November 13, 2020
De parte de Paco Salud
273 puntos de vista


EL ANARQUISTA ESPA√ĎOL QUE ROBO EL PRIMER BANCO EN CHILE

Santiago, jueves 16 de julio de 1925. En calle San Diego,
oficina del Banco de Chile barrio Matadero, los empleados se disponen a
almorzar. De improviso, cinco sujetos armados penetran violentamente en la
sucursal. Uno de ellos, cubierto por un antifaz de cuero y portando un revólver
en cada mano, advierte con marcado acento espa√Īol ‚Äú¬°Manos arriba! ¬°Esto es un
asalto!‚ÄĚ. Los empleados, estupefactos, lo toman a broma. Rompiendo la sonriente
expectación, el enmascarado salta la reja de bronce que separa las cajas del
p√ļblico y amenaza al cajero para que entregue la plata.

Recogido el botín, la banda corre a un taxi que espera a las
puertas del banco. Sacudidos por el timbre de la alarma, varios empleados se
precipitan a la calle pidiendo auxilio. En la excitación del momento el cajero
Alfredo Mu√Īoz se lanza, impulsivo, a la parte trasera del taxi, sujet√°ndose de
la rueda de repuesto. Otro audaz, su colega Manuel Moya Concha, agarra vuelo y
se afirma a su lado. Así parten, a toda velocidad, por calle San Diego al
norte. Los forajidos se percatan de la presencia de los imprevistos ocupantes y
abriendo sendos forados en el techo de lona, asoman sus armas y disparan. El
cajero Mu√Īoz es alcanzado en la cabeza y rueda por el suelo. Moya Concha
también cae y queda levemente herido.

Al día siguiente, viernes 17 de julio de 1925, la prensa
estalla en titulares de primera plana informando del audaz asalto bancario. El
motivo de tanta resonancia es que constituye el primero ocurrido en la historia
de Chile. Los periódicos reproducen los testimonios de empleados y testigos,
especulan sobre la identidad de los asaltantes y se lanzan a investigar el
caso. En vista de la falta de noticias sobre la identidad de los hechores, los
periodistas locales los bautizan como ‚ÄúLos Apaches‚ÄĚ. Este apodo tribal proviene
del nombre de una banda de asaltantes que oper√≥ en Francia unos a√Īos atr√°s y
que, tal como los atracadores de la sucursal Matadero, utilizaban armas de
fuego, vehículos motorizados y mostraban una especial predilección por los
bancos. Chile ha entrado en la m√°s moderna criminalidad.

Solo unos pocos iniciados conocen la verdadera identidad de
los asaltantes. El 9 de junio hab√≠a arribado a Valpara√≠so en el vapor ‚ÄúOriana‚ÄĚ
procedente de La Habana, un grupo de cuatro anarquistas espa√Īoles conocidos
como ‚ÄúLos Solidarios‚ÄĚ: Buenaventura Durruti, Gregorio Jover y los hermanos Francisco
y Alejandro Ascaso. Fogueados militantes de la acción directa, habían huido a
Francia tras una fracasada intentona revolucionaria que pretendió derribar a la
dictadura fascista de Primo de Ribera. Acosados por la policía francesa y sin
recursos para continuar la lucha revolucionaria, decidieron trasladarse a
América, tierra de promisión, con el objeto de eludir la persecución policial y
recaudar fondos para la causa anarquista. Su periplo, iniciado en Le Havre y
tras breve escala en Nueva York, incluy√≥ sensacionales ‚Äúexpropiaciones‚ÄĚ de
bancos y casas comerciales en Cuba y México. Una vez en Chile, se reunieron con
Gregorio Mart√≠nez ‚ÄúEl Toto‚ÄĚ, un viejo camarada que los habr√≠a contactado con
grupos anarquistas locales.

El militante anarquista chileno Félix López relata como se
present√≥ en su casa, tarde en la noche, su compa√Īero de la agrupaci√≥n
anarcosindicalista ‚ÄúLuz y Acci√≥n‚ÄĚ Pedro Nolasco Arratia, para llevarlo
rápidamente y con el mayor sigilo a la sede de la agrupación anarquista
internacional IWW (Industrial Workers of the World) en Avenida Matta.

