October 15, 2021
De parte de ANRed
219 puntos de vista


La interpretaci贸n meramente geopol铆tica de los conflictos en la regi贸n resalta el choque entre un bloque agresivo unipolar y otro defensivo multipolar. Remarca la prioridad de confrontar con el enemigo principal, pero razona con criterios conspirativos y no toma en cuenta el protagonismo popular. Por el contrario, la mirada neutralista desconoce la incidencia de las confrontaciones globales sobre las relaciones de fuerza y las consiguientes luchas de los pueblos. Lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial brinda par谩metros para posicionarse en Medio Oriente y el balance de la URSS en Afganist谩n define criterios antiimperialistas. El apoyo norteamericano a los kurdos no aporta en cambio reglas generales. Libia demuestra cu谩n err贸neo es confundir levantamientos con las acciones de la OTAN y Siria ense帽a a distinguir rebeliones genuinas y usurpadas. Hay que batallar contra el imperialismo norteamericano sin idealizar a sus rivales. Por Claudio Katz[1]


La compleja secuencia de acontecimientos que sacudi贸 al mundo 谩rabe en la 煤ltima d茅cada suscit贸 intensas controversias en la izquierda. No result贸 f谩cil distinguir las tendencias progresivas y regresivas en el disputado y cruento escenario de Medio Oriente.

S贸lo la enorme esperanza que acompa帽贸 al debut de la primavera 谩rabe gener贸 posturas mayoritariamente favorables. Prevaleci贸 el apoyo a la incuestionable legitimidad de protestas masivas, que impusieron la ca铆da de los repudiados presidentes de T煤nez y Egipto. Tambi茅n resultaron n铆tidas las victorias democr谩ticas conseguidas en el primer pa铆s y las derrotas que impuso el golpe militar en la segunda naci贸n.

Pero lo ocurrido en Libia precipit贸 un fuerte debate a la hora de evaluar la ca铆da de Gadafi. Una pol茅mica igualmente acalorada gener贸 la guerra en Siria y el rumbo seguido por el movimiento kurdo.

En los tres casos, los posicionamientos de la izquierda contrapusieron a una corriente que privilegia las batallas geopol铆ticas globales contra el imperialismo norteamericano, con otra vertiente que resalta la primac铆a de las demandas democr谩tico-populares en cada pa铆s.

Con esos dos par谩metros se definieron actitudes muy distintas frente a los dram谩ticos enfrentamientos que afront贸 la zona. Ambos planteos afrontan problemas que inducen a la reflexi贸n cr铆tica. Este an谩lisis es vital para afinar las estrategias de emancipaci贸n a la luz de las experiencias de Medio Oriente. Lo sucedido en esa regi贸n  aporta ense帽anzas para la lucha antiimperialista en todo el mundo.

SIMPLIFICACIONES Y OMISIONES

Los pensadores que remarcan la inscripci贸n de los conflictos de Medio Oriente en la confrontaci贸n global, contraponen el bloque occidental liderado por el imperialismo norteamericano con el alineamiento que comanda Rusia y China. Sit煤an el papel jugado por los principales aliados de ambos bandos (Israel y Arabia Saudita versus Ir谩n y Siria), en el gran choque entre las principales potencias del planeta.

Esta mirada contrasta el proyecto de dominaci贸n unipolar de Washington con la perspectiva multipolar de Mosc煤 y Beijing. Destaca la progresividad de este 煤ltimo bloque y subraya la conveniencia de sus 茅xitos. Hemos detallado los diversos exponentes de esta postura en nuestro primer texto sobre la guerra en Siria (Katz, 2017).

El enfoque primordialmente geopol铆tico convoca acertadamente a focalizar todo el fuego sobre el blanco principal, recordando que los enemigos m谩s poderosos no pueden ser doblegados sin erigir un contrapeso equivalente. En Medio Oriente ese adversario es el imperialismo norteamericano y su red de socios, vasallos o ap茅ndices.

Pero esta correcta constataci贸n constituye tan s贸lo el punto de partida de un posicionamiento de la izquierda. La prioridad de combatir al imperialismo norteamericano es indudable, pero esa definici贸n no alcanza para clarificar posturas en el laberinto del 鈥渕undo isl谩mico鈥.

En esa regi贸n no s贸lo chocan fuerzas afines y hostiles a Estados Unidos, como lo prueba el serio encontronazo del Pent谩gono con los mercenarios yihadistas que inicialmente financi贸 y entren贸. Hay una multiplicidad de batallas que deben ordenarse siguiendo la l贸gica del imperialismo y del subimperialismo, con decisiones que no se reducen a optar entre el blanco y el negro.

El simple registro de dos campos en disputa global no resuelve los enigmas de la intervenci贸n pol铆tica en la regi贸n. Resulta indispensable comprender la complejidad de esos dilemas, para superar la ingenua creencia que el enemigo de mi enemigo se ha convertido en un buen amigo de las causas progresistas.

La mirada binaria de dos bandos en confrontaci贸n no se adapta, adem谩s, al escenario generado luego de la implosi贸n del 鈥渂loque socialista鈥. Las convulsiones de Medio Oriente ya no se zanjan observando las tensiones de esa regi贸n, como una simple derivaci贸n de la pugna entre los Estados Unidos y la Uni贸n Sovi茅tica. Los viejos aliados de ambos campos en la zona (monarqu铆as petroleras versus gobiernos nacionalistas) han mutado. El contexto de 1950-1980 ha quedado atr谩s y las fuerzas en confrontaci贸n se han diversificado. El conflicto entre sectores progresistas y reaccionarios persiste pero con modalidades m谩s sinuosas.

