November 11, 2020
De parte de Valladolor
123 puntos de vista


Sacrificio, resistencia, moral de
victoria, unidad (entre empresarios y trabajadores). Estas palabras
constituyen el mantra que repite de modo machac贸n el presidente de
Espa帽a, Pedro S谩nchez, desde el inicio de la pandemia. Su uso no es
casual: quieren que los proletarios y proletarias veamos nuestras
necesidades amordazadas, que no luchemos por nuestros intereses, en un
momento en que nuestra vida se ve amenazada.

Sacrificio, resistencia, moral de
victoria y unidad son sin贸nimos de pasividad, de dejarnos matar como
carne de ca帽贸n, someti茅ndonos a las necesidades del gobierno y del
capital, de su l贸gica de acumulaci贸n.

En la primavera de este a帽o murieron
decenas de miles de personas en el Estado espa帽ol y m谩s de un mill贸n de
personas en todo el mundo, aunque los datos reales son siempre muy
superiores a los oficiales. En esa ocasi贸n fue flagrante c贸mo todos los
Estados pusieron las necesidades de la econom铆a nacional por encima de
las vidas y la salud. De hecho, el gobierno de Espa帽a, en el inicio del
verano, llev贸 a cabo un desconfinamiento acelerado para impulsar el
turismo y la hosteler铆a, una de las principales actividades econ贸micas
de un capital local cada vez m谩s en crisis. Los telediarios locales
dedicaban m谩s de la mitad de su duraci贸n a ense帽arnos las terrazas de
los bares repletos. Los noticiarios empezaban su emisi贸n saludando a los
turistas alemanes que llegaban a Mallorca de nuevo. El gobierno
anunciaba triunfante que 芦hab铆amos vencido al virus禄. El sacrificio, la
resistencia, la unidad y la moral de victoria hab铆an ganado. Y, sin
embargo鈥

Sin embargo, era muy f谩cil prever que no
iba a ser as铆, que el virus volver铆a con la fuerza de la reanudaci贸n de
la producci贸n y circulaci贸n mercantil. Y mucho antes de lo que ning煤n
experto hab铆a previsto. Sucedi贸 ya durante el verano, primero en Arag贸n y
Catalu帽a, y desde agosto en Madrid.

Y sin embargo el Estado no tom贸 medidas,
y no es casual. Lo que interesa al Estado es que la econom铆a avance y
crezca, porque es de ese modo que se alimenta el capital, que nos devora
y nos hace v铆ctimas colaterales pero necesarias. A finales del verano,
desde la televisi贸n, asistimos con machacona insistencia a la necesidad
de abrir las escuelas, a toda costa, cayese quien cayese. La ministra de
Educaci贸n, Cel谩a, lleg贸 a anunciar en El Pa铆s que los
beneficios de su apertura eran superiores a los riesgos (o sea la
enfermedad y muerte de trabajadores y familias). Los beneficios
consist铆an en que la m谩quina siguiese funcionando, que la sociedad
siguiese produciendo y consumiendo y para ello los alumnos deb铆an estar
confinados en las escuelas. Las luchas que surgieron frente a la
apertura de las escuelas, como la que se dio en Madrid, fueron
importantes pero muy minoritarias. A d铆a de hoy ya hay al menos un
docente muerto que sumar a las fr铆as estad铆sticas de los ca铆dos en
combate. Todo ello bajo el nombre de la unidad, resistencia y moral de
victoria.

Poco a poco se anuncia un segundo
confinamiento domiciliario. La enfermedad no deja de crecer y con ella
los hospitalizados, ingresados en UCI y muertos diarios. V铆ctimas
colaterales de la moral de victoria, carnes de ca帽贸n del capital. Y, sin
embargo, un segundo confinamiento ser谩 muy diferente al primero. De
hecho ya lo es. Porque no hay soluciones dentro del capital:
confinamiento significa, dentro de los par谩metros capitalistas, paro y
pobreza, miseria y hambre, despidos y precarizaci贸n laboral. Por eso es
falsa la polarizaci贸n entre partidos de izquierda y de derecha. Si no
hay soluciones dentro del capital, los pol铆ticos, sin importar el bando
en el que est茅n, no pueden m谩s que administrar el desastre y mandar a la
polic铆a cuando protestamos. Y entre ellos, la izquierda lo hace
mintiendo. El gobierno m谩s progresista de la historia de Espa帽a, como le autodenominaron sus followers
con el histrionismo que caracteriza a la izquierda progre, dijo por
boca de su vicepresidente segundo que no iban a dejar a nadie atr谩s.
Pero ya se sabe, las palabras son palabras y no valen nada. Lo que s铆
vale son las necesidades de la econom铆a nacional, que se expresan en
miles de desahucios semanales, cientos de miles de despidos al mes,
millones de personas en la pobreza y miseria.

Ese es el material inflamable que
alimentar谩 las hogueras, presentes y futuras, de la rabia social. La
rabia ya ha empezado. Se ha expresado en las movilizaciones de estos
d铆as, de un modo muy confuso, con una participaci贸n cierta tambi茅n de
grupos de extrema derecha, pero no podemos dejar que los 谩rboles nos
impidan ver el bosque. Lo que hay es una enorme rabia social que se
acumula y se acumular谩 cada vez con m谩s fuerza. De fondo asistimos a un
mundo que ya no da m谩s de s铆, que ha agotado su base propulsora (la
acumulaci贸n de capital en forma de valor) y que a eso a帽ade una
acumulaci贸n catastr贸fica de crisis, desde la pandemia al cambio
clim谩tico. Es importante analizar estos disturbios y manifestaciones en
perspectiva, no en la fotograf铆a del momento, sino en proceso. La
instant谩nea no nos permite reconocer la secuencia de los
acontecimientos, 茅stos solo se pueden entender dentro de la din谩mica m谩s
general del capitalismo. Y esta din谩mica es catastr贸fica.

Estamos entrando en el final de una
larga historia, en la crisis de supervivencia del capital. Con ello no
afirmamos que el camino sea f谩cil o sencillo, todo lo contrario. Nos
encontraremos con mucho material inflamable durante estos a帽os, material
que despertar谩 luchas y polarizaciones sociales. Lo decisivo es que
estas luchas adquieran una direcci贸n y sentido de clase. Y para ello
debemos constituirnos en un cuerpo unido de combate 鈥攅sto es, en clase鈥
contra todos nuestros enemigos. Y eso incluye a los fascistas pero
tambi茅n al izquierdismo socialdem贸crata en todas sus variantes.

 http://barbaria.net/2020/11/07/el-capital-mata/

 




Fuente: Valladolorentodaspartes.blogspot.com