November 26, 2020
De parte de A Las Barricadas
506 puntos de vista

I.S.F.D. N 潞 113 “EE.UU. de Am茅rica麓麓

Investigaci贸n Hist贸rica II

El anarquismo espa帽ol durante la Revoluci贸n y la guerra civil.

Profesor: Alejandro Fern谩ndez.

Alumnos: Cascelli, Agust铆n. Heredia, Ezequiel.

脥ndice:

Introducci贸n:………………………………………………………………………………………………….. 2

Parte I: El anarquismo sindicalista espa帽ol a comienzos del siglo XX y su rol en la Revoluci贸n y la guerra civil.…………………………………………………………………………. 4

Antecedentes del anarquismo espa帽ol como fen贸meno sindical y social del proletariado.     4

El golpe de Estado y la Revoluci贸n en Catalu帽a (18 de julio de 1936).……….. 8

Parte II: La institucionalizaci贸n de la CNT, la colaboraci贸n de clases republicana, el final de la Revoluci贸n y la resistencia anarquista.…………………………………………………. 15

Durruti, los incontrolados y la militarizaci贸n……………………………………………….. 15

Agrupaci贸n los Amigos de Durruti, evoluci贸n intelectual y program谩tica de anarquismo espa帽ol…………………………………………………………………………………………………………………… 23

Conclusiones:……………………………………………………………………………………………… 28

Bibliograf铆a:………………………………………………………………………………………………….. 30

                                                          

Introducci贸n:

La guerra civil espa帽ola es uno de los acontecimientos m谩s trabajados por escritores, historiadores e investigadores sociales. Analizando el estado de la cuesti贸n, podr铆amos estar muchos meses y a帽os leyendo la enorme cantidad de autores de diferentes corrientes pol铆ticas, siendo esa una dificultad que encontramos al inicio del desarrollo de la investigaci贸n sobre el tema que hemos abordado. La selecci贸n del material a estudiar ha sido un trabajo bastante complejo. Hemos seleccionado lo que cre铆mos m谩s consistente para la interpretaci贸n. Por tal motivo hemos dejado fuera de manera directa e indirecta a varios autores y recortes period铆sticos que har铆an demasiado extensa la tesina. La simplificaci贸n y selecci贸n de los autores, ha tratado de ser lo m谩s ajustada en lo posible para que no se pierda el hilo investigativo.

El trabajo est谩 divido en dos partes. En la primera de ellas encontramos los antecedentes que le dan una identidad particular al movimiento proletario anarquista previo al cenit revolucionario en julio de 1936 y su desarrollo inmediato tras desatarse la guerra civil. No abordamos tal proceso en la profundidad de detalles que se merecer铆a debido al tiempo y espacio que ocupar铆a, por lo que nos centramos en el accionar insurreccional y las internas dentro del sindicalismo de la CNT.

 Es con el art铆culo de 脕ngel Herrer铆n L贸pez El insurreccionalismo anarquista durante la II Rep煤blica, que nos permitimos una comprensi贸n m谩s clara sobre el movimiento libertario de la CNT y las diferentes tendencias en su interior.

 Con Agust铆n Guillam贸n, Mayo de 1937, observamos la compleja estructura que el movimiento anarquista hab铆a construido en sus bases militantes para luchar social y militarmente tanto contra la sociedad burguesa, como contra los fascistas y derechistas.

De esta manera llegamos a abordar 1936 con una visi贸n m谩s compleja sobre el movimiento libertario para comprender de qu茅 manera se logr贸 vencer al ej茅rcito sublevado y establecer vastas zonas con proyectos anarquistas de hegemon铆a proletaria y campesina. Las jornadas de julio de 1936 representan as铆 el momento en el que los libertarios logran hacer efectivas las luchas que ven铆an manteniendo durante a帽os. Con cientos de miles de militantes, el sindicalismo anarquista fue llamado a concertar una alianza de clases por parte de las autoridades burguesas regionalistas y republicanas. Es as铆 que tratamos de contestar 驴Qui茅nes eran los anarquistas espa帽oles? 驴Eran republicanos? 驴Cu谩l fue su relaci贸n con la rep煤blica? 驴Existi贸 un proceso revolucionario?

En la segunda parte del trabajo trataremos de entender los motivos por el que el movimiento revolucionario se detiene y cu谩les son las responsabilidades del sindicalismo de la CNT en la derrota republicana. Considerando la entrada al gobierno regionalista catal谩n y luego al republicano, establecemos all铆 el momento m谩s claro en el que sindicalismo anarquista se encontr贸 colaborando con el Estado y el orden burgu茅s. Se puede decir que es la institucionalizaci贸n del anarquismo cenetista y el proceso de inflexi贸n en la continuidad de la Revoluci贸n que pretend铆an las bases militantes.  Tales hechos los analizamos desde la perspectiva que nos da el ya citado Agust铆n Guillam贸n con sus trabajos de investigaci贸n, Barricadas en Barcelona y Mayo de 1937. Se puede ver all铆 c贸mo la direcci贸n anarquista de la CNT se encontr贸 estableciendo compromisos y pactos con el Estado y otras fuerzas pol铆ticas contrarias a sus objetivos org谩nicos.

En el intento de llegar a un entendimiento m谩s completo sobre el tema, encontramos a Miquel Amor贸s con Durruti en el Laberinto. Trabajo que, si bien se centra en la figura de Buenaventura Durruti durante la guerra civil, nos entrega valiosas fuentes y claridad sobre el accionar de la direcci贸n de la CNT y su relaci贸n con las y los proletarios y campesinos que compon铆an las bases del movimiento libertario. La paulatina transformaci贸n que van atravesando los dirigentes cenetistas desde el insurreccionalismo al colaboracionismo de clases, deja a la luz las carencias y virtudes del ideario anarquista.

As铆 buscamos comprender por qu茅 la CNT no logr贸 hacer efectivos sus objetivos revolucionarios, posponiendo el ideario libertario por aliarse con la Rep煤blica y sus representantes.

Parte I: El anarquismo sindicalista espa帽ol a comienzos del siglo XX y su rol en la Revoluci贸n y la guerra civil.

Antecedentes del anarquismo espa帽ol como fen贸meno sindical y social del proletariado.

Es muy importante analizar los a帽os previos a 1936, ya que nos dan una imagen bastante clara de las interacciones entre los republicanos y los libertarios. Poniendo como ejemplo los alzamientos insurreccionales llevados adelante por el proletariado ib茅rico, se puede observar el fracaso y la frustraci贸n de las expectativas puestas por el pueblo, en conseguir una mejora sustancial del nivel de vida con la llegada de la segunda rep煤blica. La oportunidad que el derrocamiento mon谩rquico hab铆a entregado a liberales y socialistas, no hab铆a logrado consolidar las exigencias de los sectores populares.

Hacia la d茅cada de 1930, Espa帽a contaba con una poblaci贸n estimada en 24 millones de habitantes, de la cual la mayor铆a, trabajaba en el campo con sistemas y herramientas rudimentarias. El gran analfabetismo y la desocupaci贸n se elevaban a煤n m谩s en las zonas rurales del sur del pa铆s, donde se concentraban los grandes latifundios. La iglesia y la aristocracia hab铆an despojado a los campesinos de la tierra y se escudaban en las fuerzas armadas y en una educaci贸n fuertemente religiosa para sostener sus privilegios. El ej茅rcito que, con su historia de pronunciamientos, casi siempre hab铆a apoyado las iniciativas de los sectores conservadores, optar铆a en esta oportunidad por reservarse los puestos de direcci贸n en la sublevaci贸n, poniendo a los sectores civiles en un plano subordinado.

 Las industrias que daban empleo al 18% de los trabajadores, se localizaban en dos zonas que se referenciar铆an por su fuerte regionalismo/separatismo: Catalu帽a y el Pa铆s Vasco. De all铆, se formar铆a una burgues铆a m谩s regionalista que nacional, que tender铆a sus puentes con un capital transnacional, que concentrado en unos pocos bancos, controlaba la mitad del capital de las sociedades an贸nimas. El proletariado de estas estas zonas respond铆a a las dos centrales obreras mayoritarias del pa铆s: La CNT de orientaci贸n anarquista y la UGT (Uni贸n General de Trabajadores) conducida por los socialistas. en el Pa铆s Vasco y Madrid era fuerte la UGT, en cambio Catalu帽a era un basti贸n de la CNT . Ante la pol铆tica abstencionista 谩crata,  la representaci贸n republicana en el plano parlamentario era compartida por republicanos de izquierda y socialistas, y en menor medida por republicanos de derecha y comunistas.

