October 2, 2021
De parte de ANRed
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Israel se ha integrado a la estructura geopol铆tica de Estados Unidos y desenvuelve una funci贸n coimperial fuera de sus fronteras. Utiliza el militarismo econ贸mico digital para reafirmar su primac铆a regional. Con anexiones y apartheid retoma una modalidad ya inviable de colonialismo. La cultura jud铆a y la naci贸n israel铆 no son equivalentes al expansionismo sionista. La resistencia en Gaza, Cisjordania y las ciudades mixtas recompone el fragmentado tejido de los palestinos. La soluci贸n de los dos estados exigir铆a una reparaci贸n a los refugiados y el dudoso fin de la ocupaci贸n. Por eso gana adeptos el proyecto de un s贸lo estado, binacional, laico y democr谩tico. Por Claudio Katz.


La gravitaci贸n alcanzada por los actores de la regi贸n distingue la crisis actual de Medio Oriente de los escenarios del pasado. Varios pa铆ses de la zona cumplen un papel in茅dito fuera de sus fronteras, con acciones igualmente distanciadas de las potencias globales. Entre esos protagonistas Israel sobresale por varias singularidades. 驴C贸mo deber铆a caracterizarse su llamativo rol? Algunos conceptos complementarios de la teor铆a del imperialismo permiten responder ese interrogante.

LA SIMBIOSIS CON ESTADOS UNIDOS

Israel es el principal socio estrat茅gico de Estados Unidos en la regi贸n. El establishment norteamericano asume esa familiaridad como una pol铆tica de estado, fervientemente auspiciada por Republicanos y Dem贸cratas. Washington conf铆a en su estrecho aliado para reconfigurar el mapa zonal y con ese objetivo potencia la superioridad b茅lica de Tel Aviv.

La peculiar relaci贸n entre ambos pa铆ses se forj贸 al comp谩s de la exitosa sucesi贸n de guerras que el ej茅rcito sionista libr贸 contra sus vecinos. La neutralizaci贸n de Egipto en 1967 determin贸 el ensamble de Israel con Estados Unidos.

La 鈥済uerra de los seis d铆as鈥 no s贸lo frustr贸 el despunte de El Cairo como potencia regional, sino que introdujo la dominaci贸n del Pent谩gono sobre ese pa铆s. La Casa Blanca financia a Egipto como un gendarme interno, pero inhibe sus acciones externas. Ese sometimiento ha consolidado el rol del vecino sionista, como principal exponente de los intereses norteamericanos en Medio Oriente.

El personal israel铆 mantiene estrechas afinidades y escasas contradicciones con su mandante estadounidense. Ha quedado integrado al propio aparato de dominaci贸n de Washington. Esa presencia es tan relevante, que muchos analistas subrayan el control ejercido por el 鈥渓obby sionista鈥 sobre la Casa Blanca.

De esa impresi贸n surge el err贸neo concepto de 鈥渋mperialismo israel铆鈥, que otorga a ese peque帽o pa铆s un status propio de las potencias globales. M谩s acertada es la visi贸n opuesta, que ubica a Israel como un ap茅ndice del aparato militar estadounidense. Ese status secundario registra con mayor realismo la relaci贸n que mantiene el activo colaborador de la primera potencia. La fuerza b茅lica sionista es muy descollante, pero no suficiente para integrar el club de los colosos mundiales.

Pero es igualmente cierto que Israel no act煤a como un simple instrumento del Pent谩gono. Es un pa铆s con influencia en las propias decisiones de la Casa Blanca. Israel ha sido por ejemplo determinante del acoso norteamericano a Ir谩n. Tel Aviv opera en bloque con los halcones del Pent谩gono, en su tensi贸n con las palomas del Departamento de Estado.

La gravitaci贸n de la elite sionista sobre la estructura pol铆tica estadounidense induce a caracterizar a ese entretejido como una 鈥渞elaci贸n de interdependencia鈥 (Armanian, 2018). Este concepto subraya la estrechez del v铆nculo pero no define su especificidad.