Las parad贸jicas convergencias entre Putin y Erdogan no presentan, por ejemplo, el mismo contenido de los acuerdos entre Nasser y Krushev y se ubican a a帽os luz de los enlaces antiimperialistas entre Lenin y Atat眉rk. Hay que registrar esas diferencias.

El an谩lisis meramente geopol铆tico suele evaluar tan s贸lo las tensiones inter-estatales, observando las transformaciones progresistas como un mero resultado de pulseadas entre potencias o gobiernos. Por esa raz贸n suele realzar la ubicaci贸n de cada actor zonal en el mapa de los bandos globales. Ese exclusivo c贸mputo de los acontecimientos por arriba obstruye la percepci贸n de los sucesos que se desenvuelven por abajo. El sujeto popular de cualquier trasformaci贸n progresista es desconsiderado.

El registro unilateral de los conflictos en la c煤spide del poder induce a evaluar con desconfianza a la propia primavera 谩rabe. Como ese levantamiento no qued贸 restringido a batallas contra los gobiernos apadrinados por Estados Unidos, su desenvolvimiento es descalificado. Pero con un abordaje que ignora la gravitaci贸n de las demandas populares resulta muy dif铆cil desenvolver una pol铆tica de izquierda.

驴EL COMPLOT DE LA PRIMAVERA?

Las miradas m谩s extremas del enfoque geopol铆tico directamente impugnan la primavera 谩rabe. Identifican a ese proceso con un complot digitado por Estados Unidos, para desplazar gobiernos hostiles y frenar la influencia de Rusia y China. Asemejan la gran sublevaci贸n de Medio Oriente con las denominadas 鈥渞evoluciones de colores鈥, que la CIA suele propiciar para instalar servidores de la Casa Blanca en distintos puntos del planeta (Korybko, 2017).

Esa interpretaci贸n observa las acciones populares como simples piezas de un ajedrez global. La existencia de movimientos sociales que demandan en forma activa sus propias reivindicaciones es desconocida o identificada con la acci贸n de infiltrados y conspiradores.

Con ese abordaje se desconoce que en la mayor铆a de los casos las protestas masivas son respuestas al sufrimiento popular. Esos levantamientos estallan peri贸dicamente en distintas localidades del planeta, con modalidades adaptadas a la tradici贸n, el liderazgo y la experiencia de cada comunidad. La primavera 谩rabe se amold贸 a esos patrones de sublevaci贸n que imperan en todo el mundo.

Como ocurre tambi茅n en otras zonas, el desarrollo de ese levantamiento qued贸 signado por las fuerzas pol铆ticas actuantes y tuvo resultados muy dispares. La primavera fue neutralizada en T煤nez, aplastada en Egipto, anulada en Libia y quebrantada en Siria, en un dram谩tico contexto de represi贸n, guerras y terrorismo. El complot fue tan s贸lo un componente de esa compleja variedad de desenlaces.

Ciertamente el imperialismo norteamericano activ贸 su vasta red de organismos especializados en capturar, deformar y aniquilar las revueltas populares. Utiliz贸 a pleno la enorme madeja de fundaciones y organismos que monitorean las embajadas estadounidenses. Pero esa habitual intervenci贸n yanqui no transform贸 la multifac茅tica primavera 谩rabe en un complot de la CIA.

Es totalmente v谩lido denunciar la injerencia imperialista en el vendaval de acontecimientos que conmovi贸 a Medio Oriente en la d茅cada pasada. Washington recurri贸 a incontables acciones para encauzar las protestas populares hacia carriles afines a su estrategia. Pero no tiene ninguna credibilidad identificar todo el proceso de la primavera -que sacudi贸 a varios pa铆ses e involucr贸 a millones de personas- con una asonada estadounidense.

Basta observar las comparaciones que se han establecido con otras convulsiones para descartar esa interpretaci贸n. Por su vertiginosa concatenaci贸n regional en un plazo tan breve, algunos historiadores semejan la primavera 谩rabe con las guerras de emancipaci贸n hispanoamericanas (1810-1825), las revoluciones europeas (1848-1849) y la implosi贸n del 鈥渂loque socialista鈥 (1989-1991) (Anderson, 2013). Ninguna de esas conmociones es comprensible en t茅rminos conspirativos. Los complots que incluyeron conformaron tan s贸lo un componente secundario de procesos gigantescos.

INVOLUCI脫N DEL VIEJO NACIONALISMO

La mirada que reduce los conflictos de Medio Oriente a una simple contraposici贸n entre dos campos, no permite analizar dilemas tan complejos como los afrontados por el movimiento kurdo. Esa minor铆a desenvolvi贸 una extraordinaria resistencia en su confrontaci贸n con los yihadistas, contando con el gui帽o de Washington y el sost茅n de Tel Aviv. Si la mera clasificaci贸n de fuerzas en el tablero global -a favor o en contra del enemigo imperial- bastara para caracterizar todas las coyunturas b茅licas, no habr铆a forma de clasificar el rol jugado por las heroicas guerrilleras de Rojava.

Este peculiar caso no descalifica el an谩lisis con par谩metros de confrontaci贸n con la dominaci贸n imperialista. S贸lo recuerda que esos criterios tan s贸lo aportan el puntapi茅 inicial para caracterizar los sucesos de Medio Oriente.

