October 31, 2021
De parte de Briega
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Alberto Santamar铆a (45 a帽os) es un fil贸sofo, profesor y poeta de Santander. En 2013, buscando informaci贸n sobre la represi贸n franquista en su ciudad, descubri贸 que el Palacio de la Magdalena, el sitio preferido de su infancia, una parada obligada para turistas y residentes, hab铆a sido un campo de concentraci贸n. El descubrimiento lo dej贸 at贸nito. Decidi贸 investigar. Cogi贸 su coche y viaj贸 a todos los archivos hist贸ricos de Espa帽a. Recopil贸 expedientes, documentos, fotos, cartas y testimonios sobre el funcionamiento de este dispositivo represivo.

Arm贸 dos exposiciones, una en un centro cultural y otra en una peque帽a librer铆a. Su trabajo tuvo muy buena repercusi贸n entre los santanderinos sensibilizados con la memoria hist贸rica. Entonces, envalentonado, se anim贸 a m谩s: acercar su investigaci贸n al Ayuntamiento con la intenci贸n de habilitar un espacio de memoria en este emblem谩tico edificio. Nunca obtuvo respuesta. Toda la documentaci贸n recopilada est谩 hoy cogiendo polvo en dos cajas guardadas debajo de su cama.

El historiador y escritor Esteban Ruiz (59 a帽os) hizo un recorrido similar: recogi贸 en los 煤ltimos a帽os cientos de documentos textuales y gr谩ficos -muchos de ellos in茅ditos- sobre el “universo concentracionario” que se mont贸 en Santander tras el avance nacionalista en todo el frente norte. Edit贸 el libro Cantabria. Voces de la Rep煤blica y la Guerra Civil, lanzado y presentado a fines del a帽o pasado. Un cap铆tulo de su trabajo est谩 dedicado al campo de concentraci贸n del Palacio de la Magdalena, pionero y modelo de la represi贸n franquista.

Los trabajos de Santamar铆a y Ruiz forman parte de un “nuevo registro hist贸rico” en Santander, que, seg煤n ellos, viene a “quebrar un relato 煤nico y hegem贸nico” enquistado en el imaginario colectivo de la ciudad.

“En Santander incomoda much铆simo que se hable de lo que ocurri贸 en el Palacio de la Magdalena y de este universo concentracionario, que incluy贸 la tabacalera, la plaza de toros y campos de f煤tbol, entre otros lugares. Estas investigaciones incomodan porque quiebran un relato que ha prevalecido durante much铆simo tiempo”, explica Ruiz.

“Esa incomodidad -agrega Santamar铆a- lleva a un inter茅s institucional de querer invisibilizar esto que ocurri贸. Es hora de asumirlo y de dignificar a las v铆ctimas. Buscamos traer al presente esto que pas贸 en ese palacio, que se ha ninguneado en la historia de Santander y en la historia de Espa帽a”.

“Un sitio del que nadie se pod铆a escapar”

La p谩gina del Palacio de la Magdalena define a este edificio como el “m谩s emblem谩tico de Santander y uno de los m谩s destacados ejemplos de la arquitectura civil del norte de Espa帽a”. Es sede de la Universidad Internacional Men茅ndez Pelayo (UIMP) y un lugar elegido para los eventos sociales de la ciudad: bodas, congresos y festivales.

La cronolog铆a oficial empieza en 1908 (su construcci贸n), sigue por los a帽os 1913 y 1930 (residencia de los reyes), pasa por la Segunda Rep煤blica (inauguraci贸n de la Universidad en 1933) y salta a 1941, cuando el palacio se transform贸 en un albergue para alojar a los damnificados del incendio que sufri贸 la ciudad. La l铆nea hist贸rica la completan otras dos fechas importantes: 1977 (cuando el Ayuntamiento compra la propiedad) y 1995 (la remodelaci贸n y rehabilitaci贸n del edificio).

El palacio -en su sitio web y en su recorrido tur铆stica- omite lo que ocurri贸 entre 1937 y 1940. Santamar铆a y Ruiz se propusieron llenar ese par茅ntesis. Revisaron archivos hist贸ricos (Madrid, 脕vila, Salamanca), rastrearon fuentes, recopilaron fotos, y encontraron cartas y testimonios de aquellos a帽os.