La noci贸n de coimperio -que en ciertas ocasiones se utiliza para describir el rol internacional de Canad谩 o Australia- es igualmente pertinente para Israel. Los tres pa铆ses comparten un rol complementario en la custodia del orden global y remodelan sus acciones en consonancia con las demandas de su tutor. Apuntalan a escala regional los mismos intereses que Estados Unidos asegura a escala mundial.

Tambi茅n la articulaci贸n de Israel con el poder norteamericano presenta un cimiento hist贸rico semejante a Canad谩 y Australia. Los tres pa铆ses arrastran un legado com煤n de sociedades forjadas en torno a los colonos de piel blanca. Por esa raz贸n comparten la misma herencia de racismo, exterminio de pueblos originarios, ocupaci贸n de tierras ajenas y prejuicios ideol贸gicos euro-c茅ntricos. Con ese acervo implementan pol铆ticas expl铆citamente pro-occidentales.

Estas singularidades distinguen a Israel de otros socios del imperialismo estadounidense en Medio Oriente. Los sectores petroleros sauditas ejercen, por ejemplo, una decisiva influencia en el establishment de Washington y disputan primac铆a con sus equivalentes israel铆es. Pero la integraci贸n de Israel al aparato imperial presenta contornos m谩s estructurales y se afianz贸 en los 煤ltimos a帽os con el entrelazamiento ideol贸gico-social del sionismo con el fundamentalismo cristiano neoconservador.

Israel sintoniza tambi茅n con su padrino en las alianzas que entreteje con sectores enemistados con la pol铆tica isl谩mica. Ha consolidado muchas relaciones con gobiernos reaccionarios del 芦脕frica negra禄 en conflicto con sus pares 芦谩rabe-musulmanes禄.

Con ese mismo corte intervino subterr谩neamente en Libia y expl铆citamente en Sud谩n. Tuvo un papel muy importante en los bombardeos del 2009-2010, contra un r茅gimen militar que pretend铆a arabizar formas de vida ancestrales de los pueblos africanos. Al cabo de una cruenta guerra se impuso la fractura del pa铆s, entre una regi贸n del norte sin petr贸leo (pero con oleoductos y acceso al mar) y otra zona sur con grandes reservas de crudo (pero carente de una salida directa al exterior).. Esa segmentaci贸n priva al territorio m谩s grande de 脕frica del manejo aut贸nomo de sus riquezas (Armanian, 2019)

Actualmente Israel extiende su influencia a regiones m谩s alejadas. Su convergencia con Marruecos augura una intensa colaboraci贸n represiva en la opresi贸n de los sahaur铆es, que padecen un garrote muy semejante al soportado por los palestinos (Alcoy, 2020).

La naturaleza coimperial ha conducido a Israel a intervenir bajo el paraguas estadounidense en zonas m谩s distantes de su propio 谩mbito. Intensifica la aproximaci贸n con la India en el renovado conflicto con Pakist谩n y apuntala en Am茅rica Latina la acci贸n represiva de los gobiernos derechistas. Los agentes del sionismo afianzaron una oscura sociedad con el submundo del espionaje y el tr谩fico de armas. En Colombia adiestran a los paramilitares en el asesinato de dirigentes sociales, en Chile ense帽an a disparar a los ojos de los manifestantes y en Centroam茅rica comandan diversas incursiones de la guerra sucia.

BELICISMO ESTRUCTURAL

La creciente intervenci贸n militar de Israel tiene un fundamento econ贸mico en las ganancias obtenidas por las empresas de un pa铆s, que alcanz贸 el status de mayor exportador per c谩pita de armas del mundo. Ha forjado un gran mercado para sus productos y comercializa actualmente los drones y misiles que utiliza en sus fronteras. Cada operativo en Gaza es habitualmente coronado con una feria de ventas de ese armamento. Este sector ha logrado un in茅dito desarrollo con las nuevas modalidades del militarismo digital, que las empresas israel铆es desenvuelven en estrecha sociedad con sus pares estadounidenses (Alexander, 2018).

El frecuente idilio entre Washington y Tel Aviv super贸 todo lo conocido durante el reciente mandato de Trump. El magnate convalid贸 los asentamientos en Cisjordania y la explicita anexi贸n de ese territorio. Para sepultar cualquier esperanza de un estado palestino, promovi贸 tambi茅n el reconocimiento de Jerusal茅n como capital de Israel.

