February 16, 2021
De parte de Nodo50
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Diecis茅is a帽os despu茅s del proceso judicial que la Iglesia inici贸 y la justicia civil llev贸 adelante contra una exposici贸n de Le贸n Ferrari (1920-2013) realizada en el Centro Cultural Recoleta (CCR) de la Ciudad de Buenos Aires, se intenta desatar lo mismo ahora en Madrid, con motivo de su retrospectiva en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sof铆a. El museo de la Reina, algo que sorprende desde las rep煤blicas latinoamericanas. El arzobispo de Buenos Aires en 2004, Jorge Mario Bergoglio, hoy papa Francisco, escribi贸 una carta a la feligres铆a que fue le铆da en todas las iglesias del pa铆s, en la que denunciaba que en un espacio de arte de la ciudad de Buenos Aires se perpetraba una blasfemia: el castigo que corresponde a tal delito seg煤n el Lev铆tico es el de la lapidaci贸n por el pueblo. Aunque la acusaci贸n de blasfemia ya no merece un proceso civil, provoc贸 expresiones violentas en las salas de exposici贸n, donde sujetos organizados destruyeron obras. Al mismo tiempo, activ贸 denuncias penales que quedaron enmarcadas en una causa cuyo t铆tulo acusaba al artista, a m铆 como curadora de la exposici贸n, a la directora del CCR, al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y al Ministro de Justicia de 鈥減oner al pa铆s en peligro de guerra鈥. Una guerra del Vaticano contra Argentina. La jueza a la que lleg贸 la causa decidi贸 otorgar m谩s de lo que los denunciantes ped铆an: en lugar de retirar 90 de las 400 obras que reun铆a la exposici贸n retrospectiva 鈥揳 las que catalogaban como ofensas a Dios, al Papa, a la Virgen y a Jes煤s鈥, cerr贸 la exposici贸n. Configur贸 as铆 la figura inusual de 鈥渃ensura judicial鈥: en un pa铆s en el que sucesivos dictadores prohibieron y censuraron obras, e incluso quemaron libros, la justicia democr谩tica suspend铆a una exposici贸n.

Durante 40 d铆as se sucedieron hechos extraordinarios: misas en la puerta del centro cultural, rezos de rosarios, destrucci贸n de obras, manifestaciones de apoyo a la exposici贸n que denunciaban y se opon铆an a la censura, fallos judiciales, visitas de jueces y sacerdotes. El debate hab铆a saltado del 谩mbito art铆stico a la escena p煤blica. Como curadora de la exposici贸n, todos los d铆as llegaba en la ma帽ana para permanecer casi todo el d铆a en la sala con el prop贸sito de atender la din谩mica que la rodeaba. Llegu茅 a hacer visitas guiadas con jueces y sacerdotes. Era tal el impacto p煤blico que Le贸n, convertido en una especie de estrella de rock, no pod铆a casi salir a la calle. En tanto, en la ma帽ana, hablaba en todas las radios desde las que lo llamaban y con afirmaciones como 鈥渆n la Argentina hay antisemitismo鈥 abr铆a cada d铆a una agenda nueva, provocando declaraciones de los m谩s diversos grupos de la sociedad. Por ejemplo, la Delegaci贸n de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), que sal铆a a responder que no, que no era cierto, que no hab铆a antisemitismo. Le贸n les recordaba, por ejemplo, que en la plaza de Salta se transmit铆a por altoparlantes la misa del domingo en la que se recordaba a la feligres铆a que los jud铆os hab铆an matado a Cristo, algo que tambi茅n se afirmaba en el Catecismo.

Podr铆a escribir p谩ginas y p谩ginas con los recuerdos de las circunstancias que hicieron que la exposici贸n fuese un acontecimiento extraordinario. Cada d铆a se produc铆an nuevas agendas de debate, cada d铆a se publicaban textos escritos por los m谩s destacados intelectuales argentinos e internacionales. Por primera vez, y como nunca antes hab铆a sucedido ni volver铆a a suceder desde entonces, una exposici贸n se hab铆a instalado en la escena p煤blica como un hecho cultural, pol铆tico, social. La retrospectiva de Le贸n Ferrari, que reun铆a cincuenta a帽os de su trabajo, se hab铆a convertido en una inmensa performance social.