Santamar铆a explica que el campo de concentraci贸n de la Magdalena se abri贸 en agosto de 1937, tras la ca铆da de la ciudad, en una “de las rendiciones m谩s grandes de toda la Guerra Civil, m谩s de 50.000 personas”. “Por su geograf铆a, este palacio era perfecto para instalar un campo de concentraci贸n. Estamos hablando de una pen铆nsula con puertas de acceso. Era un sitio del que nadie se pod铆a escapar. La 煤nica forma era nadar hacia el mar Cant谩brico. Hay relatos de que algunos presos intentaron escapar a nado y aparecieron muertos”, se帽ala.

Para Ruiz, este campo de concentraci贸n se situ贸 como un “enclave fundamental” en tanto que la ca铆da de Euskadi “hizo de la zona y alrededores del palacio el lugar ideal para generar un sistema acorde a los intereses del franquismo: aislar, depurar y eliminar”.

En La Magdalena se busc贸 recluir en un recinto “al mayor n煤mero de sospechosos”, sin juicio alguno, sin garant铆a de ning煤n tipo. “Estos presos pod铆an estar meses all铆 recluidos, hasta que les era tomada la declaraci贸n. Durante esos meses de espera, muchos de ellos enfermaban; otros, directamente, mor铆an”, explica Ruiz.

El del Palacio de la Magdalena fue uno de los primeros de los casi 300 campos de concentraci贸n que se montaron en toda Espa帽a y “el m谩s fotografiado”, ya que sirvi贸 “de modelo a seguir” para otras construcciones, subraya Santamar铆a: “Pocos campos tienen un banco de im谩genes tan grande. Se explica porque desde el primer d铆a se us贸 como referencia para la propaganda franquista”.

Los presos estaban en lo que hoy es el paraninfo del palacio (auditorio), junto a las caballerizas. El espacio de reclusi贸n estaba pensado para 600 presos. Hay registros con un total de 1.838 reclusos, m谩s del triple de su capacidad.
“Justo en el lugar, en el paraninfo, donde hoy se desarrollan parte de las actividades acad茅micas de la UIMP, se llev贸 a cabo una de las reclusiones concentracionarias m谩s dolorosos y grotescas de la contienda civil”, dice Ruiz sobre el punto geogr谩fico exacto de aquel horror.

En las caballerizas estaban las tropas y los oficiales. Seg煤n los planos realizados por los mandos militares, en esa zona hab铆a un peque帽o espacio para “los incomunicados”. En un documento hallado en el Archivo General de 脕vila se detallan “las rutinas” del campo de concentraci贸n: levantar un brazo con el saludo fascista por las ma帽anas con la aparici贸n de los mandos, cantar el Cara al Sol, la asistencia a la misa diaria y las actividades “para fomentar el esp铆ritu espa帽ol”.

En ning煤n papel oficial de la 茅poca hay registros de las condiciones inhumanas en las que viv铆an los presos. Sin embargo, estos investigadores reconstruyeron parte de esa cruel vida cotidiana con cartas de la 茅poca y con un libro de poemas escrito por un recluso, el catal谩n Jaume Anglada, durante su encierro en el palacio. “Potes y platos, relucientes y vac铆os, pupilas apagadas, pantalones que caen, agua en la boca鈥omer con la imaginaci贸n鈥 隆Querer y no poder comer! 驴Ser谩 esto un clamor? 隆Es el hambre!”, reza una de esas p谩ginas.

“Es un libro de poemas que se public贸 en la d茅cada del 90, que habla del hambre, de las enfermedades, de las humillaciones. Un ejemplo: los presos se aseaban en la playa, en el mar salado, a temperaturas bajo cero, lo que era terrible”, detalla Santamar铆a sobre estas prosas.

La fecha de cierre del campo de concentraci贸n no figura en ning煤n archivo. Este historiador cree que fue entre finaless de 1939 y principios de 1940: “Con seguridad, en 1941 ya estaba cerrado. Ese a帽o ocurre el gran incendio de Santander y mucha gente fue llevada a La Magdalena, que se transform贸 en un refugio. Por lo tanto, estamos hablando de un campo de concentraci贸n que funcion贸 durante dos a帽os y medio”.

Propuestas sin respuesta

Santamar铆a recuerda que la difusi贸n de su investigaci贸n tuvo “tres grandes momentos”: la sorpresa, la negaci贸n y la incomodidad. “驴C贸mo puede ser posible que esto haya pasado en nuestra ciudad sin enterarnos?”, fue una de las respuestas m谩s comunes que recibi贸 entre allegados y c铆rculos 铆ntimos.

En su caso, esa incomodidad qued贸 en evidencia en su deseo de acercar su investigaci贸n al Ayuntamiento para “habilitar el debate” sobre un posible espacio de memoria. “Mand茅 varios de correos. Nunca recib铆 respuestas. Me han ignorado por completo. Ni un “vamos a pensarlo”. Nada, se lamenta.