El exclusivo prisma de dos bandos mundiales en disputa, tampoco permite registrar otro dato clave: la involuci贸n de los reg铆menes de origen nacionalista. En el esquema binario se contin煤a observando a esos gobiernos en su formato inicial de procesos radicales, enfrentados con los monarcas y las empresas extranjeras. Se omite su generalizado abandono de esas banderas.

La era de Nasser en Egipto, Abd al-Karim Qasim en Irak, Salah Jadid en Siria y Kamal Jumblat en el L铆bano ha quedado atr谩s. La subsistencia de ciertos discursos o s铆mbolos de esa 茅poca, no altera el giro que introdujeron los herederos de esos procesos. En su gran mayor铆a se adaptaron al orden neoliberal de las 煤ltimas d茅cadas.

Esa involuci贸n se consum贸 mediante la sistem谩tica reversi贸n de los avances antiimperialistas y por esa raz贸n estall贸 el descontento popular en T煤nez, Egipto, Siria e Irak. Ese levantamiento tuvo significados muy diferentes en cada pa铆s, pero puso de relieve el malestar con gobiernos alejados de su avanzada conformaci贸n inicial.

Es cierto que en muchos lugares se preservaron modalidades parciales de laicismo que obstruyeron la restauraci贸n teocr谩tica. Pero ese dique ha coexistido con otras formas de opresi贸n, como la persecuci贸n de las minor铆as, el ahogo de las disidencias y la persecuci贸n de los opositores.

Esa represi贸n ha sido un generalizado signo de involuci贸n de los reg铆menes de origen nacionalista y es importante alzar la voz contra la violencia estatal que impera en esos pa铆ses. Basta recordar cu谩nto da帽o gener贸 a la causa del socialismo el silencio ante las masacres de Stalin, para mensurar las consecuencias del aval pol铆tico a los gobiernos autoritarios.

Conviene recordar tambi茅n que los sucesores del nacionalismo 谩rabe compartieron una involuci贸n anticomunista, que incluy贸 la proscripci贸n y el apresamiento de militantes de izquierda.

En Siria, el per铆odo de transformaciones progresistas y conflictos del Baath con el poder religioso qued贸 cancelado con la victoria de las vertientes derechistas. Ese desenlace incluy贸 en los a帽os 80 una escalada represiva, que inaugur贸 el patr贸n de matanzas posteriormente desplegado por Assad (Rowell, 2017). La misma conducta se corrobor贸 en el rol policial ejercido por las tropas sirias contra los palestinos en el L铆bano.

Ese viraje del Baath explica la participaci贸n del pa铆s en la coalici贸n internacional que forj贸 Estados Unidos en los a帽os 90 para atacar a Irak. Aunque en la d茅cada posterior reapareci贸 el choque con Washington, la convergencia contra Sadam ilustr贸 cu谩n sepultado estaba el antiimperialismo entre los mandatarios de Damasco.

Gadafi no afront贸 un levantamiento democr谩tico en Libia. Pero su involuci贸n previa present贸 muchas semejanzas con la trayectoria de Assad. Su gobierno atraves贸 por tres etapas. Entre 1969 y 1990 desmantel贸 las bases militares extranjeras, nacionaliz贸 el petr贸leo y apuntal贸 un intenso desarrollo econ贸mico. En 1991 inici贸 un giro hacia la privatizaci贸n de empresas estatales y liberalizaci贸n de los precios. En los 煤ltimos a帽os busc贸 una reconciliaci贸n con Occidente que no impidi贸 su derrocamiento (Armanian, 2018).

En Irak la involuci贸n del Baath comenz贸 en 1963, para domesticar un movimiento obrero muy combativo e influido por el Partido Comunista. Esa impronta represiva de Sadam se verific贸 tambi茅n en las masacres contra los kurdos y en la terror铆fica guerra que despleg贸 contra Ir谩n para congraciarse con Estados Unidos. Antes de sucumbir frente a los marines, Hussein exhibi贸 abrumadoras pruebas del car谩cter regresivo de su gobierno.

Esa misma conducta se verifica en el r茅gimen de los Ayatol谩s iran铆es. Comandan una teocracia que reprime opositores, degrada a la mujer, criminaliza las protestas y persigue a la izquierda. La batalla contra el imperialismo exige transparentar esa realidad y exponer lo que sucede en los pa铆ses hostigados por el Washington. La seria confrontaci贸n del gobierno iran铆 con el imperialismo norteamericano no sit煤a a ese r茅gimen en la 贸rbita del progresismo.

LAS INDEFINCIONES NEUTRALISTAS

La visi贸n del 鈥淕ran Oriente Medio鈥 como un terreno de mera confrontaci贸n global entre un bando progresivo y otro regresivo ha suscitado reacciones sim茅tricas. Ese conflicto es observado en el enfoque opuesto como un choque entre fuerzas igualmente nocivas. En este caso se remarca la centralidad de la lucha popular ante potencias externas, que comparten la misma hostilidad hacia las aspiraciones de las grandes mayor铆as. Por eso se subraya que la coalici贸n forjada por Siria, Rusia e Ir谩n es tan objetable como el alineamiento de Estados Unidos con Israel y Arabia Saudita. Tambi茅n se destaca que es necesario batallar con la misma firmeza contra esas dos alianzas (Alba Rico, 2017).

