September 2, 2022
De parte de CNT
294 puntos de vista

GLOBAL | Extra├şdo del cnt n┬║ 431

En tiempos de guerra la propaganda es bien simple: el enemigo es muy malo, quiere invadirnos y matarnos a todos, no hay más factores detrás. La pandemia nos ha acostumbrado a este tipo de propaganda y parece que ha calado en esa clase media alta que mastica, traga y digiere el mensaje institucional que repiten como loros los medios de comunicación burgueses.

La realidad es que las guerras surgen, o bien por nacionalismos creados artificialmente, o bien por la conquista de recursos y v├şas de comercio. Y en el caso de Rusia y Ucrania, dos naciones unidas por lazos hist├│ricos y ├ętnicos, se dan los dos factores.

Ucrania lleva a├▒os siendo mimada por sus vecinos, tanto al oeste por la Uni├│n Europea a instancias de su amo estadounidense, como al este por Rusia. Desde el oeste se les ofrec├şa el sue├▒o europeo, el mismo que lleva viviendo el Estado espa├▒ol desde mediados los 80 y que ya sabemos que s├│lo supone poca cobertura para los m├ís desfavorecidos y m├ís riqueza para los de siempre. Desde el este, Rusia promet├şa los recursos y seguridad de una gran naci├│n con armas nucleares. Parece evidente una tercera opci├│n como naci├│n neutral, pero la gran guerra econ├│mica que se lleva librando entre las dos grandes potencias Estados Unidos y China se est├í recrudeciendo a pasos agigantados, y el futuro planeta que estar├í dividido en dos no admitir├í neutralidad, al menos en los pa├şses a los que ha tocado la mala suerte de estar justo en medio. Lo que ya est├í quedando cada vez m├ís claro es el bando que ha elegido Rusia.

Las guerras surgen, o bien por nacionalismos creados artificialmente, o bien por la conquista de recursos y v├şas de comercio

En esta tesitura, Ucrania primero se decanta a principios del a├▒o 2014 por romper los lazos con Europa y entrar en la ├│rbita rusa con el entonces presidente V├şktor Yanuk├│vich, en una decisi├│n con tufillo a pol├ştico comprado. El norteamericano, en su papel de palad├şn del mundo libre, no se cruza de brazos y organiza una de sus ya conocidas revoluciones populares espont├íneas, el llamado Euromaid├ín, en esta ocasi├│n capitaneadas por nazis armados hasta el punto de poder plantar cara a las fuerzas represivas estatales, y llegando a utilizar francotiradores que disparan sin distinci├│n a manifestantes y polic├şas para acelerar la ca├şda de Yanuk├│vich, con un tufillo a CIA cada vez m├ís demostrado.

Lo primero que decide el nuevo gobierno fue eliminar las lenguas minoritarias, ruso incluido, y prohibir los partidos comunistas. Los rusos, por su parte, intervinienen militarmente en la regi├│n de Crimea y controlan su gobierno desde entonces. Esta regi├│n, mayoritariamente de habla rusa, es una pen├şnsula al sur de Ucrania en la que Rusia posee una base naval de gran importancia militar por suponer una salida al Mar Negro y por tanto al Meditarr├íneo. Por su parte, en el este, en las regiones de Lugansk y Donetsk, el llamado Donb├ís, se produce una reacci├│n al Euromaid├ín en el que milicias prorrusas declaran la Rep├║blica Popular del Donb├ís, a la que el gobierno ucraniano responde, desatando una guerra que se extiende desde entonces pese a los intentos de tregua en los Acuerdos de Minsk. Estas tropas gubernamentales incluyen a buena parte de batallones de ideolog├şa abiertamente nazi, que en los medios occidentales escucharemos con el eufemismo de ultranacionalistas.

A principios de este a├▒o, Estados Unidos anuncia que ha detectado movimientos de tropas rusas cerca de Ucrania y los acontecimientos se desatan. Pese a que las tropas rusas est├ín realizando maniobras ya planeadas y anunciadas desde hace seis meses, las violaciones de los acuerdos de Minsk se multiplican y el 21 de febrero, en una sorprendente operaci├│n, Donetsk y Lugansk declaran su independencia y Rusia decide invadir Ucrania. El argumento de fondo incluye la desnazificaci├│n del pa├şs y su neutralidad respecto a la OTAN y la UE. Pero aunque el 15 de marzo el presidente Zelensky reconoce que jam├ís entrar├ín en la OTAN, Rusia contin├║a sus ataques.

La UE, en una decisi├│n sin precedentes, abre sus puertas a los refugiados ucranianos, en contraste con lo que sucede con los africanos o sirios.

