September 23, 2022
De parte de SAS Madrid
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“Sudaca de mierda”. “Puta colombiana, no vas a tener amigos”. “Vuelve a tu país”. Saray se tuvo que enfrentar estas frases con tan solo once años mientras sus profesores minimizaban los daños que le pudieran causar. Tras el final del verano y con la vuelta al cole donde también asistían sus acosadoras, la joven se lanzó desde la ventana de su casa al vacío. Tras el intento de suicidio, la niña ha sido dada de alta y ha vuelto a casa. 

España tiene dos problemas que convergen en uno. El racismo y el acoso escolar terminan por confluir en cosa única, presente en colegios e institutos y con elementos que hacen muy complicada su erradicación: el bullying racista. Si a una estrella del Real Madrid como es Vinícius Junior le aplican cánticos racistas, qué no vivirán quienes no tienen un altavoz para defenderse.

Si del bullying en sí es difícil obtener datos fiables, ese obstáculo se multiplica al haber connotaciones racistas. El intento de suicido de Saray, tras un acoso escolar con tintes xenófobos, ha elevado la cuestión al debate público. ¿Hemos aceptado como sociedad que una menor pretenda quitarse la vida por el dolor que le causan los insultos diarios de sus compañeros de clase?

Sólo en 2021, la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes) recibió 29.000 llamadas de ayuda por bullying. Casi la mitad de los profesores, el 49%, tienen conocimiento de casos de acoso, pero les llega por otros profesores o alumnos, no por la víctima, según encuestas realizadas por la organización. En España, son alrededor de dos millones de menores los afectados por acoso escolar, un dato que coloca al país entre los diez del mundo con mayor número de víctimas.

“Como maestra me he encontrado con padres que pedían que sus hijos no se sentaran con extrajeros. O cuando había invitaciones a cumpleaños, faltaban ellos”, apunta María Carmen Boqué, profesora en la universidad Ramon Llull y experta en resolución de conflictos. “La violencia es interseccional. Si eres de un color diferente, pero además tienes otro handicap como por ejemplo la religión… más de una violencia confluyen en la misma persona. Nuestra sociedad es racista, aunque nadie se considera a sí mismo racista”, arguye Boqué.

Las connotaciones añadidas del acoso racista surgen también por la propia naturalidad del bullying: atacar al que es diferente. “El bullying requiere que la víctima tenga una característica especial. Puede ser la persona que saca mejores notas de clase. Imagínate en el caso de tener la piel de otro color u otras creencias, eso es visible a todo el mundo”, analiza la profesora en torno a los elementos que pueden generar vulnerabilidad. 

Abi Huertas, psicóloga infantil y vocal de comunicación de la Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia (AEPNYA) relata cuáles pueden ser los síntomas cuando un menor sufre bullying —o bullying racista— pero no lo hace público: “Lo primero que ocurre es que cambian sus hábitos. Dejan de domir bien o duermen mucho si antes dormían poco. Suele bajar el rendimiento escolar, se aíslan y están irritados. Se confunde a veces con la adolescencia y no se da importancia, porque que un chico joven esté malhumorado se puede dar por sentado por la edad”, asegura. 

Pero además de los hechos externos, hay toda una transformación interna: “Hay una ruptura en su evolución personal. Se interrumpe el desarrollo y cambian de humor y hábitos; empiezan a relacionarse de otra forma. Muchas veces hay rechazo a la escuela y otras es simplemente un fracaso académico”, relata la psicóloga en función de su propia experiencia.

El problema que identifican las organizaciones contra el acoso escolar es que la capacidad de acción ante un caso depende en gran medida de la implicación que quiera tener el profesor más cercano al alumno perjudicado. No hay un sistema o una metodología superior que ampare a los menores: “Cada centro escolar tiene su propia respuesta y tienen actuaciones más o menos rápidas, pero tiene mucho que ver con la implicación de cada profesor. Hay algunos implicadísimos, pero las familias y menores a veces relatan que las medidas tardan en llegar. Los niños tardan muchísimo en decir algo, por miedo a las reacciones y que les puedan perjudicar. Tardan hasta 13 meses”, asegura Diana Díaz, de portavoz de ANAR. 

El Ministerio de Asuntos Sociales ha diseñado la figura del coordinador contra el acoso escolar, un cargo que ocuparán profesores asignados por los centros. Lucía Losoviz, directora General de Derechos de la infancia y de la adolescencia, analiza el problema del bullying en los colegios e institutos: “Nadie puede negar que hay un problema. UNICEF mide que el 30% están en riesgo de bullying. El problema se ataja desde las emociones, la convicencia y la tolerancia. Nos falta educacion emocional, lo dicen los propios niños. Evidentemente hay un problema. A veces las propias familias niegan que esto pase”, asevera.

Enlace relacionado Publico.es (23/09/2022).




Fuente: Sasmadrid.org