La abdicaci贸n del Rey no hab铆a logrado consolidar las esperanzas que se ten铆an puestas por una distribuci贸n m谩s equitativa de las tierras y riquezas socialmente producidas. La tan esperada reforma agraria llevada adelante por durante el primer bienio progresista de la rep煤blica, solo qued贸 en letra muerta por la oposici贸n f茅rrea de los terratenientes y la derecha.  Adem谩s, tampoco se logr贸 fortalecer un Estado que respondiese satisfactoriamente a las exigencias populares. Sin m谩s presencia que para ejercer la represi贸n, la legislaci贸n progresista y republicana no logr贸 nunca hacer respetar las leyes que pretend铆an satisfacer las exigencias de las clases m谩s postergadas de la sociedad.

Pero antes de seguir, hay que explicar brevemente qu茅 era la CNT a comienzos del siglo XX.  Agust铆n Guillam贸n nos dice:

La CNT formaba parte de una red libertaria de solidaridad y acci贸n, que abarcaba todos los aspectos de la vida del trabajador, tanto los sociales como los culturales, familiares, l煤dicos, pol铆ticos y sindicales. Esa red estaba formada por el sindicato de barrio, los ateneos, las escuelas racionalistas, las cooperativas, el comit茅 de defensa econ贸mica (que se opon铆a a los desahucios), los grupos de afinidad anarquista, los grupos de defensa (coordinado a nivel local, luego distrital y ciudad), construyendo en la pr谩ctica cotidiana una fuerte, solidaria y eficiente sociedad aut贸noma, con valores alternativos a los capitalistas.[1]

Efectivamente la CNT  constitu铆a un centro de poder proletario y  anticapitalista, que no se limitaba al accionar sindical. Pero hac铆a su interior se divisaban diferencias que le restaban fuerza a su accionar. Se pod铆an apreciar dos tendencias, un revolucionaria y otra  reformista. Los primeros,  ligados a la FAI (Federaci贸n Anarquista Ib茅rica) en donde sobresal铆an personalidades como la de Garc铆a Oliver, Buenaventura Durruti, Francisco Ascaso y Federica Montseny, planteaban el camino de la 鈥済imnasia revolucionaria鈥 para llegar a la revoluci贸n y el cambio social. Los segundos, llamados  鈥渢reintistas鈥[2] acordaban en los mismos fines que los primeros pero criticaban la importancia que se les daba a las minor铆as esclarecidas (FAI) que pretend铆an guiar a la CNT, y los acusaban de adelantarse a la preparaci贸n moral y material que deb铆an tener las masas antes de desencadenar hechos insurreccionales.

Pero a pesar del enorme costo social (muertos, presos y exiliados) de los intentos insurreccionales y de sus fallidos resultados, la posici贸n de los primeros termin贸 prevaleciendo. Pero precisemos m谩s detalladamente en qu茅 consist铆a esta gimnasia revolucionaria en palabras de Herrer铆n:

   Los revolucionarios se dirig铆an al cuartel de la guardia civil para conminar a los agentes a unirse a la rebeli贸n, a continuaci贸n se apoderaban del ayuntamiento y del archivo de la propiedad, para la destrucci贸n 芦en auto de fe禄 de los t铆tulos; posteriormente se atrincheraban en el pueblo y no trataban de extender la lucha m谩s all谩 de su demarcaci贸n 鈥搒eguramente ante la creencia de que la misma acci贸n estaba teniendo lugar en el resto de localidades de la zona -, as铆 que esperaban a la comunicaci贸n del triunfo de la revoluci贸n o a que las fuerzas del orden llegaran.[3]

Podemos agregar adem谩s, que los anarquistas espa帽oles constituyeron grupos de defensa proletarios para enfrentar y responder a las agresiones patronales y derechistas que contaban con sus propios grupos paramilitares. Pero volviendo a las insurrecciones impulsadas podemos contabilizar tres, que allanaron el camino hacia los hechos de 1936. De ellas nos narra Herrer铆n:

 El 18 de enero de 1932, los mineros del Alto Llobregat y Cardoner declararon una huelga que deriv贸 en levantamiento insurreccional. (鈥) Los motivos que llevaron a los mineros a la insurrecci贸n estaban relacionados con los derechos de reuni贸n y asociaci贸n que, a pesar de la legislaci贸n republicana, les eran negados, a lo que hab铆a que a帽adir las duras condiciones de trabajo existentes en las minas, la falta de seguridad y la negativa de los patronos a respetar los acuerdos alcanzados. La insurrecci贸n no tuvo preparaci贸n alguna. Lo que comenz贸 como una huelga para conseguir mejoras concretas, deriv贸, por acci贸n de los m谩s radicales, en un intento revolucionario. [4]

Este primer intento termin贸 en un fracaso rotundo, una represi贸n muy dura con muertos, encarcelados y cientos de deportados a dominios africanos de Espa帽a. Aunque se nos explica que este intento revolucionario no fue dirigido por la CNT, en manos del grupo “treintista麓麓en ese momento, sobre esa c煤pula de dirigentes recay贸 la responsabilidad de la derrota.

Un ejemplo de la negativa de los terratenientes y sectores patronales en cumplir con las leyes de la legislaci贸n republicana se expresa muy bien en este fragmento del texto de Herrer铆n donde dice: “Son muchos los latifundistas que dejaban de cultivar sus tierras, y miles los labriegos que no ganaban jornal alguno; a los que los primeros dec铆an: 鈥溌縉o quer铆ais Rep煤blica? 隆Pues comed Rep煤blica!鈥[5]. Esta actitud no hac铆a m谩s que polarizar cada vez m谩s la situaci贸n. Con lo que para enero de 1933 nos encontramos con otro serio intento revolucionario por parte de la CNT y la FAI que, por desavenencias internas entre ambas organizaciones no tuvo una direcci贸n centralizada y al igual que en el caso anterior termin贸 en fracaso.

 Esa fue la situaci贸n en Casas Viejas, uno de los pueblos en donde se intent贸 “proclamar el comunismo libertario麓麓. Pero cuando las fuerzas del Estado (con el progresismo socialdem贸crata en el poder entraron a reprimir, no s贸lo fusilaron a revolucionarios, sino que incendiaron una caba帽a donde viv铆a uno de los dirigentes anarquistas muriendo 茅l y toda su familia. Ante tal masacre la justicia republicana llev贸 adelante un proceso que careci贸 de eficacia para juzgar todos los hechos y a todos los responsables de tal abuso de autoridad.

Se pueden observar as铆 dos situaciones. Por un lado, c贸mo los republicanos de izquierda no lograban hacer efectivas sus promesas de justicia social ante la intransigencia de los sectores patronales y terratenientes que se opon铆an ante las legislaciones incumpli茅ndolas. Y, por otro lado, la impaciencia de los sectores revolucionarios de la clase trabajadora espa帽ola por llevar adelante cambios radicales y significativos, que por imprudencia o  falta de direcci贸n derivaban en un contexto social de fuerte represi贸n por parte del Estado republicano.

Finalmente, hacia finales de 1933 se desat贸 la tercera intentona anarquista por provocar la revoluci贸n social tan a帽orada. Tal movimiento volvi贸 a fracasar y hubo varios muertos en las filas revolucionarias como tambi茅n desde las fuerzas del orden, adem谩s de quemas de iglesias y barricadas con enfrentamientos armados entre el ej茅rcito y los revoltosos en las calles de Zaragoza,  y en los pueblos de Arag贸n y La Rioja.

El art铆culo de Herrer铆n finaliza reflexionando sobre lo analizado hasta el momento y plantea:

La actuaci贸n del gobierno republicano, tanto en materia de legislaci贸n laboral como de orden p煤blico, facilit贸 la labor de los m谩s radicales en la CNT. (鈥) Pero estas insurrecciones no consiguieron su objetivo. (鈥) Solamente cuando una parte del ej茅rcito se levant贸 contra la Rep煤blica y hubo desuni贸n en su seno, como sucedi贸 en la rebeli贸n militar de julio de 1936, se abri贸, aunque sea parad贸jico, el camino de la revoluci贸n.[6]

El golpe de Estado y la Revoluci贸n en Catalu帽a (18 de julio de 1936).

La experiencia de los levantamientos armados durante la Rep煤blica, como tambi茅n el desarrollo de los lazos y fuerzas de autodefensa establecidos por el proletariado nucleado en la CNT, tiene una construcci贸n particular que podemos observar con la ayuda de Agust铆n Guillam贸n.

All铆 se nos platea que el desarrollo de los Comit茅s de Defensa fue de una complejidad y articulaci贸n realmente notoria, en especial en Barcelona. Nacidos o impulsados para que sean constituidos desde los sindicatos, esos grupos de afinidad, al desatarse el conflicto con el ej茅rcito sublevado partieron al frente de batalla como centurias, diferenci谩ndose por la rama laboral a la que pertenec铆an (los de la Madera, o los Navales, por ejemplo) constituyendo as铆 verdaderas milicias obreras.