Trump y Netanyahu estrecharon v铆nculos para ajustar los planes de ataque a Ir谩n. La neutralizaci贸n de Teher谩n es la meta estrat茅gica del coimperialismo israel铆, que apuesta a destruir a un rival de porte equivalente en la regi贸n. Ir谩n tiene altas posibilidades de erigir un poder at贸mico semejante al ocultado por Tel Aviv.

Israel busca crear las condiciones para esa embestida. Almacena 200 bombas at贸micas y est谩 empe帽ado en frustrar la intensa labor que desarrollan los cient铆ficos iran铆es en el procesamiento del uranio enriquecido. Hasta ahora mantiene su monopolio at贸mico en la regi贸n, pero afronta la cuenta regresiva frente a un pa铆s que podr铆a lograr un status semejante.

El bombardeo de Ir谩n es la carta que Israel perfecciona a la espera de una incierta autorizaci贸n de Washington. Biden no ha definido a煤n si escalar谩 la tensi贸n con Teher谩n o retomar谩 las negociaciones. Los sionistas apuntalan la primera alternativa con operaciones directas del Mossad, que en el 2010 consum贸 un ataque contra dos instalaciones nucleares de Ir谩n ultimando a los responsables de esos dispositivos.

Israel ha logrado subordinar a varios estados 谩rabes, mediante una desfachatada exhibici贸n de poder militar. Ya extendi贸 a los Emiratos 脕rabes Unidos, Bahr茅in y Marruecos, las relaciones diplom谩ticas que restableci贸 con Egipto y Jordania. Aspira ahora a forjar los mismos lazos con Arabia Saudita y Qatar.

El poderoso estado sionista no act煤a s贸lo en un min煤sculo territorio del Mediterr谩neo. Busca manejar el gas de la costa, las estructuras de Siria y el territorio de Cisjordania. Esas ambiciones salieron a la superficie en la reciente guerra que convulsion贸 a su vecino.

Israel aprovech贸 ese conflicto para reafirmar su captura de los Altos del Gol谩n y consolidar su dominio sobre los disputados recursos h铆dricos de la zona. Intent贸 incluso escalar esa guerra para conseguir la total demolici贸n de su rival. Siria alberga a los palestinos y conform贸 el denominado 鈥淓je de la Resistencia鈥 (con Ir谩n, Hezbollah y Hamas) contra la expansi贸n sionista.

Tel Aviv brind贸 tambi茅n sost茅n log铆stico y sanitario a las vertientes m谩s salvajes del yihadismo con la intenci贸n de destruir Siria. La victoria de Assad y la derrota de los yihadistas ha frustrado ese objetivo, pero en un contexto de dram谩tico debilitamiento de Damasco.

Israel utiliza su novedoso manejo de la alta tecnolog铆a militar en todas sus negociaciones con aliados, clientes y rivales. Las viejas justificaciones sionistas del poder铆o b茅lico del pa铆s han perdido sentido. Ya nadie puede alegar que el estado sionista se militariza para defender sus fronteras de enemigos m谩s numerosos. La peque帽ez de su territorio contrasta con la probada capacidad de destrucci贸n que exhibi贸 en varias oportunidades. Esa fuerza se refleja tambi茅n en el desconocimiento de todas las condenas, que peri贸dicamente emite la Asamblea General de la ONU a su expansionismo.

El estado sionista es la principal carta del imperialismo en Medio Oriente. Conforma la retaguardia de las operaciones b茅licas del Pent谩gono y aporta gran parte del espionaje requerido para esas acciones.

COLONIALISMO TARD脥O

Israel constituye un raro caso contempor谩neo de estado colonial. Se asent贸 en la expulsi贸n de los habitantes originales de Palestina y al cabo siete d茅cadas contin煤a expandiendo su territorio con inmigrantes que desplazan a la poblaci贸n local. Ese modelo habitual en la antig眉edad (y en el pasado pre-capitalista) perdi贸 gravitaci贸n en el 煤ltimo siglo. El capitalismo es un sistema centrado en la explotaci贸n de los asalariados y no en el despojo territorial.