Choc贸 con el mismo silencio cuando arm贸 una “exposici贸n port谩til” con la intenci贸n de difundir su trabajo en los establecimientos educativos de Santander. Cuenta que contact贸 en los 煤ltimos seis a帽os con casi todos los colegios secundarios. Mont贸 la exposici贸n sola una vez. “Es algo gratuito pensado para montarse en una ma帽ana. Tambi茅n est谩 guardada. Es m谩s f谩cil callarse, no moverse, no meterse, no visibilizar”, explica.

Ruiz tambi茅n ha palpado la misma incomodidad con la difusi贸n de su libro. “El Ayuntamiento de Santander siempre se sentir谩 inc贸modo con este debate. La memoria hist贸rica incomoda y molesta. Y es bueno que as铆 sea. Es importante que incomode y moleste cuando t煤 tienes en tu armario cad谩veres que no quieras que se vean”, dice.

Y agrega: “Hay gente que todav铆a se sorprende cuando uno comenta esto. Estamos hablando de una ciudad muy conservadora que ha mantenido oculta esta verg眉enza durante mucho tiempo. El silencio es enorme porque nadie hab铆a puesto en evidencia todos estos documentos y materiales. Ni Santamar铆a ni yo queremos reescribir la historia, ni sacar a la luz verdades ocultas. Lo que queremos es mirar lo que no se quiere ver. Santander ha guardado esto bajo llave como esos fantasmas familiares que tanto perturban en los hogares”. Ruiz habla de una “amnesia colectiva” en toda Espa帽a que en Santander ha sido “a煤n m谩s profunda”.

El Ayuntamiento: “Desconozco si esto incomoda al PP”

Eva Guillermina Fern谩ndez es la directora general de Cultura de Santander, un departamento que est谩 en manos de Ciudadanos, el socio de gobierno que tiene hoy el Partido Popular, fuerza pol铆tica que lleva gobernando la ciudad desde hace casi cuatro d茅cadas. Esta licenciada en Geograf铆a e Historia por la Universidad de Cantabria -con 20 a帽os de experiencia en la gesti贸n cultural- est谩 en funciones desde febrero, cuando sustituy贸 a Enrique Bolado, quien dimiti贸 al cargo por razones personales. Es la voz que eligi贸 el Ayuntamiento para responder a las preguntas de P煤blico.

Dice que, a ella, en lo personal, el debate “no le incomoda en lo m谩s m铆nimo”. “Pertenezco a una concejal铆a que es de un color pol铆tico distinto al equipo mayoritario de gobierno. La verdad, desconozco si esto incomoda al PP; a m铆, no”, afirma. 

Aclara que lleva “pocos meses en el cargo” y que no tiene constancia alguna de la queja que hace Santamar铆a -a quien conoce- sobre la nula respuesta institucional a su pedido. “Estamos dispuestos a recibirle y a debatir todo tipo de propuestas. Pero es un tema que tiene la suficiente envergadura e importancia para que afecte a todo el ayuntamiento, no a una sola concejal铆a o a una persona. Excede a un cargo t茅cnico como el m铆o. Hay que buscar un consenso mayoritario”, comenta.

Fern谩ndez asegura que “el ayuntamiento tiene un d茅ficit de personal importante”. “Hay muchos temas que se quedan estancados, no solo con aquellos que tienen que ver con la memoria hist贸rica, sino con todos. Los expedientes est谩n yendo muy despacio en todos los aspectos. Hay muchas cuestiones que se est谩n retrasando”, aclara.

Sobre las cajas que est谩n debajo de la cama de Santamar铆a, reconoce que debe ser “muy frustrante” para el historiador. “Por desgracia, hay muchas investigaciones, no solo a nivel de memoria hist贸rica, sino tambi茅n a nivel cient铆fico, que se quedan en los cajones”, justifica.

Miguel Saro D铆az es el 煤nico concejal que tiene la izquierda en Santander. Representa al grupo mixto Unidas por Santander. Es licenciado en Derecho y afiliado a IU y PCE desde 1999.

Su militancia y recorrido pol铆tico -lleva siete a帽os en su puesto- le permiten trazar un diagn贸stico de esta “particular desmemoria” que sufre la capital de Cantabria. Destaca dos grandes caracter铆sticas para entender este fen贸meno: la hist贸rica hegemon铆a de la derecha y su particular patr贸n urbano-productivo. “Desde agosto del 37 que entraron los fascistas, en Santander nunca ha habido un gobierno distinto que no fuese conservador. Desde la vuelta a la democracia siempre ha gobernado el PP. La izquierda no ha estado ni cerca de gobernar Santander”, subraya como primer punto.