Adem谩s, los grupos de afinidad como el de los “Solidarios麓麓 o “Nosotros麓麓 se constituyeron en vanguardia del proletariado barcelon茅s. Lideraron a tomar las armas y batirse en combate con los fascistas y el ej茅rcito sublevado, y con la ayuda y log铆stica de las fuerzas del Estado republicano (guardias de asalto, guardias civiles y militares leales) lograron derrotar a los militares golpistas. Este fen贸meno se desarroll贸 el 18 de julio de 1936.

Las muchedumbres obreras salieron a las calles por cuenta propia y liderados por los libertarios se decidieron a tomar las armas a su alcance para derrotar a los sublevados. Guillam贸n nos explica:

La enorme fuerza de la CNT en los barrios obreros hab铆a arraigado y crecido precisamente en esa labor callada y paciente de organizar, sindicalizar, culturizar, “proletarizar麓麓 y defender esa masiva mano de obra migratoria procedente del mundo rural.麓麓[7]

Y nos contin煤a narrando la jornada del 18 de julio:

Hacia las nueve de la ma帽ana se inici贸 un imparable contagio revolucionario, mim茅tico y masivo, curioso y audaz, que al mediod铆a se hab铆a convertido en un fen贸meno de masas, que arroj贸 a la calle a una inmensa muchedumbre que quer铆a participar a toda costa de la batalla de Barcelona contra el fascismo, enfebrecida por el temor de perderse la ocasi贸n de intervenir en la forma que fuese en la ya segura victoria popular.[8]

El proletariado en armas, asociado con algunos elementos de la rep煤blica (forzados por la presi贸n popular) logr贸 derrotar al ej茅rcito, con la ayuda del pueblo que en cada esquina, en cada balc贸n sali贸 a hostigar a los fascistas y sublevados.

En tal contexto la CNT como vanguardia, con sus grupos de afinidad y Comit茅s de Defensa, fue la principal impulsora de armar al pueblo. Tal situaci贸n, mal vista por las autoridades estatales, se vio desbordada ante las exigencias y presiones del accionar de los grupos anarquistas. El pueblo trabajador cop贸 las calles secuestrando todas las armas que a su paso pod铆a encontrar ante la impotencia de las autoridades y las fuerzas del orden republicano. Los derechistas y fascistas fueron derrotados por el proletariado que se hizo del control total de las calles. La burgues铆a temerosa no tuvo m谩s remedio que replegarse ante el arrollador avance popular y proletario. Sin dudas, fue el cenit de la acci贸n revolucionaria.

Hasta aqu铆 podr铆amos preguntarnos por qu茅 este enfrentamiento entre las fuerzas populares y las militares tuvo en esa ocasi贸n un resultado favorable para los obreros con respecto a las experiencias anteriores. Dos cuestiones resaltan diferentes esta vez: la primera, las fuerzas represivas se presentan fragmentadas y en violaci贸n de un orden medianamente legitimado, la segunda, el anarquismo pudo conducir en esta oportunidad un conjunto  mayor de fuerzas obreras que las que nucleaba en su organizaci贸n. Por qu茅 en el transcurso del proceso no pudo mantener esa hegemon铆a es lo que trataremos de esclarecer en los siguientes p谩rrafos.

Coincidiendo con Guillam贸n en que tras el triunfo del proletariado la direcci贸n revolucionaria de la CNT resign贸 la victoria claudicando pol铆ticamente ante las fuerzas socialistas y burguesas. Ese comportamiento de la direcci贸n queda totalmente expuesto en el momento en que Companys[9], el 20 de julio cita a los referentes anarquistas reconoci茅ndoles el poder que hab铆an logrado:

麓麓Hab茅is ganado. Hoy sois los due帽os de la ciudad y de Catalu帽a, porque s贸lo vosotros hab茅is vencido a los militares fascistas, y espero que no os sabr谩 mal que en este momentos recuerde que no os ha faltado la ayuda de los guardias de asalto y de los mossos d麓 esquadra麓麓 (鈥) 麓麓 驴Y ahora qu茅 hemos de hacer?麓麓 (鈥) 麓麓Algo hay que hacer ante la nueva situaci贸n麓麓 (鈥)  麓麓estoy a vuestra disposici贸n para hablar麓麓. A lo que Garc铆a Oliver le respondi贸: 麓麓Puede continuar siendo presidente. A nosotros no nos interesa nada referente a la presidencia ni al gobierno麓麓.[10]

Si bien la CNT contaba con mayor铆a en Barcelona, no hizo de ello una ventaja ya que permiti贸 la recomposici贸n del monopolio de la fuerza y la gesti贸n pol铆tica y econ贸mica por parte del Estado.

Cabe se帽alar que hacia el interior del sindicato de la CNT existieron voces cr铆ticas a tal proceso con diferentes propuestas, tres son esas posiciones. La primera era la del colaboracionismo abierto con las fuerzas republicanas, con figuras como la de Diego abad de Santill谩n y Federica Montseny, propon铆an la unidad antifascista. La segunda posici贸n era la encabezada por Garc铆a Oliver, el 鈥渋r por el todo鈥, consistente en crear una vanguardia que se desligue de las masas para constituir un gobierno en nombre del proletariado. La tercera propuesta era planteada por Manuel Escorza, pretend铆a utilizar al gobierno de la Generalidad presion谩ndolo y congelando la situaci贸n revolucionaria, hasta fortalecer una estructura que permitiera desechar al Estado burgu茅s y continuar hacia el comunismo libertario.

La posici贸n que prevaleci贸 fue la de la colaboraci贸n de clases antifascista con los partidos marxistas y los sectores de la burgues铆a republicana en pos de ganar la guerra.

De esa manera entre los anarcosindicalistas se produjo la divisi贸n entre colaboracionistas denominados 麓麓p谩jaros carpinteros麓麓, y sus cr铆ticos llamados 麓麓pieles rojas麓麓. As铆 Agust铆n Guillam贸n nos plantea que las cr铆ticas a la dirigencia, desde las bases cenetistas, solo se limitaron a cuestiones morales e ideol贸gicas, llev谩ndolas a la resignaci贸n y aceptaci贸n de la dirigencia hegem贸nica.

Pero si hacia el comienzo de la guerra civil espa帽ola, las bases anarcosindicalistas organizadas en comit茅s se lanzaron a la expropiaci贸n de f谩bricas, propiedades y tierras, como siempre les hab铆an aconsejado sus dirigentes, 茅stos comenzaron a establecer una contradictoria colaboraci贸n de clases con los pol铆ticos burgueses que pretend铆an volver a la situaci贸n anterior al golpe. Creemos que 茅ste es un momento de inflexi贸n. Solo se podr铆a entender  la actitud de los representantes anarquistas frente a un debilitado poder estatal, por la suma de la falta de previsi贸n m谩s el car谩cter  imprevisto de la situaci贸n. Lo cierto es que siendo los due帽os de las calles, decidieron darle una vida m谩s al orden que hab铆an combatido durante tantos a帽os. Los hechos demuestran que esta jugada pol铆tica de Companys, le permitir谩 a s贸lo unos cuantos meses despu茅s, asestar los golpes suficientes como para reestructurar el orden republicano y devolver el poder a la burgues铆a. 

El CCMA, la CNT y la atomizaci贸n del poder proletario.

De la entrevista con Companys no s贸lo sobrevivi贸 el orden burgu茅s, sino que se cre贸 el Comit茅 Central de Milicias antifascistas. Este fue un organismo de colaboraci贸n de clases. En teor铆a deb铆a constituirse en un centro en donde todas las fuerzas pol铆ticas de la regi贸n tuviesen representaci贸n, participaci贸n y coordinaran las acciones a llevar adelante. Pero como organismo de poder proletario, careci贸 de verdadero peso hasta ser eclipsado por el reestructurado poder estatal. 

El verdadero poder obrero se ejerc铆a desde los comit茅s locales que llevaban adelante expropiaciones de f谩bricas, edificios, talleres y propiedades. Esos comit茅s de base, no obedec铆an 贸rdenes de la generalidad ni del CCMA[11], controlando las calles mediante las barricadas erigidas durante las jornadas de julio. En esas barricadas, los milicianos controlaban el territorio pidiendo documentaci贸n y haciendo presencia en las calles.

Guillam贸n hace una cr铆tica a Garc铆a Oliver, que desde la presidencia del CCMA ahog贸 las iniciativas revolucionarias de los comit茅s. Adem谩s, critica que el anarquismo tiene contradicciones org谩nicas. El historiador asevera que la CNT que carec铆a de un programa revolucionario, no pod铆a hacer m谩s que improvisar, porque si hubiese contado con un programa para la toma del poder hubiese dejado de ser anarquista para constituirse en marxista. 