El estado sionista se forj贸 absorbiendo refugiados europeos afectados por la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Pero mediante la expulsi贸n de los pobladores nativos introdujo una calamidad semejante en Palestina. Profundiz贸 ese drama con la sistem谩tica expansi贸n de la frontera para acoger la llegada de nuevos colonos.

La propiedad estatal de la tierra garantiza esa escalada de expropiaciones que provocan desesperaci贸n, resistencia o resignaci贸n de los expulsados. Los palestinos son empujados a los bordes del pa铆s, como ocurr铆a con los indios en las reservas del oeste norteamericano. Los colonos israel铆es anexionan las parcelas m谩s productivas, parten el territorio en corredores incomunicados y multiplican la opresi贸n cotidiana para forzar la huida de sus v铆ctimas. Desde hace varias d茅cadas intentan provocar una nueva oleada de refugiados, con el objetivo de incorporar definitivamente a Cisjordania al mapa de Israel.

El sionismo es la ideolog铆a que justifica ese modelo colonial. Presenta la resistencia de los palestinos como una amenaza a la supervivencia no s贸lo de los israel铆es, sino tambi茅n de todos los jud铆os del planeta. Identifica cualquier cuestionamiento a Israel con el antisemitismo y reactiva temores ancestrales completamente divorciados de la realidad contempor谩nea.

Los sionistas omiten que en la actualidad las comunidades jud铆as de mundo no afrontan ning煤n peligro significativo. Tambi茅n ocultan que la eventual reaparici贸n de esa amenaza no quedar铆a atemperada con el asesinato de ni帽os en Gaza. El miedo al antisemitismo es resucitado para erosionar la convivencia (y mixtura) de los jud铆os con distintas colectividades, a fin de fomentar la emigraci贸n a Israel.

Todo el armaz贸n conceptual del sionismo se asienta en una err贸nea identificaci贸n de tres conceptos muy distintos. El juda铆smo es la religi贸n, la cultura o la tradici贸n de un pueblo diseminado por muchos pa铆ses. Israel conforma, en cambio, una naci贸n surgida de la partici贸n forzada de un territorio (originalmente habitado por los palestinos). El sionismo encarna, a su vez, una ideolog铆a colonialista que justifica esa expropiaci贸n, con extravagantes teor铆as de exclusiva pertenencia de la zona a los inmigrantes jud铆os. El antisionismo critica esa retr贸grada concepci贸n, sin adoptar actitudes anti-jud铆as o anti-israel铆es.

Al cabo de varias d茅cadas de adoctrinamiento, la brutalidad colonial se ha consolidado en la sociedad israel铆, naturalizando la deshumanizaci贸n frente al sufrimiento de los palestinos. La ideolog铆a sionista, el sistema educativo y el prolongado servicio militar han acostumbrado al grueso de la poblaci贸n a convivir con la venganza y el castigo colectivo de sus vecinos.

VIOLENCIA SIN FIN

La crueldad sionista se corporiza ante todo en la conversi贸n de Gaza en una c谩rcel a cielo abierto. El enclave est谩 sometido a una modalidad gradual de limpieza 茅tnica. En Cisjordania los colonos remodelan las fronteras a su conveniencia, usurpando el territorio y demoliendo todos los atisbos de vida normal. Adem谩s, los palestinos residentes en Israel que permanecieron en el territorio inicial del estado sionista padecen una tercera variante de apartheid. Est谩n desarmados frente a una mayor铆a entrenada en el servicio militar m谩s prolongado y permanente de mundo. Con ese opresivo modelo se fragmenta a la poblaci贸n palestina en distintas facetas de un mismo encarcelamiento.

Los gobiernos derechistas de los 煤ltimos 20 a帽os han reforzado ese esquema de terrorismo de estado. Las viejas corrientes laboristas perdieron gravitaci贸n frente al fundamentalismo ideol贸gico-religioso y se afianz贸 la violencia cotidiana de los colonos en Cisjordania (Saleh, 2019). Esas legiones act煤an con sus propias milicias, que adoptan modalidades fascistas exhibiendo un perfil de fanatismo religioso muy semejante al desplegado por sus pares isl谩micos.

