August 15, 2021
De parte de Nodo50
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No hace tanto tiempo que uno de los mayores obst谩culos contra el activismo medioambiental era el negacionismo del cambio clim谩tico. En una t谩ctica financiada en secreto por la industria de los combustibles f贸siles, la ciencia fue ferozmente desacreditada. La desinformaci贸n se dispar贸 constantemente para ocultar una realidad mortal. 

Hoy en d铆a, con algunas notables excepciones, son pocos los que niegan las pruebas del cambio clim谩tico. Ese debate finalmente est谩 caduco. Incluso el gigante petrolero Shell se ve obligado a admitir la emergencia clim谩tica, habiendo implorado recientemente en un tuit que nos planteemos 鈥溌縌u茅 est谩s dispuesto a hacer para ayudar a frenar las emisiones?鈥

Pero la resistencia a entender correctamente el cambio clim谩tico a煤n no se ha eliminado del todo. M谩s bien, nos enfrentamos a una forma diferente y m谩s sutil de negacionismo clim谩tico

Esta perspectiva no niega la ciencia de la emergencia clim谩tica: niega su pol铆tica. Pretende que con un ajuste aqu铆, o una modificaci贸n all谩, se puede evitar el desastre. Act煤a como si el sistema, tal y como lo conocemos, fuera viable, centr谩ndose en fomentar el uso de bolsas reutilizables. Sugiere que la crisis clim谩tica es una cuesti贸n de consumo personal, como si un cambio en las preferencias de consumo pudiera ser suficiente para evitar un desastre clim谩tico. 

Esta fantas铆a liberal tiene como compa帽era otra noci贸n enga帽osa: el llamado 鈥淎ntropoceno鈥. Un concepto cada vez m谩s popular entre acad茅micos y activistas por igual, sugiere que los humanos en general somos responsables del aumento del di贸xido de carbono en la atm贸sfera, pasando de 280 partes por mill贸n en 1750 a 417 en mayo del a帽o pasado. 

Este enfoque de la crisis clim谩tica es similar al tipo de pensamiento del establishment que culpan de los graves males sociales 鈥揷omo la pobreza y el analfabetismo鈥 a la sociedad en su conjunto, en lugar de al sistema econ贸mico que los causa y a la riqueza de unos pocos que tienen poder para mitigarlos. 

La tesis del Antropoceno tiene tambi茅n un lado a煤n m谩s preocupante. Si se puede culpar a la humanidad colectivamente de los males del planeta, entonces, seg煤n la l贸gica, una reducci贸n de la poblaci贸n mundial podr铆a ser una soluci贸n. Fue Thomas Malthus quien en el siglo XVIII lleg贸 a esta conclusi贸n, pero no han faltado neomaltusianos desde entonces.

La tesis maltusiana de la superpoblaci贸n fue criticada por Marx y Engels, que la calificaron de 鈥渄ifamaci贸n del g茅nero humano鈥. Para los socialistas, Malthus hab铆a culpado err贸neamente a la humanidad de un sinf铆n de problemas que en realidad se derivaban de un sistema social. Si las cosas se produjeran y distribuyeran en funci贸n de las necesidades humanas y no del crecimiento capitalista, y si la tecnolog铆a se dirigiera a los mismos fines, no habr铆a raz贸n para que la humanidad no viviera en armon铆a con el planeta. 

Las pruebas respaldan esta tesis. Un informe redactado por el Carbon Disclosure Project en 2017 mostr贸 que 100 empresas son responsables del 71% de las emisiones mundiales de carbono desde 1988. En 2019, un estudio similar del Climate Accountability Institute descubri贸 que s贸lo 20 empresas son responsables del 35% de todas las emisiones de di贸xido de carbono y gas metano relacionadas con la energ铆a a escala mundial desde 1965. 

En otras palabras, nuestro problema no es el Antropoceno. Nuestro problema es el capitalismo. El colapso ecol贸gico al que nos enfrentamos hoy en d铆a puede atribuirse en su totalidad a la gran acumulaci贸n de recursos planetarios por parte de una 茅lite minoritaria, que nos est谩 conduciendo hacia el cambio clim谩tico a trav茅s de su codicia. El capitalismo es un sistema de alta concentraci贸n de poder. Y ya sea como consumidores individuales 鈥揷on sus jets privados y su consumo excesivo y exuberante鈥 o como capitalistas en la econom铆a internacional 鈥揻orzando una mayor extracci贸n de petr贸leo y gas o llevando la producci贸n a lugares m谩s baratos y contaminantes鈥, la clase dominante tiene un impacto enormemente desproporcionado en nuestro clima. 

En una sociedad de clases, los deseos de una 铆nfima minor铆a tienen prioridad sobre la supervivencia de todos, ya que el capitalismo nos condena a una acumulaci贸n infinita. Tanto los capitalistas como los trabajadores est谩n bajo la 茅gida del mercado: vender o perecer. El capital, como dec铆a Marx, es 鈥渧alor autovalorizante鈥: la riqueza se ve obligada a generar m谩s riqueza. 