La CNT durante los meses de existencia del CCMA (Comit茅 Central de Milicias Antifascistas de Catalu帽a), se burocratiz贸 y abandon贸 sus pr谩cticas horizontales e igualitarias convirti茅ndose en un sindicato piramidal y verticalista con una dirigencia que no representaba a las bases, lindando a la estructura de un partido leninista. Guillam贸n reflexiona al respecto:

麓麓La posici贸n de los comit茅s superiores de la CNT-FAI era incoherente, insostenible y contradictoria. Sus principios ideol贸gicos les imped铆an entrar en el gobierno de la Generalidad, pero tampoco quer铆an que ese gobierno amenazara al CCMA, sino que se mantuviera sumiso ante un organismo que no era, ni quer铆a ser un gobierno revolucionario y alternativo al de la Generalidad麓麓[12]

Entre las medidas adoptadas por el CCMA creemos que es necesario resaltar la creaci贸n de la polic铆a revolucionaria bajo la direcci贸n de tal organismo. Eran las patrullas de control, en su mayor铆a militantes de la CNT- FAI. Vest铆an el t铆pico mono azul, un carnet de la CNT, un gorro y un pa帽uelo rojinegro al cuello. Este organismo aceptaba en su interior a militantes de otras fuerzas pol铆ticas ante las reticencias de los libertarios en hacer de polic铆as. Si bien depend铆an del dirigente cenetista Aurelio Fern谩ndez, fue Manuel Escorza desde los Servicios de Investigaci贸n de la CNT-FAI, qui茅n centraliz贸 a las patrullas y erigi贸 una suerte de tribunales pol铆ticos.

Pero el CCMA, sin poder ejercer un poder efectivo, permiti贸 la atomizaci贸n del poder proletario. Proliferaron las fuerzas de choque de las distintas fuerzas pol铆ticas con sus aparatos de patrullaje y centros de detenci贸n. Las milicias del P.O.U.M[13]., C.N.T., P.S.U.C.[14], E.R.C.[15], se esparcieron por la ciudad y el territorio aleda帽o.

Con el paso de los d铆as, el frente popular antifascista comenzaba a mostrar sus debilidades. El CCMA no era una autoridad que nucleara a las fuerzas revolucionarias, adem谩s que debilitaba a los comit茅s barriales de base a favor de la colaboraci贸n con la burgues铆a catalana y los estalinistas, que vieron la posibilidad de recuperar el terreno perdido y hacerse m谩s fuertes respectivamente. 

Ya hacia agosto de 1936 podemos encontrar varias tensiones dentro del CCMA entre las diferentes posiciones pol铆ticas. A lo que la CNT busc贸 no seguir perdiendo terreno en el conflicto social, por lo que se puso en discusi贸n la manera de seguir con el proyecto antifascista. La posici贸n dominante hacia dentro de la Confederaci贸n como ya hemos dicho se decant贸 por el colaboracionismo, por lo que qued贸 consensuado con todas las fuerzas pol铆ticas  y republicanas el ingreso en un nuevo gobierno. Fue as铆 que se emprendi贸 el ingreso de ministros anarquistas primero en el gobierno catal谩n y luego en el de la rep煤blica.

Hacia septiembre el CCMA ya estaba encaminado hacia su disoluci贸n a cambio de realizar modificaciones filos贸ficas en los nombres de la nueva naci贸n y sus organismos de poder. Por ejemplo, se planteaba reconocer a Espa帽a como una confederaci贸n de naciones libres, o cambiar el nombre de la Generalidad de Catalu帽a a Consejo de la Generalidad.

El CCMA se disolv铆a ante la poca influencia que ejerc铆a, mientras los dirigentes anarquistas consideraban importante que ellos se manten铆an con presencia en las consejer铆as y el aparato militar y policial.

El 15 de septiembre la CNT vot贸 la colaboraci贸n abierta con el gobierno republicano y hacia el 26 de ese mismo mes el anarquismo sindicalista conjuntamente con otras fuerzas pol铆ticas ingres贸 en el gobierno catal谩n. Se comenzaba as铆 a devolver el poder al Estado burgu茅s, ahora llamado 鈥渃onsejo鈥 en vez de gobierno.

En el plano econ贸mico se pas贸 de la socializaci贸n y expropiaci贸n popular por parte de los comit茅s de base, a una colectivizaci贸n centralizada por el Estado. La orden para cumplir con tal mandato era la de disolver los comit茅s de base, a lo que los militantes y trabajadores anarquistas se resistieron durante varios meses ya que ve铆an disolverse las conquistas obtenidas durante las jornadas de julio.

Ese fue el contexto en cu谩l se dio la ins贸lita entrada de anarquistas al gobierno del Estado en colaboraci贸n con sus adversarios pol铆ticos y enemigos de clase. Aparentemente la unidad antifascista era m谩s importante que la pretendida revoluci贸n social y el comunismo libertario.

En favor de la burocracia cenetista, se puede decir que se plantearon posponer las medidas revolucionarias por el temor a una intervenci贸n extranjera, como adem谩s que trataron de gestionar con la U.R.S.S. el comercio y la entrega de armas. La guerra contra el golpe militar estaba  desbalanceada en favor de los sublevados, por la ayuda econ贸mica y militar que las potencias fascistas les facilitaban a sus aliados espa帽oles.

Parte II: La institucionalizaci贸n de la CNT, la colaboraci贸n de clases republicana, el final de la Revoluci贸n y la resistencia anarquista.

Durruti, los incontrolados y la militarizaci贸n

La figura de Buenaventura Durruti sin dudas era una de las m谩s emblem谩ticas del anarquismo. Sin ser un intelectual, fue un verdadero l铆der convencido y consecuente con sus ideas, un hombre de acci贸n. Oriundo de Le贸n y Castilla, se forj贸 como obrero y trabajador a temprana edad, momento en el que se aline贸 al ideal anarquista. Su figura como trabajador queda eclipsada por participar en los grupos de afinidad y pistoleros, que por medio de la acci贸n directa violenta buscaban contrarrestar las agresiones patronales y fascistas cada vez m谩s impunes en la 茅poca.

Su condici贸n de trabajador queda registrada claramente con su temprana afiliaci贸n a la CNT. Desde los “Solidarios麓麓 a “Nosotros麓麓, nuestro protagonista llev贸 adelante varias acciones violentas defensivas contra los matones patronales, como tambi茅n acciones ofensivas contra enemigos de clase (robos de bancos, expropiaciones de todo tipo, intentos de ajusticiamiento). La austeridad de su vida nos comprueba su total compromiso pol铆tico, ya que de todos los caudales que han pasado por sus manos, nunca se enriqueci贸, ni ostent贸 mejoras materiales. Todo lo expropiado era dirigido a financiar solidariamente al movimiento libertario en sus diferentes 谩mbitos de acci贸n (escuelas racionales, sindicatos, comit茅s, etc.). Durruti, uno de los tantos militantes de su 茅poca, sobresali贸 por su compromiso, arrojo, perseverancia y por ser muy querido por el pueblo trabajador, trascendiendo las diferencias sociales y pol铆ticas.

Para posicionarnos mejor en la historia del movimiento anarquista, como ya hemos hecho, nos retrotraemos a algunos acontecimientos que nos permitan comprender mejor los compromisos contra铆dos, como las diferencias entre militantes.

En las elecciones de 1935, la CNT plantea una alianza con el nacionalismo regionalista catal谩n y la figura de Companys, que a cambio de liberar a sus afiliados a votar a las izquierdas (el abstencionismo era la estrategia anarquista) recibir铆a armas de la Generalidad para defenderse del inminente alzamiento militar- fascista- clerical.  Era una alianza t谩ctica para fortalecer las posiciones revolucionarias ante la inminente guerra que se avecinaba.

Hacia adentro de la CNT se produc铆a cierta situaci贸n preventiva, respecto a Garc铆a Oliver y la posible bolchevizaci贸n, ya que este dirigente planteaba la sustituci贸n de los comit茅s democr谩ticos por una vanguardia dirigente centralizada. Esa situaci贸n hab铆a distanciado a Oliver de Durruti. Oliver le reprochaba su excesivo compromiso con las bases del pueblo, mientras que Durruti era m谩s fiado en la voluntad popular basando sus acciones en la teor铆a libertaria apoyada sobre el consentimiento popular. Se puede decir que Durruti era m谩s bien un representante anarquista del proletariado. Pero el conflicto con Oliver no se limitaba a la relaci贸n con las masas del pueblo, sino que se extend铆a a su idea de constituir un ej茅rcito revolucionario. Buenaventura Durruti se opon铆a poniendo como ejemplo la reciente historia sovi茅tica, proponiendo en cambio la creaci贸n de milicias y guerrillas populares.

Pero retomando la alianza t谩ctica que mencion谩bamos, para el 18 de julio, Companys se neg贸 a entregar las armas pactadas con los anarquistas diciendo que no contaba con m谩s que las de sus propias fuerzas del orden. Tal necesidad pudo ser satisfecha en parte por el capit谩n de aviaci贸n Servando Meana, antifascista con estrecho contacto con los comit茅s superiores de la CNT, que les pudo conseguir una partida de material. 