Esta postura recuerda en forma impl铆cita que Rusia ya no es la URSS y que China abandon贸 su viejo antiimperialismo. Pero omite que ese dr谩stico cambio no alter贸 el continuado protagonismo del poder norteamericano. La primera potencia del planeta persiste como la principal garante de la dominaci贸n capitalista mundial y se mantiene como la gran fuerza a derrotar en las batallas en curso. Cualquier fracaso significativo del Pent谩gono en un 谩rea del mundo debilita su capacidad de intervenci贸n en otros puntos del planeta. Esa adversidad para Washington favorece la resistencia de los oprimidos.

Por esa raz贸n el resultado de los conflictos geopol铆ticos entre las potencias no es indistinto para las luchas populares. Es un error omitir este hecho y postular la indiferencia frente a las disputas globales. Con ese neutralismo se desconoce el car谩cter mutable de la capacidad de da帽o del imperialismo y su variable incidencia sobre las relaciones de fuerza. Ese balance es clave para apuntalar u obstruir la resistencia de los pueblos.

Estados Unidos perdi贸 poder de agresi贸n cuando fue derrotado en Vietnam y retom贸 impulso ofensivo cuando se desplom贸 la URSS. En el primer escenario qued贸 impactado por el gran ascenso de la izquierda y el nacionalismo radical en toda la periferia. En el segundo contexto aprovech贸 el escenario creado por el neoliberalismo para ocupar Afganist谩n, devastar Irak y demoler Libia.

Esta misma evaluaci贸n se aplica al marco actual. Las derrotas acumuladas en los 煤ltimos a帽os por el Pent谩gono limitan, por ejemplo, la intervenci贸n de los marines en Am茅rica Latina. Es importante registrar este efecto para desenvolver una estrategia victoriosa de la izquierda.

Desde la mitad del siglo XX Estados Unidos es el gran sost茅n del orden capitalista mundial y el gran opositor a cualquier transformaci贸n progresista. Este presupuesto se corrobora en Medio Oriente, donde Washington intent贸 un redise帽o basado en la alianza militar con Israel y el sost茅n petrolero de Arabia Saudita. El Pent谩gono es el principal causante de las tragedias padecidas por la regi贸n. Rusia y China no son ajenas a esos padecimientos, pero est谩n muy lejos de compartir una responsabilidad equivalente al poder norteamericano.

鈥溌縎ON TODOS IGUALES?鈥

El enfoque de neutralismo global razona con ingenuos presupuestos de distanciamiento de la geopol铆tica, como si los desenlaces en ese campo fueran irrelevantes para las batallas libradas en cada pa铆s. Ese posicionamiento frecuentemente conduce a resaltar la centralidad de los problemas econ贸micos o las demandas sociales, con cierta desconexi贸n del escenario en que irrumpen.

Una versi贸n contempor谩nea de ese abordaje reivindica la micropol铆tica, la horizontalidad y las iniciativas locales cooperativas. Omite que especialmente en Medio Oriente, esas experiencias se desenvuelven en un tormentoso contexto de invasiones y guerras.

En la tragedia del mundo 谩rabe resulta decisivo recordar qui茅n es el enemigo principal. Ese se帽alamiento de la responsabilidad imperial estadounidense no implica avalar el autoritarismo de los ex reg铆menes nacionalistas, ni embellecer la pol铆tica externa de Rusia. Tampoco supone negar el derecho a la rebeli贸n de los pueblos. Simplemente apunta a remarcar cu谩l es el adversario central en el conjunto de la regi贸n.

La simplificada creencia que a escala global 鈥渟on todos iguales鈥 obstruye la evaluaci贸n de las fuerzas en disputa y el consiguiente logro de los triunfos requeridos para avanzar en un proyecto de emancipaci贸n.

El escenario actual es ciertamente distinto al per铆odo de posguerra, cuando las viejas potencias coloniales y su reemplazante norteamericano lidiaban con los movimientos de liberaci贸n en Asia, 脕frica y Am茅rica Latina. El lugar de la izquierda en esa etapa no suscitaba grandes discusiones. La 煤nica divergencia significativa giraba en torno a las posturas de mayor justificaci贸n o cr铆tica a la URSS por su ambivalente actitud frente a esas gestas.

En el complejo contexto actual es vital recordar que el Pent谩gono, la CIA y los marines persisten como los enemigos principales de los pueblos. Esa constataci贸n permite definir posturas, en los conflictos entre el denostado poder norteamericano y aborrecibles gobiernos de la periferia.

El choque entre el invasor Bush y el tirano Hussein fue un cl谩sico ejemplo de esa disyuntiva. En esa confrontaci贸n correspond铆a situarse en el campo de los iraqu铆es, no s贸lo por el car谩cter manifiestamente agresor del atacante yanqui. Esa incursi贸n implic贸 una acci贸n imperialista contra un pa铆s del universo dependiente. Esa ubicaci贸n de los contrincantes en el orden geopol铆tico mundial constituye un elemento m谩s definitorio de la postura de la izquierda, que el ocasional perfil de los mandatarios de Washington y Bagdad.

Este abordaje es frontalmente contrapuesto al enfoque liberal, que enaltece la 鈥渄emocracia鈥 occidental frente a los 鈥減opulismos鈥 de la periferia, para justificar los atropellos imperialistas con disfraces civilizatorios. La izquierda debe levantar su voz contra esa inversi贸n de la realidad, recordando por ejemplo que imperialismo ingl茅s era el enemigo principal en Malvinas, a pesar de la existencia de un gobierno dictatorial en la Argentina.