La UE, en una decisi├│n sin precedentes, abre sus puertas a los refugiados ucranianos, en contraste con lo que sucede con los africanos o sirios. La maquinaria medi├ítica se pone en marcha, recordando rancios recelos contra el enemigo ruso, dignos de novela de esp├şas de la guerra fr├şa. Se alienta la propaganda del miedo, se habla de tercera guerra mundial, se resalta que se est├ín bombardeando zonas cerca de territorio OTAN o de centrales nucleares.

Mientras, en Polonia -bando de los buenos-, el periodista Pablo Gonz├ílez, con nacionalidad espa├▒ola pero nacido en Rusia, es acusado de espionaje y arrestado sin posibilidad de hablar ni con sus abogados. Parecer├şa que no ha sido la casualidad la que ha propiciado el ascenso del fascismo en toda Europa en los ├║ltimos a├▒os y que ser├í tan ├║til en estos a├▒os de guerra fr├şa 2.0 que se avecinan. Este es el caso polaco, donde presidente y primer ministro pertenecen al partido de extrema derecha Ley y Justicia. Al igual que en el bando de los malos, Amnist├şa Internacional ha denunciado en su informe 2020 menoscabos a la independencia del poder judicial, restricciones a los derechos del colectivo LGTBI, el acceso al aborto y a los de manifestaci├│n, reuni├│n y expresi├│n.

En el mundo de la econom├şa, los especuladores se frotan las manos. Mientras se establecen medidas de embargo contra Rusia, Wall Street se adue├▒a de la barata deuda corporativa rusa. La Reserva Federal estadounidense comienza una pol├ştica de aumento de los tipos de inter├ęs. La inflaci├│n lleva tiempo disparada por una pol├ştica econ├│mia acomodaticia, es decir, liarse a producir dinero ficticio como si no hubiera ma├▒ana para propiciar una plena ocupaci├│n de los factores productivos. Toca apretarse el cintur├│n una vez m├ís y la culpa claramente es de los malos. Los mercados burs├ítiles han tenido tiempo para cubrir sus posiciones y esperan el final de la guerra para volver a comprar y que el valor aumente. La guerra se alarga pero no pasa nada, cuanto m├ís se destruya m├ís se tendr├í que reconstruir despu├ęs.

Principales gasoductos a trav├ęs de Ucrania, que unen yacimientos de gas de Siberia Occidental con pa├şses de Europa Occidental. / Rianovosti

Se avecinan tiempos dif├şciles para el planeta, con las dos grandes potencias china y estadounidense mirando desde arriba las fichas de un gran tablero de ajedrez. Europa cada vez se lo pone m├ís complicado al gigante asi├ítico para ser su mercado de demanda, pero tardar├í en independizarse precisamente por su gran dependencia. Nos sali├│ mal la globalizaci├│n. As├ş que China busca nuevos mercados y mira a ├üfrica, camino de convertirse en su segundo mundo. Y ah├ş s├ş que nos toca estar justo en medio, as├ş que Espa├▒a mima a su vecino marroqu├ş d├índole manga ancha en su conflicto con el pueblo saharahui, pero a la vez enfadando a su vecino argelino, su principal suministrador de gas.

La ├║nica v├şa para salir de este futuro poco alentador es cambiar todos los paradigmas. Olvidar el sue├▒o ut├│pico del estado del bienestar y salir de esta vor├ígine capitalista que no nos conducir├í a ning├║n lado. Lamentablemente, las protestas ciudadanas se han encaminado a un escueto No a la guerra, cuando pod├şan haber ido m├ís all├í en su an├ílisis y haber dado la importancia que tienen en el trasfondo de esta situaci├│n otros factores. En primer lugar, abrir el debate de la fabricaci├│n de armas, que crean empleo en una zona para que mueran personas en otras. Pensar lo que supone realmente que el Estado espa├▒ol sea el s├ęptimo exportador de armas del mundo. En segundo lugar, la pertenencia e incluso la existencia de la OTAN, organizaci├│n que perdi├│ su raz├│n de ser hace ya treinta a├▒os pero que contin├║a dejando un rastro de guerras y golpes de estado -eufemismo occidental democratizaci├│n- por todo el mundo. En tercer lugar, el sistema econ├│mico que perpet├║a a unos pocos en lo alto del mundo a costa de la sobreexplotaci├│n de los recursos naturales, la miseria de muchos y la creaci├│n de contextos geopol├ştcos que no pueden tener otro final que un conflicto b├ęlico. Y por ├║ltimo olvidar las fronteras, las razas, la separaci├│n del g├ęnero humano por razones indignas del siglo XXI, la supuesta superioridad cultural y social de occidente, el odio por lo que est├í lejos. Todos somos iguales. Todos somos seres humanos.




Fuente: Cnt.es