September 14, 2021
De parte de Amor Y Rabia
230 puntos de vista


por Shoshana Zuboff

Extracto del muy recomendable libro “La era del capitalismo de la vigilancia: La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder (Estado y Sociedad)”, de Shoshana Zuboff.

El capitalismo de vigilancia se aparta de la historia del capitalismo de mercado de tres maneras sorprendentes. En primer lugar, insiste en el privilegio de la libertad y el conocimiento sin restricciones. En segundo lugar, abandona las tradicionales reciprocidades orgánicas con las personas. En tercer lugar, el fantasma de la vida en la colmena delata una visión social colectivista sustentada por una indiferencia radical y por su expresión material en el Gran Otro. En este capítulo exploramos cada una de estas desviaciones de las normas históricas y luego abordamos la pregunta que suscitan: ¿es el capitalismo de vigilancia simplemente un â€œcapitalismo” más?

LIBERTAD Y CONOCIMIENTO

Los capitalistas de la vigilancia no se diferencian de otros capitalistas en lo de exigir que se los libere de toda clase de restricciones. Insisten en la “libertad de” lanzar al mercado cada práctica novedosa, al tiempo que defienden agresivamente la necesidad de que se los “libere de” las leyes y las regulaciones. Este patrón clásico refleja dos supuestos fundamentales sobre el capitalismo formulados por sus propios teóricos: el primero es que los mercados son intrínsecamente imposibles de conocer con antelación, y el segundo es que el desconocimiento que produce este desconocimiento requiere que los agentes del mercado dispongan de una amplia libertad de acción.

La idea de que la ignorancia y la libertad son características esenciales del capitalismo tiene su origen en las condiciones de vida que imperaban antes de la llegada de los sistemas modernos de comunicaciones y transportes, y no digamos ya de las redes digitales globales, Internet o las ubicuas arquitecturas computacionales, sensoriales y actuantes del Gran Otro. Hasta estos últimos momentos de la historia humana, la vida era necesariamente local y el “todo” era necesariamente invisible para las “partes”.

La famosa metáfora de la “mano invisible” de Adam Smith estaba inspirada en estas realidades duraderas de la vida humana. Cada individuo, argumentaba Smith, emplea su capital en un contexto local buscando satisfacer unas necesidades y proporcionarse unas comodidades inmediatas. Cada uno atiende “su propia seguridad… su propio beneficio, pero .. guiado por una mano invisible la que conduce a promover un objetivo que no formaba parte de sus propósitos”. Ese objetivo es el uso eficiente del capital en el mercado general más amplio: la riqueza de las naciones. Las acciones individuales que producen mercados eficientes forman un impresionante y complejo patrón agregado, y ese es un misterio que ninguna persona o entidad puede aspirar a conocer o comprender, y mucho menos dirigir: “El estadista que pretenda intentar dirigir a las personas privadas sobre la manera en que deben emplear sus capitales… asume una autoridad que no debería ser delegada con seguridad, no solo a ninguna persona, sino tampoco a ningún consejo o Senado…” (1).

El economista neoliberal Friedrich Hayek, cuya obra discutimos brevemente en el Capítulo 2 por considerarla uno de los cimientos fundamentales de las políticas económicas a favor del mercado del pasado medio siglo, dedujo los principios más básicos de sus argumentos de aquellos supuestos de Smith sobre el todo y la parte. “Adam Smith”, escribió Hayek, “fue el primero en percibir que casi nos hemos topado con ciertos métodos de ordenación de la cooperación económica humana que exceden los límites de nuestro conocimiento y nuestra percepción. Su ‘mano invisible’ quizás hubiera sido mejor descrita como un patrón invisible o imposible de vigilar” (2).

