January 17, 2022
De parte de Memoria Libertaria
298 puntos de vista

Público

Los acusados siempre sostuvieron que el incendio de la popular sala de fiestas de Barcelona, del que se cumplen 43 años, fue un montaje por parte de un Estado temeroso de los anarquistas, que habían cosechado una gran implantación en el ámbito laboral de la mano de CNT y tenían bastante poder social.

Aquella tarde Xavi había ido al cine Paladium de Barcelona a ver Emmanuelle, la primera película erótica que se proyectaba en España. Recuerda que después intentó poner en práctica algunas de las escenas de la película. Fue la última vez en muchos años que tuvo una relación sexual con Pilar, su pareja. Era la noche del 15 de enero de 1978, una fecha que le marcaría toda su vida.

Ese mismo día, por la mañana, miles de personas habían discurrido por las calles de la capital catalana convocados por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en contra de los Pactos de la Moncloa. En esa riada de manifestantes, como puntos insignificantes entre la masa amorfa que pronto dejarían de serlo, se encontraban Arturo, Pepe, Joaquín y el propio Xavi cargando por turnos con una bolsa de deporte en la que guardaban seis cócteles molotov que acabarían lanzando contra una conocida sala de fiestas.

Así daba comienzo el Caso Scala, el proceso judicial y político que terminó con un incipiente y revolucionario movimiento libertario y por el que ingresaron en prisión tres jóvenes acusados de un atentado que terminó con la vida de cuatro trabajadores (Ramón Egea, Juan López, Diego Montoro y Bernabé Bravo) y del que no hay pruebas que les incriminen más allá del testimonio policial.

La guinda de la guerra sucia posfranquista contra el anarquismoLa guinda de la guerra sucia posfranquista contra el anarquismo

Xavi, en realidad, es el diminutivo de Xavier Cañadas Gascón, acusado del atentado del Scala y condenado a 17 años de cárcel. Inmortalizó su testimonio en el libro El Caso Scala. Terrorismo de Estado y algo más (Virus Editorial, 2008), un volumen escrito en primera persona en el que detalla los pormenores de aquel proceso judicial que protagonizó.

“Con ese montaje el Estado pretendía terminar con una serie de grupos armados”

En contra de lo que comúnmente se ha afirmado sobre el asunto, Cañadas, a sus 62 años, defiende que “con ese montaje el Estado pretendía terminar con una serie de grupos armados que básicamente estaban haciendo atracos, pero que vertebraban el movimiento libertario de aquel tiempo y no se encontraban ligados a la CNT, sino que eran grupos autónomos”, en sus propias palabras.

Dudas sobre la autoría del atentado

Por tanto, inmovilizar a la central anarcosindicalista, el único gran actor a nivel estatal que se oponía a los Pactos de la Moncloa, quedaba fuera de la ecuación, según Cañadas. Sea como fuere, el declive del sindicato fue un hecho. ¿Pero qué pasó realmente aquella mañana del 15 de enero de 1978 en Barcelona?

Arturo Palma, Pepe Cuevas y Xavi acudieron a la cita de la CNT influidos por Joaquín Gambín Hernández, un confidente de la Policía que les había inducido a preparar los artefactos y tirarlos en la entrada de la sala de fiestas Scala, en la que el 70% de los trabajadores militaban en la central anarcosindicalista. Y así sucedió. Hubiera sido otra de las tantas acciones reivindicativas que se llevaban a cabo en aquellos años, muchas de ellas sin apenas repercusión, sino fuera porque la sala de fiestas terminó ardiendo casi en su totalidad.

La enjundia de la cuestión radica en que nunca se probó que esos cócteles molotov hicieran arder la sala. Muchos interrogantes sobrevuelan aún el caso, cuando cumple su 43 aniversario. Por ejemplo, el jefe superior del Cuerpo de Bomberos de la Diputación de Barcelona declaró que “ese destrozo solo lo ha podido provocar una bomba de deflagración masiva, compuesta de fósforo y no unos simples cócteles molotov, y el fósforo es propiedad única y exclusiva del Ejército“. Unas palabras que le valieron la destitución inmediata de su cargo.

