las sexualidades 鈥渘o normativas鈥, como si no formara parte indisoluble de la moral sexual burguesa de toda la vida. Recordemos, por poner solo un ejemplo, que uno de los principales impulsores de la regulaci贸n de la prostituci贸n en Espa帽a en el siglo XX (donde estuvo regulada hasta la oleada abolicionista mundial de los a帽os 50) fue Mart铆nez Anido, el mismo que se dio a conocer como uno de los principales perseguidores de los anarquistas de antes de la guerra. No hay nada m谩s normativo que el burdel, lo que realmente revoluciona el orden patriarcal y opresor es que las mujeres trabajadoras, las criadas, tengan la libertad y la fuerza colectiva para decirle que no al se帽orito. Una mujer que mantiene relaciones sexuales con muchas parejas, y vulnera as铆 la norma de la pasividad sexual femenina, no es una 鈥榩uta鈥, es una mujer que hace uso de su libertad sexual.
Llegamos as铆 a finales de los a帽os 90. El mundo se ha globalizado, hay movimientos migratorios temporales (turismo) y grandes movimientos migratorios econ贸micos. Las sociedades pr贸speras contin煤an desangrando a los pa铆ses del Sur con un colonialismo extractivista. En este contexto, cierran las fronteras, pero dejan pasar a las criadas y a las putas. Hay territorios enteros destinados a satisfacer el deseo de exotismo sexual del degradado var贸n de los pa铆ses ricos, como Tailandia. Estos para铆sos/infiernos sexuales suelen surgir en lugares que han sido previamente militarizados, con la presencia de Ej茅rcitos occidentales (fen贸meno estudiado por autoras como Jeffreys). En ese contexto, en 1998 la Organizaci贸n Internacional del Trabajo da un paso adelante y publica un informe (firmado por supuesto por una mujer, no vaya a colarse por alguna grieta que este tema no es problema de mujeres, que se debate entre mujeres y donde los hombres no tienen nada que ver) en el que defiende el tir贸n econ贸mico de la 鈥渋ndustria sexual鈥 con estas hermosas palabras: 鈥淪eg煤n las estimaciones del informe, en los pa铆ses objeto del estudio se dedica a la prostituci贸n entre el 0,25 y el 1,5 % de la poblaci贸n femenina total. Las actividades relacionadas con la prostituci贸n (entre las que se incluyen los numerosos bares, hoteles, salas de espect谩culos y agencias tur铆sticas que florecen gracias a ella) dan empleo a varios millones m谩s de trabajadores. Amplios sectores de poblaci贸n en el sudeste asi谩tico 鈥 en particular las familias rurales pobres, que a menudo env铆an a sus hijas a trabajar como prostitutas 鈥 f铆an
su bienestar, cuando no estrictamente su supervivencia, al dinero que les remiten sus hijas dedicadas a la prostituci贸n. Y, sin embargo, a pesar del volumen y de la importancia econ贸mica de la prostituci贸n, el sector carece casi por completo de regulaci贸n y no se encuentra reconocido como sector econ贸mico en las estad铆sticas oficiales, en los planes de desarrollo ni en los presupuestos de los gobiernos de pr谩cticamente la totalidad de los pa铆ses del mundo鈥. El estudio fue premiado en la Feria del Libro de Francfort, en Alemania,pa铆s que poco despu茅s regul贸 la prostituci贸n como un trabajo cualquiera.
Un paso m谩s se dio en 2014, cuando la UE comenz贸 a tener en cuenta los ingresos generado por la prostituci贸n para estimar el Producto Interior Bruto. Y aunque no se ha regulado expl铆citamente dentro del mercado comunitario, por la v铆a de los hechos hay pa铆ses que se han convertido en exportadores netos de mujeres para los burdeles occidentales, como es el caso de Ruman铆a. Todo un entramado que nada tiene que ver con el mito de que la prostituci贸n es una decisi贸n de una mujer libre, que aut贸nomamente decide intercambiar servicios desprovistos de cualquier impacto corporal o emocional, de cualquier violencia intr铆nseca, con as茅pticos y neutrales varones, que tambi茅n compran sexo despersonalizado como si fueran a que les quitaran un callo.
La siguiente andanada de la industria para naturalizarse y expropiar de nuevo la sexualidad de las mujeres de las clases populares y migrantes pasa por conseguir 鈥渟indicar鈥 a las mujeres en prostituci贸n, para lo que cuentan tambi茅n con el apoyo mayoritario de las Universidades, que ofrecen charlas para convencer a las j贸venesde que es una salida laboral que no deben tomar a la ligera. Llegamos as铆 a la defensa expl铆cita que asociaciones que se llaman 鈥渟indicatos鈥 como OTRAS hacen de los proxenetas, cuando en una reciente reuni贸n con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, piden que se retire del proyecto de ley de Libertad Sexual la penalizaci贸n de la llamada 鈥榯ercer铆a locativa鈥 (los proxenetas de toda la vida) con el argumento de que las 鈥渃riminaliza鈥. Curiosa defensa del proxenetismo de quien dice no representar al 鈥減atr贸n鈥 de la industria del sexo.
Otra de las falacias del debate sobre la prostituci贸n es que es algo que solo concierne a las putas, y que las abolicionistas usurpamos su voz, hablamos por ellas. El sistema prostitucional, sin embargo, corrompe a toda la sociedad, mercantilizando el cuerpo humano, sobre todo el de las mujeres y las ni帽as, y abriendo la puerta a otros mercados, como el de los vientres de alquiler.
Educa a los varones en una sexualidad depredadora y jer谩rquica, mantiene el desequilibrio de poder (real y simb贸lico) entre hombres y mujeres, haciendo imposible una sociedad igualitaria, y vuelve a enajenar la sexualidad de las mujeres proletarias, que quedan una vez m谩s a merced del jefe y del patr贸n, como ha ocurrido siempre. La que quiera ser libre, que se lo pague, porque en el cruel mercado laboral del siglo XXI, muchas no tendr谩n elecci贸n, como ya ocurre en grandes territorios del mundo.
Ver anarquistas defendiendo la prostituci贸n me produce el mismo efecto que encontrarme a un club de veganos luchando por consolidar el mercado de las chuletas.
(Extra铆do del fanzine La Madeja, del grupo Moiras)



Fuente: Elmilicianocnt-aitchiclana.blogspot.com