El estado sionista se asienta en la demolici贸n de la sociedad palestina. Con ese objetivo recurre a cualquier pretexto para profundizar la opresi贸n de un pueblo privado de derechos y despojado de sus tierras. La matanza de palestinos se ha transformado incluso, en una forma habitual de procesar las crisis pol铆ticas internas de Israel. Recientemente Netanyahu intent贸 infructuosamente sobrevivir a su ca铆da con desalojos en Jerusal茅n, asaltos a la mezquita de Al Aqsa e intensificaciones del cerco en Gaza.

La consolidaci贸n del colonialismo israel铆 exige el permanente aplastamiento de los palestinos. Pero en el siglo XXI ese modelo confronta con irremontables obst谩culos. Debe lidiar con una masa de pobladores que no puede absorber, expulsar ni exterminar. Desde la guerra de 1967 los palestinos optaron por un camino inverso a la escapatoria de 1948. Frente al conocido destino de sus familiares recluidos en campos de refugiados, decidieron permanecer en sus hogares e iniciar la resistencia.

Israel responde a esa defensa con m谩s violencia, masacres y muros, pero no ha podido neutralizar los efectos de la demograf铆a. La presencia de siete millones de palestinos entre siete millones de israel铆es, torna inviable la repetici贸n de los viejos genocidios de ind铆genas en un diminuto territorio de Medio Oriente.

Por esa raz贸n Israel afronta escenarios de crisis tan recurrentes como irresolubles. Ning煤n pa铆s puede sustraerse de la brutal destrucci贸n que genera entre sus vecinos. La pedagog铆a del terror que practica cotidianamente convulsiona al propio entramado interno, creando agudas tensiones con la minor铆a palestina que habita en el estado sionista.

El apa帽amiento estadounidense de los cr铆menes que comete su socio se verifica en el escandaloso silencio de los medios de comunicaci贸n y en la complicidad de la diplomacia internacional. Pero ese blindaje no acalla el constante resurgimiento de un clamor por Palestina en el mundo 谩rabe.

驴DOS ESTADOS O UN ESTADO?

Durante la primavera 谩rabe y la guerra de Siria la resistencia de los palestinos mantuvo su tradicional intensidad, pero sin despertar la atenci贸n de los a帽os precedentes. En el crep煤sculo de ambos acontecimientos la batalla de los palestinos vuelve a recobrar centralidad (Juma, 2021).

Ese pueblo despojado no logr贸 recuperar sus tierras, ni construir un estado, pero ha consolidado la legitimidad de su demanda. Israel no consigue ignorarlos, ni borrarlos del escenario internacional (Dalband, 2020). Conquistaron el reconocimiento formal de sus derechos al cabo de una sacrificada resistencia, que impuso varias derrotas al sionismo. La expulsi贸n del sur del L铆bano (1982) y la Intifada (1987-1988) fueron dos momentos cruciales de una batalla que en la actualidad se desenvuelve en varios frentes.

Israel mantiene su inhumano cerco sobre Gaza, pero no logra doblegar a sus habitantes. Tambi茅n destruye el tejido social de Cisjordania, sin poder acallar con balas las piedras de los manifestantes. Al interior del pa铆s se multiplican las huelgas y movilizaciones de la poblaci贸n 谩rabe, que reintegra sus exigencias a la lucha unificada de la naci贸n palestina.

Pero esa sostenida acci贸n no ha detenido la expansi贸n del colonialismo israel铆, que continua ampliando las fronteras con asentamientos. Los sionistas fingen el car谩cter provisional de sus ocupaciones y paulatinamente transforman esa compulsiva presencia en expropiaciones definitivas. As铆 convierten las mejores zonas de Cisjordania en fortalezas protegidas mediante una red de retenes militares.