Ah√≠ estaban los cinco anarquistas espa√Īoles. De fuerte
acento castizo, dos de ellos hablaron. Uno peque√Īo, delgado, muy serio y muy
nervioso. El otro alto, fornido, amistoso y apasionado, lleno de carisma. El
primero era Francisco Ascaso, el segundo Buenaventura Durruti. √Čste les dijo
“Ustedes están necesitados de fondos económicos. Nosotros vamos a
consegu√≠rselos‚ÄĚ. Los anarquistas chilenos ya ten√≠an noticias de Durruti y sus
compa√Īeros. Conoc√≠an su fama de audaces revolucionarios fogueados en la acci√≥n
directa. Pero los libertarios criollos nunca habían llegado tan lejos. Poseían
una larga experiencia en propaganda política, organización sindical,
manifestaciones y asonadas callejeras, pero jamás habían perpetrado asaltos y
atentados. No es difícil imaginar la compleja mezcla de inquietud y admiración
que embargó a los camaradas chilenos con el arribo del legendario grupo.
Conjurando sus aprehensiones, los espa√Īoles aclararon que a cambio de su ayuda
no les pedirían auxilio en hombres, tan solo requerían un mínimo de información
muy precisa para planificar las recuperaciones.

Pocos días después, una tranquila y reposada tarde de
domingo invernal, cuando los capitalinos se entregan a la sobremesa y a la siesta,
tres altos empleados del Club Hípico conducen por calle 21 de Mayo los
cuantiosos valores de las entradas de las carreras del fin de semana. Estando a
las puertas de la secretar√≠a de la administraci√≥n, emerge de s√ļbito un grupo de
individuos que los amenazan apuntándoles con sendos revólveres. Los empleados
vislumbran a dos de los asaltantes. Uno, de recia estatura; el otro bajo,
cubierto con una bufanda gris y que los apremia a entregar el dinero con un
marcado acento extranjero. Es tan insólita la escena, tan como de broma o
comedia, que los empleados, tras salir del estupor inicial y sin medir el
peligro, extraen sus armas y repelen el asalto a balazos. El pl√°cido domingo se
convierte en un infierno de plomo. Los asaltantes, al verse rechazados, huyen
en un autom√≥vil que los aguardaba y que, seg√ļn los testigos, es muy similar al
taxi del asalto al banco de Chile.

Las similitudes entre ambos atracos confirma las sospechas
policiales de hallarse ante una banda de criminales profesionales, altamente
peligrosos. La filiaci√≥n a√ļn es desconocida y el modus operandi ‚Äď uso de armas
de fuego, automóviles y elementos de enmascaramiento- enteramente novedoso.
Estos antecedentes orientan las pesquisas hacia la b√ļsqueda de una banda
internacional. Se teme la infiltración a través de la cordillera de elementos
anarquistas, disolventes y maximalistas apresados en la Argentina por numerosos
crímenes.

Las pesquisas se han concentrado en el barrio Avenida Matta,
escenario del atraco y lugar que concentra una importante población de
individuos de filiación anarquista. La Sección de Seguridad ha infiltrado sus
lugares de reunión y ha activado a soplones, informantes y agentes de
incógnito. La prensa informa que la policía ya les pisa los talones y que han
allanado una pensión que los Apaches acababan de desocupar.

Sin embargo, estas informaciones no pasaban de ser meras
especulaciones. Durruti y sus hombres poseían larga experiencia en evasiones y
clandestinidad. Conocedores del ciego clasismo de las fuerzas de la ley, confundían
a sus perseguidores asumiendo el papel de elegantes burgueses, aloj√°ndose en
los mejores hoteles y dándose la gran vida. Por eso, para una nueva reunión
entre los espa√Īoles y sus ayudistas locales con el objeto de entregarles una
parte del botín, los chilenos les llamaron la atención por sus atuendos de
finos caballeros. Durruti explicó que tanta elegancia se debía a que querían
pasar inadvertidos. Sus anfitriones no pudieron reprimir la risa; su acento era
tan marcado que los delataba de inmediato. Durruti respondió riendo que si les
revelaban cualquier otra cosa, probablemente ellos andarían por ahí con una
cara de asombro a√ļn m√°s sospechosa. No hubo m√°s preguntas ni se dieron m√°s
explicaciones.