En verdad, toda su biograf铆a art铆stica hab铆a estado se帽alada por los desacuerdos que surgieron en distintos momentos ante el car谩cter cr铆tico de su obra. Desde 1965, cuando instal贸 en las salas del Instituto Torcuato Di Tella de Buenos Aires su avi贸n bombardero norteamericano con un Cristo crucificado, una obra manifiesto contra la guerra de Vietnam titulada La Civilizaci贸n Occidental y Cristiana [pieza central, a帽os m谩s tarde, de la exposici贸n de Ferrari que gan贸 el Le贸n de Oro de la 52a Bienal de Venecia, 2007], y Jorge Romero Brest 鈥攅ntonces director del Di Tella鈥 le ped铆a retirarlo porque her铆a la sensibilidad religiosa del personal del Instituto 鈥攁lgo que el artista acept贸, dejando tres peque帽as obras que de todos modos desataron controversias鈥, las obras de Le贸n confrontaron siempre a las instituciones, sobre todo religiosas, e interpelaban el orden pol铆tico internacional, especialmente el relacionado con la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Llevaba adelante sus solitarias y heroicas cruzadas contra, por ejemplo, los dogmas y preceptos de la Iglesia argentina que prohib铆an el uso del preservativo, que no s贸lo preven铆a el embarazo sino tambi茅n el contagio del SIDA. Eran los a帽os noventa, en los que el virus afectaba a la sociedad.

Para la retrospectiva del CCR tom茅 el recaudo de seleccionar obras que ya hab铆an sido exhibidas en Argentina con el prop贸sito de crear un marco de previsi贸n y no de provocaci贸n. Fue completamente insuficiente, y ahora expondr茅 mi hip贸tesis acerca de lo que sucedi贸. Probablemente la mayor controversia que precedi贸 a la retrospectiva fue la que tuvo lugar en el Instituto de Cultura Iberoamericana (ICI) en Buenos Aires, dependiente del Estado espa帽ol. Le贸n expuso all铆 por primera vez sus Infiernos. Mientras el Embajador de Espa帽a lo felicitaba, Le贸n me preguntaba sorprendido por la efusi贸n: 鈥溌縮e entiende la obra?鈥. De todos modos, unas bombas de mal olor arrojadas al espacio de exhibici贸n y unas monjitas rezando en la puerta demostraban que s铆, se entend铆a. Pero el momento era otro, no era el CCR, no hab铆a 400 obras. La monumentalidad de la retrospectiva y el momento en el que se realiz贸, permiten elaborar argumentos para comprender la magnitud de la reacci贸n.

Los contextos son parte de los textos, sobre todo en el caso de las im谩genes del arte. El contexto era preciso, y en este radica mi hip贸tesis principal para explicar lo que sucedi贸. Se estaba discutiendo en ese momento en la Legislatura de Buenos Aires la introducci贸n de una materia sobre educaci贸n sexual en la escuela media. La Iglesia argentina se opon铆a tajantemente. Mi argumento es que el arzobispo Bergoglio encontr贸 en esa exposici贸n la base para llevar adelante una forma de guerra en la que la religi贸n siempre estuvo implicada: la guerra de las im谩genes. Como en los tiempos de la contrarreforma, las im谩genes de Le贸n le permit铆an desviar los argumentos para llegar al punto: en la ciudad en la que se discut铆an estas leyes, en uno de los centros culturales que el gobierno sosten铆a con los impuestos de los cat贸licos 鈥揳unque se sostienen con los impuestos de todos, s贸lo contaban para ellos los de los cat贸licos鈥, se perpetraba una blasfemia, una ofensa a Dios. Si bien Le贸n y quienes organizamos la exposici贸n logramos que volviera a abrirse, la Iglesia gan贸 la batalla que realmente le interesaba: el proyecto de ley fue retirado y tuvo que aprobarse unos a帽os m谩s tarde.

A lo largo del debate que transcurri贸 en esos intensos d铆as de diciembre de 2004 dos temas fueron centrales en la discusi贸n. 驴Cu谩les son los l铆mites del arte?, 驴cu谩les los de la libertad de expresi贸n? Lo interesante es que quienes presentaban las acusaciones y quienes llevaban adelante la defensa recurr铆an a la cita de los mismos documentos: la Constituci贸n argentina y el Pacto de San Jos茅 de Costa Rica. En ambos se garantizaba la libertad de expresi贸n. Quienes presentaban las demandas sosten铆an que la exposici贸n atacaba la libertad de expresi贸n religiosa, quienes respond铆an desde la defensa afirmaban que el cierre afectaba la libertad de expresi贸n art铆stica y el derecho del p煤blico a ver la obra.