Esa extensi贸n del mapa israel铆 ha demolido, en los hechos, el ensue帽o de los dos estados que aliment贸 el acuerdo de Oslo. Ese convenio nunca contempl贸 la real constituci贸n de un estado palestino. Omiti贸 el retorno de los refugiados y encubri贸 la continuada colonizaci贸n. La mascarada de ese hip贸crita compromiso fue archivada por la derecha, cuando captur贸 el gobierno de Tel Aviv y explicit贸 su proyecto de anexiones.

La farsa de los dos estados ha quedado sepultada y s贸lo una gran derrota obligar铆a al ocupante a reflotar las dos cl谩usulas centrales de esa salida: el retiro a las fronteras de 1967 y la reconsideraci贸n del retorno de los refugiados. Ning煤n esbozo de estado palestino es viable desconociendo esas exigencias. El repliegue del territorio conquistado en la 鈥済uerra de los seis d铆as鈥 es imprescindible para integrar a Cisjordania con Jordania y la deuda con los refugiados involucra distintas alternativas de reparaci贸n.

Los partidarios de reformular la propuesta de los dos estados suelen discrepar en la forma de efectivizar esa construcci贸n (Chomsky, 2007: cap 5). Pero coinciden en se帽alar que aporta la 煤nica soluci贸n realista en el escenario actual. Imaginan que Jerusal茅n podr铆a convertirse en un micro-modelo de esa soluci贸n, si la ciudad ya unificada es dividida en una capital israel铆 occidental y otra palestina oriental (Margalit, 2021). Esta iniciativa abonar铆a la gestaci贸n efectiva de los dos estados.

Los cr铆ticos de esa propuesta destacan que ha quedado sepultada por el expansionismo israel铆. Por eso proponen retomar la vieja tesis de forjar un s贸lo estado laico y democr谩tico. Se帽alan que el sionismo mantiene formalmente la ficci贸n de los dos estados con el 煤nico prop贸sito de disimular la continuidad de su colonizaci贸n (Papp茅, 2016). Se帽alan, adem谩s, que esa farsa acrecienta la complicidad de los administradores formales de Cisjordania con sus mandantes israel铆es. Ese sometimiento incluye funciones policiales, persecuciones y asesinatos de militantes (VVAA, 2012).

Los impulsores de un solo estado promueven la imitaci贸n del camino sudafricano que condujo al desmantelamiento del apartheid. Recuerdan que para preservar sus privilegios econ贸micos, la minor铆a blanca de ese pa铆s se avino a generalizar el status ciudadano, compartiendo el sistema pol铆tico con las elites negras. Remarcan, adem谩s, la mayor afinidad de su planteo con las campa帽as internacionales de boicot a la econom铆a israel铆 (BDS) y subrayan que la propuesta de un solo estado crea puentes entre las comunidades enfrentadas de israel铆es y palestinos (Pappe, 2021)

Esta mirada ha ganado adeptos en las franjas juveniles (Baroud, 2020) igualmente distanciadas del sometimiento al ocupante y del sectarismo islamista (Barakat, 2021). Propicia la convergencia de los tres sectores del entramado palestino (Gaza, Cisjordania, interior de Israel) con el pacifismo israel铆 (Fattah, 2018).

La conquista de un s贸lo estado implicar铆a de hecho el logro de la autodeterminaci贸n, bajo la forma de un modelo binacional aglutinante de las dos identidades. La meta palestina de la naci贸n propia ser铆a en ese caso alcanzada bajo la cobertura de un estado compartido. Esta soluci贸n rige en las naciones que se enlazaron en una confluencia estatal (Suiza, B茅lgica), en contraposici贸n al curso inverso de las separaciones (Suecia-Noruega). La auto-determinaci贸n nacional siempre incluy贸 esa variedad de caminos.

Pero en cualquiera de sus posibles variantes la lucha de los palestinos transita por un carril antiimperialista. S贸lo por ese sendero se podr谩 avanzar en la continuada batalla por los dos estados o en la sustitutiva exigencia de un s贸lo estado binacional. Doblegar a la dupla opresora de Estados Unidos e Israel es la condici贸n para conquistar el derecho de un pueblo oprimido a optar por un estado propio u otro integrado con sus vecinos.