En algunas miradas la equiparaci贸n neutralista de los bandos geopol铆ticos como un bloque indistinto se remonta a la existencia de la URSS. Se estima que Mosc煤 ya intervino en esa 茅poca como potencia agresora al invadir Afganist谩n (1979-89). Esa incursi贸n es tan objetada como la implementada posteriormente por sus rivales de Occidente (Achcar, 2021).

Pero esa evaluaci贸n presupone en forma equivocada que la URSS desenvolv铆a pol铆ticas imperiales, cuando en ese pa铆s reg铆a un sistema no capitalista. Valora adem谩s en forma negativa una acci贸n externa positiva de ese r茅gimen. Mosc煤 socorri贸 en ese momento a un gobierno progresista atacado por los talibanes que entrenaba la CIA (Ramos, 2021).

Reconsiderar ese episodio es clave para definir posturas antiimperialistas. Si en un conflicto entre la URSS y los talibanes la izquierda no deb铆a tomar partido, se pierden todos los criterios para evaluar cu谩les son los aliados y los enemigos de un proyecto de emancipaci贸n. Afganist谩n fue un caso testigo de la acci贸n regresiva posterior de los yihadistas en todo el mundo 谩rabe. Junto a su padrino estadounidense se ubicaba en el bando reaccionario en la batalla frente a la URSS.

Como los conflictos globales y las confrontaciones de cada pa铆s se entremezclan en forma muy compleja en todo el 鈥淕ran Oriente Medio鈥, puede resultar 煤til retomar otros antecedentes hist贸ricos para clarificar la intervenci贸n de la izquierda. Los sucesos en la regi贸n tienen actualmente m谩s puntos de contacto con el escenario de la Segunda Guerra Mundial (1939-45), que con el contexto de la primera conflagraci贸n global (1914-19).

En este 煤ltimo caso prevalec铆a una disputa entre potencias por los mercados y las colonias y correspond铆a postular una oposici贸n frontal a todos los contendientes. En el segundo conflicto se combinaron, por el contrario, los choques interimperialistas (Estados Unidos-Jap贸n, Alemania-Inglaterra) con las resistencias democr谩ticas al fascismo y la defensa de la URSS ante la restauraci贸n capitalista. Esta conjunci贸n determin贸 el alineamiento de la izquierda en el campo de los aliados (Mandel, 1991).

Lo ocurrido en este 煤ltimo choque clarifica la reacci贸n popular que suele irrumpir frente a peligros mayores. Muchos analistas han registrado, por ejemplo, que una parte de la poblaci贸n siria contraria a Assad opt贸 por sostener pasivamente a ese gobierno, frente a la amenaza del salvajismo yihadista o la ocupaci贸n extranjera (Munif, 2017). Lo mismo sucedi贸 en la URSS, cuando Stalin logr贸 un sorpresivo sost茅n interno frente a las inexorables masacres que auguraba el triunfo de Hitler.

En el escenario actual las grandes potencias no disputan en el mismo plano. El curso dominante es el intento norteamericano de recuperar dominaci贸n global, mediante un redise帽o a su favor de todo el Medio Oriente. Pero esa agresi贸n se ha entremezclado con otra variedad de conflictos, que plantean la defensa del laicismo frente a las bandas yihadistas y el sost茅n de los acotados logros democr谩ticos frente a los gobiernos represivos. El registro de esas mixturas es decisivo.

EL TEST DE LIBIA

Algunos autores que equiparan con criterios neutralistas a los bandos geopol铆ticos en pugna en Medio Oriente, proponen controvertidos postulados como principios del antiimperialismo. Afirman que cuando la intervenci贸n extranjera es la 煤nica opci贸n disponible para salvar a los movimientos populares, corresponde aceptar ese auxilio exigiendo que su alcance sea acotado (Achcar, 2021).

Pero el gran problema radica en que el aludido socorrista es el imperialismo norteamericano. Con ese fundamento se aval贸, por ejemplo, la 鈥渮ona de exclusi贸n a茅rea鈥 que dispuso la OTAN en Libia para apuntalar la revuelta contra Gadafi.

Lo ocurrido en ese pa铆s fue un importante test para la izquierda, puesto que all铆 se verificaron en forma muy n铆tida las posturas contrapuestas. A diferencia de lo sucedido en T煤nez y Egipto -donde el apoyo a la primavera fue ampliamente mayoritario- el car谩cter genuino de las protestas fue muy discutible desde su inicio en Libia. Transcurrida una d茅cada de esos episodios ya son numerosos los datos que corroboran la existencia de una acci贸n imperialista para tumbar a Gadafi.

La catarata de mentiras que publicit贸 el Departamento de Estado para justificar esa incursi贸n ha salido a flote en un reciente informe del Parlamento brit谩nico (Norton, 2021). Tal como ocurre con los archivos que desclasifica la CIA, esas informaciones toman estado p煤blico cuando ya no pueden alterar el resultado de lo ocurrido.

Las fuerzas especiales de la OTAN se afincaron en ese pa铆s con gran antelaci贸n (Armanian, 2018) y Hillary Clinton se embarc贸 en una gran campa帽a de demonizaci贸n de Gadafi. De esa forma se gener贸 el clima internacional requerido para convalidar su asesinato.

