January 2, 2021
De parte de CGT-LKN Euskal Herria
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Por JUAN TORRES L脫PEZ

Aunque 2020 ha sido un a帽o aciago parece que termina con esperanza gracias a la distribuci贸n de las vacunas contra la Covid-19. La rapidez con la que se est谩n consiguiendo es extraordinaria, a la altura de lo inusual que est谩n siendo esta pandemia y sus efectos econ贸micos. Hemos de felicitarnos, pero no podemos olvidar, como se帽alan algunos informes, que los pa铆ses m谩s pobres solo podr谩n disponer de alguna vacuna, con suerte, a partir de 2022. Y no s贸lo eso. Es muy ingenuo creer que con ella se resuelven todos los problemas que genera la pandemia, que las econom铆as se van a recuperar r谩pidamente y que entraremos enseguida en una nueva etapa de prosperidad.

Si bien es cierto que la mayor铆a de los Gobiernos han realizado un esfuerzo 铆mprobo para combatir los efectos del coronavirus no lo es menos que se han dejado sin resolver, e incluso sin plantear, algunos problemas que pueden terminar por ser incluso m谩s letales que las propias pandemias para el futuro del planeta.

Quiz谩 no est茅 de m谩s, ahora que se hace balance y se tienen buenas intenciones, volver a poner los m谩s importantes sobre la mesa.

A pesar del golpetazo en la cara que ha supuesto la pandemia, no parece que hayamos aprendido que no se puede jugar con la naturaleza, que 茅sta no es nuestra y que, aunque lo fuera, no podemos alterar sus leyes y procesos. La salvaguarda de la vida en el planeta y de los equilibrios medioambientales que la hacen posible deber铆a ser un principio esencial que impidiera que se supedite a los intereses comerciales, pero seguimos sin actuar as铆. La reciente apertura de mercados de futuros del agua es una buena prueba de que la humanidad no se ha dado cuenta todav铆a de que los recursos naturales no son mercanc铆as sino comunes cuyo uso no puede estar regulado por los mercados.

No parece que hayamos aprendido que la econom铆a y la vida social no pueden guiarse tan s贸lo por la satisfacci贸n de los intereses particulares de los grupos de poblaci贸n m谩s poderosos, y que es imprescindible que se dediquen recursos suficientes para que se pueda garantizar la provisi贸n de bienes p煤blicos esenciales como la investigaci贸n, la sanidad, el cuidado o la seguridad. Que una pandemia ampliamente anunciada haya impactado en todos los pa铆ses con tanta improvisaci贸n y en medio de carencias fundamentales es una prueba evidente de que las prioridades de atenci贸n e inversi贸n en nuestro mundo est谩n colocadas completamente al rev茅s.

No queremos aprender que la desigualdad es un peligro letal que produce crisis econ贸micas recurrentes, adem谩s de creciente insatisfacci贸n. 驴C贸mo se puede justificar que la ayuda que han recibido todas las familias estadounidenses por la crisis de la Covid-19 (465.000 millones de d贸lares) sea pr谩cticamente la misma que el incremento de patrimonio de las 16 personas m谩s ricas de aquel pa铆s (471.000 millones).

Tampoco parece que queramos aprender que es completamente insostenible que el motor que empuja a las econom铆as sea el negocio de la banca, es decir, la deuda. Es una barbaridad que, incluso en momentos de emergencia como los que vivimos, no se est茅 siendo capaz de poner en marcha mecanismos de respuesta y financiaci贸n que no supongan su incremento, en beneficio exclusivo del negocio bancario. Una lecci贸n b谩sica que no hemos aprendido y cuyo desconocimiento lo vamos a pagar bien caro cuando, al salir de esta crisis de la Covid-19, entremos en otra provocada por el desbordamiento de la deuda gubernamental y privada.

No aprendemos tampoco que las finanzas deben ser un instrumento al servicio de las empresas y los hogares, de la actividad productiva y del consumo, y no un fin en s铆 mismo que lo 煤nico que consigue es que el 1% m谩s rico de la poblaci贸n ponga ceros sin parar en sus cuentas bancarias. El haber aprovechado la pandemia para seguir capitalizando artificialmente a las bolsas, permitiendo que los grandes fondos de inversi贸n y las grandes empresas obtengan beneficios descomunales con el dinero p煤blico y manipulando sus activos con el 煤nico fin de ganar dinero especulando con ellos, es tambi茅n una prueba palpable de la irracionalidad con la que funciona la econom铆a mundial.

No hemos entendido que los problemas globales necesitan soluciones globales coordinadas y que, cuando la vida y el patrimonio de las personas est谩n en peligro por emergencia como las que estamos viviendo, es imprescindible la cooperaci贸n y la ayuda mutua, la solidaridad y el esfuerzo en com煤n. La competencia entre los gobiernos a la hora de disponer de recursos sanitarios b谩sicos, la negativa de algunos de ellos a vender mascarillas o respiradores cuando otros pa铆ses los necesitaban, el ego铆smo de los pa铆ses ricos a la hora de planificar la distribuci贸n de la vacuna y el desconcierto o la simple ausencia de gobernanza global, en medio de una pandemia de consecuencias tan dram谩ticas, muestra que nuestro planeta est谩 realmente a la deriva.

La pandemia nos ha mostrado, sin que tampoco parezca que lo hayamos entendido, que no se puede dejar al albur de l贸gicas mercantiles globales la disposici贸n de recursos esenciales b谩sicos, sanitarios, tecnol贸gicos, alimenticios, o incluso culturales que se pueden obtener con m谩s eficiencia, menos coste energ茅tico y mayor seguridad en la econom铆a de proximidad, en el interior de las naciones.

Seguimos sin entender y aceptar que la democracia no es tal cuando se queda a las puertas de las cuestiones econ贸micas, que sin democracia econ贸mica no hay democracia efectiva ni real.

Que la pandemia haya sido el caldo de cultivo para violar derechos humanos, para fortalecer el poder de los grande grupos medi谩ticos, o el de la proliferaci贸n de la mentira y la desinformaci贸n estrat茅gicamente difundidas, muestra tambi茅n que no hemos querido entender que la libertad en la que supuestamente est谩n instaladas las sociedades m谩s avanzadas del planeta es una falacia porque no est谩 garantizada la rendici贸n de cuentas, la pluralidad en la emisi贸n de la informaci贸n, la retroactividad y la comunicaci贸n aut茅ntica que es algo muy distinto a la difusi贸n de mensajes en un solo sentido, como ocurre bajo el imperio actual de los grandes conglomerados informativos al servicio de los grandes grupos de poder econ贸mico y financiero.

Hemos de tener esperanza y confiar en que las cosas vayan a mejor en 2021 pero, si seguimos sin abordar los grandes retos estructurales de nuestro tiempo, el mundo va a tener, en un futuro muy pr贸ximo, problemas a煤n m谩s graves que los que hemos vivido el ya pasado a帽o.

https://blogs.publico.es/juantorres/2021/01/01/el-ano-en-el-que-no-aprendimos-lo-que-debimos-haber-aprendido-hace-tiempo/

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Fuente: Cgt-lkn.org