El arte es una zona de transformaciones que precisamos. El arte es imprescindible para pensar mundos alternativos, es un campo del pensamiento lateral

Los fallos sucesivos que se produjeron en torno a esta causa 鈥搎ue compilamos en un libro que lleva por t铆tulo El Caso Ferrari鈥 destacan algunos argumentos centrales. En tanto la exposici贸n no afect贸 a la libertad religiosa 鈥損or el contrario la increment贸, escribi贸 un juez, en tanto los cat贸licos celebraron misas en plazas p煤blicas y rezaron en centros culturales, expandiendo sus pr谩cticas m谩s all谩 de los espacios espec铆ficos de su religi贸n鈥, el cierre s铆 hab铆a afectado a la libertad de expresi贸n del artista y a la de expectaci贸n del p煤blico. Nadie pod铆a verla. Lo interesante del debate es que se volvi贸 realmente espec铆fico, y muchos sectores sociales estuvieron involucrados en esta conversaci贸n sobre arte y religi贸n. Nunca, probablemente, se discuti贸 tanto el concepto de libertad en el arte, ni el arte mismo, ya que las obras de Le贸n no pod铆an verse en el espacio de exposici贸n pero s铆 en los noticieros de la ma帽ana, el mediod铆a, la tarde y la noche. Toda la familia se sinti贸 impelida a opinar y, por supuesto, a ver su obra que los primeros celulares con c谩mara hab铆a grabado y que permanentemente se transmit铆a en el televisor.

驴Qu茅 conclusiones permitieron extraer tal debate y los fallos judiciales? En primer lugar, que en tanto la exposici贸n transcurri贸 en un espacio art铆stico, y no dentro de una Iglesia, no hab铆a invadido, ni prohibido, ni afectado la libertad de los cat贸licos. En este sentido, se afirmaba la secularizaci贸n del arte, la separaci贸n de los 谩mbitos c铆vicos, pol铆ticos y religiosos. Quien quiere ver arte va a un espacio de arte y sabe que lo que ve puede no gustarle, por ello varios carteles advert铆an en la exposici贸n que ciertas obras pod铆an herir la sensibilidad religiosa y que cada uno entraba voluntariamente a verla. En segundo lugar, que el arte puede ser 鈥渓indo鈥, como llamaba Le贸n a sus dibujos abstractos, sin referencias a la religi贸n o la pol铆tica, o pod铆a ser 鈥減ol铆tico鈥, como el que desarrollaba con sus collages y montajes de im谩genes sobre el holocausto y la religi贸n. Estas dos formas de arte existen, much铆simos artistas las han realizado, Le贸n las desarroll贸 durante m谩s de medio siglo siendo expuestas en los grandes museos internacionales, desde el MoMA hasta el museo de Houston o el Reina Sof铆a.

驴Qu茅 hacemos con el arte cr铆tico? Sobre todo porque el arte cr铆tico se articula desde una acci贸n simb贸lica, no real: Hitler no enfrent贸 a los 脕ngeles del Apocalipsis seg煤n los collages de fotos y obras de arte que realiz贸 Le贸n. As铆 como el arte es un campo de expresi贸n en el que puede plasmarse lo que en otros campos no es necesariamente posible, es tambi茅n, y por las mismas razones, un espacio necesario desde el cual puede repensarse el mundo. Un laboratorio, un campo de posibilidades. El arte es una zona de transformaciones que precisamos, justamente porque all铆 puede realizarse en forma extrema, tal como probablemente no puede hacerse fuera de los espacios del arte, algo que es necesario (el pensamiento extremo del arte) para poner en crisis valores o formas que est谩n en procesos de transformaci贸n. El arte es imprescindible para pensar mundos alternativos, es un campo del pensamiento lateral. Entonces, 驴podemos prohibir el arte cr铆tico, tan solo porque no coincidimos con el mensaje o la posici贸n sobre los que proponen reflexionar?, 驴podemos prohibirlo al resto de la humanidad porque molesta a algunos? En t茅rminos judiciales, en Argentina qued贸 establecido que la libertad de expresi贸n existe, que est谩 respaldada por la Constituci贸n y el Pacto de San Jos茅 de Costa Rica, y que, en tanto se desarrolle en los espacios del arte, queda en la decisi贸n voluntaria de cada uno de los que ingresa como espectador verlo o no verlo.

El arte, por m谩s ofensivo que pueda resultar para alg煤n sector de la sociedad, es un espacio espec铆fico en el que ideas com煤nmente no aceptadas, pueden expresarse

Quisiera brevemente exponer, para terminar, cu谩l era, seg煤n lo conoc铆 en el intercambio peri贸dico que sostuve durante m谩s de veinte a帽os de trabajo con el artista, su pensamiento cuando realizaba estos montajes. Obras que hac铆a desde el humor, el profundo conocimiento acerca del poder de las im谩genes y de la religi贸n, pero, sobre todo, desde la confianza en que el arte podr铆a contribuir a transformaciones positivas, que ampliaban el concepto de humanidad en el mejor de sus sentidos.