Durruti, miembro del grupo “Nosotros麓麓 fue una pieza fundamental en la vanguardia proletaria barcelonesa y catal谩n. El leon茅s no dejaba de movilizarse en busca de armas secuestrando todas las que a su paso encontraba. Pero el mayor caudal de armamento que obtuvo la CNT lo lograron al tomar un cuartel de artiller铆a barcelon茅s (30.000 fusiles).

Como ya hemos planteado, la constituci贸n del CCMA se produjo el 21 de julio por expreso consejo de Companys. En tal organismo la postura de los anarquistas m谩s intransigentes no logr贸 evitar que los intereses de la burgues铆a y la contrarrevoluci贸n se hicieran presentes. La relaci贸n entre Durruti y los dirigentes catalanes ya era insostenible, ya que como persona de palabra no perdonaba las falsas promesas del presidente de la Generalidad, adem谩s de desconfiar de un pol铆tico profesional ajeno a la clase obrera.  De esa manera Garc铆a Oliver qued贸 a cargo del CCMA en la presidencia, mientras se conformaba la Columna Durruti encaminada al frente de Arag贸n con el Objetivo de liberar Zaragoza.

La toma de Zaragoza parec铆a ser uno de los objetivos primordiales, ya que representaba un verdadero basti贸n militante del anarquismo. No se entend铆a bien c贸mo la ciudad se hab铆a rendido ante el enemigo militar sin antes replicar lo ocurrido en Barcelona. Probablemente los a帽os de desgaste en conflictos fallidos, hab铆an dejado en la clase obrera zaragozana pocas perspectivas de triunfo en el combate callejero que las que se vieron en la capital catalana.  Se pensaba que tomar Zaragoza brindar铆a el aire suficiente, para aliviar  la presi贸n militar en los otros frentes.

En lo pol铆tico, la CNT se hab铆a decantado por el colaboracionismo, descartando la idea de “ir por el todo麓麓. Pero respecto a la construcci贸n de un aparato militar, podemos ver que la idea de Oliver de constituir un ej茅rcito anarquista qued贸 pospuesta por la de integrar a los milicianos al Ejercito Popular. La integraci贸n con el ej茅rcito burgu茅s y la propuesta militarista de Oliver, coincid铆an en la necesidad de una disciplina cuartelaria. Era la disciplina cenetista la que se mantuvo en el centro de las cr铆ticas, como tambi茅n fue bandera de combate para la nueva sociedad que los m谩s radicales quer铆an llevar adelante. Durruti en tal contexto se constituye como un defensor implacable de las milicias obreras, un internacionalista y convencido detractor del militarismo profesional.

La figura del proletario en armas por establecer el comunismo libertario es lo que podemos encontrar, el pueblo trabajador luchando contra el golpe de Estado fascista clerical. Queda evidentemente claro que la burgues铆a ve铆a espantada esta situaci贸n, en donde se alteraba todo el orden que por a帽os trataron de construir. Los anarquistas y su indisciplina revolucionaria, resultaban irritantes incluso para los marxistas que pretend铆an aplicar sus teor铆as por sobre la voluntad popular.

Durruti consideraba que era posible un acuerdo por armas al igual que la direcci贸n cenetista, s贸lo que estos 煤ltimos resignaban la revoluci贸n a cambio de la ayuda internacional sovi茅tica. La falta de armamento y municiones hab铆a sido una constante desde el inicio de la guerra para los republicanos e insurreccionalistas, a diferencia del bando militar que recib铆a ayuda de la Internacional Fascista. Pero, por m谩s concesiones que entreg贸 el pueblo espa帽ol, nunca lograron recibir una adecuada ayuda o entrada de armas.

La pol铆tica permisiva y conciliadora de la CNT no dio resultados, solo les brind贸 aire pol铆tico a sus adversarios, m谩s interesados en consolidarse como mejores opciones humillando o aniquilando al anarquismo ib茅rico.

La figura del guerrillero miliciano anarquista est谩 se帽alada en el trabajo de Miguel Amor贸s:

El miliciano no ha de ser solamente un guerrillero. Ha de ser adem谩s un sembrador de la idea que sustente y espejo l铆mpido en el que pueden mirarse los dem谩s para corregir sus defectuosidades. (鈥) Para aplastar al fascismo no basta con llevar un fusil y dispararlo cuando se vea al enemigo. El fusil es un arma, no una convicci贸n, ni una raz贸n siquiera. Y al fascismo hay que ahogarlo con el plomo y las ideas. (鈥) Disciplina no es obedecer ciegamente como unos aut贸matas, al toque del clar铆n o a la voz autoritaria de cualquier fantoche condecorado, sino tener sentido de la responsabilidad y razonar cualquiera de nuestros actos.[16]

Durruti adem谩s de estar en contra de los fusilamientos de prisioneros, de los castigos corporales o el presidio de enemigos o aliados, era implacable en el combate. El peor castigo para un miliciano era el deshonor p煤blico ante sus camaradas. Bravura no era lo que les faltaba, sino armas y munici贸n que la industria cenetista no logr贸 nunca suplir, mientras que la rep煤blica se neg贸 a realizar serios tratados para obtenerlas y distribuirlas.

Aparentemente, el gobierno central republicano ten铆a m谩s miedo al triunfo de la CNT que al del fascismo. La CNT en tal contexto se vio cediendo terreno no s贸lo con la entrada de los ministros anarquistas al gobierno, sino que les impuso a las milicias la militarizaci贸n.

Durruti por su abnegado compromiso, no s贸lo contaba con el apoyo y el aprecio de los anarquistas, sino que adem谩s ten铆a la simpat铆a de las bases de todas las fuerzas pol铆ticas y organizaciones competidoras con la CNT. Eso bien lo sab铆an los estalinistas espa帽oles y sovi茅ticos, por lo que boicotear al frente de Arag贸n para evitar la liberaci贸n de Zaragoza por la Columna Durruti pas贸 a ser uno de los objetivos centrales en la lucha contra del socialismo no sovi茅tico.

Lo m谩s desastroso para el anarquismo fue la postura tomada por los l铆deres de la CNT. Elogios y concesiones pol铆ticas en favor de los sovi茅ticos y sus l铆deres eran propagadas desde la prensa anarquista cu谩l lisonjas hip贸critas, abandonaban sus principios libertarios. Las promesas de entregas de armas desde la URSS a la rep煤blica y a la CNT hab铆an alienado las relaciones entre las bases y sus dirigentes. Amor贸s nos relata de una carta enviada por Emma Goldman: “La promesa de Rusia de enviar armas ha trastornado la cabeza a nuestros amigos. Para pasmo la Soli ha comenzado una campa帽a de alabanzas a Rusia.麓麓[17]

En relaci贸n a esa situaci贸n, se envi贸 una delegaci贸n cenetistas con el fin de gestionar efectivamente la ayuda sovi茅tica prometida. Durruti sin mucha fe en tal emprendimiento hizo entrega de una carta a los delegados anarquistas. Tal manuscrito era dirigido al proletariado y el pueblo sovi茅tico, est谩 reproducido en el libro de Amor贸s:

(鈥) Hoy, trabajadores rusos, somos nosotros los que depositamos en vuestras manos la defensa de nuestra revoluci贸n; no confiamos en ning煤n pol铆tico sedicente dem贸crata o antifascista; nosotros confiamos en nuestros hermanos de clase, en los trabajadores; ellos son los que tienen que defender la Revoluci贸n espa帽ola, lo mismo que hicimos nosotros hace veinte a帽os cuando defendimos la Revoluci贸n Rusa. Confiad en nosotros; somos trabajadores aut茅nticos y por nada en el mundo haremos dejaci贸n de nuestros principios y menos humillamos la herramienta s铆mbolo de la clase trabajadora. Un saludo de todos los trabajadores que luchan contra el fascismo con las armas en la mano en el frente de Arag贸n.

B.Durruti.[18]

Un verdadero ataque y cr铆tica a la burocracia estatal y las jerarqu铆as sociales sovi茅ticas. Sin dudas una afrenta subversiva, obrera y revolucionaria que el estalinismo no estar铆a dispuesto a perdonar.

