May 21, 2021
De parte de La Haine
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驴Por qu茅 entregar las armas antes que liberen a los presos? “Si viviera Manuel (Marulanda, jefe hist贸rico de las FARC-EP) esto no hubiera ocurrido”

Un comando del Ej茅rcito Colombiano, un grupo de asesinos a sueldo del estado para hablar m谩s claro, asesin贸 a Jes煤s Santrich en la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela, lugar donde el grupo FARC Segunda Marquetalia se hab铆a refugiado de la persecuci贸n estatal y procuraba reorganizarse como una de las tantas respuestas y b煤squedas del movimiento popular colombiano a la confluencia de dos procesos sociales en curso: la demolici贸n de los Acuerdos de Paz por el ‘stablishment’ colombiano, siempre obediente al amo yankee, y la irrupci贸n en las calles de una insurgencia desarmada, acaso poco organizada al modo tradicional, pero que ya ha puesto en crisis al gobierno de Duque en m谩s de una cuesti贸n.

De los dos fen贸menos era parte Jes煤s, por m茅ritos y errores propios. Jes煤s naci贸 como Seuxis Pausias Hern谩ndez Solarte en el seno de una familia de Sucre, Colombia, que lo introdujo en las lecturas de Bolivar, Garc铆a M谩rquez, Mart铆 y Marx desde muy joven. Milito en las Juventudes Comunistas, Estudi贸 Ciencias de la Educaci贸n en la Universidad del Atl谩ntico pero a sus 23 a帽os (1990) el Estado asesin贸 a su mejor amigo, Jes煤s Santrich, entonces tom贸 su nombre y se fue a las monta帽as con las FARC.

Veinte a帽os m谩s tarde perdi贸 la vista por enfermedad pero continu贸 con su lucha, cerca de Alfonso Cano e Iv谩n Marqu茅s fue parte del sector con m谩s formaci贸n intelectual y por ello dedicado a las acciones de elaboraci贸n y propaganda. Particip贸 en todos los intentos de acuerdos para la paz, incluso en el transcurrido en La Habana y firmado en el 2016.

Cuando yo lo conoc铆, en junio de 2017, estaba en huelga de hambre en protesta por el incumplimiento b谩sico de los Acuerdos: no hab铆an liberado a todos los presos, condici贸n previa a todo acuerdo, como un anticipo de lo que 茅l ya imaginaba que vendr铆a: cada cuatro d铆as asesinan a un guerrillero desmovilizado o a un dirigente social desarmado. Una verdadera limpieza 茅tnica, si se me permite el t茅rmino. Vest铆a de blanco y luc铆a un pa帽uelo campesino, a veces lo reemplazaba con el Kufiya tradicional de los palestinos. Era dif铆cil imaginar que era ciego: cuando te hablaba te miraba a los ojos, pintaba cuadros de gran tama帽o, tocaba instrumentos musicales y sobre todo hac铆a gala de una cultura universal realmente impresionante.

Yo s贸lo fui a llevar la solidaridad de la Liga Argentina por los DDHH y a escuchar; hab铆a estado en las conversaciones de La Habana y me interesaba su visi贸n del proceso. En mi libro ‘Genocidios’ di cuenta de aquellas charlas y de mis impresiones, a cuatro a帽os todo parece m谩s claro y no quiero pecar de hablar con el diario del lunes, aunque debo confesar que me sorprendi贸 mucho que a la 煤nica respuesta que le hice, no tuvo respuesta concreta. Comandante, le dije, yo comprendo todo lo que Uds. hicieron para lograr la paz, y lo valoro y acompa帽o, pero 驴por qu茅 entregar las armas antes que liberen a los presos? El solo contesto, si viviera Manuel (Marulanda, jefe hist贸rico de la organizaci贸n) esto no hubiera ocurrido. Qui茅n sabe, solo podemos saber lo que ocurri贸, no lo que potencialmente podr铆a haber ocurrido.

Jes煤s Santrich y el autor de esta nota.

Desde all铆, el trato del Poder Real fue selectivo, a los que cuestionaban el acuerdo firmado, persecuciones y causas fraudulentas, algunas de un nivel de falsedad dignas de una pel铆cula de aventuras. Jes煤s fue encarcelado, sometido a toda clase de torturas ps铆quicas, liberado un minuto antes de ser entregado a los EEUU y en esas condiciones, junto a otro grupo de dirigentes de las ex FARC EP, decidieron volver a las monta帽as, salvar su vida de un asesinato seguro e intentar reorganizar fuerzas.

Nada le fue f谩cil, aunque me animo a decir, por el tono de algunas de sus palabras y mensajes, que estaba dispuesto a revertir los aspectos tr谩gicos del proceso de di谩logos a riesgo de su propia vida. Su muerte no me asombr贸, aunque me indigna y duele como la de todos y cualquier militante popular en cualquier lugar del mundo que es ejecutado por el Imperio y las oligarqu铆a, digo Uribe, Duque y el resto de cipayos asesinos, narcos y paramilitares.

En la tradici贸n jud铆a, el mito de los justos ocupa un lugar relevante. Habr铆a seg煤n la Tor谩, en todo momento de la humanidad, treinta y seis hombres justos cuya coherencia, humildad, contracci贸n al trabajo, los vuelven imprescindibles para la supervivencia civilizatoria [hombres justos que luchar铆an contra el Estado sionista de apartheid].

Podr铆amos pensar entonces, que la noci贸n de justos se acerca a la de h茅roes, cuesti贸n que a su vez ha sido objeto de un gran debate en el siglo XX: 驴el h茅roe como sujeto de actos extraordinarios? Julius Fucik, comunista preso por la Gestapo y autor de 鈥淩eportaje al pie del pat铆bulo鈥 (escrito en la c谩rcel hasta el final) encara el tema y le da una vuelta de tuercas. Fucik discute diversos modelos de h茅roes cinematogr谩ficos para concluir que h茅roe es aquel que hace lo que tiene que hacer, en aras del bien colectivo, del triunfo del humanismo, de la humanidad toda, no importa las circunstancias.

Y aqu铆 hay que resaltar dos momentos: el 鈥渘o importa las circunstancias鈥 refiere a lo extraordinario, al que resiste en la c谩mara de torturas, al que entrega su raci贸n de comida para salvar la vida de otro, el que si es necesario escapa al monte con un arma en la mano; y el otro momento 鈥渆n aras del triunfo del humanismo, de lo colectivo sobre lo individual鈥 lo que implica que no habr谩 justos ni h茅roes sin un plan de vida, de paz, de democracia, de revoluci贸n en Am茅rica Latina [el Che fue un ejemplo claro de esto].

La derecha salvaje, con la sangre gote谩ndole de sus colmillos, celebra alborozada. Como cuando Santos celebr贸 el asesinato de Alfonso Cano o Videla brind贸 por la muerte de Rodolfo Walsh. No sab铆an la tradici贸n jud铆a, no leyeron hasta el final. Dice el Talmud que cuando muere uno de los justos, en alg煤n lugar del mundo, otro hombre ocupa su lugar para que vuelva a haber treinta y seis hombres justos. No canten victoria, en las calles de Bogot谩 m谩s de uno est谩 ya ocupando el lugar de Jes煤s. Porque la paz de Colombia es nuestra paz y su triunfo nuestro destino.

Resumen Latinoamericano / La Haine




Fuente: Lahaine.org