La denuncia de ese operativo que promovieron muchos exponentes de la izquierda antiimperialista, contrast贸 con la benevolente actitud hacia la maniobra de Washington que prevaleci贸 entre sus pares neutralistas.

Esta segunda postura ha sido ratificada con la reivindicaci贸n del movimiento insurgente que tumb贸 a Gadafi, utilizando armas y recursos financieros provistos por Estados Unidos. Los grupos que encabezaron ese golpe son nuevamente presentados como exponentes de un movimiento popular democr谩tico, desconociendo su estrecha conexi贸n con las fuerzas de la OTAN, que cercaron al pa铆s para precipitar un cambio de r茅gimen.

Ignorar la subordinaci贸n de la oposici贸n libia al imperialismo pod铆a ser entendible hace una d茅cada, pero no en la actualidad a la luz del colapso padecido por ese pa铆s. Fue un error asignar cualidades democr谩ticas a un bando dominado por grupos embarcados en la demolici贸n de un gobierno enemistado con Washington.

El enaltecimiento de ese campo no se limita a su presentaci贸n como valerosos 鈥渋nsurgentes que tomaron Bengasi鈥. Se aprueba tambi茅n su solicitud de protecci贸n estadounidense. Ese socorro -que se instrument贸 a trav茅s de la imposici贸n de una 鈥渮ona de exclusi贸n鈥 en el espacio a茅reo libio- es evaluado como una involuntaria concesi贸n norteamericana a las demandas de los combatientes contra la tiran铆a de Gadafi (Achcar, 2021).

Pero en los hechos esos grupos actuaron como auxiliares del Pent谩gono y no como meritorios luchadores por la libertad. Ese deschave ha quedado en evidencia en la actual disputa por el bot铆n petrolero que libran los sepultureros de Gadafi. Como Libia ha perdido relevancia medi谩tica la prensa internacional ya no los menciona. S贸lo tuvieron cobertura mientras cumpl铆an una funci贸n golpista. Pero el aval concedido a esa operaci贸n por un sector de la izquierda tiene consecuencias m谩s perdurables.

Resulta indispensable dejar atr谩s el diagn贸stico de una rebeli贸n popular, que impuso la colaboraci贸n de Occidente con acciones favorables a la introducci贸n de la democracia. En los hechos ocurri贸 lo opuesto. El imperialismo utiliz贸 grupos afines para deshacerse de un mandatario que manten铆a conductas aut贸nomas de Estados Unidos.

Es incorrecto suponer que esas bandas forzaron a la OTAN a ir m谩s all谩 de sus objetivos de simple presi贸n sobre Gadafi. Las milicias que reclut贸 Washington no definieron las conductas del Departamento de Estado, que diagram贸 la aniquilaci贸n de un opositor. El asesinato que indujeron de Gadafi no fue un triunfo popular, sino un oprobioso crimen festejado por los generales del Pent谩gono. El presidente de Libia hab铆a perdido popularidad y legitimidad, pero no fue sustituido por la decisi贸n soberana de los ciudadanos de ese pa铆s. Fue simplemente asesinado por los sicarios de Washington.

LAS CONTROVERTIDAS 鈥淶ONAS DE EXCLUSI脫N鈥

La aprobaci贸n de la zona de 鈥渆xclusi贸n a茅rea鈥 que dispuso la OTAN en Libia se apoya en los antecedentes de ese dispositivo. Los justificadores de esa acci贸n consideran que fue instrumentado en 1991 para contrarrestar las masacres de Hussein contra los refugiados kurdos en el norte de Irak. Estiman que oper贸 como un auxilio a las fuerzas kurdas frente el Ej茅rcito Isl谩mico y sirvi贸 en 2019 como dique a la incursi贸n de Turqu铆a contra esa minor铆a (Achcar, 2021).

Pero con este criterio, la aceptaci贸n de una acci贸n de la OTAN por parte de la izquierda deja de constituir un hecho excepcional y se transforma en una norma de varias batallas. El imperialismo norteamericano es visto como un socorrista frecuente, que debe ser inducido a adoptar medidas m谩s activas de intervenci贸n.

Esta mirada no toma en cuenta las evidentes consecuencias de propiciar el dominio a茅reo de una fuerza, que se ha especializado en la masacre de civiles. Con ese aval a la potestad estadounidense para introducir 鈥渮onas de exclusi贸n鈥, el compromiso con fuerzas imperialistas no es postulado como un hecho espor谩dico o resultante de circunstancias excepcionales. Si corresponde reivindicar el auxilio de Pent谩gono ya no s贸lo a los kurdos sino tambi茅n a los libios, la presencia militar de Estados Unidos queda establecida como un dato positivo.

De esa forma se olvida que el cimiento b谩sico del antiimperialismo es la oposici贸n al intervencionismo norteamericano. Estados Unidos es el centro de la dominaci贸n capitalista mundial y el principal agresor de los pueblos. Si ese enemigo es visto como un aliado -con comportamientos apenas inconsecuentes (fr谩gil provisi贸n de armamento a los kurdos e insuficiente protecci贸n de los libios)- el cambio de 贸ptica es sustancial. Se olvida que la lucha contra el imperialismo supone ante todo confrontar con el dominador estadounidense. Esa obviedad queda diluida.