Al igual que con Planck, Meyer y Skinner, tanto Hayek como Smith vinculan inequívocamente la libertad y la ignorancia. Según la formulación de Hayek, el misterio del mercado estriba en que tantas y tantas personas pueden comportarse de forma eficaz aun sin ser conscientes del todo. Los individuos no solo pueden elegir libremente sus propios objetivos, sino que deben hacerlo, porque no hay alternativa: no hay ninguna fuente de conocimiento total o control consciente que pueda guiarlos. El “diseño human deliberado” es imposible, dice Hayek, porque los flujos de información relevante están “más allá del alcance del ámbito controlable por mente alguna”. La dinámica del mercado hace posible que las personas actúen en la ignorancia sin que “nadie tenga que decirles qué hacer” (3).

Hayek puso el mercado por encima de la democracia, basándose en la idea de que el sistema de mercado permite no solo la división del trabajo sino también “la utilización coordinada de recursos basada en un conocimiento dividido por igual”. Este sistema, argumentó, es el único compatible con la libertad. Quizás se podría haber ideado algún otro tipo de civilización, pensaba, “parecido al ‘estado’ de las termitas”, pero no sería compatible con la libertad humana (4).

Sin embargo, algo está mal en esa argumentación. Es cierto que muchos capitalistas, incluidos los de la vigilancia, se valen vehementemente de estas justificaciones centenarias para defender su libertad de acción cuando rechazan las interferencias públicas regulatorias, legislativas, judiciales, sociales o de cualquier otro tipo en sus métodos de operar. Pero la realidad es que, hoy en día, el Gran Otro y la aplicación constante del poder instrumental cuestionan el clásico quid pro quo entre libertad e ignorancia.

El capitalismo de vigilancia no es el viejo capitalismo, y sus líderes no son los capitalistas de Smith o incluso los de Hayek.

Cuando se trata de las operaciones de los capitalistas de la vigilancia, el “mercado” deja de ser invisible, al menos no de la forma en que Smith o Hayek imaginaban. La lucha competitiva entre los capitalistas de la vigilancia produce en ellos la búsqueda compulsiva hacia la totalidad. La información total tiende a la certeza y, además, promete resultados garantizados. Las operaciones de este tipo de capitalismo hacen que la oferta y la demanda en los mercados de futuros de comportamiento esté descritas y representadas con infinidad de detalles. El capitalismo de vigilancia reemplaza así el misterio por la certeza al sustituir aquel viejo “patrón insondable” con la conversión, la modificación del comportamiento y la predicción. Vemos que se produce, pues, un vuelco fundamental del ideal clásico del “mercado” como intrínsecamente imposible de conocer.

Recordemos como alardeaba Mark Zuckerberg de que Facebook llegaría a conocer todos los libros, películas y canciones que una persona había consumido en su vida y que sus modelos predictivos le dirían a qué bar ir cuando llegáramos a una ciudad extraña, en la que el barman tendría preparada nuestra bebida favorita (5).

Como dijo una vez el jefe del Departamento de Ciencia de Datos de Facebook, “Esta es la primera vez que el mundo ve semejante escala y calidad de datos sobre la comunicación humana… Por primera vez, disponemos de un microscopio que… nos permite examinar la conducta social a un nivel muy preciso que nunca antes habíamos sido capaces de ver…” (6).  Un ingeniero de Facebook de alto nivel lo expresó de manera sucinta: “Estamos tratando de trazar un gráfico de toda la población mundial y sus interrelaciones” (7).

Los mismos objetivos se repiten en las otras empresas líder del capitalismo de la vigilancia. Desde Google, Eric Schmidt señaló en 2010, “Si nos dais más información de vosotros mismos, de vuestros amigos, podemos mejorar la calidad de nuestras búsquedas. No nos hace falta que tecleéis nada. Sabemos dónde estáis. Sabemos dónde habéis estado. Podemos saber más o menos qué estáis pensando” (8).  Satya Nadella, de Microsoft, considera que todos los espacios físicos e institucionales, las personas y las relaciones sociales son. indexables y buscables: todos están sujetos al razonamiento de las máquinas, el reconocimiento de patrones, la predicción, la anticipación, la interrupción y la modificación (9).