“Ese destrozo solo lo ha podido provocar una bomba de deflagración masiva, (…) propiedad exclusiva del Ejército”

Otro ejemplo: antes de cumplirse las diligencias por el sumario, el entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, pagó tres talones de 1.300.000 pesetas y otro de 800.000 a los familiares de las víctimas para que no se personaran como perjudicados en el sumario. Y así hasta casi dos decenas de argumentos que el propio Cañadas esgrime en su libro.

El juicio, la CNT y el infiltrado de la Policía

Al final, permaneció en la cárcel casi 8 años por aquello, desde enero de 1978 hasta septiembre de 1986, cuatro meses menos que sus dos compañeros de militancia condenados. Entró con 19 años y salió con 26. Durante ese tiempo, infinidad de torturas y vejaciones le acompañaron durante su periplo de reclusión por varias de las cárceles del Estado español.

Los acusados siempre sostuvieron que el incendio de la popular sala de fiestas de Barcelona, del que se cumplen 43 años, fue un montaje por parte de un Estado temeroso de los anarquistas, que habían cosechado una gran implantación en el ámbito laboral de la mano de CNT y tenían bastante poder social.

  

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Imagen del documental 'El Entusiasmo'. — Luis E. HerreroImagen del documental ‘El Entusiasmo’. — Luis E. Herrero

MADRID, 11/01/2021 07:18 ACTUALIZADO: 11/01/2021 11:36

GUILLERMO MARTÍNEZ

Aquella tarde Xavi había ido al cine Paladium de Barcelona a ver Emmanuelle, la primera película erótica que se proyectaba en España. Recuerda que después intentó poner en práctica algunas de las escenas de la película. Fue la última vez en muchos años que tuvo una relación sexual con Pilar, su pareja. Era la noche del 15 de enero de 1978, una fecha que le marcaría toda su vida.

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Ese mismo día, por la mañana, miles de personas habían discurrido por las calles de la capital catalana convocados por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en contra de los Pactos de la Moncloa. En esa riada de manifestantes, como puntos insignificantes entre la masa amorfa que pronto dejarían de serlo, se encontraban Arturo, Pepe, Joaquín y el propio Xavi cargando por turnos con una bolsa de deporte en la que guardaban seis cócteles molotov que acabarían lanzando contra una conocida sala de fiestas.

Así daba comienzo el Caso Scala, el proceso judicial y político que terminó con un incipiente y revolucionario movimiento libertario y por el que ingresaron en prisión tres jóvenes acusados de un atentado que terminó con la vida de cuatro trabajadores (Ramón Egea, Juan López, Diego Montoro y Bernabé Bravo) y del que no hay pruebas que les incriminen más allá del testimonio policial.

La guinda de la guerra sucia posfranquista contra el anarquismoLa guinda de la guerra sucia posfranquista contra el anarquismo

Xavi, en realidad, es el diminutivo de Xavier Cañadas Gascón, acusado del atentado del Scala y condenado a 17 años de cárcel. Inmortalizó su testimonio en el libro El Caso Scala. Terrorismo de Estado y algo más (Virus Editorial, 2008), un volumen escrito en primera persona en el que detalla los pormenores de aquel proceso judicial que protagonizó.

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“Con ese montaje el Estado pretendía terminar con una serie de grupos armados”

En contra de lo que comúnmente se ha afirmado sobre el asunto, Cañadas, a sus 62 años, defiende que “con ese montaje el Estado pretendía terminar con una serie de grupos armados que básicamente estaban haciendo atracos, pero que vertebraban el movimiento libertario de aquel tiempo y no se encontraban ligados a la CNT, sino que eran grupos autónomos”, en sus propias palabras.