La aceptaci贸n de una mayor presencia militar norteamericana en Medio Oriente es en los hechos af铆n a los mensajes auspiciados por varias corrientes del Partido Dem贸crata (Rana, 2021), que frecuentemente contaron con el benepl谩cito de sectores radicales de esa formaci贸n.

En lugar de sumarse a ese clima, la izquierda debe insistir en el retiro de los marines del extranjero. Esta actitud sintoniza con las renovadas demandas de repatriaci贸n de todas las tropas estadounidense en el exterior, que ha suscitado la reciente derrota de Afganist谩n (Moore, 2021).

El antiimperialismo exige afianzar ese curso para desenmascarar todas las inconsistencias del 鈥渋mperialismo de los derechos humanos鈥, que rige la pol铆tica exterior de la primera potencia. Hay que subrayar una y otra vez que cualquier 鈥渋ntervenci贸n humanitaria鈥 de Washington desemboca en mayores tragedias de muertes y refugiados.

LOS DILEMAS DE SIRIA

Otra controversia relevante fue desencadenada por el continuado sost茅n de varias corrientes de la izquierda a los 鈥渞ebeldes鈥 durante la guerra en Siria. Esas vertientes estimaron que los exponentes de la marea democr谩tica se ubicaban en la oposici贸n y los defensores de la tiran铆a en el bando de Assad. Enaltecieron al primer sector como representante de una avanzada 鈥渞evoluci贸n鈥, hasta que la guerra concluy贸 con el triunfo de un gobierno apuntalado por Rusia e Ir谩n (Sorans, 2016).

En el transcurso de esa larga batalla el presidente Assad fue invariablemente se帽alado como el principal enemigo a vencer. Esa caracterizaci贸n fue expuesta cuando reprimi贸 las primeras protestas y tambi茅n cuando se convirti贸 en el blanco de los yihadistas sostenidos por Arabia Saudita, con el visto bueno de Estados Unidos y Turqu铆a. La existencia de una fuerte confrontaci贸n entre ese gobierno y el espectro m谩s reaccionario de Medio Oriente fue omitida o relativizada, como un dato secundario del conflicto (VVAA 2019).

Con esa evaluaci贸n se propici贸 el triunfo militar del bando opositor, mediante campa帽as internacionales de apoyo a esa lucha. Se desech贸 la propuesta alternativa que auspiciaba una salida pac铆fica y negociada entre las fuerzas que ensangrentaban al pa铆s.

Esa err贸nea postura fue mantenida a lo largo del conflicto, sin registrar el cambio que introdujo la usurpaci贸n derechista de la protesta democr谩tica. Esa captura fagocit贸 la revuelta y vaci贸 al movimiento de sus metas progresistas.

En el curso de la guerra los yihadistas fueron doblegados por la resistencia de los kurdos, en un marco de vacilaciones de Estados Unidos y Turqu铆a, que el gobierno aprovech贸 para consumar una exitosa contraofensiva. Los defensores de los 鈥渞ebeldes鈥 continuaron idealizando a ese bando, desconociendo la mutaci贸n radical que se registr贸 en el conflicto. Siguieron presentando como una confrontaci贸n entre fuerzas democr谩ticas y dictatoriales una batalla que no contrapon铆a a esos campos.

Es cierto que las protestas en Siria tuvieron al principio una impronta democr谩tica. Pero ese perfil no se mantuvo inmutable a lo largo de la guerra. La sangr铆a modific贸 el sentido de la confrontaci贸n, sepultando los anhelos de reformas pol铆ticas y sociales. Ese viraje fue totalmente omitido por quienes s贸lo despotricaron contra Assad y juzgaron con benevolencia al bando opuesto.

Los sectores de izquierda que continuaron ponderando una 鈥渞evoluci贸n siria鈥 confiscada por los grupos fundamentalistas, desconocieron que ese control dilu铆a cualquier parentesco con los maquis franceses (obligados a pactar con el diablo para continuar su resistencia).

Los defensores de esa postura tambi茅n ignoraron que la oposici贸n siria qued贸 sujeta primero al radar de la OTAN y fue posteriormente encadenada a los yihadistas. C贸mo podr铆a convertirse ese bando en una fuerza revolucionaria con potencialidades transformadoras es un misterio. No hay forma de imaginar un desemboque socialista de una guerra consumada por milicias reaccionarias, financiada por monarqu铆as del Golfo y convalidadas por el Pent谩gono.

Los te贸ricos de la 鈥渞evoluci贸n siria鈥 contrapusieron, adem谩s, ese proceso de guerra civil, con el curso inverso de guerra imperialista prevaleciente en Irak, a partir de la invasi贸n norteamericana (Sorans, 2016). Pero esa diferencia real en el debut de ambos conflictos no se extendi贸 a su desarrollo.

Estados Unidos no invadi贸 Siria, pero bombarde贸 con frecuencia las zonas bajo control de Ir谩n. El Pent谩gono no construy贸 una fortalecida zona verde como en Bagdad, pero disemin贸 instalaciones en la regi贸n kurda. Tampoco actu贸 con miles de marines, pero supervis贸 los movimientos b茅licos de sus aliados sauditas e israel铆es.

La analog铆a se extiende tambi茅n al resultado de la conflagraci贸n. Irak termin贸 bajo el control pol铆tico del adversario iran铆 y Siria bajo la protecci贸n del enemigo ruso. Frente a los fracasos afrontados en ambos casos, Washington auspici贸 la fractura de los dos pa铆ses en mini-estados a fin de preservar su influencia. Si Irak fue una expl铆cita guerra imperialista, Siria devino en otra modalidad de la misma agresi贸n y el forzado contrapunto entre ambas situaciones es equivocado.