El capitalismo de vigilancia no es el viejo capitalismo, y sus líderes no son los capitalistas de Smith, ni tan siquiera los de Hayek. Bajo este régimen, la libertad y la ignorancia ya no son hermanas gemelas, dos caras de una misma moneda llamada misterio. El capitalismo de vigilancia se define, más bien, por una convergencia sin precedentes de libertad y conocimiento. El grado de esa convergencia corresponde exactamente al alcance del poder instrumental. Esta acumulación de poder sin obstáculos secuestra efectivamente la división del aprendizaje en la sociedad, e impone la dinámica de la inclusión y la exclusión de la que dependen los ingresos derivados de la vigilancia. Los capitalistas de la vigilancia reclaman la libertad para ordenar el conocimiento, y luego aprovechan esa ventaja del conocimiento para proteger y expandir su libertad.

Aunque no hay nada inusual en que las empresas capitalistas busquen para sí todo tipo de ventajas del conocimiento en un mercado competitivo, las singulares capacidades del capitalismo de la vigilancia a la hora de traducir ignorancia en conocimiento no tienen precedentes porque se basan en el único recurso que distingue a los capitalistas de vigilancia de los utopistas tradicionales: capital financiero e intelectual, que permite la transformación real del mundo, materializado en forma de las arquitecturas en continua expansión del Gran Otro. Más asombroso aún es el hecho de que el capitalismo de la vigilancia se derive de la desposesión de la experiencia humana, efectuada a través de sus propios programas unilaterales y unícuoos de conversión: nuestras vidas son rebañadas y vendidas para financiar su libertad y nuestra subyugación, así como su conocimiento y nuestra ignorancia sobre lo que ellos saben.

Esta nueva condición desmonta la justificación neoliberal para debilitar el doble movimiento y el triunfo del capitalismo crudo, con sus mercados libres, los actores del libre mercado y las empresas autorreguladas. Y nos indica que los capitalistas de la vigilancia han sabido dominar la retórica y el ingenio político de la defensa ideológica neoliberal, pero que, al mismo tiempo, también han sabido fomentar una lógica novedosa de acumulación que contradice los postulados más básicos de la cosmovisión capitalista. No solo han vuelto a barajar las cartas, sino que las reglas del juego mismas han sido transformados en algo sin precedentes e inimaginable fuera del entorno digital y de los vastos recursos de riqueza y destreza científica aportados por los nuevos utopistas aplicados.

Hemos examinado cuidadosamente aquí los novedosos mecanismos fundamentales, los imperativos económicos, la acumulación de poder y los objetivos sociales del capitalismo de la vigilancia. Una conclusión de nuestras investigaciones es que el dominio y el control del capitalismo de la vigilancia sobre la división del aprendizaje social son los rasgos distintivos que rompen con las viejas justificaciones de la mano invisible y de los derechos asociados a ella. La combinación de conocimiento y libertad actúa acelerando la asimetría de poder entre los capitalistas de la vigilancia y las sociedades en las que operan. Este ciclo solo se romperá cuando reconozcamos como ciudadanos, como sociedades y, de hecho, como civilización, que los capitalistas de la vigilancia saben demasiado para merecer la libertad que piden.

NOTAS

(1) Adam Smith, The Wealth of Nations, ed. Edwin Cannan (New York: Modern Library, 1994), 485.

(2) Friedrich August von Hayek, The Collected Works of Friedrich August Hayek, ed. William Warren Bartley (Chicago: University of Chicago Press, 1988), 1:14.

(3) Friedrich Hayek, “The Use of Knowledge in Society”, in Individualism and Economic Order (Chicago: University of Chicago Press, 1980). See the discussion on 85–89.

(4) Hayek, “The Use of Knowledge”, 89 (italics mine).




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com