En la misma sinton铆a, el 4 de octubre Durruti dio un discurso v铆a radio, en el que se opon铆a junto a su columna al decreto de militarizaci贸n. Exigi贸 compromiso en la retaguardia y amenaz贸 con bajar a Barcelona con sus milicianos si era necesario para imponer la supuesta unidad antifascista que no se estaba respetando. Planteaba que disputar la hegemon铆a pol铆tica en ese momento era contrarrevolucionario y que las intrigas partidarias eran suicidas.  Ve铆a el resurgir de la burgues铆a catalana ante el retroceso de las conquistas proletarias de julio. Renegaba del despilfarro que exist铆a en la ciudad y estaba convencido de que se pod铆a ganar la guerra, pero para ello era necesario acabar con las disputas que las divisiones pol铆ticas estaban generando. La burgues铆a no estaba dispuesta a subordinarse al proletariado por las buenas, y los sovi茅ticos creyeron mejor apoyar a los republicanos que a la clase obrera anarquista. En relaci贸n a la militarizaci贸n aseguraban desde la Columna Durruti:

Esta Columna formada espont谩neamente al calor de esas protestas en las calles barcelonesas y engrosada posteriormente por todos los que se han sentido hermanados con nuestro ideal, tiene unidad en su conjunto y finalidades, y sus individuos, se disciplinan a cuanto tienda a conseguir su objetivo de batir al fascismo. (鈥) Los milicianos de esta Columna tienen confianza en s铆 mismos y en los que la dirigimos, por su expresa delegaci贸n, sin reservas. (鈥) La raz贸n que se aduce de que el enemigo luche aprisionado de material en grandes proporciones no tiene, evidentemente, soluci贸n con la militarizaci贸n de las milicias. (鈥) [19]

En cuanto a bajar a Barcelona:

 Si esa militarizaci贸n decretada por la Generalidad es para meternos miedo y para imponernos una disciplina de hierro, se han equivocado. Vais equivocados, consejeros, con el decreto de militarizaci贸n de las milicias. Ya que habl谩is de disciplina de hierro, os digo que veng谩is conmigo al frente. All铆 estamos nosotros que no aceptamos ninguna disciplina, porque somos conscientes para cumplir con nuestro deber. Y ver茅is nuestro orden y nuestra organizaci贸n. Despu茅s vendremos a Barcelona y os preguntaremos por vuestra disciplina, por vuestro orden y por vuestro control que no ten茅is.[20]

La burgues铆a catalana, el aparato estalinista y la burocracia cenetista no se pod铆an permitir tal avasallamiento.

Companys llam贸 a actuar contra los “incontrolados麓麓, en p谩nico ante una ofensiva durrutista que fogoneaba los 谩nimos revolucionarios de las masas en contra de un reestructurado poder republicano. La figura del leon茅s era demasiado popular, coherente, abnegada y revolucionaria, creciendo a cada momento, incluso en un ambiente tan adverso como el que les tocaba vivir, que fue el momento de hacer algo con 茅l y todo lo que representaba.

Los republicanos y sovi茅ticos planteaban que el problema de los “incontrolados麓麓 era el causante del mal rumbo de la guerra. El temor a un triunfo anarquista y de sus elementos m谩s radicales produc铆a terror en la burgues铆a espa帽ola. Quedaba en claro que los republicanos prefer铆an un triunfo de cualquier otra fuerza pol铆tica a que los anarquistas liberen Espa帽a del capitalismo y el fascismo. El triunfo de los anarquistas era una posibilidad a evitar a toda costa.

Las autoridades sovi茅ticas y republicanas divid铆an as铆 entre anarquistas “buenos麓麓 y “malos麓麓. Aquellos que se planteaban continuar con la revoluci贸n para ganar la guerra y acabar con el capitalismo eran los “incontrolados麓麓. Mientras que los sumisos a las 贸rdenes republicanas y la colaboraci贸n de clases impuesta desde los dirigentes de la CNT, eran los buenos.

La burgues铆a se escudaba detr谩s de los estalinistas que les ofrec铆an garant铆as de orden y disciplina sobre la clase obrera si controlaban la situaci贸n. El despilfarro se estaba reinstalando en la vida cotidiana de la sociedad capitalista, mientras el peso de la guerra para derrotar a los militares y fascistas, reca铆a sobre las clases trabajadoras. Durruti representaba a los enemigos m谩s intransigentes de la burgues铆a, de los bur贸cratas y los autoritarios. Deb铆a ser borrado del imaginario popular con urgencia. Fue as铆 que se lo solicit贸 para la defensa de Madrid.

Durruti ofuscado pensaba que la ciudad de Madrid s贸lo ten铆a importancia pol铆tica y no estrat茅gica. Pero sobre todo lo indignaba la idea de ir a defender la ciudad de un gobierno que no les prestaba ayuda en lo m谩s m铆nimo, que adem谩s de no representar a los intereses de la clase proletaria, se daba el lujo de huir para que campesinos y obreros mueran en su nombre.

Ya en Madrid, los anarquistas enviados desde el frente de Arag贸n pod铆an comprobar que era una ciudad en manos del estalinismo. El armamento comunista era superior al que les hab铆an entregado a los milicianos. La operaci贸n del traslado de Durruti y sus milicianos a Madrid podr铆a ser considerada como propagand铆stica, aunque el l铆der anarquista renegaba de tal protagonismo, en una entrevista para una filmaci贸n declaraba: (鈥) La leyenda de h茅roe que me est谩n tejiendo muy a pesar m铆o es injusta, me molesta. Los h茅roes son los milicianos de mi columna. (鈥).[21]

Durante la 煤ltima semana que combati贸 en Madrid, Durruti no logr贸 m谩s que luchar contra el enemigo en desfavorables condiciones. Las bajas eran enormes y exist铆an claras maniobras para desprestigiar a los anarquistas en sus combates con el enemigo.

Durruti fue muerto el 19 de noviembre. Se desmoronaba as铆 una parte sensible de la revoluci贸n anarquista. Se perd铆a a un compa帽ero de acci贸n y ejemplos, alguien que luchaba contra bur贸cratas, burgueses, militares y fascistas, un anarquista que manten铆a lucidez y contacto con las bases de la clase trabajadora revolucionaria. Era el alivio que necesitaban los sectores contrarrevolucionarios.

En su multitudinario entierro, Companys manifest贸 el alivio de la burgues铆a al proferir uno de los insultos m谩s categ贸ricos y cobardes que se puedan lanzar a un revolucionario como Durruti: (鈥) muerto por la espalda como mueren los cobardes鈥 o los asesinados por cobardes. Guillam贸n.[22]

Nunca sabremos qui茅n mat贸 a Durruti ya que no se realiz贸 una investigaci贸n seria sobre el asunto en el debido momento, pero lo cierto es que tal muerte cumpli贸 con creces las intenciones del antifascismo de acabar con los “incontrolados麓麓. Liquidar la revoluci贸n era m谩s f谩cil sin la figura de Durruti incitando a la revuelta. A continuaci贸n, los bur贸cratas y estalinistas se pusieron en campa帽a de liquidar la memoria colectiva, para matar por segunda y definitivamente a Durruti. Eliminar el mensaje pol铆tico de los anarquistas del frente de Arag贸n conjuntamente con la historia de sus luchas y conquistas, era necesario para perderlos en el olvido de una vor谩gine conspirativa y especulativa.

A Durruti se lo quiso hacer pasar como a un claudicante funcionario anarquista al servicio del Estado y la militarizaci贸n. Se lo compar贸 con patriotas nacionalistas, se alter贸 sus discursos y se puso palabras en su boca que nunca hab铆a dicho. Se busc贸 hacer del l铆der anarquista un colaborador funcional al poder de la contrarrevoluci贸n. Especuladores pol铆ticos y oportunistas trataron de usar su figura para ganar apoyo popular. “Renunciamos a todo menos a la victoria麓麓 fue una de las frases que se le adjudic贸, diciendo que el l铆der libertario se constitu铆a en un resignado m谩s y un colaboracionista con la burgues铆a. Desde la CNT se lo denomin贸 como “El Espa帽ol麓麓, “un t铆pico espec铆fico de 铆bero麓麓, “genio de la raza麓麓, “guerrillero de la independencia麓麓, toda una serie de calificativos y sobrenombres que carec铆an de toda seriedad respecto a qui茅n fue y qu茅 pretend铆a Durruti. Hab铆a dejado de ser el portavoz de la clase obrera y el campesinado anarquista, para ser transformado en un nacionalista espa帽ol.

Finalmente, la militarizaci贸n logr贸 ser impuesta a los milicianos, muchos cedieron ante las exigencias de las autoridades y finalmente se integraron, no sin antes presentar resistencia. Pero desde la desaparici贸n f铆sica de Durruti y su posterior manipulaci贸n ideol贸gica, las bases proletarias y campesinas comenzaron a ceder sin freno a las autoridades republicanas. Muchos milicianos de la Columna Durruti, desmoralizados abandonaban el frente. Ya no exist铆a manera de lograr avances reales sobre los militares y muchos cre铆an importante regresar a la retaguardia para influenciar en la direcci贸n que la CNT se estaba encaminando. 

Agrupaci贸n los Amigos de Durruti, evoluci贸n intelectual y program谩tica de anarquismo espa帽ol

Tras la prematura muerte de Durruti y la avanzada contrarrevolucionaria desde el interior de la rep煤blica, en marzo de 1937, en el territorio de Gelsa centenares de milicianos abandonaron el frente para volver a la retaguardia. Se llevaron consigo las armas y el disgusto de ver el mal rumbo que tomaba la guerra y la Revoluci贸n.