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"Es un mito que el Caso Scala destruyera a la CNT en la Transición"“Es un mito que el Caso Scala destruyera a la CNT en la Transición”

Dudas sobre la autoría del atentado

Por tanto, inmovilizar a la central anarcosindicalista, el único gran actor a nivel estatal que se oponía a los Pactos de la Moncloa, quedaba fuera de la ecuación, según Cañadas. Sea como fuere, el declive del sindicato fue un hecho. ¿Pero qué pasó realmente aquella mañana del 15 de enero de 1978 en Barcelona?

Arturo Palma, Pepe Cuevas y Xavi acudieron a la cita de la CNT influidos por Joaquín Gambín Hernández, un confidente de la Policía que les había inducido a preparar los artefactos y tirarlos en la entrada de la sala de fiestas Scala, en la que el 70% de los trabajadores militaban en la central anarcosindicalista. Y así sucedió. Hubiera sido otra de las tantas acciones reivindicativas que se llevaban a cabo en aquellos años, muchas de ellas sin apenas repercusión, sino fuera porque la sala de fiestas terminó ardiendo casi en su totalidad.

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La enjundia de la cuestión radica en que nunca se probó que esos cócteles molotov hicieran arder la sala. Muchos interrogantes sobrevuelan aún el caso, cuando cumple su 43 aniversario. Por ejemplo, el jefe superior del Cuerpo de Bomberos de la Diputación de Barcelona declaró que “ese destrozo solo lo ha podido provocar una bomba de deflagración masiva, compuesta de fósforo y no unos simples cócteles molotov, y el fósforo es propiedad única y exclusiva del Ejército“. Unas palabras que le valieron la destitución inmediata de su cargo.

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El juicio, la CNT y el infiltrado de la Policía

Al final, permaneció en la cárcel casi 8 años por aquello, desde enero de 1978 hasta septiembre de 1986, cuatro meses menos que sus dos compañeros de militancia condenados. Entró con 19 años y salió con 26. Durante ese tiempo, infinidad de torturas y vejaciones le acompañaron durante su periplo de reclusión por varias de las cárceles del Estado español.

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El exilio anarquista, el mayor olvidado 80 años despuésEl exilio anarquista, el mayor olvidado 80 años después

Portada del libro 'El Caso Scala. Terrorismo de Estado y algo más'. — Xavier Cañadas Gascón

Portada del libro ‘El Caso Scala. Terrorismo de Estado y algo más’. — Xavier Cañadas Gascón

Ningún juez nos tomó nunca declaración, ni el primer juez de Instrucción, ni el juez de la Audiencia Nacional, ni el Tribunal de la Audiencia Provincial ni el Tribunal Supremo que fue quien finalmente, dos años después de nuestra detención, en 1980, decidió que nuestra causa constituía un «delito común» y, por tanto, debía ser entendida en la Audiencia Provincial de Barcelona”, escribe Cañadas en su libro.

El Caso Scala dejó entrever las diferentes posturas que ya afloraban en la CNT: “El juicio se iba a llevar como nosotros queríamos, no como pretendía la CNT o los abogados, por lo que ante la imposibilidad de la CNT de tomar las riendas de nuestro destino, tomaron la decisión de dejar de pagar a nuestros abogados“, rememora el anarquista, que afirma que inmediatamente después comunicó su baja en el sindicato.

La sentencia firme les condenó a 1 año por fabricación de explosivos, 3 años por transporte de explosivos, 6 años por imprudencia temeraria con causa de muertes y 7 años por estragos con causa de muertes. En total, 17 años de condena para Pepe, Arturo y Xavi, de los que terminaron cumpliendo la mitad por la concesión de la redención de pena por trabajo y la libertad condicional.

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A Luis, otro anarquista que detuvieron por su presunta involucración en el Caso Scala, lo condenaron a 6 meses por imprudencia temeraria con causa de muertes y 2 años por estragos con causa de muertes. A Rosa, la pareja de Pepe, le condenaron a 6 meses por encubridora.




Fuente: Memorialibertaria.org