Le贸n estaba preocupado por varios problemas vinculados con la religi贸n cat贸lica. En primer lugar, su complicidad con el nazismo y con la represi贸n de la dictadura en la Argentina. As铆 como muchos nazis obtuvieron pasaportes del Estado Vaticano en la inmediata posguerra, muchos militares argentinos era perdonados por los confesores que los libraban del pecado despu茅s de las sesiones en las que estos represores torturaban a los detenidos-desaparecidos o de las jornadas en las que arrojaban cuerpos con vida desde aviones en el R铆o de la Plata. A la vez, a Le贸n le preocupaba algo m谩s abstracto pero m谩s amplio, en tanto involucraba a toda la humanidad. En el Juicio Final, seg煤n los textos sagrados, se decid铆a la separaci贸n entre justos y pecadores. En tanto para los primeros estaba garantizado el cielo, a los segundos les esperaba el infierno y los tormentos eternos. Los Juicios Finales representados por el Giotto o Miguel 脕ngel describ铆an las torturas a las que ser铆an sometidos, hirviendo en calderos o quemados en parrillas. Le贸n estaba preocupado por la legitimidad de la tortura en el m谩s all谩, por toda la eternidad, que la religi贸n habilitaba, como pensamiento, como deseo hacia los otros, en la mente de todos los creyentes. Se preguntaba c贸mo uno pod铆a estar tranquilo con tales anticipos, con la posibilidad de que un pariente querido, una prima, incluso un hijo, terminasen experimentando eternos tormentos.

Le贸n ped铆a por los derechos humanos en el M谩s All谩. Lo hac铆a de dos formas. Por un lado, reproduciendo las representaciones de los Juicios Finales realizados por los grandes maestros del arte con im谩genes de yeso de santos, cristos y v铆rgenes vinculadas a objetos de cocina: all铆 donde los maestros del quattrocento colocaban a un grupo de pecadores en un caldero, Le贸n acomodaba un conjunto de santos de yeso en una olla. Cristos en tostadoras, santos en licuadoras, v铆rgenes en ralladores de pan o de queso. Creaba as铆 im谩genes confrontativas que no dejaban de lado el humor. Pretend铆a de esta forma producir un shock de conciencia en el espectador, para que cuando viera a sus queridos santos en la misma posici贸n que se anunciaba para los pecadores tomase conciencia de que eso era tortura y que estaba legalizada por el pensamiento religioso. Aclaremos adem谩s que se trataba de figuras de yeso que no hab铆an sido consagradas, objetos que se compran y se venden en el mercado, que no hab铆an sido extra铆das de ning煤n espacio religioso.

El segundo formato de activismo de Le贸n contra el infierno radic贸 en las dos cartas que envi贸 al Papa Juan Pablo II. La primera fechada el 24 de diciembre de 1997, en la que ped铆a que ante el final del milenio y la anunciada llegada del Apocalipsis, volviera a la ley que Dios Padre dict贸 en el G茅nesis eliminando la inmortalidad. Eliminada 茅sta, el infierno tambi茅n desaparec铆a. En la segunda, escrita en diciembre de 2000 y reiterada en 2001, le recordaba la Declaraci贸n Universal de los Derechos Humanos (1948) y su prohibici贸n de la tortura, tambi茅n se帽alada en la 煤ltima edici贸n del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, la de 1998, que al mismo tiempo afirmaba la existencia del Infierno y sus tormentos, cosa que el artista se帽alaba como una contradicci贸n. La Iglesia Cat贸lica rechazaba la tortura en este mundo pero la admit铆a en el M谩s All谩. En tal sentido, ped铆a remediar esta posici贸n parad贸jica y eliminar la idea del Infierno real e imaginado. 鈥淭erminar con padecimientos de millones, desalojar y demoler el infierno, tranquilizar a los creyentes, puede hacer realidad su esperanza de que la Iglesia pasar谩 a la historia como la defensora del hombre鈥, le escrib铆a Le贸n a Juan Pablo. Desde este lugar, Ferrari interpelaba al catolicismo. Si s贸lo vemos sus im谩genes y no comprendemos el sentido humanista y de defensa de los derechos humanos que anim贸 toda la obra de Le贸n nos quedamos con la mitad del asunto, sin comprender realmente la obra. Una obra que, por otra parte, en 2004 y ahora, en 2021, se expone en un espacio de arte al que el p煤blico asiste de forma voluntaria y advertido. El arte, por m谩s ofensivo que pueda resultar para alg煤n sector de la sociedad, es un espacio espec铆fico en el que ideas com煤nmente no aceptadas, pueden expresarse. El arte y los espacios en los que se presentan son, en un sentido, una necesaria reserva de imaginaci贸n para la humanidad. Algo que, por cierto, en el contexto actual, precisamos m谩s que nunca.

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Andrea Giunta es historiadora, investigadora y curadora de arte argentina. Es autora del libro El Caso Ferrari. Debates y pol茅micas durante la Retrospectiva realizada en el Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2008.




Fuente: Ctxt.es