January 14, 2021
De parte de La Haine
339 puntos de vista


La Uni贸n Europea lleva bastante tiempo elaborando un marco legal para las cuestiones de la “libertad” digital. El principio es que lo que es ilegal en el mundo f铆sico tambi茅n los es en la esfera virtual.

Las redes sociales como Twitter y Facebook lanzaron la gran limpieza de muchas de sus cuentas, empezando por la del mismo y actual presidente de los EEUU, Donald Trump, m谩s otras 7.000 cuentas suplementarias afiliadas a la galaxia conspiracionista de extrema derecha pro-Trump, entre ellas, la del grupo Qanon. Luego de haber abierto las puertas a lo m谩s ruin y bajo de la pol铆tica, las redes alegan ahora que se trata de impedir un nuevo episodio violento como el de la invasi贸n del Capitolio alentada por Trump, y ello ante la fecha inminente de la investidura de Joe Biden. Seg煤n Twitter, exist铆an planes para un nuevo ataque al Capitolio previsto para el pr贸ximo 17 de enero.

Algunos aprobaron esta medida, otros, en cambio, la consideraron un acto de censura. En Europa la canciller alemana Angela Merkel calific贸 de 鈥減roblem谩tica鈥 esta decisi贸n. En Francia el ministro de Econom铆a, Bruno Le Maire, puso en tela de juicio el hecho de que la base de la suspensi贸n de las cuentas no sea un marco legal de regulaci贸n, sino que 鈥渓o impactante es que sea Twitter quien decidi贸 cerrar鈥 [y no alg煤n bur贸crata]. En suma, que sea la elite tecnol贸gica la que haga y deshaga a su antojo y cuando le conviene, fuera de toda referencia a una norma nacional o internacional elaborada por los Estados y sus representantes electos. 

La pr谩ctica de 鈥淵o el Supremo鈥 por parte de las empresas globales de EEUU no es nueva ni cambiar谩 con este atentado a la esencia democr谩tica. Jean-Luc M茅lenchon, l铆der de Francia Insumisa (izquierda), record贸 que 鈥渆l comportamiento de Trump no puede servir como pretexto para que los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) se arroguen el poder de controlar el debate p煤blico鈥. Es exactamente lo que ha ocurrido con el Pinocho-Presidente y Twitter.

Por otra parte, Washington aplica desde hace mucho una suerte de extraterritorialidad. La ley estadounidense se utiliza por encima de la nacional, sea cual fuere el pa铆s donde se resida. Las condiciones de utilizaci贸n de Google, Facebook, Apple, e incluso la de las franquicias de las empresas de EEUU, remiten a la ley de la empresa o a la legislaci贸n de la sede central. A su vez, la industria digital se benefici贸, hasta ahora, con la inmunidad jur铆dica que le ofrec铆a el art铆culo 230 del Communications Decency Act. 

Por m谩s que Trump sea un Pinocho siniestro y, gracias a su ej茅rcito digital, haya protagonizado el primer golpe de Estado del siglo XXI en una “democracia” occidental, hay algo de c铆nico en estas reacciones. Poco o nada dicen las regulaciones europeas cuando se trata de proteger a los usuarios de internet del espionaje masivo del que son objeto cada milisegundo de sus vidas. La fortuna de esas empresas proviene, esencialmente, de la conversi贸n de los datos robados en capital.

No obstante, el debate tiene cabida, es una necesidad y plantea otros interrogantes: 驴por qu茅 ser铆a 鈥減roblem谩tico鈥 el cierre de la cuenta de Twitter de un presidente que prepar贸 en tres fases un golpe de Estado (denunciar el fraude antes de la elecci贸n, afirmar luego que le robaron la elecci贸n y, al final, aceitar una insurrecci贸n c铆vica) y no la de una cuenta de extrema derecha? En Francia las leyes dieron lugar a que personalidades de la extrema derecha como Herv茅 Ryssen o Alain Soral vieran sus cuentas de YouTube y Facebook suspendidas.

Thierry Breton ha sido el que mejor plante贸 la encrucijada. En un art铆culo publicado por el portal Politico, el Comisario europeo escribi贸 que la toma del 鈥淐apitolio es el 11 de septiembre de las redes sociales鈥. Breton agrega la paradoja que late en toda esta situaci贸n porque, hasta ahora, las redes sociales miraban hacia otra parte, como si el brexit, Trump, los ataques a Siria e Ir谩n y otras barbaries digitales no las concernieran. A este respeto, Breton anota que, al cerrar la cuenta de Trump 芦las plataformas admiten su responsabilidad. Ya no pueden seguir ocultando su responsabilidad ante la sociedad con el argumento seg煤n al cual s贸lo ofrecen un servicio de hosting鈥.

Entre enero de 2017 y enero de 2021 el mandatario estadounidense se despach贸 con 23.234 tweets. La plataforma le permiti贸 insultar, agredir, rebajar a sus adversarios, burlarse de otros presidentes, proferir insultos raciales, respaldar a las ultraderechas violentas que lo veneran, anticipar los comunicados oficiales, gobernar por internet, justificar los ataques a Venezuela e Ir谩n, difundir un montaje en el que Trump golpeaba a un periodista que llevaba una m谩scara de la cadena CNN y hasta llamar al levantamiento contra Emmanuel Macron.

Salvo para los ap贸stoles digitales, no hac铆an faltas pruebas para demostrar que la libertad de expresi贸n no la manipulan los otros sino las plataformas sociales. All铆 sale y entra toda la porquer铆a que el mercado admite. Las redes autorizaron a Trump a dise帽ar un golpe y, como fue muy lejos y corri贸 sangre en el Capitolio, se convirtieron repentinamente en guardianes de la galaxia. Las sociedades son vergonzosamente vulnerables ante las tentaciones y barbaries de los espacios digitales. Trump no ha sido la excepci贸n presidencial sino la confirmaci贸n de las capacidades de ese monstruo con millones de cabezas que se expande sin que, hasta ahora, nadie haya sido capaz de encontrar un ant铆doto. 

Resulta contradictorio, pero, as铆 como nadie se ocup贸 del derecho a difundir o a evitar la propagaci贸n de basura, tampoco se le garantizaron los derechos a Trump sobre su cuenta. Ellos son los amos del mundo, sin la m谩s lejana sombra de una supervisi贸n democr谩tica. El bot贸n de la libertad est谩 en las sedes de Google, Facebook, Twitter, Instagram y otros imperios digitales, no en la calle o las asambleas. El s谩bado pasado Twitter suprimi贸 un mensaje del gu铆a supremo de Ir谩n, Ali Khamenei, donde afirmaba que no era prudente tener confianza en las vacunas norteamericanas o brit谩nicas contra la covid-19, dado que las pruebas que realizan ofrecen menos confianza que las rusas o chinas. El disparatado y horroroso episodio de Trump nos demuestra que, ante lo peor, la libertad est谩 en manos privadas. Depende de tres palabras y una sigla, que son las obligaciones a las que los tent谩culos digitales someten a los usuarios: “CGU, Condiciones Generales de Utilizaci贸n鈥.

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Fuente: Lahaine.org