Mientras destruimos el suelo que pisamos y anunciamos el aumento de las cifras del PIB en nuestro planeta finito, el orden social actual se asemeja a un culto a la muerte.  La peculiaridad del capitalismo es que es un sistema tanto de poder de clase como de dominaci贸n universal , y ambos impulsos lo hacen doblemente t贸xico para el medio ambiente

Cada vez es m谩s popular la tesis de que el capitalismo como sistema, y no la humanidad como especie, es el responsable de la crisis medioambiental. El libro Fossil Capital, del sueco Andreas Malm, explora el papel que desempe帽贸 en esta din谩mica el uso de la m谩quina de vapor durante la Revoluci贸n Industrial inglesa, argumentando que la l贸gica del capital 鈥搚 especialmente su deseo de subordinar a la fuerza de trabajo鈥 fue crucial para el surgimiento de tecnolog铆as que contribuir铆an al cambio clim谩tico. 

Jason Moore, historiador y soci贸logo medioambiental de la Universidad de Binghamton, va m谩s all谩. Afirma que no estamos atravesando el Antropoceno sino el Capitaloceno, se帽alando que la mayor parte de las emisiones globales provienen de la producci贸n, algo sobre lo que la mayor铆a de la poblaci贸n tiene poco o ning煤n control. En nuestras econom铆as, los medios de producci贸n siguen estando realmente en manos de la empresa privada, en manos de los capitalistas. 

Una vez que el problema se atribuye al capitalismo, las soluciones son mucho m谩s evidentes. Si el capitalismo significa poder de clase y b煤squeda incesante de beneficios, el socialismo debe significar poder democr谩tico y producci贸n seg煤n las necesidades. Estas dos cosas deber铆an ser nuestro norte en la lucha contra el cambio clim谩tico. 

Apuntar al consumo absurdo e innecesario de la clase capitalista ser铆a un primer paso. El objetivo principal, sugiere Moore, deber铆a ser conseguir el control colectivo de los medios de producci贸n, una forma de garantizar que lo que se produzca hoy no s贸lo sea lo m谩s rentable, sino lo mejor para la sociedad y el planeta en su conjunto. 

Piensa en los beneficios que esto podr铆a aportar. En lugar de pasarnos la vida encadenados a nuestro trabajo, podr铆amos tener un control democr谩tico y planificar nuestros recursos y nuestro trabajo.  Podr铆amos establecer objetivos clim谩ticos y alcanzarlos al mismo tiempo que garantizamos el aumento del nivel de vida de la mayor铆a de la poblaci贸n, mediante la redistribuci贸n de la riqueza, la organizaci贸n eficaz de la producci贸n y tambi茅n, simplemente, m谩s tiempo libre

Y las pol铆ticas de bienestar clim谩tico podr铆an tener beneficios a煤n m谩s amplios. Hay muchos hogares que necesitan el uso de aislamiento t茅rmico, paneles solares y turbinas e贸licas. Podr铆amos formar a toda una generaci贸n de trabajadores para empleos verdes, para que ayuden a arreglar el clima en lugar de contaminarlo m谩s. Los Estados pueden hacerlo, pero s贸lo si toman la riqueza de los capitalistas y la utilizan para fines comunes y 煤tiles, en lugar de para fines privados y lucrativos. 

Esa es la necesidad de un Green New Deal o Nuevo Pacto Ecosocial, cuyo radicalismo no hace m谩s que crecer a medida que se avecina el desastre clim谩tico. Sus alternativas no nos ofrecen un futuro: el capitalismo verde, favorecido por el centro liberal, no aborda las tendencias ecol贸gicamente destructivas en el coraz贸n de nuestro sistema. O, peor a煤n, el ecofascismo: una ideolog铆a creciente que pretende aislar a una peque帽a minor铆a occidental de las consecuencias del desastre clim谩tico, mientras obliga a la empobrecida poblaci贸n mundial a pagar el precio. 

Este programa medioambiental de la extrema derecha arroja luz sobre otro aspecto de nuestra lucha. El capitalismo es un sistema global. Por lo tanto, cualquier resistencia a este sistema debe cruzar las fronteras. Si no, s贸lo alimentaremos una pol铆tica medioambiental cada vez m谩s exclusivista, m谩s preocupada por la basura que se tira en las calles de nuestras ciudades que por las inundaciones que podr铆an desplazar a una de cada siete personas en Bangladesh en 2050. 

Las decisiones tomadas en las oficinas empresariales de Londres o Nueva York pueden contaminar los r铆os de Bangladesh o destruir los bosques tropicales de Brasil. Un Nuevo Pacto Ecosocial que alimenta los coches el茅ctricos con bater铆as de litio extra铆das en condiciones insalubres en el Sur global no es suficiente. 

Las coaliciones que necesitamos para derrotar al capitalismo f贸sil ganar谩n poder uniendo a las v铆ctimas de las inundaciones, desde Alemania hasta Brasil, y a muchas otras en un movimiento ecosocialista que hable en nombre del 99% del mundo a costa de los capitalistas que se benefician de la contaminaci贸n, dondequiera que quieran asolar la tierra. 

Estos son los primeros principios de un socialismo verde. Queda mucho por hacer para completar los detalles, pero el movimiento de defensa del clima debe empezar por abandonar ciertas ilusiones. Parafraseando una vieja cita, los que no quieren hablar del capitalismo deben callar ante la devastaci贸n ecol贸gica. 

Lejos de ser un problema, el Antropoceno puede ser una soluci贸n: la idea de que la humanidad conduzca su destino colectivamente, haciendo historia deliberadamente a trav茅s de las fronteras, en un proyecto com煤n para mejorar las condiciones de vida. Hoy, la exigencia de una planificaci贸n democr谩tica que contrarreste la anarqu铆a del mercado y el poder concentrado de los capitalistas es una exigencia nada menos que para nuestra supervivencia.

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Fuente: Jacobinlat.com