El mismo desacierto se comete al comparar lo ocurrido en Siria con la revoluci贸n espa帽ola (1936-39). Se emparenta a la oposici贸n del primer pa铆s con los republicanos del segundo y a los fascistas ib茅ricos con el gobierno de Assad. Pero en ese contrapunto se omite definir d贸nde quedan situados los yihadistas. Esta aclaraci贸n no es secundaria, dado el parecido de esas milicias con el oscurantismo clerical-reaccionario de la Falange espa帽ola. Basta notar el lugar dominante que ocuparon esas fuerzas en la oposici贸n siria para registrar la inconsistencia de la analog铆a.

鈥溌縍EVOLUCIONES DEMOCR脕TICAS?鈥

La expectativa en la fuerza auto-emancipadora de la democracia condujo a varias corrientes de izquierda a presentar a Assad como el 煤nico enemigo de la poblaci贸n, omitiendo la nocividad equivalente del grueso de sus opositores. Un detallado relevamiento de las posturas en debate durante ese conflicto retrata ese posicionamiento (Syriainbrief, 2016).

En ese estudio se describe c贸mo una parte de la izquierda apoy贸 a los 鈥渞ebeldes鈥 suponiendo que eran part铆cipes activos de una 鈥渞evoluci贸n democr谩tica鈥, que arrasar铆a al gobierno autoritario de ese pa铆s. Otras evaluaciones (Cinatti, 2016) ilustraron c贸mo esa misma concepci贸n asign贸 a la primavera 谩rabe un potencial democratizador, que auguraba posibilidades ulteriores de radicalizaci贸n socialista.

Esta visi贸n repiti贸 las err贸neas caracterizaciones expuestas hace tres d茅cadas frente al desplome del 鈥渃ampo socialista鈥. Ese derrumbe fue observado por algunas corrientes trotskistas como la antesala del resurgimiento del comunismo, cuando en los hechos devino en un curso opuesto de restauraci贸n del capitalismo.

El origen de ese desatino ha sido la magnificaci贸n de la democracia, como una fuerza auto-impulsora de transformaciones progresistas. Con esa mirada se desconecta el ideal democr谩tico de la impronta efectiva que asume en cada escenario. Se olvida que el propio t茅rmino de democracia es un comod铆n utilizado por Washington para perpetrar incontables tropel铆as. Con ese estandarte Estados Unidos invadi贸 Irak, destruy贸 Afganist谩n, pulveriz贸 a Libia y desangr贸 a Siria.

La izquierda puede perder la br煤jula si supone que las conquistas populares ser谩n logradas por la mera expansi贸n de un anhelo democr谩tico, olvidando c贸mo las clases dominantes manipulan esa aspiraci贸n. En Medio Oriente esa esperanza s贸lo puede corporizarse en forma efectiva, si queda enlazada a las batallas contra el imperialismo. La democracia no es un ideal con m谩gicos poderes de emancipaci贸n de los pueblos. Es una meta que avanzar谩 revirtiendo la dominaci贸n que ejerce el imperialismo y la explotaci贸n que practican los capitalistas.

Lo ocurrido en la primavera 谩rabe confirma esta caracterizaci贸n. Los avances democr谩ticos esperados de esa irrupci贸n quedaron frenados por la violenta reacci贸n del imperialismo y sus socios. Ese proceso no est谩 cerrado y tiende a renacer. Pero hasta ahora acumula una importante secuencia de derrotas que no deben ser desconsideradas, suponiendo que constituyen meros desv铆os de una ascendente mega-revoluci贸n. Esa expectativa vagamente centrada en el largo plazo imagina un porvenir venturoso, eludiendo reconocer el resultado contrarrevolucionario que prevalece al cabo de una d茅cada.

ESTRATEGIAS ANTIIMPERIALISTAS

La gran influencia del liberalismo en una franja de la izquierda qued贸 corroborada frente a las disyuntivas que plante贸 la primavera 谩rabe. Ese predicamento ha sido tan relevante como la tendencia opuesta a razonar con meros criterios geopol铆ticos. En el primer caso se aborda en forma unilateral la batalla contra el autoritarismo de los gobiernos enemistados con Estados Unidos. En el segundo planteo se desconsidera el protagonismo popular, al priorizar la contraposici贸n entre un nocivo campo occidental y un ponderable bloque multipolar.

El antiimperialismo del siglo XXI exige superar ambas posturas, reconociendo la primac铆a de las batallas contra el dominador estadounidense sin embellecer a sus rivales. Es igualmente decisivo resaltar la legitimidad de las demandas democr谩ticas y la insoslayable centralidad de la lucha popular.

Una acertada estrategia antiimperialista ser谩 vital en la pr贸xima oleada de la primavera 谩rabe. Los amargos resultados de la marea anterior podr铆an ser revertidos en esa secuencia, si la nueva irrupci贸n empalma con la revitalizaci贸n de la izquierda. Ese resurgimiento exige retomar y renovar estrategias antiimperialistas que puedan reconocer a los grandes enemigos, superando la ingenua confianza en sus competidores. Esa s铆ntesis emerger谩 con la experiencia de las pr贸ximas batallas.

21-9-2021

[1]Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz

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Fuente: Anred.org