Ya en Barcelona los milicianos vueltos del frente se unieron a varios anarquistas opuestos a la direcci贸n colaboracionista. Crearon as铆 la Agrupaci贸n los Amigos de Durruti. Diferentes a las Juventudes Libertarias o a la Federaci贸n Anarquista Ib茅rica, se constituyeron en una agrupaci贸n interior del sindicalismo anarquista. Era necesario pertenecer a la CNT para formar parte de la Agrupaci贸n. Pretend铆an encausar a la CNT hacia el camino revolucionario, abandonando la colaboraci贸n de clases y la subordinaci贸n popular al Estado. Crecieron r谩pidamente llegando a tener cinco mil afiliados hacia mayo de 1937. Durante el corto tiempo de existencia, los Amigos de Durruti desarrollaron una intensa labor propagand铆stica. M铆tines, publicaciones period铆sticas activas y cr铆ticas, reparto de octavillas y manifiestos, adem谩s de boicotear a Federica Montseny durante un acto propagand铆stico donde pretend铆a ser oradora.

Eran m谩s que un grupo de afinidad por la cantidad de afiliados, como tambi茅n por sus objetivos ideol贸gicos y organizativos. Pretend铆an una vuelta a los or铆genes ortodoxos de un anarquismo m谩s intransigente e insurreccionalista y nuclearon dentro de la Agrupaci贸n a varios militantes de la FAI descontentos. Sus dos dirigentes m谩s notorios fueron Jaime Balius y Pablo Ruiz.

Hicieron p煤blico el programa que impulsaban hacia abril de 1937. All铆 planteaban revertir la pol铆tica claudicante, colaboracionista y contrarrevolucionaria que desarrollaba la CNT. En el manifiesto que esbozaban a las masas proletarias propon铆an las siguientes medidas:

– La construcci贸n de una Junta Revolucionaria integrada por obreros, campesinos y combatientes.

– Una econom铆a controlada por los sindicatos fuera de la intromisi贸n estatal.

– Lucha sin posibilidades de armisticio o rendici贸n al enemigo militar y fascista.

– Construir un Ej茅rcito Revolucionario diferente al del aparato republicano.

– Liquidar a los enemigos de la Revoluci贸n.

– Establecer una justicia revolucionaria en manos proletaria.

Adem谩s de que exig铆an la liberaci贸n de militantes anarquistas encarcelados por el Estado republicano.

En tales exigencias, sobresale la necesidad de competir con el Estado republicano en la constituci贸n de un poder obrero ajeno a los intereses de la Generalidad y la burgues铆a. Y con tales expectativas, es entendible que la direcci贸n burocr谩tica de la CNT los haya criticado de marxistas. Pero creer que los Amigos de Durruti eran una consecuencia del entrismo trotskista es desacertado, ya que fue desde las filas del POUM quienes vieron en ellos la posibilidad de una continuidad revolucionaria, y no al rev茅s.

Al respecto Andr茅 Nin del POUM escrib铆a:

…Los militantes de la CNT y de la FAI se dan cuenta de que la tit谩nica lucha que se est谩 desarrollando actualmente en Espa帽a exige rectificaciones importantes; pero no se atreven a llevarlas hasta sus 煤ltimas consecuencias. La rectificaci贸n de su inveterado apoliticismo les ha llevado a la participaci贸n en los organismos gubernamentales, es decir, a la colaboraci贸n con los partidos burgueses. Si llegasen, con nosotros, a la conclusi贸n de que la 煤nica salida de la situaci贸n es un gobierno obrero y campesino, la revoluci贸n estar铆a salvada. (鈥) El objetivo, por otra parte, es relativamente f谩cil de lograr. La clase trabajadora no est谩 todav铆a desarmada. Conserva posiciones estrat茅gicas importantes. Su peso espec铆fico es enorme. Nada se puede hacer sin ella. Y, SI QUIERE, nada podr谩 hacerse contra ella. Aunque no tan favorable, como en los primeros meses de la revoluci贸n, la correlaci贸n de fuerzas es tal que el proletariado, en las circunstancias actuales, puede hacerse con el poder sin recurrir a la insurrecci贸n armada. Basta con que ponga en juego toda su fuerza organizada con la decisi贸n inquebrantable de llevar la revoluci贸n hasta las 煤ltimas consecuencias…[23]

Los “incontrolados麓麓 se plantearon al igual que el POUM presionar a la dirigencia del anarquismo sindicalista y a las masas trabajadoras para tomar las riendas del proceso revolucionario.

Es en las “jornadas de mayo de 1937麓麓 cuando en Barcelona se desatan las tensiones que se ven铆an acumulando entre las diferentes fuerzas pol铆ticas que se disputaban el control de la regi贸n. El 3 de mayo el gobierno intenta recuperar el control de la Telef贸nica enviando guardias de asalto lideradas por funcionarios estalinistas. Siendo uno de los bastiones anarquistas, el control de las comunicaciones telef贸nicas, conjuntamente con la vigilancia de las fronteras y las patrullas de control, fue 茅ste el objetivo a demoler desde el poder estatal. Pero la respuesta de las bases proletarias no se hizo esperar. Al momento de abordar el edificio que permanec铆a incautado por la CNT, los elementos estatales fueron recibidos por los disparos de las ametralladoras libertarias dentro del lugar. Es desde ese momento que se sucedieron varios d铆as de enfrentamientos callejeros en donde se elevaron barricadas, muriendo muchos comunistas y anarquistas en los enfrentamientos entre ellos.

Manuel Escorza fue uno de los impulsores de esas jornadas de autodefensa libertaria. Como ya se ha explicado, uno de los bastiones anarquistas era el control de las comunicaciones, que respond铆an al servicio de inteligencia de la CNT en manos de la direcci贸n del ya nombrado militante libertario. Guillam贸n nos explica que desde la independencia con la que contaba la inteligencia anarquista se realizaron diversos actos represivos, no s贸lo a las filas fascistas y la oposici贸n pol铆tica, sino tambi茅n sobre el mismo movimiento anarquista que no respond铆a a las 贸rdenes de la CNT. Siendo una suerte de militante ejecutor al servicio del sindicalismo anarquista, en las jornadas de mayo. Escorza percibi贸 la actitud del Gobierno catal谩n que desde la Generalidad consideraba que ya pod铆an prescindir de la CNT rompiendo la alianza de clases, terminando con la pol铆tica de pactos con el anarquismo. Escorza respondi贸 ante el intento de tomar la telef贸nica sacando a los militantes bajo su 贸rbita de acci贸n a las calles. Los dirigentes cenetistas consideraron tal movimiento como imprudente, por lo que luego de algunos d铆as de enfrentamiento callejero, solicitaban a los revoltosos a abandonar las armas y volver al trabajo. La burocracia de la CNT no consideraba que romper la alianza con la burgues铆a republicana fuese necesario en ese momento. Adem谩s, la dirigencia anarquista estaba en pleno cortejo con el comunismo sovi茅tico, por lo que se deb铆a mostrar a los militantes anarquistas, d贸ciles a las direcciones centrales y favorables a entablar lazos con el estalinismo.

En tal situaci贸n, la Agrupaci贸n los amigos de Durruti ejerci贸 una labor de agitaci贸n activa en las barricadas barcelonesas. Incit贸 a la militancia anarquista a tomar el control de la situaci贸n revolucionaria, renegando de una direcci贸n burocr谩tica a la que calificaba de traidora. Se puede afirmar que Los Amigos de Durruti fueron el grupo revolucionario con el plan de acci贸n m谩s l煤cido y claro, respecto a la ruptura con el orden republicano y burgu茅s. Mientras la CNT sacaba sus militantes a las calles, pero luego los enviaba de vuelta a sus casas, los Amigos de Durruti planteaban su programa como una alternativa viable. Editaron El Amigo del Pueblo, publicaci贸n que al entrar a la ilegalidad se les permiti贸 seguir siendo editado en las imprentas del POUM.

Ante la persecuci贸n pol铆tica y las falsas acusaciones que el POUM empez贸 a recibir desde los sectores comunistas del gobierno, la Agrupaci贸n se solidariz贸 con ellos. Igualmente que Durruti, la Agrupaci贸n carec铆a de militantes intelectuales org谩nicos, eran m谩s bien hombres de acci贸n. Tampoco se planteaban sustituir a la direcci贸n cenetista, ya que no contaban con el prestigio y la antig眉edad en la direcci贸n de las masas proletarias y campesinas. M谩s bien trataron de generar una influencia en las bases militantes, que la circunstancia hist贸rica no les permiti贸 profundizar.

Despu茅s de las jornadas de mayo, las 煤nicas barricadas que quedaron en pie en Barcelona fueron las del PSUC, como demostraci贸n de victoria sobre una claudicante direcci贸n anarquista. Seguidamente se inici贸 la persecuci贸n pol铆tica al POUM acus谩ndolos de responsables por las jornadas de enfrentamiento callejero.