Pero esta situaci贸n tan espec铆fica tambi茅n induce a evaluar un problema m谩s general de la regi贸n: 驴Cu谩l es la naturaleza del antiimperialismo en Medio Oriente, el Norte de 脕frica y Asia Central? Abordaremos ese tema en nuestro pr贸ximo texto.

17-9-2021

Este texto sintetiza ideas recientemente expuestas en Katz Claudio, Nuevos argumentos por Palestina, 30-5-2021, www.lahaine.org/katz

Claudio Katz: Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz

REFERENCIAS

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-Alexander, Anne (2018). The contemporary dynamics of imperialism in the Middle East: a preliminary analysisIssue: 159Posted on 26th June 2018, https://isj.org.uk/contemporary-dynamics-of-imperialism/

-Armanian, Nazan铆n (2018). Las 14 razones del apoyo incondicional de EEUU a Israel, 5-4 2018 https://blogs.publico.es/puntoyseguido/4814/las-14-razones-del-apoyo-incondicional-de-eeuu-a-israel/

-Armanian, Nazan铆n (2019).Sublevaci贸n popular, hambre y caso en el estrat茅gico Sud谩n. 11-1. https://blogs.publico.es/puntoyseguido/5445/sublevacion-popular-hambre-y-caso-en-el-estrategico-sudan/

-Barakat (2021). Soluci贸n de los dos Estados es un crimen https://rebelion.org/la-llamada-solucion-de-los-dos-estados-es-un-crimen-contra-el-pueblo-palestino/

-Baroud, Ramzy (2020). Hay que superar el apartheid en Palestina. La soluci贸n de un Estado no es ideal, pero es justa y posible, 07/12/2020, https://rebelion.org/la-solucion-de-un-estado-no-es-ideal-pero-es-justa-y-posible/

-Chomsky, Noam; Achcar, Gilbert (2007). Estados peligrosos: Oriente Medio y la pol铆tica exterior estadounidense. Barcelona: Paid贸s.

-Dalband, Hassan (2020). Medio Oriente en la geopol铆tica del imperialismo, 16/01/2020, https://rebelion.org/medio-oriente-en-la-geopolitica-del-imperialismo/

-Saleh, Mohsen (2019). Las elecciones israel铆es, significado y repercusiones https://rebelion.org/las-elecciones-israelies-significado-y-repercusiones/

-Fattah, Awad Abdel (2018). La Marcha del Retorno de Gaza puede aumentar el movimiento de un Estado 煤nico https://rebelion.org/la-marcha-del-retorno-de-gaza-puede-aumentar-el-movimiento-de-un-estado-unico/

-Juma, Jamal (2021). La Operaci贸n 鈥淕uardi谩n de los muros鈥 no reparar谩 los muros del apartheid de Israel, 15/05/2021. Rebelion.org/la-operacion-guardian-de-los-muros-no-reparara-los-muros-del-apartheid-de-israel-Khaled.

-Margalit, Meir (2021). En Israel todo el mundo trabaja para la derecha, 18-5-2021,

https://cambiopolitico.com/meir-margalit-en-israel-todo-el-mundo-trabaja-para-la-derecha-entrevista/159931/

-Papp茅, Ilan, (2016). 鈥淓l sionismo fue construido mediante la expropiaci贸n de tierras鈥 http://www.diariosiriolibanes.com.ar/Opinion/Tribuna-y-debate/Papp%C3%A9-%E2%80%9CEl-sionismo-fue-construido-mediante-la-expropiaci%C3%B3n-de-tierras%E2%80%9D-Pt.5

-Papp茅, Ilan (2021). Podemos contar los d铆as hasta el pr贸ximo ciclo de violencia, 23-5-2021, https://www.eldiarioar.com/mundo/illan-pappe-historiador-israeli-contar-dias-proximo-ciclo-violencia_128_7963376.html

-VVAA (2021). Llamamiento de la organizaci贸n Stop the Wall Detengamos la escalada represiva de la Autoridad Palestina Por | 30/06/2021  https://www.stopthewall.org/2021/06/30/detengamos-la-escalada-represiva-de-la-autoridad-palestina/?lang=es





Fuente: Anred.org