A la noche siguiente, viernes 17 de julio, seg√ļn declaraciones
del se√Īor Alfonso Infante, cajero de Ferrocarriles del Estado y quien ten√≠a a
cargo la caja de remesas de la Estación Alameda, cuando se dirigía a su casa en
el sector de Providencia y estando a mitad de la cuadra entre Seminario y Las
Quintas, le salieron al paso tres individuos ‚Äúdecentemente vestidos‚ÄĚ, quienes
de improviso lo tomaron violentamente de los brazos y lo redujeron utilizando,
seg√ļn dijo ‚Äúh√°biles llaves de jiu jitsu‚ÄĚ. Para su mayor sorpresa, los
asaltantes no le extrajeron dinero ni documentos. El motivo del extra√Īo asalto
se develó cuando el sujeto que lo revisaba exclamó con acento extranjero “No
lleva las llaves‚ÄĚ. El objetivo de los hampones era, seguramente, atracar la
caja de los ferrocarriles de la Estación Central.

Advertida la policía, redobló las guardias de los
ferrocarriles y lanzó a sus sabuesos en busca de los escurridizos Apaches.

La audacia y la impunidad con que cometían sus asaltos, esa
rara capacidad de atacar y desaparecer a un ritmo vertiginoso, omnipresente,
como si fueran una legión de espectros, arrastró a la capital en una oleada de
psicosis colectiva. Se les creyó ver en todas partes. Los confundieron con
comerciantes espa√Īoles, con elegantes clientes extranjeros o con boxeadores
retirados; se les supuso argentinos o cubanos. Un experto en criminología acusó
a un ex presidiario de apellido Madriaza, quien coincidiría en sus rasgos
fisiológicos, sociológicos y frenológicos con el líder de Los Apaches. Agregó
el criminalista que los audaces asaltos eran producto de delincuentes chilenos,
declar√°ndose orgulloso de la industria criminal nacional profesionalizada y un
decidido proteccionista de ésta.

Entre fines de julio y principios de agosto, mientras la
polic√≠a chilena se agotaba en est√©riles pesquisas, Durruti y sus compa√Īeros ya
habían abandonado el país. El Toto se escabulló por Valparaíso llevándose 47
mil pesos del atraco. Durruti, Jover y los hermanos Ascaso cruzaron a Argentina
portando pasaportes falsos. Allí perpetraron nuevos y espectaculares asaltos.
Finalmente, al verse acosados por los gendarmes, se escurrieron a Montevideo
donde, en el papel de millonarios, disimularon el trato simple y campechano de
Durruti haciéndolo pasar por exitoso futbolista. Ya en Francia, utilizaron el
dinero del robo al Banco de Chile en un atentado contra el Rey Alfonso XIII de
Espa√Īa, quien visitaba Francia. Capturados por los franceses y pedidos en
extradición por los argentinos, recién entonces las autoridades chilenas
conocieron la identidad de los escurridizos Apaches.

Durruti y sus camaradas seguirían en la lucha revolucionaria
por largo tiempo. Estallada la guerra civil espa√Īola, Durruti fue comandante de
una célebre columna anarquista con la cual llegó al rescate de Madrid cuando la
capital se hallaba amenazada por los franquistas. Durante el sitio, Durruti fue
muerto por una bala misteriosa. Elevado a la categoría de héroe popular, sus
funerales fueron seguidos por una muchedumbre gigantesca. Fue tanta la gente
que quiso despedirlo, que el féretro no pudo llegar hasta el cementerio y el
entierro debió prolongarse hasta el día siguiente. Por toda herencia, se le
encontraron las siguientes posesiones: una muda de ropa interior, dos pistolas,
unos prism√°ticos y unos lentes de sol.

Fuente: http://www.theclinic.cl/2014/06/05/el-anarquista-espanol-que-robo-el-primer-banco-en-chile/




Fuente: Pacosalud.blogspot.com