Definitivamente el impulso revolucionario estaba acabado tras la derrota proletaria de mayo. Los dirigentes anarquistas perdieron toda influencia sobre sus elementos m谩s radicales, como el prestigio que hab铆an acumulado con a帽os de militancia. La pasividad durante todo el proceso atravesado hasta ese momento, no s贸lo claudic贸 la revoluci贸n, sino que a la posteridad hizo que se asocie a los anarquistas con el orden republicano. 

La militarizaci贸n terminar铆a imponi茅ndose a todos los camaradas revolucionarios, que bajo la direcci贸n centralizada de los mandos comunistas sovi茅ticos no lograr铆an vencer a los militares sublevados aliados a los fascistas alemanes e italianos. Se repitieron escenas heroicas en el desbande y huida de los revolucionarios y revolucionarias, como adem谩s varios elementos revoltosos se negaron a aceptar la derrota volc谩ndose a la guerrilla urbana en la clandestinidad.

Lo cierto es que todo el poder proletario hacia mayo de 1937 se hab铆a disuelto en favor del Estado que se hab铆a recuperado en su labor represiva garante del orden burgu茅s. La revoluci贸n que se hab铆a iniciado desde las bases del pueblo trabajador hab铆a encontrado sus l铆mites no s贸lo en la coyuntura internacional, sino que adem谩s chocaron con la poca confianza de llevarla adelante desde los mismos dirigentes anarquistas que se fueron transformando en colaboradores con el orden que durante a帽os pretendieron derrocar.

As铆, ya hacia el final de la guerra en 1939 podemos ver c贸mo el papel del anarquismo espa帽ol hab铆a perdido su potencial revolucionario. Sin dudas uno de los golpes m谩s duros para el anarquismo sindicalista. La colaboraci贸n con las autoridades de la rep煤blica no fue en absoluto beneficiosa para los libertarios.  As铆 reflexion贸 Diego Abad de Santill谩n en 驴Por qu茅 Perdimos la Guerra?:

鈥淣o se nos acusar谩 de haber perturbado los planes del Gobierno republicano- comunista, pero se nos puede acusar de no haberlos perturbado, y ante el porvenir esta acusaci贸n pesar谩 mucho m谩s鈥. [24]

Conclusiones:

 Como ya lo hemos explicado, las expectativas de los trabajadores, en la reforma social no lograron ser resueltas por el gobierno republicano, ya que las fuerzas del orden tradicional y burgu茅s se negaban a ceder beneficios para el proletariado. Esta situaci贸n fue profundizando no solo los antagonismos entre clases, sino hacia dentro de ellas, decantando en diferentes proyectos pol铆ticos que se enfrentar铆an durante el proceso estudiado.   驴Qu茅 pretend铆an lograr los revolucionarios?  Los libertarios espa帽oles y muchos que con ellos se congregaron a combatir el fascismo, lejos de ser unos colaboradores con el orden burgu茅s, eran unos claros detractores y subversivos del status quo republicano. En la pr谩ctica llevaron adelante el ejercicio de la socializaci贸n de la econom铆a en Catalu帽a, como adem谩s impulsaron las colectivizaciones campesinas en Arag贸n. Si bien el anarquismo cenetista no contaba con peso en todos los pueblos y ciudades, ejerci贸 la suficiente presi贸n como para que el gobierno burgu茅s se viera forzado a establecer pactos y alianzas con ellos. Queda demostrado que sin la fuerza del proletariado barcelon茅s el alzamiento militar hubiese ganado r谩pidamente. Franco consideraba que tal movimiento s贸lo ser铆a un paseo militar por Espa帽a, la realidad demostr贸 que por la fuerza de la clase trabajadora, la conquista del territorio se extendi贸 durante tres a帽os de guerra y varios de resistencia guerrillera.

Guillam贸n nos plantea que la vieja discusi贸n entre marxistas y anarquistas queda sellada, en favor del autoritarismo, ya que con esta experiencia queda demostrado que las revoluciones son totalitarias o son derrotadas. A tal reflexi贸n se le puede agregar que efectivamente era necesaria la imposici贸n por la fuerza de los objetivos del conjunto del proletariado para continuar efectivamente por el camino de la Revoluci贸n Social, pero en ning煤n momento los anarquistas intentaron imponer un orden pol铆tico que acompa帽ara las medidas econ贸micas y sociales que tomaron.

Vale la pena recordar que el anarquismo no es una doctrina acabada y finalizada, sino que se nutre de absolutamente todas las contribuciones del campo socialista del que forma parte. Pensar que los anarquistas dejan de ser anarquistas porque utilizan categor铆as de an谩lisis marxistas, es simplificar la discusi贸n tendenciosamente. Pero no se puede negar que la Agrupaci贸n los Amigos de Durruti dio un paso necesario en la praxis del movimiento anarquista. Aqu铆 las tensiones en la teor铆a anti estatal o “anti poder麓麓, se encuentran con la necesidad de establecer alg煤n tipo de autoridad que organice las fuerzas populares. Los anarquistas dirigentes de la CNT, a pesar de contar con un capital simb贸lico e intelectual que les daba un importante prestigio frente a sus militantes de base, carecieron de la capacidad suficiente como para romper con el orden burgu茅s y republicano. Es decir que no supieron llevar adelante sus postulados finalistas, cayendo en una alianza de clases antifascista.

La tensi贸n entre anarquistas y comunistas siempre estuvo presente, actos de violencia entre la clase obrera no faltaron (asesinatos y venganzas pol铆ticas). Ya en las jornadas de mayo, podemos ver abiertamente el enfrentamiento entre los proletarios libertarios y los partidos republicanos bajo la 贸rbita de influencia sovi茅tica. La disciplina estalinista brindaba mayores seguridades de orden y respeto a la propiedad privada que la fuerza de los trabajadores nucleados en la CNT. As铆 claramente se puede observar c贸mo el triunfo del orden Estatal represent贸 la lapidaci贸n de las posibilidades revolucionarias.

Los h茅roes de las jornadas de julio que en un principio se constituyeron en las voces de la insurrecci贸n y el pueblo en armas, con el paso de los meses, al carecer de un programa de acci贸n claro se hicieron colaboradores del orden burgu茅s.

La posibilidad de apartarse de la polarizaci贸n e idealizaci贸n entre buenos y malos, para intentar abarcar la mayor complejidad de los hechos y determinar las responsabilidades de cada fuerza pol铆tica, nos har谩 ver la realidad con una mayor riqueza de recursos. No s贸lo fue un conflicto entre fascistas y republicanos, como tampoco fue solo una guerra civil entre espa帽oles, ya que la intervenci贸n extranjera estuvo presente y jugo un importante papel. La voz de los proletarios y proletarias, campesinos y campesinas que quer铆an cambiar el mundo clama por no ser olvidada. Con estas l铆neas tratamos de hacerles un poco de justicia y traerlos a nuestra historia contempor谩nea, recuper谩ndolos del olvido y del ninguneo.   

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[1] Agust铆n Guillam贸n. Barcelona, mayo de 1937. P 15.

[2] En relaci贸n al 鈥淢anifiesto de los treinta鈥 que presentaron a la CNT en 1931.

[3] 脕ngel Herrer铆n L贸pez El insurreccionalismo anarquista durante la II Rep煤blica

[4] 脕ngel Herrer铆n L贸pez El insurreccionalismo anarquista durante la II Rep煤blica.

[5] 脕ngel Herrer铆n L贸pez El insurreccionalismo anarquista durante la II Rep煤blica

[6] 脕ngel Herrer铆n L贸pez El insurreccionalismo anarquista durante la II Rep煤blica

[7] Agust铆n, Guillam贸n. Barricadas en Barcelona. P 41.

[8] Agust铆n, Guillam贸n. Barricadas en Barcelona. P 42.

[9] Presidente de la Generalidad de Catalu帽a (integrante de Ezquerra Republicana).

[10] Agust铆n, Guillam贸n. Barricadas en Barcelona. P 48.

[11]

[12] Agust铆n, Guillam贸n. Barricadas en Barcelona. P 73.

[13] Partido Obrero de Unificaci贸n Marxista.

[14] Partido Socialista Unificado de Catalu帽a (Uni贸n de comunista y socialistas)

[15] Ezquerra Republicana de Catalunya

[16] Amor贸s, Miquel. Durruti en el laberinto. P 67.

[17] Amor贸s, Miquel. Durruti en el laberinto. P 105.

[18] Amor贸s, Miquel. Durruti en el laberinto. P 106.

[19] Amor贸s, Miquel. Durruti en el laberinto. P 111.

[20] Amor贸s, Miquel. Durruti en el laberinto. P 114.

[21] Amor贸s, Miquel. Durruti en el laberinto. P 127

[22] Agust铆n, Guillam贸n. Barricadas en Barcelona. P 118.

[23] Andr茅 Nin. La Batalla. 14 de marzo de 1937.

[24] Diego Abad de Santill谩n. 驴Por qu茅 perdimos la guerra? Cap铆tulo X




Fuente: Alasbarricadas.org