Y agrega: “Lo otro a destacar es que Santander es una ciudad muy conservadora, muy volcada al sector servicios, una ciudad que ha perdido su polo industrial. Tiene una poblaci贸n envejecida, con j贸venes que viven en las afueras y con muchas segundas residencias. “Es una ciudad volcada en el turismo, que recibe a much铆simos visitantes, sobre todo en verano. En este contexto, la memoria hist贸rica interesa entre poco y nada”.

Pone un ejemplo: dice que el Ayuntamiento lleva a帽os “mareando la perdiz” para no cumplir la ley y modificar el callejo urbano, plagado de nombres de ministros y generales golpistas. “He propuesto muchos proyectos para reconocer a las v铆ctimas del franquismo. Me han dado siempre la espalda. Es un tema que no gusta nada, del que mejor no hablar”, explica.

El campo de concentraci贸n del Palacio de la Magdalena forma parte de este “mejor no recordar”. “Hay que tener en cuenta que se trata de un palacio p煤blico, del que el Ayuntamiento es propietario desde 1979, emplazado en una zona de much铆simo uso por parte de los santanderinos. Estamos hablando de una de las pocas im谩genes internacionales de Santander. Esto hace que el debate incomode y moleste a煤n m谩s”.

As铆 y todo, subraya el concejal, el pasado de la Magdalena ha ganado “algo de terreno” en la agenda de la ciudad. En 2019, en el marco de las jornadas po茅ticas conocidas como La Surada Po茅tica, el colectivo cultural La Vor谩gine logr贸 lo impensado: una intervenci贸n art铆stica en las caballerizas del palacio. M谩s de 300 voluntarios recrearon una de las fotograf铆as m谩s emblem谩ticas de este campo de concentraci贸n.

Investigaciones como las de Ruiz y Santamar铆a ayudan, a juicio de Saro D铆az, a “resquebrajar este profundo silencio”. “Lo bueno es que, por m谩s que no guste, este debate no se puede esconder. Vienen muchos estudiantes extranjeros a estudiar en ese palacio. Creo que hay margen para hacer visible este debate”, concluye.

Un pasado que incomoda al 鈥淪antander de bien鈥

El Colectivo Desmemoriados trabaja desde hace seis a帽os en “la recuperaci贸n de la memoria colectiva de Cantabria”. Realizan diversas actividades de car谩cter informativo, divulgativo, consultivo y de coordinaci贸n. Valent铆n Andr茅s G贸mez es una de las caras visible de este proyecto horizontal y autogestionado. Traza -a partir de su militancia en el terreno- otras “claves” para entender esta mezcla de olvido, silencios e incomodidades en torno al oscuro pasado del Palacio de la Magdalena.

“Santander ha vendido la imagen del Santander de toda la vida, una poblaci贸n identificada con las clases medias descendientes de la burgues铆a comercial. Todo aquello que no encaja en esta memoria del Santander de bien queda ausente, no existe. Cuando alguien saca a relucir algo como esto, incomoda y molesta”, analiza.

La incomodidad -explica- pasa por tener que “aceptar un pasado siniestro y violento que se aleja de esta imagen id铆lica de Santander”. “Decir a viva voz que el palacio fue un campo de concentraci贸n es muy dif铆cil. Este silencio hace que exista un porcentaje muy peque帽o de la poblaci贸n que tenga referencia sobre lo que ocurri贸 en este lugar tan emblem谩tico de la ciudad”. G贸mez explica que si no se ha removido algo “tan visible” como el callejero franquista, es “pr谩cticamente imposible” recuperar el pasado represivo de la Magdalena y llevar ese debate al 谩mbito institucional.

“El Ayuntamiento nunca se ha puesto en contacto con nosotros. Y de nuestra parte sabemos que no nos van a recibir. El problema no es que no nos llamen. El problema es que son quienes tiene la capacidad y los recursos de asentar esta memoria colectiva olvidada, de afianzarla. Claramente, no tienen inter茅s alguno en hacerlo”, asevera.

Y remata: “Pocas cosas pueden incomodar m谩s al gobierno local que tener que visibilizar el pasado oculto de un lugar que se vende para el mundo como el m谩ximo emblema de la ciudad”.




Fuente: Briega.org